24 de marzo de 2019


FUNES Primer siluetazo por la memoria.

24 de marzo de 2019
Primer siluetazo por la memoria Funes 
El recuerdo de la emblemática quinta 
La intervención artística se realizó en los alrededores del lugar que funcionó como centro clandestino en la dictadura.
El acto de ayer por la memoria 
En la víspera del 24 de marzo, Funes se sumó al recuerdo con un novedoso y primer Siluetazo por la Memoria. Organizado por el grupo "Pueblada por la Identidad Funes", se realizó una intervención artística en los alrededores de lo que funcionó como centro clandestino de detención Quinta de Funes. Cabe recordar que la finca fue habilitada como Espacio de Memoria a fines de 2017, luego de una intensa lucha de organizaciones locales y de derechos humanos. En tanto, hoy, y en línea con la multitudinaria actividad que se llevará adelante en Rosario, Funes tendrá su marcha, que partirá a la mañana desde el centro de la ciudad, desde la rotonda del Museo Murray, para culminar luego en la Quinta.

Desde hace unos días, en distintos puntos de su extensión, Funes amaneció con carteles que ponderaban la pregunta "¿Sabías?". La secundaba, a secas, la frase "Quinta de Funes", casi como una invitación a la búsqueda, al descubrir una parte de la histórica trágica que aconteció ahí nomás, a unos pasos. Luego, el viernes a la tarde, la movida prosiguió con el Siluetazo, en el cual se eligió usar "la silueta humana como símbolo que denuncia a la par que inquieta". "La Quinta se viste de ellas para seguir insistiendo con la importancia de que ese sitio devenga en lo que debe ser: un lugar para recordar a nuestres desaparecides, no sólo desde la tragedia sino desde la lucha por la construcción de un país para todes", explicaron desde la Pueblada.

La actividad vino acompañada de un palo no menor para el gobierno provincial, responsable de avanzar de manera enfática con el proyecto a desarrollar en el predio funense. En ocasión de la apertura, en 2017, desde la Provincia se anunció un ambicioso "plan cultural y educativo para la comunidad funense y de los alrededores". Desde la Pueblada, argumentaron, que lanzaron el Siluetazo, entre otros motivos, "para lograr que quienes hoy tienen la tarea de gestionar la Quinta como un Sitio de Memoria la saquen de su abandono y la ofrezcan a la comunidad como el espacio que permitirá no olvidar, no perdonar y, quizás, no repetir la historia".

La "Pueblada por la Identidad Funes" se define como un colectivo, un grupo de funenses que, de la mano de Abuelas y alineades con Juicio y Castigo de Rosario trabajan "por la recuperación y puesta en valor por parte de la comunidad de lo que fue un centro clandestino y hoy es (debiera ser) un Sitio de Memoria".
Fuente:Rosario12

A saldar viejas cuentas: el Villazo.

