La negociación de las 4 capitales
Deudas con el FMI y el Club de París. Qué se logró en la gira europea
El Club de París postergará en al menos dos meses el vencimiento que tenía Argentina a fin de mes. El FMI suspenderá el cobro de sobretasas. Claves de la estrategia negociadora argentina.
Si el objetivo de la misión que encabezó el presidente Alberto Fernández a Europa, en su faz económica (la principal del viaje), era encauzar las negociaciones con el FMI y el Club de París, puede afirmarse que se lograron resultados en ambos frentes. Argentina podrá anunciar en los próximos días que hubo acuerdo con el Club de París para postergar el pago que vence el 31 de mayo por lo menos por un par de meses, y en una fecha no muy lejana el Fondo tomará la decisión de no cobrar sobretasas a los países deudores que incumplieron con los plazos originales acordados para el pago, al menos mientras se mantenga la situación de pandemia mundial. Son dos pasos a favor con los que Argentina no solamente gana tiempo para la negociación, sino que va generando una alianza y un consenso en torno a la necesidad de modificar ciertas normas excesivamente rígidas en la relación con los organismos de crédito internacional.
Argentina no juega por sí sola. Habla, sin una representación expresamente delegada, por todos los países deudores que están enfrentando urgencias internas en materia de salud pero también para sostener sus economías y a la parte de su población más vulnerable. Una parte que, en las actuales condiciones, se ha ensanchado a una dimensión en muchos casos sin precedentes en la historia de cada país.
Lo saben los gobiernos que fueron interlocutores del presidente Fernández y del ministro Martín Guzmán a lo largo de esta semana. El gobierno tiene una posición explícita que no es de ruptura con el FMI, pero sí de cambiar drásticamente las condiciones del acuerdo. Un cambio de condiciones obligado, por el nefasto acuerdo firmado por Mauricio Macri. Pero, además, viendo el panorama internacional, especialmente el regional, y las consecuencias que tiene para los gobiernos atender más las demandas de los acreedores externos y los organismos internacionales, que las necesidades de su propio pueblo sometido a una crisis económica.
Antecedentes cercanos
No es una casualidad ni un capricho de la historia que las economías mejor calificadas de Sudamérica estén atravesando graves crisis económicas y sociales que llegan a hacer tambalear a sus gobiernos. Le pasó a Ecuador, que dolarizó su economía hace ya dos décadas, tuvo en Lenin Moreno un presidente leal a los mandatos de los organismos financieros internacionales (traicionando su propio origen, ya que surgió del correísmo) y en particular del FMI, y fue a partir del acuerdo de financiamiento firmado con este organismo en marzo de 2019 (por 4200 millones de dólares), que estalló la convulsión social. Los aumentos en el combustible y otros ajustes derivados de aquel acuerdo sacaron a la gente a la calle, y arrastró a campesinos e indígenas a las ciudades a repudiar las medidas gubernamentales, barriendo con los últimos residuos de legitimidad que le quedaban al mandatario.
Le pasó también al Chile de Sebastian Piñera, otro alumno modelo del capital financiero internacional, hoy con un nivel de apoyo inferior al 10% y obligado a convocar a una reforma constitucional para remover la carta magna heredada de la dictadura de Pinochet y promovida por los discípulos de la Escuela de Chicago de aquel gobierno de facto. En estos días, la Colombia de Alvaro Uribe e Ivan Duque (actual presidente) enfrenta una protesta social que se inició el 28 de abril y no dejó más la calle, en Cali, Bogotá, Medellin y otras ciudades. Repudian la reforma tributaria y las políticas de ajuste con las que Duque busca seducir a sus acreedores para que sigan financiando a su gobierno.
En todos los casos, la presión externa provino de las mismas oficinas: el FMI y los fondos especulativos de los centros financieros. En todos los casos, la contracara es la crisis y miseria social que emergió con la pandemia, a la par que puso en evidencia décadas de concentración económica y (consecuentemente) desigualdad creciente.
A este cuadro cabe agregar a Perú, otro caso de economía elogiada en los centros financieros internacionales mientras se pudo disimular la desigualdad económica creciente que se iba generando internamente, con envidiables índices macroeconómicos. Frente a la crisis del poder dominante, emerge hoy como alternativa de gobierno una izquierda radical que aparece en las encuestas con alta probabilidad de llevar a la presidencia en segunda vuelta (será el 6 de junio) al dirigente gremial docente Pedro Castillo.
Ninguno de estos antrecedentes fue mencionado como referencia explícita por la delegación argentina durante las reuniones de esta semana con las autoridades de los países visitados, pero sí en los contactos previos preparatorios de las mismas.
Una cita en Roma
Tras el encuentro del presidente argentino con la directora gerente del FMI en Italia, el organismo de crédito emitió un comunicado de prensa oficial, fechado en "Washington, 14 de mayo de 2021", citando "Declaraciones de Kristalina Georgieva". Tras algunos párrafos en los que califica de "muy positiva" a la reunión, "el placer de conocer" y estar "por primera vez cara a cara" con Alberto Fernández, tras mencionar la lucha contra la pandemia, la importancia de la cooperación global, los desafíos sociales y económicos, el compromiso de seguir trabajando en conjunto y otras cuestiones que hacen a a getos de una buena relación, viene la cita más importante y directamente relacionada a los objetivos de la gira argentina:
"También tomé nota de la solicitud del presidente Fernández de reformar la política de sobrecargos del FMI y consultaré con nuestros miembros sobre este tema".
Es casi el párrafo final, ya que luego vienen sólo un par de líneas referidos a la intención de "construir un futuro económico próspero para todos". Ahí podría decirse que más de un integrante de la delgación se habrá tentado de proclamar "Misión cumplida". ¿Por qué? Porque en los encuentros previos de Alberto Fernández con los mandatarios de Portugal, España, Francia e Italia ya había planteado la cuestión de las sobretasas y la necesidad de evitar su aplicación en pandemia y su revisión, como política, en las normas del Fondo. En todos los casos la respuesta había sido de acompañamiento a la posición argentina y el reclamo al FMI para que atienda las urgencias de Argentina.
Cuando Georgieva declara que toma la solicitud y que va a consultar a los miembros, lo hace ya sabiendo que algunos miembros principales del Fondo fueron consultados por Argentina y ya anticiparon públicamente su posición a favor de esa misma solicitud.
Punto para Argentina.
Siempre negociando
"El crédito del Fondo es impagable en los plazos en que se acordó. También es impagable si se extiende dentro de los márgenes que prevén los programas del FMI. Incluso eliminando las sobretasas, que para Argentina representan dos puntos porcentuales anuales, sigue siendo impagable. La cuestión es que, si se consigue correr la línea de la letra del acuerdo, en este caso con los intereses, teniendo el aval de socios importantes de Estados Unidos en el FMI, quiere decir que estamos planteando una lógica que se está comprendiendo y aceptando. Es el principio de un objetivo más ambicioso, que es replantear las reglas de funcionamiento de esta ingeniería financiera internacional con el Fondo a la cabeza, que ya hoy no cumple su objetivo de estabilización financiera de los países, sino que termina siendo una amenaza de provocar exactamente el efecto contrario".
