Por Sergio Rodríguez Gelfenstein, Resumen Latinoamericano, 2 de diciembre de 2018.-
La semana pasada comentaba que nunca antes en la historia las elecciones de medio término en Estados Unidos, habían despertado tal grado de interés en la opinión pública no sólo de ese país, sino que en todo el planeta. Otro tanto pareciera estar ocurriendo en los prolegómenos de la Cumbre del G-20 ha comenzado al mismo tiempo que escribo estas líneas. Resulta complicado escribir sobre un evento sin esperar las conclusiones del mismo, por eso solo me atreveré a mencionar algunos elementos de contexto.
Esta reunión se realiza en un país estremecido por una crisis económica profunda solo sorteada por el monumental endeudamiento adquirido por el gobierno con el FMI, por la incapacidad de la oposición peronista sumida en una colosal división de la que no parece poder salir en el corto plazo y por el consenso de la clase política, de las poderosas dirigencias sindicales y de la propia sociedad en el sentido de rechazar la posibilidad de una salida violenta a la terrible coyuntura que atraviesa el país austral. La incapacidad de gobernar y el desprestigio del gobierno se ha manifestado recientemente por la incredulidad de la ciudadanía en la explicación que el gobierno ha dado sobre la situación del hundido submarino “ARA San Juan” y la incapacidad de la administración Macri para garantizar la seguridad pública en el partido de futbol que concluiría con el campeón del la Copa Libertadores, el más importante torneo de clubes de la región, cuando la ministra de seguridad Patricia Bullrich había asegurado que tal misión no encaraba mayor complejidad.
Buenos Aires es hoy una ciudad militarizada, 26 mil efectivos se han desplegado para evitar que ocurra lo mismo que en el juego Boca-River, incluyendo fuerzas especiales de Estados Unidos y comandos israelíes. La urbe está paralizada, no hay transporte público, los mandatarios se reunirán lejos de las manifestaciones y las manifestaciones se harán lejos de los mandatarios, en un gran recinto ferial propiedad de un amigo de Macri, para dejar bien patente que los mandatarios que se reúnen, lo hacen en un concilio de élites, bien alejados del sentimiento popular que no se sienten interpretados por esta reunión de mandatarios y empresarios.
En el marco de las medidas de seguridad que se han tomado, algunos de los aviones con alrededor de 200 efectivos de las fuerzas armadas de Estados Unidos aterrizaron y se desplegaron en Uruguay, logrando el objetivo anexo de que el Frente Amplio se dividiera en la opinión y en la votación en el parlamento a fin de autorizar la entrada de tropas extranjeras al territorio nacional. Así, de manera tangencial, Estados
Unidos logró que el gobierno de Uruguay cooperara con el de Argentina en la represión contra el movimiento popular que manifestará en contra del cónclave.
Muy temprano, incluso antes del inicio de la Cumbre, se expuso la ineptitud del gobierno al exhibirse las contradicciones de los funcionarios ante la solicitud – por parte de una ONG- de apresar al príncipe heredero saudita Mohámed bin Salman acusado por dar la orden para el asesinato y desaparición del periodista Jamal Khasogghi en Estambul. Los funcionarios argentinos han expresado no saber qué hacer ante la “papa caliente” que significa la presencia de un invitado que no es formalmente jefe de Estado y que además dirige el brutal genocidio en Yemen., repudiado crecientemente en diversos países del mundo.
Otro tanto ocurrió ante la llegada del presidente francés Emmanuel Macron, quien arribó a Buenos Aires en la más completa orfandad, al fallar el protocolo y no ser recibido por autoridad alguna del país anfitrión.
En cuanto a la reunión propiamente dicha, la misma se va a caracterizar por la puesta sobre la mesa de tres opciones: la de Estados Unidos, la de China y la de Rusia. Europa se encuentra muy disminuida y sin respuesta ante los ataques de Estados Unidos que es teóricamente su principal aliado político, económico y militar, lo cual la inhibe de adoptar una ciega posición de apoyo a Estados Unidos en la Cumbre.
En la reunión de la OMC, también realizada en Buenos Aires en diciembre del año pasado, Estados Unidos dijo que esta instancia no tenía mayor validez y se retiró de las sesiones, por lo que no hubo documento final. Argentina no quiere que esto vuelva a ocurrir en la presente asamblea.
