A LOS 93 AÑOS
Murió el genocida Etchecolatz, condenado en múltiples causas por crímenes de lesa humanidad
Etchecolatz murió a las 5.30 en la Clínica Sarmiento de la localidad bonaerense de San Miguel, donde se encontraba internado con custodia policial, informaron a Télam fuentes de las querellas en su contra.
Tras conocerse la noticia, distintas personalidades de la política y los derechos humanos se expresaron respecto de la muerte del represor.
Nacido en la ciudad de Azul el 1 de mayo de 1929, Etchecolatz muere con múltiples condenas a prisión perpetua, acusado por diversos crímenes de lesa humanidad, mediante una serie de sentencias dictadas entre los años 1996 y 2022, que fueron unificadas en una pena única de reclusión.
La novena condena a cadena perpetua le llegó en mayo de este año cuando el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata lo condenó por los secuestros y torturas de siete personas en el excentro clandestino de Pozo Arana, entre ellas el albañil Jorge Julio López, y los asesinatos de cuatro de esas víctimas, entre ellas Francisco López Muntaner, uno de los estudiantes secuestrados en La Noche de los Lápices.
Su nombre quedó asociado también con la desaparición de Jorge Julio López, en plena democracia, luego que la declaración judicial del albañil en 2006 como testigo fuera determinante en una causa en contra del expolicía, y por la cual fue condenado a reclusión perpetua.

Años después, el 24 de octubre de 2014, el represor y otros 14 exmilitares fueron condenados por delitos de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino La Cacha.
Mientras se leía la sentencia, Etchecolatz tenía en sus manos un papel donde se leía el nombre de Jorge Julio López, una imagen que resultó escalofriante a más de una década de retornada la democracia y en el marco del avance de los juicios de lesa humanidad.
Además fue condenado por el secuestro y asesinato de los estudiantes que fueron víctimas en la denominada 'Noche de los Lápices", y por la apropiación de menores.
En su haber judicial contó además con el beneficio de la Ley de Obediencia Debida pero tras la anulación de las leyes de impunidad, volvió a ser juzgado.

Llegó a escribir un libro donde cuestionó el trabajo de la Conadep, bajo el título "La otra campana del Nunca Más", y siempre que pudo se ufanó de haber participado de la "guerra contra la subversión".
Hasta el 2006 contó con el beneficio de la prisión domiciliaria lo que en ese año le fue revocado por poseer armas de fuego.No obstante en el 2017 volvió a contar con ese beneficio -que se hizo efectivo solo dos meses- hasta que en el 2018 fue revocado nuevamente.
Ese mismo año sufrió un escrache en su casa del bosque Peralta Ramos, en Mar del Plata, cuando la asociación de vecinos del bosque, se movilizó y se apostó en su casa, en una recordada protesta de la que participó la referente de Madres de Plaza de Mayo, Línea Fundadora, Taty Almeida.
Casado, con una esposa que brindó diversas entrevistas en apoyo de su marido, el expolicía tuvo una hija, Mariana D. quién se cambió el apellido y marchó en 2018 junto a 500.000 personas contra el 2x1, pidiendo que su padre cumpla la condena en una cárcel común. "Es un ser infame, no un loco", declaró la joven.

"Por mi cargo me tocó matar y lo haría de nuevo", fue una de sus provocativas declaraciones en el marco de los numerosos juicios que enfrentó.
La muerte lo encontró a los 93 años en una cárcel común pese a que a principios de junio había sido beneficiado nuevamente con la prisión domiciliaria por diversos problemas de salud.
Taty Almeida: "Etchecolatz murió sin arrepentirse de todos los crímenes que cometió"
La referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Taty Almeida, sostuvo que el represor Miguel Osvaldo Etchecolatz falleció "sin arrepentirse de todos los crímenes que cometió y sin decir nada sobre Julio López" y consideró que "jamás va a descansar en paz".
"Efectivamente se ha ido sin arrepentirse de todos los crímenes que cometió y sin decir nada sobre Julio López. Fue, es y será un ser despreciable, estoy segura que jamás va a descansar en paz", afirmó Almeida en declaraciones para C5N.
El exdirector de la Policía Bonaerense y mano derecha del general de brigada Ramón Camps, durante la dictadura cívico militar falleció a los 93 años, y su figura será recordada en la historia argentina por ser uno de los principales responsables y ejecutores del período más oscuro del país.
Su nombre quedó asociado con la desaparición de Jorge Julio López, en plena democracia, luego que la declaración judicial del albañil como testigo fuera determinante en una causa en contra del expolicía, y por la cual fue condenado a reclusión perpetua.

