4 de octubre de 2020

TROPEL 1 del 04.10.2020.

Injusticia climática y pandemia












 Por Silvia Ribeiro. Resumen Latinoamericano, 03 de octubre de 2020.

Un informe de Oxfam de septiembre 2020 sobre los responsables del cambio climático entre 1990 y 2015, expone la lacerante desigualdad en el tema, que está directamente relacionado con la salud de los ecosistemas y de las personas. Las causas del cambio climático se entretejen con las de la pandemia: en ambos casos el sistema alimentario agroindustrial es uno de sus principales causantes.

Según el informe, el 10 por ciento más rico de la población mundial (630 millones de personas) generó 52 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI, por sus siglas en inglés) acumuladas, mientras la mitad del mundo más pobre (3 mil 100 millones de personas) generó tan sólo 7 por ciento de los gases. O, expresado de otra manera, la mitad más adinerada del mundo ha generado 93 por ciento de las emisiones acumuladas.

En el lapso 1990-2015, las GEI anuales (como dióxido de carbono y otros que calientan la atmósfera en forma permanente) se incrementaron 60 por ciento, pese a que ya existía claro conocimiento de sus causas y el riesgo de colapso climático.

De la población más rica, 5 por ciento (aproximadamente 315 millones de personas) fue responsable de 37 por ciento de este aumento. El repunte total de las emisiones de apenas el uno por ciento más adinerado fue, en volumen, tres veces mayor que el de todo el 50 por ciento más pobre.

Solamente 10 países son responsables de dos terceras partes de las emisiones históricas de GEI acumuladas desde 1850, aunque esa referencia es engañosa, ya que la mayoría de las emisiones de gases de efecto invernadero se realizaron en los 50 años recientes, y se aceleraron después de 1990. Estados Unidos encabeza esa lista.

Con menos de 5 por ciento de la población mundial, consume cerca de 25 por ciento de la energía global. En la década pasada, China se convirtió en el principal emisor de los referidos gases y Estados Unidos pasó a segundo lugar, seguido de la Unión Europea e India. No obstante, medido en emisiones per cápita, Estados Unidos sigue emitiendo 10 veces más GEI que India y más del doble que China.

Lo más terrible es que más de 100 países del sur global y la mitad de los habitantes más pobres del planeta prácticamente no emiten gases de efecto invernadero, pero son los que más sufren las consecuencias del cambio climático, con inundaciones y sequías extremas, migraciones obligadas y por quedar sin casa ni vías de sustento, entre otras.

En el mundo, dentro de cada país, los efectos del calentamiento global provocado por las minorías más ricas los sufren los más pobres y marginalizados, tanto en comunidades urbanas como rurales e indígenas, como, entre otros, los efectos de huracanes en Nueva Orleans, las inundaciones en Reino Unido o los incendios descontrolados de la costa Oeste de Estados Unidos, Australia, Brasil, Argentina e Indonesia.

Las causas del cambio climático son ya bien conocidas. Es una consecuencia del sistema de producción y consumo industrial a gran escala basado en combustibles fósiles.

Según el Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), los principales sectores emisores, por orden de magnitud, son la extracción y generación de energía, la deforestación y agricultura industrial, así como la construcción y transportes.

Si de estas fuentes extrapolamos el uso de energía, uso de suelo, deforestación, transportes, emisión de gases por desechos orgánicos, se muestra que el sistema alimentario agroindustrial (desde las semillas y agrotóxicos a los supermercados con empaques, refrigeración, transportes, desechos) es responsable de 40 a 55 por ciento de las emisiones de GEI. Ese mismo sistema agropecuario industrial es el factor principal en la generación de epidemias y pandemias.

Pero ni en el cambio climático ni en las pandemias, las políticas oficiales se dirigen a eliminar las causas: en ambos casos se privilegia volver a subsidiar a las poderosas industrias causantes de tan tremendas crisis, apoyando salidas tecnológicas que les garantizan nuevos mercados.

En la pandemia, con enormes inversiones públicas en vacunas escasamente evaluadas y que plantean nuevos riesgos (Ver Covid y vacunas transgénicas), dejando intocadas las causas.

En políticas climáticas, permitiendo que, en lugar de reducir emisiones reales, las empresas y países se basen en el concepto perverso de emisiones cero netas; es decir, que puedan seguir contaminando con GEI, pero que supuestamente lo compensen con otras medidas.

En la reciente Semana del Clima, realizada en Nueva York paralela a la Asamblea de la ONU, las mayores corporaciones globales expusieron varios proyectos en ese sentido, como tecnologías de geoingeniería y lo que llaman soluciones basadas en la naturaleza, que es un concepto para disfrazar megaproyectos de plantaciones y otras formas de explotar y mercantilizar áreas naturales.

