11 de septiembre de 2021

A 48 años del golpe que derrocó al gobierno socialista de Chile.

 

A 48 años del golpe militar, la estrella

de Allende sigue brillando


Resumen Latinoamericano, 10 de septiembre de 2021.

El pensamiento político y humano de Salvador Allende continúa vigente en el pueblo de América Latina y el mundo, que lucha por una sociedad más justa y equitativa.

Salvador Allende es una de las personalidades más importantes y recordadas de la historia de Chile. Fue electo como presidente de ese país en 1970 para cumplir su mandato hasta 1976, sin embargo el 11 de septiembre de 1973, Augusto Pinochet -en complicidad con los Estados Unidos- lideró un golpe cívico-militar contra su Gobierno. Esa mañana, el presidente Allende murió en el palacio de La Moneda defendiendo «el mandato del pueblo», como dijera en sus últimas palabras.

Semblanza de un líder

Salvador Allende nació el 26 de junio de 1908, en el seno de una familia de clase media de Valparaíso. De niño viajó por el país a causa de las actividades laborales de su padre, un abogado que ocupó varios cargos políticos en Chile.

En 1924 ingresó a estudiar Medicina a la Universidad de Chile. Llevado por su profunda vocación social, en 1929 integró el grupo político universitario «Avance», siendo un importante referente estudiantil. A los 25 años se convirtió en el primer secretario regional del Partido Socialista de Chile.

Al obtener su título de médico cirujano, Salvador se dedicó a la medicina social, dejando como legado diversos trabajos sobre salud pública. Antes de cumplir los 30 años, fue electo Diputado por Valparaíso y Quillota.

Bajo el Gobierno del presidente chileno Pedro Aguirre Cerda, ejerció como ministro de Salud. En 1945, fue electo Senador, llegando a presidir la Cámara alta del Congreso.

En 1951, junto a comunistas, radicales doctrinarios y la izquierda socialista, participó en la fundación del Frente Nacional del Pueblo (FRENAP), alianza calificada como una «conciencia en marcha». Un año después se postuló por primera vez para presidir el país.

Foto: MemoriaChilena

Luego de tres intentos, el 4 de septiembre de 1970, Salvador Allende fue elegido presidente de Chile, apoyado por la histórica coalición de partidos de izquierda llamada «Unidad Popular».

La historia la hacen los pueblos

Ese hecho marcó al país y a la sociedad chilena, transformándose hasta el día de hoy, para muchos de los seguidores de su legado, en el día más alegre de la historia de la nación. Sin embargo, su triunfo signiricaría también el inicio de una persecusión política que no sólo acabó con el mandato del pueblo, sino también dañó profundamente a varias generaciones, hasta el día de hoy.

Su convicción de que el socialismo podía construirse sobre la base de las tradiciones democráticas, en lo que se definiría como la vía chilena al socialismo, promovió importantes reformas políticas, económicas y sociales que transformaron al país, como la nacionalización de la gran minería del cobre y la profundización de la reforma agraria.

Foto: MemoriaChilena

Por primera vez, el pueblo tenía en sus manos su propio destino. La igualdad de oportunidades y derechos eran una realidad palpable y la vida digna y justa estaba siendo garantizada por Allende.

Durante la Unidad Popular la cultura chilena floreció profundamente en referentes políticos y artísticos como el cantautor Víctor Jara (asesinado por la dictadura el 16 de septiembre de 1973) o el poeta Nobel de Literatura 1971, Pablo Neruda, quien falleció el 23 de septiembre, asediado por una enfermedad que se aceleró por la tristeza del golpe de Estado, doce días antes de su muerte. 

Su discurso y sus medidas revolucionarias eran abiertamente opuestas al orden establecido por Estados Unidos en la región y afectaban a los intereses de la oligarquía y de los sectores de la derecha del país, quienes iniciaron  una campaña de desestabilización económica contra el Gobierno.

Salvador Allende junto a su amigo Pablo Neruda (foto: MemoriaChilena)

Estados Unidos y Pinochet

El imperio norteamericano utilizó todos los recursos disponibles para poner fin a la Unidad Popular de Allende. El país norteño promovió y financió a la oposición chilena que, a su vez, impulsó acciones como paros de transporte, escasez inducida de alimentos y huelgas generales.

En el informe “Actividades de la CIA en Chile”, se puede leer: «La CIA también suministró ayuda a grupos militantes de extrema derecha para debilitar al Presidente y generar una atmósfera de tensión».

