25/09/2020 OPINIÓN
Conocimiento compartido. Ni un día más
El 27 de septiembre
se celebra en Argentina el Día Nacional de la Conciencia Ambiental. La fecha
fue instituida en 1995, en recordatorio de la tragedia ocurrida el 27 de
septiembre de 1993 en Avellaneda. Siete personas murieron intoxicadas por gas
cianhídrico, un tóxico formado por la unión de sulfuros y cianuro. Al respecto
opinó para Télam la Dra. en Relaciones Internacionales María del Pilar Bueno,
investigadora de CONICET y profesora de la Universidad Nacional de Rosario.
Por María del Pilar Bueno
El 27 de septiembre se conmemora en
Argentina el Día Nacional de la Conciencia Ambiental. La fecha fue establecida
mediante ley en 1995, en memoria de las personas que perdieron la vida como
producto de un escape de gas cianhídrico dos años antes en la ciudad de
Avellaneda. Se trata de una efeméride que a primera vista aporta dolor en un
momento difícil de nuestro país y del mundo, sal en las heridas.
Dado que este día constituye una invitación a hacer memoria, vale la pena
retrotraernos a la etimología de la palabra conciencia, sobre la cual ha habido
intensos debates. Con raíz en el latín y en el griego, conciencia alude a
"conocer junto con los demás" o "compartir el
conocimiento". Ahora bien, la diferencia motora que distancia el significado
actual del de otrora, no es otro que la distinción entre la acción individual y
la colectiva.
La pandemia ocasionada por la Covid-19 pone en evidencia lo que la ciencia,
como saber colectivo, viene afirmando desde hace tiempo. Existe un círculo
vicioso que tiene como origen un modelo de desarrollo permitido que promueve y
deriva en degradación ecosistémica, pérdida de biodiversidad, cambio climático,
potenciales enfermedades zoonóticas y nuevas pandemias.
El 2020 está plagado de marcas, no sólo por la pandemia global que va camino a
dejar más de un millón de muertos, sino porque la crisis climática y sus
consecuencias no se han detenido. Julio fue el mes más cálido de los últimos
140 años y 2020 cerrará el quinquenio más cálido sobre el que se tienen
registros. Asimismo, ha habido un notable incremento en los incendios
forestales en distintas partes del mundo. No sólo hay más incendios, sino que
involucran una mayor cantidad de héctareas y temporadas de incendios más largas
e intensas. Estos récords llegan al momento del aniversario de 5 años desde la
adopción de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el Marco
de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres y el Acuerdo de París sobre
Cambio Climático. Entre otros aspectos, sólo 13 países han presentado nuevas
contribuciones o actualizaciones de sus contribuciones climáticas y ninguna nos
lleva al cumplimiento del propósito del Acuerdo. Este propósito incluye
mantener el incremento de la temperatura media mundial por debajo de 2ºC a
niveles pre-industriales y hacer esfuerzos para limitar el incremento a 1.5ºC,
aumentar la capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio
climático, lograr flujos financieros consistentes con trayectorias de bajas
emisiones y salvaguardar la producción de alimentos.
A su vez, este año se cierran 10 años del Plan Estratégico para la Diversidad
Biológica en el contexto de las Metas de Aichi sobre biodiversidad que
promovieron 20 objetivos, incluyendo abordar las causas subyacentes de la
pérdida de diversidad biológica mediante distintas acciones. Ninguna de las 20
metas se ha podido cumplir por completo. Es evidente que la no comprensión de
los efectos sistémicos de la acción humana y sus consecuencias limitan las
oportunidades de la remediación.
Hemos aprendido que incluso aquello que no se pude recuperar, como la vida, es
necesario honrarlo con la memoria y con la acción. El derecho humano al
ambiente sano pronto cumplirá 50 años y requiere para su cumplimiento de una
profunda transformación. Lo aquí descrito no responde sólo a prácticas
sistémicas y globales. Este es un llamado a hacer memoria y a construir
colectivamente a partir del cuestionamiento urgente y contundente de lo que
llamamos modelo de desarrollo, su arraigo a los combustibles fósiles, a la devastación
de la biodiversidad, a los modos de producción y consumo insostenibles y al
abuso sobre nuestra verdadera herencia en la tierra.
Por María del Pilar Bueno, Dra. en Relaciones Internacionales, investigadora
de Conicet y profesora de la Universidad Nacional de Rosario.
Fuente:Telam
No hay comentarios:
Publicar un comentario