La reflexión es de una persona muy cercana al equipo económico, que siguió toda la gira y las negociaciones desde otro centro de poder mundial. Conoce de cerca a cada uno de los actores, suele interactuar con alguno de ellos y refiere que "hoy Argentina es un dolor de cabeza para el Fondo", sin arriesgar el tratamiento analgésico que el organismo podría automedicarse.
No es la primera vez que las autoridades argentinas avanzan sobre el punto. En una de las sesiones del reciente encuentro del G-20, por vía virtual (en el mes de abril), el ministro Martín Guzmán había cuestionado las políticas de sobretasas del FMI calificándola de "una política regresiva y procíclica", en el sentido de que "afecta más a los países que se encuentran en circunstancias más adversas". Agregando en esa oportunidad que "es una política que no está alineada con la misión de mejorar la estabilidad financiera mundial".
Las sobrecargas en las tasas son aplicadas por el FMI a países que se endeudan muy por encima del crédito que le corresponde por su cuota de participación en el FMI. En el caso de Argentina, que se endeudó por una cifra de más de 1000% de su cuota (diez veces está última), la sobretasa aplicada a los intereses del crédito fue de 2 puntos porcentuales anuales. Sobre un crédito de 45 mil millones de dólares, son 900 millones anuales adicionales de intereses. Entre otros países castigados por sobretasas, se cuentan Ecuador, Egipto y Ucrania.
La buena recepción que tuvo el reclamo argentino también está relacionado al estilo que Guzmán y Alberto Fernández le imprimen a la relación y las negociaciones con el Fondo. No confrontan, sino que buscan consenso. Cuestionan ciertos mecanismos, pero sugieren modificarlos. El gobierno argentino fue tejiendo alianzas con otros gobiernos que no están "en la vereda opuesta" al Fondo: México, España, Francia, Italia. También hay contactos estrechos con el gobierno de Merkel (Alemania), además de relaciones directas con el gobierno demócrata de Joe Biden, relación en la que Joseph Stiglitz juega un papel preponderante. En definitiva, no saca "los pies del plato" ni busca armar un frente con otros países de la región que confrontan más abiertamente con los centros de poder. Lo mismo que se le critica internamente, es lo que el Ejecutivo utiliza como estrategia para conseguir oxígeno afuera.
Cuando Alberto Fernández se reunió con su par Emmanuel Macron, en Francia, el mensaje que le reiteró el mandatario fráncés (un mes antes lo había recibido Guzmán de boca de otros interlocutores) es que "un gesto favorable" del FMI sería suficiente para empujar el vencimiento del Club de París dos meses para adelante, y seguir buscando un acuerdo consensuado para una eventual refinanciación. Y el gesto llegó tras la reunión del presidente con Georgieva. Ahora sólo falta formalizar el anuncio.
Otro punto para Argentina. Pero el partido sigue.
La carrera contra el tiempo que se abre de aquí al invierno
Vacunas: Llegan millones desde esta semana
La primera partida de la vacuna Oxford/AstraZeneca, cuya parte esencial se fabricó en la Argentina, llegará al país desde Estados Unidos entre el jueves y el viernes próximos. Serán alrededor de un millón dosis y es parte del total de 3.960.000 dosis comprometidas para antes de fin de mes. Se utilizarán esencialmente para inmunizar a nuevas personas, o sea que se dará como primera dosis. El mismo viernes 21 llegan otras 861.000 vacunas, también de Oxford/AstraZeneca, provistas por el programa Covax de la Organización Mundial de la Salud. Esas dosis sí serán destinadas a completar la vacunación de los que recibieron la vacuna india Covishield en febrero, que es la misma que Oxford/AstraZeneca pero que tiene nombre distinto porque fue fabricada por el Instituto Serum de India.
Durante los primeros días de la semana, se espera que la ANMAT libere la última partida de la Sputnik V. Las 500.000 dosis 1 requieren una nueva autorización porque fueron fabricadas por una nueva planta del Instituto Gamaleya en Rusia. Si todo se desarrolla normalmente, antes del fin de semana próximo estarán inmunizados, con al menos una dosis, todos los mayores de 60 (ver aparte). Y antes de fin de mes llegarán 5.500.000 vacunas, mientras que en junio la cantidad no bajará de cuatro millones más. El país necesita esta aceleración en la llegada de vacunas y en la vacunación porque hay que bajar como sea la cantidad de fallecidos que este sábado superó la línea de los 70.000. Sigue estando muy por debajo de Estados Unidos, Brasil o México en fallecidos por millón de habitantes, pero es indudablemente el mayor de los dramas.
Argentinas
Las vacunas Oxford/AstraZéneca cuyo elemento activo se produjo en Garín, en el laboratorio mAbxience, están listas para llegar a la Argentina. No son las que se completaron en México, sino partidas que tuvieron que ser derivadas a Estados Unidos porque el laboratorio Liomont de México tuvo problemas. De manera que estas primeras cuatro millones de dosis vendrán de la fábrica norteamericana de AstraZeneca, no de México.
En cada oportunidad que se trae al país un medicamento fabricado en una nueva planta, se requiere autorización. Los papeles ya se presentaron en la ANMAT, se supone que serán autorizados entre lunes y martes y llegará la primera partida el jueves o el viernes. Según las fuentes consultadas por este diario, AstraZeneca utilizará un avión de carga de la empresa DHL. Como adelantaron el presidente Alberto Fernández, la ministra Carla Vizzotti y la asesora Cecilia Nicolini, en total llegarán 3.960.000 dosis en cuatro partidas distintas, todas antes de fin de mayo.
El laboratorio mAbxience de Hugo Sigman ya le entregó a AstraZeneca unas 45 millones de dosis, que no son únicamente para la Argentina, sino para toda América Latina, salvo Brasil. En AstraZeneca afirman que la Argentina recibirá estos cuatro millones de mayo y, según sus voceros, “como mínimo, otros tres millones de dosis en junio”. Las vacunas del mes próximo si provendrán de Mexico.
Rusia
Durante la semana que pasó, llegaron a Ezeiza dos vuelos de Aerolíneas Argentinas, cada uno con 500.000 dosis 1. Como se sabe, la Sputnik es la única vacuna en que la dosis 1 y la dosis 2 son distintas, por lo tanto todo lo que llega de dosis 1 es aplicado a personas que no se vacunaron todavía y la dosis 2 completa la vacunación.
De las dos partidas que vinieron esta semana, la ANMAT liberó únicamente la primera. Sucede que provienen de una nueva planta en Rusia y por lo tanto requieren nueva autorización.
La ministra Vizzotti ya adelantó que antes de fin de mes vendrá una partida de Sputnik V, dosis 2, que se aplicará a los que recibieron la primera dosis de la vacuna rusa en febrero o los primeros días de marzo. En cualquier caso, la versión es que el Instituto Gamaleya y el Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF) están escalando la producción con nuevas plantas.
En abril vinieron de Moscú dos millones de dosis en tres aviones y en la primera mitad de mayo llegaron un millón de dosis en dos aviones. Todo hace pensar que vendrá al menos otro millón antes de fin de mes.
