3 de noviembre de 2020

OPINION.

Opinion

Cuentos de terror eran los de hadas

NOCHE DE BRUJAS

03/11/2020

La bruja es subversiva por revelarse contra el mandato de hermosura y matrimonio; es herético no responder a ese canon de belleza y vivir en la soledad del pantano.
VICTORIA SANTESTEBAN*
La persecución y quema de brujas fue el recurso medieval de criminalización de mujeres que se apartaban del rol doméstico/maternal. El sistema penal siempre necesitado de la construcción de enemigos a neutralizar hizo del identikit de la bruja, la chiva expiatoria a exterminar. La bruja, asociada a los saberes, poderes, al sexo y al goce, encarna toda la peligrosidad que el esquema patriarcal teme.
El deber de ser buenas -de no ser brujas malvadas- opera desde entonces sobre las mujeres, gestando grandísimas culpas y miedos, enfatizados por el reproche social y normativo. La bruja de ayer, la imputada del delito de hoy, queda sujeta a un reclamo que va más allá del Código Penal. El castigo social -¡e incluso jurídico!- es mayor contra la mujer que delinque y viene dado por ese deber de sumisión y esperada pasividad y bondad que se arrastra de antaño.
Hacia fines de siglo XIX, la tendencia delictiva de la mujer sería explicada por Lombroso con pretendida cientificidad, decretando que la donna delinquente cometía delitos no por maldad, no por esa proclividad natural al pecado que se había teorizado en el medioevo, sino por debilidad mental. Y para cerrar con moño el paquete lombrosiano, la prostitución era necesaria para el capitalismo lujurioso.

Brujas de ayer y de hoy.
Hoy no se acusa a la vecina de ser una bruja que baila desnuda con el mismísimo diablo en el patio de la casa, en medio de ritos satánicos y orgías, pero este resabio medieval aparece en las sentencias que persiguen mujeres por su condición de tales. El 28 de octubre, la justicia de Misiones condenó a 20 años de prisión a María Ovanda por «haber permitido o no haber impedido el abuso sexual» de su hija y su nieta, y aplicó penas menores a los varones responsables de los abusos. A María se la condenó por ser mujer y pobre, aunque el Código Penal se limite a juzgar conductas.
También la justicia de peluca atalcada se niega a aplicar el Código Penal que ya en 1921 dictaba que en ciertos casos el aborto no es punible, faltando así a su deber constitucional de aplicar la ley. Las cárceles continúan con pobres brujas en cautiverio por decidir sobre sus cuerpos.
En su mayoría, las mujeres tras las rejas deben el encierro a oficiar de mulas del narcotráfico. Si bien la ley 26.364 de prevención y sanción a la trata de personas estipula la no punibilidad de las víctimas por los delitos cometidos como resultado de su estado de explotación, los jueces condenan a estas mujeres. Las conquistas legislativas de poco sirven cuando sus ejecutores replican los tribunales de Salem.

Brujas de cuentos.
En buena hora las brujas de los cuentos de hadas pudieron desmentir las fake-news de la historia oficial, que las ubicó sin derecho a réplica como las malas de la película. Los cuentos antiprincesas son la revancha de las brujas. Pero generaciones enteras crecimos con cuentos de hadas empecinados en el mensaje aleccionador: nadie debe ser una bruja, porque son horripilantes y están solas. La bruja es subversiva por revelarse contra el mandato de hermosura (hegemónica) y matrimonio, entonces es herético no responder a ese canon de belleza y vivir en la soledad del pantano.
«Espejo, espejito» se pregunta la bruja que compite con Blancanieves y manda a matarla por vanidad. La bruja con sus brebajes y conjuros tiene el poder de hacer el mal por resentida. La bruja es la vieja, fea y sola que envidia a la joven, bella y deseada. Así, la caracterización de la bruja no sólo destaca los valores a perseguir por las mujeres que quiere el patriarcado («bellas», jóvenes y dóciles) sino que instala la rivalidad entre ellas, siendo esta la pócima mágica que garantizará por años el triunfo machista.
La bruja tampoco es madre, sino que se alimenta de niños y niñas. El cuento de hadas (de terror) instruía sobre las ventajas de ser la sirvienta cama adentro de siete (hombres) desconocidos mientras se esperaba al príncipe. La bruja nunca se salía con la suya, porque no era tan inteligente como el varón rescatista de la damisela atontada por el sueño o por el relegamiento social en el medio del bosque o en la soledad de una torre. El príncipe y la princesa (pertenencia de clase como garantía de felicidad y autorrealización) luego se casarían (nada de vivir en el pecado) y vivirían felices para siempre. La felicidad eterna. Pavada de recompensa a la mujer que espera durmiendo, en lo alto de una torre, cual mártir, la llegada del varón que la hará feliz, ¡para siempre!
Las hadas, en oposición a las brujas, son buenas porque vienen a cumplir los deseos del patriarcado: que Cenicienta le gane a sus hermanastras con el toque de la varita que transforma harapos en vestido para el baile y así, enganche al príncipe.
La esposa y la suegra que alguna vez fueron jóvenes se transforman en brujas, cansadas y enojadas de haber comprado el cuento de la felicidad eterna sin certificado de garantía. La violencia simbólica también viene en formato de chiste, mofándose de esa vieja bruja que ahora tiene el pelo blanco, refunfunea y está lejos de cantar con los pajaritos mientras tiende la ropa. La bruja es la esposa desencantada que se cansó de barrer y ahora sabe que puede agarrar la escoba para volar de un hogar que ya no elige.

Brujería feminista.
El feminismo rompe el hechizo que nos enemistaba e invita unirse al aquelarre. Los conjuros pronuncian lo impronunciable, lo que se callaba. Las danzas caóticas alrededor del caldero revuelven todo y convidan del brebaje libertario. El encantamiento rompió el miedo a las brujas y a ser una de ellas. La búsqueda de libertad herética, con rituales que hermanan y socorren, con calor de velas que guían, convencen sobre la fuerza de sus poderes. Las brujas saben que las hogueras todavía arden, que se reacondicionaron con sofisticación espeluznante, que se camuflan hasta confundirse con el paisaje y es fácil caer en el entrampamiento de diseño. Maldita ingeniería patriarcal. Te conjuramos. Desaparecerás para no volver a este mundo, ni a ningún otro. Te caerás como una torre vetusta. Y viviremos felices, para siempre.

Abogada, Magíster en Derechos Humanos y Libertades Civiles.

Fuente:LaArena

No hay comentarios:

Publicar un comentario