El 11 de septiembre de 1970, las fuerzas armadas chilenas, bajo el comando del entonces comandante en jefe del ejército, Augusto Pinochet Ugarte, y con ayuda de los Estados Unidos, llevaron a cabo un golpe cívico-militar contra el gobierno de Salvador Allende.

La violencia generada la mañana de ese martes fue tan agresiva que, prácticamente, dejó sentado lo que serían los próximos años para Chile: un país sometido a una de las dictaduras más cruentas de América Latina.

Ese 11 de septiembre, el palacio de Gobierno, llamado «La Moneda», fue bombardeado por aviones y tanquetas, quedando absolutamente destruído y cuya posterior reconstrucción tardó años.

El presidente Salvador Allende se encontraba en su interior. Pese a los intentos de sus familiares y de su círculo amistoso y político más cercano para llevarlo a un lugar seguro, el mandatario no quiso abandonar su lugar. Asimismo, rechazó el ofrecimiento de Pinochet de «rendirse» y abordar un avión fuera del país. (grabaciones posteriores delatarían las verdaderas intenciones del militar, quien pretendía derribar la aeronave en pleno vuelo).

«Yo no voy a renunciar. Pagaré con mi vida la lealtad del pueblo» dijo en sus últimas palabras, registradas para siempre en un discurso histórico transmitido por la Radio Magalles. https://www.youtube.com/embed/3uNGNmU1X4A

Parapetado en La Moneda, se montó al hombro el fusil que le regalase meses atrás su amigo Fidel Castro. Murió arma en mano, combatiendo a los militares que traicionaron a la Patria.

Su fellcimiento aún está ceñido por las dudas. El suicidio acometido con su propio fusil al verse rodeado por los golpistas, es la teoría que más cobra fuerza, sin embargo existen versiones que indicarían que fue asesinado en su despacho presidencial mientras repelía los ataques.

El fin de su Gobierno significó la instauración de la dictadura de Pinochet, que duró 17 años y dejó más de 3.000 detenidos desaparecidos y ejecutados políticos, además de otros miles de torturados, exiliados y exonerados.

Foto: MemoriaChilena

Hasta el día de hoy, el pueblo chileno rinde homenaje año a año a su vida, su obra, su legado y sus enseñanzas, bandera de lucha de las causas populares. Muchos artistas tanto nacionales como internacionales, le han dedicado sentidos homenajes, recordándolo en sus creaciones.

Algunos de ellos son el poeta Mario Benedetti con «Hombre de la paz», el trovador cubano Silvio Rodríguez, «Santiago de Chile» o el cantautor venezolano Alí Primera con «Canción para los valientes». 

«Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición».

Cinco frases para recordar a Salvador Allende

1. “La historia es nuestra y la hacen los pueblos”.

2. “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”.

3. “Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”.

4. “Algún día América tendrá una voz de continente, una voz de pueblo unido. Una voz que será respetada y oída; porque será la voz de pueblos dueños de su propio destino”.

5. “Si me asesinan, el pueblo seguirá su ruta, seguirá el camino con la diferencia quizás de que las cosas serán mucho más duras, mucho más violentas, porque será una lección objetiva muy clara para las masas de que esta gente no se detiene ante nada”.

Envio:RL



A 48 años del golpe que derrocó al gobierno socialista de Chile 

El espíritu de Salvador Allende en Salta 

La figura de presidente socialista tuvo gran predicamento en Salta, donde  Miguel Ragone compartía sus ideales. Cuando su gobierno cayó, muchas vidas chilenas se salvaron a través de los comités de ayuda que funcionaron en la provincia, y que también colaboraron con refugiades de Bolivia. 

Por Elena Corvalan
Allende en el encuentro con Lanusse en Salta, en 1971. 


El golpe de estado contra el gobierno constitucional de Salvador Allende en Chile repercutió en la institucionalidad salteña. El gobernador Miguel Ragone tuvo que soportar otra embestida de la derecha local tras decretar dos días de asueto administrativo en duelo por la muerte del presidente chileno, el mismo 11 de septiembre de 1973 en el Palacio de la Moneda

Allende era una figura emblemática en la izquierda política de la época. Y en Salta, vecina de Chile, ese predicamento se amplificaba, sobre todo porque los vaivenes de las dictaduras en los países de la región obligaban a aceitar vínculos para facilitar la huída de perseguides polítiques. 

El presidente socialista había estado en la provincia en julio de 1971, en su primer viaje internacional como mandatario de Chile. Aquí se entrevistó con el presidente de facto Agustín Lanusse, con el que firmaron una declaración conjunta con el fin de avanzar en un diálogo que superara el conflicto por el Canal de Beagle y profundizara el intercambio comercial, entre otros aspectos. 

