Presentación del libro Misas Radiales de Mons. Angelelli – Tomo III – Años 1972 y 1973, de Ediciones Tiempo Latinoamericano:
El lunes 6 de agosto, a las 20,30 hs., en la Feria del Libro, en la ciudad de La Rioja.
El jueves 9 de agosto, a las 20 hs. en el Auditorio de la Universidad Católica, Obispo Trejo 323, ciudad de Córdoba.
A 36 años del martirio
LAS MISAS PROHIBIDAS DE
MONS. ANGELELLI
Luis Miguel Baronetto[1]
Las misas desde la Catedral del
Obispo Angelelli fueron prohibidas a fines de 1971, hasta junio de 1973. Su
palabra transmitida en las homilías radiales fue silenciada. Ediciones Tiempo Latinoamericano, de Córdoba,
acaba de publicar las predicaciones de los años 1972 y 1973. Son los dos años
donde recrudecen los conflictos de los opositores a la pastoral diocesana a
favor de los pobres. Las prédicas del Obispo que llegaban a todos los rincones
riojanos por LV 14 radio Joaquín V. González, debían ser acalladas porque resultaban
no sólo molestas a los oídos de los poderosos y cuestionadoras de las
injusticias; sino alentadoras a la participación y a la organización en defensa
de la vida, la justicia y la dignidad de los empobrecidos. Esa palabra
episcopal no era inocua, etérea, despegada de las problemáticas cotidianas. Arraigada
en las necesidades concretas de las que el Obispo se hacía eco para que fueran
asumidas por el conjunto de la comunidad en el compromiso de las soluciones,
tanto de los ciudadanos como de los gobernantes. La palabra fue suspendida cuando desembocó en acción organizada, que provocó la reacción violenta de hacendados,
latifundistas y otros beneficiarios de aquel desorden establecido sobre las
injusticias sociales.
En marzo de 1972 el párroco
Aguedo Pucheta, en Famatina, y dos laicos fueron interceptados en su vehículo
por una patota del latifundio Huiracocha, que les propinó una feroz paliza. En
esa zona y en la casa parroquial de Olta, con el P. Ruiz, se organizaba
entonces AOMA, el sindicato de los mineros. Angelelli dijo: “Abramos los ojos y no nos prestemos a esta
indiferencia ni a la explotación de nuestro pueblo. Para comprender mejor el
hecho de Famatina, hay que pensar, entre otras cosas, en la ‘carestía de la
vida’, en los ‘presos’ que no lo son por ‘delito común, en los torturados, en
los perseguidos por ejercer la justicia según las enseñanzas de
Jesucristo…Quieren hacernos callar como pastores de nuestro pueblo.” (12 de
marzo/1972).
En junio el obispo denunció en la
prensa a los servicios de inteligencia con sede en Córdoba que presionaban a
los campesinos de Sierra de los Quinteros y Merced la Chimenea para comprarles
el ganado a bajo precio y quedarse con sus tierras. En el norte, el Movimiento
Rural Diocesano organizó la cooperativa CODETRAL, que reclamaba la expropiación
del latifundio Azzalini, entre Aminga y Anillaco. Los terratenientes de la zona,
apoyados por el diario el Sol, que abrió sus páginas ese mismo año, orquestaron
difamaciones injuriosas al Obispo Angelelli. Lo acusaron de comunista y de
pretender instalar “granjas rusas como en Cuba”. Cuando la movilización de los
campesinos llegó con sus reclamos a la capital riojana, la respuesta del
gobierno militar de entonces fue la detención de dos sacerdotes, Enrri Praolini
y Antonio Gill, acusados de subversivos. Ante semejante agresión a la pastoral
diocesana, el Obispo se instaló otra vez en la Catedral para convocar a un
Tinkunaco, que también fue prohibido. San Nicolás y el Niño Alcalde quedaron
cada uno en la puerta de su templo hasta que tuvieran autorización de los
dictadores de turno para juntarse con su pueblo, en el tradicional Encuentro,
como lo denunció públicamente Mons. Angelelli. En noviembre un grupo de padres del
tradicionalismo católico impidió al obispo presidir las celebraciones del
centenario del Colegio regenteado por las religiosas Esclavas del Corazón de
Jesús, en disidencia con las orientaciones pastorales diocesanas que estaban inspiradas
en la renovación conciliar (1962-1965) y las transformaciones sociales
alentadas por los obispos latinoamericanos en Medellín (1968).
