Habló del GOEA, de la isla El Silencio y terminó leyendo a Borges
Nueva declaración de Víctor Basterra, el fotógrafo que escrachó a los represores de la ESMA
Basterra. Muchos imputados maldicen por haberlo dejado vivo Víctor Basterra, que permaneció casi cinco años detenido-desaparecido en la ESMA, la mayor parte de ese tiempo como trabajador esclavo gracias a su habilidad en el laboratorio fotográfico y en la confección de pasaportes y otros documentos, fue uno de los principales testigos en el juicio a las juntas militares, y desde entonces ha declarado ante distintos tribunales varias veces. Basterra, quien sustrajo un album completo de fotografías de represores e incluso de algunas víctimas, se refirió ayer al funcionamiento del Grupo de Operaciones Especiales de la Armada (GOEA) que funcionó como grupo de tareas a partir de 1981 en el llamado Pabellón Coy de la ESMA, de la isla El Silencio (propiedad de la Iglesia Católica) adónde fueron llevados los prisioneros sobrevivientes en septiembre de 1979 para sustraerlos de la visita de la CIDH y cerró su exposición con lo que escribió Jorge Luis Borges después de escuchar en 1985 aquella primera declaración suya.
Fuente:Telam
“Es curiosa la observación que los militares, que abolieron el Código Civil y prefirieron el secuestro, la tortura y la ejecución clandestina al ejercicio público de la ley, quieran acogerse a los beneficios de esa antigualla y busquen buenos defensores –dice el texto–. No menos admirable es que haya abogados que, desinteresadamente sin duda, se dediquen a resguardar de todo peligro a sus negadores de ayer.”
Esas líneas estuvieron destinadas entre otros a Guillermo Jesús Fanego, abogado de once represores, entre ellos Emir Sisul Hess, Rodolfo Oscar Cionchi y Miguel Angel García Velazco. La semana pasada, el entonces presidente en funciones del TOF 5, Daniel Obligado, trajo su martillo de juez a la audiencia para frenar las intervenciones de Fanego. Este abogado es un hombre engolanado que cuando interroga parece estar acusando sobre las militancias políticas o la reducción a la esclavitud. En ocasiones aun es más sofisticado. Cuando pregunta, vuelve a la escena y casi parece volver a golpear. “Si no le entendí mal –dijo ayer, por ejemplo–, usted habló de los responsables de su detención y mencionó a algunas personas.”
El primer golpe
Víctor Basterra recibió el premio al valor por haber sacado de la ESMA las fotografías con las que se lograron abrir las primeras investigaciones a los represores. En la lógica de Fanego, la defensa oficial se sumó al tono de impugnación y cuestionamiento al preguntarle por el trabajo esclavo que desarrolló en la ESMA. Querellas y fiscales objetaron. El tema no era ni siquiera objeto de debate. La responsabilidad más grave, sin embargo, la tuvo la presidenta del tribunal, que en este caso habilitó las preguntas porque pueden ser parte de una estrategia de la defensa. “Frente a experiencias tan traumáticas como éstas, el tribunal tiene la obligación de preservar a los testigos para que no sean vueltos a pasar por una situación traumática, porque son personas que fueron sometidas a tratos inhumanos, degradantes, con una pretensión absoluta de deshumanizarlos”, decía ayer Ana María Careaga, una de las sobrevivientes. “El enorme aporte de Víctor para los juicios y las investigaciones de la ESMA, de ir sacando los cuadritos que eran las fotos de esos represores. Entonces la responsabilidad histórica que tienen estas personas es preservar, y quien preside la audiencia debe preservar a los testigos que con su aporte y su testimonio están reescribiendo la historia.”
Olor a alcohol
Basterra de todos modos avanzó. Como siempre. En ocasiones hasta con humor. En términos de información, aportó datos sobre dos ejes importantes para el juicio. Por un lado, el rol del Apostadero Naval de San Fernando, otro espacio de la Fuerza de Tarea 3 como la propia ESMA, involucrado en el plan represivo. Y por otro lado, sobre el funcionamiento del Grupo de Operaciones Especiales de la Armada (GOEA), una estructura todavía poco explorada, que funcionó como grupo de tareas en la ESMA a partir de 1981. Del GOEA participaron varios de los acusados de este juicio.
La primera pregunta fue sobre el Apostadero. Basterra fue uno de los detenidos-desaparecidos trasladados a la isla El Silencio en el Tigre, propiedad de la Iglesia Católica. Los secuestrados fueron llevados ahí para esconderlos de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a la ESMA. “Este viaje se hizo a inicios de septiembre, no recuerdo si el 3 o el 4”, dijo Basterra. “Nos suben a un vehículo y lo que se comentó era que la salida era de la Apostadora Naval de San Fernando, yo pensé que nos esperaba un tiro en la nuca. Fuimos llevados bastante brutalmente por un grupo de sujetos donde se olía mucho a alcohol, esposados y engrillados y con la capucha puesta, tomando distancia del compañero que uno tenía adelante. Nos llevaron a un lugar donde el agua se notaba cercana. Había diálogo entre estos secuestradores que por ejemplo decían: ‘Mirá la vieja ésa se asoma por la ventana’. ‘¡Dejá que le tiro!’, decía uno. Y otro le decía: ‘Ahora no, que va a haber mucho ruido’.”
Se ve que era una lancha pequeña, descapotable, dijo, porque les tiraron una lona encima. “Estábamos muy apiñados entre nosotros, yo tenía cuidado porque había sido lastimado por uno de los guardias en la columna.” Basterra ya había contado en otras ocasiones que en la isla obligaron a trabajar a algunos prisioneros. Esta vez le preguntaron qué trabajos se hacían. Algunos los obligaron a trabajar en una planta de la que se podía extraer el sisal para tejidos, de hojas grandes. A otros los llevaron a cortar árboles, “a hacer distintas tareas como mano de obra esclava”.
El sueco Carlos Lordkipanidse pidió al TOF una inspección ocular del lugar durante una de las primeras audiencias del juicio. Entregó fotos de los últimos años. Basterra dijo que no volvió a la isla pero “yo tendría que ir –dijo–, me quiero sacar las ganas de verla”.
En otras declaraciones, Basterra habló de los prisioneros trasladados a la isla. Esta vez le preguntaron por los que no fueron. “Teníamos un compañero en Capucha, que estaba ahí muy anterior al secuestro nuestro, le decían Topo, posteriormente supe que era Ricardo Sáenz. A ese compañero no lo trasladaron a la isla. También supe que había un secuestrado que era una especie de misterio: ‘Tachito’, que estaba en permanencia constante, se comentaba, en el sótano. ¿Y por qué le decían Tachito? Porque era un secuestrado en Nicaragua, por lo tanto Tachito Somoza y Nicaragua era una misma cosa, ésas eran versiones que oía yo.”
En el sótano, había dicho en una anterior declaración, “sólo quedaron algunas oficinas y el archivo del diario Noticias. Para la época de ese traslado se comentaba que iban a reformular la instalaciones. En el Pabellón Coy los sectores se distribuían de la siguiente manera: en la planta baja estaba la sala de armas, logística, la oficina de operaciones y la oficina del jefe del grupo de tareas. En la planta alta, los baños, una oficina de documentación, el laboratorio fotográfico, inteligencia, comunicaciones y también un lugar de descanso”.
Cuando ayer le preguntaron cuánto tiempo funcionó el Coy dijo: “Calculo que de mediados de septiembre del ’81 y hasta mediados de septiembre del ’82”. En ese pabellón, “no había capuchas, sé que habían empezado a hacer construcciones en el sótano, de ahí el traslado a este lugar donde se instaló la Logística”.
Entre los responsables nombró a varios. Miguel Angel Alberto Rodríguez, alias Angel; Luis Hildago, Castro Cisneros o como él lo llamó: el Angel Cisneros, era capitán de fragata, jefe de logística del GOEA y la persona que con “esos documentos falsos” alquilaba las quintas. También ubicó allí a Carlos Octavio Capdevilla, “que era médico, pero hacía tareas múltiples y era responsable de Comunicaciones” en esa época, dijo.
Fuente:Pagina12
Basterra. Muchos imputados maldicen por haberlo dejado vivo Víctor Basterra, que permaneció casi cinco años detenido-desaparecido en la ESMA, la mayor parte de ese tiempo como trabajador esclavo gracias a su habilidad en el laboratorio fotográfico y en la confección de pasaportes y otros documentos, fue uno de los principales testigos en el juicio a las juntas militares, y desde entonces ha declarado ante distintos tribunales varias veces. Basterra, quien sustrajo un album completo de fotografías de represores e incluso de algunas víctimas, se refirió ayer al funcionamiento del Grupo de Operaciones Especiales de la Armada (GOEA) que funcionó como grupo de tareas a partir de 1981 en el llamado Pabellón Coy de la ESMA, de la isla El Silencio (propiedad de la Iglesia Católica) adónde fueron llevados los prisioneros sobrevivientes en septiembre de 1979 para sustraerlos de la visita de la CIDH y cerró su exposición con lo que escribió Jorge Luis Borges después de escuchar en 1985 aquella primera declaración suya.
