10 de octubre de 2021

OPINION.

 

El dólar marcado

10/10/2021

Si el lector está buscando una prueba de la existencia del Imperio Norteamericano, no tiene que ir más lejos que ese colchón en el que está sentado, donde atesora esos «dólares ahorro» con los que espera preservarse de la gangrena inflacionaria. No es su culpa que el rostro de Benjamin Franklin (inventor, político, filántropo, etcétera) le inspire más confianza que los guanacos, cotorras y demás bichos que pueblan ese zoológico en que transformaron recientemente a la moneda nacional. El dólar es «moneda fuerte» porque está respaldada por el poder central de esta parte del planeta. Ponele.

Confianza.
Claro está, en todo ese párrafo precedente, la palabra central es «confianza»: buscamos y guardamos ese dinero porque confiamos en que tiene un valor, que nos permitirá adquirir los bienes que necesitamos para vivir y gozar. Lo cual no quita que, en el fondo, esos papeles pintados sean en el fondo una ficción. Hay quien dice que el dinero es la mayor invención de la especie humana, una demostración de nuestra capacidad de abstracción, y de cooperar entre individuos en gran escala.
Y es una ficción con la que convivimos desde hace milenios. El propio Jesucristo debió referirse al dinero en su columna económica de los Evangelios, cuando un discípulo algo picarón vino a preguntarle si estaba bien eso de pagar impuestos. Ningún sonso, nuestro señor tomó una moneda, y observando el rostro del César romano en una de sus caras, sentenció que había que darle al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.
Entre bueyes no hay cornadas. También el protagonista de esa historia tenía una serie de creencias que vender, que tras su muerte también sufrieron una considerable inflación, incluyendo artículos tales como de la santísima trinidad, la inmaculada concepción, el paraíso celestial, y los ángeles sin sexo que bailan en la punta de un alfiler.

Trillón.
De modo que, cada vez que andamos por ahí comprando y vendiendo cosas con esos papeles de colores, nos comportamos como los actores de teatro que viven sus roles como si fueran reales, aunque todo lo que los rodea, sus trajes, las palabras que usan, el mobiliario y los salarios que les dicen que cobrarán, no sean más que puro cuento.
Y de tanto en tanto, aparece alguien que nos lo recuerda.
En este caso los aguafiestas son algunos economistas norteamericanos, que preocupados por el inminente «default» de la deuda pública de su país -cortesía de los retobados republicanos del Senado- han salido con una solución genial: que el presidente ordene la emisión de una moneda de platino por un valor de un trillón de dólares, y gaste a cuenta. Así como lo oye, lector: la idea que el gobierno le ordene a la Casa de la Moneda (allá se llama Mint, como las pastillas de menta) que emita ese monedón, y luego depositarlo en el Banco Central (allá se llama Reserva Federal) en su propia cuenta, de la que luego podrá seguir gastando a lo pavote, como le gusta hacer al viejo Joe Biden. ¡Si tan sólo uno tuviera ese super poder!

Mucha.
La idea no es nueva. Aparentemente, según dicen, se le ocurrió en 2011 a un abogado de Atlanta, llamado Carlos Mucha. Nombre sospechoso si los hay, pero en fin. Como quiera, diez años después ya hay economistas prestigiosos apoyando la iniciativa, como el Premio Nobel Paul Krugman (un fan del gasto público) para quien «un artilugio que sirva para salvar la cordura, y más aún, la democracia, no es un vicio».
Lo curioso es que, si el gobierno utiliza este recurso, sería como si un mago explicara en qué consiste el truco de sacar conejos de la galera. Y también, comenzar a poner en duda la realidad de los conceptos de «dinero» y ya que estamos, también, de «deuda» y «déficit».
Hablando de eso, uno de nuestros economistas «ortodoxos», José Luis Espert (experto vendedor de humo), anda diciendo que la deuda externa es culpa del déficit fiscal. Como si los gobiernos que nos endeudaron (la Dictadura, el Menemato, el Macrimen) no hubieran practicado la «austeridad fiscal», recortado el gasto social, y rifado las empresas estatales.
Al final, ¿qué es lo que le da valor al dinero? Antes se creía que era el oro acopiado en el Banco Central. Luego dijeron que era el PBI. Ahora la teoría monetaria moderna dice que el dinero vale porque el gobierno lo acepta como medio de pago de los impuestos (y ya se sabe, sólo hay dos cosas inevitables: la muerte y los impuestos).
Va a ser divertido si se deciden a hacer el experimento. Aunque más no sea, para ver qué cara ponen los economistas «serios» argentinos -esos que repiten como cotorras que la emisión monetaria es la causa de la inflación- cuando allá se despachen con este pichón de moneda… Con lo que el cowboy Joe tendrá su «dólar marcado». Eso sí, que no se le ocurra morderlo: a su edad, los dientes son preciosos.

PETRONIO

Fuente:LaArena

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