Para la referente de Madres de Plaza de Mayo es "insólito" que los genocidas condenados "se están muriendo y jamás hablan ni se arrepienten".
"Más de uno dijo que lo volvería a hacer, se están muriendo y nosotras también, nos estamos muriendo sin tener la satisfacción de que digan que hicieron con nuestros hijos", añadió.
Por estos motivos, Almeida consideró que tanto Etchecolatz, como el resto de los represores, "jamás van a descansar en paz".
"La lucha continua, hay que hacer lo que las Madres hacen hace 45 años, la única lucha que se pierde es la que sea abandona y un pueblo sin memoria corre peligro de que se vuelva a repetir la historia", concluyó.
"Si bien murió condenado, el delito lo sigue perpetrando"
Marta Úngaro, hermana de Horacio, uno de los jóvenes desaparecidos en la denominada La Noche de los Lápices ocurrida en septiembre de 1976, mientras reclamaban por el boleto estudiantil, dijo que si bien Miguel Etchecoltaz "murió condenado, el delito lo sigue perpetrando" ya que nunca reveló el destino de muchos de los desaparecidos durante la dictadura.
"Cuando me desperté con la noticia de que murió Etchecolatz, tuve una sensación de impunidad porque si bien estaba condenado, durante 46 años siguió perpetrando el secuestro sistemático y desaparición de personas", dijo Marta en diálogo con Télam.

"Hasta que no se encuentra a los desaparecidos, según tratamientos internacionales, el secuestro se sigue perpetrando. El sabía dónde está cada uno de los bebés apropiados en los centros clandestinos, como el Pozo de Banfield o la Comisaría Quinta y sabía dónde está mi hermano y cada uno de los chicos de La Noche de los Lápices y miles de desaparecidos de la provincia de Buenos Aires", agregó.
"Etchecolatz sabía dónde están Jorge Julio López y Clara Anahí. La sensación de impunidad es muy grande", reflexionó la mujer, quien además agregó: "Mi hermano tenía 17, no llegó a los 18 años, y él vivió impune 90 y pico".
"Si bien murió condenado, pero el delito lo sigue perpetrando. Que no descanse en paz. Son viejos, ancianos, pero son genocidas, son asesinos. Él tenía muchas cuentas para dar a la Justicia", finalizó.

Rubén López: "Lamento que se haya muerto sin decir dónde están los desaparecidos"
Rubén López, hijo de Jorge Julio López, desparecido en 2006 luego de declarar en los juicios por delitos de lesa humanidad contra Miguel Etchecolatz, lamentó que el genocida "haya muerto sin decir dónde están" muchos de los desaparecidos durante la última dictadura cívico militar.
"Tengo una especie de dolor de estómago. Estoy nervioso, no es por tristeza, tampoco es por alegría porque se haya muerto una persona que quizá fue el culpable de la desaparición de mi viejo. Es muy difícil explicar el sentimiento que tengo en este momento", expresó Rubén en diálogo con Télam, conmocionado por la noticia de la muerte del exdirector de la Policía Bonaerense y mano derecha del general de brigada Ramón Camps, durante la última dictadura cívico militar.
López rememoró que Etchecolatz "desapareció a muchas personas, a muchos chicos de la Noche de los Lápices, torturó a muchos otros y se llevó a la tumba el secreto de dónde está Clara Anahí, la nieta de (Isabel Chorobik) 'Chicha' Mariani" y apuntó que "estaba cumpliendo 9 condenas a perpetua, pero le faltaban un par más".

