En Ibagué, un río humano le dijo sí
al Paro Nacional
Por Nelson Lombana Silva. Resumen Latinoamericano, 14 de mayo de 2021.
Como si fuera el primer día, un verdadero río humano se volcó a la calle a decirle sí al Paro Nacional en la ciudad musical de Colombia, Ibagué. Desde muy temprano una multitud se trasladó al distante barrio Boquerón para comenzar desde allí la movilización. En cada rostro no había mueca de cansancio a pesar de cumplirse el día quince de la protesta. Por el contrario. En cada rostro se podía leer perfectamente la decisión por luchar y rechazar categóricamente la imponencia y petulancia de un gobierno ilegal e ilegítimo por cuanto el presidente llegó allí, con dineros calientes del narcotráfico como ha sido perfectamente demostrado hasta la saciedad.
Un día soleado fue el gran marco de la protesta que recorrió el sur de esta ciudad con combatividad, alegría y compromiso social y de clase. Nuevamente, la juventud en la calle con todo su ingenio, imprimiendo alegría y entusiasmo a los viejos luchadores que aceptaron con donaire semejante recorrido. Una marcha pacífica y bien organizada que finalmente arribó a la emblemática calle quince con carrera tercera al filo de las doce del día. El sol brillante y metálico golpeaba cada rostro lleno de esperanza en un mejor mañana, en un país posible.
Impresionante la forma como los habitantes salieron a contemplar la marcha. Niños, jóvenes y adultos, hombres y mujeres, saltaban alborozados y no dejaban de aplaudir la gigantesca columna humana que se desplazaba lentamente sin hacer pausa. “Esto lo ganamos”, gritaban algunas amas de casa.
Al otro costado de la ciudad, en la concha acústica “Garzón y Collazos”, los cultores con música, arte y cultura, también se manifestaban rechazando el régimen capitalista, su modelo neoliberal y la racha de impuestos contra el pueblo. La música y el bullicio multicolor inundaron la gigantesca concha acústica. Más tarde, desfilaron por las calles céntricas hasta reunirse con la gran marcha procedente del sur de la ciudad.
Presencia indígena
La movilización estuvo custodiada por la guardia indígena. Estuvo al frente animando la protesta. Una de sus voceras intervino en el estrado acondicionado en plena carrera tercera. “Nosotros los ciudadanos somos respetuosos de las leyes, pero no para agachar la cabeza como lo hiciera nuestros ancestros, por el dolor y el padecimiento de las amenazas de las armas de los colonizadores”.
Agregó: “Estamos aquí en pie de fuerza, unido como pueblo colombiano; nosotros como comunidad indígena, somos los nativos, los originarios, el gobierno mayor. Las comunidades indígenas del consejo regional indígena del Tolima (CRIT), presente en todas las manifestaciones de lucha para reivindicar nuestros derechos, nuestros usos y costumbres de nuestra madre tierra. A todos y cada uno de ustedes, los llamo desde la esencia de la naturaleza, cada un nativo, originario de estos territorios ancestrales en pie de lucha, en resistencia permanente por la defensa de la vida, de la Pachamama, de nuestra madre tierra, que, sin ella, si no la defendemos, pues quedamos desmadrados compañeros colombianos. Así de sencillo. Este es un llamado a que todos y cada uno de nosotros, seamos responsables de donde estamos parados y del futuro de lo que hay en nuestros vientres. Gracias compañeros y compañeras”.

Por su parte, William Polo Arango, presidente del Sindicato de Maestros del Tolima (SIMATOL) y miembro del Comando Departamental de Paro, señaló: “El magisterio tolimense le ha cumplido al pueblo colombiano. Lo venimos haciendo incansablemente desde el pasado 28 de abril, vamos en el número 15 del Paro y aquí está el magisterio tolimense e ibaguereño y continuaremos en esta lucha”.
Agregó: “Hoy le quieren entregar el hospital Federico Lleras Acosta a las multinacionales, hoy le quieren liquidar el agónico contrato de trabajo que tienen los trabajadores de la salud y dejarlos en la mísera calle. Por eso, estamos en la calle y seguiremos en este proceso de paro”.
