Memoria: Recordarán este viernes
al periodista y militante montonero
Enrique «Jarito» Walker
Por Conrado Yasenza*, Telam /Resumen Latinoamericano, 6 de abril de 2022.
“¡Soy Enrique Walker, periodista y montonero!”, sus últimas palabras escuchadas al momento de ser secuestrado el 17 de Julio de 1976. Afirmación de un oficio terrestre y una voluntad humanista.

Historizar. Develar cómo los nombres, las obras, los artículos periodísticos, responden siempre a una subjetividad, a un ser que produce los hechos que van delineando el sentido de una vida. Quizás el fin de este trabajo sea unir fragmentos de un pasado que justifique el rescate de la unidad hombre-obra-época, no para desde allí reiniciar la tarea de alimentar el presente, sino para comprender que sin memoria no hay identidad posible. Ese es el sentido de bucear en ciertos aspectos o aristas de la historia, y ese el sentido también de esta escasa y breve aproximación a la figura del periodista Enrique Walker.
Historizar, diría David Viñas. Ir del texto interno al externo. Transcurrir entre la obra y su autor. Lo arquitectónico y lo urbanístico. Desplazarse sobre tres movimientos interrelacionados: El productor, el proceso de producción y el producto.
Primer movimiento
El productor: Enrique Walker
Recolección primaria de datos. Enrique «Jarito» Walker: Periodista. Secretario, durante la década del sesenta de la revista Gente (Editorial Atlántida), de la cual se desvinculó en 1969. Colaborador en las publicaciones Semana Gráfica y Extra. En el año 1971 editó la revista Nuevo Hombre, y también durante los setenta, colaboró con regularidad en la revista El descamisado.
Segundo movimiento
El proceso de producción
El hombre, Enrique Walker, conjugándose con los acontecimientos de su época. Walker, permeable a los fulgores, a los hechos políticos y sociales de su tiempo. El periodista, el hombre, en transformación, desplazándose: viaja a Costa Rica y a Vietnam.
En la selva de Costa Rica cubre, durante dos meses, la búsqueda del avión TC-48 de la Fuerza Aérea Argentina.
Vietnam, en este segundo movimiento, el del proceso de producción, será significativo. Walker parte rumbo a Vietnam tras los pasos de un colega del diario La Nación. La búsqueda es la línea de fuerza que atraviesa el cuerpo y el alma de Enrique «Jarito» Walker. El periodista desaparecido en Vietnam se apellida Ezcurra, y mientras Walker rastrea datos va registrando emociones y pensamientos.
Cita de un fragmento de «Decíamos ayer», de Eduardo Blaustein:
«Según testimonios de quienes lo conocieron, algunos de los viajes que realizó por Latinoamérica lo conmovieron hondamente y de acuerdo con el relato de su madre la experiencia que de verdad lo transformó la sufrió en Vietnam, a donde partió tras los pasos de su colega de La Nación, Ignacio Ezcurra, quien había desaparecido en el escenario de la guerra sin dejar rastro…».

ANALOGÍAS
Rodolfo Walsh y Operación Masacre
Jorge Ricardo Masetti y su viaje a Cuba, tras un reportaje a Fidel Castro
Enrique Walker y sus crónicas sobre la guerra de Vietnam.
El productor relacionándose, externa e internamente, con la producción.
Adentro y afuera.
El sujeto que moviliza la investigación, y la producción que conmueve y transforma al sujeto con destino hacia la militancia revolucionaria.
Historizar: Encuadre cultural/político/social
«Para quienes no conocieron la época, en los años ’60 y ’70 los fervores culturales y políticos tuvieron su correlato no sólo en el florecimiento de una riquísima industria editorial sino en el amplio desarrollo de una prensa social y militante «de amplio espectro». Una, sólo una, de las publicaciones paradigmáticas fue la que representa a la distancia el fulgor montonero: El Descamisado, reaparecida tras una clausura como La Causa Peronista. La antigua permeabilidad social argentina y lo profundo de los sacudones políticos, culturales y estéticos de entonces acaso pueda simbolizarse – con lo que tiene de deshumanizante congelar a alguien en el tiempo – en la figura de uno de los redactores de aquella revista: Enrique Walker…» Eduardo Blaustein.