"Lamento que Etchecolatz, un ser nefasto, se haya muerto sin decir nada, sin decir dónde están los desaparecidos, porque nunca aceptó sus crímenes, porque no dijo dónde está Clara Anahí, por mi viejo y las demás víctimas", agregó.
En tanto, Guadalupe Godoy, una de las abogadas que lideró la querella contra Etchecolatz, manifestó que "en los juicios siempre se juega, por más que no esté explicitado, una suerte de esperanza que (los represores) digan dónde están (los desaparecidos)".
"Muchas veces son los familiares quienes explicitan o piden dónde están los y las desaparecidos, dónde están los pibes apropiados. Recuerdo a 'Chicha' Mariani pidiendo que digan de una vez dónde está Clara Anahí. En el caso de Etchecolatz, la pregunta fue: ¿Dónde está López?", señaló la letrada.
Evaluó que "esta situación genera pensar en todas y todos los que pelearon tantos años para que haya justicia en este país y que lograron que Etchecolatz muera condenado y en cárcel común".
DIRIGENTES DE TODOS LOS SECTORES SE REFIRIERON A LA MUERTE DEL GENOCIDA
Dirigentes políticos, sociales y de organismos de derechos humanos lamentaron que el represor Miguel Etchelotaz haya muerto a los 93 años sin decir ante la Justicia el destino de muchos de los desaparecidos durante la última dictadura militar, aunque destacaron el hecho de que haya estado en cárcel común hasta su fallecimiento.
Myriam Bregman, diputada nacional del Frente de Izquierda (FIT): "Murió Etchecolatz, estuvo en una cárcel común hasta el último de sus días. Logramos que se lo condene por genocidio. Nunca dijo el destino de Clara Anahí Mariani ni de los desaparecidos y se le garantizó impunidad en la desaparición de Julio López".
Juan Cabandié. ministro de Ambiente y nieto restituido: "Los genocidas se siguen muriendo sin revelar sus secretos, sin decirnos dónde están ni qué hicieron con nuestros familiares y compañeros desaparecidos. Ni olvido ni perdón".
Victoria Montenegro, legisladora porteña y también nieta restituida: "Etchecolatz fue uno de los torturadores más nefastos de la dictadura. Entre tantos crímenes, responsable de la desaparición de Julio López. Hoy murió condenado como lo que fue, un asesino repudiado por el pueblo".
Hugo Yasky, diputado nacional por el Frente de Todos y titular de la CTA: "El genocida de Etchecolatz condenado por delitos de lesa humanidad murió en una cárcel común. Justicia. Se llevó con él información clave de nuestros compañeros y no tendremos Verdad. Queda en nosotros seguir luchando por la Memoria".
Matías Moreno, subsecretario de Derechos Humanos bonaerense: "Murió Etchecolatz como debía ser, en una cárcel común juzgado y condenado por genocidio. Tenía cinco prisiones efectivas por sus crímenes de lesa humanidad. Hace poco se conocía que el Tribunal de Casación le había dado domiciliaria en una sola causa, que no se había hecho efectiva".
Teresa García, senadora bonaerense (Frente de Todos): "Tuvo un juicio justo".
Vilma Ripoll, dirigente del MST: "Murió el genocida Etchecolaz y nunca dijo dónde está Julio López, ni Clara Anahi. Con la movilización logramos que sea en cárcel común. ¡A dónde vayan los iremos a buscar!".
Mara Brawer, diputada porteña del FDT: "Murió un asesino criminal y genocida y lo hizo cumpliendo su condena a prisión perpetua en una cárcel común. Si existe el infierno ese será su destino final".
Claudio Morresi, legislador porteño FdT: "Etchecolatz pudo tener algo de valentía y decir que había hecho con sus víctimas, pero prefirió ser el cobarde represor que fue siempre".
Fuente:Telam
Uno de los más feroces torturadores de la dictadura
Murió el genocida Miguel Etchecolatz
No conoció el remordimiento, por el contrario hizo del regocijo el emblema de su cruzada asesina. Cumplía sus condenas en una cárcel común, repudiado incluso por su familia. Entre 1976 y 1979 estuvo al frente de la Dirección General de Investigaciones de la Policía Bonaerense. Bajo su órbita funcionaron no menos de 20 centros clandestinos de detención y otras tantas maternidades clandestinas.
El represor –nacido el 1 de mayo de 1929– estaba alojado en la Unidad 34 de Campo de Mayo desde casi el comienzo de la pandemia. En las últimas semanas, había sido trasladado a la clínica Estrada de la localidad de Merlo e internado en terapia intensiva. El 27 de junio pasado, lo trasladaron al Sanatorio Sarmiento para colocarle un marcapasos, relataron fuentes judiciales. Había recibido un fallo favorable en la Cámara de Casación para volver a su casa, pero no llegó a materializarse.
Entre 1976 y 1979, Etchecolatz estuvo al frente de la Dirección General de Investigaciones de la Policía Bonaerense, la fuerza que comandaba con mano ensangrentada Ramón Camps. Bajo su órbita funcionaron no menos de 20 centros clandestinos de detención, tortura y exterminio y otras tantas maternidades clandestinas, donde las mujeres que estaban secuestradas parían y les eran arrebatados sus hijos o hijas. Etchecolatz fue un firme seguidor de Camps, tanto que, por esos años, recibió varias veces el reconocimiento San Miguel Arcángel con el que la Bonaerense premiaba a sus mejores hombres –que, para entonces, eran quienes mostraban más arrojo a la hora de empuñar la picana–.
En 1979, pidió la baja después de más de tres décadas en la Bonaerense, a la que había ingresado en 1947. Durante unos años le proveyó seguridad a Bunge & Born. En abril de 1986, la justicia tocó a su puerta. Lo detuvieron por orden de la Cámara Federal, que lo terminaría condenando a 23 años de prisión por los crímenes cometidos en la órbita del llamado Circuito Camps en lo que se conoció como la causa 44. Desde la prisión fue uno de los que atizó el alzamiento de Semana Santa. Terminó beneficiado por la propia Corte Suprema y volvió, al tiempo, a la seguridad privada. Así, conoció a su actual esposa, Graciela Carballo.
Durante los años de impunidad, lo persiguieron los escraches que él repelía con amenazas sin ningún miramiento. Cuando unos pibes atinaron a tirarle unos huevos mientras paseaba a su pastor inglés, Etchecolatz no dudó y desenfundó un arma –que después la justicia le creería que era de juguete–. No era sorprendente para quienes lo vieron dando rienda a su violencia en los campos de concentración. Lo escuchó Alfredo Bravo durante la tortura diciéndole “maestro, escupa todo y no trague nada”. En 1997, en un careo entre ambos en el programa Hora clave que conducía Mariano Grondona, el genocida comparó la tortura con un tratamiento para callos plantares.