Fuente:Telam
VICTOR BASTERRA VOLVIO A APORTAR DETALLES SOBRE SU DETENCION EN LOS CENTROS CLANDESTINOS DE LA ARMADA
Otra recorrida por los recovecos de la ESMA
Desde el Juicio a las Juntas, Basterra viene aportando información relevante. Ayer, en un clima tenso, declaró ante el TOF 5.
Por Alejandra Dandan
Víctor Basterra leyó lo que escribió Jorge Luis Borges después de escuchar su testimonio en 1985.Imagen: Rafael Yohai
Víctor Basterra no eligió ni a Eduardo Galeano, ni a Daniel Viglietti ni al Che Guevara para decir las últimas palabras en la audiencia. Habían pasado seis horas de declaración. Un nuevo juicio. Su voz nuevamente recorriendo las profundidades de la Escuela de Mecánica de la Armada. Mucha tensión. Los defensores particulares, pero también los oficiales, lo interrogaron en ocasiones como lo haría un tribunal de guerra. La presidenta del Tribunal Oral Federal 5, Adriana Palliotti, con sus intervenciones no logró garantizar el respeto necesario para el testigo. Por eso, cuando terminó, Basterra les pidió especialmente a los defensores que leyeran el último párrafo que escribió Jorge Luis Borges después de escuchar su testimonio en el Juicio a las Juntas, en un texto llamado: “Lunes 22 de julio de 1985”.“Es curiosa la observación que los militares, que abolieron el Código Civil y prefirieron el secuestro, la tortura y la ejecución clandestina al ejercicio público de la ley, quieran acogerse a los beneficios de esa antigualla y busquen buenos defensores –dice el texto–. No menos admirable es que haya abogados que, desinteresadamente sin duda, se dediquen a resguardar de todo peligro a sus negadores de ayer.”
Esas líneas estuvieron destinadas entre otros a Guillermo Jesús Fanego, abogado de once represores, entre ellos Emir Sisul Hess, Rodolfo Oscar Cionchi y Miguel Angel García Velazco. La semana pasada, el entonces presidente en funciones del TOF 5, Daniel Obligado, trajo su martillo de juez a la audiencia para frenar las intervenciones de Fanego. Este abogado es un hombre engolanado que cuando interroga parece estar acusando sobre las militancias políticas o la reducción a la esclavitud. En ocasiones aun es más sofisticado. Cuando pregunta, vuelve a la escena y casi parece volver a golpear. “Si no le entendí mal –dijo ayer, por ejemplo–, usted habló de los responsables de su detención y mencionó a algunas personas.”
El primer golpe
Víctor Basterra recibió el premio al valor por haber sacado de la ESMA las fotografías con las que se lograron abrir las primeras investigaciones a los represores. En la lógica de Fanego, la defensa oficial se sumó al tono de impugnación y cuestionamiento al preguntarle por el trabajo esclavo que desarrolló en la ESMA. Querellas y fiscales objetaron. El tema no era ni siquiera objeto de debate. La responsabilidad más grave, sin embargo, la tuvo la presidenta del tribunal, que en este caso habilitó las preguntas porque pueden ser parte de una estrategia de la defensa. “Frente a experiencias tan traumáticas como éstas, el tribunal tiene la obligación de preservar a los testigos para que no sean vueltos a pasar por una situación traumática, porque son personas que fueron sometidas a tratos inhumanos, degradantes, con una pretensión absoluta de deshumanizarlos”, decía ayer Ana María Careaga, una de las sobrevivientes. “El enorme aporte de Víctor para los juicios y las investigaciones de la ESMA, de ir sacando los cuadritos que eran las fotos de esos represores. Entonces la responsabilidad histórica que tienen estas personas es preservar, y quien preside la audiencia debe preservar a los testigos que con su aporte y su testimonio están reescribiendo la historia.”
Olor a alcohol
Basterra de todos modos avanzó. Como siempre. En ocasiones hasta con humor. En términos de información, aportó datos sobre dos ejes importantes para el juicio. Por un lado, el rol del Apostadero Naval de San Fernando, otro espacio de la Fuerza de Tarea 3 como la propia ESMA, involucrado en el plan represivo. Y por otro lado, sobre el funcionamiento del Grupo de Operaciones Especiales de la Armada (GOEA), una estructura todavía poco explorada, que funcionó como grupo de tareas en la ESMA a partir de 1981. Del GOEA participaron varios de los acusados de este juicio.
La primera pregunta fue sobre el Apostadero. Basterra fue uno de los detenidos-desaparecidos trasladados a la isla El Silencio en el Tigre, propiedad de la Iglesia Católica. Los secuestrados fueron llevados ahí para esconderlos de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a la ESMA. “Este viaje se hizo a inicios de septiembre, no recuerdo si el 3 o el 4”, dijo Basterra. “Nos suben a un vehículo y lo que se comentó era que la salida era de la Apostadora Naval de San Fernando, yo pensé que nos esperaba un tiro en la nuca. Fuimos llevados bastante brutalmente por un grupo de sujetos donde se olía mucho a alcohol, esposados y engrillados y con la capucha puesta, tomando distancia del compañero que uno tenía adelante. Nos llevaron a un lugar donde el agua se notaba cercana. Había diálogo entre estos secuestradores que por ejemplo decían: ‘Mirá la vieja ésa se asoma por la ventana’. ‘¡Dejá que le tiro!’, decía uno. Y otro le decía: ‘Ahora no, que va a haber mucho ruido’.”
Se ve que era una lancha pequeña, descapotable, dijo, porque les tiraron una lona encima. “Estábamos muy apiñados entre nosotros, yo tenía cuidado porque había sido lastimado por uno de los guardias en la columna.” Basterra ya había contado en otras ocasiones que en la isla obligaron a trabajar a algunos prisioneros. Esta vez le preguntaron qué trabajos se hacían. Algunos los obligaron a trabajar en una planta de la que se podía extraer el sisal para tejidos, de hojas grandes. A otros los llevaron a cortar árboles, “a hacer distintas tareas como mano de obra esclava”.
El sueco Carlos Lordkipanidse pidió al TOF una inspección ocular del lugar durante una de las primeras audiencias del juicio. Entregó fotos de los últimos años. Basterra dijo que no volvió a la isla pero “yo tendría que ir –dijo–, me quiero sacar las ganas de verla”.
En otras declaraciones, Basterra habló de los prisioneros trasladados a la isla. Esta vez le preguntaron por los que no fueron. “Teníamos un compañero en Capucha, que estaba ahí muy anterior al secuestro nuestro, le decían Topo, posteriormente supe que era Ricardo Sáenz. A ese compañero no lo trasladaron a la isla. También supe que había un secuestrado que era una especie de misterio: ‘Tachito’, que estaba en permanencia constante, se comentaba, en el sótano. ¿Y por qué le decían Tachito? Porque era un secuestrado en Nicaragua, por lo tanto Tachito Somoza y Nicaragua era una misma cosa, ésas eran versiones que oía yo.”
En el sótano, había dicho en una anterior declaración, “sólo quedaron algunas oficinas y el archivo del diario Noticias. Para la época de ese traslado se comentaba que iban a reformular la instalaciones. En el Pabellón Coy los sectores se distribuían de la siguiente manera: en la planta baja estaba la sala de armas, logística, la oficina de operaciones y la oficina del jefe del grupo de tareas. En la planta alta, los baños, una oficina de documentación, el laboratorio fotográfico, inteligencia, comunicaciones y también un lugar de descanso”.
Cuando ayer le preguntaron cuánto tiempo funcionó el Coy dijo: “Calculo que de mediados de septiembre del ’81 y hasta mediados de septiembre del ’82”. En ese pabellón, “no había capuchas, sé que habían empezado a hacer construcciones en el sótano, de ahí el traslado a este lugar donde se instaló la Logística”.
Entre los responsables nombró a varios. Miguel Angel Alberto Rodríguez, alias Angel; Luis Hildago, Castro Cisneros o como él lo llamó: el Angel Cisneros, era capitán de fragata, jefe de logística del GOEA y la persona que con “esos documentos falsos” alquilaba las quintas. También ubicó allí a Carlos Octavio Capdevilla, “que era médico, pero hacía tareas múltiples y era responsable de Comunicaciones” en esa época, dijo.
Fuente:Pagina12
29 04 2013
TESTIMONIOS
Día 46. “Negro: si zafás de ésta, que no se la
lleven de arriba”
Fue el pedido que le hicieron los compañeros a Víctor Basterra en la ESMA. El
ex detenido-desaparecido amplió su testimonio hoy en el juicio. Sus
declaraciones anteriores fueron incorporadas en la causa.