Segunda
El viernes próximo, 21 de mayo, llegan 861.000 vacunas de Oxford/AstraZeneca que el Ministerio de Salud decidió destinarlas a completar la vacunación de los que recibieron en febrero la vacuna llamada Covishield, fabricada en India. Fueron 580.000 dosis que se aplicaron en febrero y luego llegaron otras 218.000 en marzo ya directamente como AstraZeneca.
En esos dos casos anteriores, el proveedor fue el programa Covax (Cooperation+vaccines, en inglés) de la OMS. La Argentina compró y pagó nueve millones de dosis a este programa pero se vienen incumpliendo todos los compromisos porque hubo muchas dificultades con los laboratorios que no entregaron las dosis como estaban acordadas. La negociación con Covax es permanente y pueden venir más vacunas en junio, aunque no hay nada firme.
Junio
En principio, en junio llegarían -cómo mínimo- tres millones de dosis de AstraZeneca con la parte activa fabricada en Argentina y ahora sí terminados en México. A eso se suma, al ritmo actual, unos dos millones de dosis de Sputnik V. Y está pendiente la llegada de parte de lo comprado a Covax.
Con esas cantidades, Argentina totalizaría 18.500.000 a fines de mayo y 23 millones de vacunas en junio. Un cálculo aproximado es que se llegaría a tener inmunizada, al menos con una dosis, a cerca del 40 por ciento de la población, y desde ya a casi todas las personas de riesgo. El Reino Unido tiene vacunada con dosis 1 al 51 por ciento de los británicos y hay días sin un solo fallecido.
Además de esa llegada de vacunas, hay varios proyectos adicionales en el horizonte. Por un lado, el Instituto Gamaleya, el RDIF y el Laboratorio Richmond firmaron un acuerdo para terminar vacunas Sputnik en Argentina. La parte rusa adelantó que entregaría dos millones de dosis del elemento activo antes de fin de mayo y el titular de Richmond, Marcelo Figueiras, afirma que si la parte rusa cumple con ese envío, se podrán entregar un millón de dosis 1 y un millón de dosis 2 aún dentro del mes de junio.
Los tiempos son distintos en el caso de la vacuna Sinopharm, que también lo terminaría en el país el laboratorio Sinergium-Biontech, de las familias, Bagó, Sielecki y Sigman. La negociación ahora está en la parte técnica y Sinergium tiene que ajustar parte de su planta de Garín para cubrir las necesidades. La versión es que podría haber dosis disponibles en septiembre.
Una posibilidad real está en manos del gobierno de Joe Biden. El laboratorio AstraZeneca tiene cerca de 60 millones de dosis almacenadas en Estados Unidos y la FDA norteamericana aún no las autorizó porque AstraZeneca no terminó de presentar la documentación. Como se sabe, Washington prohibió la exportación de vacunas, pero el presidente Alberto Fernández está haciendo gestiones para que se autorice al laboratorio a venderlas en América Latina. A la Argentina le tocarían más de diez millones de dosis.
Y a esto se agregan también las negociaciones con la vacuna cubana, con la israelí, con Pfizer, Moderna y Cansino. En la medida que se va saturando la vacunación en los países centrales -ofrecen sorteos, cerveza y hasta marihuana a los que se vacunen-, se irán derramando dosis hacia los países periféricos.
La Argentina tiene una carrera contra el tiempo:
* Conseguir vacunas, un proceso que está bien encaminado.
* Aplicar las vacunas, algo que está funcionando bien pero que tendrá una aceleración.
* Controlar las nuevas variantes, con una clave en las fronteras.
* Y, sobre todo, darle tiempo a la vacunación a partir de seguir ajustando las restricciones para que no se desborde el sistema de salud.
Todos los desafíos están planteados para antes de que llegue el invierno.
Más dólares en el Banco Central y más pesos para gastar en cicatrizar heridas de las crisis del macrismo y de la pandemia
La soja nacional y popular
La economía está recibiendo un shock externo positivo con la soja en 600 dólares y precios elevados en otras materias primas de exportación. Se amplían un poco los estrechos márgenes de la política económica. Los acuerdos con el FMI y el Club de París.
La soja superó los 600 dólares y otras materias primas de exportación (maíz, trigo y girasol) registran también fuertes subas. Habrá entonces más dólares por liquidación de exportaciones para recomponer el stock de reservas del Banco Central. A la vez, se sumarán al Tesoro muchos más pesos por el cobro de retenciones aunque no se modifiquen las actuales alícuotas. Estas se aplicarán sobre una base más alta por la suba de los precios.
La economía argentina está recibiendo de este modo un shock externo positivo. Resulta necesario, por lo tanto, adaptar el análisis sobre las perspectivas inmediatas y evaluar el mayor margen para instrumentar medidas urgentes en el frente sociolaboral.
Por obvio no implica que no deba señalarse que ante un evento inesperado los escenarios planeados quedan alterados. El golpe fulminante de la pandemia es lo suficientemente contundente para dar cuenta de esa elemental observación.
El presidente Alberto Fernández ha mencionado en más de una oportunidad que su candidatura y posterior administración de gobierno, sumando en la descripción a Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires, no incluía en la letra chica de ese contrato social la irrupción de la crisis del coronavirus.
Con reflejos inmediatos y resultados relativos satisfactorios, más allá de la tergiversación de cada día que realiza el dispositivo opositor de derecha, Fernández adaptó diversas políticas del Gobierno para atender una situación sanitaria, económica y social extraordinaria.
Shock
Sin el dramatismo de una pandemia, la economía argentina está recibiendo un shock externo imprevisto. Pero a diferencia del impacto negativo de la covid-19, éste es positivo: desde mediados del año pasado ha comenzado un alza sostenida de las principales materias primas de exportación, destacándose la soja con cotizaciones que en estos días quebraron los 600 dólares la tonelada.
El aumento de los precios internacionales de granos y oleaginosa significa una mejora en el frente fiscal, cambiario y del sector externo. También tiene costos con la denominada inflación importada porque la canasta de exportación es la misma de consumo interno de alimentos. Presión que se está padeciendo desde el último trimestre del año pasado, y que siguió registrándose en el último Índice de Precios al Consumidor correspondiente a abril: el nivel general fue 4,1 por ciento, mientras que el rubro Alimentos y Bebidas marcó 4,3 por ciento.
Como se explicó aquí, el comportamiento de los precios de las materias primas implica una bendición y una maldición a la vez. Lo cierto es que el componente negativo de ese shock externo ya se está absorbiendo en estos meses, reflejado en esa disparidad de la tasa general de inflación y de la específica de alimentos.
Mientras se encaran estrategias particulares para amortiguar lo que queda del impacto de la inflación importada, puesto que es poco probable que por delante se registre otra duplicación de precios de esas materias primas como la de los últimos doce meses, el desafío es cómo rediseñar, con los estrechos márgenes que tiene la política economía local, la cuestión fiscal, cambiaria y del sector externo ante un escenario no previsto.
