4 de octubre de 2020

VENEZUELA.

La Asamblea Nacional en manos de la extrema derecha fue el caballo de Troya del imperialismo

Resumen Latinoamericano, 3 de octubre de 2020.

Así como los griegos usaron el caballo de Troya como artimaña para introducirse en la ciudad fortificada de los troyanos, el imperio norteamericano empleó la Asamblea Nacional, ganada por la oposición venezolana en el año 2015, para afectar a la población venezolana sin distingo de ideología política, clase social, raza, credo, como parte de su política hegemónica y unilateral.

El informe la Verdad de Venezuela contra la infamia. Datos y testimonios de un país bajo asedio expone todas las acciones que desde la AN, dirigida por la extrema derecha venezolana, se han ejecutado para facilitar la agresión imperialista contra el gobierno legítimamente electo por el 68% de los votos emitidos por el pueblo el 20 de mayo de 2018.

La aventura de un “cambio de régimen” inició el 5 de enero de 2016, cuando asumió la presidencia del Poder Legislativo, el diputado Henry Ramos Allup. En ese primer discurso el dirigente de la derecha venezolana dejó ver lo que vendría más adelante, al establecer un plazo máximo de seis meses para concretar un cambio forzado de gobierno, amparándose en la propuesta de un referéndum revocatorio, una enmienda constitucional e incluso la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente.

Con estas declaraciones se alineó a las directrices estratégicas del Gobierno de los Estados Unidos, y es así como la Asamblea Nacional tomó un rumbo distinto al de legislar en beneficio del país y cumplir las promesas realizadas durante la campaña electoral.

Por otra parte, el Parlamento Nacional se resistió a cumplir con los dictámenes del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), con lo cual se abrió un ciclo de confrontación política que devino en que el máximo Tribunal del país  declarara a la Asamblea Nacional en desacato, lo que implicó la nulidad de todos los actos parlamentarios, hasta que se resolviera el impasse provocado por la elección irregular de diputados del estado Amazonas.

En conclusión, las acciones del Parlamento dirigido por Ramos Allup, en ese primer año, estuvieron orientadas al choque de poderes y al intento desesperado por desmantelar las conquistas sociales alcanzadas por el pueblo hecho Gobierno.

En 2017, avanzaron los intentos de desestabilización de la democracia en Venezuela, con la juramentación del diputado Julio Borges, como presidente del Parlamento. El dirigente de la autodenominada Mesa de la Unidad, y hoy prófugo de la justicia, además de extender la controversia que produjo el desacato el año anterior, instrumentalizó la instancia parlamentaria para facilitar el bloqueo económico y comercial contra el país.

Además, aprovechó su posición para continuar impulsando el “cambio de régimen” mediante acciones violentas en las calles, apalancó las medidas coercitivas unilaterales de EE.UU., el aislamiento financiero y comercial del país y legitimó las acciones injerencistas promovidas por la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Gobierno norteamericano.

Otras de las acciones del Parlamento dirigido por el diputado Borges, fueron:

  • Activar de una campaña internacional para desconectar al país del sistema financiero internacional, mediante el envío de cartas -en abril de ese año- a decenas de instituciones financieras internacionales que mantenían fondos y relaciones comerciales con Venezuela exigiendo la suspensión de dichas actividades.
  • Solicitar el cierre de cuentas manejadas por el Estado venezolano para llevar a cabo sus actividades de comercio y finanzas a nivel internacional.
  • Colaborar con la agenda de presión económica y financiera desplegada por el Gobierno de los Estados Unidos a partir de la publicación del Decreto Obama (Orden Ejecutiva 13692) de marzo de 2015.
  • Entregar misivas a instituciones financieras como Deutsche Bank (Alemania), Goldman Sachs (los Estados Unidos) y Credit Suisse (Suiza) para obstaculizar el movimiento de fondos venezolanos y el uso normal de las cuentas del Estado venezolano, lo que incidió en una paralización del comercio exterior y del ingreso de divisas, ambas variables fundamentales para entender el agravamiento de la crisis económica a partir del año 2016.
  • Articular estrategias de cerco y asfixia que, en agosto de 2017, se formalizó con la Orden Ejecutiva 13808 emitida por el presidente Donald Trump en respuesta a la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente.
  • Inhibir gestiones para el nuevo endeudamiento que habría representado una inyección de capitales vitales para el funcionamiento de la economía nacional. 