Los bloqueos continuaron en distintos puntos de la ciudad de Ibagué hasta altas horas de la madrugada. El Paro Nacional en el departamento sigue firme y combativo. Para hoy, se tiene programada más movilizaciones. Según se pudo establecer, el sector campesino del Cañón del Combeima estará marchando expresando su indignación por este gobierno de muerte, carestía y corrupción. A su vez, apoyando la protesta nacional. El Paro Nacional sigue…
Fuente: PaCoCol
Francia Márquez, la Nobel medioambiental que se candidatea a presidenta y denuncia lo que
pasa en Cali
Por Alfredo Molano Jimeno. Resumen Latinoamericano, 14 de mayo de 2021.
Ganadora del llamado Nobel medioambiental, se ha presentado a la Presidencia de Colombia para las elecciones de 2022 y, desde Cali, denunció a Sputnik lo que ha vivido en dos semanas de protestas. Una grave crisis humanitaria ya ha dejado 35 personas muertas en choques entre civiles y policías, según organizaciones. Francia Márquez es testigo.
Cali, la capital del Valle del Cauca (oeste), es la tercera ciudad de Colombia en cuanto a tamaño y población. Desde cuando inició el paro general, el 28 de abril de 2021, esta ciudad se ha convertido en el epicentro de la confrontación entre la fuerza pública y manifestantes. Según la organización Temblores, que viene monitoreando los casos de muertes en estas protestas, de las 47 personas asesinadas durante el estallido social, 35 fallecieron en Cali.
Allí la violencia está desatada; el domingo 9 de mayo, por ejemplo, se registraron graves enfrentamientos entre indígenas y civiles armados con apoyo de la Policía. El resultado fue de 13 comuneros heridos por armas de fuego e imágenes de caos y violencia inéditas en la ciudad.
Aunque es oriunda del norte de Cauca, municipio de Buenos Aires, Francia Márquez ha vivido en Cali los últimos años. La líder social fue galardonada con el Premio Medioambiental Goldman en 2018 y actualmente es candidata a la Presidencia de Colombia para las elecciones de 2022. Desde el epicentro de las movilizaciones acompaña el paro y contó a Sputnik cómo se vive la crisis humanitaria de la que es testigo.
-¿Cómo se han desarrollado las jornadas de paro nacional en Cali?
-Han sido como muy difíciles. Desde el primer día la represión ha sido muy fuerte. El primer día de paro yo estuve en Bogotá y después me vine a Cali. En Bogotá nos gasearon cuando adelantábamos una protesta pacífica, incluso es día, el 28 de abril, hasta al director de Derechos Humanos de la Alcaldía le tiraron una aturdidora en los pies. Ese día salí a correr y me tocó esconderme en una casa. Fue muy duro. Después llegué a Cali y encontré una matanza.
Violencia desde que empezó el paro, y se ha evidenciado toda la violencia pública. El Gobierno dio un trato de guerra a la protesta social y no ha tenido actitud de diálogo, si la hubiera tenido, esto ya se habría resuelto. Pero se niega a oír a la gente y eso es lo que ha generado toda esta situación de violaciones a los derechos humanos: van 35 muertos, hay más de 80 personas desaparecidas, y hay judicializadas más de 140; hay registro de ocho personas que han perdido el ojo. Un panorama triste para una ciudad que es alegre.
-¿Qué ocurrió en Siloé?
-Esa noche todo el mundo se dio cuenta de lo que pasó porque los videos circularon por todos lados. Vimos cómo la fuerza pública asesinó a cinco personas y otras 30 resultaron heridas. A partir de eso, yo siento que el Gobierno cambió la táctica: quienes están saliendo a dispararle a la gente de la movilización es gente vestida de civil.
Pero también ya hemos visto que esa gente de civil es de la misma fuerza pública. Hay videos que muestran eso, como el del domingo, en que civiles les dispararon a los indígenas en la Universidad del Valle, luego salieron a correr y se montaron en un carro de la Policía. Es decir, o la Policía está protegiendo a quienes salen de civiles a disparar contra los manifestantes o quienes disparan son policías sin uniforme.
Lo que está pasando es lamentable porque es como un desprecio de la élite, de los políticos, del Gobierno nacional hacia la gente que se moviliza con justa razón. Y es que la gente está aguantando hambre, está pasando necesidades, mientras el Gobierno le entregó al sector financiero casi 10 billones de pesos [2.600 millones de dólares] regalados en alivios tributarios.
