3 de mayo de 2021

NEUQUEN: “En el plan genocida, las violencias sexuales buscaron aniquilar y disciplinar a las mujeres”.

 Hormazabal: “En el plan genocida, las violencias sexuales buscaron aniquilar y disciplinar a las mujeres”

Entrevistamos a Natalia Hormazabal, abogada querellante del CeproDH en los juicios de la causa denominada “La Escuelita” que se desarrolla en Neuquén, habla de los delitos sexuales contra las mujeres en la última dictadura en Argentina.

Domingo 2 de mayo
















Natalia Hormazabal es querellante en causas de lesa humanidad, concejala del Frente de Izquierda y abogada de trabajadores, en este nuevo tramo del juicio “La Escuelita”, relata la importancia de investigar y juzgar el abuso sexual como delito. El caso de Dora Seguel. El trato hacia las mujeres durante las detenciones ilegales en la última dictadura y la perspectiva de género en los juicios de lesa humanidad.

¿Por qué crees que es importante que en este tramo del juicio se investigue y juzgue el abuso sexual como un delito autónomo?

Porque es fundamental para mostrar plenamente los objetivos del plan genocida. Esas violencias específicas tenían por finalidad destruir a mujeres y varones como individuos, y también como colectivo. Dentro del plan, las violencias sexuales eran una práctica usual que reproducía en esencia la aberrante condición a la que eran reducidas las víctimas, como “objetos” negados de humanidad de los que los agentes podían disponer, ya sea como castigo, como fuente de información, pero sobre todo como un modo de “aniquilar” a la persona.

Por los relatos de les sobrevivientes y las pruebas contundentes que han sido presentadas en los juicios, pudimos comprender que las violencias sexuales como forma específica de torturas, no eran hechos o actos individuales, ni excepcionales, sino que constituían prácticas cotidianas tendientes a la destrucción anímica, moral y física de las personas detenidas como parte del plan sistemático del genocidio. Y, como quedó probado, no han sido una excepción los centros clandestinos de detención de la región.

Este tipo especial de violencia sirvió como un instrumento más de ataque, al igual que los golpes, la picana, u otro tipo de vejámenes, pero con una específica finalidad: no hay líbido ni lujuria en esos ataques. Hubo un plan para aniquilar para siempre a las personas, y para eso “el último territorio” al decir de Rita Segato, como resulta el cuerpo, fue el lugar propicio y elegido conscientemente por los genocidas. Todas las torturas persiguieron el mismo objetivo: causar dolor, doblegar la resistencia de las víctimas, conseguir información, producir efectos de control y disciplinamiento social, pero sobre todo aniquilar.

Nosotras partimos de un concepto amplio de violencia sexual que no se reduce tan solo a las violaciones o abusos, sino también la exposición a la desnudez, los insultos, el ir al baño con un hombre mirando, la higiene personal, lo que implicaba ser objeto de cosificación dentro del centro clandestino de detención, el denigrar particularmente a las mujeres en esa condición de género. “Puta, guerrillera, idiota, tarada, no servís para nada” Todos esos insultos buscaron romper esa resistencia de las mujeres militantes.

En ellos no solamente se atacaba la salud física o mental en términos de tratamiento cruel como la tortura, sino también las violaciones a la integridad personal, que involucra el acoso, abuso o violación sexual. Por ello, entendemos que por los crímenes sexuales son penalmente responsables, tanto los autores directos como aquellos que en la estructura de poder mantuvieron el dominio y control sobre todo o parte del aparato organizado de poder. Para nosotras todos son co autores, porque era un “plan” donde en cada práctica había roles.

El caso de Dora Seguel es paradigmático porque abrió la puerta a que en la región se denunciaran las violencias sexuales y que hoy se juzgue como un delito específico. Cómo es eso.

Dora Seguel, ha sido pionera en denunciar en la región. En 2011 sintió que tenía que hacerlo por ella, sus hermanas y todas las compañeras. Una y otra vez relató en detalle los hechos de abuso sexual y las violaciones que sufrió en Cutral Có y Bahía Blanca. Pero también con valentía, las violaciones que sufrió su hermana Argentina y otras compañeras en el Centro Clandestino de Detención La Escuelita.

Ella ha sido muy valiente en poner en palabras estas violencias que sufrieron mujeres y varones, pero que era una especie de tabú o vergüenza agregada a todos los tormentos padecidos. Eso también, producto del patriarcado, fue algo con lo que contaban los genocidas: que ese dolor silencioso, atravesara a cada víctima, rompiendola en mil pedazos. Pero con Dora no pudieron “yo era militante, sabía lo que me esperaba. Por eso decidí salir gritando mi verdad”, la escuchamos en la sala de audiencias. Esa fuerza infundió de valor a otras víctimas.