El centro de la información girará en torno a la confrontación comercial (que es mucho más que eso) entre Estados Unidos y China. Paradójicamente, Estados Unidos está funcionando de acuerdo al llamado “triángulo Kissinger”. En el pasado, Henry Kissinger secretario de Estado y Consejero de Seguridad Nacional durante los gobiernos republicanos de Richard Nixon y Gerald Ford hizo que China se aliara a Estados Unidos para aislar a la Unión Soviética, ahora el mismo Kissinger ha recomendado a Trump, acercarse a Rusia para aislar a China. Esto no se ha podido concretar totalmente por la supuesta injerencia de Rusia en las elecciones de Estados Unidos, lo cual mantiene dividido al establishment estadounidense. En ese sentido, Estados Unidos no quiere tener un 2-1 (China y Rusia vs Estados Unidos) en la Cumbre y ha hecho concesiones.
Podría decirse que en este ámbito, la política de Trump se asemeja a la de Roosevelt y Nixon en su momento (divide y vencerás), pero, en este caso proponiéndose también romper la alianza trasatlántica que se creó en 1945, y volver a la tradicional política aislacionista y proteccionista de su país que primó desde la independencia en el siglo XVIII hasta fines de la segunda guerra mundial.
En ese contexto, Trump se ha planteado desgarrar todo atisbo de multilateralismo: la alianza militar (OTAN), el acuerdo político (ONU) y el consenso comercial (OMC), es decir la guerra comercial iniciada contra China se inscribe en una política general. Sin embargo, las elecciones de medio término del pasado 6 de noviembre han significado un contratiempo para la ejecución de las políticas de Trump, al quedar expuesto que son rechazadas por la mayoría de la sociedad estadounidense. En este marco, la actitud de Trump en Buenos Aires dependerá en gran medida de una mirada internacional que no puede obviar los apetitos reeleccionistas de Trump para las elecciones presidenciales de 2020.
Esta Cumbre no tendrá grandes cosas que anunciar. Sólo será un episodio más de la disputa entre las tres potencias. Rusia hará patente esa condición, China, su apoyo al libre comercio y Estados Unidos apostará a lo bilateral por encima de lo multilateral e incluso como contradictorio con éste. Por tanto, lo relevante de Buenos Aires no será la Cumbre en sí misma, sino las reuniones bilaterales que se sostengan entre los líderes. Estados Unidos intentará aprovechar las bilaterales para tratar de ganar apoyo en su guerra comercial contra China, exponiendo sus políticas anti globalización y anti multilaterales. Como he dicho con anterioridad, desde hace algunos años, estos encuentros en realidad, fácilmente podrían denominarse G-2, si se considera que los otros 18, tal vez con la salvedad de Rusia, van a mirar lo que las dos grandes potencias mundiales van a decidir.
En algún momento se pensó que Argentina podría trabajar para articular un bloque “todos contra China”. Estados Unidos no quiere y no tiene capacidad para construirlo. Aunque sí está ejerciendo una gran presión para desnaturalizar la presencia china en América Latina, pero sin poder ofrecer nada a cambio. Eso es lo que hace que los gobiernos de América Latina y el Caribe, en su mayoría leales e incluso subordinados de Estados Unidos en materia política, se lo piensen dos veces antes de asumir posiciones anti-chinas en materia económica. La situación financiera global no se lo permite aunque lo deseen. Y en este ámbito, Macri ha dado los mayores ejemplos de hipocresía gubernamental dirán algunos, pragmatismo, lo llamaran otros.
En general, como dije, no se producirán grandes acuerdos, Argentina como país sede apuntó a una Cumbre sin sobresaltos, pero intentando que haya documento final. No se sabe si eso llegue a ser posible, hasta el momento no lo parece. Desde este punto de vista, la Cumbre será solo un episodio más en el camino de Estados Unidos para chocar con China dentro de 20 años, si puede hacerlo. Es lo que está preparando Trump y cada escenario es usado en ese objetivo. El G-20 es uno más.