Ahora, quieren que el hueco fiscal lo pague la gente. Siempre el pueblo llevando del bulto. En cambio, al sector financiero, que ganó en medio de la pandemia más de $20 billones, no le piden nada. Aprietan al que está aguantando hambre y acostándose con una comida diaria: más de dos millones de personas están comiendo una sola vez al día y por supuesto ahora el paro afecta a la gente empobrecida, pero si no se hace esto, esto nunca va a cambiar, porque hay una arrogancia y una prepotencia de este Gobierno que desprecia la gente. Hoy vino el presidente a Cali. Llegó a las 12 de la noche y se fue a las 3 de la mañana. Se reunió con la gobernadora del Valle, con el alcalde de Cali y pare de contar. Eso es un gobierno que no está dispuesto a hablar ni a escuchar al pueblo, por eso está fracasando.
-La mayoría de las personas muertas en las protestas son jóvenes de familias humildes, es más, la mayoría de los enfrentamientos han sido en áreas marginales de mayoría afro, ¿cree que hay un odio de este Gobierno por los jóvenes, los pobres, los negros?
-Eso es parte de lo que yo he visto. Muchos de los jóvenes heridos y muertos son de barrios populares, pelaos [así se les dice a los adolescentes en Colombia] que pertenecen a lo que se denomina la primera línea y dicen: «Nosotros estamos dispuestos a dejar el cuero por estas calles, por este país que nos ha despreciado, que nos manda a limpiar socialmente, que nos desprecia y hoy estamos aquí dispuestos a cambiar la historia». Esa es otra cara de la represión del Estado, porque este está siendo direccionado por una supremacía blanca racista, clasista, patriarcal, que no está dispuesta a escuchar ni a perder sus privilegios.
Es duro para mí escuchar esos muchachos decir que están dispuestos «a dar la vida para que esto cambie». Gente con mucha dignidad y valentía. Eso es lo que está pasando, y es triste, doloroso, desgarrador. En estos días no he podido ni dormir, la cabeza me está dando vueltas de tanto pensar en cómo hacemos para resolver esta situación, cómo hacemos para evitar que más personas sigan muriendo, cómo hacemos para que el Gobierno realmente escuche, porque es un Gobierno que prometió trabajar para el pueblo, pero hoy le da la espalda.
Siento dolor, tristeza, desolación, pero bueno, también esperanzas de pensar que todo este esfuerzo, toda esta lucha, algún día tendrá un resultado en beneficio de los más empobrecidos, de las mayorías y en beneficio de este país.
-¿Cuál es la situación humanitaria en este momento?
-La situación humanitaria aquí es muy compleja porque todos los días uno escucha a la gente decir: «Detengan las masacres, detengan las muertes». Y cada día, desde que empezó este paro, hay más muertos y más hay heridos. Hay gente pasando trabajos, entonces la crisis humanitaria es muy jodida, y cada vez que asesinan a alguien, cada vez que silencian una voz, es como que le dan más fuerza al pueblo para mantenerse luchando y defendiendo la dignidad. No está pasando que con cada muerto la gente diga «ya mataron a la gente, yo me voy para mi casa», no, antes siento que eso está enfureciendo más a la gente, haciendo que la gente se levante más.
Y bueno, las organizaciones de derechos humanos están sistematizando todo, haciendo seguimiento a cada violación de derechos humanos, a cada muerte, a cada desaparecido, a cada agresión; es bien difícil el panorama porque aún no se conoce bien lo que ha pasado, no se saben cifras, hay personas desaparecidas.
La respuesta de la institucionalidad son mensajes incendiarios, estigmatizantes. Eso tampoco ayuda porque se sigue tratando de justificar la violencia estatal diciendo que la protesta social es de puros vándalos, de criminales y terroristas, por eso están matando a la gente.
He escuchado voces de mamás que les dicen a los pelaos: «Hijo, regresa a casa»; otras que están buscando a sus hijos, y los hijos –que eso ha sido muy fuerte para mí– dicen: «Perdóname, madre, si no llego a casa, pero esto también es por ti». Eso es desgarrador, me duele pensar en mis hijos, me imagino escucharlos diciendo «Perdóname, madre, si no regreso a casa, pero eso también es por ti». Son jóvenes que no tenían esperanza y que hoy se la están jugan
Fuente: Sputnik Mundo
Una democracia paramilitar
Por Jorge Majfud. Resumen Latinoamericano, 14 de mayo de 2021.