El caso de Víctor Melchor Basterra (caso nro. 546)
Basterra era militante del Peronismo de Base y fue secuestrado el 10 de agosto de 1979 en su casa, junto con su esposa, Dora Laura Seoane, y su hija María Eva Basterra, de dos meses de edad. Víctor y Dora formaban parte del denominado “grupo Villaflor”, que habría sido “trasladado” en marzo de 1980. Basterra permaneció secuestrado bajo el control del Grupo de Tareas de la ESMA hasta julio de 1981, luego debió realizar tareas como mano de obra esclava en el centro clandestino hasta diciembre de 1983, aunque permaneció vigilado por el Grupo de Tareas hasta agosto de 1984.
Declaraciones anteriores
En el marco de las reglas de Casación para agilizar los juicios por delitos de lesa humanidad, el ex detenido-desaparecido de la ESMA fue citado hoy a ampliar sus declaraciones anteriores, por lo que se evitó reiterar parte del relato ya incorporado, en pos de no revictimizar al sobreviviente.
La declaración anterior de Víctor Basterra en instancia de juicio oral y público fue hace tres años: el 30 de abril del año 2010. En ese momento, prestó declaración testimonial durante alrededor de ocho horas.
Durante su cautiverio en la ESMA, Basterra fue sometido al trabajo esclavo. En aquel testimonio, Víctor dijo que estaba cumpliendo con el mandato que le impartieron sus entrañables compañeros, hoy desaparecidos: “Negro: si zafás de ésta, que no se la lleven de arriba”.
En su declaración anterior, Basterra detalló sus recuerdos sobre el operativo de secuestro en su casa: “Entraron por los techos al patio”. Pudo saber que eran entre 12 y 15 personas, de civil y con armas, que se llevaron primero a su compañera y su hija de 2 meses y medio de vida. A él le dedicaron una “paliza terrible”, le arrancaron una muela, le desplazaron el maxilar anterior. Le pusieron un sobretodo y lo subieron a un vehículo. Lo llevaron a un descampado, lo cambiaron de auto, lo encapucharon y lo pusieron en el piso, en la parte de atrás, con dos personas pisándolo. Todo el traslado estuvo esposado. Contó que una vez en la ESMA, lo desnudaron, lo ataron a una cama y lo picanearon. Él mismo pudo diferenciar, y contar, que esa picana “trabajaba más sobre el hamperaje que sobre el voltaje, para evitar el olor a carne quemada”.
Las torturas
Víctor contó que durante las torturas había una persona sentada en el borde de la cama, para ablandarles los músculos con un garrote y poder seguir siendo torturados. Lo llevaron a un lugar que después reconoció como Capucha.
“Una especie de nube, sólo sentía mis dolores, la angustia por la ausencia de mis seres queridos, mi mujer, mi hija. La angustia de estar en una situación que no manejaba, una situación de crueldad extrema, inimaginable”.
Contó que cada grillete tenía un par de candados, numerados. A él le había tocado el número 325. También contó que eran muchos los que participaban en las torturas. Pudo notar que luego fue encerrado en “una especie de cajón, con una capucha inmunda”. Ahí empezó a sentir que había más personas como él. Eran los compañeros. Tenía mucha sed, no le dieron agua por días. Fue atendido por un médico, “Tommy” (Carlos Capdevila). Víctor escuchó a ese mismo médico, que como tal hizo el juramento hipocrático de defender la vida, hacer chistes sobre las palpitaciones que le provocaba la tortura.
Luego detalló la dieta en la ESMA: medio mate cocido con un pan a la mañana, un sándwich naval de carne y lo mismo a la tarde y noche. La carne era fea.
Contó que en su primer mes de cautiverio supo que hubo dos violaciones a detenidas-desaparecidas, y también supo que no todas las personas víctimas de estos delitos lo contaban.
El trabajo esclavo en la ESMA
En su declaración del 2010 Basterra contó que, dados sus conocimientos bancarios y en fotografía, lo obligaban a falsificar documentos de los represores. Así fue que tuvo que hacerles pasaportes, credenciales del Renard, y otro tipo de documentación a los represores de la ESMA: Había una variedad de documentos solicitados, incluso certificados de defunción de los detenidos-desaparecidos, en los que lo obligaban a poner siempre: “paro cardíaco no traumático”.
Señaló que todo integrante del Grupo de Tareas tuvo su juego de documentos falsos, elaborados por él y Carlos Lorkipanidse, quien luego fue liberado. “Èramos prisioneros que estábamos obligados a cumplir una tarea a cambio de la vida”. Ejercían un “control familiar” sobre los prisioneros sometidos al trabajo esclavo.
Las fotos de la memoria
En su declaración anterior Basterra expuso las fotos que logró llevarse de la ESMA cuando tenía salidas autorizadas mientras realizada trabajo esclavo en el centro clandestino. Pudo resguardar dos tipos de fotografías: algunas tomadas por él y otra que no. Rescató imágenes de detenidos-desaparecidos, como Graciela Alberti y Fernando Brodsky. Las que son de su autoría son casi todas las que tuvo que tomarles a los represores para la documentación falsa que era obligado a elaborar. Basterra logró hacer una copia extra y eso es lo que se llevó de la ESMA, además de otras fotografías de represores que encontró.
En su declaración en el año 2010 todas esas imágenes (11 de víctimas y 71 de represores) fueron proyectadas en tamaño gigante en la sala y Basterra debió identificar a cada una de las personas. Todas esas imágenes son pruebas en la causa. Además, Víctor denunció que a principios de la democracia, entregó más material a Tribunales Militares, pero nunca más aparecieron.
Para concluir su testimonio anterior, Basterra les dijo a los jueces que su deseo era que “la verdad y la Justicia sean herramientas de la memoria”.
Una familia en la ESMA
Según consta en el pedido de elevación a juicio hecho por el fiscal Eduardo Taiano, “Víctor Melchor Basterra, militante del Peronismo de Base que pertenecía al gremio gráfico de la Federación Gráfica Bonaerense apodado `Víctor 2`, fue privado ilegítimamente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el día 10 de agosto de 1979 a las 11 horas, en su domicilio sito en la calle Tuyú nro. 1244 de la localidad de Valentín Alsina, Partido de Lanús, Provincia de Buenos Aires, junto con su esposa Dora Laura Seoane y su hija de 2 meses de edad María Eva Basterra, por personas vestidas de civil y armadas que integraban el G.T. 3.3/2. En ese procedimiento, intervino un automóvil marca Ford Falcon posiblemente celeste metalizado, conducido por Ricardo Miguel Cavallo, y también participaron Roberto González (alias `Federico`), Carlos Capdevila y el `Gordo Tomás`, indicando que quien comandaba el operativo era Adolfo Donda, secundado por Fernando Enrique Peyón, quien fue su principal agresor. En ese momento Basterra estaba convaleciendo de una intervención quirúrgica que se le había realizado a raíz de una hernia, no obstante lo cual en el operativo lo golpearon duramente inclusive en el lugar donde se le había practicado la operación.
Luego fue conducido a la ESMA, donde permaneció clandestinamente detenido bajo condiciones inhumanas de vida (sometido a las paupérrimas condiciones generales de alimentación, higiene y alojamiento que existían en el lugar, descriptas en el apartado III-A del presente, agravadas por la circunstancia de que su esposa, su hija de 2 meses de vida y amigos se hallaban cautivos en ese centro clandestino bajo las mismas deplorables condiciones). También fue atormentado mediante la aplicación de fuertes golpizas, incluso con palos o garrotes, descargas de corriente eléctrica y otros mecanismos de tortura, que le provocaron paros cardíacos. Participaron en forma directa en ese tipo de torturas, al menos, Peyón, Donda, Cavallo, D’Imperio, Del Cerro, Azic, `Patilla`, `Patita` y Capdevila. También sufrió amenazas de muerte por parte de Binotti.
Desde su llegada a la ESMA se le asignó el número `325`, a través del cual fue identificado en el centro clandestino de detención.
Durante su cautiverio, fue obligado a realizar tareas a favor de sus captores, sin recibir remuneración alguna a cambio. Uno de esos trabajos le fue encomendado por `Patilla`, y durante su ejecución, Orlando González se presentó en el lugar, le gritó, insultó y pellizcó, instándolo a que escribiera otras cosas acerca de su vida y su militancia. También realizó trabajos en el área de documentación.
Asimismo, fue desapoderado de diversos bienes de su propiedad, hechos que actualmente son investigados en la causa nro. 1376/04 del registro del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal nro. 12, Secretaría nro. 23.
Formaba parte del denominado `grupo Villaflor`, que habría sido `trasladado` en marzo de 1980. Permaneció detenido bajo el control del G.T. 3.3/2, hasta el mes de julio de 1981; luego debió concurrir diariamente a trabajar en ese centro clandestino hasta alrededor del 3 de diciembre de 1983, aunque permaneció bajo el control del Grupo de Tareas 3.3/2 hasta el mes de agosto de 1984”.
