Amnistía para quienes comenzaron a abrir las Grandes Alamedas
Resumen Latinoamericano / Politika, 27 de noviembre de 2020.
foto: Nelson Moya
En el año 1982 Gabriel García Márquez, en la ceremonia de aceptación del Premio Nobel de literatura que le fuera concedido por la Academia Sueca, inició su discurso diciendo: “Hace once años, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda, iluminó este ámbito con su palabra”.
A reglón seguido, agregó: “En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetu que nunca las noticias fantasmales de la América Latina. No hemos tenido un instante de sosiego. Un presidente prometeico, atrincherado en su palacio en llamas, murió peleando solo contra un ejército de desalmados sin honor”.
Ocurrió el 11 de septiembre de 1973, fecha elegida por las fuerzas armadas para cumplir los designios que le fueron ordenados por el fascismo criollo en contubernio con el capital foráneo norteamericano, gobernado en ese momento por Nixon, personajillo que enlodó irremediablemente la historia política del país del norte.
Ellos no toleraban que Chile hubiese elegido democráticamente como Presidente de la República a Salvador Allende Gossens, un socialista militante, para ejercer la presidencia de la República y cuyo programa de gobierno contemplaba la nacionalización del cobre, principal riqueza básica que representaba el “sueldo de Chile”.
De acuerdo al dogma del imperialismo, había que enmendar un lamentable error de la democracia, buscando alianza con el capital nacional para vincular por su mediación a las fuerzas armadas, entrenadas en el arte de sojuzgar las ambiciones desmedidas de un proletariado altamente politizado. Para terminar de una vez, por y para siempre, con las experiencias socialistas. Así, de campeones de la democracia devinieron en su verdugo. Inundaron nuestra geografía de dólares que acallaron conciencias y compraron voluntades, y fijaron la fecha en que los trabajadores chilenos volverían a someterse a la rapacidad del capital privado. La fecha elegida fue el 11 de septiembre de 1973.
Llegado ese día, las fuerzas armadas traicionaron su juramente de obediencia al poder civil, recibiendo órdenes desde un improvisado bunker situado a distancia prudencial de cualquier riesgo inaceptable para la cobardía del militar de opereta que allí se refugió.
Su enemigo, un médico, un hombre que salvaba vidas y que fue ungido por su pueblo como Presidente de una República profundamente estratificada, donde los niños desnutridos y descalzos formaban parte del paisaje urbano.
Pocas cosas entendía el militar de opereta, pero sabía que Salvador Allende jamás se doblegaría ante la fuerza bruta de un gorila de feria. A él lo arropaba la lealtad y la dignidad a toda prueba de los trabajadores de Chile. Luego, la solución era inmolarlo a él y al puñado de colaboradores que lo acompañaban ese día. Así fue como culminaron la barbarie, bombardeando la Moneda.
Junto con arder el Palacio de Gobierno, bandera incluida, ardieron los valores que nos eran más queridos, el derecho a la vida, a la libertad, a la alegría.
Difícilmente la Historia Universal pueda mostrar en el siglo XX otro acto terrorista de estas características. Pudieron llegar hasta la Moneda mediante el fuego aéreo, pero Salvador Allende los privó del placer de convertirse en presa mayor. Los periodistas del mundo inmortalizaron las imágenes de los Ministros y de los amigos de Allende, tendidos en la calle, ante las ruedas de un vehículo blindado que esperaba la orden de aplastar a esos hombres honorables, granados, generosos. Todos ellos serían desterrados a una isla perdida en las nieves eternas, siguiendo cada uno de ellos destinos dispares.
Por esos días, las cámaras mostraron el funeral de Neruda despedido por la intelectualidad y los obreros del país que a voz en cuello, desafiando la ola de terror que inundó el país a partir de ese día, iniciaron la resistencia recordando al presidente mártir, al hombre que cantó y al poeta.
Esto fue vandalismo duro y puro. Esto fue terror y ya es hora que lo asuman los responsables civiles y los sicarios militares. No bastan el Nunca más, ni La justicia en la medida de lo posible.
Justicia queremos ahora, la necesitamos ahora.
Esta vez habéis encarcelado, torturado y lesionado de manera grave e irreversible a la joven generación. Debéis abrir las cárceles. Recordar que millones de chilenos en Santiago, en Valparaíso, en Concepción, en Antofagasta, en cada lugar recóndito de nuestra geografía, salieron a clamar por una Constitución a la dimensión humana de un pueblo que dijo BASTA.