Según informó luego la revista Análisis, a pesar de las diferencias, el encuentro entre los jefes de estado fue promisorio, a tal punto que "comenzó a hablarse del espíritu de Salta". Había diferencias, claro: "El gobierno chileno tenía interés en otorgar al documento un matiz más doctrinario y, en cierto modo, más independentista con relación a centros de poder internacionales. Los argentinos más afectos a las reglas de derecho internacional (a veces en exceso) y más pragmáticos buscaron hacer más hincapié en los hechos concretos a realizar. Así fue como se opusieron a incluir por ejemplo un párrafo donde se aludía a 'la libre determinación de los pueblos' en un contexto que, sin mencionarla, hacía recordar la situación de Cuba en la Organización de Estados Americanos y hacía referencias al tercer mundo". Contó la revista en su número 541. 

Allende iba a regresar al país a finales de mayo de 1973, para la asunción del presidente Héctor Cámpora, cuando también asumió el gobernador Ragone, en una fiesta popular pocas veces vista en la política salteña. Poco más de tres meses después, las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile ponían fin al gobierno democrático de Allende, y en Salta las mismas fuerzas, solo con otros nombres, ponían en jaque al gobierno de Ragone, que iba a caer en noviembre de 1974. 

La ubicación geográfica de Salta fue otra vez determinante en la coyuntura. Y militantes de organizaciones políticas y de derechos humanos de la provincia viraron su atención al país trasandino para recibir a quienes escapaban del terror de Augusto Pinochet

En esa labor estuvo la docente universitaria Gemma Fernández Arcieri de Gamboa, luego desaparecida por la dictadura argentina, y estuvo, entre otres, el estudiante Eduardo Fernández Muiños. “Se les buscaba habitación y comida. (…) Sé que se quedaban poco tiempo acá en Salta; a dónde iban, no lo sé, pero sé que esa actividad se desarrollaba en Salta muy fuertemente”, recordó al declarar en la Megacausa Salta. 

También estuvo el militante comunista y de derechos humanos Germán Lozano Cazón, que había llegado a Salta a mediados de la décadas del 60, huyendo de la dictadura del general René Barrientos en Bolivia.  

Lozano Cazón comenzó esta ayuda en la dictadura de Banzer, cuando muchos de sus compatriotas huyeron a Chile. “Se fueron al pueblo de la libertad y la democracia. Allí estaba Allende”, dijo cuando estaba ocupado colaborando con les refugiados de la dictadura de Jeanine Añez, tarea en la que lo encontró la muerte. 

“Trabajé mucho con los compañeros. Nosotros los cuidábamos hasta que se lograran el reconocimiento como refugiados. Yo era el encargado de tener el contacto y la seguridad de los compañeros. El Partido (Comunista) se encargaba de hacer los trámites burocráticos. No es muy público lo que hacemos para preservar a quienes piden nuestra ayuda”, contó Lozano Cazón.

En aquellos años de efervescencia revolucionaria las cosas se iban complicando: desde el 21 de agosto de 1971 habían estado recibiendo a exiliades de Bolivia que huían de la dictadura de Hugo Banzer, entonces el país del "compañero" Allende era un punto de referencia. 

No se podía contar con Paraguay, el otro vecino cercano, porque ahí se prolongaba desde 1954 el gobierno de facto de Alfredo Stroessner. Por eso, caído Allende, gran parte de les refugiades de Chile y Bolivia quedaron en Argentina. Pero el 24 de marzo de 1976 sobrevino el golpe en este país y el propio Lozano Cazón, que ya estaba en la mira del terrorismo estatal por su adhesión a la figura de Miguel Ragone, desaparecido el 11 de marzo del 76, tuvo que huir, y regresó a su país, donde seguía la dictadura de Banzer. 

Curas marxistas 

Otro que trabajó salvando vidas de una y otra dictadura fue el sacerdote jesuita, investigador y militante de derechos humanos Federico Aguiló, llegado a Salta en 1971, precisamente, huyendo de la dictadura de Banzer en Bolivia, país al que había arribado en la década del 50 y donde falleció en 2001. 

Aquí tuvo vínculos con otro jesuita, el estadounidense George Haas, el segundo rector de la Universidad Católica de Salta (Ucasal, fundada por jesuitas y por Robustiano Patrón Costas y el arzobispo Roberto José Tavella) que en 1973 quedó comprendido en la “purga de marxistas” que alejó de la provincia a todos los sacerdotes de la Compañía de Jesús. 