Revisión histórica 
A saldar viejas cuentas: el Villazo 
Por Luciano Couso 
Publicada en 24/03/2019 
A 44 años, casi medio centenar de imputados entre civiles, militares y policías que participaron de la represión ilegal en Villa Constitución un año antes del Golpe serán indagados por la Justicia. Entre ellos, un ejecutivo de Acindar, símbolo de la comunión entre el poder empresarial y los genocidas.
Cuarenta y cuatro años les insumió a las víctimas de la represión ilegal desatada contra obreros metalúrgicos de Villa Constitución conseguir que un juez cite a declarar a 46 protagonistas civiles, militares y policiales de aquella “ocupación” armada a la ciudad que alberga a la acería Acindar, uno de cuyos directivos de entonces se transformó al año siguiente en el encargado de los asuntos económicos del plan genocida ejecutado por uniformados e ideado por hombres de traje. El 25 de marzo, a la jornada siguiente de la conmemoración del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, se iniciarán en el Juzgado Federal Nº 4 de Rosario las indagatorias a los posibles responsables penales de los delitos de lesa humanidad cometidos durante el hecho histórico conocido como el Villazo.
El valor de esa causa radica en que la investigación no se detuvo en los ejecutores uniformados de la represión ilegal –de indisimulable responsabilidad–, sino que avanzó sobre los civiles que participaban de la dirección empresarial de Acindar de aquellos años.
Es decir, los beneficiarios del “palito de abollar ideologías” y autores intelectuales del modelo económico que comenzó a implementarse en 1976 a través, precisamente, de uno de los ejecutivos de la acería, José Alfredo Martínez de Hoz, ministro de Economía de la dictadura.
El mismo que acuñó la frase “da lo mismo producir aceros que caramelos”, ejemplificadora del plan de desindustrialización, apertura de importaciones y ciclismo financiero que llevó adelante la última dictadura, nacionalista en lo político y neoliberal en lo económico. Cualquier parecido con las políticas actuales del Palacio de Hacienda no es mera coincidencia.  
Según explicó a el eslabón el fiscal del caso, Adolfo Villate, entre los llamados a declaración indagatoria que aceptó el juez dispone “las de cuatro integrantes de la conducción Acindar” de entonces, entre ellos “gerentes y encargados de personal”. Pero, agregó, “uno de ellos fue integrantes del directorio en aquella época, de mayor rango que los anteriores”.

Re-tardado

El retardo de la Justicia en investigar las responsabilidades penales del Villazo tiene una explicación histórico-política –fundada en las leyes de impunidad que impidieron el juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad cometidos durante el terrorismo de Estado desde fines de los 80 hasta comienzos de este siglo– y otra menos objetivable que consiste en la mora de seis años entre la denuncia presentada por los sobrevivientes y la decisión del juez, Marcelo Martín Bailaque, de hacer lugar a las indagatorias solicitadas por el fiscal Adolfo Villate.
En marzo de 2017, Villate había solicitado 102 indagatorias a presuntos implicados en las tres decenas de asesinatos, tres centenas de encarcelados y un millar de despidos que produjo el experimento de represión y disciplinamiento de la clase obrera a pequeña escala iniciado el 20 de marzo de 1975, que un año después se extendió a todo el país. En marzo de 2019, el juez hizo lugar a 46.
El hecho histórico conocido como el Villazo, nacido de una larga huelga por el reconocimiento de una elección de la seccional de la UOM de Villa Constitución que fue respondida con una combinación de represión militar, policial y parapolicial, concentra con anticipación las características principales que distinguieron al plan sistemático de exterminio de opositores y de reconversión de las relaciones laborales y sociales de la Argentina a partir del golpe de 1976: represión ilegal, centros clandestinos de detención, acción conjunta de fuerzas de seguridad y patotas paraestatales, intento de aplastamiento del movimiento obrero organizado, disciplinamiento social de las disidencias políticas.
El 26 de junio de 2013, ocho ex dirigentes gremiales de la seccional Villa Constitución de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) presentaron en los tribunales federales de Rosario un escrito para que se investiguen los secuestros y crímenes ocurridos en esa localidad.
Patrocinados por una abogada de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas y una asociación de ex presos políticos, los militantes pidieron a la Unidad Fiscal de Derechos Humanos que “se investigue la represión del movimiento sindical durante aquellos años”.
La denuncia judicial está impulsada por Victorio Paulón, Zenón Sánchez, Agustín Luna, Cátulo Bogado, Miguel Alberto Simonovich, Luis Aliendro, Juan Actis y Roberto Justo Martínez, quienes integraban la Lista Marrón de la UOM de Villa Constitución, que a fines de 1974 ganó la conducción de la seccional sindical de los metalúrgicos.