Ni la injusticia climática ni las pandemias son naturales. Son producto de sistemas de producción y consumo que nos enferman y que tenemos que terminar.

Fuente: AnRed



Todo lo que Córdoba no está 

haciendo bien para controlar 

los incendios


Resumen Latinoamericano, 03 de octubre de 2020.

Hoy, en distintos puntos de la provincia, se marcha por las “Jornadas por el Monte y contra el ecocidio”. En esta nota, el investigador y docente Nicolás Mari analiza algunas dimensiones de la política del gobierno de Schiaretti sobre el plan de manejo del fuego. 

Se hace difícil seguir los focos activos, el fuego avanza y se multiplican en distintas partes del territorio cordobés. Duele el mapa de fuegos, que se nos presenta evidente en una provincia en la que deliberadamente el gobierno ha tenido una pionera política ecocida en el uso del suelo y sus recursos.

La tinta conversó con Nicolás Mari, quien, además de trabajar en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA Cruz del Eje), es profesor en la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) del ámbito del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación (MINCyT), y auxiliar en los bomberos de La Cumbre. 

El investigador dice, con mucha preocupación, que la situación de los incendios este año está llegando a un máximo histórico. “Para dar algunas referencias, los máximos históricos están en torno a las 100 mil hectáreas y, este año, los estamos alcanzando. Llegar a un máximo desde el punto de vista estadístico es un indicador muy grave. Digámoslo en estos términos: estamos ante una situación extrema que debería poner alerta a toda la ciudadanía para reflexionar por qué llegamos a esta situación”.

Le pedimos que nos ayude a complejizar lo que estamos viviendo con los incendios y nos propone algunos elementos necesarios para una lectura más completa. 

El punto de vista meteorológico y ambiental 

En primer lugar, hay un componente inevitable que es el climático. Sobre esto, Mari se desprende de las declaraciones de las autoridades de la Provincia manifestando que solo se trata de un problema climático. “No hay que dejar de decir que estamos frente a un problema climático grave, que está relacionado a la sequía. En esta zona del valle, no llueve hace casi 4 meses y aún no recibimos primeras lluvias del año que son típicas de la época.  Me refiero a septiembre, la llamada estación de crecimiento y a partir de la cual se empiezan a acumular las lluvias hasta el verano. Las primeras lluvias no las tenemos y, en los meses precedentes, tampoco llovió. Es una situación que dificulta muchísimo las operaciones en el campo dado que el comportamiento del fuego es muy extremo, porque tenemos el combustible (elementos del paisaje vegetal como el estratosbaceo, del arbustivo) muy seco y toda la vegetación en general está muy seca. Existe mucha acumulación de biomasa y mucha continuidad entre los combustibles, lo cual es la situación ideal para que un incendio se propague fuera de control y sea muy difícil extinguirlo”, aclara el docente.

Un plan basado en el trabajo de bomberos voluntarios

En segundo lugar, nos explica que, en la provincia, existen dos entidades distintas que trabajan en paralelo y conjuntamente: la Federación de bomberos y la Agrupación serrana de bomberxs. “Pero lo cierto es que, en general, es un sistema donde los bomberos son voluntarios: salen, dejan a sus familias, sus trabajos y lo hacen gratuitamente. Esto pone un interrogante: ¿cómo es que una provincia se basa en un sistema de bomberos voluntarios?”, remarca. 

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(Imagen: Medionegro)

Mari acentúa que es importante tener en cuenta cómo trabajan lxs bomberxs: salvan casas y vidas; en cambio, lxs bomberxs forestales -que es otra tipografía- o las brigadas forestales se dedican a apagar el incendio en el monte cuando el fuego se escapa. “Son especialistas en esa materia. En Córdoba, entiendo que no tenemos y eso también merece hacer un paréntesis y un análisis. El modus operandis es fundamentalmente trabajar en proteger casas y vidas humanas, que es fundamental, pero nos está faltando un componente mayor de trabajo en el campo. Estaría faltando otro sistema de bomberos que se dediquen a trabajar en los incendios forestales. ¿Cómo trabajan en realidad los bomberos? Trabajan en el durante, es decir, cuando suceden los incendios”, afirma.

El ciclo de ocurrencia de incendios y todo lo que en Córdoba no está sucediendo

El investigador dice a La tinta que, desde sectores académicos como el INTA, CONICET y fuentes científicas especializadas, se habla del ciclo de ocurrencia de incendios, el cual tiene tres fases: previa, durante y post fuego. 

“La fase previa refiere a todas las actividades preventivas: el monitoreo de la vegetación, el estado hídrico, modelos de riesgo meteorológico, monitoreo para ver si una zona es más o menos riesgosa ante la ocurrencia de un incendio. Y aquí está todo el soporte de los sistemas de información geográfica, la teledetección, imágenes de satélites, etc. Todas esas herramientas permiten a quienes toman las decisiones poder definir y determinar las acciones a tomar, en forma preventiva, antes de que ocurra el incendio”.

