17 de marzo de 2013

PARAGUAY.

Votar después del golpe
Año 6. Edición número 252. Domingo 17 de marzo de 2013
Por Emiliano Guido 
eguido@miradasalsur.com
Tras el golpe parlamentario contra Fernando Lugo, Paraguay vuelve en un mes a las urnas para elegir a su próximo jefe de Estado. Hasta el momento, las principales noticias de la campaña son la probable victoria y retorno al poder del Partido Colorado, la división del luguismo en tres boletas electorales y el inminente retorno de Asunción al bloque regional del Mercosur.

Tan sólo nueve meses atrás, el Congreso paraguayo perpetraba un golpe institucional contra el presidente Fernando Lugo de características dantescas. Los argumentos vertidos en el juicio político por los distintos legisladores opositores estuvieron tan apegados a la ley como lo puede estar la mayoría de los productos que se venden en el mercado informal de la fronteriza Ciudad del Este. En un momento, por ejemplo, uno de los jefes parlamentarios del Partido Liberal acusó a Lugo de “haber firmado infinidad de tratados comerciales con el Mercosur” y, también, fue puesto en tela de juicio, en dicha oportunidad, lo “mal que nos hace quedar el presidente en el mundo por sus reiterados amoríos”. Lo tragicómico de la situación parecía replicar el tono de comedia negra que también interpretaba el grupo británico Monty Python pero, en lo estrictamente político, el putsch parlamentario contra el ex Obispo de San Pedro evidenció algo mucho más pesado como el retorno de los derrocamientos presidenciales en el continente latinoamericano.

Hoy, el calendario institucional paraguayo marca que el próximo 21 de abril habrá elecciones a Jefe de Estado. En ese sentido, las élites guaraníes no fueron originales. La misma secuencia de golpe destituyente, convocatoria a elecciones y desarticulación de un proceso popular sucedió antes en Honduras contra el gobierno de Manuel Zelaya, cuando ese jefe de Estado había comenzado a adherir a la línea regional bolivariana del ALBA. Por eso, los principales analistas latinoamericanos calificaron, en su momento, a los derrocamientos de Zelaya y Lugo –dos gobiernos débiles en lo político pero con vocación progresista– como golpes de nuevo cuño o golpes suaves. Ya no era la cúpula del Ejército el sujeto de la contrarrevolución, sino un propio poder del Estado republicano, como el Congreso, el principal actor de la conspiración conservadora. Y si repasamos los principales sucesos de la campaña presidencial paraguaya podemos concluir que el trabajo sucio de la oligarquía local, o de los grupos hegemónicos si se prefiere un término más elegante, ha dado sus frutos. A casi un mes del comicio, es más que probable la victoria y retorno al poder del histórico Partido Colorado. Además, el luguismo llega a las urnas dividido y sin chances de dar pelea. Por lo visto, los golpes pueden ser denominados como suaves pero, igualmente, tumban a quién se pone enfrente.

Hasta el momento, todos los sondeos de opinión –cualquiera sea su vinculación política– afirman que el próximo jefe de Estado paraguayo será el millonario tabacalero Horacio Cartes, un outsider del Partido Colorado. Sobre Cartes circulan varias leyendas oscuras. Se dice que es un hombre del narcotráfico, en los cables filtrados por WikiLeaks se desprende que está en la mira de la DEA norteamericana y, más a nivel popular, se cree que el candidato colorado “es dueño de la mitad del Paraguay”. Pese a que Cartes es muy celoso para protegerse de las denuncias periodísticas, un cronista del diario conservador ABC –el colega Rubén Céspedes– logró hacer una buena investigación sobre el nuevo hombre fuerte del Paraguay y su resultado fue el excelente artículo “El lado oscuro de Horacio Cartes”.

“Apareció en el empresariado y fue abarcando todo como la humedad. Escaló en la dirigencia deportiva como un huracán. Irrumpió en la política como una tromba y ya apunta nada menos que al más alto cargo del país. Como el rey Midas, convierte en oro todo lo que toca, lo que explica su meteórico ascenso económico. Se trata de Horacio Cartes, de cuyos éxitos hablan profusamente sus partidarios, pero poco de su lado oscuro, de sus amistades poco recomendables, de los cuestionamientos que se le hacen en nuestro país y en el exterior”, alerta Céspedes. Además, el cronista guaraní recuerda que: “Por ejemplo, en marzo del 2000, la Dinar incautó 343 kilos de marihuana y 20 kilos de cocaína de un avión que aterrizó en la estancia La Esperanza, de Horacio Cartes. Esté también compró en los primeros años de la década del ’90 una hacienda perteneciente el brasileño Milton Machado, que a su vez estuvo en la noticia por haber sido derribado en su establecimiento un avión con 210 kilos de cocaína”.