Vulgaridades
El Presupuesto 2021 quedó desactualizado no porque la tasa de inflación anual será superior al 29 por ciento, sino porque con la cotización de la soja a 600 dólares cambian las proyecciones de crecimiento de la actividad y las metas de recaudación y de acumulación de reservas.
Con una pobreza monetaria del 42 por ciento de la población, de acuerdo a la canasta de bienes y servicios básicos del Indec, desocupación de dos dígitos, informalidad de casi la mitad de la fuerza laboral, ingresos castigados desde hace cinco años y continuación de la pandemia, mantener las mismas pautas 2021 definidas el año pasado sería un desatino de la política económica.
El discurso económico convencional dirá que es tiempo de ahorrar –concepto desvariado cuando se habla de finanzas públicas- y de acelerar el proceso de equilibrar las cuentas públicas. Es momento de eludir esas tradicionales vulgaridades de la ortodoxia que en situaciones de relativa normalidad son disparates teóricos y prácticos, pero en un cuadro dramático como el provocado por la peor crisis global de los últimos 100 años adquiere rasgos bárbaros.
La derecha política, judicial y mediática postula una estrategia sanitaria que deriva en desbordes de contagiados y muertes. Con esa misma concepción del sálvese quien pueda propone un sendero económico de ajuste permanente que profundiza la exclusión y concentración de la riqueza.
Otro mundo
El Gobierno da batalla en el terreno sanitario en cada uno de esos frentes opositores. En el económico no debe quedar atrapado de medidas conservadoras cuando no sólo está recibiendo un shock externo positivo por la suba de la soja y otras materias primas, sino porque se han acelerado los cambios en el escenario mundial por la pandemia.
Los planes de Biden para Estados Unidos, la continuidad del retroceso relativo de Europa y la rápida recuperación y expansión de China definen otro mundo en disputa, ganando espacio uno diferente al del libre comercio irrestricto, apertura indiscriminada y deslocalización de la producción.
Hoy se está transitando hacia otro tipo de discurso político y acción en el mundo económico dentro de esa pelea hegemónica global. La ortodoxia económica está en retroceso, lo que no significa derrotada, pero la pandemia y las tensiones en la cúpula de las potencias ha ubicado nuevamente al Estado en un papel protagonista.
Argentina tiene la oportunidad de ingresar en esa tendencia aprovechando las fisuras que aparecen en ese marco de rivalidad global.
Para lograrlo es conveniente abandonar la quimera de convencer o buscarle racionalidad a una derecha desbocada y con proclamas alejadas de la nueva era que está emergiendo. Como se detalló aquí, esos actores políticos y mediáticos se han radicalizado de tal modo que han quedado a la derecha del Fondo Monetario Internacional.
Además de neutralizar la permanente hostilidad de sectores reaccionarios, la misión principal del gobierno de Alberto Fernández debería ser la de asumir la conducción y coordinación de un ciclo económico en alza.
Esto requiere necesariamente atender las urgencias sociolaborales sin obsesión fiscalista ni pérdida de tiempo de gestión en discutir cada provocación de la red política de derecha.
También resulta imprescindible que, al mismo tiempo, se aproveche la oportunidad (otro superciclo de commodities y las nuevas condiciones del mundo pospandemia) de impulsar iniciativas de mediano y largo plazo que sirvan para transformar la estructura productiva y así desplazar históricas restricciones al desarrollo.
Cuentas fiscales
La emergencia sociolaboral demanda un juego de intervenciones públicas a dos bandas: desacelerar el aumento de precios, en especial el de alimentos, y mejorar el ingreso de la mayoría de la población.
Si por la debilidad relativa de la parte de los trabajadores en las paritarias no se logran mejoras en términos reales consistentes, la opción de un bono extraordinario como se dispuso al comienzo del Gobierno, como también se aplicó al inicio del gobierno de Néstor Kirchner, resultaría un paliativo.
Superada la peor parte de la pandemia en el nivel de actividad y con elevados precios internacionales de materias primas, dejan de ser creíbles los lamentos de sectores industriales concentrados y del complejo agroexportador.
Los primeros han recuperado aceleradamente márgenes de rentabilidad, como lo reflejan los balances anuales de las principales corporaciones (de fábrica de alimentos y de comunicación, entre otras), mientras que los participantes del negocio agropecuario están disfrutando de una bonanza fabulosa.
Es tiempo entonces de poner el foco en el componente de la demanda doméstica que aún sigue débil a causa de cuatro años de castigo económico macrista y casi año y medio de crisis de coronavirus.
Ahora, con la soja cotizando a 600 dólares, el fisco tendrá un mayor espacio para medidas expansivas. Las cuentas públicas tendrán más recursos por la recaudación de retenciones a exportaciones, por un crecimiento del Producto Interno Bruto que será mayor al presupuestado de 5,5 por ciento y por la recaudación del Aporte de las Grandes Fortunas.
El último informe de coyuntura del Ieral de la Fundación Mediterránea detalla la actualización de dos variables clave a partir del nuevo escalón en el que se han ubicado los precios internacionales de las materias primas de exportación:
1. El monto de exportaciones de granos y principales derivados industriales en este año será de 35.900 millones de dólares, lo que implica un crecimiento de 9600 millones respecto al año anterior (+36 por ciento por ciento).
2. La recaudación de la AFIP subirá en el renglón Derechos de Exportación de esos productos. Los ingresos al Tesoro Nacional podrían alcanzar el equivalente de 8600 millones de dólares, creciendo en 2800 millones respecto a 2020. Esto implicaría unos 280.000 millones de pesos adicionales, casi el mismo monto que se recaudará por el Aporte de las Grandes Fortunas.
Reservas
El Banco Central tiene motivos para celebra esa revalorización de la cosecha. Está comprando dólares en cantidad y lo seguirá haciendo en los próximos meses. Ya sumó en lo que va del año poco más de 5000 millones de dólares, recobrando así todo lo perdido el año pasado.
Es notable que semejante recorrido de rápida recuperación de reservas sea casi ignorado por quienes se dedicaban con bastante morbo a contar cada dólar que el Central restaba en los peores meses de 2020.
El aumento del nivel de reservas se produjo por una liquidación record de divisas del complejo agroexportador en el primer cuatrimestre del año, casi el doble en comparación al mismo período del año pasado.
Esas ventas continuarán a buen ritmo porque las condiciones financieras, cambiarias y del mercado internacional son extraordinarias para el sector.
El tipo de cambio real multilateral sigue en niveles adecuados, alejado del fantasma del atraso cambiario que publicita la secta de economistas de la city. El Banco Central elabora un índice que mide el precio relativo de los bienes y servicios de la economía argentina con respecto al de los de los principales doce socios comerciales del país. Lo obtiene a partir de un promedio ponderado de los tipos de cambio reales bilaterales con cada uno ellos.
El Índice Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM) se elabora y publica de forma diaria, ponderado por el comercio de manufacturas con los principales destinos de exportación: Brasil, 30 por ciento; Estados Unidos, 13; China, 15; y Zona del euro, 20 por ciento.
