30 de noviembre de 2012

CAUSA ESMA: SEGUNDO DÍA DE AUDIENCIA.

EL JUEZ BALTASAR GARZON ESTUVO EN LA SEGUNDA AUDIENCIA DEL MEGAJUICIO SOBRE LA ESMA
“Es importante para el mundo entero”
“Para mí es volver a encontrarme con los rostros de muchos de los que en España investigamos”, dijo el juez. Ayer continuaron con la lectura de las acusaciones contra los 68 represores. Uno de ellos fue reprendido por hablar por teléfono en la sala.
Por Alejandra Dandan
Los acusados escucharon el detalle de sus crímenes y los nombres de sus víctimas.
Imagen: Rafael Yohai
“Después de Nuremberg no creo que haya habido un juicio de esta envergadura por crímenes de lesa humanidad. Eso es muy importante no sólo para Argentina, sino para el mundo entero”, dijo Baltasar Garzón al salir de la sala de audiencias de Comodoro Py donde se lleva a cabo la tercera etapa, con características de megajuicio, del debate oral por los crímenes de la Escuela Mecánica de la Armada. La presidenta de Abuelas de Mayo, Estela de Carlotto, se sentó en la sala al lado del ex magistrado español, que contempló durante un rato las caras del enorme bastión de los 68 acusados del juicio. “Para mí es volver a encontrarme con los rostros de muchos de los que en España investigamos, especialmente de Ricardo Cavallo –dijo–. Muchos de los que están aquí fueron procesados por mí (a la distancia) y verlos sometidos a juicio es a lo que cualquier juez aspira, sobre todo por hechos tan graves como éstos y que se esté haciendo en Argentina es un triunfo para todos y sobre todo para las víctimas.”

Como un gigante que va encontrando las formas de moverse, el “megajuicio” entró en la segunda jornada. Cuatro ambulancias permanecieron en el exterior. Trasladan detenidos, pero además tienen un equipo de médicos para examinar eventuales descompensados y desactivar las simulaciones cuando se usan para dilatar el juicio, en estas primeras jornadas, de presencia obligatoria para los acusados. Ayer se descompuso Víctor Roberto Olivera (Lindoro) y salió de la sala. El primer día, Carlos Orlando Generoso (Fragote), que ayer no estuvo.


Alfredo Astiz se sacó la escarapela del primer día. El piloto de los “vuelos de la muerte” Julio Poch mostró un cartel; decía que las acusaciones en su contra son mentiras, en una escena pensada en términos televisivos: en castellano y holandés (trabajó en Tran-savia, una aerolínea holandesa). En medio de la audiencia, durante la tarde, Carlos Galian (Pedro Bolita) se puso hablar por teléfono celular como si nada. Galian es el ex jefe de guardia de la ESMA, operativo de Héctor Febres y encargado de llevarse a los niños recién nacidos del centro clandestino. A pedido del fiscal Guillermo Friele, el presidente del Tribunal Oral Federal 5, Daniel Obligado, convocó a los defensores para decirles que era una falta de respeto para las víctimas.


Uno de los efectos de lo que significa haber llegado al juicio de esta manera, sumando causas que hasta ahora habían estado divididas durante años, empezó a verse en la sala. Los 789 nombres de las víctimas reunidas en una enorme lista, leída como parte de la acusación, enumerados uno tras otro, actualizaron una dimensión hasta ahora no oída de la ESMA. El primer día se escucharon los “casos” de 1976, ayer buena parte de 1977. Entre ellos empiezan a verse singularidades, pero también coincidencias. La violencia sexual, los casos de quienes fueron sometidos a trabajo esclavo con funciones en dependencias como el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto; algunos circuitos de traslados; niños torturados frente a sus padres. También se escucharon caídas de familias enteras, como los Tarnopolsky, del primer día, y ayer los Lennie. En un momento, el secretario del TOF leyó el nombre de Mirta Zuccarino de Lennie, secuestrada en enero de 1977 y llevada a la ESMA, donde estaban su esposo, su hija de 17 años y su nuera embarazada “bajo las mismas deplorables condiciones”. El grupo de tareas buscaba a su otra hija, María Cristina, perseguida desde hacía tiempo. En la ESMA, obligaron a Mirta, a su esposo y a su nuera a presenciar el interrogatorio y las torturas de Sandra, la niña de 17 años.


