"No hay vuelta atrás para investigar las complicidades"
El hijo del abogado laboralista Carlos Moreno, asesinado en la dictadura, repasa la causa como un hito político.
Por: Pablo Roesler
Hace un año, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Mar del Plata condenó en Tandil a tres militares y a dos civiles por el homicidio en dictadura del abogado laboralista Carlos Alberto Moreno y ordenó investigar a los directivos de la empresa cementera Loma Negra por considerarlos sospechosos de haber "inducido" el crimen. También ordenó investigar a dos ministros de la Corte y al ex ministro de gobierno bonaerense luego condenado en el juicio por el Circuito Camps, James Lamont Smart, por avalar la versión militar de los hechos. Para uno de los hijos de ese abogado perseguido y asesinado por el terrorismo de Estado, ese proceso estableció un piso del que las siguientes sentencias por crímenes de lesa humanidad no podrán ya bajar: "Estamos viviendo una etapa en la que no hay vuelta atrás en la necesidad de investigar la participación civil", explicó Matías Moreno, tras participar, el sábado, de las actividades que la multisectorial Memoria, Verdad, Justicia y Alegría, y Unidos y Organizados, realizó en la Universidad Nacional del Centro (Unicen) para recordar el proceso que inauguró el camino de la justicia por los crímenes de la dictadura en esa ciudad serrana de la provincia de Buenos Aires.
Hace un año, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Mar del Plata condenó en Tandil a tres militares y a dos civiles por el homicidio en dictadura del abogado laboralista Carlos Alberto Moreno y ordenó investigar a los directivos de la empresa cementera Loma Negra por considerarlos sospechosos de haber "inducido" el crimen. También ordenó investigar a dos ministros de la Corte y al ex ministro de gobierno bonaerense luego condenado en el juicio por el Circuito Camps, James Lamont Smart, por avalar la versión militar de los hechos. Para uno de los hijos de ese abogado perseguido y asesinado por el terrorismo de Estado, ese proceso estableció un piso del que las siguientes sentencias por crímenes de lesa humanidad no podrán ya bajar: "Estamos viviendo una etapa en la que no hay vuelta atrás en la necesidad de investigar la participación civil", explicó Matías Moreno, tras participar, el sábado, de las actividades que la multisectorial Memoria, Verdad, Justicia y Alegría, y Unidos y Organizados, realizó en la Universidad Nacional del Centro (Unicen) para recordar el proceso que inauguró el camino de la justicia por los crímenes de la dictadura en esa ciudad serrana de la provincia de Buenos Aires.
"Esto surgió con la idea de sumarle la alegría a la consigna histórica, como una muestra clara del sentimiento que embargaba al colectivo a partir de estar pensando actividades por un juicio por delitos de lesa humanidad, la alegría de alcanzar el juicio y castigo", explicó Matías Moreno, sociólogo, docente universitario y hoy director de Políticas Reparatorias de la Secretaría de Derechos Humanos provincial.
–¿Cómo entiende y evalúa, un año después, la sentencia por el asesinato de su padre?
–La sentencia del juicio de Tandil del 16 de marzo del año pasado fue ejemplar y yo dije ese día que a mi padre se lo habían llevado hacía 35 años por ganarle juicios a Loma Negra y que ahora volvía a ganar otro juicio. Fue el primer juicio en el que se condenó a civiles y se ordenó la investigación de la empresa porque había elementos objetivos suficientes para suponer que estuvo detrás del homicidio de mi padre. Esa sentencia, de alguna manera, puso un piso a las que vinieron después; fue la primera que dejó en claro la complicidad civil con la dictadura militar. El 2012 fue el año donde se profundizó la investigación sobre los actores civiles de la dictadura militar, porque además del juicio de Tandil en marzo, tuvimos el de Bahía Blanca con la orden de investigar al diario La Nueva Provincia; en el medio hubo avances con la investigación de las empresas Ford, Mercedes Benz y Ledesma, que incluyó el procesamiento de Pedro Blaquier, y concluimos con la sentencia del Circuito Camps y la condena a James Smart. De hecho, la consigna del 24 de marzo del año pasado fue: "Los grupos económicos también fueron la dictadura". Es decir, fue el año de consolidación de la investigación, la condena y el procesamiento de los diferentes actores civiles que actuaron durante la dictadura militar, que además reforzó el concepto de dictadura cívico-militar, para contar qué fue lo que pasó durante el período de nuestra historia reciente que va de 1976 a 1983.
–En el proceso de Tandil llamó la atención la movilización que se produjo en la sociedad. ¿Cómo influye el juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad?
