“Microrrelatos de los sobrevivientes”. La iniciativa reactualiza la pregunta sobre los
modos de contar el pasado
"Microrrelatos de los sobrevivientes" (Secretaría de DD.HH de la Nación)Los cortos reúnen fragmentos de los testimonios de sobrevivientes del terrorismo de Estado, familiares
de las víctimas, amigos o testigos ocasionales que vienen declarando en juicios de lesa humanidad.
Fragmentos de los testimonios de sobrevivientes del terrorismo de Estado, familiares de las víctimas,
amigos o testigos ocasionales que vienen declarando en juicios de lesa humanidad en todo el país
constituyen el material para la elaboración de Microrrelatos. La serie de cortos audiovisuales se nutre
de la palabra pronunciada ante los tribunales para transformar los casos en historias a través imágenes,
dibujos y animaciones.
Los cortos están divididos en episodios y forman parte del sitio que la Secretaría de Derechos Humanos
de la Nación armó con la información que permite seguirlos en tiempo real, conocer día y hora de las
audiencias y saber cuáles se pueden ver en vivo.
Causa Taffarel, Causa Vuelos. Entre Ríos, Esma IV o Megacausa Campo de Mayo son los títulos de
algunos de los microrrelatos que combinan voces de las y los testigos con las de actores, actrices,
estudiantes de teatro o abogados y abogadas querellantes de los juicios y arte de Federico Geller, Leandro
Torres o Hugo Goldgel para potenciar el valor y el impacto del testimonio.

“El Ministerio Público Fiscal concentra los datos duros y hace informes periódicos, lo mismo hace el
CELS, pero nos parecía que la Secretaría tenía que hacer algo sin superponerse y aprovechando sus
recursos, ya que por un lado está toda el área de querellas con abogados en todo el país, por otro el
Archivo Nacional de la Memoria que concentra toda la información que tiene en su guarda el acervo
histórico, y por otro, el Ruvte, que es el registro unificado de víctimas del terrorismo de Estado”, explica
Nicolás Rapetti, jefe de Gabinete de ese organismo.
El funcionario dice que esta propuesta surgió cuando advirtieron “el volumen infernal” de información
con la que contaban y quisieron mostrarla “porque no hay mucha conciencia de ese trabajo y además hay
muchísimos juicios que todavía están por llegar y si se quiere es una fortaleza y una falencia. Hay gente
que después de 40 años está esperando justicia”, señala.
LA BÚSQUEDA DE LOS LENGUAJES
¿Cómo potenciar la palabra pronunciada en un ámbito judicial?
Para Raquel Robles, escritora, fundadora y militante histórica de la agrupación H.I.J.O.S, pasan dos cosas:
“Por un lado, los juicios proponen una narrativa, es decir para testimoniar en un juicio hay que producir
una narración y esta narración necesariamente tiene algunas implicancias funcionales porque todo
recuerdo que se cuenta implica una narración y toda narración implica un cierto ordenamiento de los
hechos y herramientas funcionales, pero por otro lado, existe la posibilidad de contar lo que nos pasó a
través de los juicios”.
La autora de Papá ha muerto dice que estos procesos judiciales permiten escribir el pasado y enfatiza:
“Reivindicar una narración de lo que nos pasó frente a otro relato que dominó nuestras vidas nos permitió
combatir un relato que decía que no había pasado lo que nos había pasado y por otro lado, le permiten a
cada quien construir a través del testimonio una narrativa de la propia vida”.
En esa pregunta por la narración del pasado, por cómo no solo transmitir lo ocurrido sino también habitar
la experiencia de lo que una sociedad decidió que no vuelva a ocurrir, se inscriben los Microrrelatos
impulsados por la Secretaría de Derechos Humanos.
“Teníamos la necesidad de comunicar lo que se está haciendo en los juicios y teníamos fuentes directas
entonces lo que hicimos fue encontrarle la vuelta para comunicar lo que ahí sucede de manera amigable.
Son bastante hostiles los lugares en los que se llevan a cabo las audiencias, no es algo muy fácil para
convocar a escuchar, así que convocamos a trabajadores de distintas áreas de la Secretaría y también a
poetas, ilustradores”, cuenta Rapetti.
Mónica Zwaig es abogada, actriz y escritora, acaba de publicar su primera novela Una familia bajo la
nieve y trabaja en el Ministerio Público Fiscal. Dice: “Los juicios son un lugar accesible para todos los
que quieran escuchar algo sobre el pasado de Argentina ligado a los años 1970. Ahí se habla de ese pasado
y de su impacto en las personas a nivel individual y en la sociedad a nivel colectivo, y también se habla
del presente y del estado de la justicia hoy”.
Zwaig hace una distinción. “Hay que tomar en cuenta que es solo una parte del pasado, porque en el
juicio se aborda principalmente el tema de los crímenes y el pasado es mucho más que eso. Podríamos
decir que es un relato sobre el pasado, ese relato está atravesado además por el lenguaje judicial, la
estructura judicial, los límites de la justicia, y que hay otros espacios y otras formas de contar/hablar del
pasado también. Los juicios por los crímenes de la dictadura son un hecho histórico en sí mismo, que se
desarrolla ahora. A mí me interesa la pregunta sobre cómo contar estos juicios ahora, más que cómo
contar el pasado”.

Sobre el modo en que otros lenguajes, como el arte o la literatura, pueden dar cuenta de la experiencia de
acontecimientos dolorosos del pasado, Raquel Robles dice: “A veces son el único modo de contar lo que
pasó porque los hechos no transmiten lo que pasó, no logran tocar el carozo de la experiencia y mucho
menos transmitirla. Los hechos tienen su propio peso pero a la hora de transmitir la experiencia el arte es
la única herramienta”.
La autora de La última lectora recupera a Primo Levi y su libro de testimonios, Si esto es un hombre, y
cómo narra la llegada a Auschwitz, lo que pasó en ese viaje en tren, que es muy duro pero es un episodio
que queda de algún modo escondido frente a otros hechos que cuenta después.
Sin embargo lo compara con el trabajo que desde la ficción hizo Philippe Claudel, un escritor
contemporáneo francés, en su libro El informe de Brodeck, en el que retoma ese mismo episodio y
asevera: “Logra tomar la esencia de esa experiencia y dispararla hacia otra anécdota que está muy cerca
de la original, pero no lo es. Logra transmitir el peso de esa situación brutal del viaje en tren en el que
están todos apretados y el sostenimiento de un padre y una madre de una niña pequeña con sed de un
modo más brutal, toca las emociones de un modo más efectivo, no efectista, y de mayor alcance que el
hecho real”.
Mónica Zwaig considera que el arte en general, cualquiera sea su lenguaje, es fundamental para procesar
y seguir procesando tanto a nivel individual como colectivo cualquier hecho histórico. Y sostiene: “no es
lo mismo lo que se puede contar en un juicio que lo que se puede contar en una novela”.
“Tanto el cine como la literatura permiten abordar temas complejos liberándolos de la estructura del bien
y del mal, del mandato, de la ley. Pienso además que el tiempo juega un rol fundamental, que a medida
que pasa más tiempo, van apareciendo otros lenguajes, otras formas de contar y procesar y que la
creatividad es tal vez lo único que no padece los límites del tiempo que pasa”, concluye.
Mirá Microrrelatos acá
Fuente:LaVoz

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