23 de noviembre de 2020

OPINION.

El Capitaloceno y las pandemias























Por Antón Fernández Piñeiro, Resumen Latinoamericano, 22 de noviembre de 2020. 

Las crisis sanitaria, climática y ecológica están íntimamente relacionadas. El sistema capitalista está encontrando los límites de sus propias dinámicas al pivotar sobre el crecimiento económico constante en un planeta con recursos finitos. La Tierra está mandando señales para cambiar nuestra manera de relacionarnos con ella. 

La Peste Negra fue una pandemia que marcó tanto física como espiritualmente el mundo occidental en la Edad Media. Esta enfermedad estaba localizada en los valles de Afganistán hasta que la ruta de la seda y las invasiones mongolas favorecieron su expansión por todo el mundo. Las consecuencias son bien conocidas. Y es que la historia no solo la escriben las caídas de imperios, conquistas de nuevos continentes o invenciones tecnológicas, sino también pandemias globales que actúan revolucionando la mentalidad de las sociedades.

De manera análoga a la Peste Negra, pero con siete siglos de distancia, la pandemia causada por el SARS-CoV-2 está cambiando el mundo, aunque existen divergencias. El patógeno, por ejemplo, no es una bacteria sino un virus y mientras que la peste mató entre un tercio y la mitad de la población europea en el siglo XIV, la actual pandemia es mucho menos mortífera, fundamentalmente por las propias características biológicas del virus y por el desarrollo de la ciencia y de la medicina moderna. Sin embargo, ambas enfermedades comparten el hecho de surgir y expandirse como resultado del aumento de las interacciones humanas en el globo. Las razones se encuentran en un conjunto de factores derivados de una economía que comercia con bienes y servicios sin importar los costes sociales y ecológicos en tanto que resulte beneficioso económicamente, aunque a largo plazo esto sea paradójicamente negativo para los mercados.

El Capitaloceno y la urgencia de la estrategia preventiva

Este mismo año, la IPBES (Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas) elaboró un informe exhaustivo con el trabajo de más de 150 expertos y otros 350 colaboradores alertando de que futuras pandemias emergerán con mayor frecuencia, proliferarán más rápido, afectarán más a la economía y serán más letales que el covid-19, a no ser que haya un cambio transformador de enfoque en la lucha contra las enfermedades infecciosas, pasando de la reacción a la prevención.

Desde la mal llamada “gripe española” de 1918, seis pandemias se extendieron por el mundo: tres del virus de la gripe, el SIDA, el SARS y el covid-19. Su frecuencia está aumentando. Se estiman entre 631.000 y 827.000 los virus desconocidos con capacidad de infectar a los humanos. Al mismo tiempo, los costes económicos actuales son 100 veces superiores  a los estimados para la estrategia preventiva. El informe asegura que sólo mediante un “cambio transformador de los factores económicos, sociales, políticos y tecnológicos” se podrían alcanzar los objetivos y las metas de Aichi, fijadas para proteger la biodiversidad y los bienes y servicios de importancia capital que la naturaleza nos brinda. Una de las características citadas de este cambio, que se requiere urgente, es “la evolución de los sistemas económicos y financieros para desarrollar una economía sostenible a nivel mundial, que se aleje de las limitaciones del actual paradigma de crecimiento económico”. Un cambio de paradigma que está en la misma base de la filosofía del modo de producción capitalista.

El Capitaloceno es un concepto propuesto para la era geológica actual que surge como respuesta al de Antropoceno, el cual señala a la actividad humana sin excepción y al crecimiento demográfico como responsables de la alteración de los ciclos geoquímicos globales. No obstante, por etnocéntrico e injusto, este enfoque fue reformulado por algunos autores que defienden que la responsabilidad de la alteración de los ciclos geoquímicos globales es debida a las actividades humanas bajo el sistema de relaciones socioeconómicas dominante.

La conquista de América permitió y favoreció el comercio mundial, robusteciendo a la burguesía y su influencia económica y política. Las revoluciones industriales que se sucedieron a partir de finales del siglo XVIII se basaron en el aumento exponencial de la demanda de energía fósil, en las invenciones tecnológicas y en una actitud receptiva hacia la evolución de la técnica. El desarrollo de la civilización moderna aceleró el crecimiento de la economía global y los impactos del ser humano en el medio ambiente, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX, permitiendo un auge demográfico sin precedentes.

