29 AÑOS
DE LA MASACRE DE WILDE Y LOS CONDENADOS SIGUEN LIBRES
ENERO 10, 2023
Este martes 10 de enero se cumplen 10.592
días —29 años— del asesinato de cuatro personas y el intento de homicidio de
una quinta, ejecutados por 12 policías de la Brigada de Investigaciones de
Lanús. El 19 de diciembre pasado, siete de esos policías fueron condenados a 25
años de prisión, pero siguen en libertad hasta que la sentencia, que fue
apelada por las defensas, quede firme.
Raquel Gazzanego, viuda de Edgardo Cicutín, una de
las víctimas, recordó la fecha del fusilamiento de su esposo y pidió a la
población su ayuda para que se cumplan las restricciones ordenadas por la
Justicia, para impedir cualquier intento de fuga de los siete sentenciados. Las
otras personas asesinadas el 10 de enero de 1994 fueron Norberto Corbo, Héctor
Enrique Bielsa y Gustavo Mendoza. El único sobreviviente es Claudio Díaz.
El comunicado de las víctimas es acompañado por las fotografías, los datos
personales y los domicilios declarados por los siete condenados: Marcos Ariel
Rodríguez, Marcelo Daniel Valenga, Eduardo Ismael Gómez, Roberto Oscar Mantel,
Pablo Francisco Dudek, Julio César Francisco Gatto y Osvaldo Américo Lorenzón.
“Te pedimos prestados tus ojos, cual cámara ciudadana, para que se cumpla con
lo que se dictó en la sentencia del 19 de diciembre de 2022”, dice el
comunicado de Raquel Gazzanego, al que tuvo acceso La Retaguardia. La Fiscalía
y las querellas habían solicitado que, de haber veredicto condenatorio, se
ordenara la inmediata detención de los policías, pero los jueces del Tribunal
Oral de Lomas de Zamora resolvieron que los condenados vayan a prisión cuando
la sentencia quede firme. Mientras tanto, los policías deben cumplir una serie
de medidas que ponen límites a sus movimientos.
Gazzanego recordó cuáles son esas obligaciones que deben respetar los
condenados “bajo apercibimiento de efectivizar” las detenciones en forma
inmediata “ante su incumplimiento, conforme lo dispuesto en el artículo 371 del
Código Procesal Penal”.
Estas son las obligaciones que
deben cumplir los siete policías condenados:
Fijar residencia “dentro del ámbito de la Provincia de Buenos Aires y
someterse al control del Patronato de Liberados de la jurisdicción territorial
de sus domicilios, debiendo concurrir (…) cada diez días a efectos de labrar
las actas compromisorias”. El único exceptuado de estas normas es Pablo
Francisco Dudek, teniendo en cuenta su estado de salud. En su caso, el control
se debe realizar “mediante un sistema alternativo”.
“Prohibición de ausentarse del domicilio por un término mayor a 24 horas, sin
previa autorización de la autoridad judicial”.
“Prohibición de acercarse y desarrollar manifestaciones de hostigamiento por
cualquier medio, a los damnificados, familiares, sus representantes legales y
testigos”.
“Prohibición de salir del país sin autorización judicial previa, anoticiando en
debida forma de ello a la Dirección Nacional de Migraciones mediante oficio de
estilo”.
Gazzanego reiteró que los familiares de las víctimas están “satisfechos de
haber podido celebrar un juicio que por las trabas impuestas por las defensas
se creía que nunca se iba a concretar”.
La satisfacción es también porque se llegó al juicio y a la sentencia “a pesar
de que los abogados defensores desplegaron todo tipo de artilugios, soberbia y
burlas”, con “el único fin de conseguir la absolución de sus defendidos”.
Las objeciones que hicieron a la sentencia se debe a que el hecho fue
calificado por el Tribunal Oral 3 como “homicidio simple”, mientras que la
Fiscalía y las querellas habían pedido condenas por “homicidio agravado con
alevosía, con el concurso premeditado de dos o más personas”. Por esas razones,
las querellas anunciaron que presentarán en su momento un recurso de Casación
para insistir con esa calificación de los hechos.
Los defensores de los siete policías apelaron el fallo condenatorio y como
había dicho Gazzanego al comienzo de la audiencia, la batalla por la “justa
justicia” que reclaman tiene todavía varias instancias por dirimir.
Un hecho que llamó la atención fue la renuncia, como defensora, de la doctora
Liliana Martínez, una encarnizada defensora de la Policía Bonaerense. Su padre
fue integrante de la Brigada de Investigaciones de Quilmes. La abogada
representaba a los policías Roberto Oscar Mantel, Julio César Gatto y Pablo
Francisco Dudek.
Fuente:LaRetaguardia



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