1 de septiembre de 2020

OPINION.

Diario de la guerra del cerdo
Por Soledad Barruti. Resumen Latinoamericano, 31 de agosto de 2020.
Argentina se debate ante un proyecto magnánimo: abrir mega granjas industriales que garanticen la seguridad alimentaria China. China dirime su propia crisis asediada por las pestes que los obligan a sacrificar animales de a millones y a confinar a la población. Brasil hace su aporte desde un frigorífico porcino en el estado de Paraná: una nueva gripe que salió del cuerpo muerto de un cerdo al de una chica viva de 22 años. El tema cerdos estalló en Julio, pero hay comunidades enteras en toda la región que lo padecen y combaten desde hace mucho tiempo antes.
Primera batalla: fábricas de animales
El olor es penetrante, asqueroso, pero también impreciso. Desde lejos, los galpones son paredes cubiertas con techos de aluminio y, a juzgar por el olor, podría pensarse que esconden cualquiera de estas cosas: cadáveres apilados, montones de basura o agua estancada desde hace siglos.
Más cerca se ve que en lo alto de las paredes hay algún que otro ventiluz: lo que sea que haya dentro debe respirar. Aunque el olor –ácido y revulsivo– se esmera en negarlo rotundamente, lo que hay dentro son cerdos vivos. Cientos de miles de cerdos que chillan como niños que están siendo apaleados.
Por dentro, la estructura fría es un laberinto de animales separados en un cuidadoso diseño industrial, organizado según técnicas aprendidas de la fabricación en serie de otros productos como autos o zapatillas. Son cientos de miles de cerdos, separados por grupos.


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(Imagen: Voicot)

El primero concentra a lo más valioso del lugar: las madres. Cerdas de 300 kilos que están gestando, pariendo o amamantando. Pasan toda su vida -que dura tres o cuatro años- en jaulas individuales exactamente del tamaño de sus cuerpos. Ahí comen, son inseminadas, se relacionan con sus crías, cagan. No se conocen entre sí las cerdas aunque sus ciclos reproductivos están –hormonas sintéticas mediante- sincronizados como un reloj de eficiencia suiza. Eso garantiza que siempre se mantenga un stock estable de crías.
Otros galpones encierran a los lechones: cientos de miles de cerdos con la única misión de engordar en el menor espacio y tiempo posibles. Sus corrales son suelos de cemento recortado para filtrar fluidos y excrementos, separados por barrotes. Cuadrados o rectángulos a donde entran de a muchos, como un andén de metro en hora pico. Los lechones y cerdos son todos iguales. Tienen la misma edad, los mismos kilos, el mismo color y el mismo padre que garantiza su productividad calcada: son genéticamente idénticos. No tienen dientes ni cola ni testículos porque, con una pinza y sin anestesia, les arrancaron todo a pocos días de nacidos. Así los productores contienen el canibalismo que se les dispara por vivir en aburrimiento y estrés.
De los cerdos se espera que se reproduzcan, que aguanten esas condiciones y que se alimenten para engordar.


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(Imagen: Voicot)

La granja porcina moderna es, como cualquier otra fábrica, una línea de montaje. Una máquina superpoblada de animales tratados como insumos y, para evitar que fallen, tratados también con otros insumos como antibióticos, antivirales y ansiolíticos. Si no los medicaran estarían enfermos, no se reproducirían y no llegarían vivos al matadero.
Pero más allá de la crueldad de este capítulo del agronegocio, criar en mega granjas industriales a un total global de 667.6 millones de cerdos es un peligro.
Porque es caldo de cultivo para nuevas enfermedades: el hacinamiento y la inmunidad debilitada por el estrés y la selección genética de esos animales lleva a que los virus que se alojan naturalmente en sus organismos muten y puedan pasar a los humanos, generando nuevas enfermedades zoonóticas, como COVID-19.
Porque ese sistema productivo está llevando a la extinción antibióticos cruciales para la salud humana, como las penicilinas y tetraciclinas: en los criaderos se aplican en cantidades misteriosas, que los productores se reservan.
Porque representa un consumo desmedido de recursos: para generar un cada kilo de carne se necesitan seis mil litros de agua y seis kilos de granos.
Porque para subsistir, la industria necesita de otras industrias, también destructivas: monocultivos tóxicos de soja y maíz, que enferman poblaciones enteras y avanzan sobre bosques, y montes nativos.
Porque la producción masiva de cerdos es altamente contaminante. Cada uno de los 667.6 millones de cerdos genera unos 15 kilos de mierda y varios litros de orina al día. Son millones de piletas olímpicas de deshechos. Embalses rojizos ubicados en las inmediaciones de las granjas; de donde proviene ese olor imposible de esconder (y de respirar).