Volver a la cárcel
Después de ese programa y de la publicación de su libro La otra campana del Nunca Más, Bravo lo demandó. Lo patrocinó Juan Ramos Padilla, el juez que lo había metido preso en los años ‘80 y por quien había desarrollado un particular encono. En la casa de los Ramos Padilla ya le reconocían la voz a Etchecolatz cuando llamaba para amenazar al padre de la familia. Cuando quisieron ejecutar la sentencia, se apersonaron Ramos Padilla padre con sus dos hijos, Alejo y Juan Martín. Etchecolatz decía que nada de lo que había en la casa le pertenecía hasta que la oficial de justicia que los había acompañado agarró una charretera y con fastidio le preguntó: “¿Ésta tampoco es suya?”
–Sí, y ésta también–dijo Etchecolatz asomándose con un arma.
– ¿Funciona?-- le preguntó Ramos Padilla padre.
–Por supuesto. Y tengo blanco –le dijo el genocida apuntándole al juez--. ¿Dónde quiere el tiro?
Alejo se abalanzó sobre Etchecolatz ante la posibilidad de que le disparara al padre y logró arrebatarle la pistola.
El episodio quedó en el olvido hasta que arrancó el primer juicio en La Plata después de la caída de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida que lo tuvo como protagonista. Alejo Ramos Padilla, entonces abogado querellante, pidió junto con otros abogados querellantes que le revocaran la prisión domiciliaria porque tenía un arma en su casa. Así lo hizo el tribunal que presidía Carlos Rozanski.
¿Dónde están?
"Ante la muerte, pienso en esa pregunta que en los juicios siempre sobrevuela, aunque no se explicita: ¿Dónde están las y los desaparecidos, dónde está Clara Anahí, dónde está Jorge Julio López?", le dice a Página/12 la abogada Guadalupe Godoy.
A Jorge Julio López lo secuestraron –por primera vez– el 27 de octubre de 1976. Etchecolatz participó en ese operativo en el barrio de Los Hornos. López lo vio también pateando a quienes estaban secuestrados en el campo de Arana y declaró ante la justicia que él mismo comandó la matanza de cuando asesinaron a los militantes de la unidad básica Juan Pablo Maestre. “No tenía compasión”, dijo en el juicio oral. Su testimonio fue fundamental para demostrar que Etchecolatz no solo daba las órdenes, sino que actuaba. Etchecolatz recibió su primera condena a prisión perpetua el 19 de septiembre de 2006. Un día antes, López desapareció.
Etchecolatz escuchó la sentencia aferrado a un rosario, el mismo rosario al que se agarraba cuando la fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, María Isabel “Chicha” Chorobik de Mariani, le reclamó que dijera dónde estaba su nietita Clara Anahí. No dijo nada. Besó la cruz y calló.
En 2014, cuando López llevaba ocho años desaparecido, Etchecolatz se preocupó porque se viera un papel que llevaba en su mano con el nombre del testigo. Fue durante el juicio por crimenes cometidos en La Cacha. Era un nuevo mensaje para amedrentar a quienes ponían el cuerpo y el testimonio para hacer justicia.