El último registro de este mes fue 118,23, que se ubica por encima de casi todos los meses del gobierno de Mauricio Macri. O sea, la actual paridad cambiaria no está atrasada y es todavía más conveniente para la exportación con precios internacionales que más que se duplicaron en un año. Esa cifra es más elevada que la de diciembre 2015, luego de la fortísima devaluación macrista, cuando el ITCM era 85,10.
Con más reservas en la arcas del Banco Central se podrá aflojar un poco la restricción sobre importaciones esenciales para la cadena productiva, lo que aceitaría el sendero de crecimiento de la actividad, y continuar la medida antiinflacionaria de desacelerar la tasa de aumento del tipo de cambio oficial.
Club de París y FMI
La acumulación de reservas en el Banco Central en una economía bimonetaria quedó demostrada como la más efectiva política contingente para atender perturbaciones del mercado cambiario.
Con un horizonte inmediato de más compras de dólares por exportaciones y de reducida pérdida por la cuenta del turismo al exterior debido a las restricciones de la pandemia, resulta clave aprovechar estas condiciones para aumentar las reservas y reforzar el sector externo.
En esta estrategia defensiva básica no tiene sentido perder reservas por pagos al FMI y el Club de París cuando habrá un acuerdo de refinanciación de las respectivas deudas.
En lo que va del año, se utilizaron casi 1500 millones de dólares para cubrir pagos con el Fondo. En lo que resta de 2021 los vencimientos de capital e intereses suman 6800 millones de dólares: 4400 millones con el FMI y 2400 millones con el Club de París.
Sumar y cuidar las reservas fortalece al Banco Central en la tarea de manejar el mercado cambiario, área muy sensible para la estabilidad del dólar y, por lo tanto, de los frentes financiero y económico.
El shock externo positivo altera indudablemente el cuadro general. Para aprovecharlo en toda su dimensión se requiere adaptar la gestión de la política económica para potenciarla en función de mejorar el bienestar general de la población más castigada por las crisis sucesivas del macrismo y de la pandemia.
El FMI, el Club de París, las vacunas, la inflación, las corporaciones
La agenda recargada de Alberto Fernández
La tercera presidencia de Cristina, sin novedades. La gira presidencial, con altos anfitriones. Perspectivas de vacunación en mayo: un avance con historia. La nueva diplomacia estadounidense de las vacunas. La inflación creciente y las corporaciones patronales irreductibles.
La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner reemplazó interinamente a Alberto Fernández durante su gira por Europa. Se temía lo peor, que decretara que Argentina es Venezuela y adoptara su bandera. Que ampliara la Corte Suprema de Justicia mediante otro Decreto de Necesidad y Urgencia, sumando cien piqueteros que cobrarían sueldos astronómicos (los mismo que los cortesanos) ¡sin pagar impuesto a las ganancias! Que reimplantara la doctrina Irurzun. Nada de eso sucedió, el Presidente regresó cansado y conforme sin euforia ni anuncios altisonantes.
Para ser un déspota bolivariano le fue extrañamente bien. Fue recibido por (y departió constructivamente con) primeros mandatarios de Portugal, España, Francia e Italia. Dialogó cara a cara con la titular del Fondo Monetario Internacional Kristalina Georgieva (FMI). También con el Papa Francisco que atañe menos a esta nota, enfocada en el poder, las deudas, la economía y las vacunas.
Fernández llevó planteos concretos que expuso con buenos modos para avanzar en las tratativas con el FMI y postergar un inminente pago al Club de París. Es altamente posible que esta prórroga se concrete. Será tema de conversación remota con la canciller alemana Angela Merkel la semana entrante. Principal socia del susodicho Club, principal acreedora, despiadada años atrás con Grecia, acaso la más centrada estadista de Occidente durante la peste… Merkel califica como interlocutora clave.
El ministro de Economía Martín Guzmán tejió lazos menos ostensibles que los de Alberto Fernández aunque igualmente funcionales. Absorbió retos del presidente por sus torpezas en el conflicto con el subsecretario de Energía Federico Basualdo. Fernández se enchinchó mucho: recomendó “un curso acelerado de política” al joven ministro. Luego pasó página, reconociéndole su aporte y protagonismo. Quiere darle un corte al entredicho, ya hay demasiado fuego amigo para extinguir, semana a semana.
Las sobretasas eventualmente pagaderas al FMI formaron parte del menú en todos los paliques. Sería pagar intereses sobre intereses, demasiado. En una deuda de 44.000 millones de dólares las sobretasas gravitan poco en valores absolutos pero una eventual dispensa implicaría una señal positiva. Los peregrinos la consideran posible.
Desde diciembre de 2019 Fernández y Guzmán siempre dijeron lo mismo respecto del acuerdo con el FMI: cerrar trato priorizando los intereses (y por ende los tiempos) de los argentinos. Los muertos no pagan predicaba el fallecido presidente Néstor Kirchner; la frase redobla vigencia y adquiere connotaciones macabras en la era del coronavirus. La línea oficial se mantiene: importa más un acuerdo viable que uno veloz y ruinoso.
Lecturas diversas --con frecuencia de opositores o aliados del FMI o las dos cosas-- clavaron la mira solo en las fechas desnaturalizando el discurso oficial. Ahora dicen que Fernández está apurado, lo que es falso si se lo separa del contexto y de los objetivos concurrentes. Como en el canje con los privados el Gobierno aspira a “comprar tiempo” que es sinónimo de gobernabilidad. Se negocian años sin pagos de deuda externa, pre requisito para recuperar la economía.
En Europa AF pudo darse el gusto de anunciar la inminente llegada de vacunas AstraZeneca, cantidades importantes de dosis. Les puso fecha, lo que siempre es un riesgo. Toma cuerpo la -tal vez- mejor política pública importante del oficialismo.
En paralelo y sin poder suspirar, se conoció el aumento del Índice de Precios al Consumidor del INDEC (IPC) acentuando una inflación que trasluce la -tal vez- más ineficaz política pública relevante del Gobierno.
Vamos repasando a vuelo de pájaro el conjunto de deuda, política sanitaria e inflación: las claves del año electoral.
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A vacunar, a vacunar: El primer movimiento de la política vacunatoria del gobierno fue pro occidental, pongalé: AstraZeneca, vacuna Oxford, coproducción con México. La logística, ardua de por sí, se complicó. La intercesión de Estados Unidos (“más cerca de México que Dios” reza el refrán) empiojó la producción, trastocó el cronograma.
Acudir al laboratorio Gamaleya de Rusia constituyó el paso ulterior, impuesto por la necesidad. Acertado sin duda, sobrellevando los embates macartistas y anacrónicos de la oposición. Hasta el 11 de mayo pasado el 56 por ciento de los argentinos vacunados habían recibido dosis de Sputnik V, informa Santi Olszevicki en su cuenta de Twitter @SantiOlsze. El flujo proveniente de los pagos del presidente Vladimir Putin sostuvo la oferta.
Si se confirman las remesas de AstraZeneca, las proporciones cambiarán sensiblemente en las semanas próximas. Buena nueva.
La segunda ola y las proyecciones confirman que la covid-19 llegó para quedarse, que durante años la producción nacional de vacunas será necesaria aunque no suficiente para absorber todas las necesidades de los argentinos.