Los empresarios rurales buscan lugares remotos para instalar las mega-granjas. Lugares que en los mapas satelitales aparecen verdes como selvas o laderas pero también marrones como desiertos y montañas. Lugares que desde las empresas se figuran como nada.
Pero la nada no existe.
Sucedió en el desierto florido de Atacama en Chile; sucede en las selvas con cenotes de Yucatán en México; sucede en las cordilleras de Boyacá en Colombia y en los cerros de Salta en Argentina: las granjas se instalaron y destruyeron el lugar. Pero también se encontraron con personas que salieron a defender su derecho al aire limpio, al agua clara, a la salud y a la vida digna. Una batalla desigual y urgente para poner en debate hasta eliminar esta forma productiva, el desarrollismo en general que empuja esta crisis civilizatoria que nos aísla y ahoga.

Segunda batalla: fábrica de pandemias hediondas

Julio fue el mes del cerdo.
Desde China, el anuncio de un nuevo virus zoonótico con potencial pandémico sacudió a un mundo que no termina de emerger de los desastres en los que nos hundió la Covid-19. Al mismo tiempo, la Cancillería Argentina comunicó que estaba firmando un acuerdo con ese país para instalar aquí, en el sur de Sudamérica, una cantidad aún imprecisa de mega granjas porcinas que garanticen su seguridad alimentaria, hoy en crisis por esta y otras pestes.
“No queremos transformarnos en una factoría de cerdos para China ni en una fábrica de nuevas pandemias”; “no a las falsas soluciones” fue el pedido que hicieron intelectuales, profesionales de diversas disciplinas y la sociedad en general a través de un escrito que se viralizó en redes sociales.


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(Imagen: Voicot)

Dos días más tarde, Brasil confirmó la transmisión de un nuevo virus que enfermó a una mujer de 22 años, trabajadora de un frigorífico de cerdos del Estado de Paraná.
El asunto es una bomba de tiempo: con los países de América Latina quebrados por la pandemia, el agronegocio global se reacomoda en busca de territorios sanos. Las clases políticas, sin olfato para las desgracias que vienen con estos emprendimientos, creen -una vez más- que allí radica una posible solución a la pobreza. “Ingreso de capitales, nuevos circuitos productivos, grandes operaciones fabriles en zonas donde no hay nada”: así se vende, así se compra. Sin mirar ni oler lo que llega con eso.
Luego de los virus, “el olor debe ser una de las cosas más subestimadas por quienes evalúan este tipo de proyectos. Sin embargo, es una forma grave de contaminación. Puede generar dolores de cabeza, vómitos, estrés crónico, ansiedad, depresión”, dice Jimena Ricatti, médica argentina con domicilio en Italia, neurocientífica e investigadora minuciosa de esa relación tan poco clara que hay entre lo que percibimos con nuestros sentidos y el efecto que tiene en nuestra salud. Ricatti –cuarenta y poco, morocha de piel muy blanca y gestos suaves pero palabras muy firmes– me explicó que “la exposición a una sustancia con un intenso mal olor es tan grave que puede incluso ser utilizada con fines militares”.
Por inmaterial que parezca, un olor es una suma de compuestos volátiles que cuando provienen, por tal caso, de una granja de cerdos, se desprenden de materia fecal, alimentos, células de piel de los animales, hongos, polvo y endotoxinas bacterianas. “Estos compuestos toman contacto directo con las neuronas que forman parte del epitelio olfativo y con las terminaciones del nervio trigeminal, dos puertas de acceso al sistema nervioso central”, dice Ricatti desde Verona. “Entonces, para que no queden dudas, lo que olemos puede afectar directamente a las neuronas cerebrales”. Afectar y provocar incluso enfermedades neurodegenerativas.
Amoníaco, aldehídos, metano y sulfuros de hidrógeno son algunas de las 300 sustancias volátiles que se han encontrado en estudios sobre granjas porcinas. Un camino (hediondo) que conduce también a enfermedades crónicas. “Un importante porcentaje de los trabajadores de las granjas porcinas sufren irritación o enfermedad pulmonar crónica. También irritación ocular, resequedad de la piel y dolores de cabeza”, explica un artículo publicado por la médica Ángela Prado Mira, del Hospital General de Albacete en España; un país que se promociona como ejemplo a seguir para quien quiera animarse a ampliar las granjas industriales de cerdos mientras esconde un desastre en salud pública y territorios enteros anegados por los deshechos que generan esas granjas.