En tu experiencia como querellante en los juicios de La Escuelita, ¿cómo analizas que fue el trato hacia las mujeres durante las detenciones ilegales en la última dictadura? ¿Se visibilizó eso en los juicios?

Las violencias sexuales fueron parte del plan genocida que buscó disciplinar y aniquilar a las mujeres en “su último territorio” como es el cuerpo, y con ello también destruir la organización de la clase obrera que protagonizaba una etapa de ascenso y cuestionaba el poder de los grandes capitalistas. Y para para avanzar en la reestructuración económica, política, social, sindical y cultural del país, el plan genocida también intentó imponer un “disciplinamiento de género” y desarrolló un particular ensañamiento sobre las mujeres por considerarlas doblemente transgresoras: tanto de los mandatos que las confinaban al mundo del hogar, como del orden social que se debía conservar con la vigencia de ese aliado histórico y fundamental del capitalismo, que es el patriarcado.

Que ellas asumieran su “destino natural”, como esposas y como madres, era un elemento clave para esos fines. La historia ya había demostrado que cuando las mujeres se ponían de pie, los movimientos de lucha se fortalecían enormemente. En medio de un proceso profundo, que también incluyó el resurgimiento del movimiento de mujeres a nivel internacional, los inicios de la última dictadura en Argentina ya señalaban, con un importante protagonismo de jóvenes y trabajadoras, la potencialidad de esa alianza.

Entonces, para fortalecer la valoración del mundo privado-femenino, de las tareas del hogar, el cuidado y la crianza, la dictadura condenó con particular ensañamiento a las que cuestionaban con su práctica esos mandatos y roles. Y por eso se trataron de crímenes “públicos”. No hubo actos de excitación o líbido. Era una de las herramientas de destrucción.

El plan genocida diseñó la teoría de “la subversiva”, como aquélla mujer que transgredía la supuesta esencia femenina. De ahí la acusación a las Madres de Plaza de Mayo por “no haber cuidado lo suficiente a sus hijos”.

¿Se incluye la perspectiva de género en los juicios de lesa humanidad?

Lógicamente que el patriarcado también ha atravesado estos juicios, como atraviesa la vida. Es increíble que recién en el año 2021 en esta jurisdicción se juzguen por primera vez de manera autónoma, las violencias sexuales, cuando desde el inicio mismo y la instrucción de estas causas todo esto ya estaba denunciado. La mayoria de los operadores de la justicia son varones: los tribunales orales en la región siempre han estado compuesto por varones. Sólo nuestra querella ha estado compuesta siempre en cada juicio, por mujeres abogadas. Entonces no es nuevo que surjan las violencias sexuales, sí es novedoso que se las considere como corresponde, aunque no debiera serlo.

Hace años que hemos escuchado a valientes mujeres y varones relatar violencias sexuales, pero ¿hemos escuchado? La justicia y sobre todo los jueces y fiscales, ¿han escuchado? Nuestra querella, integrada por feministas socialistas, ha desarrollado la temática ya en el primer juicio del año 2008, reiterando en juicios posteriores, pero entendiendo a esta particular especie de torturas, también como constitutiva del delito de genocidio.

Quedan audiencias y conocer otros casos. ¿Cuál es la expectativa en este tramo?

Como en cada juicio, que se conozca “la verdad histórica” de compañeros y compañeras cuyos casos se juzgarán en este tramo, que tal vez, sea el último en llegar a juicio. Queda un tramo que investiga la responsabilidad de jueces y funcionarios durante la dictadura genocida, pero producto de chicanas judiciales y escollos que ponen los imputados porque han sido parte de esa justicia, aún no supera la instrucción.

Queda mucho pendiente aún. Queda la responsabilidad de los civiles de la región. 45 años después de ocurridos estos hechos, con el pacto de impunidad que se sostiene al día de hoy, seguimos sin saber qué ha ocurrido con los desaparecidos y desaparecidas, con niños nacidos en cautiverio como el bebé del matrimonio Metz; y todo ello por que el Estado nos adeuda la apertura de los archivos de la represión.

Pero estas instancias tienen mucho de lucha, de saber que ningún gobierno a esta parte nos regaló nada. Con los organismos de Derechos Humanos a la cabeza, Las Madres de Plaza de Mayo filial Neuquén y Alto Valle, la APDH y los que nos sumamos luego, logramos sentar en el banquillo de acusados a los genocidas. Este y cada juicio, aún en sus límites, es logro de la lucha.



Dora Seguel: “Estoy parada en un portal del tiempo, con los brazos abiertos esperando un abrazo que nunca llega”

Compartimos testimonios de Dora Seguel, víctima, junto a sus hermanas, del Operativo Cutral Co en junio de 1976, cuyos casos se están juzgando en este tramo de los juicios " La Escuelita".