Usted, señor Piñera, dijo haber escuchado la voz de las multitudes. No es mucho lo que queda de su mandato. No nos deje con este resabio, con otra promesa incumplida. Sálvese para la historia. Cumpla su palabra. Decrete ya la amnistía para los jóvenes que hicieron realidad el inicio de un proceso constituyente.
Hasta su hija, señor Piñera, lo agradece al extremo de querer formar parte de los constituyentes que tallarán una Constitución legítima. Serán las reglas de la democracia las que se lo permitirán o no. Pero ella puede concurrir cualquier viernes a la Plaza de la Dignidad para conocer las caras, los ímpetus y la alegría de los jóvenes de la patria que han preparado con paciencia el estercolero donde podamos arrojar la Constitución del crimen, de la vergüenza, del deshonor.
Los uniformados de Chile y sus millonarios patrocinadores están en deuda con el pueblo. Toda deuda algún día se cobra y se paga. Nunca podrán reivindicarse del todo, pero algo pueden hacer: reconocer que llegó la hora de abrir las mazmorras y dejar libre a nuestros nietos que posibilitaron el advenimiento de una Constitución que nacerá del pueblo.
¡Libertad para los presos del levantamiento de octubre 2019!
Defensa concertacionista de
quorum fraudulento
Por Felipe Portales, Resumen Latinoamericano, 27 de noviembre de 2020.
Han impactado la ferocidad y las falacias conque el establishment concertacionista ha reaccionado frente a la presentación de varias diputadas (incluyendo de la ex Concertación) de un proyecto de Reforma Constitucional destinado a que la Convención Constitucional pueda aprobar democráticamente una nueva Constitución. Es sabido que con el fraudulento quórum de dos tercios impuesto por el funesto acuerdo del 15 de noviembre del año pasado –y refrendado luego por una Reforma Constitucional en diciembre–, ello no será en absoluto posible; al “igualar” contra todo principio democrático y toda lógica el valor de 34 al de 66. Naturalmente, en el contexto político-electoral chileno, esto significa conferirle a la minoritaria derecha un decisivo poder de veto en la aprobación de la “nueva” Constitución.
Este proyecto fue presentado por las diputadas Camila Vallejo (PC), Maya Fernández (PS), Cristina Girardi (PPD), Pamela Jiles (PH), Alejandra Sepúlveda (FRVS) y Camila Rojas (Comunes). Y provocó tal furor en el liderazgo de la ex Concertación y particularmente del PS que, en un hecho pocas veces visto en nuestro país, éste último presionó a tal grado a su diputada Maya Fernández (nieta de Salvador Allende…) que la forzó en horas a que retirara su patrocinio.
Y generó, además, un conjunto de cuestionamientos públicos, tanto a las autoras como a la iniciativa misma, por parte de dirigentes actuales y de figuras históricas de la Concertación. Así, en sendas columnas en El Mercurio, las han cuestionado nada menos que José Antonio Viera-Gallo (“La regla de los 2/3”; 23-11-2020); y Eugenio Tironi (“El exocet de Camila”; 24-11-2020). De este modo, Viera-Gallo las emprendió duramente contra ellas, al señalar que “los partidarios del cambio de quórum están animados por una mentalidad de trinchera. Imaginan la Convención como un escenario de enfrentamiento de posiciones”; ¡como si el aspirar a que se defina democráticamente el contenido de una Constitución fuera prepararse para una guerra!…
Pero, además, notablemente –revelando implícitamente la debilidad de su posición de fondo– comienza la argumentación de su artículo dando un argumento meramente fáctico: “No es la primera vez que se exige un quórum de 2/3 para que una asamblea pueda aprobar una nueva Constitución”. Y ni siquiera cita algún ejemplo exitoso de su afirmación… Para hacernos cargo del tema –independientemente de la pobreza argumental del ex senador– se escuchó mucho hablar a fines del año pasado, por parte de los apologistas de “centro-izquierda” de dicho quórum, de dos ejemplos: Sudáfrica y Bolivia.