La ministra de Salud Carla Vizzotti explica con claridad y paciencia envidiables el abanico de tratativas, las formas de distribución. Acotación (no tan) lateral: la mayoría de les mejores comunicadores del oficialismo son mujeres: en particular Vizzotti, la asesora presidencial Cecilia Nicolini, la secretaria Legal y Técnica Vilma Ibarra y la vicejefa de Gabinete Cecilia Todesca Bocco. Cualidades comunes: saben de lo que hablan, argumentan, informan. No se “sacan”, no invaden competencias ajenas. Cualidades de género, acaso, que no relucen en el desparejo Coro de la Casa Rosada y zonas de influencia o arrabales.
La vacunación sigue, la distribución entre provincias y la Ciudad Autónoma Confederada de Buenos Aires (CABA) se concreta mediante parámetros objetivos. Vizzotti elogia las campañas en todo el territorio nacional. Irradiar calma y sensatez entre tanto temor y debates confusos: otra virtud.
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El Presupuesto abstracto: Los argentinos conocen y padecen la inflación a diario, el IPC solo los anoticia de un guarismo que confirma sus vivencias. El de abril superó las predicciones más pesimistas. El colega de Página/12 Raúl Dellatorre sintetizó en un inmejorable tuit: “Inflación del 4,1% en abril, 8 meses seguidos por arriba del 3,2. No es por emisión monetaria. No es por el déficit fiscal. No es presión salarial sobre la demanda. Son las políticas monopólicas de los sectores más concentrados en principales rubros de consumo”. Tal cual.
La cantidad de medidas tomadas por el Gobierno resulta inversamente proporcional a los resultados conseguidos. La inflación sólo se redujo durante el ASPO, en yunta con la recesión.
La combinación entre palo y zanahoria, opinamos, contiene exceso de zanahoria para un empresariado rapaz e insolidario. Se han generado numerosos encuentros sin continuidad ni logros. “Fotos” en la jerga periodística. Simulacros o conversatorios desnudos de sustancia. Hay excepciones aisladas mientras los costos de los alimentos trepan sin cesar.
El empresariado está dividido, la Asociación Empresaria Argentina y un sector de la Unión Industrial Argentina (UIA) defraudan al gobierno y damnifican a millones de consumidores. Daniel Funes de Rioja --flamante presidente de la UIA en una contienda dividida que narra bien el colega Leandro Renou en este diario-- corporiza a lo peor de la élite patronal.
A principios de año se debatía acerca del Presupuesto 2021. Sectores de la coalición gobernante lo consideraban avaro en materia de gasto social, perspectiva que compartía este cronista. La segunda ola que recrudeció la pandemia, la inflación que avasalló los pronósticos, tornaron (como dicen los jueces) abstracta a la Ley de Leyes. La proyección de Economía para todo el año se cumplirá en el primer semestre o antes de la primavera, sin ser agoreros.
Deviene irresistible la necesidad de incrementar el gasto social e invertir en producción, fomentar empleos, fortificar salarios.
Con las subas ocurridas quedaron desfasados los refuerzos a prestaciones sociales o jubilaciones. Las convenciones colectivas exigirán revisión más pronto que tarde. La mejora en la distribución del ingreso naufraga cuando los alimentos orbitan muy por encima de los ingresos de la clase trabajadora o los sectores medios.
Suponer que el empresariado que lucra en ese río revuelto cooperará fue un error inicial del oficialismo que debe repasar no solo sus acciones sino los recursos democráticos de confrontación con los oligopolios que medran con la crisis. Los laboratorios están en la mira, merecidamente… no son los únicos.
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Intereses en danza: “No es de la benevolencia del carnicero, del cervecero, o del panadero, de quienes debemos esperar nuestra cena, sino de la preocupación de estos por sus propios intereses” prescribía el compañero Adam Smith. Las expectativas argentinas respecto del volantazo de la diplomacia sanitaria del presidente estadounidense Joe Biden se emparentan con esa idea. No hay bondad ni altruismo en la Casa Blanca. Sí se insinúa un cambio de política para enfrentar el soft power chino. China es la prioridad de la política exterior yanqui. En lo que atañe a Argentina, les preocupa que instale una base, hipótesis descartable según le comentó el canciller Felipe Solá al titular del Departamento de estado Anthony Blinken. Otra demanda, imposible desde el vamos, es disminuir el intercambio comercial.
Mejorar concretamente las relaciones depende de decisiones de Biden, únicas como la coyuntura. Estados Unidos podría retomar (o, mejor dicho, emprender) la competencia contra China. El ex presidente Donald Trump despreció dicho carril. En simultáneo alcanzó un record similar a su ex aliado político ideológico argentino Mauricio Macri. Ambos perdieron la reelección que encaraban con hartas ventajas.
Como reseñó esta columna semanas atrás, Biden tiene encanutadas casi 60 millones de dosis de AstraZeneca que no utilizará en su país. Las normas le prohíben venderlas o donarlas. Pero puede transferirlas a modo de “loan” (préstamo en inglés). Si las dispensara podría mejorar su relación con naciones situadas al Sur del Río Bravo. Superar la performance de Trump es sencillito. Casi una quimera empardar a China en la "diplomacia de las vacunas" tras concederle más de un año de ventaja… pero descontar distancias tendría encanto. En un escenario de cooperación podrían entrecruzarse los intereses de Argentina y Estados Unidos. El gobierno nacional apuesta unas fichas a ese número mientras sigue articulando con los rusos, con los chinos, con otros laboratorios gringos y promoviendo la producción nacional de vacunas.
Como insumo para quinchos o charlas de sobremesa: vaya paradoja que suene más factible un pacto con el Club de París o con la Casa Blanca que con la crema del empresariado nativo. La realidad, caramba, es así: cruel y menos engañosa que el mito de la burguesía nacional.
De regreso, la mira está en la inflación y las tarifas
Los próximos pasos de Martín Guzmán
El Gobierno trajo buenos resultados en las valijas, pero deberá ponderarlos con las metas a cumplir con la vacunación, que va tomando velocidad, y sobre todo con las políticas que implemente para detener la inflación. La hoja de ruta del ministerio de Economía.
“La gira fue muy buena para nosotros, pero el grado de positividad dependerá de la evolución de la inflación de este mes y de la vacunación. Hay que superar esos dos desafíos", apuntan cerca del presidente Alberto Fernández, de regreso al país después de la gira que todo el Gobierno califica de exitosa. Más allá de haber cosechado apoyos fundamentales para la renegociación con el FMI y el Club de París --a lo que se abocaron fuertemente durante su viaje-- el Presidente y el ministro de Economía, Martín Guzmán, tienen como prioridad frenar al aumento de precios.
En el marco macroeconómico, el gobierno apunta a un esquema de políticas en el cual el Estado tenga un rol extensivo y, al mismo tiempo, “ir poniendo las cuentas en orden”. Es necesario mantener este equilibrio, según explican, para que la inflación baje. Sumado a esto, aparece el tema de las tarifas, lo cual había generado un conflicto dentro del Ministerio de Economía. Desde la cartera aseguraron que van a avanzar con la segmentación.