Sobre la hija de Víctor, secuestrada junto a su mamá y papá cuando tenía dos meses de edad, Taiano señaló: “María Eva Basterra (caso nro. 547) fue privada de su libertad el día 10 de agosto de 1979 al mediodía, en su domicilio sito en la calle Tuyú nro. 1244 de la localidad de Valentín Alsina, Partido de Lanús, Provincia de Buenos Aires, junto con sus padres Víctor Melchor Basterra y Dora Laura Seoane, por personas vestidas de civil y armadas que integraban el G.T. 3.3/2. En ese procedimiento, intervino un automóvil marca Ford Falcon posiblemente celeste metalizado, conducido por Ricardo Miguel Cavallo, y también participaron Roberto González (alias `Federico`), Carlos Capdevila, el `Gordo Tomás` y Yon, indicando que quien comandaba el operativo era Adolfo Donda, secundado por Fernando Enrique Peyón.
Luego fue conducida a la ESMA, donde permaneció clandestinamente alojada bajo condiciones inhumanas de vida (sometida a las paupérrimas condiciones generales de alimentación, higiene y alojamiento que existían en el lugar, descriptas en el apartado III-A del presente, agravadas por su condición de recién nacida y la circunstancia de que sus padres se hallaban cautivos en ese centro clandestino bajo las mismas deplorables condiciones). También, fue colocada por sus captores con personas ajenas al núcleo familiar de la niña, en el comedor contiguo al lugar donde los integrantes del G.T. estaban torturando físicamente a sus padres. Finalmente, fue liberada junto a su madre, a mediados del mes de agosto de 1979, aproximadamente a la medianoche, sin perjuicio de que los integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2 -como Luis Díaz Smith- continuaron visitando el hogar familiar”.
Sobre Dora Laura Seoane (caso 548), Taiano remarcó que “fue privada ilegítimamente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el día 10 de agosto de 1979 a las 11 hs., en su domicilio sito en la calle Tuyú nro. 1244 de la localidad de Valentín Alsina, Partido de Lanús, Provincia de Buenos Aires, junto con su esposo Víctor Melchor Basterra y su hija de 2 meses de edad María Eva Basterra, por personas vestidas de civil y armadas que integraban el G.T. 3.3/2. En ese procedimiento, intervino un automóvil marca Ford Falcon posiblemente celeste metalizado, conducido por Ricardo Miguel Cavallo, y también participaron Roberto González (alias `Federico`), Carlos Capdevila y el `Gordo Tomás`, indicando que quien comandaba el operativo era Adolfo Donda, secundado por Fernando Enrique Peyón.
Luego fue conducida a la ESMA, donde permaneció clandestinamente detenida bajo condiciones inhumanas de vida (sometida a las paupérrimas condiciones generales de alimentación, higiene y alojamiento que existían en el lugar, descriptas en el apartado III-A del presente, agravadas por la circunstancia de que su esposo, su hija de 2 meses de vida y amigos se hallaban cautivos en ese centro clandestino bajo las mismas deplorables condiciones). También fue atormentada mediante la aplicación de golpes y descargas de corriente eléctrica. Participaron en forma directa en esas torturas, al menos, Peyón, Donda, Cavallo y Del Cerro.
Formaba parte del denominado `grupo Villaflor`, que habría sido `trasladado` en marzo de 1980. Finalmente, fue liberada a mediados del mes de agosto de 1979, aproximadamente a la medianoche, junto con su bebé, sin perjuicio de que los integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2 -como Luis Díaz Smith- continuaron visitando el hogar familiar”.
El testimonio de hoy de Basterra
En la audiencia de hoy se amplió el testimonio para precisar datos no mencionados en declaraciones anteriores, necesarios para el juicio.
La isla
Una de las cuestiones en la que se le pidió que se explayara en su declaración de hoy fue en el traslado de prisioneros a una isla en el Tigre a raíz de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en 1979. “A principios de septiembre nos suben a un vehículo. Se comentó que nos trasladaron desde el Apostadero Naval de San Fernando. Fuimos llevados brutalmente por un grupo de sujetos, esposados y engrillados. Se escuchó un diálogo: ‘Mirá, la vieja esa nos mira, ¿le tiro?’ ‘No, dejá, va a hacer mucho ruido’”, contó Basterra.
También aclaró que Ricardo Pedro Sáenz, “Topo”, y otro detenido apodado “Tachito” no fueron trasladados a la isla –el apodo “Tachito”, según Basterra, se refiere a que había sido secuestrado en Nicaragua, y aludía al gobernante de ese país “Tachito” Somoza-.
Por otro lado, Alfredo Ayala, que “estuvo en la ESMA me comentó que estuvo en la isla cuando los trasladaron a todos y posteriormente también. Me dijo que hasta el 80”.
“Tengan felices fiestas”
A fin de 1979, el jefe de Inteligencia de ese momento, Luis D’Imperio, “jefe de los torturadores, tuvo la iniciativa de celebrar. Recuerdo que (Adolfo Miguel) Donda y (Fernando Enrique) Peyón estaban ahí. Nos bajaron de Capucha el 24 y el 31. Nos hicieron dejar los grilletes en la Huevera. (Ricardo) Supisiche, director de la Escuela de Mecánica de la Armada, también bajó, vestido de gala y nos dijo: ‘Señores, buenas noches, tengan felices fiestas’”, relató Basterra.
Represores
En la audiencia de hoy, a Basterra le expusieron un listado extenso de miembros del Grupo de Tareas. Él declaró que en el `80 fue llevado a La Plata. “’Ariel’, decían que era helicopterista, y era el responsable del sector 4. Me trasladó a mi casa el 17 de enero de 1980 y después de vuelta a la ESMA”.
Con respecto a “Guante”, aclaró que se le decía así “a los responsables de las tareas manuales. Había un tipo al que le decían `Guante`. Este sujeto viajó a Uruguay a entregar los pasaportes de Licio Gelli –creador de la logia italiana Propaganda 2-. Lo vi al principio, era una especie de mantenimiento. Lo dejé de ver en la primavera de 1982. Aparecía con ayudantes, que eran suboficiales”.
Sobre (Juan de Dios) Daer, imputado en el juicio, dijo que “creo que era un ‘Gustavo’. Era asistente en los vehículos. Había sido guardia. Creo que le decían ‘Oscar’”. Sobre Orlando González, también imputado en el juicio, declaró que su apodo era “Hormiga” y que era “auxiliar de Inteligencia. Venía y me pinchaba en la espalda con una aguja de tejer y me decía ‘escribí bien, hijo de puta’. Había ganado un concurso de fotografía de una revista”.
Acerca de (Edgardo Aroldo) Otero, otro imputado, comentó que fue “director de la Escuela de Mecánica de la Armada. Asumió en febrero de 1980 cuando se fue Supisiche. Le decían ‘Onda’”. En relación con el “’Gordo Tomás’, no lo alcancé a ver. Tengo entendido que participó del secuestro en mi casa. Lo escuchaba nombrar entre los compañeros. En mi casa, cuando me secuestran, me arrancó una muela, y él no era dentista”.
Respecto al “Chino”, dijo que era jefe de Operaciones: “andaba en una moto roja de alta cilindrada”. Sobre “Esteban”, refirió que conoció a uno, que “creía que era de la Policía, porque parecía, y que tenía un hijo de 14 años aproximadamente que jugaba al básquet en Ferro. Me trajo una foto para que se la enmarque, porque había salido campeón”, detalló Basterra.
La Fiscalía también le preguntó por “Pancho”, sobre quien declaró que “era del Servicio de Inteligencia Naval (SIN). Iba y venía entre Mar del Plata y la ESMA. Había trasladado a Alicia Ruszkowski de Pecoraro, ‘la Polaca’ desde Mar del Plata”.
Acerca de otros de los imputados del juicio, Claudio Orlando Pittana, el testigo dijo que “había jugado al rugby en Pucará y participó en el secuestro de Celina Rodríguez y Guillermo Cieza”. Sobre otro de los hombres en el banquillo, Jorge Manuel Díaz Smith, sostuvo que “fue el responsable del sector 4 (Sótano) desde el `80 hasta el `84”, mientras que (Jorge Carlos) Rádice, quien también está siendo juzgado, “estaba en los manejos medio raros que había en las cuestiones de propiedades, creo que era abogado. Era de la Armada”.
Pabellón Coy
“Funcionó de septiembre de 1981 hasta mediados o septiembre de 1982. En ese lugar no había gente encapuchada, sé que habían empezado a hacer reformas en el Sótano y por eso el traslado. Se mudó un parte de Logística y Comunicaciones. Vi a Carlos Capdevila (imputado), Mendoza, Eyzaguirre. También había una armería. También toda la parte de Operaciones e Inteligencia y la oficina de Donda (imputado). Recuerdo haber visto a (Claudio Orlando) Pittana y a (Daniel Humberto) Baucero, (también en el banquillo en este juicio). Tengo entendido que seguían operando y secuestrando gente en dos quintas”, amplió Basterra.