Tercer Movimiento
Tomemos prestado un pensamiento de David Viñas
No textualmente: El panfleto de denuncia vulgar no hiere ni molesta al poder como lo hace una producción literaria/informativa/política/cultural que descifre los códigos discursivos hegemónicos del poder. Es decir, no siempre el texto explícito de denuncia es referencia segura de efectividad. El ejercicio y la crítica lastima, y mucho, desde una perspectiva ligada al vínculo agudo de estos tres movimientos: productor/ proceso de producción/ producto. Puede uno arriesgar que Enrique Walker tuvo presente lo necesario de esta suerte de teorema. Valga, entonces, este intento de historicidad.
Coda
Enrique Walker trabajó también en la Editorial Abril para la revista Semana Crítica. Integró el plantel periodístico de Canal 11 de Buenos Aires y trabajó en los programas de radio Belgrano La Gallina Verde y Generación Espontánea.
Enrique «Jarito» Walker fue secuestrado el 17 de Julio de 1976, a las 19,30 horas, mientras se encontraba en el cine Moreno de la localidad de Caballito. Walker ya había sido transformado por sus coberturas en Vietnam, y luego por la experiencia del Mayo francés, que cubrió como corresponsal, y del Cordobazo. Es el fin del periodista de Gente y el comienzo del militante revolucionario en Montoneros, como redactor de contenidos en la sección Prensa.
Sus últimas palabras escuchadas al momento de ser secuestrado fueron: “¡Soy Enrique Walker, periodista y montonero!”. Afirmación de un oficio terrestre y una voluntad humanista.
EL OPERATIVO MONTADO PARA SU SECUESTRO
Diario La Nación, 18 de julio de 1976.«Un hecho registrado ayer, por la tarde, en un cine del barrio de Caballito, causó alarma a los numerosos espectadores que se encontraban en su interior, y sorprendió a los transeúntes de la zona. A las 19,30 horas se detuvieron ante el cine Moreno, ubicado en Rivadavia al 5050, dos vehículos, una furgoneta Ford de color blanco, chapa D-171622, y un automóvil Ford Falcon metalizado, de los que descendieron varios hombres que se dirigieron al boletero de la sala, y luego de identificarse como policías, le indicaron que hiciese encender las luces del local, donde en ese momento se proyectaba una película.
Una vez conseguido ese objetivo, los hombres se dedicaron a buscar una persona entre los espectadores, la que muy pronto fue identificada. El hombre buscado intentó fugarse, pero fue reducido por sus perseguidores, quienes con arma de fuego lo obligaron a ascender a la furgoneta. Posteriormente, quienes habían intervenido en el procedimiento, subieron a los vehículos y abandonaron el lugar. El suceso fue denunciado en la Comisaría 12.».
Diario La Opinión, 20 de julio de 1976.«El diario Buenos Aires Herald identificó ayer como Enrique Walker a una persona secuestrada espectacularmente en la noche del sábado último, en una sala cinematográfica de Caballito por un grupo armado que obligó a los empleados del establecimiento a interrumpir la función y a encender las luces para llevar a cabo el operativo.»
Al término del capítulo de Enrique Walker, en el libro Periodistas desaparecidos, se deja constancia que quienes recabaron los datos sobre Walker no llegaron a conocerlo personalmente; no contaron con la oportunidad de conocer al «hombre Walker», a cada uno de los puntos de la historia, de su propia historia de vida». Pero sí pudieron, gracias a la colaboración de su madre, Edith de Walker, intentar reconstruir un gesto, una semblanza que nos acerque, aunque más no sea en una dimensión estrecha, a esa historia, a unos pocos gestos y palabras de ese hombre.
«Después de Vietnam soy otra persona – decía él -, antes vivía y pensaba como un pequeño burgués, la visión de la guerra ha cambiado mi vida.».
Finalmente se agregan, en el mismo capítulo, que » nada queda de sus últimas producciones».
Queda, por último, la posibilidad abierta para quien quiera aceptar el desafío, de ampliar la investigación que tienda a unir los fragmentos de historia que conforman la vida de Enrique Walker.