–Lo más importante de estos juicios, además de traer paz y justicia a los familiares directos, radica en el valor simbólico que tienen. En el juicio por el asesinato de mi padre, no se condenó a sus homicidas, sino a los de toda una generación, porque mi viejo, además de padre, esposo, hijo, hermano, era un militante político, y lo trascendente de esta etapa que se abre en 2003 es que nos está permitiendo reivindicar a esa generación. Me parece que los juicios ayudan a que la sociedad se haga cargo de que los desaparecidos son parte de ella y los asesinos no. Y la legitimidad que dan las condenas son muy fuertes. Desde el 2003 a esta parte se pudo reconstruir el país económicamente, pero me parece que nosotros como sociedad tenemos la obligación de reconstruirlo culturalmente, lo que tiene que ver con esto de llamar a las cosas por su nombre: al asesino, asesino; al torturador, torturador. Antes hablábamos de proceso militar, luego de dictadura militar y hoy estamos en condiciones de caracterizar ese período como una dictadura cívico-militar, porque se pudo evidenciar claramente la participación de diferentes actores civiles de la comunidad en el sistema nacional de represión con diferentes grados de complicidad durante la dictadura.
–Además de las condenas, los jueces Roberto Falcone, Mario Portela y Rubén Parra ordenaron en la sentencia investigar a Loma Negra por instigar el homicidio de su padre. ¿En qué situación está esa causa?
–La causa por Loma Negra está avanzando. Está en la etapa de instrucción y la fiscalía tiene la intención de separar ese tramo del expediente de la causa madre para agilizar el proceso. Todo surge luego de la sentencia y del juicio por el asesinato de mi padre en el que se encontraron elementos objetivos suficientes sobre la complicidad de la empresa en la instigación del homicidio de mi padre. Esa causa está en el Juzgado Federal de Azul, y aunque es un juzgado al que le faltan recursos humanos teniendo en cuenta las causas por delitos de lesa humanidad que se tramitan en la zona, la investigación avanza con la búsqueda de la mayor cantidad de testimonios posibles de los trabajadores que sufrieron persecución ideológica y laboral durante la dictadura en el circuito del cemento, y, por otro lado, conseguir los nombres de las diferentes comisiones directivas de las fábricas, de los jefes de personal, y de todas esas personas que ocuparon lugares jerárquicos en la empresa para indagarlos.
–¿Qué grado de complicidad por parte de la empresa se evidenció?
–La complicidad que Loma Negra tuvo con la dictadura es evidente. A priori, la presencia de (el ex coronel del Ejército) Luis Prémoli en la empresa es un dato fuerte, pero también el hecho de que la fábrica compartía ideológicamente los objetivos políticos y económicos de la dictadura cívico-militar. En lo político compartían la idea de disciplinar a la fuerza de trabajo para imponer un proyecto económico de neto corte neoliberal, para lo que era necesario echar para atrás todas las conquistas que los trabajadores habían logrado a partir del primer peronismo. Ese disciplinamiento era un requisito para poder imponer un modelo económico que iba a tener en cuenta sólo a un tercio de la población, mientras el resto se debatía entre el hambre y la pobreza. Y es en el marco de ese modelo económico que, durante la dictadura cívico-militar, Loma Negra triplicó su tasa de ganancias, a partir de prebendas y negocios con el Estado, en los cuales se incluye obra pública, autopistas, puentes.
-Una muestra cabal de la complicidad civil…
–Lo que está pasando con los juicios es que están dejando en evidencia el carácter cívico-militar que tuvo la última dictadura. Y hay varias patas de esta complicidad o participación civil: está la empresaria que compartía los objetivos políticos y económicos; está la pata mediática que era necesaria para generar un consenso y un sentido común señalando al enemigo, individualizándolo, poniéndole motes como "subversivo" o "terrorista" para que la dictadura pueda llevar a cabo el sistema nacional de represión; también está la Iglesia, que aunque tuvo honrosos ejemplos de curas comprometidos con los pobres también, tuvo sectores que apoyaban fervientemente los objetivos morales de la dictadura; y por último estaba la justicia, con los rechazos de hábeas corpus. Creo que el año pasado también hizo visible a estos actores, sobre todo los de la justicia, que en la historia estuvieron más invisibilizados y que en los juicios comenzaron a aparecer en los testimonios de las víctimas. Investigar a fondo esas cuatro patas civiles va a seguir arrojando luz en estos lugares que siempre estuvieron en sombras. Estamos viviendo una etapa en la que no hay vuelta atrás en la necesidad de investigar la participación civil, que fue una condición sine qua non para que la dictadura genere el consenso que tuvo en la sociedad y le permitiera durar lo que duró. Y creo que el juicio por mi viejo puso ese piso del que ya no va a ser posible descender.