Las políticas para acelerar los juicios hacen que las historias en esta etapa estén reducidas a unas pocas líneas, en sus tramos más duros y descarnados, pero que muestran lo sistemático. “Cada caso es único y singular, pero a la vez forma parte del plan sistemático. Es decir, por un lado es único, pero en la repetición hay un hilo que muestra finalmente lo que fue el genocidio”, dijo Ana María Careaga, sobreviviente de otro centro.


Nombres más conocidos, y otros que se hacen re-conocer en la sala. Norma Arrostito, Alicia Eguren de Cooke, Dagmar Hagelin o Enrique Raab fueron algunos de estos “casos” leídos. Las listas trajeron a la sala el nombre de Ricardo Héctor Coquet y el momento en el que lo obligaron a pintar el nombre de Montoneros en la bandera de esa foto legendaria que les tomaron a las monjas francesas durante el cautiverio en la ESMA.


La lectura también dejó ver algunas de las hipótesis de trabajo de los investigadores: el ensañamiento que tuvieron con algunas víctimas, comprometidas en ciertas acciones armadas. Norma Arrostito es el único caso cuyo homicidio está agravado por la aplicación de envenenamiento, a través de una inyección. Juan Julio Roqué, de la conducción de Montoneros, “habría sido quemado en la caldera u horno de la cocina del casino de oficiales de la ESMA, de modo que nunca apareció”, dice la elevación. A Marcelo Daniel Kurlat le dispararon con un FAL en los riñones cuando salió de su casa, murió camino al Hospital Naval y su cuerpo está desaparecido. El cuerpo de José María Salgado, ligado al caso de la Superintendencia, “fue entregado a su familia consumido, desfigurado, con marcas de que había sido sometido a descargas eléctricas y le faltaban los ojos”, indica la elevación.


La lista de nombres también incluyó a María Hilda Pérez de Donda, la madre de Victoria –las dos son “casos” de este juicio– y a Carlos Maguid, secuestrado en Lima por el Servicio de Inteligencia Naval. Se oyeron los nombres de Sara Solarz de Osatinsky, Juan Gasparini, Martín Grass, Lila Pastoriza y tantos otros.


En esa topografía que empieza a recuperar la lógica de lo sistemático, pero que ahora va con la carga de acusación para los imputados, buena parte de los nombres exhiben sus procedencias políticas. Identidades que están allí porque “agravan” el delito de tormento, pero que hablan de una recuperación en términos de memoria. Otro de los territorios que empiezan a mostrar los nombres es el de los trabajadores de prensa, en cuya reconstrucción empezó a pensar la querella encabezada por Patricia Walsh y Carlos Lordkipanidse. Los primeros nombres fueron mencionados el miércoles en la lista de 1976. Ayer, además de Enrique Raab, se escuchó el nombre de Francisco Eduardo Marín, secuestrado el 15 de mayo de 1977; José María Ascone, secuestrado el 18 de mayo de 1977, que trabajó en Primera Plana, La Opinión y El Descamisado, de la organización Montoneros. Y el de Adolfo Infante Allende, caído el 13 de junio, de 1977, a la noche, con su esposa Gloria Kehoe, que era colaborador de la Agencia de Noticias Clandestinas Ancla.

Fuente:Pagina12







"Después de Nuremberg, no creo que haya habido un juicio de esta magnitud"

Los casos de Dagmar Hagelin y los hijos de Juan Gasparini formaron parte de la lectura del requerimiento de elevación del fiscal. Astiz escuchó sin inmutarse el detalle de cómo disparó contra la joven sueca que continúa desaparecida.

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El Tribunal Oral Federal 5 continuó ayer con la lectura de los requerimientos de elevación fiscal de las 789 víctimas que forman parte del megajuicio por delitos en la ESMA. En la segunda jornada se destacó la visita del juez español Baltasar Garzón junto a la titular de Abuelas de Plaza de Mayo Estela de Carlotto, quienes fueron recibidos por los jueces Daniel Obligado, Adriana Paliotti y Leopoldo Bruglia.