*Periodista – Dtor de La Tecl@ Eñe, Revista de Cultura y Política. Docente en UNDAV.
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Enrique «Jarito» Walker, evocado por Ricardo Grassi
Para El Descamisado fue decisiva la llegada de quien sería nuestro héroe. Sin él, el buen equipo que íbamos siendo nunca habría llegado a ser extraordinario. Tampoco habríamos podido, ahora, reivindicar la dignidad, responsabilidad y el servicio de una profesión que hoy demasiados bastardizan.
Alto, rubio, pecoso, barba heminwayana con la que jugaba como todos los que nos la dejamos crecer, cuerpo del jugador de rugby que había sido–estuvo en la primera división de Pueyrredón–, ojos celestes como el cielo cuando está celeste. Su canción preferida no podía ser otra que Lucía en el Cielo con Diamantes, que en inglés los Beatles crearon como Lucy in the Sky with Diamonds y cuyo acrónimo evidente era LSD, el alucinógeno de moda en los años 60.
El Inglés, Enrique Jarito Walker, nunca lo probó ni se le ocurrirá hacerlo. En cambio, se alucinó al desembarcar en Saigón ocupada por Estados Unidos, enviado de la revista Gente, de la que fue uno de los creadores. Cuando regresó, era otro.
Uno de sus artículos fue la entrevista al soldado Edwin Jax, emborrachado con cerveza. El copete de la nota lo cerró con “una historia sin amor”. Cuando le preguntó qué es lo que más había aprendido en Vietnam, Jax le respondió: “a ser egoísta”. Sé que esto lo conmovió. Vietnam lo transformó porque para el Inglés el pecado era deshumanizarse.
Había encontrado lo opuesto cuando, camino a Saigón, quedó varado en París y se topó con el estallido del mayo francés. Al regresar, fue el momento de la explosión nacional que radicalizó lo que venía ocurriendo bajo Onganía: el Cordobazo. Tampoco la farandulera y reaccionaria Gente podía eludir cubrirlo y fue él. Vio gente común guiada por sus dirigentes obreros, vio obreros y estudiantes luchando codo a codo, vio una ciudad en revuelta que hacía retroceder con piedras y barreras de fuego a otra gente común pero enfundada en uniformes y armada hasta los dientes.
Escribió la crónica, la firmó y eligió las fotos, como correspondía a su cargo de Secretario de Redacción. Le rechazaron el tono y las fotografías demasiado elocuentes.
Él rechazó el rechazo.
Se había completado la transformación a la que lo llevó su honestidad intelectual y su bonhomía. Fue así que poco después le cerró la puerta a Gente, cuyo éxito era en gran medida debido a él. No aceptó la indemnización “porque habría sido una corrupción. Yo vivía en la mierda y no quiero volver a la mierda”, dijo. Así, ganamos todos nosotros también.
Quien lo conoció bien y fue admirándolo, Salvador Palomo Linares, me dijo un día en una pausa del Desca: “Le sobra talento y pasión y tiene una mente tan elástica que empieza a comprender las cosas y ya va elaborándolas”.
Pasó a querer cambiar la vida de cuajo porque entendió que los valores en los que había crecido no coincidían con el mundo que frecuentaba. Tampoco su apoliticidad le resultó ya coherente. Se alejó de la farándula y fauna propia de Gente, giró a la izquierda y antes de desembocar en el peronismo fundó y dirigió el semanario Nuevo Hombre, que apareció el 21 de julio de 1971. Allí no faltó nadie que tuviera que ver con el pensamiento y el quehacer de la izquierda en Argentina.
Una revista semanal era su ambiente natural y con el formato grande del Desca se sintió como el pez en el agua. Jarito fue el maestro al que todos aceptamos porque se había radicalizado ganando humanidad y exaltado la dignidad de la que abrazó como su profesión: ser periodista.
Jarito también había asumido con serenidad que él sabía más–no solo por ser más grande que todos nosotros sino porque era un iluminado–, y que por ello debía liderar. Así se convirtió en un tutor para muchos aceptado e inolvidable. Le gustaba trabajar con quienes se iniciaban en el oficio o con los noteros afirmados y remadores sin veleidades más que la de ser buenos cronistas y redactores, “Va al grano, sabe qué preguntar, es incisivo y firme sin dejar se der cálido y encantador”, comentó Diego Olivé poco después de haberse sumado al Desca.