1973 fue el
año de la lucha por la tierra y las expectativas de liberación. Los campesinos
de CODETRAL esperaron que se cumplieran las promesas electorales. Carlos Menem
había levantado la consigna por la liberación nacional y social; y “la tierra
para quien la trabaja”. El Obispo acompañó las aspiraciones populares,
advirtiendo también que “la verdadera
liberación de un pueblo” exige tener un corazón recto, porque no se le
puede poner “vestidos nuevos a lo que ya
es viejo” (15/julio/1973). Era un llamado de
atención a las autoridades votadas por el pueblo para no traicionar las
expectativas populares. Más aún cuando eran evidentes las presiones de los señores
feudales acostumbrados a la impunidad, también cubierta por el manto de una
religión que prometía el cielo del más allá con el sufrimiento de los pobres en
el más acá. Se llegó al extremo cuando los terratenientes de Anillaco y Aminga
expulsaron con violencia al Obispo Angelelli y sus acompañantes en las fiestas
patronales de San Antonio, el trece de junio de 1973. Pocos días después destruyeron
la casa de las religiosas y la sede de CODETRAL. Fue la violencia que
necesitaban implantar para infundir el terror y conseguir que la legislatura
rechazara la expropiación del latifundio de Azzalini para la cooperativa. El
conflicto socio económico y político como lo definió Angelelli, que quisieron
disfrazar de religioso, con la complicidad del poder político – legislativo con
la división del bloque del FREJULI en alianza con los radicales y el gobernador
Menem - terminó negando el derecho de los pobres a tener su tierra para el
cultivo, la cosecha y la vida. La palabra
recuperada de la Misa Radial del Obispo – el 10 de junio de 1973 en la
fiesta de Pentecostés - fue para denunciar a los responsables de la violencia y
la negación al derecho de los pobres, ratificando la opción fundamental. “La fidelidad al Señor y al proceso de una
liberación integral de todo el hombre y de todos los hombres de nuestro pueblo,
nos seguirán señalando el camino y marcando los objetivos a toda nuestra misión
pastoral y de toda la diócesis…Y si en el camino que deberemos seguir recorriendo,
difícil y riesgoso pero lleno de esperanzas, se nos señala como Iglesia, con
distintos “ismos”, esto no nos apartará del cumplimiento de la misión
evangelizadora…” (Misa radial, 10 de junio de 1973).
Los conflictos padecidos que
absorbieron las preocupaciones de la diócesis riojana, lejos de producir en el
Obispo el efecto de una predicación licuada y descomprometida, afianzaron la
reflexión sobre la opción por los pobres y la responsabilidad cristiana de
comprometerse con su liberación. Vale la pena hacer esta reflexión cuando
celebramos los 40 años de la teología de la liberación. Porque estas palabras y
estas acciones se multiplicaban en muchas otras comunidades de Latinoamérica, al
calor del Mensaje de Medellín. Y fue la reflexión sobre Dios y la misión de los
cristianos, que se conoció a partir de 1972, después de la publicación del
Libro “Teología de la Liberación”,
del sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, considerado fundador de esta reflexión
teológica.
La
tierra, el agua y las riquezas profundas del suelo riojano como creaturas de
Dios debían alimentar y favorecer la vida en abundancia para todos. Pero el
egoísmo de los poderosos persiguió hasta el martirio a los que como Mons.
Angelelli, Fray Carlos Murias, el P. Gabriel Longueville, el laico Wenceslao
Pedernera y tantas y tantos otros que desde la fe lucharon hasta ofrendar su
sangre por la vida, la libertad, la justicia y la fraternidad.
“La fidelidad de esta Iglesia la
defenderé hasta con la sangre”, había dicho el obispo Angelelli. Su
martirio quedó sellado el 4 de agosto de 1976, cuando lo asesinaron mediante un
atentado que judicialmente fue establecido como “accidente de tránsito
provocado intencionalmente”. Y sus autores mediatos (Jorge Videla, Albano
Harguindeguy, Luciano Menéndez, Luis Estrella y Juan Carlos Romero) procesados
por el delito de homicidio calificado, con ratificación reciente de la Cámara
Federal de Apelaciones de Córdoba. Falta el juicio y la condena de los
asesinos.
Córdoba, 30 de julio de 2012
[1]
Director de la revista Tiempo Latinoamericano, Belgrano 715, Córdoba (TE
0351-4609769 )
Envío:AexPPCdba.

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