El haber puesto como ejemplo a Sudáfrica no se sabe si fue producto de la ignorancia o de la mala fe. Porque allí, si bien se estipulaba en principio un quórum de dos tercios para aprobar las normas constitucionales, las que no alcanzaban ese quórum eran sometidas a un plebiscito dirimente por el que el pueblo sudafricano (¡el soberano en definitiva!) definía si aceptaba la posición mayoritaria o minoritaria de la Asamblea (Ver Héctor Testa Ferreira.- “El proceso constituyente en Sudáfrica. Los dos tercios y el referendo dirimente. Lecciones para la experiencia chilena”; en De Frente, 11-12-2019). Si esto se hubiese aprobado ahora en Chile nadie tendría algo que objetar. Pero lo que se decidió aquí fue algo muy distinto y que podemos verlo perfectamente graficado con el ejemplo de la aspiración claramente mayoritaria en nuestro país de estipular que el agua sea efectivamente un bien nacional de uso público, sujeto a concesiones administrativas del Estado a privados. En enero pasado se aprobó por gran mayoría en el Senado una disposición en ese sentido, pero como no obtuvo los dos tercios –quórum de la actual Constitución para dicho ámbito– no logró aprobarse. Pues, bien, ¡lo mismo se repetirá con toda seguridad en la próxima Convención, de mantenerse el famoso quórum de los dos tercios!…
Y lo de Bolivia, donde en efecto la derecha impuso unilateralmente dicho quórum fraudulento, no pudo ser más desastroso. Primero, porque luego de establecerse la Asamblea en agosto de 2006 ¡demoró un año en consensuar un solo artículo! Luego, la mayoría de la Asamblea que tenía el MAS (Movimiento al Socialismo) “se cansó” del proceso y aprobó por mayoría absoluta un texto, en diciembre de 2007, completamente al margen de la minoría. Esta no reconoció el texto y comenzaron graves problemas políticos y regionales, con huelgas de hambre, enfrentamientos violentos, saqueos, muertos y heridos. Finalmente, hubo una negociación al margen de la Asamblea que terminó con un texto plebiscitado y posteriormente promulgado ¡en febrero de 2009! (Ver Emily Avendaño.- “El caótico proceso de la Asamblea Constituyente en Bolivia”; en El Libero; 7-11-2019).
Por mucho que la disposición hacia la derecha de los cabecillas de la ex Concertación sea exactamente opuesta a la del MAS en Bolivia, nada garantiza que la base de sustentación social que votó por el “Apruebo” y que generó el “estallido” o “rebelión” social del año pasado no origine también –por su previsible frustración con una “nueva” Constitución de consenso como la de 2005– un escenario fuertemente conflictivo.
Esto último lo vislumbra, sí, Viera-Gallo, pero sólo desde un punto de vista elitista, al decir que detrás de esta propuesta de las diputadas “late la idea de algunos de que la Convención por mayoría pudiera atribuirse más facultades que las que le han sido conferidas, como ocurrió por ejemplo (…) en Bolivia; ese propósito en todo caso tiene muy escasas posibilidades de contar con el respaldo mayoritario de los futuros convencionales, pero además de lograrlo generaría una crisis institucional grave al adoptar decisiones que adolecerían de nulidad de Derecho Público”.
Pero sin duda que la mayor falacia del ex senador la plantea al decir que el quórum de los dos tercios se hizo “pensando en la conveniencia para alcanzar acuerdos amplios que dieran legitimidad y estabilidad a la nueva Constitución”. ¡Cómo se va a lograr legitimidad y estabilidad después del estallido social (que puede verse mucho más estimulado como efecto de la pandemia) con una Constitución al gusto de la derecha que impuso el “modelo chileno” a sangre y fuego, y que naturalmente usará su poder de veto para continuar imponiéndolo con alguno que otro “maquillaje”!…
En verdad, el artículo de Tironi no agrega nada interesante al de Viera-Gallo, porque sostiene que el proyecto no debiese generar preocupación alguna, al decir que “todo el arco político y social aceptó sin vacilar los resultados y la legitimidad del camino que se abre”; y que una encuesta revela que “una inmensa mayoría de la población espera cambios positivos”; por lo que el “proyecto de Camila Vallejo” sería un “exocet” que lo único que lograría sería convertir en “imposible” una lista única de la oposición. El cabildero termina señalando complacientemente que esto “tendrá un efecto político sobre el resto del arco político, que también se fragmentará”; con lo que “la papeleta ofrecerá entonces una amplia variedad de opciones”, lo que “para la vitalidad del proceso es una buena noticia”.
Fuente: Politika
Envio:RL


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