Las Quintas
Una de estas Quintas mencionadas estaba en Del Viso y la otra en Pacheco. “Creo que había un personaje, ‘Castro Cisneros’, le hicieron un documento falso y con eso alquilaron las quintas. ‘Castro Cisneros era un oficial de la Armada de apellido Rodríguez, era un sosías. Debe haber algún contrato de locación con este nombre. Al tipo le decían ‘Ángel’”.
Asimismo, comentó que “nos llevaron un día a una quinta de Pacheco, la reconocí por unas fotos que trajeron para que yo revelara de (Silvia Beatriz María) Dameri amamantando. Quedaba cerca de la fábrica de Ford. Ahí en la quinta había otro grupo de prisioneros”. También aclaró que “Rodríguez era una especie de auditor y participaba de operativos”.
Laura, la tercera hija de Silvia y Orlando Ruíz, nacida en cautiverio en la ESMA, fue apropiada por Juan Antonio Azic. Luego, en el año 2008, recuperó su identidad. Silvia y Orlando siguen desaparecidos.
GOEA
El GOEA era “el Grupo de Operaciones Especiales de la Armada, el Grupo de Tareas se convirtió en GOEA”, aclaró.
Alemann
“Hubo una dilación en subirnos del Sótano y estuvimos ahí toda la noche. Después me dijeron que era por ‘el ministro de Economía, ese Alemann’. Se dijo que Orlando (Orlando Antonio) Ruíz (secuestrado en la ESMA) era parte de un grupo que lo había atacado, había hecho un atentado” y que por ese motivo Alemann estaba en la ESMA, dijo.
Durante la última dictadura cívico-militar, Juan Alemann fue Secretaria de Hacienda, bajo el mando del entonces Ministro de Economía José Martínez de Hoz. En este juicio, Alemann es uno de los dos civiles imputados. Está siendo juzgado por el caso de Ruíz. El otro civil es el ex funcionario judicial Gonzalo Torres de Tolosa.
Jean Claude Critón
Basterra señaló al periodista francés Jean Claude Critón como un “compinche de la Marina” y además lo puso en la órbita del Centro Piloto de París que “funcionó para neutralizar lo que ellos llamaban la ‘campaña anti-argentina’.
Movimiento de detenidos
Basterra relató que a “Alcira Machi de Duarte, en algún momento la trasladaron a Campo de Mayo (otro dentro clandestino). Ahí ella vio a varios compañeros como ‘Petrus’, Horacio Campiglia. Me acuerdo porque a mí me habían dado máquina (picana) preguntándome por ‘Petrus’”. También habló del “grupo de los 8, que habían transitado por el circuito Atlético-Banco-Olimpo (ABO) y luego fueron llevados a la ESMA, por ejemplo Lucía Deón y Roberto Omar Ramírez”.
Sobre Ramírez, quien fue liberado y realizó diversas denuncias en el exterior, Basterra relató que (Jorge Manuel) Díaz Smith, en una “visita” a su casa le dijo “éste no vuelve porque lo mato yo”.
En su testimonio, Basterra también se refirió a Osvaldo Acosta, “Cacho”, sobre quien dijo que “fue secuestrado en Mar del Plata, era abogado, creo que formó parte de ‘La noche de las corbatas’, pasó por otros lados, creo que por el circuito Atlético-Banco-Olimpo. Aparentemente había pertenecido al Peronismo de Base”.
“Un muerto solitario”
Así dijo Basterra al recordar a Raimundo Aníbal Villaflor (caso nro. 540): “lo matan ahí, es un muerto solitario, lo llevan al campo de deportes y lo queman. Esto me lo contó un guardia, ‘Cresencio’”. Y continuó: “A ‘Lindoro’ (Víctor Roberto Olivera) yo le atribuyo el asesinato de Raimundo. Había dos versiones circulando, una que decía que Villaflor había tomado agua del inodoro y otra que fue matado a golpes, esta versión fue la que corroboró ‘Cresencio’”. Agregó que María Elsa Martínez, su esposa, fue “desaparecida a fines de marzo del 80”.
“Ánimo compañero”
En la audiencia de hoy a Basterra también le preguntaron por varios detenidos-desaparecidos, entre ellos por Mercedes Inés Carazo, “Lucy” (caso nro. 113), sobre quien sostuvo que “me agarró la mano, me la apretó y me dijo ‘ánimo compañero’. Tengo entendido que estaba en Montoneros”. Luego fue liberada.
El sobreviviente también habló sobre la familia Cieza-Rodríguez. Dijo que fue “secuestrada en agosto de 1979 en La Plata. Estuvieron unas horas y fueron liberados: Celina Rodríguez, y los hermanos Daniel y Guillermo Cieza”. Sobre Pablo Lepíscopo, “supe posteriormente que estuvo cautivo en la ESMA”. También habló sobre (Hugo) Frites, “Chino” o “Negrito”, quien “fue liberado, lo dejan en una calle pero se habían olvidado de sacarle los grilletes. Lo trajeron a la ESMA para sacarle los grilletes y luego lo liberan”.
Acerca del sobreviviente Carlos Alberto García (caso nro. 390) relató que “lo conocí posteriormente, estuvo en la ESMA. El ‘negro Roque’. Lo llevan como mano de obra esclava al diario Convicción y también conoció las instalaciones de la imprenta en la ESMA”.
Luego se refirió a Jorge Alberto Pared, “’pata Pared’ (caso nro. 574) y su mujer Sara Isabel Ponti (caso 575), están desaparecidos los dos”. Pared era militante de la Juventud Peronista en la Provincia de Chaco y Ponti fue médica del Sindicato de Telefónicos (FOETRA).
Sobre Ricardo Soria (caso nro. 582), dijo que “está desaparecido. Julio Fernández, ‘Tortuga’, se jactaba de casi matarlo a palos porque no quería marcar gente”, aseguró Basterra.
Acerca de Julio César Villar (caso nro. 588), el testigo declaró que también permanece desaparecido. Basterra lo vio “exámine bajar de un vehículo. Era una ranchera adaptada como ambulancia. Lo ingresaban en la enfermería de la ESMA”.
Sobreviviente de la Masacre de Trelew, pero no de la ESMA: Ricardo René Haidar
El año pasado se conoció la sentencia por la Masacre de Trelew, cometida en 1972. El fallo reconoció los delitos como de lesa humanidad. Entre los 22 presos políticos fusilados hubo tres sobrevivientes, que luego fueron víctimas del terrorismo de Estado de la última dictadura cívico-militar. Uno de ellos fue Ricardo Haidar (caso nro. 589). Luego de haber estado secuestrado en la ESMA permanece desaparecido.
Basterra calcula “que fue en el `82. Salía yo del laboratorio y me encontré que traían una persona en calzoncillos con las piernas lastimadas y la capucha medio levantada y lo reconocí por un seguimiento que se le había hecho”. Además contó que uno de los represores, Antonio Pereyra, “le decían ‘Leo’, hablando de Haidar dijo ‘pensar que a este hijo de puta lo conocí en (la Base) Almirante Zar”.
Declaración anticipada por la causa “Bienes”
Basterra declaró en el marco de la investigación que se realiza por el robo de bienes como parte de los delitos cometidos por el terrorismo de Estado. Los sobrevivientes señalaron un sector del edificio del Casino de Oficiales donde se guardaban muchos de los bienes robados en los operativos (“Pañol”).
Sobre su caso, Víctor contó que “el despojo es de la propiedad de Valentín Alsina, en Lanús. La casa estaba a nombre de mi madre. Se la llevaron y le hicieron firmar un poder especial para quedarse con la casa. Donda y Azic la llevaron a una escribanía por el centro. También estaba involucrado un tipo de apellido Molinari y creo que era de Prefectura. En algún momento la casa la compró alguien de apellido Sánchez, que tenía un hijo en la Policía. Nunca recuperamos la casa. Con el tiempo supe que hubo similares casos de despojo de propiedades y, además, en la ESMA, en el altillo, camino a ‘Pecera’ vi montañas de ropa y electrodomésticos”, relató Basterra.
“Te vas, pero no te hagás el pelotudo, porque la comunidad informativa siempre queda”
Con esas palabras, Julio César Binotti, quien está siendo juzgado, le comunicó a Basterra su liberación.
22 de julio de 1985
Jorge Luis Borges asistió a la declaración de Víctor Basterra durante el Juicio a las Juntas y a raíz de esa declaración escribió el texto: 22 de julio de 1985. Antes de finalizar la declaración de hoy, Basterra recomendó a todos los abogados defensores leer el último párrafo de ese escrito: “Es de curiosa observación que los militares, que abolieron el Código Civil y prefirieron el secuestro, la tortura y la ejecución clandestina al ejercicio público de la ley, quieran acogerse ahora a los beneficios de esa antigualla y busquen buenos defensores. No menos admirable es que haya abogados que, desinteresadamente sin duda, se dediquen a resguardar de todo peligro a sus negadores de ayer”.
Próxima audiencia
El juicio continuará el jueves 2 de mayo desde las 10:00 horas con más declaraciones testimoniales.