El 10% más rico de la población mundial emite el 49% de las emisiones totales de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y el 50% de la población mundial más pobre emite sólo el 10% del total

A pesar de la innegable importancia del aumento de la población total sobre los recursos limitados del planeta Tierra, este no es el factor más importante, sino la avidez energética de unos pocos. La ratio del PIB por habitante casi multiplica por dos en los últimos dos siglos la ratio de crecimiento de la población, lo que quiere decir que la crisis ambiental es consecuencia del aumento de la producción y del consumo por habitante en lugar del aumento poblacional. Un informe de OXFAM concluye que el cambio climático está indisolublemente ligado a la desigualdad económica, porque está basado en las emisiones de los ricos, que afectan y afectarán en mayor medida a los pobres. Por ejemplo, el 10% más rico de la población mundial emite el 49% de las emisiones totales de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y el 50% de la población mundial más pobre emite sólo el 10% del total.

La importancia de tener ecosistemas sanos

La causa-efecto entre la destrucción de los ecosistemas y la propagación de nuevas enfermedades es una evidencia. Así lo aseguran las principales organizaciones internacionales dedicadas a su estudio. La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) ha publicado recientemente un informe que evalúa el estado de los bosques a nivel global cada diez años. Así, señala que la extensión total de los bosques está disminuyendo a un ritmo de 10 millones de hectáreas al año y que desde 1990 desaparecieron 420 millones de hectáreas. Actualmente ocupan 4060 millones de hectáreas, es decir, un 31% de la superficie terrestre. Aunque el ritmo de deforestación esta bajando desde 1990, son principalmente los bosques primarios de los trópicos, que acumulan la mayor parte de la biodiversidad terrestre, los que están siendo decimados.

La agricultura industrial es el factor más importante de tal deforestación debido principalmente a la plantación de cultivos para alimentar al ganado, síntoma de la necesidad de cambiar los sistemas alimentarios actuales

La agricultura industrial es el factor más importante de tal deforestación debido principalmente a la plantación de cultivos para alimentar al ganado, síntoma de la necesidad de cambiar los sistemas alimentarios actuales. La agricultura local de subsistencia, la urbanización, la construcción de infraestructuras y la minería son las otras causas más importantes de la deforestación.

En este contexto, la conservación de los ecosistemas, y más concretamente de los bosques primarios, se presenta vital  porque brindan bienes y servicios de un valor incalculable. Algunos, de uso directo, como alimentos, fármacos o energía y, otros, de uso indirecto, tal vez más intangibles pero importantísimos a nivel global, como la depuración del agua, el control de la erosión o… el control de las plagas y enfermedades.

La biodiversidad actúa controlando diversas plagas y enfermedades a través de un efecto de dilución o de cortafuegos. Cuando conviven muchas especies en un ecosistema la probabilidad de que un patógeno infecte a una especie en concreto es menor. Asimismo, el patógeno puede ver bloqueado su desarrollo al alojarse en ciertas especies donde no es capaz de reproducirse.

Las redes tróficas equilibran igualmente la expansión exagerada de ciertas especies. Es decir, cuando hay muchos individuos de una especie, otras vienen a equilibrar la balanza depredándola o parasitándola. Esto es especialmente importante cuando una determinada especie posee una alta carga viral (cantidad de partícula viral que puede estar presente en la sangre de una especie), que varía de una especie a otra. Otro factor muy importante es que a menudo las especies que actúan como reservorios de virus son generalistas, pudiendo desarrollarse y sobrevivir a diversas condiciones ambientales. De esta manera, los patógenos son regulados por un complejo equilibrio de interacciones entre distintas especies.

Sin embargo, la transmisión de una enfermedad animal a un humano (zoonosis) es favorecida cuando un ecosistema es afectado por algún tipo de perturbación, como la tala de un bosque o un incendio, porque este equilibrio se ve alterado. La consecuencia directa es la aparición de enfermedades emergentes y reemergentes, en su mayoría de origen animal y potencialmente zoonóticas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que el 75% de las nuevas enfermedades humanas son de origen animal. Ejemplos de esto son el covid-19, la fiebre del Nilo occidental, el SARS de 2002 y una larga lista de otras dolencias.

La globalización provocó un enorme incremento en la velocidad y en el volumen del tráfico de mercancías y de viajeros, pero también de patógenos y de sus huéspedes animales. El contrabando de animales es un negocio que movió en el 2019 107.000 millones de euros y el 24% de las especies de vertebrados, representando una de las principales causas de la pérdida de biodiversidad a nivel global, ya que este mercado se retroalimenta de la deforestación. La tendencia global de urbanización, así como su expansión en detrimento de los bosques, aumenta no sólo la probabilidad de contagiar y ser contagiado sino también la exposición a los animales salvajes. La receta perfecta para una pandemia global.