Los muertos que vos matáis gozan de buena salud
Durante el macrismo, logró salir de la cárcel. El 27 de diciembre de 2017, Tribunal Oral Federal (TOF) 6 le otorgó la prisión domiciliaria y envió al represor a su chalet en el bosque Peralta Ramos de Mar del Plata. La casa se volvió un santuario del repudio. Ese mismo año, Mariana –quien se reconoce como su exhija– contó que había marchado contra su expadre genocida cuando la Corte habilitó el beneficio del 2x1 para los criminales de lesa humanidad.
La Cámara Federal de Casación revocó la decisión del TOF 6 y Etchecolatz volvió a prisión. Allí estuvo hasta ahora, purgando siete condenas a prisión perpetua dictadas desde que se reabrieron los juicios: la de 2006, la del Circuito Camps, la de La Cacha, la del caso Favero, la de Cuatrerismo y Brigada de Güemes –dictada en los tribunales de Comodoro Py–, la de la Brigada de San Justo y una reciente por el Pozo de Arana --el juicio que se hizo en base al testimonio de Jorge Julio López--. De esas, solo una fue confirmada por la Corte Suprema.
"Murió condenado y cumplió sus condenas en cárcel común", apunta Godoy. "La lucha de tantos y tantas por memoria, verdad y justicia no fue en vano."
Etchecolatz falleció mientras lo juzgaban por los crímenes cometidos en tres centros clandestinos que estaban bajo su órbita – los “Pozos” de Banfield y de Quilmes y el “Infierno” de Avellaneda. En esos campos de concentración estuvieron, entre muchísimos otros, los chicos y las chicas secuestrados en lo que se conoció como la Noche de los Lápices. También estaba en juicio por lo sucedido con los hermanitos Ramírez, tres chicos que fueron sustraídos en 1977 después de presenciar cómo asesinaban a su mamá y pasaron todo tipo de penurias en el Hogar Casa de Belén, de la localidad de Banfield.
Etchecolatz nunca habló: condenó a los desaparecidos a seguir desaparecidos y a sus familiares a seguirlos buscando eternamente. Siguió cometiendo su crimen cada uno de sus días y juró que lo volvería a hacer. El silencio de Etchecolatz es su última miseria; el repudio de gran parte de la sociedad que veía en él el sadismo de los asesinos, la última victoria de aquellos a los que quiso exterminar para siempre.
En las redes, muchos recuerdan su rol en los casos de Clara Anahí Mariani y Jorge Julio López
El mundo de la política despide con desprecio a Etchecolatz
Twitter empezó a sumar reacciones por la muerte de Miguel Etchecolatz, tras conocerse la noticia del deceso del genocida, a los 93 años. "Hasta el último día mantuvo el pacto de silencio. Se lleva la verdad sobre el destino de nuestrxs hijxs y nietxs, pero logramos justicia y memoria", dice el tuit de la cuenta de Abuelas de Plaza de Mayo.
Myriam Bregman, diputada del FIT y querellante en causas contra el represor, recordó su silencio respecto del caso de la bebita Clara Anahí Mariani, secuestrada en 1976 (su destino todavía es una incógnita), y la desaparición de Jorge Julio López en 2006.
Claudio Morresi, legislador porteño del Frente de Todos y hermano de un desaparecido, también se expesó sobre la muerte del hombre fuerte de la Policía Bonaerense en dictadura.
La diputada nacional Mara Brawer (FdT) también se sumó a quienes recordaron que murió cumpliendo su condena (tenía nueve perpetuas) en una cárcel común.
Mercedes Trimarchi, legisladora porteña del FIT, fue otra de quienes desde la política se expresaron sobre la muerte de Etchecolatz.
Desde Roma, el embajador en Italia, Roberto Carlés, resaltó el rol de Etchecolatz en los casos de la pequeña Clara Anahí y de López.
La opinión de Néstor Pitrola:
Gabriel Solano, legislador del FIT:
Guillermo Pérez Roisinblit, nieto recuperado (su abuela es Rosa Roisinblit, de Abuelas de Plaza de Mayo), usó la red social para hablar del "último acto vil y cruel" del represor.
Fuente:Pagina12




No hay comentarios:
Publicar un comentario