Fuente: Tiempo Argentino
Martínez de Hoz: murió el ideólogo del programa económico de la dictadura militar
POR SILVIA NAISHTAT
Fue ministro de Economía entre 1976 y 1981. Abrió la importación y estimuló la especulación financiera. Tenía 87 años.
17/03/13
Nacido en esos hogares de varias generaciones en la Argentina y muchas hectáreas y en el que las vidas no dan muchas vueltas, José Alfredo Martínez de Hoz –fallecido ayer a los 87 años en prisión domiciliaria– se educó en la universidad de Oxford, Inglaterra. El más célebre de los habitantes del Cavanagh, frente a la Plaza San Martín, estaba rodeado de pintura abstracta de su admirado Rogelio Polesello, fotos de sus cacerías en Sudáfrica y un retrato del abuelo del mismo nombre que introdujo el alambrado en la Argentina. Joe, como lo llamaban sus íntimos y también sus enemigos, se expresaba sin levantar la voz y con gestos mínimos.
Vivió lo suficiente para ser juzgado y condenado por la justicia en 2010.
Sus restos fueron inhumados ayer en un cementerio de Pilar en una ceremonia familiar.
Pese a que fue nombrado unos días después del golpe de 1976, José Alfredo Martínez de Hoz era el candidato cantado para el manejo de la Economía por parte de la Junta Militar. En parte, por sus contactos internacionales que la dictadura consideró importantes para evitar el aislamiento. Y otro factor fue su propia vinculación con el establishment local. Apenas asumió, el FMI hizo un giro por el equivalente a US$ 100 millones de la época que ayudó a que las reservas del país pasaran de US$ 23 millones a US$ 150 millones. Su discurso del 2 de abril de 1976 lo mostró interpretando el papel que marcaría su propio destino y el del país.
Sin duda, cambió el funcionamiento de la Argentina.
Martínez de Hoz cultivaba sus relaciones en el exterior, desde David Rockefeller en EE.UU. a las primeras figuras del conservadurismo inglés como Margaret Thactcher con quien hizo una gestión en 1979 antes de la guerra de Malvinas. Buscaba un gobierno “mancomunado” con los británicos.
El economista Jorge Schvarzer, que estudió su desempeño, señaló la permanencia de Martínez de Hoz en el cargo hasta marzo de 1981 y su enorme poder político.
Martínez de Hoz deja el puesto en marzo de 1981 luego de ejercer como ministro durante cinco años sin interrupción con resultados notoriamente negativos: el país no creció, los salarios reales disminuyeron, la inflación no disminuyó a niveles controlables y la deuda externa creció a niveles explosivos a US$ 40.000 millones.
Schvarzer cuenta que fue muy sostenido en el seno de la Junta por Jorge Rafael Videla. Se supo después que en 1979 dos de los tres miembros de la Junta lo criticaban abiertamente.
Quienes lo conocían destacaban su pericia y sangre fría para conducir una economía en la que todos los incentivos estaban dados por el sistema financiero que ofrecía un lucro fácil.
Abrió el país a todo tipo de importaciones, creo dos tipos de cambio, el financiero y el comercial para las exportaciones y será recordado comoel ministro de la “tablita”, con una devaluación gradual a ritmo descendente del tipo de cambio, que nació en diciembre de 1978 con la intención de contener la inflación, algo que nunca logró. Curiosamente, el tipo de cambio comenzó a atrasarse y su grupo de pertenencia, el campo, comenzó a alejarse aceleradamente de su política.
En aquellos años hubo desindustrialización.
Pero no fue masiva, sino selectiva. Hubo un conjunto de grupos económicos que salieron beneficiados. Entre ellos, Loma Negra, de su entrañable y ya fallecida amiga Amalita Fortabat. Y Ledesma de la familia Blaquier, entre unos pocos. Guillermo O´Donnell escribió que se pasó de un modelo de industrialización por sustitución de importaciones de matriz desarrollista, “hacia un modelo de acumulación financiera, por el cual las grandes empresas tomaban crédito en el exterior, lo colocaban en plazos fijos, valorizaban el monto prestado, y lo fugaban hacia las casas matrices o hacia sus propias cuentas en el exterior”. Se conoció como la bicicleta financiera, una carrera del peso contra el dólar que intentaron aprovechar hasta los jubilados.
La plata dulce y el deme dos en Miami de una clase media que por primera vez viajaba al exterior, también fueron parte de la gestión de Joe.