La inflación es el principal problema que deberán atender desde el Ministerio de Economía, dado que consideran que la recuperación económica “está en marcha”. En los últimos cuatro meses la inflación fue más alta de lo que el gobierno proyectaba --más de tres puntos de diferencia entre las proyecciones y lo sucedido--, dato que reconocen en el entorno de Guzmán, aunque destacan que había cosas que “era necesario hacer”. Entre ellas señalan la actualización de precios del combustible --que hacía meses que no aumentaba, afirman-- y el descongelamiento de las tarifas. En ese punto, aseguran que el aumento de la inflación estaba previsto.
Aunque con cautela, desde el Ministerio se mostraron optimistas, dado que los últimos números fueron más bajos que en el mes de marzo: la inflación paso del 4,8 al 4,1, argumentan. “Hay que ir corrigiendo donde identificamos que estuvieron los problemas. Pero vemos la inflación en camino descendiente”, afirman. Otro de los datos que destacan es que, durante los últimos meses, el gobierno compró divisa y acumuló reservas en el Banco Central que servirían como respaldo para el peso.
En este marco, fuentes del Ministerio de Economía consideran que hay que tener en cuenta las discusiones en torno al conflicto distributivo. Según explicaron, en los últimos meses hubo una gran actualización de los márgenes de ganancia bajo la expectativa de que la inflación iba a ser más amplia. En esa línea, consideran que “hay que hacer equilibrios múltiples y el Estado juega un rol de importante de coordinador. En una economía que tiene inflación es muy importante los controles de precio por parte del Estado y hay que hacerlos de forma razonable”, sostienen. La evaluación que hacen en el Gobierno es que la política fiscal se cumplió, la financiera también, los sindicatos también cumplieron con su parte, pero que hubo sectores empresarios que no cumplieron y que es allí donde hay que corregir.
Sumado a esto, desde el entorno de Guzmán hicieron hincapié en la importancia de las políticas para apuntalar el aumento de la productividad y de las exportaciones, como premisa para impulsar el crecimiento de la economía.
Otra de las variables que suman desde la cartera que puede haber influido en los números inflacionarios es que la determinación de los precios durante la pandemia es distinta a la determinación que puede existir en otro momento. Cada vez que existe una apertura de algún sector económico, observan que aumentan los precios y que eso también influye en los índices de inflación.
El tema de las tarifas fue el que despuntó el conflicto al interior del Ministerio de Economía días antes de la gira, con el pedido de renuncia finalmente inconcluso al subsecretario de energía, Federico Basualdo. Cerca de Guzmán afirman que la renuncia solicitada está firme y que el Presidente se encargará de cumplir con la paciencia del caso el ordenamiento para avanzar con la segmentación de las tarifas que se está gestionando bien. En ese sentido, explican que se está pudiendo gestionar lo que está planificado. De este modo, sostienen que el punto clave es no perder tiempo para poner en marcha la segmentación: “ejecutar lo que se puede ejecutar y, cuando hay que corregir, se apunta y se corrige”, indican.
Lo cierto es que el aumento en la electricidad del nueve por ciento ya se aplicó sin realizar la segmentación necesaria, lo que implica que todos los ciudadanos pagarán el aumento por igual. Lo que estaba en debate es que desde el ministerio querían aumentar hasta el 15 por ciento, mientras otros sectores del Frente de Todos consideran que la suba no debe llegar a los dos dígitos. El acuerdo habría sido que el aumento quede en un nueve por ciento y que se trabaje en la segmentación. En ese caso, si llegara a existir otro aumento, lo pagarían solo aquellos que no tienen problemas para hacerlo.
Otro de los conflictos que hubo dentro del FdT fue con respecto a la utilización de los Derechos Especiales de Giro (DEG). Esto consistiría en un pago especial que el FMI puede realizar a sus países miembro, en proporción a la cuota mensual que pagan al organismo para palear la crisis generada por la pandemia. En ese concepto Argentina recibiría en agosto unos 4300 millones de dólares. Por este motivo, el bloque del FdT en el Senado presentó un proyecto de declaración que fue aprobado en la cámara alta, pidiendo al Ministerio de Economía que los DEG se utilicen para gasto social y no para el pago de deuda.
Cerca de Guzmán consideran que el reclamo no es necesario porque ellos quieren lo mismo: poder refinanciar las deudas con el Fondo para no tener que pagarle y que esos dólares vayan a las reservas. Los DEG son el dinero del FMI que equivale a poco más de un dólar común y una vez que se entregan, constituyen reservas que pueden ser utilizadas para distintas cuestiones. “El dinero es fungible”, aseguran fuentes cercanas al ministro Guzmán como respuesta a este tema.
El senador Oscar Parrilli, en tanto, luego de que se aprobara en el Senado el proyecto de declaración, aseguró que “esto no es un ataque al ministro de Economía”, y subrayó que “estamos apoyando y colaborando con nuestro gobierno y, obviamente, con el ministro para lograr la mejor relación con las actuales autoridades del Fondo”. En coincidencia con Guzmán, Parrilli agregó que “el FMI tiene que cambiar sus exigencias a los países deudores porque no hay política económica sana, razonable y sustentable que no considere fundamentalmente el equilibrio social de una nación”.
Un panorama de la alta meseta de casos de covid en el país
A pesar de las restricciones, el riesgo sanitario continúa
En el AMBA los casos ya no disminuyen de la manera prevista, en las provincias inician su ascenso. Con el repunte de infectados, el sistema de salud continúa en estado crítico y las muertes suman entre 400 y 600 por día.
La “meseta alta” en la que se halla el país no da respiro al sistema de salud. El viernes –el último día de carga “fuerte” de la semana– Argentina registró 27.363 nuevos contagios y 601 fallecimientos. La tendencia a la baja en las infecciones que se había reportado hacia fines de abril se detuvo y la situación, desafortunadamente, parece revertirse. Son 5.457 las personas que están en Unidades de Terapia Intensiva y, en efecto, hay un 69,5 por ciento de ocupación a nivel nacional y un 76,1 en el AMBA.
El 21 de mayo vence el DNU con las restricciones propuestas por el gobierno para esta etapa de la pandemia. Por ello, la próxima semana será decisiva para definir las acciones que siguen. “En términos generales se está viendo un repunte de los contagios. No era lo esperable para este momento si se tienen en cuenta las restricciones que hay. Todos los días de la última semana han mostrado un leve crecimiento respecto de la anterior. La del 7 de mayo tuvimos un promedio de 20.110 casos en cada jornada y la del 14 tuvimos 21.619, de manera que experimentamos un ocho por ciento más de infectados entre la última semana y la anterior”, dice Soledad Retamar, docente investigadora de la UTN Regional Concepción del Uruguay. Luego completa: “El sistema sanitario está al borde del techo del ochenta por ciento estipulado por el gobierno como límite, lo veo muy complicado. Deberíamos haber bajado los casos, al menos durante un mes más y a mayor velocidad. De esta forma, corremos en círculos”.