Tercera batalla: territorios robados

“Hagan el esfuerzo, que no se las pongan”, me dice Mauricio Romero desde su casa de Tibaná, Colombia, cuando le cuento sobre el plan gubernamental argentino que busca abrir nuevas granjas industriales para China. Establecimientos que ya anunciaron serán instalados en provincias “donde no hay nada”. Lugares similares a este que Romero me muestra a través de su teléfono celular, su municipio a dos horas de Bogotá.
Mauricio Romero es un hombre afable y risueño de 40 años. Nació entre montañas verdes, frías y húmedas; fue tres veces concejal; en su tiempo libre saca fotos de pájaros y claros de agua. Un hombre que no quiere abandonar su tierra como hicieron tantos a su alrededor cuando en su ciudad rural la vida se volvió imposible: hoy en Tibaná hay solo 9 mil personas y 25 mil cerdos.
Hace algunos años, desde su trabajo en el gobierno local, Romero emprendió la batalla por quitar las mega granjas para devolverle a la comunidad su vida digna y posibilidades de un futuro mejor. “Tibaná es un lugar muy bonito en donde nos gusta tener una vida tranquila y ser visitados por turistas. Hasta hace no tanto tiempo, por aquí había cerdos pero de 1 o 3 por familia, propio de un lugar rural. No esta barbaridad propia de una locura”.
—¿Qué recuerda de esa época antes de las mega granjas?
—Mira: yo de niño respiré el viento y la frescura de la naturaleza, hoy los niños, fíjate… – me dice y envía por whatsapp la foto que se repite todos los días: unos 20 niños y niñas de entre nueve y diez años, formados en un patio, vestidos con el uniforme rojo de la escuela pública de Tibaná, con el cuerpo curvado hacia abajo, entre náuseas, tapándose la nariz y la boca.
—Esto es todos los días – sigue Romero–. Así estudian. Así hay algunos que quieren que se acostumbren a vivir. Ustedes están a tiempo: no lo permitan.



Jorge Gálvez no conoce a Mauricio Romero, pero a miles de kilómetros de distancia, en la provincia de Salta, norte de Argentina, tiene una experiencia igual. Desde su casa de descanso en la cumbre de un cerro hermoso, en el Valle de Lerma, ve a los 33 niños de la escuela República de Venezuela encerrados y a las maestras del jardín de infantes apurando el paso de los más chiquitos para que entren rápido al aula. Ojos ardidos, dolores de cabeza, llanto porque ¿cómo podrían entender que eso que les hace pésimo es apenas una externalidad en un sistema productivo formal? Lo que a ellos les destruye vida y salud es un sistema que en universidades, congresos y programas de economía se presenta como un modelo exitoso.
Hace 26 años, cuando Gálvez empezó a construir su casa, la soñó como espacio de retiro para cuando dejara de ejercer la abogacía. “Pero dos años atrás un grupo de empresarios sin ninguna habilitación ni estudio de impacto ni nada construyó la chanchera con 4.000 cerdos y desde entonces esto es un infierno”, dice Gálvez con impotencia. Tiene 61 años, se dedica a defender derechos, pero nada puede hacer porque la corrupción todo lo gana.


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(Imagen: Voicot)

El criadero que me muestra Gálvez por video es igual a todos, con galpones y piletones de deshechos. Aunque esa región en Argentina tiene, como cada territorio, su particularidad. Montañas bajas del color de un atardecer soleado y calmo; el canto de mil pájaros que por momentos tapan su voz; plantas de verdes tímidos que no reciben mucha lluvia. En el Valle de Lerma el agua escasea y en los arroyos se vierten los residuos de las granjas. Por las pendientes bajan aguas contaminadas que luego serán de riego, porque eso hacen los criaderos también usan la mierda como abono y la asperjan con poderosas regadoras. Gálvez quiso saberlo a detalle, por eso encargó estudios y encontró bacterias peligrosas y nutrientes como fósforo nitritos y nitratos que intoxican el agua, y con ella todo aquel que la beba. Peces, pájaros, personas.
“Mirá, acá está mi casa, acá la escuela, y ¿ves ahí? A 2000 metros sobre el cerro, ahí están ellos, los dueños de esta granja. A salvo de olor y de ver todo esto que nosotros vemos”. Gálvez habla con rabia y con un pedido que nadie escucha: “Por favor, están arruinando ecosistemas enteros y poniendo en peligro la vida de estos niños, de todo el pueblo y de todo Lerma, más de veinte mil personas que seguramente están bebiendo agua contaminada”.