Mariana DerniAbogada del CeProDH 

Natalia HormazábalConcejala de Neuquén (PTS-FIT). Abogada del CeProDH

Domingo 2 de mayo












Dora se sienta en la sala, en un pequeño y antiguo escritorio, acompañada por las fotos de sus hermanas y compañeros y compañeras que aún el Estado mantiene desaparecidos y desaparecidas. Pese a haber declarado en diversas ocasiones como testigo, esta fue la primera vez que lo hizo por su caso y el de sus hermanas Argentina y Arlene Seguel.

A lo largo de casi seis horas nos fue relatando su verdad.

Las tres fueron secuestradas en lo que se llamó el “Operativo Cutral Có”, el mayor operativo represivo llevado adelante en la región entre los días 9 y 15 de junio de 1976, destinado a secuestrar a militantes del PRT-ERP y Juventud Guevarista. Arlene permanece desaparecida. Argentina falleció en un accidente vial en 1982 junto a su madre.

Con gran fuerza y valentía comenzó contando su infancia en Cutral Có con sus hermanas.

Su papá fue obrero de YPF y parte de la huelga de 1958, su mamá trabajaba en el hogar, luego de volver a Cutral Có desde Buenos Aires “porque el hijo de su patrón se quería propasar y no le ponían límite”.

“Nuestro hogar era el de una familia trabajadora. No sobraba nada, pero nunca nos faltó la comida. Mamá tenía una ternura infinita, cocinaba cosas dulces los fines de semana, papá volvía del campo e inundaba la casa de olor a naranjas que nos guardaba de sus postres".

Su hermana Arlene fue la primera de la familia en hacer el secundario y comenzar la universidad. Eligió estudiar Trabajo Social en la Universidad Nacional del Comahue, en el año 1974.

“Nosotras éramos muy unidas … cuando ella regresaba mi casa era una fiesta, nos quedábamos hasta las tres de la mañana cantando canciones de Violeta Parra, Quilapayún, leyendo sus apuntes de sociología, estamos ansiosas por aprender, era como hacer en paralelo la carrera de servicio social , hablábamos de todo pero nos impactó mucho una vez que ella participo de un censo con los trabajadores golondrinas y en esa oportunidad nos contó las condiciones de los trabajadores golondrinas…eso nos llevó a ir cambiando la cabeza, las lecturas y las cosas que nos contaba mi hermana".

Así comenzaron a militar, Arlene en el Partido Revolucionario de Trabajadores y Argentina y Dora, en la Juventud Guevarista.

“… El partido estaba en la clandestinidad.” , “cuando llegó el golpe de Estado el partido nos dijo que quienes pudiéramos irnos, nos fuésemos. Nosotras no teníamos esa posibilidad viviendo en casa de nuestros padres con nuestros hermanos. Decidimos entre las tres que nosotras teníamos que quedarnos, a afrontar lo que se viniera, más que nada por mis padres y hermanos".

“Nunca dejes de buscarme”

El sábado 12 de junio de 1976 secuestran a su hermana Arlene desde su casa en un operativo conjunto del Ejército y Policía Federal. “Nunca dejes de buscarme” le dijo a su mamá mientras la llevaban a la comisaría 14 de Cutral Có.

En la noche del 14 de junio de 1976 de ese mismo día, estando ella en la escuela secundaria, el operativo, con Oscar Reinhold a la cabeza, va a buscarla y allí la obligan a subirse a un celular de la Policía Provincial, en el que ya habían subido también a su papá.

Es allí que sufre el primer abuso sexual. Uno de los policías le dice que “tiene que palparla de armas” pero “solo se dedicó a manosearme…yo lo único que pensaba en ese momento era que ojalá mi papá no me esté mirando, no por mi, sino por él. Fíjense como funciona la violencia sexual en la cabeza de una…”.

Dora seguiría relatando que al llegar a la Comisaria de Cutral Có comenzaría otro momento “a mí me llevan a una oficina y apenas cerraron las puertas me empezaron a insultar, me decían “pendeja de mierda, como te vas a ir a meter en ese partido, sos pelotuda” todo el tiempo fue así”.

Luego de imponerle firmar su detención, y de requisarla obligándola a desnudarse por completo, la llevan nuevamente al calabozo. Allí cuenta que “volvió - un policía provincial- con sogas, me ató las manos y me vendó los ojos y me hizo ir en cuatro patas por el pasillo hasta la oficina y en un momento me dicen “guarda con la cabeza” y yo intento incorporarme y lo que toco solo es un cordel, es decir solo estaban queriendo hacerme creer que estábamos en otro lugar…..”

Estaba siendo llevaba una oficina donde se encontraba el genocida Héctor Mendoza, jefe de la Comisaria 14 de Cutral Có durante la dictadura. Mientras la golpeaban y la insultaban diciéndole “sentate como en el monte, sos una putita de los guerrilleros”, le preguntaban por compañeros y compañeras de su hermana Arlene, por Marx, Lenin y Engels.