En el ámbito de la participación de los países latinoamericanos, Argentina intentará no chocar con ningún actor, continuará la política de Macri, de decirle a Estados Unidos lo que quiere escuchar, lo mismo que a China, por eso, una cosa será lo que se diga en la Cumbre y otra lo que se exprese y se acuerde en las reuniones bilaterales. En la región, lo más importante ahora es la victoria de Bolsonaro en Brasil por la incertidumbre que genera en materia internacional donde no ha hecho grandes anuncios. En el gobierno de Argentina que aplaudió la victoria de Bolsonaro y fue el primero en saludar su victoria, ahora se ha desatado un gran temor por las declaraciones del futuro ministro de hacienda brasileño que dijo que para Brasil, las relaciones con Argentina y con Mercosur dejarán de ser relevantes. En este aspecto, Argentina intentará defender el Mercosur. A nivel global, aún no se sabe qué decisión tomará Bolsonaro respecto de la membrecía de Brasil en el BRICS. Aunque Bolsonaro no asistirá a la Cumbre, su “fantasma” rondará la misma.
En medio del cambio de gobierno en México, la presencia de Peña Nieto será irrelevante y se limitará a la firma del nuevo acuerdo comercial entre los tres países norteamericanos. Por ello, el tema Bolsonaro y su probable posición respecto del libre comercio, el multilateralismo, Mercosur y BRICS, será lo más relevante para América Latina en este evento.
En ciertos sectores de la clase política argentina (no en la presidencia) existe temor de que se configure un bloque neoliberal, autoritario, fascista, proteccionista y belicista con eje en Estados Unidos (debilitado por la derrota de Trump en las elecciones de medio término) y Brasil.
Como se sabe, el temario de las cumbres se discute con antelación, hay poco espacio para la improvisación, excepto lo informal y lo simbólico, pero esto se manifiesta sobre todo en las bilaterales, las multilaterales suelen ser más formales. En este caso, en las reuniones preparatorias de la Cumbre se observó que Estados Unidos está cambiando su forma de negociar, aun manteniendo su postura proteccionista y se cree que China, fiel a su tradición, dará algunas señales de distensión. En las tiranteces que se han manifestado en la preparación de esta cumbre, muchos respiraron aliviados después de la conversación telefónica entre Xi y Trump y el anuncio de una reunión bilateral en Buenos Aires
Por otro lado, se ha observado que Estados Unidos enfrenta simultáneamente problemas en Corea, Medio Oriente, Siria, Yemen, la controversia con Rusia por Ucrania, intentos de intimidar a China en el Mar de la China meridional y las diferencias con sus tradicionales aliados europeos y de otras regiones por temas comerciales, todo lo cual ha afectado su poder hegemónico. Eso llevó a que en las reuniones preparatorias de la Cumbre haya actuado como un actor más, sin manifestar su tradicional espíritu avasallante. Estados Unidos está orientado a una mirada más doméstica en materia de comercio, por lo que no le conviene hacer mucho ruido en términos de guerra comercial, lo cual no impide que haya retórica de “guerra fría” sobre América Latina, sobre todo en las bilaterales, en particular después de la resurrección de la Doctrina Monroe en boca de Tillerson, Mattis y Pence, todo encaminado a frenar la presencia china en la región. Pero eso se manifestará sobre todo en lo bilateral y en lo informal.
En conversaciones de este tipo, los delegados de Estados Unidos en las reuniones preparatorias han manifestado preocupación porque la guerra comercial con China conduzca a un aumento de la inflación en Estados Unidos e incluso a una probable recesión para finales de 2019 y 2020, lo cual afectará a Trump en sus intenciones reeleccionistas.
En ese sentido, puede haber algunas tensiones en la Cumbre, pero serán retóricas y anecdóticas, no van a ser reales. Finalmente, los miembros del G-20, necesitados de mantener el show que les da preponderancia global por encima de cualquier otro organismo multilateral estarán muy pendientes de la próxima Cumbre G-20 que será en Japón, donde podría haber una situación internacional e interna bastante distinta en Estados Unidos, en un momento en que los impactos de la guerra comercial con China podrán visualizarse con mayor nitidez y relevancia.