“Hoy no tenemos una meseta común y corriente sino un altiplano, que está en condiciones de subir un poco más a partir de lo que suceda en las provincias. El problema de este piso alto es que las terapias continúan en una situación límite. Si las restricciones en todo el país se combinan con la vacunación que tenemos, en poco tiempo, podría cambiar muchísimo la situación. Es algo que experimentó Reino Unido e Israel. Si realmente se parasen todas las actividades durante dos semanas, el escenario podría modificarse muchísimo”, apunta Daniel Feierstein, investigador del Conicet y docente de la UBA y de la Untref. Si se dispusieran nuevas restricciones en un marco de inmunización masiva a todo ritmo –empujado por las cinco millones de dosis que llegarán de AstraZeneca antes de que culmine el mes– la tasa de contagio comenzaría a disminuir, el sistema de salud podría aflojar su tensión y, mientras tanto, aquellos que reciben sus vacunas accederían a una protección que antes no tenían.
Si bien luego de las restricciones que fueron puestas en marcha hacia mediados de abril mermó la circulación de las personas y con ello se desaceleró la propagación del Sars CoV-2, en las últimas dos semanas la curva de contagios se estacionó en un piso muy alto que sigue colocando en tensión al sistema de salud. El 16 de abril había constituido, en este sentido, el pico de esta tercera ola y Argentina había alcanzado los 29.472 infectados en una sola jornada. Ese hito coincidió con la limitación de la movilización en el Área Metropolitana de Buenos Aires: las restricciones a la nocturnidad, los encuentros sociales y la suspensión de clases presenciales que contribuyeron a mejorar el panorama en un comienzo, pero ahora rinden menos frutos.
El AMBA y las provincias
El próximo viernes se vence el último DNU dispuesto por el gobierno y, si bien las medidas funcionaron al comienzo, hoy la situación es más compleja. Sin embargo, para superar esta versión esquemática, vale la pena indagar sobre qué sucede específicamente en el AMBA y qué diferencia su situación respecto de lo que acontece en el resto de las provincias. “En el Área Metropolitana continúa exhibiéndose un leve descenso pero es menor de lo que se observaba en las semanas previas. El conurbano bonaerense que venía bajando a un 28 por ciento de una semana a otra pasó a disminuir a un trece, y en CABA que era de un 17 pasó a ser de un quince. Mientras tanto, en el interior del país se advierte un incremento; incluso, hay algunas como Neuquén, Río Negro o La Pampa que, además de mostrar un crecimiento importante, parten de un piso alto”, explica Retamar.
En Neuquén, por ejemplo, durante la primera quincena de mayo los casos se incrementaron en un ochenta por ciento en relación a la última quincena de abril. Formosa es otra de las que crece a ritmos preocupantes: su indicador de razón (parámetro contemplado por el gobierno para analizar la curva de casos) da como resultado 2.17 cuando el límite para un alto riesgo sanitario es 1.20. La analista de datos destaca: “Quizás no se nota tanto la aceleración de la curva en algunas provincias porque en la cantidad de casos diarios no suman tanto. El viernes Formosa reportó 49, pero vienen con un promedio semanal de 168”. San Juan, San Luis y San Juan son las otras que también denotan una curva en franco ascenso.
Según sugirieron los epidemiólogos en marzo de 2020, la pandemia se desarrollaría en términos de picos y mesetas, subidas y bajadas constantes. A diferencia del año pasado, sin embargo, pese a que hay variantes importadas (Reino Unido y Manaos) de transmisión comunitaria que complican las cosas, también hay vacunas. Algunos países, de a poco, se van incorporando a la selecta lista de aquellos que poco a poco van dejando de lado esta realidad de excepción que configura una pandemia en el siglo XXI. A la realidad que ofrece Israel y Estados Unidos se van sumando otros. En Argentina, a partir de la inmunización masiva de adultos mayores (ya se vacunó al 75 por ciento de las personas con 60 o más años) se observan algunos resultados preliminares pero alentadores. Uno muy ilustrativo es que, según la Sociedad Argentina de Terapia Argentina, el promedio de internados descendió a 53 años cuando el año pasado ese número llegaba a 70. Las vacunas funcionan; falta mucho, pero falta menos.
El margen para la acción
“En el mundo hay ejemplos que demostraron que los cierres muy duros de cinco o seis semanas pueden contribuir muchísimo a resolver la situación. El problema es que no sé si existe una situación socio-política lista para ello. Es complejo, una cosa es la respuesta sanitaria adecuada y otra muy diferente la viabilidad para que las medidas se tomen en el momento en que deben tomarse”, expresa Feierstein. Bajo esta premisa, que marca una brecha entre lo deseable y lo posible, emerge de nuevo la chance de la puesta en marcha de un ASPI, es decir, de Aislamientos Selectivos Planificados e Intermitentes.
“El ASPI es un modelo teórico que planteamos hace meses junto a Rodrigo Castro y otros colegas que podría probarse pero –de nuevo– hay que ver si hay aire político para intentarlo. Se trata de una lógica intermitente y selectiva, que prevé que los meses se organicen a partir de tiempos de cierres y de aperturas”, propone el sociólogo. Y luego ofrece un ejemplo: “La dinámica que se proponía era más o menos así: podíamos cerrar nueve días para cortar la propagación y abrir 20 para estimular la economía. Este mismo proceso podría repetirse durante algunos meses”.
Retamar, por su parte, insiste en focalizar el control de lo que sucede en el resto de las provincias. “Las últimas restricciones fueron más fuertes en el AMBA, pero sacando alguna provincia grande como Mendoza, no se registraron grandes cambios en el resto. Si bien allí disminuyó un poco la circulación viral, comenzó a crecer en otras de gran densidad demográfica como Córdoba. Y cuando crece en Córdoba, el impacto es importante porque repercute en el conteo a nivel nacional. Aporta un promedio de dos mil casos diarios, similar a CABA”, sostiene.
De la misma manera que sucedió en otros momentos de la pandemia, por lo tanto, la circulación del virus y la situación crítica que se advierte primero en Buenos Aires, luego repercute –con algunas semanas de desfasaje– en el resto del país. “Muchas jurisdicciones experimentan crecimiento con una alta incidencia además. Entonces, más allá de lo que ocurre en Buenos Aires hay que tener en cuenta la realidad de lo que pasa en el interior”, solicita la investigadora con el propósito de combatir “esa concepción tan porteñocéntrica”.
Lo que podría contribuir en esta línea es el proyecto de Ley de Emergencia Covid que el gobierno busca aprobar en el Congreso. El objetivo del proyecto legislativo es contar parámetros prestablecidos, con el propósito de que el proceso de toma de decisiones a nivel nacional sea más sencillo y no dependa de las especulaciones ni de variables arbitrarias en cada territorio provincial. La adopción de indicadores objetivos para medir los riesgos, estratificar las situaciones y actuar en consecuencia. Además, según la norma, aunque delega en los gobernadores la potestad del manejo de sus jurisdicciones, faculta al presidente a intervenir en aquellas situaciones de excepción, en que las alarmas epidemiológicas y sanitarias lo ameriten.
Fuente:Pagina12







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