12 de noviembre de 2020

OPINION.

Opinion

El otro virus: la especulación

12/11/2020

La gran apuesta del gobierno nacional para fomentar la reactivación económica es la construcción. Sin embargo la «madre de industrias» -bautizada así por el decidido y veloz efecto que tiene en infinidad de actividades productivas- está padeciendo algunos cimbronazos a causa de la falta de materiales, como bien lo señaló a este diario el titular de la Cámara de la Construcción y lo reflejan también los medios de casi todas las provincias del país.
La raíz del problema hay que buscarla en una combinación de factores: entre ellos el fuerte aumento de la demanda, producto de los precios históricos bajos que hoy tiene el mercado; las limitaciones en la producción que padecieron en los últimos meses las empresas a causa de la pandemia y la implementación de estímulos que comenzó a ofrecer el gobierno a través de un sistema crediticio, como el Procrear entre otros programas, para construir, ampliar y refaccionar viviendas.
Pero hay otra circunstancia que también aporta lo suyo en este complicado escenario: el aislamiento sanitario y la consecuente imposibilidad de invertir en viajes y vacaciones, tanto dentro como fuera del país, direccionó una significativa masa de recursos económicos de aquellas familias que mantienen su capacidad de ahorro -a pesar de los embates sucesivos de los dos virus: el Covid-19 y el macrismo- en la construcción, ampliación o refacción de viviendas.
El resultado es cantado en Argentina: aumento de precios y desabastecimiento, añeja fórmula criolla producto de esa enfermedad que padecen los que tienen más cuota de poder en el mercado: la especulación. La concentración del mercado juega un papel fundamental: en casi todos los rubros -cemento, hierro, cerámicos, entre otros- son muy pocos, y muy grandes, los jugadores por lo tanto pueden imponer sus condiciones sin demasiado esfuerzo y, llegado el caso, actuar en equipo en forma cartelizada. Hay antecedentes y hasta un juicio memorable que desnudó este tipo de maniobras.
La excusa del dólar, por ejemplo, está siempre a mano para justificar alzas desmesuradas de precios a pesar de que casi todos los productos están confeccionados con materia prima y mano de obra local, y con tarifas de servicios públicos e impuestos que se pagan, todos ellos, con moneda nacional. El gobierno fue terminante, y dio señales claras, de que no permitirá una brusca devaluación del peso como lo demandan -con fuertes presiones en el mercado cambiario- los representantes del poder económico concentrado. Aún así muchos se escudan en las «expectativas devaluatorias» para llevar a cabo maniobras especulativas como aumentos de precios «preventivos» o retacear la entrega de mercadería.
Un dato que aportó el representante local de la Cámara de la Construcción es muy significativo. En los productos que fabrican las empresas locales, como las aberturas, no hay faltante, a pesar de que dependen de insumos que deben importar de otros puntos del país. La pregunta cae por sí sola: ¿será que todas ellas son Pymes y ninguna tiene posición dominante como para imponer condiciones?
Nadie ignora las dificultades económicas «reales», pero pensar que ahí se agota el problema es de una ingenuidad supina.

Fuente:laArena

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