El evento confirmará que el mundo depende de lo que decidan económicamente estos 20 países, como ha definido que 5 de ellos son los que concretan en el Consejo de seguridad de la ONU, los destinos políticos del planeta. Aunque no haya consensos, no importa, en definitiva este evento es solo una demostración de fuerza. Tampoco importa que en el mismo se reúnan delincuentes como Macri y Peña Nieto, golpistas como Temer, asesinos como bin Salman o fascistas como Salvini, finalmente ellos están unidos en torno al capital y eso les garantiza impunidad y tranquilidad.
Por lo pronto, las primeras imágenes de la Cumbre muestran a Trump tirando su audífono al suelo quejándose de la traducción y abandonando el saludo de Macri ante su mirada de incredulidad, idiotez y subordinación vergonzosa, dejando claro además que a pesar de organizar la cumbre no deja de ser un vulgar lacayo.
Sobre marchas y contramarchas. G 20, caos social y orden político
Por Guillermo Caviasca, 1 diciembre 2018
Señala Clausewitz al inicio de su gran obra “De la guerra” que “la fuerza, es decir, la fuerza física constituye así el medio; imponer nuestra voluntad al enemigo es nuestro objetivo” y que “la guerra constituye un acto de fuerza para obligar al enemigo a acatar nuestra volutad”.
Y Max Weber define el poder como “la probabilidad de imponer nuestra propia voluntad, dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera sea el fundamento de esa volutad”.
Esta última es una profundización y ampliacion de la definición militar de Clausewitz hacia cualquier relación social, o sea hacia la política en sentido amplio.
Todos debemos saber que para Clausewitz (y para nosotros) la guerra es sólo una forma de desarrollo de los conflictos políticos.
Todos debemos saber que para Clausewitz (y para nosotros) la guerra es sólo una forma de desarrollo de los conflictos políticos.
Esto significa que no hay un universo “no político” de la lucha violenta, sino que es una herramienta más de la política. Porque la guerra es “la continuación de la política por otros medios”. Y que aunque el militar prusiano sólo se refiera a conflictos nacionales, la guerra, o mas bien la lucha en general, violenta o no, es tanto entre naciones como al interior de las mismas, o la combinación de ambos ecenarios.
Pero como señala Clausewitz (y no solo él) el mejor general es el que impone su voluntad sin violencia. O sea que triunfa sin disparar un tiro, digamos en criollo. O sea el que impone los fines sobre el adversario sin guerra, con diplomacia, economía etc. o con sólo la amenaza de ella. Pero el general prusiano nos advierte que no seamos ingenuos y que estas últimas hipótesis son ideales, que nadie permite generalmente que le impongan la voluntad del otro sin pelear.
Bueno toda esta introducción para decir que Clausewitz no estuvo en Argentina el viernes 30 (obvio) porque hubiera tomado nota como el gobierno impuso su voluntad a las organizaciones políticas opositoras de una forma total.
Logró desmovilizar generando una marcha módica y folklórica de izquierda. Estableció el recorrido más inofensivo, generó una calma pocas veces vista en los ultimos tiempos, y logró que las mismas organizaciones y sobre todo los organizadores se “autorreprimier an”, firmaran documentos donde implícitamente aceptaban que cualquiera que saliera del “corralito” estaba en condiciones de ser reprimido, etc.
O sea la imposición de la voluntad por parte del ministerio de seguridad fue total, sin combate.
O sea la imposición de la voluntad por parte del ministerio de seguridad fue total, sin combate.
Así el gobierno coronó una victoria que trabajó desde hace tiempo, que era evidente que estaba trabajando y que la oposición compró y asumió en forma casi cómplice o ingenua en muchos casos.
El gobienro logró demostrar que a pesar de que hay una situación económica deplorable y una situación social ya muy grave; la situación política parece bajo control, al menos está en condiciones de controlar a la oposición o mantenerla dentro de los carriles “normales y aceptados”. Inclusive a la oposicion más dura.
G-20: Una declaración final que esconde la falta de consenso
Resumen Latinoamericano / 2 de diciembre de 2018 / Claudio della Croce, Clae
La cumbre de presidentes del G-20 cerró este sábado con una declaración conjunta que sirvió para evitar el fracaso explícito del encuentro, aunque dejó en evidencia las profundas diferencias que separan a Estados Unidos del resto de las potencias en temas centrales de la agenda global como el comercio internacional y la preservación del medio ambiente.