Atacama es el desierto más árido del mundo. Ubicado en el norte de Chile es, además, un espectacular observatorio de estrellas y un lugar con un fenómeno único: una floración masiva que cubre los suelos con suspiros lilas, patas de guanaco, don Diegos de la noche, lirios y orejas de zorro. Un lugar donde hay una provincia que se llama Huasco, dentro un pueblo que se llama Freirina y fue el enclave de la mega factoría de cerdos más grande del mundo. Un pueblo de unos seis mil habitantes que compartió su vida por unos cuantos años con dos millones y medio de animales encerrados para producir carne que luego sería vendida a China.
A los lugareños como Andrea Cisterna, una mujer que ahora tiene cuarenta años y se define orgullosamente campesina, la granja porcina le prometió de todo: trabajo, carne barata y prosperidad. Pero en concreto lo que dejó la empresa fueron unos pocos empleos precarios, millones de moscas y roedores, el agua agotada, cientos de camiones aturdiendo sus caminos comunales, las mágicas flores rotas y el espíritu guerrero de personas como Cisterna hecho una llama viva.


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(Imagen: Voicot)

“Nosotros nos organizamos en asamblea, en 2012 los sacamos, y eso creo que tienen que hacer todos porque nadie merece vivir como ellos mandan. Estos emprendimientos juegan con las necesidades de la gente, destruyen todo y no dejan nada”, dice Cisterna con tono suave y bajito porque así habla ella, la mujer que detuvo la carretera, se presentó a cada marcha y se mantuvo en organización inclaudicable hasta que lograron lo que nadie esperaba: uno de los triunfos más poderosos e inesperados de la resistencia popular en América Latina: echarlos. Y así el pueblo pasó a ser conocido como Freirina Rebelde, retratado en dos documentales. Protagonista de esa historia, Cisterna resume: “Hay que sacarlos antes de que entren porque luego es incontrolable: a estas empresas solo les importa crecer, y ganar dinero. En nombre de eso no tienen problema en destruir la vida misma”.



Indignación. Así se llama la organización civil que trabaja en defensa de las comunidades y en contra de las factorías de cerdos en Yucatán, en el sur de México. El estado-paraíso es un enclave de pantanos, playas y cenotes, reservas de agua circular que pueden verse como un hoyo profundo o estar dentro de una gruta preservando belleza y flora y fauna en peligro de extinción. En manos de indígenas apicultores mayas, los cenotes son reservas milenarias de agua dulce –las más grandes de todo México–. Ellos apuestan al turismo de baja escala mientras los empresarios porcinos, en pocos años, llegaron a esos lugares paradisíacos con 2 millones 200 mil cerdos.
Las granjas se extienden oscuras, encerrando a los animales en galpones entre pantanos, en lugares habitados por cinco, once, 20 personas de la misma familia a quienes nadie les consultó. Se enteran del nuevo negocio cuando se acaba su paz. Cuando las abejas se mueren, aparecen las moscas, los árboles ya no dan frutos o se secan. Cuando el agua se tiñe del color rojizo de la sangre con caca que mana de las fábricas. Cuando los invade un olor que se estrella en los ojos, en la garganta y en el estómago hasta la náusea, les da diarrea y dolor de cabeza. Un olor abrasivo como el ácido y el dolor del que está hecho.


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(Imagen: Voicot)

En Yucatán hay triunfos y derrotas. José May lideró en Homún la resistencia que en sólo dos meses logró expulsar a una granja con 50 mil cerdos. “Lo hicimos como somos nosotros, con valentía y sin miedo porque para miedo, vivir como ellos quieren”, dice José desde su comunidad, con la señal telefónica entrecortada y atropellando las palabras para alcanzar a nombrarlas.
“Aquí hemos recopilado una cantidad de información de lo que estas granjas están causando a la naturaleza”, dice Jorge Fernández, abogado de Indignación, representante de las comunidades en lucha, un hombre convencido. “Esto es terrible, un negocio completamente inviable no importa cómo lo quieran presentar. Ahí donde no se sabe qué impactos genera es porque nadie ha ido a preguntar. Pero yo le puedo asegurar que las granjas factoría de cerdo provocan lo mismo en todo el mundo”, dice y me pone en contacto con Matilde Xip. También maya, también apicultora, valiente y decidida. “Primero nos instalaron dos granjas de 40 mil animales, luego duplicaron su capacidad: ahora hay una granja de 360 mil animales”, relata mirando a cámara, sin titubear y acompañando todo el relato con pruebas. Con paisajes dañados, árboles muertos, desagües negros. Matilde Xip también muestra su tierra antes: la vida cuando estaba viva.