Fuente:MegacausaEsma
Basterra era militante del Peronismo de Base y fue secuestrado el 10 de agosto de 1979 en su casa, junto con su esposa, Dora Laura Seoane, y su hija María Eva Basterra, de dos meses de edad. Víctor y Dora formaban parte del denominado “grupo Villaflor”, que habría sido “trasladado” en marzo de 1980. Basterra permaneció secuestrado bajo el control del Grupo de Tareas de la ESMA hasta julio de 1981, luego debió realizar tareas como mano de obra esclava en el centro clandestino hasta diciembre de 1983, aunque permaneció vigilado por el Grupo de Tareas hasta agosto de 1984.
Declaraciones anteriores
En el marco de las reglas de Casación para agilizar los juicios por delitos de lesa humanidad, el ex detenido-desaparecido de la ESMA fue citado hoy a ampliar sus declaraciones anteriores, por lo que se evitó reiterar parte del relato ya incorporado, en pos de no revictimizar al sobreviviente.
La declaración anterior de Víctor Basterra en instancia de juicio oral y público fue hace tres años: el 30 de abril del año 2010. En ese momento, prestó declaración testimonial durante alrededor de ocho horas.
Durante su cautiverio en la ESMA, Basterra fue sometido al trabajo esclavo. En aquel testimonio, Víctor dijo que estaba cumpliendo con el mandato que le impartieron sus entrañables compañeros, hoy desaparecidos: “Negro: si zafás de ésta, que no se la lleven de arriba”.
En su declaración anterior, Basterra detalló sus recuerdos sobre el operativo de secuestro en su casa: “Entraron por los techos al patio”. Pudo saber que eran entre 12 y 15 personas, de civil y con armas, que se llevaron primero a su compañera y su hija de 2 meses y medio de vida. A él le dedicaron una “paliza terrible”, le arrancaron una muela, le desplazaron el maxilar anterior. Le pusieron un sobretodo y lo subieron a un vehículo. Lo llevaron a un descampado, lo cambiaron de auto, lo encapucharon y lo pusieron en el piso, en la parte de atrás, con dos personas pisándolo. Todo el traslado estuvo esposado. Contó que una vez en la ESMA, lo desnudaron, lo ataron a una cama y lo picanearon. Él mismo pudo diferenciar, y contar, que esa picana “trabajaba más sobre el hamperaje que sobre el voltaje, para evitar el olor a carne quemada”.
Las torturas
Víctor contó que durante las torturas había una persona sentada en el borde de la cama, para ablandarles los músculos con un garrote y poder seguir siendo torturados. Lo llevaron a un lugar que después reconoció como Capucha.
“Una especie de nube, sólo sentía mis dolores, la angustia por la ausencia de mis seres queridos, mi mujer, mi hija. La angustia de estar en una situación que no manejaba, una situación de crueldad extrema, inimaginable”.
Contó que cada grillete tenía un par de candados, numerados. A él le había tocado el número 325. También contó que eran muchos los que participaban en las torturas. Pudo notar que luego fue encerrado en “una especie de cajón, con una capucha inmunda”. Ahí empezó a sentir que había más personas como él. Eran los compañeros. Tenía mucha sed, no le dieron agua por días. Fue atendido por un médico, “Tommy” (Carlos Capdevila). Víctor escuchó a ese mismo médico, que como tal hizo el juramento hipocrático de defender la vida, hacer chistes sobre las palpitaciones que le provocaba la tortura.
Luego detalló la dieta en la ESMA: medio mate cocido con un pan a la mañana, un sándwich naval de carne y lo mismo a la tarde y noche. La carne era fea.
Contó que en su primer mes de cautiverio supo que hubo dos violaciones a detenidas-desaparecidas, y también supo que no todas las personas víctimas de estos delitos lo contaban.
El trabajo esclavo en la ESMA
En su declaración del 2010 Basterra contó que, dados sus conocimientos bancarios y en fotografía, lo obligaban a falsificar documentos de los represores. Así fue que tuvo que hacerles pasaportes, credenciales del Renard, y otro tipo de documentación a los represores de la ESMA: Había una variedad de documentos solicitados, incluso certificados de defunción de los detenidos-desaparecidos, en los que lo obligaban a poner siempre: “paro cardíaco no traumático”.
Señaló que todo integrante del Grupo de Tareas tuvo su juego de documentos falsos, elaborados por él y Carlos Lorkipanidse, quien luego fue liberado. “Èramos prisioneros que estábamos obligados a cumplir una tarea a cambio de la vida”. Ejercían un “control familiar” sobre los prisioneros sometidos al trabajo esclavo.
Las fotos de la memoria
En su declaración anterior Basterra expuso las fotos que logró llevarse de la ESMA cuando tenía salidas autorizadas mientras realizada trabajo esclavo en el centro clandestino. Pudo resguardar dos tipos de fotografías: algunas tomadas por él y otra que no. Rescató imágenes de detenidos-desaparecidos, como Graciela Alberti y Fernando Brodsky. Las que son de su autoría son casi todas las que tuvo que tomarles a los represores para la documentación falsa que era obligado a elaborar. Basterra logró hacer una copia extra y eso es lo que se llevó de la ESMA, además de otras fotografías de represores que encontró.
En su declaración en el año 2010 todas esas imágenes (11 de víctimas y 71 de represores) fueron proyectadas en tamaño gigante en la sala y Basterra debió identificar a cada una de las personas. Todas esas imágenes son pruebas en la causa. Además, Víctor denunció que a principios de la democracia, entregó más material a Tribunales Militares, pero nunca más aparecieron.
Para concluir su testimonio anterior, Basterra les dijo a los jueces que su deseo era que “la verdad y la Justicia sean herramientas de la memoria”.
Una familia en la ESMA
Según consta en el pedido de elevación a juicio hecho por el fiscal Eduardo Taiano, “Víctor Melchor Basterra, militante del Peronismo de Base que pertenecía al gremio gráfico de la Federación Gráfica Bonaerense apodado `Víctor 2`, fue privado ilegítimamente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el día 10 de agosto de 1979 a las 11 horas, en su domicilio sito en la calle Tuyú nro. 1244 de la localidad de Valentín Alsina, Partido de Lanús, Provincia de Buenos Aires, junto con su esposa Dora Laura Seoane y su hija de 2 meses de edad María Eva Basterra, por personas vestidas de civil y armadas que integraban el G.T. 3.3/2. En ese procedimiento, intervino un automóvil marca Ford Falcon posiblemente celeste metalizado, conducido por Ricardo Miguel Cavallo, y también participaron Roberto González (alias `Federico`), Carlos Capdevila y el `Gordo Tomás`, indicando que quien comandaba el operativo era Adolfo Donda, secundado por Fernando Enrique Peyón, quien fue su principal agresor. En ese momento Basterra estaba convaleciendo de una intervención quirúrgica que se le había realizado a raíz de una hernia, no obstante lo cual en el operativo lo golpearon duramente inclusive en el lugar donde se le había practicado la operación.
Luego fue conducido a la ESMA, donde permaneció clandestinamente detenido bajo condiciones inhumanas de vida (sometido a las paupérrimas condiciones generales de alimentación, higiene y alojamiento que existían en el lugar, descriptas en el apartado III-A del presente, agravadas por la circunstancia de que su esposa, su hija de 2 meses de vida y amigos se hallaban cautivos en ese centro clandestino bajo las mismas deplorables condiciones). También fue atormentado mediante la aplicación de fuertes golpizas, incluso con palos o garrotes, descargas de corriente eléctrica y otros mecanismos de tortura, que le provocaron paros cardíacos. Participaron en forma directa en ese tipo de torturas, al menos, Peyón, Donda, Cavallo, D’Imperio, Del Cerro, Azic, `Patilla`, `Patita` y Capdevila. También sufrió amenazas de muerte por parte de Binotti.
Desde su llegada a la ESMA se le asignó el número `325`, a través del cual fue identificado en el centro clandestino de detención.
Durante su cautiverio, fue obligado a realizar tareas a favor de sus captores, sin recibir remuneración alguna a cambio. Uno de esos trabajos le fue encomendado por `Patilla`, y durante su ejecución, Orlando González se presentó en el lugar, le gritó, insultó y pellizcó, instándolo a que escribiera otras cosas acerca de su vida y su militancia. También realizó trabajos en el área de documentación.
Asimismo, fue desapoderado de diversos bienes de su propiedad, hechos que actualmente son investigados en la causa nro. 1376/04 del registro del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal nro. 12, Secretaría nro. 23.
Formaba parte del denominado `grupo Villaflor`, que habría sido `trasladado` en marzo de 1980. Permaneció detenido bajo el control del G.T. 3.3/2, hasta el mes de julio de 1981; luego debió concurrir diariamente a trabajar en ese centro clandestino hasta alrededor del 3 de diciembre de 1983, aunque permaneció bajo el control del Grupo de Tareas 3.3/2 hasta el mes de agosto de 1984”.