Tras ser el brazo formal de la campaña de “cambio de régimen” orientado por el Gobierno de los Estados Unidos, la Asamblea Nacional asume un nuevo capítulo golpista, esta vez con el diputado Juan Guaidó a la cabeza, quien  manipulando el texto constitucional y tergiversando sus funciones legislativas se autoproclamó como “presidente encargado” de la República Bolivariana de Venezuela en una plaza pública.

Las maniobras políticas de EE.UU., Guaidó y otras instancias internacionales han confiscado ilegalmente varios activos de Venezuela en el exterior como Citgo, filial de Petróleos de Venezuela (PDVSA); Monómeros, la compañía petrolera colombo-venezolana con sede en Barranquilla, Colombia; el robo de más de 33.000 millones de dólares de Venezuela que se encontraban en bancos en el extranjero y el intento de robo de 31 toneladas de oro que equivalen a más de mil millones de dólares.

Además, para que su gobierno ficticio recibiera el reconocimiento del Ejecutivo inglés, Guaidó comprometió los intereses y derechos de Venezuela sobre el territorio Esequibo, y tranzó con el grupo narcoparamilitar Los Rastrojos la frontera occidental venezolana, para que esta banda pudiera moverse sin ninguna limitación por la zona.

Todas  estas acciones promovidas por Gobierno estadounidense y ejecutadas la extrema derecha al frente del Parlamento entre 2015 y 2020, incluso en plena pandemia, han generado grandes daños a la nación y sobre todo al pueblo venezolano.

Fuente: VTV



La gira de Mike Pompeo y el juego 

sucio de la vieja Europa


Por Geraldina Colotti. Resumen Latinoamericano, 3 octubre 2020.

Son impresionantes las cifras que presentó el presidente venezolano Nicolás Maduro a la ONU para denunciar la magnitud del daño causado por las medidas coercitivas y unilaterales impuestas por Estados Unidos: en 6 años, los ingresos petroleros han caído en un 99%, “de 100 dólares o euros que el país obtuvo por la venta de petróleo en 2014 -dijo el presidente- ahora recibe menos de uno”.

Desde 2013, esto ha caído de $ 56 mil millones «a menos de $ 400 millones el año pasado». Un colapso que «tuvo como causa inicial la guerra declarada a los precios del petróleo para atacar a los principales productores mundiales». Luego -añadió Maduro- «pasamos a la fase dos, el bloqueo total, la persecución total de la economía y las finanzas del país».

Cifras que hablan por sí solas y que indican el esfuerzo titánico que ha hecho la revolución bolivariana para seguir destinando más del 70% de los escasos recursos existentes a proyectos sociales. Cifras que indican por qué -como también ha establecido la ONU- las «sanciones» son la forma más perversa de violación de los derechos humanos.

Datos que, por supuesto, los medios internacionales al servicio de las grandes corporaciones ocultan, si no para culpar a los errores del gobierno -como si un país pudiera vivir sin comprar ni vender en el mercado internacional, en tiempos de globalización-, o para demostrar que el socialismo, en todas sus formas, significa quiebra.

Pero, ¿cómo no puede un país sufrir graves consecuencias cuando se la han robado, congelado y confiscado más de 30.000 millones de dólares en bancos estadounidenses o europeos? Para tener una idea del alcance de la pérdida, basta con mirar las cifras del Producto Interno Bruto anual de algunos grandes países o bloques de países: el PIB de los EE. UU. se calcula en casi 30.000 millones, el de toda la Unión Europea en casi 20.000 millones, el de China en casi 14.000 millones.

La propaganda de la extrema derecha se basa en algunos factores que pueden parecer paradójicos: ¿cómo puede un país que posee las primeras reservas de petróleo certificadas del mundo tener que racionar la gasolina? ¿como puede una libra de carne costar casi como un salario? En cambio, la verdadera pregunta sería: ¿con qué rostro se permiten ladrar estos sombríos personajes que pasan su tiempo en el lujo de Europa, donde continúan pidiendo a sus amos que aprieten aún más la soga al cuello del pueblo venezolano?