Aquí hay otro hilo que une a Chile con Salta. En 1975 la Dirección de Inteligencia de Chile (DINA) señalaba a Haas como “amigo personal” de Allende. Un informe del espía y represor chileno Enrique Arancibia Clavel decía que el sacerdote era “visitado asiduamente por exiliados chilenos y bolivianos” (citado por la periodista chilena Mónica González en una nota difundida por el Centro de Investigaciones Periodísticas, La historia que no se cuenta de Arancibia Clavel, http://ciperchile.cl/2011/05/01/la-historia-que-no-se-cuenta-de-arancibia-clavel/).

En Chile les jesuitas ayudaban a perseguides polítiques (primero a través del Comité Pro Paz y luego con la Vicaría de la Solidaridad), pero al parecer no hubo vinculación con la ayuda que ofrecía en Salta el español Aguiló. “Mi ayuda incondicional a los refugiados: he tenido que emprenderla solo, sin que la Iglesia salteña se sensibilizara por el problema dramático de los refugiados chilenos y bolivianos. La única recompensa fue la sorda acusación de ayudar a ‘comunistas chilenos’”, contó Aguiló en su libro Los derroteros de un exilio, citado en Salta montonera por el historiador Daniel Ramiro Escotorín.

Aguiló abandonó la provincia en septiembre de 1974, cuando ya el gobierno provincial de Ragone estaba en sus finales. 

El sacerdote figura en los archivos de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA). En 1981 la Comisión Asesora de Antecedentes (CAA), un órgano que funcionaba a nivel nacional con la participación de los servicios de inteligencia de todo el país, analizó su historial: la conclusión fue que con sus antecedentes “ideológicos marxistas” era desaconsejable mantenerlo en la administración pública, en la que figuraba porque enseñaba antropología en la Universidad Nacional de Salta.

Los registros de inteligencia comienzan con un informe sin fecha de la ex Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) en el que se señala que el cura “figura en la nómina de integrantes que apoya en la superficie a la subversión”. En sucesivos informes se detalla que fue miembro del Ejército de Liberación en Bolivia, que “durante su estadía en ese país fue activista número uno para organizar los grupos extremistas en la Universidad San Francisco Javier de Chuquisaca”. Y que durante el gobierno de Juan José Torres (derrocado por Banzer y asesinado en Argentina en 1976 en el marco del Plan Cóndor) fue “uno de los que organizó comandos armados, también estuvo a la cabeza de grupos terroristas que operaban en la ciudad de Sucre”.

Aguiló integraba el movimiento tercermundista Iglesia y Sociedad en América Latina. En septiembre de 1970, cuando llegó por primera vez a Argentina, la SIDE hablaba de él poniéndole carga negativa a descripciones que en realidad lo ensalzan: “Elemento considerado ‘coayudante subversivo’ por su participación como miembro de comisiones de ayuda a presos, agitados en manifestaciones políticas y/o gremiales, etcétera, que sin participar en actividades subversivas ha apoyado implícitamente a elementos extremistas difundiendo en ideología, apologizando sus personas o delitos y reclamando su libertad”. El religioso regresó en 1971 a Bolivia, pero retornó enseguida, huyendo de la represión en aquel país. 

Un informe de la Dirección de Inteligencia de Gendarmería Nacional (DIGN) de agosto de 1971 detalla que en Salta trató de hacerse cargo de una parroquia, “siendo rechazado por la mayoría a los que les fue solicitado” hasta que se quedó en Nuestra Señora del Huerto, en Villa Mitre, donde dejaba “entrever en sus sermones sus ideas marxistas, estando de acuerdo con las ideas que promulga el MSTM, Movimiento para Sacerdotes de Tercer Mundo, en Argentina”.

Por pocos días Aguiló no se cruzó en Salta con Salvador Allende. En su estadía en la provincia el mandatario chileno había destacado los avances de su gobierno, nacionalización de recursos como el cobre, el acero, el carbón, el salitre y el hierro, estatización de la banca, reforma agraria, control de las importaciones y exportaciones, participación de les trabajadores en decisiones empresariales y de gobierno. Y había dejado su espíritu en una frase: “El desafío de los pueblos está más allá de las posibles represalias que no me imagino que pudieran venir, y si vinieran apelaré a la conciencia de Latinoamérica y del mundo para que se reconozca el derecho a la vida de los pueblos pequeños". 

Fuente:Pagina12

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