Sobre la hija de Víctor, secuestrada junto a su mamá y papá cuando tenía dos meses de edad, Taiano señaló: “María Eva Basterra (caso nro. 547) fue privada de su libertad el día 10 de agosto de 1979 al mediodía, en su domicilio sito en la calle Tuyú nro. 1244 de la localidad de Valentín Alsina, Partido de Lanús, Provincia de Buenos Aires, junto con sus padres Víctor Melchor Basterra y Dora Laura Seoane, por personas vestidas de civil y armadas que integraban el G.T. 3.3/2. En ese procedimiento, intervino un automóvil marca Ford Falcon posiblemente celeste metalizado, conducido por Ricardo Miguel Cavallo, y también participaron Roberto González (alias `Federico`), Carlos Capdevila, el `Gordo Tomás` y Yon, indicando que quien comandaba el operativo era Adolfo Donda, secundado por Fernando Enrique Peyón.
Luego fue conducida a la ESMA, donde permaneció clandestinamente alojada bajo condiciones inhumanas de vida (sometida a las paupérrimas condiciones generales de alimentación, higiene y alojamiento que existían en el lugar, descriptas en el apartado III-A del presente, agravadas por su condición de recién nacida y la circunstancia de que sus padres se hallaban cautivos en ese centro clandestino bajo las mismas deplorables condiciones). También, fue colocada por sus captores con personas ajenas al núcleo familiar de la niña, en el comedor contiguo al lugar donde los integrantes del G.T. estaban torturando físicamente a sus padres. Finalmente, fue liberada junto a su madre, a mediados del mes de agosto de 1979, aproximadamente a la medianoche, sin perjuicio de que los integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2 -como Luis Díaz Smith- continuaron visitando el hogar familiar”.
Sobre Dora Laura Seoane (caso 548), Taiano remarcó que “fue privada ilegítimamente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el día 10 de agosto de 1979 a las 11 hs., en su domicilio sito en la calle Tuyú nro. 1244 de la localidad de Valentín Alsina, Partido de Lanús, Provincia de Buenos Aires, junto con su esposo Víctor Melchor Basterra y su hija de 2 meses de edad María Eva Basterra, por personas vestidas de civil y armadas que integraban el G.T. 3.3/2. En ese procedimiento, intervino un automóvil marca Ford Falcon posiblemente celeste metalizado, conducido por Ricardo Miguel Cavallo, y también participaron Roberto González (alias `Federico`), Carlos Capdevila y el `Gordo Tomás`, indicando que quien comandaba el operativo era Adolfo Donda, secundado por Fernando Enrique Peyón.
Luego fue conducida a la ESMA, donde permaneció clandestinamente detenida bajo condiciones inhumanas de vida (sometida a las paupérrimas condiciones generales de alimentación, higiene y alojamiento que existían en el lugar, descriptas en el apartado III-A del presente, agravadas por la circunstancia de que su esposo, su hija de 2 meses de vida y amigos se hallaban cautivos en ese centro clandestino bajo las mismas deplorables condiciones). También fue atormentada mediante la aplicación de golpes y descargas de corriente eléctrica. Participaron en forma directa en esas torturas, al menos, Peyón, Donda, Cavallo y Del Cerro.
Formaba parte del denominado `grupo Villaflor`, que habría sido `trasladado` en marzo de 1980. Finalmente, fue liberada a mediados del mes de agosto de 1979, aproximadamente a la medianoche, junto con su bebé, sin perjuicio de que los integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2 -como Luis Díaz Smith- continuaron visitando el hogar familiar”.
El testimonio de hoy de Basterra
En la audiencia de hoy se amplió el testimonio para precisar datos no mencionados en declaraciones anteriores, necesarios para el juicio.
La isla
Una de las cuestiones en la que se le pidió que se explayara en su declaración de hoy fue en el traslado de prisioneros a una isla en el Tigre a raíz de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en 1979. “A principios de septiembre nos suben a un vehículo. Se comentó que nos trasladaron desde el Apostadero Naval de San Fernando. Fuimos llevados brutalmente por un grupo de sujetos, esposados y engrillados. Se escuchó un diálogo: ‘Mirá, la vieja esa nos mira, ¿le tiro?’ ‘No, dejá, va a hacer mucho ruido’”, contó Basterra.
También aclaró que Ricardo Pedro Sáenz, “Topo”, y otro detenido apodado “Tachito” no fueron trasladados a la isla –el apodo “Tachito”, según Basterra, se refiere a que había sido secuestrado en Nicaragua, y aludía al gobernante de ese país “Tachito” Somoza-.
Por otro lado, Alfredo Ayala, que “estuvo en la ESMA me comentó que estuvo en la isla cuando los trasladaron a todos y posteriormente también. Me dijo que hasta el 80”.
“Tengan felices fiestas”
A fin de 1979, el jefe de Inteligencia de ese momento, Luis D’Imperio, “jefe de los torturadores, tuvo la iniciativa de celebrar. Recuerdo que (Adolfo Miguel) Donda y (Fernando Enrique) Peyón estaban ahí. Nos bajaron de Capucha el 24 y el 31. Nos hicieron dejar los grilletes en la Huevera. (Ricardo) Supisiche, director de la Escuela de Mecánica de la Armada, también bajó, vestido de gala y nos dijo: ‘Señores, buenas noches, tengan felices fiestas’”, relató Basterra.
Represores
En la audiencia de hoy, a Basterra le expusieron un listado extenso de miembros del Grupo de Tareas. Él declaró que en el `80 fue llevado a La Plata. “’Ariel’, decían que era helicopterista, y era el responsable del sector 4. Me trasladó a mi casa el 17 de enero de 1980 y después de vuelta a la ESMA”.
Con respecto a “Guante”, aclaró que se le decía así “a los responsables de las tareas manuales. Había un tipo al que le decían `Guante`. Este sujeto viajó a Uruguay a entregar los pasaportes de Licio Gelli –creador de la logia italiana Propaganda 2-. Lo vi al principio, era una especie de mantenimiento. Lo dejé de ver en la primavera de 1982. Aparecía con ayudantes, que eran suboficiales”.
Sobre (Juan de Dios) Daer, imputado en el juicio, dijo que “creo que era un ‘Gustavo’. Era asistente en los vehículos. Había sido guardia. Creo que le decían ‘Oscar’”. Sobre Orlando González, también imputado en el juicio, declaró que su apodo era “Hormiga” y que era “auxiliar de Inteligencia. Venía y me pinchaba en la espalda con una aguja de tejer y me decía ‘escribí bien, hijo de puta’. Había ganado un concurso de fotografía de una revista”.
Acerca de (Edgardo Aroldo) Otero, otro imputado, comentó que fue “director de la Escuela de Mecánica de la Armada. Asumió en febrero de 1980 cuando se fue Supisiche. Le decían ‘Onda’”. En relación con el “’Gordo Tomás’, no lo alcancé a ver. Tengo entendido que participó del secuestro en mi casa. Lo escuchaba nombrar entre los compañeros. En mi casa, cuando me secuestran, me arrancó una muela, y él no era dentista”.
Respecto al “Chino”, dijo que era jefe de Operaciones: “andaba en una moto roja de alta cilindrada”. Sobre “Esteban”, refirió que conoció a uno, que “creía que era de la Policía, porque parecía, y que tenía un hijo de 14 años aproximadamente que jugaba al básquet en Ferro. Me trajo una foto para que se la enmarque, porque había salido campeón”, detalló Basterra.
La Fiscalía también le preguntó por “Pancho”, sobre quien declaró que “era del Servicio de Inteligencia Naval (SIN). Iba y venía entre Mar del Plata y la ESMA. Había trasladado a Alicia Ruszkowski de Pecoraro, ‘la Polaca’ desde Mar del Plata”.
Acerca de otros de los imputados del juicio, Claudio Orlando Pittana, el testigo dijo que “había jugado al rugby en Pucará y participó en el secuestro de Celina Rodríguez y Guillermo Cieza”. Sobre otro de los hombres en el banquillo, Jorge Manuel Díaz Smith, sostuvo que “fue el responsable del sector 4 (Sótano) desde el `80 hasta el `84”, mientras que (Jorge Carlos) Rádice, quien también está siendo juzgado, “estaba en los manejos medio raros que había en las cuestiones de propiedades, creo que era abogado. Era de la Armada”.
Pabellón Coy
“Funcionó de septiembre de 1981 hasta mediados o septiembre de 1982. En ese lugar no había gente encapuchada, sé que habían empezado a hacer reformas en el Sótano y por eso el traslado. Se mudó un parte de Logística y Comunicaciones. Vi a Carlos Capdevila (imputado), Mendoza, Eyzaguirre. También había una armería. También toda la parte de Operaciones e Inteligencia y la oficina de Donda (imputado). Recuerdo haber visto a (Claudio Orlando) Pittana y a (Daniel Humberto) Baucero, (también en el banquillo en este juicio). Tengo entendido que seguían operando y secuestrando gente en dos quintas”, amplió Basterra.