Lejos de teorías conspiranoicas que no se sostienen sobre la creación artificial de un arma biológica en forma de virus, en el sudeste asiático todos estos factores llevan actuando conjuntamente desde hace mucho tiempo y sitúan un mercado de animales vivos como el escenario más probable donde se produjo la primera infección por SARS-CoV-2. ¿Por qué no se sostienen estas teorías? Dicho de un manera popular, porque la naturaleza es más vieja que la ciencia, lo que significa que también es más inteligente.

“La proteína del virus que se une a un receptor celular humano está optimizada de tal modo que ni siquiera pudo ser prevista por las simulaciones informáticas que recrean todas las posibles modificaciones genéticas que podrían ser llevadas a cabo para fabricarla.”

Según un estudio científico que discute las diferentes hipótesis sobre el origen del virus, “es improbable que el SARS-CoV-2 naciera a partir de la manipulación de un coronavirus causante del Síndrome Respiratorio Agudo Severo en un laboratorio” porque la proteína del virus que se une a un receptor celular humano está optimizada de tal modo que ni siquiera pudo ser prevista por las simulaciones informáticas que recrean todas las posibles modificaciones genéticas que podrían ser llevadas a cabo para fabricarla.

Así, las hipótesis más plausibles se basan en la selección natural del virus. Bien a partir de uno o de varios huéspedes animales previos a la zoonosis o bien a partir de la selección natural del virus en los humanos. Existe evidencia de que sus hospedadores primarios son murciélagos, ya que estos constituyen un reservorio natural de una gran variedad de coronavirus. Al secuenciar el genoma del murciélago Rhinolophus affinis , se descubrió un coronavirus que es un 96,2% similar genéticamente al SARS-CoV-2 (causante de la COVID-19) y 80% similar al SARS-CoV que causó la epidemia de 2002 en China.

En el mercado de Huanan, en Wuhan (China), se vendían animales salvajes vivos (entre ellos los murciélagos) y exóticos en algunos casos, por lo que es muy probable que pudieran afectar a otros animales en el proceso para acabar saltando a los humanos. Otro hecho que apoya esta hipótesis es que el estrés que sufren estos animales aumenta la probabilidad de enfermar y transmitir la enfermedad al debilitarse su sistema inmune. Hasta ahora no se pudo reconstruir al 100% la historia, pero entre los huéspedes intermediarios que se manejan como posibilidades están las serpientes  y los pangolines.

En definitiva, las crisis sanitaria, climática y ecológica están íntimamente relacionadas y se explican en buena medida por un sistema capitalista que pivota sobre el crecimiento económico constante en un planeta con recursos finitos, encontrando los límites de sus propias dinámicas. Parece existir un paralelismo con la pandemia de la Peste Negra, pero en este caso el cambio de mentalidad debe resultar en un mayor respeto por la naturaleza. La Tierra está mandando señales para cambiar nuestra manera de ralacionarnos con ella.

Fuente: AnRed




Embarazo en la adolescencia – 

Embarazo forzado

























Por María Inés Alvarado y Lenny Cáceres, Resumen Latinoamericano, 22 de noviembre de 2020.

“El embarazo en la adolescencia engloba una serie de causantes y circunstancias determinantes, que complejizan su análisis y abordaje. Para el año 2018, 87.000 adolescentes y 2.350 niñas menores de 15 años, tuvieron une hije durante ese año, lo cual representó el 12,4% de los nacimientos anuales”.
Los datos son aportados por el Dr. Juan Carlos Escobar, médico pediatra y de adolescentes, director de Adolescencias y Juventudes del Ministerio de Salud de Nación e Integrante del Instituto de Masculinidades y Cambio Social quien, en diálogo con Diario Digital Femenino, habló sobre embarazo adolescente, cifras y políticas públicas

Embarazo en la adolescencia – Embarazo forzado

Con respecto a las cifras en el país, Escobar explicó “en los últimos 5 años este porcentaje bajó aproximadamente tres puntos (según datos de la Dirección de Estadísticas e Información Sanitaria del Ministerio de Salud de Nación – DEIS)”.  A su vez, agrega, “según el Sistema Informático Perinatal (SIP), que recaba datos de cerca del 75% de las maternidades públicas de nuestro país, 7 de cada 10 embarazos en adolescentes de entre 15 y 19 años no son intencionales; número que asciende a 8 de cada 10, en niñas y adolescentes de 10 a 14 años

Desde la medicina y las políticas públicas ¿Qué aspectos o mirada se le imprime esta realidad?