Cuarta batalla: última contenda

¿Existe el modo de hacer esto bien? ¿De continuar extendiendo granjas industriales al ritmo que exigen el hiperconsumo de carnes y los problemas que surgen en los países epicentro de estos negocios, como China? La pregunta se vuelve casi filosófica: ¿Hay forma de hacer bien algo que parte de un paradigma que está mal y niega cosas obvias como que los animales están vivos y sienten? ¿Es posible cuando los antibióticos están perdiendo su utilidad, los virus nos están matando y llevando a una quiebra catastrófica; la contaminación que provocan es carísima, las tierras de sacrificio siempre están llenas de vida, los pocos trabajos que se ofrecen son marginales, precarios y peligrosos?
Para extender la dieta que hoy propone el sistema industrial a todos los habitantes del mundo harían falta 14 planetas: solo así habría por ejemplo granos y agua suficientes. Sin embargo, el productivismo no cuestiona ni siquiera eso, lo más obvio.
Andrea Cisterna, Mauricio Romero, Jorge Gálvez, José May y Matilde Xip no son científicos ni economistas ni políticos. No diseñan los modelos de negocio en programas de laboratorio ni proyectos de campos experimentales. Pero, lejos de la fantasía sobre la cual agoniza el sistema económico actual, son quienes padecen las consecuencias de una industria cruel con los animales, los seres humanos y los territorios. Son campesinos, pequeños agricultores, apicultores, desarrollan el turismo a pequeña escala y son habitantes de los lugares donde se han instalado las mega granjas. A ellos hay que escuchar para exigir entre todos lo posible: consulta popular, consenso social y la respuesta a preguntas cada día más urgentes: ¿Cómo queremos vivir? ¿Sacrificando qué? ¿Con qué propósito?
Fuente: La tinta



Impuesto extraordinario a las grandes fortunas: un paso adelante
Por Agustín Bontempo, Resumen Latinoamericano, 31 de agosto de 2020.
En la tarde del viernes, el oficialismo presentó en la Cámara de Diputados de la Nación el proyecto para un impuesto a las grandes fortunas, denominado “Aporte Solidario y Extraordinario para ayudar a morigerar los efectos de la pandemia”, que alcanzaría a más de 12 mil personas. Repasamos algunas características del proyecto.
En abril de este año, cuando se atravesaban las primeras semanas de cuarentena producto de la pandemia, el gobierno nacional dio indicios de que estaba desarrollando un proyecto de ley para establecer un impuesto a las grandes fortunas, encabezado por Máximo Kirchner y Carlos Heller. Sin mayores precisiones de aquel plan, sí comenzaba a instalarse la idea de que, ante las consecuencias económicas y sociales que generaría la pandemia en Argentina y el mundo, se haría indispensable pensar un financiamiento alternativo a la emisión monetaria, principal recurso adoptado por el gobierno para paliar la crisis.
Aquel proyecto siempre se demoró. En el medio, la bancada del Frente de Izquierda Unidad hizo la presentación de un proyecto que no fue tratado, así como también diferentes sectores sociales y políticos comenzaban a empujar la necesidad de un aporte extraordinario de esas características.
El debate tiene un anclaje muy claro. De un lado, están los efectos de la pandemia que se suman a una crisis estructural que, durante los cuatro años de gestión macrista, crecieron aceleradamente: mayor desempleo, mayor nivel de empleo no registrado, crecimiento en los índices de pobreza, aumento de personas en situación de indigencia, endeudamiento, devaluación monetaria, pérdida de poder adquisitivo, cierre de PyMEs y comercios, y una larga lista de adversidades más que atravesó la población. Con la pandemia, estos números tendieron a profundizarse.
Del otro lado, están quienes ganaron como nunca antes. Según la Campaña No Tienen Coronita, durante la gestión macrista, los especuladores fugaron 88 mil millones de dólares (buena parte de esta fuga financiada con endeudamiento público), los bancos obtuvieron ganancias por aproximadamente 25 mil millones de dólares, las principales empresas energéticas obtuvieron ganancias de alrededor de 5 mil millones de dólares a fuerza de tarifazos y las agroexportadoras, solo gracias a la quita de retenciones, ganaron más de 4 mil millones de dólares.
Es decir que, de un lado y del otro, se acentuó una condición preexistente ampliando la brecha entre los que más tienen y los que menos tienen. Claro está que no hablamos de quienes trabajaron mucho versus quienes no trabajaron nada. Ese debate escolar no tiene asidero.
En un escenario de agudización de la crisis, comenzó a escalar la necesidad de un impuesto extraordinario a las grandes fortunas nuevamente, muchas de ellas en manos de estas personas que, lamentablemente, no tienen registrados esos valores gracias a la evasión impositiva y la existencia de paraísos fiscales. Sin embargo, sí tienen algo que aportar para que el peso de la crisis no caiga solamente en las espaldas del pueblo trabajador.