Pero, si bastante negro parece el perfil del candidato colorado, más penumbroso aparece el horizonte electoral del luguismo. En principio, el Frente Guazú (el partido que, además, postula a Fernando Lugo como candidato a Senador) cuenta con una muy baja intención de voto en los sondeos. Un poco más arriba en las encuestas está el conductor televisivo Mario Ferreiro, un ex aliado de Lugo que decidió romper filas y armar su propio sello Avanza País. Por último, la ex ministra luguista Lilian Soto también se alejó del Frente Guazú y junto a organizaciones campesinas y feministas intenta captar votos de la militancia social más organizada, que aún cuenta con algún nivel de movilización callejera pero en los espacios institucionales sigue y, probablemente, continúe sin poder gravitar.

¿Por qué el luguismo se ha desmembrado en tan poco tiempo y la victoria de Cartes es tan segura? Según el historiador paraguayo Bernardo Coronel, cuyos artículos suelen circular en medios alternativos latinoamericanos, la sucesión inesperada de dos hechos trascendentales de forma casi consecutiva, la masacre de Curuguaty –el hecho policial que precipitó el juicio a Lugo– y el fallecimiento del dictador Lino Oviedo, cambiaron radicalmente la coyuntura política nacional.

“El montaje de Curuguaty sirvió para el juicio político de Lugo y su posterior destitución. Con el golpe parlamentario, el partido Liberal se quedó con el poder, pero perdió a su mejor aliada: el luguismo. Ahora, el liberalismo está en el poder, pero sin chances de mantenerlo tras las elecciones. Con la muerte de Lino Oviedo, el Unace camina hacia su extinción como partido, y lo más probable es que sus adherentes retornen a su antigua casa a engrosar los votos colorados de abril”, esgrime Coronel y, acto seguido, remarca que: “Cartes tenía dos escollos: la alianza Partido Liberal-luguismo y Lino Oviedo. Oviedo mantenía el 10% de fieles seguidores, suficientes como para volcar las elecciones hacía uno u otro sector. Éste era el peligro real que representaba Oviedo. Con Curuguaty se armó una parte del rompecabezas, pero faltaba la otra mitad. Con la desaparición de Oviedo, el rompecabezas está completo. En este escenario, Horacio Cartes tiene la mesa servida y parece que ningún latoso comensal podrá arrebatarle el banquete de abril”.

Finalmente, la elección paraguaya es significativa porque implicará el retorno del país vecino a los mecanismos institucionales convergentes como el Mercosur, la Unasur y la Celac, organismos regionales que quitaron a Paraguay su membrecía por vulnerar “la cláusula democrática” interna. En ese sentido, el diario argentino La Nación publicó una llamativa editorial esta semana donde se exigía la normalización de las relaciones diplomáticas con Asunción y, tras cartón, se afirmaba que: “Hasta ahora, la gestión presidencial de Federico Franco ha transcurrido en un ambiente de normalidad, paz, orden y serenidad”.

Evidentemente, el matutino porteño hace rato que no envía un corresponsal al interior profundo paraguayo donde los campesinos o los Sin Tierra, sobre todo en los nueve meses de gestión de Franco, mueren como moscas. Al diario La Nación, quizás, le hubiera servido tener en cuenta el siguiente comunicado de prensa para elaborar su editorial: “La Asociación Americana de Juristas, organización no gubernamental con estatuto consultivo en las Naciones Unidas, condena el asesinato en Paraguay del defensor de los derechos humanos, Benjamín Toto Lezcano, de 53 años, quien era el secretario general de la Coordinadora Campesina Dr. Gaspar Rodríguez de Francia”. Informamos que el 19 de febrero de 2013, dos sicarios que se movilizaban en motocicleta perpetraron el asesinato en la comunidad campesina de Núcleo 4, Arroyito, distrito de Horqueta, departamento de Concepción. La tierra es vida y Toto Lezcano murió por ella”. La historia de Lezcano pudo darse a conocer, pero la mayoría de los violentos casos vinculados a la criminalización de la protesta social en el vecino país permanecen en el anonimato. Eso sí, ante tamaña impunidad, la mayoría de los principales dirigentes políticos permanecen inmutables y lejos están de ponerse colorados.


Análisis sobre “un país desviado”
Año 6. Edición número 252. Domingo 17 de marzo de 2013
Entrevista. Lorena Soler. Investigadora del Conicet. La autora de La larga invención del golpe, socióloga y docente de Historia Social Latinoamericana, explica por qué nada es un accidente coyuntural en Paraguay.
El escritor paraguayo Augusto Roa Bastos solía decir que Paraguay es un agujero en el mapa sudamericano. La figura buscaba hacer notorio cómo ese país se había convertido en la gran excepcionalidad latinoamericana desde la Guerra de la Triple Alianza. Evidentemente, el autor de Yo el Supremo acertó con su metáfora. Cada tanto, una noticia tremebunda del país guaraní –desde un golpe de Estado, un magnicidio presidencial o el destape de un caso de corrupción surrealista– llega a los diarios. En ese sentido, la socióloga argentina Lorena Soler intentó pensar y analizar por qué Paraguay es, como ella afirma, “un país desviado”. Y el resultado de su trabajo fue La larga invención del golpe, una interesante pieza para entender el comicio presidencial paraguayo desde una perspectiva más amplia que el mero enfoque electoral.