-Desde la perspectiva socio-sanitaria, diferenciamos la tasa de fecundidad adolescente en temprana (refiere a NNVV de madres de 10 a los 14 años) y tardía (de 15 a los 19 años). Esta diferencia cobra particular relevancia al considerar los determinantes del embarazo: entre las NyA de 10 a 14 años se debe considerar más frecuentemente la presencia de situaciones de abuso y coerción, y por lo tanto, la presencia de embarazos y maternidades infantiles forzadas; y por otro lado, dichos embarazos tempranos, tienen un mayor riesgo desde el punto de vista bio-sico-social, de acuerdo a la evidencia a nivel mundial.

¿Qué le pasa en el cuerpo o por el cuerpo a estas niñas y adolescentes?

Un embarazo a tan temprana edad puede producir serias complicaciones desde el punto de vista gineco-obstétrico. Estas niñas tienen un riesgo 2 a 4 veces mayor de sufrir complicaciones como hemorragias, anemia, pre-eclampsia/eclampsia y hasta muerte materna, que adolescentes y mujeres de mayor edad. Así mismo, el producto de la gestión puede tener eventos adversos perinatales como bajo peso al nacer y/o prematurez. Por otro lado, un embarazo temprano trae serias complicaciones desde el punto de vista de la salud emocional de estas niñas: depresión, ansiedad, estrés postraumático, y hasta ideación suicida.

Además de estos riesgos biomédicos y psicológicos, el embarazo como producto de un abuso sexual y la maternidad como consecuencia de un embarazo no deseado, constituyen un daño a la salud integral de NyA; por eso los consideramos embarazo forzado (“Se produce cuando una niña queda embarazada sin haberlo buscado o deseado, o cuando se le niega, dificulta, demora u obstaculiza lainterrupción del embarazo.

 El embarazo forzado puede ser producto de una violación sexual o relación sexual consensuada por la niña no conociendo las consecuencias o, cuando conociéndolas, no pudo prevenirlas” –CLADEM, 2015-)

sumándole los riesgos derivados del impacto emocional de la violencia, la culpabilización, el silenciamiento, la falta de contención y de apoyo que se manifiesta cuando ese abuso no fue detectado o estuvo rodeado de ocultamiento y estigma. En particular las NyA que son víctimas de abuso sexual intrafamiliar o del entorno cercano (cerca del 80% del total), tienen menor capacidad para comunicar el hecho, por la dependencia emocional, económica y el ocultamiento que ocurre de forma recurrente en estos casos. En otros casos, las NyA no pueden identificar la violencia que precede al embarazo, por ejemplo, porque tienen una relación afectiva con una persona considerablemente mayor y no comprenden que su capacidad de negociar y determinar las condiciones en las que tienen relaciones sexuales, es limitada. Por ello, se considera que allí existe violencia sexual, aunque la NyA no pueda identificarla inicialmente.

Estamos hablando de una situación de violación de derechos, o sea de violencia institucional…

-Sí, claramente, el embarazo en este grupo se inscribe entre los más complejos, ya que expresa y conjuga aspectos psicosociales, de género, de justicia y de derechos humanos. Se constituye como un indicador crítico de las situaciones de vulnerabilidad en las que las niñas crecen y se desarrollan.

La falta de respuesta institucional a los embarazos forzados en NyA menores de 15 años son formas de violencia institucional e incumplen las garantías de derechos consagrados por la legislación nacional:

  • Se incumple cuando no se da a la niña información para que decida.
  • Se incumple cuando no se ofrece la posibilidad de Interrupción Legal del Embarazo y se actúa como si no hubiera otra posibilidad más que continuar con el embarazo

¿Se debe denunciar un embarazo en la adolescencia?

-No necesariamente ante un embarazo en sí mismo. La denuncia debería realizarse en aquellos casos donde sospechamos un embarazo forzado.

La detección del embarazo (en menores de 15) constituye un punto crítico ya que suele ser tardío, por motivos de desconocimiento que las NyA tienen de su cuerpo y sus procesos, o negación u ocultamiento del embarazo mismo. En algunas situaciones, en especial cuando existe abuso intrafamiliar, ni la adolescente, ni su entorno tienen conciencia real de la presencia del embarazo hasta la concreción del parto. Por este motivo, la detección puede ser accidental y ocurrir dentro de la escuela, en un centro comunitario, en una consulta médica -clínica, pediátrica, ginecológica o en otros servicios a los que la niña o adolescente asiste. En otros casos, es la niña o adolescente quien plantea la situación de embarazo en forma directa, en general, acompañada por su madre o algún otre adulte.