Después de ser golpeada e interrogada durante una hora escucha decir “llévatela a esta idiota que no sabe nada" y la sacaron del lugar.
Quien la llevo fue el policía Amador Luengo, "me dijo que me iba a dejar mansita, después entendí”.

Fue allí donde sufre la primera violación sexual.

Recordó que “continuamente me decía “sos una puta”, y “yo no decía nada porque pensaba a ¿quién le podía pedir ayuda, no tenía a quién, para qué iba a gritar?, me lo guardé, me lo callé…. todo el tiempo me decía al oído ‘de esto no se habla’ y yo pensaba si tanto me dice que no tengo que hablar, si salgo de acá lo voy a decir en todos lados".

Su traslado a Bahía Blanca

Desde Neuquén, en uno de los vuelos que salieron por esos días desde el Aeropuerto hacia el Centro Clandestino de Detención “La Escuelita” de Bahía Blanca son llevadas Dora, su hermana Argentina, Pedro Maidana, Miguel Ángel Pincheira, y Eduardo Buamscha.

El mismo día, en “La Escuelita” de Bahía Blanca, y mientras eran interrogadas en presencia de uno de los genocidas que dirigía el CCD, Santiago Cruziani alias “El Tío”, escuchó a su hermana Argentina llorar “con los dientes apretados” para luego contar “en ese momento la violaron a ella, arriba de ese escritorio”.

Continuó relatando “nos subieron a un auto, y durante el recorrido que yo sentía como en círculos, detiene el auto, se baja, me baja a mí, cierra la puerta y me viola”, “no hablaba mucho, sólo dijo que me callara; me subió al auto de nuevo, recorrimos un poco más, y nos hace bajar….”.

Fue en el lugar en que estaban encerradas, hacinadas y durmiendo en el piso muchas de ellas, que Dora escucha a su hermana Arlene.

“Me dejaron en el piso porque todas las camas estaban ocupadas, empiezo a escuchar una respiración que reconocí como la de Arlene…seguía escuchándola respirar y en un momento llega alguien y dice ¿Arlene Seguel’? y ella dice “soy yo”, era su voz y era su nombre” y recuerda “en el tiempo que estuve yo en ese lugar nunca más volvió del interrogatorio”. Eso es lo último que supimos de ella.

El 19 de junio de 1976 Argentina y Dora son liberadas, subidas a un camión, en el que se reconocieron “por la piel”, cuando pudieron tocarse las manos, sin hablar.

Desde Bahía Blanca, habiendo logrado encontrar allí la casa de un familiar, su mamá Flora puede llegar a buscarlas y regresan las tres a Cutral Có.

“no nos frenó el hecho de estar en dictadura para seguir reclamando, para buscar claridad entre tanta oscuridad que había”.

Volvieron sin Arlene, pero jamás dejaron de buscarla, “a partir del día que la escuché, nadie más la escuchó y todas sus compañeras que podrían saber algo están desaparecidas”, y con orgullo de lo hecho desde aquel momento dijo “no nos frenó el hecho de estar en dictadura para seguir reclamando, para buscar claridad entre tanta oscuridad que había”.

Su mamá, Flora, se convirtió en una Madre de Plaza de Mayo, y al recordarla Dora, mirando directamente al Tribunal dijo “y exigen sí, exigen porque este Estado les debe una respuesta, ustedes señores jueces les deben una respuesta a las Madres”.
Fue la misma Dora quien por primera vez en 1978, con una lapicera escribió sobre el pañuelo de su mamá el nombre de Arlene y la fecha de su secuestro.

“Salí gritando mi verdad” dijo Dora casi al final de su testimonio. Fue, desde hace años una de las víctimas que al contar, animó a otras y otros a hacerlo. Y tuvo que esperar 45 años para declarar por su caso y el de sus hermanas.

En la sala de audiencias volvió a mostrar la adolescente de 16 años que el genocidio quiso aniquilar y no pudo. A esa dulzura infinita que conoció de militancia, de lucha, de lectura, de organización y de cómo resignificar su dolor y el horror. Todo eso hoy es su verdad, que carga junto a las fotos de sus compañeros y compañeras desaparecidas.

En juicios cada más reducidos, recortados y en los que se pretende esconder la verdad histórica de lo ocurrido, se grita una verdad en cada testimonio y se vuelven claros en cada relato los hilos de continuidad entre las miles de sobrevivientes que como Dora, hoy no se resignan y son un ejemplo para una nueva generación que se organiza para acabar con este sistema de explotación y miseria.

No es momento de dar vuelta ninguna página de nuestra historia, es momento de continuar haciéndola, por el ayer y por el hoy.

Fuente:LaIzquierdaDiario



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