Mari afirma que, en Córdoba, esa fase no se está trabajando. “Además de esos componentes preventivos que acabo de mencionar, están todas las fases preventivas de manejo de combustibles en la zona interfase urbano rural, aquellas zonas periurbanas donde existen casas en contacto con la vegetación. Todas las recomendaciones relacionadas a cómo mantener un predio limpio, qué tipo de vegetación se puede ralear, cómo mantener los alambrados, los cortafuegos, cómo mantener el lugar limpio por si llega un incendio, qué materiales se recomiendan… es decir, establecer todas las medidas preventivas para evitar daños materiales y naturales en esa interfase”, agrega.

Aunque hubo iniciativas allá por el año 2005, los manuales están, pero no se implementan. Hay otras actividades preventivas que tampoco tenemos en nuestra provincia: no hay avión vigía que controle la ocurrencia de columnas de humo para que rápidamente se disponibilicen los recursos para poder atacar el fuego en forma temprana; no hay torres de observación en lugares estratégicos; no hay sitios como cisternas para guardar agua en lugares estratégicos ni cartografía especializada en los accesos de las rutas de evacuación, accesos, caminos de tierra, etc. “Todo esto forma parte de un sistema de alerta y respuesta temprana a incendios de vegetación, tampoco lo tenemos. Entonces, hay falta de inversión. En la esfera preventiva, no tenemos nada”, asegura Mari.

El sistema provincial del manejo del fuego tampoco cuenta con un portal web donde esté la información disponible, con mapas, no existen apps que se puedan usar para trabajar la prevención, no hay capacitaciones para baqueanos, para propietarixs de los campos. “Tampoco hay capacitaciones para los municipios para emergencias por incendios, así como tampoco para la sociedad civil o brigadistas. Es preocupante que, con la historia reciente de Córdoba, no exista ningún tipo de capacitación, al menos, no son visibles en términos absolutos. Por ahí, puede haber algo, pero evidentemente es insuficiente”, advierte el entrevistado.

En relación al durante los incendios, nos aclara que los aviones hidrantes que vemos volar en Córdoba no son del Plan Nacional del Manejo del Fuego, sino que son privados, se alquilan para hacer este trabajo por un determinado número de horas y se pagan por esas horas de servicio. “Cuando se acaba eso, los aviones se estacionan y el fuego sigue quemando, entonces, hay que actualizar el contrato, renegociar sobre el momento. Es decir, hay una dificultad en este sentido que también dificulta las operaciones”. 

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(Imagen: La tinta)

El posfuego tampoco es atendido por ninguna institución provincial y nacional, no hay ningún plan establecido y concreto, no hay ninguna estrategia de restauración de los ecosistemas, aclara. “No hay ningún plan intersectorial que pueda abordar la problemática que existe entre el sector productivo -particularmente, el ganadero- y los sectores que buscan proteger los reductos de bosques o los pocos que quedan, existe un vacío de información y un vacío legal en cómo trabajar las actividades productivas y aquellas orientadas a la conservación. En síntesis, el sistema falla en su fase preventiva y en su fase posfuego”. 

Existe mucho ímpetu en la fase del durante, pero, a su vez, existen grietas en ese sistema por decisiones tomadas a destiempo o por falta de inversión o capacitación. ¿Quién es responsable? ¿Dónde está la grieta? ¿Por qué no existe un programa de capacitación para los civiles, a los brigadistas para que puedan de manera organizada, con formación, con recursos, salir a defender lo que quieran defender del fuego? El sistema tiene muchas grietas, adiverte el especialista, y es hora de visualizarlas. “No queremos ser amarillistas en esto, queremos ser objetivos para poder entender bien por dónde reparar el sistema y por dónde lograr cambiar las cosas”. 

A los bosques que se queman no los vamos a recuperar ni siquiera en los próximos 20 años, lo cual implica una degradación extrema. La pérdida de bosque implica la pérdida de servicios ecosistémicos que están relacionados a la regulación hidrológica, a la fertilidad de los suelos, a la provisión de oxígeno, al hábitat para la fauna. Es decir: los bosques y el medio natural proveen servicios a la sociedad que no tienen valor económico. Entonces: ¿Cuánto cuesta generar agua? ¿Qué valor tiene la generación de oxígeno? ¿Qué valor tiene la regulación de la temperatura de superficie?

El panorama en estos momentos y a futuro es alarmante, no es momento de paralizarnos, sino de cambiar esta Córdoba que duele.

Fuente: La tinta

Envio:RL



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