Los hechos

En 1974 la seccional Villa Constitución de la UOM, conducida a nivel nacional por el dirigente Lorenzo Miguel, estaba intervenida.
El primer día de julio de ese año murió Juan Domingo Perón, mientras ejercía su tercera Presidencia. A cargo del Poder Ejecutivo quedó su viuda, María Estela Martínez, popularmente conocida como Isabelita, y del poder real el ministro de Bienestar Social y creador de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), el Brujo José López Rega.
Los trabajadores metalúrgicos de Villa Constitución iniciaron medidas de fuerza para poder elegir a sus propios representantes. En Acindar se gestó una comisión interna encabezada por Alberto Piccinini, que se enfrentó a la conducción de Lorenzo Miguel. La empresa dirimió las diferencias inclinándose por una de las partes, con la que lograba un mejor entendimiento, e intervino en el conflicto con la expulsión de doce delegados.
El conflicto derivó en una huelga iniciada en marzo de 1974. En ese contexto, la Policía Federal inauguró una sede en dependencias del Albergue de Solteros de Acindar, que se convertiría en el primer centro clandestino de detenciones al año siguiente, antes del Golpe. De las centrales fabriles más importantes, los trabajadores tomaron en señal de protesta Marathon y Acindar y abandonaron Metcon, que había sido ocupada por la Gendarmería Nacional.
Luego de una semana, los interventores de la UOM les informaron a los trabajadores que se llamaría a elecciones. A tal efecto se realizó una reunión, al cabo de la cual se supo que aquella promesa no sería llevada a cabo. “Por esa razón se decidió tomar de nuevo Acindar. La medida fue acompañada por todo el pueblo de Villa Constitución, en especial los comerciantes, que de diversas maneras colaboraron con los trabajadores: les enviaban comida y cosas que necesitaban”, reconstruyó la Fiscalía, a cargo de Villate, en base a los testimonios recogidos en la causa.
Después de unos días, intervino el Ministerio de Trabajo de la Nación. La comisión interna de Acindar logró la reincorporación de los despedidos y la promesa de elecciones en 120 días a cambio de desocupar las empresas. Tras los comicios, triunfó la Lista Marrón, expresión del sindicalismo clasista y antiburocrático.
El interregno hasta las elecciones -que se concretaron recién en noviembre de 1974- estuvo signado por actos violentos y atentados con bombas a las sedes donde se reunían los representantes sindicales opuestos al oficialismo en la UOM.
Ese triunfo -describió la Fiscalía en la contextualización histórica de su acusación- cambió radicalmente la situación y dio lugar a una serie de avances respecto a los derechos de los obreros que generaron numerosas tensiones con el sindicalismo ortodoxo.
La investigadora de Flacso y del Conicet Victoria Basualdo, cuya tesis doctoral tuvo como objeto de estudio estos hechos, declaró en la causa que el triunfo de la lista Marrón “desencadenó una larga lista de reformas en el sindicato local, se mejoró la atención médica, se propuso crear un Policlínico que no existía, se trabajó con los delegados para elaborar anteproyectos de paritarias, se reactivaron los Congresos de Delegados entre Fábricas, y se logró una articulación con otros sectores de trabajadores locales, incluyendo trabajadores portuarios, ferroviarios, municipales, textiles, aceiteros, de comercio, bancarios y maestros entre muchos otros”.
Basualdo explicó que con esos sectores “se lograron reivindicaciones económicas muy importantes para los trabajadores, aumentos de salarios en la mayor parte de las empresas y se concretaron acuerdos muy por encima de los convenios y lineamientos del gobierno”.