¿De qué consta el proyecto?

El proyecto es por un impuesto extraordinario a grandes fortunas. No es más ni menos que eso. No es un impuesto progresivo y permanente a quienes más poder adquisitivo tienen ni es un impuesto al salario de las y los trabajadores. Insistimos en este punto para tener claridad sobre qué estamos discutiendo.

¿A quiénes alcanza?

Se supone que son más de 12 mil personas quienes deberán pagarlo.
Por un lado, personas residentes en el país que la totalidad de sus bienes, aquí o en el exterior, sean valuados en 200 millones de pesos o más, sin deducción de mínimo no imponible alguno, al 31 de diciembre de 2019. Las personas de nacionalidad argentina cuyo domicilio o residencia esté en el exterior, ubicado en países no cooperantes o jurisdicciones de baja o nula tributación, también serán alcanzados.
Por otro lado, personas residentes en el exterior que tengan bienes en el país valuados en 200 millones de pesos o más, sin deducción de mínimo no imponible alguno, al 31 de diciembre de 2019.

¿Cómo se determinan los bienes?

Como indicábamos en el apartado anterior, aquel dinero que no está registrado naturalmente no puede ser alcanzado por un impuesto. Por tal motivo, las personas que deberán pagar este impuesto son aquellas que tengan bienes declarados, aportes en trust, participación en fideicomisos, fundaciones de interés privado, sociedades u otros entes de cualquier tipo sin personalidad física y participación directa o indirecta en sociedades de cualquier tipo, registrado hasta el 31 de diciembre de 2019.

¿Cómo se calculan los aportes?

Según los bienes declarados. El piso de 200 millones de pesos pagarán una alícuota del 2%. Quienes tengan bienes por 3 mil millones de pesos les corresponde pagar un 3.5%. La alícuota aumenta si los bienes están situados en el exterior.

¿Lo recaudado tiene algún fin determinado?

Si. A diferencia de lo que sucedió con el endeudamiento con el FMI que sirvió casi exclusivamente para la fuga de capitales, el presente proyecto contiene la orientación de los recursos recaudados. Por supuesto, nos corresponde la tarea de fiscalizar su correcta aplicación.
En este caso, son 5 los sectores:
Un 20% estará destinado al sistema sanitario, ya sea para compra de equipamiento, elementos de protección, medicamentos, vacunas e insumos en general.
Un 20% será para subsidios a micros, pequeñas y medianas empresas, con el principal objetivo de garantizar el salario de las y los trabajadores.
Un 20% se destinará a becas del programa Progresar en el marco del Ministerio de Educación, con el objetivo de proporcionar un incentivo económico a estudiantes.
Un 15% corresponderá a los habitantes de barrios populares, con el fin de avanzar en programas de urbanización e integración urbana.
El 25% restante será destinado a programas de exploración, desarrollo y producción de gas natural.
Finalmente, el proyecto establece que el Poder Ejecutivo Nacional debe garantizar una distribución federal de los recursos.

Apuntes mirando al futuro

El proyecto por un impuesto extraordinario a las grandes fortunas es sumamente correcto. No es el fin de estas líneas avanzar en un debate estructural, pero es importante recordar que las personas no son más ricas o más pobres por pura decisión, sino que estamos atravesados por situaciones estructurales que, de alguna manera, nos determinan. En un país muy desigual impositivamente (el mejor ejemplo es el 21% del IVA que se paga en cientos de productos y que es igual para toda la población, sin importar su situación económica), este impuesto viene a hacer algo de justicia.
Sin embargo, tal como lo establece el proyecto como así también los debates en torno al problema, no hace más que paliar una situación crítica particular.
Por ejemplo, la campaña No Tienen Coronita a la que hacíamos mención destaca que, con este impuesto, se pueden pagar cuatro meses de IFE para 8 millones de personas o comprar 260 mil respiradores, es decir, soluciones para la coyuntura que están alcanzados por este proyecto de ley. Pero también habla de que se puede triplicar el presupuesto en salud o duplicar el monto de la AUH por un año, es decir, atacar problemas estructurales de nuestro país.
Sin embargo, claro está, la condición de “extraordinario” establece límites que, de cara hacia el futuro, deben ser resueltos. Es importante seguir avanzando contra quienes fugaron casi 90 mil millones de dólares y que ese dinero esté al servicio de las necesidades de la población. Si los bancos van a seguir ganando millonadas exorbitantes, que deban cumplir con créditos hipotecarios a tasas que sean razonables para el salario de un trabajador promedio. El sistema impositivo general debe avanzar de una manera donde quienes más tienen realmente paguen más. La pobreza es una situación que puede ser opción, pero nunca es decisión y las consecuencias de la misma solo pueden ser subsanadas con mayor igualdad y distribución real de la riqueza.
En esta instancia, es importante que podamos empujar por la sanción y aplicación de este impuesto extraordinario a las grandes fortunas. Que también sea el piso para una transformación mayor.
Fuente: La Tinta