–¿Paraguay vive una larga anomalía institucional y económica según tu criterio?
–Preferiría no hablar de anomalías. Le dedico una buena parte del libro a discutir y explicar el por qué de los argumentos que han legitimado a Paraguay como una excepción latinoamericana, un país “desviado”. Intento explicar cuáles fueron las condiciones sociohistóricas que dieron lugar a la conformación de un orden social determinado. Por esas razones, me propuse estudiar al stronismo, no bajo la categoría de dictadura sino como una modernización conservadora. Me interesa, y los lectores dirán si está logrado, mirar el régimen de Stroessner para pensar el cambio social y sus conflictos, estudiados en la perspectiva de la larga duración, lo cual nos permite volver a pensar la independencia guaraní, sus guerras regionales, hasta el golpe de Estado a Fernando Lugo. Como ha dicho Fernand Braudel, adoptar una vocación por la larga duración implica aceptar que las estructuras están dotadas de tan larga vida que ellas constituyen, al mismo tiempo, sostenes y obstáculos.


–Un poco más cerca en el tiempo, ¿cómo entiende a la era de Lugo, pudo tejer alguna discontinuidad política en la estructura social de su país?
–Lugo es la expresión final de una crisis del sistema social pero no lo suficientemente profunda como para haber menguado el poder de las fuerzas reaccionarias que mostraron su capacidad para recomponerse y dar un golpe de Estado. Su gobierno termina siendo una pausa que da posibilidad de recomposición a otras fuerzas del status quo que se encontraban en franca crisis cuando él triunfa. Y Fernando Lugo es, entonces, expresión y emergencia de ese proceso de descomposición pero que, al mismo tiempo, sin buscarlo, permite recomponer mucho antes que cambiar. Su mayor legitimidad la extrae por reivindicarse no perteneciente al sistema político. Recordemos que en una acentuada partidocracia, Fernando Lugo accede al gobierno con una alianza con el Partido Liberal que le brinda cierta estructura para poder ganar las elecciones. Sin embargo, el presidente electo no tiene representación propia en el Parlamento, pero tampoco fuerza o voluntad de transformarlo. Claro que el resultado no estaba dicho. Podía, como otros presidentes de la región hacer de la crisis una oportunidad y adoptar rápidamente algunas medidas que le hubieran permitido una adhesión social más amplia.


–¿Cómo observa la actual relación entre el Mercosur y Paraguay? ¿Es Asunción un agujero en el mapa del Cono Sur como decía el escritor Augusto Roa Bastos? ¿La herida de la Guerra de la Triple Alianza sigue viva en el imaginario social?
–Lamentablemente, las representaciones de la Guerra de la Triple Alianza siguen muy vigentes y se reeditan, por izquierda y por derecha, ante cada crisis política de cualquier grado. Eso siempre se presenta como un obstáculo para la integración latinoamericana, aunque, para ser justa, tampoco los socios minoritarios han tenido el tratamiento merecido. Ni Argentina ni Brasil, por ejemplo, han desarrollado conjuntamente con los gobiernos una política de desarrollo económico sostenido que permita paliar la gran desigualdad social y con ella poder establecer una sincera estabilidad democrática.


–Supuestamente, el Partido Colorado va a retornar al poder. ¿Es Horacio Cartés, su candidato presidencial, una especie de nuevo caudillo o reproduce las tradicionales características del liderazgo colorado?
–Afirmar que el Partido Colorado ganará las elecciones y volverá al poder no dice mucho y explica menos. Lo que en rigor sucede, como parte de un proceso de corrosión de las identidades partidarias y de votantes que se autodefinen como independientes, es la presencia de candidatos que no necesariamente provienen de la estructura burocrática del partido ni tienen trayectoria en el mismo. En los dos extremos ideológicos encontramos expresiones de este fenómeno. Por un lado, un candidato proveniente de la televisión, Mario Ferreiro, que se presenta bajo una nueva formación partidaria (Avanza País) y que era, hasta el golpe de Estado, la persona que Fernando Lugo había designado a sucederlo. En la otra punta y con un prontuario un poco más gris, Horacio Cartés forma parte de ese mismo fenómeno. Recordemos que Cartés es un empresario que arriba súbitamente al Partido Colorado, borra a las figuras con peso en la estructura y se lanza sin obstáculos internos a la carrera presidencial.

Fuente:MiradasalSur

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