Serpiente Roja

La tensa paz duró entre noviembre de 1974 y marzo del año siguiente. En febrero de 1975, Isabel y parte de sus ministros firmaron el decreto que habilitó en Tucumán el “Operativo Independencia”, que facultaba al “comando General del Ejército” a “ejecutar las operaciones militares que sean necesarias a efectos de neutralizar y/o aniquilar el accionar de elementos subversivos que actúan en la provincia de Tucumán”. Para Villa Constitución no hubo formalismos administrativos.
Al mes siguiente, la prensa se refirió a  “información sobre una merma en la producción en lugares como San Nicolás y Villa Constitución, donde la UOM tienen filiales dirigidas por sindicalistas radicalizados”. Se iba preparando el terreno para la intervención. El mismo 20 de marzo el diario La Tribuna, que entonces se editaba en Rosario, presentó como principal título de portada: “Descubriose un vasto complot. Destinado a paralizar la industria pesada entre San Nicolás y nuestra ciudad”.
Había comenzado lo que el ministro del Interior, Alberto Rocamora, denominó “Operativo Serpiente Roja del Paraná”, destinado a “combatir el complot a la industria pesada” que consistía en perseguir “a los subversivos”. El único conjurado contra la industria nacional era entonces directivo de Acindar e iba a convertirse en ministro de Economía.   
El “Operativo Serpiente Roja” consistió en la “ocupación” de Villa Constitución con militares, fuerzas de seguridad federales, bonaerenses y santafesinas, y las patotas de la Juventud Sindical y la Triple A.
“Las autoridades políticas, en connivencia con los empresarios, y a través de las fuerzas armadas y de seguridad, decidieron aplicar un programa represivo en Villa Constitución, cuyos principales objetivos fueron disciplinar al movimiento obrero y avanzar en el proceso de concentración de las empresas siderúrgicas”, describió Villate en la acusación.
En total, unos cuatro mil efectivos a bordo de 105 vehículos que “hicieron pinzas en las salidas de las fábricas y se llevaron detenidas alrededor de 300 personas” participaron del operativo de “ocupación” de la ciudad industrial.
Los trabajadores iniciaron una huelga que se extendió durante sesenta días, que contó con el apoyo mayoritario de los metalúrgicos, de los sindicatos industriales del cordón y de las fuerzas democráticas.
“A partir de ese momento -narró Villate-, se inició una verdadera cacería que perduró hasta el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y continuó con posterioridad, aunque adquiriendo otras características. La estrategia de aniquilamiento de la resistencia obrera fue notoria en todo el cordón industrial y, en nuestra zona, no sólo incluyó a Villa Constitución, sino también a Rosario, San Nicolás y San Lorenzo. Esa fue la dimensión de la represión a ese colectivo de trabajadores; todo estaba orientado a detener a una vanguardia sindical que cuestionaba al viejo modelo”.
Una parte de los responsables de aquella cacería con fines políticos comenzará a rendir cuentas ante la Justicia el próximo lunes.
Fuente:RedaccionRosario

ROSARIO: El caso Perassi y el drama de los desaparecidos.

JUSTICIA
El caso Perassi y el drama de los desaparecidos
Facundo Borrego 
Desde que en 1908 los tres arqueólogos y hermanos Bouyssonie descubrieron un esqueleto casi completo de un hombre de Neandertal en una fosa de La Chapelle-aux-Saints, Francia, se ha observado la posibilidad de sepulturas intencionales. Con el hallazgo de otros casos de este tipo, se planteó la teoría de que un grupo humano del Pleistoceno (de entre 125.000 y 10.000 años atrás) ya poseía una capacidad simbólica y realizaba prácticas funerarias mínimas.
Parece ser una necesidad arraigada en los sentimientos del hombre la de darle un reparo al menos simbólico al muerto, figurarlo, despedirlo. Otra cuestión es la decisión de velar el cuerpo, cajón abierto o cerrado, cremarlo, o responder a los deseos del difunto, pero el primer acto es constatar empíricamente que murió. Si no se resuelve esta primera instancia, el resto serán pasos en el aire para siempre.
De esto se privan quienes cargan con la figura del desaparecido. Por ejemplo las madres de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, México, jamás encontrados. “Nadie sabe la tantita mínima de lo que se siente tener a un hijo desaparecido. Porque, mire, si yo supiera que mi hijo está muerto, sé dónde llevarle una flor, pero no sé dónde está”, reclamó con tono desgarrador una de las madres al flamante presidente mexicano Manuel López Obrador.

