9 de abril de 2013

BOLIVIA.

LUNES, 8 DE ABRIL DE 2013 
¿Así que ahora un partido de la COB? 
Por Rafael Puente 
Al acercarse el 1º de Mayo se sabe que se está preparando la presentación del nuevo Partido del Trabajo, que podría ser el nombre del instrumento político de la Central Obrera Boliviana. Argumentos no faltan para la elaboración de nuevos partidos -a ver si alguno sirve-, ya que el MAS se encarga de proporcionarlos con consternadora frecuencia. Pero creo que el tema no es ése.

Tampoco vamos a decir que el tema de fondo, en este caso, sea el carácter esencialmente anti-societario del “partido” como tal, condenado -cualquiera que sea- a contrariar sus propios principios, ya que, como bien dijo el viejo Lenin, el partido es nada menos que el “germen del estado”, y por tanto el germen de un inevitable proceso de acumulación de poder, que es lo contrario de cualquier proceso de liberación, o de cambio, o como queramos llamarlo. Pero no vale la pena insistir en esto porque sería un debate contra casi toda la opinión política (convencida de que el partido es un mal necesario -qué triste- y no sólo con los compañeros de la COB; y ojo, no digo compañeros y compañeras porque en la histórica matriz de los trabajadores el patriarcado sigue intacto). 


No. El tema en este caso se podría formular como la señal de una claudicación definitiva de nuestra gloriosa Central Obrera Boliviana, la que naciera al calor de la revolución del 52, la que fue capaz de mantener en jaque al estado nacionalista durante sus veintisiete años de vigencia, la que sólo pudo ser doblegada por una cadena de golpes militares a cuál más sangriento y más anti-nacional, la que al menos formalmente incluía a casi la totalidad del pueblo boliviano (hasta los rateros se organizaron en sindicato -recordemos aquel pintoresco Sindicato de Cachivacheros- para ser parte de la COB). 


Pues bien, aquella COB, la gloriosa, siempre entendió que uno de las claves para mantener su propia unidad era aceptar en su seno el pluralismo partidario, y nunca cayó en la tentación de intentar tener su propio partido. Y ahora, cuando la actual COB es apenas una sombra de aquella y es una organización esencialmente débil -aunque por supuesto digna de todo respeto- ¿ahora se dispone a organizar su propio partido? ¿Qué les pasa, compañeros (y otra vez no añado “compañeras” ya que afortunadamente las mujeres son inocentes de semejante dislate)? 


El argumento es que el MAS (para colmo un partido que no respeta el supuesto principio de la vanguardia proletaria y en el que son los pueblos indígenas originarios campesinos los que mandan) está resultando decepcionante. ¿Y ustedes creen que eso justifica la creación de otro partido condenado a ser por lo menos igualmente decepcionante? ¿O será que la clase obrera está mejor orientada políticamente que la clase-nación campesina? ¿No están una y otra igualmente absorbidas por la misma actitud localista y sectorialista, por la misma tendencia al individualismo y la desagregación, que en estos momentos caracteriza a prácticamente todos los sectores sociales del país? ¿Alguien recuerda en estos años una movilización de la COB por una demanda que no fueran “sus” salarios? ¿No fue la propia Federación de Mineros -otrora indiscutida cabeza de la COB- la que rechazó la propuesta del Presidente Evo Morales de nacionalizar la minería privada?


¿De verdad creen ustedes, amigos de la COB, que lo que le falta a este proceso de cambio es otro partido más, cuando lo que ocurre en realidad es que sobran todos? Estamos de acuerdo en que la COB puede ser un actor saludable en este proceso, incluso un actor necesario que complemente la visión y las demandas de los actores indígenas y campesinos. Pero si cae en la tentación de volverse partido lo único que hará es sentar las bases de su definitiva marginalidad, y de su inevitable división interna.


Ojalá el 1º de Mayo, más allá de los discursos, pueda ser una jornada de reflexión. Ukamau.


LUNES, 8 DE ABRIL DE 2013 
¿Hasta cuando seguirán impunes los asesinos del Che? 
Por Jean-Guy Allard / Emrah Kaynak 
Varios de los actores claves del asesinato de Ernesto Che Guevara el 9 de octubre de 1967 en la aldea de La Higuera, hoy viven un retiro escandaloso en sus respectivos países sin nunca haber respondido por sus actos ante la justicia. Desde el ejecutor de trabajos sucios que buscara en el alcohol el coraje que este da al cobarde, pasando por el gabinete negro de la Casa Blanca y continuando con los agentes de la CIA expertos en golpes bajos, esta ejecución sumaria implica toda una cadena de responsabilidades.

Las acusaciones cruzadas de los diversos protagonistas tienen por objetivo sembrar la duda sobre la paternidad de la decisión final. Para unos, esta decisión del asesinato es obra de Gary Prado Salmón, jefe de la unidad militar que capturó al Che; para otros, incumbe al Presidente golpista boliviano René Barrientos orientado directamente por las más altas autoridades estadounidenses. 

Comparten la responsabilidad del odioso crimen, esta olla de grillos compuesta por Rangers bolivianos que no dudarán en pavonearse uno por uno en presencia de los restos del Che expuestos cual un trofeo de caza. Y especialmente sus instructores cubanoamericanos, “consejeros especiales” de la CIA. 

Gary Prado Salmón 

Diligente auxiliar de la dictadura boliviana, el entonces Capitán Gary Prado Salmón dirigía el 8 de octubre de 1967 la unidad de Rangers bolivianos que capturó al Che y sus compañeros, antes de detenerlo como prisionero y su posterior asesinato. 

