20 de diciembre de 2020

OPINION.


Opinion

La «gente muy seria» y el perro de Pavlov

20/12/2020 

En momentos en que resulta inminente el arribo de las primeras vacunas contra el Covid-19 a la Argentina, y varios países del hemisferio norte ya comenzaron con sus campañas de inoculación a sus poblaciones, el coro de la «gente muy seria» le canta loas a las compañías farmacéuticas por su efectividad para producir estos antídotos con tanta rapidez. La realidad, como siempre, es un poco más compleja que eso, ya que en ese discurso se omite -una vez más- el rol crucial de los estados nacionales en éste, como en tantos otros progresos de la humanidad.

Payaso.

Hace pocos días, uno de esos noveles personajes mediáticos, los «economistas payasos» (neologismo sugerido: eclownomistas) se permitió disparar por TV la temeraria afirmación de que, en nuestro país, al control de la pandemia lo sostuvo el sector privado y las obras sociales. Una mentira tan escandalosa y descarada -desmentida incluso por los grandes CEOs del sector privado de la salud- es posible por cuanto, gracias a la «gente muy seria», cualquier discurso contrario al Estado se puede proferir impunemente, sin correr el riesgo de ser confrontado.
Desde luego, si este «economista» pasara menos tiempo en la peluquería y más en sus estudios (en esto se asemeja a algunos futbolistas) podría hacer las cuentas de la ciclópea inversión que encaró el Estado argentino para reforzar su sistema de salud pública, diezmado por la anterior administración. Y se enteraría, también, de que ese esfuerzo sin precedentes permitió que en Argentina -a diferencia de países europeos inmensamente más ricos, o de nuestros vecinos chilenos- el sistema nunca colapsara, y ningún enfermo se viera privado de una cama en terapia intensiva o de un respirador mecánico.
De todos modos, nadie debería esperar un debate serio en ciertos canales de televisión, y menos cuando intervienen personajes que, posando de economistas, se entretienen también exhibiendo sus inclinaciones por el canto romántico y el sexo tántrico.

Estado.

La verdad es que las vacunas contra el Covid-19, como tantos otros avances científicos recientes, tuvieron su origen en inversiones estatales, luego aprovechadas por el sector privado.
Después de todo, fue el Departamento de la Defensa de EEUU el que creó la internet, de donde surgieron las empresas más poderosas de la actualidad. Y fueron investigaciones públicas las que derivaron en la invención de los transistores, los chips de silicona, el radar, los aviones a reacción, los satélites, las extremidades robóticas, la cortisona, las pantallas planas, y la lista sigue.
Casi todos los componentes actuales de una computadora personal proviene de inversiones de fondos públicos. La razón es muy simple: la investigación de base es demasiado riesgosa para ser afrontada por el conservador sector privado. Y, además, nunca se sabe qué productos pueden emerger de ella: ninguna compañía de electrodomésticos hubiera encarado la investigación militar que llevó a la invención del horno a microondas.
En el caso del Covid-19, las compañías farmacéuticas se basan en años de investigaciones financiadas o conducidas por el Estado, en campos como la genética y las proteínas virales, ingredientes esenciales de cualquier desarrollo de vacunas. Y, durante todo el año, se financiaron con las compras anticipadas de los distintos gobiernos, aún cuando no se sabía a ciencia cierta qué proyectos tendrían éxito o no.

Vivillos.

En realidad, la conducta de las grandes empresas del sector privado -tal como está comenzando a salir a la luz- dejó mucho que desear, mientras el resto de la humanidad sufría el aislamiento, la pauperización y los contagios. Lo que hicieron esas compañías en la ocasión fue lo que siempre hacen: lucrar (y con fondos públicos).
Tanto en Inglaterra como en EEUU los gobiernos han comenzado las acciones tendientes a recuperar miles de millones de dólares gastados, sobre todo en la fase inicial de la pandemia, en la adquisición de elementos protectores e insumos médicos que nunca llegaron (¿recuerda el lector las mascarillas compradas por el gobierno de CABA a Singapur? ¿Qué habrá pasado que no se habló más del tema?)
Sin embargo, para la «gente muy seria», el problema es la vacuna rusa. ¿A quién se le ocurre confiar en la ciencia de un país que envió al espacio el primer satélite, el primer perro, el primer hombre y la primera mujer? ¿Quién se sometería al conocimiento científico de un pueblo que ha producido tres premios Nobel en medicina (incluyendo, en 1904, a un tal Pavlov), cinco premios Nobel en física, y dos en química?
Y es que la «gente muy seria», como el perro de Pavlov, sólo mueve la cola cuando cuando le tiran un hueso neoliberal.

Fuente:LaArena

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