Una situación similar recorre a Alberto y Alicia Perassi, los padres de Paula, de quien desde hace más de siete años nada se sabe aunque mucho se teme. “Quiero saber el lugar dónde tengo que llorar a mi hija”. Crudo y básico es el pedido que ha hecho en estos años Alberto. Ahora es el juicio donde esperan revelaciones.
Es tan fuerte lo que produce la no identificación del cuerpo, que la necesidad de conocer la verdad se antepone sobre las expectativas de condena de los responsables. “Queremos que hablen y digan lo que hicieron con Paula y dónde está ella”, es la primera respuesta que larga la madre de Paula con una voz roída en la puerta del Centro de Justicia Penal. Dice Alicia, "tengo que decirles a mis nietos qué pasó con su mamá” aunque sea la muerte la respuesta. Necesitan eso, certezas.  
En ese mientras tanto interminable que atraviesa la familia por dar con datos concretos, se mantiene latente la figura de la muerte. Latente, a mano, pero sin confirmación. Da vueltas, se teoriza sobre ella, pero no hay confirmación. De esta forma se configura una paradoja cínica, porque si algo tiene la muerte es lo incontrastable.
Los desaparecidos cargan con un peso histórico complejo de abordar y forman parte de la identificación nacional que lo complejiza aún más. Luego de la visita a la Argentina en 1979 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por las múltiples denuncias internacionales de violación de esos derechos, Jorge Videla, que encabezaba la Junta Militar, respondió sobre los desaparecidos en conferencia de prensa abogando al cinismo aludido.
“(…) mientras sea desaparecido no puede tener ningún tratamiento especial, es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no está… ni muerto ni vivo, está desaparecido”. Muchas madres y abuelas murieron con esa incógnita retumbando en sus viejos cuerpos. 
Los responsables de estos actos tienen dos certezas con las que lidiar: la de la muerte y la del destino del cuerpo. De por vida tendrán en su cabeza el lugar del escondite que podría ser la clave de la confesión: la porción de tierra, el río, el mar, un basural. Pero también su práctica es esconder este dato. 
En el caso Perassi, la familia de la víctima espera que a alguno de los acusados lo haya desgastado el tiempo y afectado el eminente arribo a una condena a perpetua, y termine por hacer una revelación durante el juicio.
Comenzó el juicio oral con pedido de perpetua para cuatro personas (Rplus)
Paula Perassi salió cerca de las 20 del 18 de septiembre de 2011 de su casa, ubicada en la localidad de San Lorenzo, luego de recibir una llamada telefónica y nunca más se la vio. De acuerdo a la acusación fiscal, Perassi fue capturada y obligada a abortar, tras lo cual presumiblemente murió, pero su cuerpo nunca fue encontrado, a pesar de la búsqueda que llevó adelante el Equipo Argentino de Antropología Forense revolviendo en un basural de la zona.
La mujer estaba casada, tenía dos hijos varones de 2 y 6 años y cursaba un embarazo de seis semanas, presuntamente de su amante, Gabriel Strumia. Éste junto a su esposa, una partera, un empleado suyo, y cinco policías están acusados por la desaparición de Perassi.
En la previa al juicio que comenzó esta semana, a los padres de Paula se los nota cansados de pedir por su hija, lo hacen con piloto automático. Quizás en la intimidad ya hayan superado la etapa de hilvanar hipótesis, escenas, teorías contrafácticas, o imaginar cómo sería (o es) físicamente siete años después, y ahora únicamente se enfoquen en saber el final de la historia y en que no se le escape la verdad.
Fuente:RosarioPlus

ROSARIO: Cómo pensar los delitos sexuales en la dictadura desde una perspectiva de género.