Dos años antes del nacimiento de las FARC, en febrero de 1962 el teniente general William Yarborough promovió la idea de los grupos paramilitares “entrenadas de forma clandestina para la represión” en América Latina como forma de combatir a los nuevos grupos progresistas y a los activistas sociales sin involucrar ni a Washington ni a los ejércitos nacionales a los que financiaban, ni a los oficiales entrenados y adoctrinados en las escuelas militares de Virginia, Georgia, Panamá y en las propias escuelas militares de los países latinoamericanos.
En Colombia, esta idea de “special forces” prendió rápidamente porque ya existía en la práctica y en la cultura rural desde las dictaduras de la primera mitad del siglo XX. Desde los años cuarenta, los hacendados financiaban sus propias milicias para extender sus territorios en nombre de la defensa de sus territorios y de la propiedad privada. Con un conocimiento limitado y chueco de El Bogotazo de 1948 que siguió al asesinato del carismático candidato Jorge Eliécer Gaitán, el general estadounidense Yarborough recomendó crear en Colombia “una estructura cívico-militar que pueda ser usada para presionar en favor de reformas a través de la propaganda anticomunista y, en la medida de lo posible, pueda ejecutar acciones paramilitares, sabotajes y actividades terroristas contra cualquier simpatizante comunista. Este plan debe ser apoyado por Estados Unidos”. A continuación, recomendó el envío de US Special Forces Trainers (Fuerzas Especiales de Entrenamiento de Estados Unidos) para facilitar una operación a largo plazo. Todo un éxito.
Como observa el activista y profesor de la University of Pittsburgh, Daniel Kovalik, en la primera década del siglo XXI, gracias a los 10.000 millones de dólares transferidos por Washington a Bogotá para la “contrainsurgencia” y la lucha contra las drogas del Plan Colombia, 10.000 jóvenes colombianos pagaron con sus vidas la maravillosa idea nacida en una pulcra oficina de Estados Unidos. En la Frontera salvaje y, en particular, en Colombia, desde hace décadas, la regla consiste en hacer pasar a las víctimas asesinadas por guerrilleros caídos en combate. Los “falsos positivos” no son solo una tradición colombiana, pero en Colombia se dicta cátedra. Cuantos más falsos positivos, cuantos más peligrosos rebeldes asesinados o reportados como inminentes amenazas, más millones de dólares en ayuda es enviada por Washington para apoyar la lucha por la Democracia y la Libertad de las sacrificadas clases dirigentes de esos países. Esta estrategia no es nueva ni nació en Colombia. Es un viejo recurso de la clase dirigente latinoamericana que hunde sus raíces en el siglo XIX y rápidamente olvidó de dónde provenía su pasión y su odio por los de abajo a quienes, más recientemente, se comenzó a llamar comunistas o marxistas sin que ni uno ni otros hubiesen leído un sol libro o un solo artículo publicado en Nueva York por un lejano y complicado filósofo alemán llamado Karl Marx.
Según la ONU, en Colombia la práctica de los falsos positivos es sistemática sólo en 30 de los 32 departamentos colombianos. El 10 de setiembre de 2016, el New York Times detalló cómo un grupo financiado para actividades insurgentes se convirtió en un escuadrón de la muerte que controla la costa norte de Colombia. Desde el año 2000, estos grupos de extrema derecha cometieron cientos de masacres que pasaron desapercibidas por la comunidad internacional. Un día antes de los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York, el 10 de setiembre de 2001 el secretario de Estado Colin Powell declaró que, como prueba de la posición contra el terrorismo de Estados Unidos, las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) habían sido clasificadas como “organizaciones terroristas”.
El comunicado de la Secretaría de Estado reconoció la autoría de 75 masacres por parte de la AUC sólo en un año, aparte de torturas y asesinatos sistemáticos. El golpe moral no afectó de forma significativa las fuentes de financiación de estos (ahora llamados) grupos terroristas. Los paramilitares continuaron secuestrando, torturando y forzando el desplazamiento de miles de colombianos, en su mayoría pobres y sin poder de organización. Un número significativo de desplazados de forma sistemática en favor de las compañías madereras, son miembros de las etnias afrocolombianas de la costa pacífica, mientras más de la mitad de los grupos indígenas se encuentran en el proceso de extinción por las mismas razones.