En el sector privado, Martínez de Hoz se había desempeñado en el manejo de campos como la estancia Malal Hué, seguros, financieras y la acería Acindar. También dirigió la Compañía Italo Argentina de Electricidad y fue investigado por el fiscal Ricardo Molinas acerca de la estatización de esta empresa de electricidad en 1980 que estaba quebrada y endeudada y por la que el Gobierno desembolsó US$ 394 millones. Molinas sacó a la luz que la operación se había realizado en francos suizos pese a la tenaz oposición del director de registros de Inversiones Extranjeras del ministerio de Economía, Casariego del Bel, que luego fue secuestrado y desaparecido.
Ese año se produjo una masiva quiebra de bancos desde el cierre del Banco de Intercambio Regional (BIR) a quienes se acusó operar fuera de las reglas. Se acrecentó la demanda de dólares y la fuga de divisas, lo que aceleró su salida. Martínez de Hoz fue reemplazado en marzo de 1981 por Lorenzo Sigaut, el ministro que sentenció, “el que apueste al dólar, pierde”.
Desde que asumió Néstor Kirchner en 2003, Martínez de Hoz que solía asistir a distintos actos empresarios como las convenciones de los bancos extranjeros, dejó de hacerse ver. Incluso, hasta de caminar por Florida. Y hasta vendió en 2004 a Andrés Garfunkel la estancia establecida en 1854 cerca de Mar del Plata y admirada por un castillo estilo escocés y líneas góticas que llegó a contar 12.500 hectáreas en la zona que luego se llamó Chapadmalal.
La muerte del cerebro económico de la dictadura y los nombres de su "legado" en la actualidad
Los herederos políticos e ideológicos de José Alfredo Martínez de Hoz
Padre de un modelo que la Junta Militar aplicó con brutalidad, el fallecimiento de "Joe" fue lamentado por una larga lista de empresarios, represores, apellidos ilustres y periodistas del establishment. El perfil de su hijo homónimo.
Por: Carlos Romero
José Alfredo Martínez de Hoz, factótum de la dictadura económica, murió el sábado pasado, infartado en su lujoso departamento del edificio Kavanagh, en el barrio de Retiro. Será recordado como el padre del modelo financiero y de mercado que la Junta Militar aplicó con la misma brutalidad que empleaban sus grupos de tareas.
José Alfredo Martínez de Hoz, factótum de la dictadura económica, murió el sábado pasado, infartado en su lujoso departamento del edificio Kavanagh, en el barrio de Retiro. Será recordado como el padre del modelo financiero y de mercado que la Junta Militar aplicó con la misma brutalidad que empleaban sus grupos de tareas.
A pesar del hecho de su desaparición física, el primer ministro de Economía de Jorge Rafael Videla dejó tras de sí una herencia con varias facetas. Una de ellas, la más profunda y lamentable, son las heridas que aún arrastra un aparato productivo nacional que Martínez de Hoz, con todas sus fuerzas, se abocó a diezmar.
Pero “Joe” también tiene herederos mucho más precisos; de carne, hueso y poder real. Algunos de ellos se pueden rastrear en los avisos fúnebres publicados ayer por el diario La Nación. Por caso, Videla –quien recientemente llamó a sus camaradas a “armarse en defensa de las instituciones básicas de la República”– pidió “una oración en su memoria”. Lo mismo hizo el zar petrolero Carlos Bulgheroni, mientras que el empresario azucarero procesado Carlos Pedro Blaquier, que se definió como “amigo de toda la vida” de Martínez de Hoz, expresó una “gran pena” y acompañó “a su familia en estos tristes momentos”.
También se sumaron al lamento público el periodista y ex titular de la SIDE menemista Juan Bautista “Tata” Yofre, el editorialista de La Nación Carlos Pagni, el economista Manuel Solanet y el ex funcionario de facto Juan Alemann, entre otro muchos miembros del empresariado, el establishment y los linajes de prosapia conservadora.
De todos modos, el principal heredero de Martínez de Hoz, en idea y sangre, es su hijo homónimo, el abogado José Alfredo “junior”, que durante las breves exequias en el Memorial de Pilar volvió a afirmar que su padre fue víctima de una campaña de “persecución”, en alusión a la prisión preventiva que cumplía desde 2010, dispuesta por el juez federal Norberto Oyarbide en el marco de la investigación sobre el secuestro extorsivo de los empresarios textiles Federico y Miguel Gutheim, en 1977.