Las Quintas
Una de estas Quintas mencionadas estaba en Del Viso y la otra en Pacheco. “Creo que había un personaje, ‘Castro Cisneros’, le hicieron un documento falso y con eso alquilaron las quintas. ‘Castro Cisneros era un oficial de la Armada de apellido Rodríguez, era un sosías. Debe haber algún contrato de locación con este nombre. Al tipo le decían ‘Ángel’”.
Asimismo, comentó que “nos llevaron un día a una quinta de Pacheco, la reconocí por unas fotos que trajeron para que yo revelara de (Silvia Beatriz María) Dameri amamantando. Quedaba cerca de la fábrica de Ford. Ahí en la quinta había otro grupo de prisioneros”. También aclaró que “Rodríguez era una especie de auditor y participaba de operativos”.
Laura, la tercera hija de Silvia y Orlando Ruíz, nacida en cautiverio en la ESMA, fue apropiada por Juan Antonio Azic. Luego, en el año 2008, recuperó su identidad. Silvia y Orlando siguen desaparecidos.
GOEA
El GOEA era “el Grupo de Operaciones Especiales de la Armada, el Grupo de Tareas se convirtió en GOEA”, aclaró.
Alemann
“Hubo una dilación en subirnos del Sótano y estuvimos ahí toda la noche. Después me dijeron que era por ‘el ministro de Economía, ese Alemann’. Se dijo que Orlando (Orlando Antonio) Ruíz (secuestrado en la ESMA) era parte de un grupo que lo había atacado, había hecho un atentado” y que por ese motivo Alemann estaba en la ESMA, dijo.
Durante la última dictadura cívico-militar, Juan Alemann fue Secretaria de Hacienda, bajo el mando del entonces Ministro de Economía José Martínez de Hoz. En este juicio, Alemann es uno de los dos civiles imputados. Está siendo juzgado por el caso de Ruíz. El otro civil es el ex funcionario judicial Gonzalo Torres de Tolosa.
Jean Claude Critón
Basterra señaló al periodista francés Jean Claude Critón como un “compinche de la Marina” y además lo puso en la órbita del Centro Piloto de París que “funcionó para neutralizar lo que ellos llamaban la ‘campaña anti-argentina’.
Movimiento de detenidos
Basterra relató que a “Alcira Machi de Duarte, en algún momento la trasladaron a Campo de Mayo (otro dentro clandestino). Ahí ella vio a varios compañeros como ‘Petrus’, Horacio Campiglia. Me acuerdo porque a mí me habían dado máquina (picana) preguntándome por ‘Petrus’”. También habló del “grupo de los 8, que habían transitado por el circuito Atlético-Banco-Olimpo (ABO) y luego fueron llevados a la ESMA, por ejemplo Lucía Deón y Roberto Omar Ramírez”.
Sobre Ramírez, quien fue liberado y realizó diversas denuncias en el exterior, Basterra relató que (Jorge Manuel) Díaz Smith, en una “visita” a su casa le dijo “éste no vuelve porque lo mato yo”.
En su testimonio, Basterra también se refirió a Osvaldo Acosta, “Cacho”, sobre quien dijo que “fue secuestrado en Mar del Plata, era abogado, creo que formó parte de ‘La noche de las corbatas’, pasó por otros lados, creo que por el circuito Atlético-Banco-Olimpo. Aparentemente había pertenecido al Peronismo de Base”.
“Un muerto solitario”
Así dijo Basterra al recordar a Raimundo Aníbal Villaflor (caso nro. 540): “lo matan ahí, es un muerto solitario, lo llevan al campo de deportes y lo queman. Esto me lo contó un guardia, ‘Cresencio’”. Y continuó: “A ‘Lindoro’ (Víctor Roberto Olivera) yo le atribuyo el asesinato de Raimundo. Había dos versiones circulando, una que decía que Villaflor había tomado agua del inodoro y otra que fue matado a golpes, esta versión fue la que corroboró ‘Cresencio’”. Agregó que María Elsa Martínez, su esposa, fue “desaparecida a fines de marzo del 80”.
“Ánimo compañero”
En la audiencia de hoy a Basterra también le preguntaron por varios detenidos-desaparecidos, entre ellos por Mercedes Inés Carazo, “Lucy” (caso nro. 113), sobre quien sostuvo que “me agarró la mano, me la apretó y me dijo ‘ánimo compañero’. Tengo entendido que estaba en Montoneros”. Luego fue liberada.
El sobreviviente también habló sobre la familia Cieza-Rodríguez. Dijo que fue “secuestrada en agosto de 1979 en La Plata. Estuvieron unas horas y fueron liberados: Celina Rodríguez, y los hermanos Daniel y Guillermo Cieza”. Sobre Pablo Lepíscopo, “supe posteriormente que estuvo cautivo en la ESMA”. También habló sobre (Hugo) Frites, “Chino” o “Negrito”, quien “fue liberado, lo dejan en una calle pero se habían olvidado de sacarle los grilletes. Lo trajeron a la ESMA para sacarle los grilletes y luego lo liberan”.
Acerca del sobreviviente Carlos Alberto García (caso nro. 390) relató que “lo conocí posteriormente, estuvo en la ESMA. El ‘negro Roque’. Lo llevan como mano de obra esclava al diario Convicción y también conoció las instalaciones de la imprenta en la ESMA”.
Luego se refirió a Jorge Alberto Pared, “’pata Pared’ (caso nro. 574) y su mujer Sara Isabel Ponti (caso 575), están desaparecidos los dos”. Pared era militante de la Juventud Peronista en la Provincia de Chaco y Ponti fue médica del Sindicato de Telefónicos (FOETRA).
Sobre Ricardo Soria (caso nro. 582), dijo que “está desaparecido. Julio Fernández, ‘Tortuga’, se jactaba de casi matarlo a palos porque no quería marcar gente”, aseguró Basterra.
Acerca de Julio César Villar (caso nro. 588), el testigo declaró que también permanece desaparecido. Basterra lo vio “exámine bajar de un vehículo. Era una ranchera adaptada como ambulancia. Lo ingresaban en la enfermería de la ESMA”.
Sobreviviente de la Masacre de Trelew, pero no de la ESMA: Ricardo René Haidar
El año pasado se conoció la sentencia por la Masacre de Trelew, cometida en 1972. El fallo reconoció los delitos como de lesa humanidad. Entre los 22 presos políticos fusilados hubo tres sobrevivientes, que luego fueron víctimas del terrorismo de Estado de la última dictadura cívico-militar. Uno de ellos fue Ricardo Haidar (caso nro. 589). Luego de haber estado secuestrado en la ESMA permanece desaparecido.
Basterra calcula “que fue en el `82. Salía yo del laboratorio y me encontré que traían una persona en calzoncillos con las piernas lastimadas y la capucha medio levantada y lo reconocí por un seguimiento que se le había hecho”. Además contó que uno de los represores, Antonio Pereyra, “le decían ‘Leo’, hablando de Haidar dijo ‘pensar que a este hijo de puta lo conocí en (la Base) Almirante Zar”.
Declaración anticipada por la causa “Bienes”
Basterra declaró en el marco de la investigación que se realiza por el robo de bienes como parte de los delitos cometidos por el terrorismo de Estado. Los sobrevivientes señalaron un sector del edificio del Casino de Oficiales donde se guardaban muchos de los bienes robados en los operativos (“Pañol”).
Sobre su caso, Víctor contó que “el despojo es de la propiedad de Valentín Alsina, en Lanús. La casa estaba a nombre de mi madre. Se la llevaron y le hicieron firmar un poder especial para quedarse con la casa. Donda y Azic la llevaron a una escribanía por el centro. También estaba involucrado un tipo de apellido Molinari y creo que era de Prefectura. En algún momento la casa la compró alguien de apellido Sánchez, que tenía un hijo en la Policía. Nunca recuperamos la casa. Con el tiempo supe que hubo similares casos de despojo de propiedades y, además, en la ESMA, en el altillo, camino a ‘Pecera’ vi montañas de ropa y electrodomésticos”, relató Basterra.
“Te vas, pero no te hagás el pelotudo, porque la comunidad informativa siempre queda”
Con esas palabras, Julio César Binotti, quien está siendo juzgado, le comunicó a Basterra su liberación.
22 de julio de 1985
Jorge Luis Borges asistió a la declaración de Víctor Basterra durante el Juicio a las Juntas y a raíz de esa declaración escribió el texto: 22 de julio de 1985. Antes de finalizar la declaración de hoy, Basterra recomendó a todos los abogados defensores leer el último párrafo de ese escrito: “Es de curiosa observación que los militares, que abolieron el Código Civil y prefirieron el secuestro, la tortura y la ejecución clandestina al ejercicio público de la ley, quieran acogerse ahora a los beneficios de esa antigualla y busquen buenos defensores. No menos admirable es que haya abogados que, desinteresadamente sin duda, se dediquen a resguardar de todo peligro a sus negadores de ayer”.
Próxima audiencia
El juicio continuará el jueves 2 de mayo desde las 10:00 horas con más declaraciones testimoniales.
Fuente:MegacausaEsma


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