Jarito ejercía con conciencia su papel didáctico. No directamente con los más veteranos, pero a todos nos resultaba ejemplar cuando intervenía en el trabajo de los más novatos.
“¿Cómo diagramás esta nota?” le preguntó un día a Daniel Iglesias, nuevo en el oficio.
Daniel se sorprendió, pero le respondió. “Está bien ¿eh? está muy bien”, dijo Jarito, pero interrumpió el agradecimiento de Daniel pidiéndole que le explicase por qué había elegido hacerla así. Cuando, con esfuerzo, Daniel concluyó su explicación, Jarito le dijo, con una sonrisa: “Ahora hacela de otro modo”.
Si no había una explicación, Jarito se molestaba, caminaba de un lado a otro, movía los brazos. Buscaba que las cosas tengan un sentido. Que la guía sea un concepto. Todos aprendimos. No solo “olfato” e intuición –ambas cualidades extraordinarias en él– sino conceptualizar lo que cada uno hace. Porque así se aprende, así se puede archivar conocimiento y entonces es posible enseñar.
Cuando se ponía nervioso, cerraba el puño izquierdo y hacía tamborilear el índice, medio y anular de la derecha sobre el hueco que forman los dedos de la izquierda. Si se enojaba, no levantaba el tono de la voz, sino que se ponía rojo y agitaba hacia arriba y abajo el índice de su mano derecha. Si alguno daba vueltas para cumplir una orden, entrecerraba los ojos, fruncía el ceño y mientras escuchaba la excusa mantenía una tierna sonrisa socarrona, todo lo cual equivalía a un “pero dale, qué me estás diciendo”, hasta que su interlocutor estaba dispuesto a hacer lo que le pedía. El mensaje final, era: no existen notas imposibles.
Era El Inglés, pero porteñazo, socarrón e irónico que, sin una pizca de mala leche, te conquistaba con su corazón capaz de entender todas las debilidades y dificultades humanas y del oficio. Hasta su voz era cálida, a veces un susurro.
Cuando la situación fue poniéndose pesada, del mismo modo que había sido permeable a Saigón, París y Córdoba, cambió su vida y se incorporó a Montoneros.
Podría no haber ido a la última cita. Sabía que podía estar envenenada, pero en Jarito no cabía esquivar el bulto y, quizás, poner en riesgo a quien estaba esperándolo. Pidió un arma para, si era el caso, poder defenderse. No se la dieron. Sé que eso lo molestó, debe haberse puesto rojo, pero no se detuvo. Allí lo esperaban para darle un golpe y desaparecerlo, se defendió, saltó filas de butacas en ese cine de barrio, se subió al escenario y, cuando entendió que no zafaba, grito: “Soy Enrique Walker, periodista y montonero, avisen que están secuestrándome”. Avisen a los compañeros que soy y sigo siendo: Periodista. Montonero.
Montoneros es pasado.
Periodistas y compañeros somos quienes lo homenajeamos y destacamos hoy su ejemplo de coherencia, rigor y humanidad. No olvidar para decirle a los de este presente mercantilista, mediocre, tantas veces mentiroso a sabiendas, que el periodismo es un servicio y que los periodistas debemos y podemos ser honestos, rigurosamente respetuosos de quienes cada día siguen nuestro trabajo y que aquello que observamos e incluso nos golpea, debe humanizarnos sin cesar.
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Jarito evocado por el periodista y escritor Nicolás Casullo
“Campechano, directo y cálido, es difícil convencer a alguien de que así era un inglés: el Inglés Jarito Walker. Pero lo recuerdo de ese modo, impertérrito en sus signos, como una aparición desentonante con los tipos de la época, y a la vez con los drásticos atributos de tal época 1970-1975. Tiempo extraviado ya, flotando ahora entre imágenes irreales, pedazos de figuras incompletas, caras que no volvieron, lugares perdidos que Buenos Aires no repuso, ciudades que también deben permanecer hoy recubiertas, borradas, sin sepultura.”
Envio:RL

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