A sus 55 años, el hijo no sólo comparte con su progenitor el mismo nombre, la marca de una tradición familiar que se remonta a los tiempos de la colonia y el nacimiento de la oligarquía terrateniente. Egresado en 1980 de la Universidad Católica Argentina y con un master en derecho comparado en la Universidad de Illinois, inició su carrera jurídica en el influyente buffet Klein & Mairal. Desde ese lugar estratégico, junto a Guillermo Walter Klein –antiguo secretario de Planificación de su padre– y Héctor Mairal, el joven abogado fue protagonista en los '90 de la arquitectura legal con que el menemismo ejecutó el desguace del Estado. En ese entonces, tomó contacto con José Roberto Dromi, el poderoso ex ministro de Obras y Servicios Públicos de Carlos Menem, y con la interventora y multidenunciada María Julia Alsogaray.
En el libro Robo para la corona se narra que la sede de Klein & Marial fue “allanada el 5 de septiembre de 1984 por la comisión parlamentaria que investigaba la ruinosa estatización de la Compañía Italo Argentina de Electricidad por Martínez de Hoz”, que fue presidente de esa firma hasta que ingresó al gabinete de Videla. Según el libro del periodista Horacio Verbitsky, el día del allanamiento los hijos de “Joe” y del periodista Mariano Grondona –abogado y también homónimo de su padre– evacuaron las oficinas por la escalera de servicio, con dos valijas repletas de documentación que luego pudo ser recuperada.
Ya en 1991, José Alfredo hijo decidió abrir su propio negocio y, aprovechando el viento de cola privatizador, se asoció con su ladero Grondona, con Jorge Pérez Alati, Manuel Benites y Alan Arntsen. Fiel a su linaje familiar, se volvió un experto en el rubro energético (petróleo, gas y energía) y en el área de arbitraje internacional, donde representa a distintas multinacionales que, tras la devaluación de 2002, acudieron al CIADI –el tribunal arbitral del Banco Mundial– para litigar frente la Argentina por cifras millonarias. El sitio web de su propio buffet explica que “ha adquirido también una vasta experiencia en arbitraje comercial y de inversión, en particular en casos que involucran a compañías energéticas” y que “está actualmente actuando en numerosos casos de arbitraje CIADI contra la República Argentina”. Justamente, la competencia de ese organismo internacional en estos asuntos locales se debe a una de las primeras medidas que la Junta Militar tomó por consejo de Martínez de Hoz padre.
Para completar el perfil, "Junior" es directivo del Colegio de Abogados de la calle Montevideo, una verdadera cámara de la corporación judicial, famosa por la defensa de los funcionarios de facto y el rechazo a los juicios por delitos de lesa humanidad. En ese verdadero club de la derecha letrada, el heredero ostenta el cargo de tesorero y director de la revista del Colegio. Desde esa tribuna, supo criticar a la Ley de Medios y advertir sobre el deseo del oficialismo por “conservar el poder, a cualquier costo”. Y luego de que Cristina Fernández se impusiera por segunda vez en las urnas, sostuvo que el hecho de que “un presidente inicie un mandato en base a una mayoría electoral del 54% más el control legislativo, crea una situación que, en ausencia de frenos institucionales, es susceptible de derivar en abusos o intentos hegemónicos”. También se refirió a “las presiones” al Poder Judicial y “los ataques que vienen sufriendo los medios de prensa y comunicación independientes” por parte del “periodismo ‘militante’ que promueve el gobierno”.
El sábado, tras el entierro de su padre, confió que en uno de esos momentos en que “estaba muy mal por la persecución”, el ex ministro de Videla lo reconfortó con la lectura de una poesía. Eran los primeros versos de Si (If), del británico Rudyard Kipling, un escritor considerado símbolo de la Inglaterra imperial y colonialista. Ese poema, recitado por un ex ministro de la dictadura que asesinó a 30 mil personas, comienza diciendo: “Si puedes conservar la cabeza alta cuando a tu alrededor/ todos la pierden y te echan la culpa…” «
Procesado en la causa por crímenes de lesa humanidad en el Ingenio Ledesma, Blaquier saludó a la familia de Martínez de Hoz en los avisos fúnebres de La Nación y se definió como "su amigo de toda la vida".
Pedro Blaquier
Empresario
El columnista de La Nación se sumó a los saludos de condolencias a la familia del ex ministro de Economía de la dictadura y envió un mensaje especialmente dirigido a "su hijo José".
Carlos Pagni
Periodista
El ex secretario de Hacienda durante la gestión de Martínez de Hoz al frente de Economía se sumó a las voces de despedida y también publicó un saludo de condolencia a los familiares.
Manuel Solanet
Economista
El escritor y ex funcionario de Carlos Menem también publicó un mensaje de salutación a la familia de Martínez de Hoz en La Nación.
Juan Bautista Yofre
Ex titular de la SIDE
Fuente: Tiempo Argentino - Envío:Agnddhh



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