Una adolescente menor de 15 años puede solicitar asistencia médica por presentar síntomas vagos (como cansancio, decaimiento). En ese caso, se requiere, por parte del equipo de salud, una escucha atenta y empática, que habilite una lectura de los gestos, silencios y palabras de la NyA, y, además, habilidades para identificar signos y síntomas sugestivos de embarazo.

¿Cómo deberían actuar los centros de salud frente a la posibilidad de un embarazo adolescente?

-La atención del embarazo de una adolescente menor de 15 años en un servicio de salud, se tiene que considerar como una urgencia y deben identificarse los diferentes condicionantes que puedan explicar el embarazo a esa edad.

Como referí más arriba, ante una adolescente menor de 15 años en quien se confirma un embarazo, siempre se debe sospechar violencia sexual, sea en la relación que generó ese embarazo, o en su trayectoria sexual previa. En algunas ocasiones, puede haber un relato espontáneo sobre la situación de abuso, aunque, por lo general, esto no ocurre. En ese caso, pueden observarse reacciones y comportamientos que llevan a sospechar tal situación. El embarazo también puede ser producto de una relación sexual libre, consentida, entre pares, sin desequilibrio de poder (por edad, posición social, económica, etc.) y sin violencia. No por ello se debe asumir que sea un embarazo planificado: en su mayoría se trata de NyA que desconocen las consecuencias de las relaciones sexuales sin protección, o no han tenido los medios para prevenirlo (información sobre salud sexual y acceso a métodos anticonceptivos seguros, entre otros). Dentro de la tasa de fecundidad de adolescentes menores de 15 años, la mayor proporción se da en las de 14 años, donde muchas relaciones pueden haber sido consentidas; aunque no la intención de quedar embarazadas.

Sabemos que es obligatoria la denuncia ante situaciones de violencia sexual, entonces, ¿cómo efectuarla?

-Frente a la sospecha de abuso sexual y/o embarazo forzado, es importante tener en cuenta la diferencia entre denuncia y comunicación. La denuncia es un acto jurídico por medio del cual se informa a las autoridades policiales o judiciales sobre la existencia de un delito. La comunicación administrativa es un acto jurídico por medio del cual se pone en conocimiento de las autoridades administrativas una situación sobre la que tiene competencia. La comunicación sirve para integrar equipos de intervención interinstitucional que permitan abordar de forma integral la atención de la salud de NNyA, en las esferas físicas, psíquicas y sociales. Tanto la denuncia como la comunicación son obligatorias.

La denuncia ante situaciones de violencia sexual es obligatoria en menores de edad y personas con  discapacidad, según las leyes 24.417 de protección contra la violencia familiar, la 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar, Erradicar la Violencia contra las Mujeres, y la 27.455, que modifica el artículo 72 del Código Penal (esta modificación, aprobada en 2018, establece que los delitos contra la integridad sexual de menores de 18 años son de instancia pública, es decir, cualquier persona puede denunciar el caso ante el Sistema de Administración de Justicia donde se iniciarán las acciones penales de oficio).

El deber de comunicación también es obligatorio, fundado en la ley 26.061 de Protección Integral de NNyA. Los organismos de protección de derechos de NNyA son las autoridades de aplicación de la Ley Nacional 26.061 y de las leyes provinciales de protección integral para la niñez y adolescencia. Son quienes dictan dichas medidas en casos de vulneración de derechos. En algunas situaciones (por ejemplo: lesiones físicas graves, riesgo para la salud mental o la integridad personal), los profesionales pueden indicar la internación para poder observar y proteger a la NyA, hasta que las autoridades competentes tomen medidas más apropiadas de protección o puedan convocar a personas de confianza de la NyA para que se hagan responsables de su cuidado y protección y así evitar el riesgo.

Por último, ¿dónde denunciar?

En las Fiscalías especializadas o, en su defecto, fiscalías; en las Comisarías de la mujer o de la familia o, en su defecto, en cualquier comisarías.

Pero, como aclaré anteriormente, el deber de comunicación también es importante, por lo tanto necesitamos que las personas miembros de los establecimientos educativos y de salud públicos o privados y todas las personas integrantes de instituciones públicas que tuvieran conocimiento de la vulneración de derechos de niñas, niños o adolescentes, conozcan el deber de comunicarlo ante la autoridad administrativa de protección de derechos en el ámbito local, bajo apercibimiento de incurrir en responsabilidad por dicha omisión (Art. 30, Ley 26.061). Los Establecimientos educativos públicos o privados; los Establecimientos de salud públicos o privados y los Agentes o funcionarias y funcionarios públicos son Organismos obligados a realizar estas acciones de comunicación y denuncia.

Fuente: Diario Femenino

Envio:RL

No hay comentarios:

Publicar un comentario