Por primera vez desde que se reactivó este foro multilateral hace ya diez años el texto no incluyó una condena explícita al proteccionismo económico, dejando en claro cómo impacta en los espacios multilaterales el giro que le imprimió Donald Trump a la política exterior de su país.
En la declaración final incluso se incluyó un punto que llama a la reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC), entidad que viene siendo duramente cuestionada por Trump. En lo que respecta al medio ambiente, para evitar una ruptura se optó por una decisión salomónica consistente en incorporar un párrafo con la posición de quienes respaldan el Acuerdo de París y otro donde EEUU marca sus diferencias.
El documento consensuado, un catálogo de buenas intenciones, no puede invisibilizar los conflictos del mundo real. Si bien el G20 se autodefine como “el principal foro internacional para la cooperación económica, financiera y política”, es el escenario de las principales confrontaciones económicas, financieras y políticas, entre potencias que coinciden en apoderarse de los recursos, y donde sobresalen la confrontación comercial de EEUU con China, y la militar con Rusia.
El documento final hace malabarismos diplomáticos “El comercio y las inversiones internacionales son motores importantes de crecimiento, productividad, innovación, creación de trabajo y desarrollo. Reconocemos la contribución que el sistema de comercio multilateral ha hecho para este fin”, pero no convoca a luchar contra el proteccionismo y crítica a la Organización Mundial de Comercio (OMC), una de los engranajes de la arquitectura internacional que Trump tiene en la mira.
“El sistema actualmente no cumple con sus objetivos y hay espacio para mejorar. Por lo tanto, apoyamos la reforma necesaria de la OMC”, señala el texto para optimizar su funcionamiento, revisaremos su progreso en nuestra próxima cumbre”.
A pesar de que se creía que el encuentro entre los presidentes Donald Trump y Xi Jinping iba a quedar en un compendio de frases optimistas, finalmente alcanzó un acuerdo temporal para aliviar la “guerra comercial”. EEUU se comprometió a suspender por 90 días la aplicación de nuevos aranceles a las importaciones de China que entraban en vigor el 1 de enero, mientras que China prometió volver a adquirir productos agrícolas estadounidenses de inmediato.
La amenaza arancelaria de Trump incluía una suba de la barrera impositiva del 10% al 25% a importaciones chinas por valor de 200 mil millones de dólares. La tregua durará 90 días, supeditada a un nuevo acuerdo en ese lapso, anunció la Casa Blanca.

Para los analistas, lo único claro pareciera ser que el modelo de liberalización comercial gradual instrumentado a mediados del siglo XX para dejar atrás el proteccionismo que derivó en las dos guerras mundiales está en rediscusión, y por eso se puso el foco en la reforma de la OMC. ¿Estos escarceos son solo un reacomodamiento dentro del mismo esquema o un punto de quiebre que le abre las puertas a un escenario todavía desconocido?, se preguntan.
Los líderes tienen claro que este tipo de reunión tiene algún sentido solo si se llega a un mínimo consenso. Pocos días antes, El presidente francés Emmanuel Macron aseguró públicamente que “si no conseguimos acuerdos concretos, nuestras reuniones internacionales se vuelven inútiles”. La declaración dejó en claro la falta de consenso: no fue chicha ni limonada, pero fue presentada como un triunfo.
Al presidente argentino Mauricio Macri le fue mejor que a Justin Trudeau hace apenas un semestre, cuando Trump dejó la cumbre del G7 con insultos al joven anfitrión por sus desacuerdos comerciales; y que a la canciller alemana Ángela Merkel, hace un año, en Hamburgo, cuando no se firmó un documento de consenso y se exteriorizó la división 19 a 1.
En ese momento, Trump se negó a cualquier conciliación sobre el cambio climático, como prolegómeno al retiro de su país del Acuerdo de París. Diez días antes de Cumbre, la comisión oficial estadounidense sobre el tema publicó un informe que enumera las catástrofes ambientales ya producidas y advierte las que se avecinan, en plazos que se acortan en forma dramática: el calor extremo se generaliza; esto provoca cada vez mayor cantidad de incendios; la elevación del nivel del mar impondrá migraciones masivas y las ciudades costeras no se están preparando como se debe.