No por casualidad, según diversas ONG como PBI Colombia o la británica ABColombia, el 80 por ciento de los abusos a los derechos humanos de la población colombiana y el 87 por ciento de los desplazados se registran en áreas donde operan las mineras internacionales. Al igual que en otros países ricos en recursos mineros de oro y de petróleo, la población local no solo es desplazada de sus tierras sino que quienes permanecen deberán sufrir de la contaminación de una explotación irresponsable, como el envenenamiento con mercurio. Es el caso de la mina de carbón a cielo abierto de Cerrejón, propiedad de ExxonMobile (luego vendida a Glencore and BHP Billiton), la cual en 2001, con la invalorable ayuda de los patriotas paramilitares, arrasó con toda una comunidad de colombianos negros e indígenas wayú, alguna vez conocida como villa de Tabaco, en La Guajira. Desde entonces, activistas como Francia Elena Márquez (también víctima de atentados contra su vida) han logrado algunas victorias en el Congreso colombiano con el reconocimiento de algunos derechos que no fueron puestos en práctica en su totalidad.
Por décadas, Washington continuó transfiriendo miles de millones de dólares al ejército colombiano para su lucha contra las FARC y el tráfico de drogas sin disminuir y mucho menos terminar con la violencia y las matanzas de pobres. Luego del comunicado de 2001 de la Casa Blanca, en un lapso de apenas diez años, los paramilitares (solo por casualidad, algunos vestían uniformes de los Marines Corps) ejecutaron a más de 100.000 personas en Colombia, en su mayoría activistas, campesinos y pobres. Colombia, sede del mayor sistema de bases militares de Washington en América del Sur, no sólo se ha distinguido por sus carteles de las drogas y sus exportaciones a Estados Unidos sino que, sobre todo luego del fin de las guerras civiles en América central, ha sido la capital del crimen paramilitar en el continente.
Nada de esto ha sido suficiente para cuestionar su sistema democrático, los crímenes sistemáticos y las injusticias sociales financiadas por los intereses de las corporaciones internacionales y el cacicazgo criollo. Para el siguiente año al acuerdo de paz entre el gobierno y las FARC-EP, de los 321 asesinatos de líderes defensores de los derechos humanos en el mundo, 126 ocurrieron en Colombia. Ese mismo año, el segundo país más peligroso del mundo para los defensores de los Derechos Humanos fue México, con 48 asesinados, el tercero Filipinas, con 39, el cuarto Guatemala con 26 y el quinto Brasil con 23. Todos, tal vez menos uno, son países latinoamericanos protegidos por Washington y con una larga historia de intervenciones de sus trasnacionales. Las cifras se han mantenido más o menos iguales desde entonces. En los llamados países de la “troika de la tiranía”, Venezuela registrará cinco asesinatos ese mismo año, Nicaragua cero y Cuba cero.
Este fermento de violencia paramilitar en favor de las grandes compañías extranjeras y de los hacendados más poderosos, sedientos de nuevos recursos mineros y más tierras para la industria agropecuaria, hicieron popular al presidente Álvaro Uribe, quien también explotó el centenario lema anglosajón de “la ley y el orden” (nuestra ley, nuestro orden) como pocos. Uribe es un poderoso hacendado vinculado al narcotráfico, según la misma embajada de Estados Unidos en los años 90 y según los informes del gobierno de George W. Bush en la década siguiente, lo cual no impidió ser condecorado por el mismo presidente Bush.
Fuente: Alainet
Realizarán un plantón contra violencia
sexual policial
Resumen Latinoamericano, 14 de mayo de 2021.
Organizaciones feministas colombianas realizarán este viernes un plantón en distintas ciudades del país suramericano, para expresar su rechazo a la violencia sexual que agentes policiales han cometido contra mujeres en el marco del Paro Nacional. El plantón se convoca después del suicidio de una joven que denunció abusos sexuales por parte de policías en la ciudad de Popayán.
En un balance elaborado por la Plataforma Grita se consignó que dentro de los 2.100 casos de violencia policial cometidos desde el comienzo del Paro Nacional, el 28 de abril pasado, a la fecha, han ocurrido al menos 16 actos de violencia sexual contra mujeres.
El más reciente caso, fue el de una mujer de 17 años que fue detenida la noche del miércoles por efectivos de la policía en la ciudad de Popayán, capital del departamento del Cauca, mientras filmaba las manifestaciones que se efectuaban en el lugar.