Por el dolor que dejó el paso del fuego
Por RedEco. Resumen Latinoamericano, 31 de agosto de 2020
Cientos de vecinos y vecinas, distribuidos por las diversas ciudades que forman parte de las Sierras Chicas, Punilla, algunas localidades de zona norte y sur, y Córdoba Capital, se movilizaron este sábado para manifestar su bronca y también su tristeza por los incendios que durante dos semanas quemaron casi 50.000 hectáreas de monte nativo: Bronca y tristeza por el Ecocidio. 
Agua de Oro, La Granja, El Manzano, Cerro Azul, Río Ceballos, Salsipuedes, Villa Allende, Saldan y Arguello, Mendiolaza, Unquillo, Calera, Córdoba Capital, Colonia Caroya, Jesús María, Sinsacate , Casa Grande, Carlos Paz, Empalme Tanti – San Roque, Bialet Masse, Santa María de Punilla, Cosquín, Valle Hermoso y La Falda, Huerta Grande, Villa Giardino, La Cumbre, Capilla del Monte, San Marcos Sierra, Cruz del Eje, Valle Paravachasca, Anisacate, todas unidas en el mismo reclamo.
Marilú de Salsipuedes en Sierras Chicas de Córdoba expresó: “Vine a la marcha para que se haga visible que deseamos que el Monte siga vivo y que lo respeten quienes lo están avasallando. Y también para poder magnificar cuántos cuerpes tenemos esa misma idea y poder compartir manteniendo las distancias según protocolo, y poder canalizar todo el dolor que dejó el paso del fuego.
En igual sentido, se pronunció Gisel de Río Ceballos en Sierras Chicas Córdoba: “Estamos acá porque nos están matando. Nos matan cuando queman el monte para el agronegocio, nos matan cuando queman el monte para los negocios inmobiliarios. Nos matan a todos. Por eso estamos acá defendiendo la vida y para que los responsables de gobierno municipal, provincial y nacional den respuesta”.
Algunas de las consignas de las convocatorias exigían prevención del gobierno y justicia ante tantos ecocidios; la inmediata actuación de las Fiscalías Públicas para tomar declaraciones a Jefes de Bomberos y evitar presiones ilegales para silenciar los delitos; que las tierras afectadas sean declaradas reserva y patrimonio natural, cultural e histórico para poder luego ser reforestada. Además de calidad de equipamiento, formación y retribución a los Cuerpos de Bomberos y Brigadistas, resarcimiento a familias campesinas, una agenda ambiental que incluya participación ciudadana real (1).
salsipuedes por nuestro monte
Emergencia Socioambiental
Según el Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (2), los incendios registrados en los últimos días en la provincia son los de mayor magnitud de los últimos 12 años, en cuanto al área quemada en un solo evento. En este sentido, advierten que se está ante una emergencia socioambiental causada principalmente por el avance de distintas actividades socioproductivas asociadas a un sistema extractivista, de las que los incendios intencionales son parte.
Para el Instituto, las declaraciones de funcionarios provinciales respecto a que las condiciones climáticas fueron causales de los incendios dan cuenta de un desconocimiento alarmante: “Si bien los ambientes del centro y norte de Córdoba presentan históricamente un patrón estacional en las precipitaciones, con un invierno seco y ventoso altamente favorable para la propagación del fuego, tal vez agudizado por el cambio climático, resulta inadmisible atribuir los presentes incendios a causas naturales”.
Por el contrario, los expertos advierten sobre la falta de instrumentación de políticas socioambientales, en particular la actualización de la planificación asociada a la Ley Provincial de Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos (OTBN), que lleva 5 años vencida; y la desinversión respecto al Plan de Manejo del Fuego, que genera que no exista un sistema de alerta temprana adecuado, además de la gran falta de medios económicos y materiales para combatir la propagación del fuego.
elmanzano por nuestro monte