Mientras Maduro hablaba como estadista y unía su voz a quienes, empezando por Cuba, invitaban a la ONU y a la OMS a apoyar medidas de solidaridad y de compartir, el autoproclamado Guaidó, que está jugando sus últimos cartuchos antes de terminar para siempre en la basura de la historia, habló de más «sanciones», pensando en cómo llenar aún más su billetera.

Mientras tanto, el secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo, estaba terminando su viaje a Europa, donde visitó Grecia e Italia, recibiendo el repudio de los movimientos populares. Un llamamiento, lanzado por Brics-Psuv Italia, por Conaicop con el respaldo de la Red Europea de apoyo a la revolución bolivariana, firmado por partidos, asociaciones, cientos de activistas sindicales y por la libertad de los pueblos, rechazó la presencia de Pompeo con estas palabras: “El exjefe de la CIA es un criminal de guerra: capaz de imponer «sanciones» a los pueblos en medio de una pandemia, para empujarlos a rebelarse contra sus gobiernos legítimos, poniendo en su lugar títeres que son bienvenidos en la Casa Blanca. Un criminal de guerra que quiere asfixiar al pueblo palestino, que viene aquí para encerrar aún más a Italia en la economía de guerra de la OTAN, y posicionarla en la «guerra fría» contra China».

En el centro del viaje, que sigue al realizado por el exjefe de la CIA en los países vasallos de América Latina, está la restauración de la hegemonía norteamericana, mediante la consolidación de alianzas incluso con la vieja Europa en detrimento de China.

Todavía, si miras detrás de la poderosa pantalla de propaganda, Estados Unidos tendría cada vez menos razones para hacer alarde de la habitual arrogancia imperialista, especialmente después de la pandemia del coronavirus, que registró una tasa de mortalidad 256 veces mayor que la de China.

Además, EE.UU. depende sustancialmente de las importaciones de China, ante un progresivo debilitamiento del dólar y un imparable agotamiento de las reservas de hidrocarburos, en un país que es el mayor consumidor de petróleo (y de drogas, dicho sea de paso), a pesar de tener un número de habitantes 4 veces menor que lo de China.

Un «imperio» que, si las agencias calificadoras de riesgo no fueran grandes comités de negocio internacional, sería considerado un país de alto riesgo. Pero para mantener las ganancias del 10% más rico que posee el 75% de la riqueza del país – Estados Unidos tiene la tasa de desigualdad más alta de todos los países occidentales – es necesario restablecer la hegemonía, consolidando alianzas, incluso en Europa, a través de la economía de guerra y el complejo militar-industrial.

De hecho, en la agenda de las reuniones de Pompeo estaban las nuevas medidas coercitivas unilaterales impuestas, en lo que respecta a la Venezuela bolivariana, incluso a aquellos miembros de la oposición moderada que, rechazando la vía golpista patrocinada por Trump, han decidido participar masivamente en las elecciones parlamentarias del 6D.

Una cita electoral a la que se opone también la Unión Europea que, más allá de los conflictos comerciales, siempre acaba uniéndose a Estados Unidos contra el «enemigo común»: es decir, el socialismo.

El juego de la UE ahora es posponer las elecciones del 6D con el pretexto de que no existirían ni las condiciones concretas, debido al Covid-19, ni las políticas, que deberían conducir, según la UE, a nuevas elecciones generales: para que pueda ganar, obviamente, su payaso favorito.

Un artificio que se utiliza cuando sea necesario, como es el caso de Trump en los USA o de los golpistas en Bolivia, para preparar otro fraude electoral, y ciertamente no para proteger la vida de sectores populares, siempre subordinados a los intereses del mercado.

Tras la visita realizada a Venezuela por el Servicio Europeo de Acción Exterior de la UE (SEAE), el lobby trumpista, encabezado por la extrema derecha venezolana, invitó al titular de la diplomacia, Josep Borrell, a informar al Parlamento Europeo.

Pero el pueblo venezolano, por boca de su legítimo presidente Nicolás Maduro, reiteró que en Venezuela se respeta la constitución y que las elecciones se realizarán en esa fecha, con las medidas de seguridad necesarias. Y la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) discutirá la próxima semana la Ley contra el bloqueo, presentada por el presidente Maduro con carácter urgente.

Envio:RL


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