La menor fue conducida a una Unidad de Retención Inmediata (URI) en donde denunció que fue sometida a abusos sexuales por parte de varios policías.
El jueves fue liberada y posteriormente fue encontrada sin vida, tras presuntamente cometer suicidio, según denunció el colectivo feminista la Casa de la Mujer.
La organización Articulación Feminista Popayán convocó, a través de las redes sociales al plantón “Ni una menos”, a llevarse a cabo a las 10:00 hora local de este viernes frente a la sede de la Policía Metropolitana de esa ciudad colombiana.
En el Park Way, en el centro de Bogotá, también está previsto se efectúe a las 10:00 hora local un plantón en contra de la violencia sexual policial a las mujeres.
La organización Juventud Rebelde, por su parte, llamó a una concentración a partir de las 14:45 hora local en el Parque de la Mujer, para expresar el rechazo a la brutalidad policial y la violencia en contra de las mujeres en el marco del Paro Nacional.
Policía continúa represión
Agentes del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) de la Policía Nacional prosiguieron la noche del jueves reprimiendo las manifestaciones que llevan a cabo ciudadanos en distintos ciudades de Colombia.
En redes sociales, se informó que tanquetas del Esmad lanzaron chorros de agua en contra de manifestantes que se concentraron en las inmediaciones de Portal Américas.
Acciones de represión policial también ocurrieron esta noche en las ciudades de Popayán, Barranquilla y Buga, entre otras, donde incluso personal médico fue víctima de los abusos del Esmad.
Fuente: TeleSUR
Cali sigue resistiendo tras 16 días
de paro nacional
Resumen Latinoamericano, 14 de mayo de 2021.
Después de 16 días de paro, Cali aún es el epicentro de la resistencia en Colombia. Parece que una sangre indomable impulsa a estas generaciones a hacerle frente a la muerte y al horror.
Aquí en esta Cali soberana se sabe resistir, resistimos a décadas de injusticia y desigualdad social, resistimos muchos años a una elite racista y excluyente, resistimos por generaciones enteras al empobrecimiento y estigmatización, resistimos a los gobiernos asesinos.
En Cali hemos aprendido a compartir la lucha porque compartimos las urgencias y ahora también compartimos los sueños.Desde punto madera resistencia la 29 en Calipso, Cali, se oyen las voces de dignidad, la resistencia de un pueblo azotado por la violencia y la inequidad que exige que cese el hostigamiento, la persecución y los asesinatos a lxs jóvenes antes que negociar, para poder encontrarse en la palabra debe cesar la guerra…
Este jueves 14M la comunidad se encontrará en una misa por lxs peladxs que han asesinado, se convoca a la gente a acompañar en solidaridad con la familia de uno de lxs peladxs que falleció el 11 de mayo de 2021.
#CaliResiste#ElParoNoPara#LaVidaSeRespeta#NosEstanMatando#ParoNacional13M




AGUANTE, CALI, AGUANTE…. Ya llevamos 16 días de movilizaciones y bloqueos en la ciudad, y no pareciera que fuera a tener un fin próximo. Hoy, el Gobierno hizo un remedo de mesa de negociación, sin el presidente Iván Duque, con la gobernadora Clara Luz Roldán abandonando el recinto, con el alcalde Jorge Iván Ospina repudiado y señalado como traidor, pues mientras se «negociaba», atacaban los puntos de Calipso y la Luna. Mientras «negociaban», atacaban Buga y Popayán.
Pues bien, la ciudadanía dice no, y dice no de manera inteligente, pues los bloqueos continúan aunque no lo parezca, pues ya no son bloqueos, son territorio en lucha. Barricadas, fogatas, mensajes de aliento en las paredes, resignificación de los puntos en resistencia, como este: Paso del Aguante. Lxs muchachxs de primera línea, la brigada de salud de tercera línea siguen en la lucha, siguen habitando las calles en digna rabia.
En digna rabia se recuerdan lxs muertxs, lxs desaparecidxs, las chicas abusadas sexualmente… En digna rabia habitamos las calles, ya no las bloqueamos, eso quedó hace 16 días sepultado en un discurso retrógrado y miope políticamente. HABITAMOS las calles y las seguiremos habitando, porque «si aguantamos 4 meses por un salario precario, sabemos lo que es aguantar»…













fuente: Medios Libres de Cali
Envio:RL





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