Caso a caso, los secretarios del TOF continuaron leyendo mecánicamente los casi 800 hechos que integran el debate. Con algunos pocos datos de su historia personal, el nombre y en algunos casos su sobrenombre y militancia, recorrieron casi 400 hechos en las dos primeras audiencias en el orden en que fueron secuestrados.

La llegada del juez español Garzón rompió con la monotonía de la lectura al sentarse en la bandeja superior de la sala acompañado por Carlotto. "Vuelvo a encontrarme con los rostros de muchos de los que en España investigamos, especialmente Ricardo Cavallo. Muchos fueron procesados por mí en España y verlos sometidos a juicio es lo que cualquier juez aspira, sobre todo por hechos tan graves como estos. Que se esté haciendo en Argentina es un triunfo para todos y sobre todo para las víctimas", opinó el magistado durante el cuarto intermedio. Al considerar la magnitud de este juicio, con 68 imputados por casi 800 víctimas, Garzón destacó: "Después de Nuremberg, no creo que haya habido un juicio de esta envergadura por crímenes de lesa humanidad. Eso es muy importante no sólo para Argentina sino para el mundo entero."

La audiencia de ayer comenzó a las 10:26. Luego de constatar la presencia de las partes, los secretarios arrancaron la lectura donde habían quedado el día anterior: el caso 188 y 189, sobre los hermanitos Emiliano (1 año y medio) y Arturo Gasparini (5 meses). Los niños fueron secuestrados luego de que su madre fuera asesinada y llevados a la Casa Cuna, donde permanecieron dos meses bajo control militar hasta que fueron entregados a su abuela. "Los niños se hallaron, entonces, en estado de indefensión y desamparo", luego de la muerte de su madre y la detención de su padre, Juan Gasparini, sobreviviente de la ESMA, señaló el fiscal, y agregó que se "intentó ocultar toda información que permitiera ubicarlos (no se consignó su nombre y se los mantuvo bajo vigilancia militar). Tal situación generó una mortificación que supera a la sustracción, retención y ocultación."

A medida que avanzó la lectura de los casos, comenzó a surgir la trama de delitos que se cometieron en el centro clandestino de detención: robo de bienes, violencia sexual, trabajos forzados y la gran cantidad de mujeres embarazadas que estuvieron detenidas hasta dar a luz para que luego desaparecieran al igual que sus hijos. En la ESMA funcionaron varias piezas que sirvieron de maternidades clandestinas y la mayoría de los partos fue atendida por el médico de la Armada Jorge Luis Magnacco, entre ellos los de Javier Penino Viñas y Victoria Donda, quienes luego recuperaron su identidad.

Por primera vez se ventilará en este juicio la desaparición de la joven sueco-argentina Dagmar Hagelin, secuestrada el 27 enero de 1977. "Al ser sorprendida por los integrantes del GT 3.3/2, Hagelin comenzó a correr para intentar escapar. El grupo operativo asignado al secuestro tenía como objetivo primordial la detención con vida de la víctima para su posterior interrogatorio, sin embargo, en caso de que ésta se resistiese o intentase escapar, el plan contemplaba la necesidad de neutralizarla. Para evitar su huida el teniente Astiz puso rodilla en tierra, extrajo su arma reglamentaria y disparó contra la víctima con el fin de ocasionarle la muerte, provocándole una herida en la cabeza que la hizo caer al piso", describió el fiscal. La joven fue llevada gravemente herida en el baúl de un auto, conducida a la ESMA y permanece desaparecida.


Sentado en la sala, rodeado de sus camaradas de armas acusados, el condenado Alfredo Astiz escuchó sin inmutarse el relato del asesinato de Hagelin en la voz del secretario, mientras hojeaba un libro.  

Fuente:TiempoArgentino


viernes, 30 de noviembre de 2012

Visita ocular a la ESMA, antes del inicio del Juicio



















Fuente:CasaPueblos
Envío:Andrea Benítes-Dumont                      

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