Este oscuro personaje vuelve inoportunamente a dar que hablar. Figura hoy entre los acusados de un complot que tenía por objetivo principal asesinar al presidente boliviano Evo Morales. El general retirado prestó asistencia a la nebulosa extrema derecha transnacional dirigida por el mercenario boliviano-croata Eduardo Rózsa Flores. Con residencia fijada en el lujoso barrio de Urubari en Santa Cruz, Gary Prado Salmón reconoció haber forjado lazos con el jefe de los mercenarios a la par que trataba de aminorar su implicación en los hechos. [ii] 

Rodriguez - Villoldo 

Felix Rodriguez Mendigutia y Gustavo Villoldo Sampera

Conjuntamente con la cuadrilla de fuerzas especiales en contra-insurrección dirigida por el mayor Ralph “Pappy” Shelton, dos agentes cubano-americanos de la CIA, Félix Rodríguez Mendigutia y Gustavo Villoldo Sampera, serán especialmente asignados a la búsqueda y eliminación del Che. Estos dos fulanos, miembros de la Brigada 2506, guardaban en sus gargantas el sabor amargo de la calamitosa invasión de Bahía de Cochinos. 

Villaldo Sampera fue enviado a Bolivia como consejero del segundo batallón de Rangers bajo el seudónimo de “Capitán Eduardo González”. Participó en numerosas operaciones clandestinas, principalmente en América Latina, al servicio de la agencia. Vive tranquilamente en una finca en Florida, mas asegura que “luchará hasta el último aliento contra Fidel Castro”. Especialmente amargado, este anticomunista profeso culpa a Fidel Castro y al Che Guevara por la muerte de su padre, colaborador de la General Motors que se suicidó luego del triunfo de la Revolución Cubana.

Gustavo Villaldo Sampera tuvo por demás la arrogancia de lucrar con sus crímenes. En 2007 adquirió, a través de una subasta en Dallas, más de 100.000 dólares por la venta de mechones de cabello y otras reliquias del legendario revolucionario. 

Villoldo Sampera pretendía hacer desaparecer los restos del Che con el fin de borrar su huella en la imagen colectiva. Ignoraba que la sepultura del Che está en el corazón y el espíritu de todo pueblo que lucha. ¡Sus asesinos quisieron disimular su cuerpo y su imagen se reproduce hasta el infinito! 

Félix Rodríguez Mendigutía alias « El Gato », alias « Félix Ramos », es el agente de la CIA que supervisó la ejecución del Che. Sostuvo ante la revista española Cambio “haber dado la orden a Terán de tirar por debajo del cuello para que pareciera haber muerto en combate”. [iii] 

Este amigo cercano de George Bush padre, posee un pedigrí especialmente abultado. Participó en un gran número de operaciones contrarrevolucionarias secretas y su nombre retumba tanto por el escándalo del programa Phoenix en Vietnam como por el caso Irán-Contras.

Este criminal de guerra, que recibió en 1976 la “Intelligence Star” [iv] de las manos de su mentor, se apropió sin vergüenza alguna, antes de hacerlo fusilar, del reloj y la pipa del Che (que exhibe en su residencia-fortaleza de Miami). 

Mario Terán 

El último eslabón de esta cadena es el siniestro e insignificante sub-oficial Mario Terán, quien luego de haberse declarado voluntario para asesinar al Che vacila lastimosamente ante este hombre desarmado, manos atadas en la espalda, herido en una pierna pero de fuerza moral intacta. El verdugo cuenta estos últimos instantes en una entrevista dada a Paris Match en 1977: “Yo veía un Che, grande, muy grande, enorme. Sus ojos brillaban intensamente. Yo sentía que se levantaba y cuando me miró fijamente, sentí nauseas. Pensé que con un movimiento rápido, el Che podía quitarme mi arma. Tranquilízate, me dijo, ¡y apunta bien! ¡Vas a matar a un hombre!”. 

Por ironía de la historia, aquel que le quitó la vida al Che recuperó la visión, hace unos años, gracias a los médicos cubanos enviados a Bolivia en el marco de una misión internacionalista de solidaridad. Fue operado gratuitamente de cataratas por médicos cubanos en un hospital de Santa Cruz donado por Cuba, siguiendo el más puro espíritu del Che, que curaba a los soldados enemigos heridos con el mismo celo que a sus compañeros de armas.[i] 

Hace falta precisar que en la cima de la cadena de mando se encontraban los asesinos más despreciables, los que premeditaban los crímenes a sangre fría, guiados por una estricta escala de intereses. Por cierto, era imposible asesinar al Che luego de su arresto sin el acuerdo previo, o al menos implícito de personalidades eminentes, incluidos el presidente de la CIA Richard Helms y el huésped de la Casa Blanca Lyndon Johnson. 

Mataron un hombre, pero un mito nació, el del revolucionario internacionalista decidido a morir para dar vida a sus ideas, el del guerrillero heroico cuyo simple rostro encarna el deseo de libertad de todos los pueblos oprimidos. 

Sin embargo, ninguno de estos asesinos, actores de una obra trágica que marcó toda una época histórica, han sido llevado a comparecer ante un tribunal de justicia para responder de este crimen. Mientras miles de admiradores del Che, en el mundo entero, siguen preguntándose hasta cuando seguirán impunes sus asesinos, en su retiro dorado, en Bolivia como en Estados Unidos.
Fuente:Argenpress

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