El documento señala que “Los firmantes del Acuerdo de París, quienes también se unieron al Plan de Acción de Hamburgo, reafirman que el Acuerdo de París es irreversible y se comprometen a su completa implementación”, aclara enseguida que EEUU reitera su decisión de retirarse del Acuerdo de París y “afirma su fuerte compromiso para el crecimiento económico y accesos a energía y seguridad, utilizando todos las fuentes de energía y tecnologías al tiempo que protege el medio ambiente”.
Mientras los medios hegemónicas hablan de la cumbre como lanzadora de la reelección de Macri, Cecilia Nahón, profesora de la American University y directora de un programa académico sobre el G-20, señala que la apuesta a los grandes respaldos internacionales no es nueva, pero no derivó ni en lluvia de inversiones ni en boom exportador, sino en endeudamiento, crisis económica y un plan de emergencia con el FMI. Los beneficios fueron para unos pocos especuladores, no para la mayoría de los argentinos. En el centro del mundo está el G20 y sus bilaterales, no la Argentina, señaló.
Para nuestra región, un elemento importante es que parece haberse firmado el acta de defunción del Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, una de las apuestas del gobierno de Macri, que está a contramano de las actuales tendencias proteccionistas.
La primera ministra británica Theresa May y Macri hablaron de desarrollar un acuerdo de libre comercio, más allá de las limitaciones legales del Mercosur, que obliga a sus Estados parte a negociar en forma conjunta con terceros países. Analizaron los caminos a seguir para profundizar una relación bilateral que gira en torno al eje que eligieron eludir: la explotación hidrocarburífera y pesquera del Mar Argentino y de la plataforma continental que rodea a las Islas Malvinas, sobre cuya soberanía el presidente argentino olvidó reclamar.
Mientras Trump, con un discurso unilateral, reafirmó su alianza regional con México y Canadá con el nuevo TLCAN, Argentina llegó sola a la cumbre, con una región dividida, habiendo debilitado el Mercosur, la Unasur y la Celac, en la falsa ilusión de que subordinándose a Estados Unidos o a Europa se avanzan los intereses nacionales. Pero el mundo de libre comercio que Macri imagina ya no existe más, añadió Naón.
Entre dos fuegos
Para Macri la doble dependencia de EEUU y de China es un problema complejo que la cumbre puso en claro. Su agenda de apertura y desregulación chocó con el movimiento opuesto de Trump, de cuyo sostén (y su presión para el financiamiento del Fondo Monetario Internacional) precisa para llegar con algún oxígeno financiero al fin de su mandato a fines de 2019.
Pero también necesita de las inversiones y los préstamos de China, cuya impetuosa presencia es la principal preocupación de “seguridad nacional” de Washington. Trump y Macri acordaron enfrentar la “economía predatoria” que atribuyeron a China, según el comunicado oficial de la vocera estadounidense Sarah Huckabee Sanders, pero que los funcionarios argentinos negaron.
La economía predatoria china es la misma expresión que usó el jefe del Pentágono, general John Mattis, durante su visita de agosto a Brasil y la Argentina. Advirtió que los países de la región podían perder ciertos grados de soberanía, mediante regalos o préstamos chinos que luego sea imposible devolver y den lugar a condiciones gravosas”. A Estados Unidos no le preocupa que esa misma relación asimétrica sea entablada con el Fondo Monetario Internacional.
China es un socio estratégico integral de Argentina, dijo el embajador de Macri en Beijing, que espera que en la visita oficial del mandatario chino se firmen 37 acuerdos bilaterales. De ellos dependen la construcción de dos usinas hidroeléctricas en la sureña provincia de Santa Cruz (por 4.300 millones de dólares); dos usinas nucleares (hoy paralizadas por las restricciones presupuestarias impuestas por el FMI) y un centro de observación satelital en Neuquén, que según EEUU tendría funciones militares.
Cada frase de Trump y sus funcionarios sobre el peligro chino está dirigida en forma directa a la Argentina, señala el analista Horacio Verbitski.
*Economista y docente argentino, investigador asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)
Envío:ResumenLatinoamericano



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