“Somos el Monte, Somos la Vida, Pachamama que nos guía”
Desde Red Eco participamos y cubrimos la concentración que se hizo en Río Ceballos, y recibimos además testimonios e imágenes de El Manzano y Salsipuedes.
Compartimos algunos de los testimonios que recogimos durante las  jornadas:
Elio – Río Ceballos: “No me gusta nada lo que está pasando, yo quiero vivir en paz en el monte. Hoy le estamos dando agua a los pajaritos porque hay cuatro veces más de pájaros que antes del fuego, los zorritos andan como perros durmiendo en las rotondas de la ciudad. Es tristísimo. Hemos pasado algunas noches de angustia porque empezó a soplar el viento y vos veías el cielo rojo a lo lejos, pero cerca mucho olor a humo. Y siempre lo mismo, da la casualidad que aparecen fuegos porque sí, y se incendian varias localidades al mismo tiempo. Ya sabemos quiénes hacen eso. Porque nos han contado cosas horribles como llenar de nafta a una liebre, prenderle fuego y dejarla que se escape para el monte”.
Integrante de la Asamblea Monte Ñu Porá: “Estamos acá uniéndonos,  despertándonos, encontrando los puntos en común para dar lucha a esto que nos afecta hoy que es que están matando el Monte y como somos parte del Monte, como estamos vivos creciendo en el Monte con todo lo que ello implica, estamos acá defendiéndonos”
Dorita – Feministas Andando de Sierras Chicas: “Estoy acá porque es un desastre lo que está pasando. Estoy en contra de la política extractivista del gobierno de Juan Schiaretti y del gobierno nacional. Creo que hay que ir a otra forma de vida. Nos están metiendo ahora los chanchos, más la soja, la minería y eso es la causa de todos estos incendios”.
Manuel – La Quebrada en Río Ceballos: “Estoy acá manifestado en repudio a la falta de medidas del gobierno y creo que será así durante tanto años, detrás de esto hay un juego macabro que tiene que ver con el tema del negocio inmobiliario particularmente, por lo que se generan estos incendios de modo intencional que así ha sido demostrado por áreas técnicas. Por ese motivo es que considero que este repudio es válido para pedirle al gobierno justamente de que tome acciones y cambie su postura respecto al uso de la tierra especialmente con la preservación del bosque nativo que al momento, en la provincia de Córdoba tenemos un 3% apenas del bosque originario”.
rioceballos por nuestro monte 1
Crímenes ambientales
De todos modos, no se trata de un evento extraordinario. La historia reciente de Córdoba acumula años de crímenes ambientales.
En una nota publicada en La Izquierda Diario, Luis Bel y Santiago Benítez Vieyra (3) recorren las últimas décadas y dan cuenta del accionar permanente de los gobiernos provinciales en pos del avance especulativo inmobiliario, y en contra de los bosques nativos, los montes.
Durante los dos primeros gobiernos de José Manuel De la Sota se registró una tasa de deforestación entre dos y tres veces superior a la del país. Entre 1998 y 2002 la tasa de pérdida de bosques fue de -2,93% por año, mientras que en el período 2002-2006 fue de -2,56%. Solo en 2004 se perdieron 22.476 hectáreas.
En 2007 se registró un nuevo récord: se desmontaron 20.222 hectáreas. Ese año se sancionó la Ley Nacional de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos.
Ese desmanejo ambiental en manos de la especulación inmobiliaria se vivió y sufrió en toda su dimensión en 2015 a partir de los habitantes muertos y las viviendas destruidas como consecuencias de las inundaciones en la zona de Sierras Chicas. Esta situación generó importantes movilizaciones en distintas localidades.
Lo mismo ocurrió dos años después con el proyecto de autovía de montaña en el Valle de Punilla. Esta iniciativa no contaba con participación ni aprobación ciudadana, y afectaba zonas de bosque nativo en el 76% de su traza, atravesaba un yacimiento de uranio y tenía un costo por kilómetro ocho veces mayor al de obras similares.
Ante el masivo repudio, el proyecto quedó paralizado por el Ejecutivo provincial, sin fecha prevista de inicio de los trabajos. De todos modos, se mantienen los múltiples loteos sobre remanentes de bosque en la zona de las sierras.
Hoy, los y las habitantes de Córdoba están nuevamente en las calles, en las rutas, en repudio al avance de la especulación inmobiliaria y los grandes productores agropecuarios sobre los montes, sobre sus vidas.
Tal como afirmó Ana de El Manzano en Sierras Chicas de Córdoba: “Vine a la marcha para defender a nuestro Monte nativo que está siendo devastado por manos inescrupulosas, por ambiciones desmedidas y por una gran insensibilidad humana. Por eso me sumé a esta marcha para defender la vida, no sólo la mía sino la de mis hijes y la de mis futuras generaciones. El Monte es Agua, el Monte es Alimento, el Monte es VIDA”.
paren de quemar
Fuente: RedEco
Envio:RL

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