Memoria, Verdad, Justicia 
Cómo pensar los delitos sexuales en la dictadura desde una perspectiva de género 
En Rosario hay dos casos que llegaron a juicio oral en el marco de la causa Feced III. Las abogadas de la querella buscan que sean considerados delitos autónomos y que no queden invisibilizados bajo la categoría de tormentos 
24 de marzo de 2019
Candela Ramírez
Durruty, Giordano y Pellegrini, las abogadas querellantes en la causa Feced III. Foto: Ana Stutz
“Traducimos a un lenguaje jurídico lo que está pasando en la calle, que es donde se logran los cambios”. Así definen su trabajo Gabriela Durruty, Jésica Pellegrini y Julia Giordano. Las tres son abogadas querellantes en la megacausa Feced. En Rosario son dos los casos de delitos sexuales cometidos en el marco del terrorismo de Estado que llegaron a juicio oral. Buscan que se los considere delitos autónomos y no una forma más de tormentos.
Entre 1976 y 1983 hubo centros clandestinos de detención en todo el territorio argentino. Los militares torturaron a las personas secuestradas y también cometieron delitos sexuales sobre todo –pero no únicamente– contra mujeres. Violaron, abusaron, manosearon, intimidaron y forzaron abortos. “Había que aguantar para ir al baño porque si ibas tenías que pedir que te lleven y ahí, como mínimo, sufrías algún manoseo”, citan de las declaraciones. Obligarlas a que se quitaran la ropa frente a ellos y hacerles preguntas sobre su vida sexual fueron otras de las prácticas.
Ninguna de las abogadas se atreve aún a hablar de una sistematización de estos delitos; recién ahora se están investigando. Sin embargo afirman que se cometieron de forma repetida y en muchos lugares del país. Lo que se sabe, por ahora, es que no había un acuerdo entre las tres fuerzas armadas sobre cómo actuar.
Durruty cuenta que las violaciones funcionaban como un castigo por correrse del lugar destinado a las mujeres. Los represores dividían a las personas en recuperables, irrecuperables y en proceso de recuperación, con pabellones correspondientes. Consideraban que las mujeres se recuperaban si volvían a un lugar sumiso, “si dejaban el lugar de mando y de compromiso militante”. En Rosario el jefe de torturadores José Rubén “Ciego” Lo Fiego decía que las mujeres tenían umbral de dolor más alto y esto lo tenían en cuenta para torturar.

Juicios locales

Stella Hernández –actual dirigente del Sindicato de Prensa Rosario– fue secuestrada en enero de 1977, con 19 años, y estuvo detenida seis meses. En 1984, apenas recuperada la democracia, hizo una denuncia por violación que no fue tenida en cuenta. Sí se consideraron los delitos de privación ilegítima de la libertad y tormentos: en todo caso, la violación entraba en esta categoría.
En la primera elevación a juicio de Feced en 2010 volvió a decirlo en su declaración. Fue desestimado, a pesar de su denuncia en 1984, porque no había nadie imputado por el hecho. Recién en Feced III se logró que Mario Alfredo Marcote, alias Cura, llegara imputado por este acto.
El Cura fue señalado en varios testimonios como el violador serial del Servicio de Informaciones, ubicado en la esquina de Dorrego y San Lorenzo. La última declaración de Hernández fue en septiembre de 2018, con la lucha feminista como escenario de fondo. Declaró con el pañuelo verde en la muñeca, pidió que los delitos sexuales fueran considerados de lesa humanidad y juró por la lucha de las mujeres: “Las de ayer, las de hoy y las de siempre”.
Al mismo tiempo, en Rosario hay otra sobreviviente que denunció tres violaciones. Dos fueron mediante el coito tradicional y fueron consideradas así por el tribunal. Sin embargo, la tercera –perpetrada por Lo Fiego– fue considerada como un tipo de tormento. En este caso la violación fue cometida con un palo. También se está juzgando en Feced III.
Feced es una megacausa, la más grande en relación con centros clandestinos en Santa Fe, que cursa su tercera elevación a juicio. Agustín Feced fue un ex comandante de Gendarmería que asumió el control de la Policía en la última dictadura. El juicio contra parte de la patota que operó en el ex Servicio de Informaciones inició el 5 de abril de 2018.
Aún falta que declaren 170 testigos. Hablar de abusos sexuales y violaciones sumaría un nuevo delito en la causa e incidiría en la escala penal: “Si no, es una conducta más que queda subsumida en un tipo penal y no es así. No fue vivido así ni por las víctimas ni por los sujetos activos. Entendemos que el dolo, la intención, no era de tortura: el objetivo era abusar sexualmente”, expresa Durruty.
Coincide Pellegrini, quien agrega que los propios represores lo admitieron en el juicio. El ex capellán de la Policía Eugenio Zitelli –quien murió impune hace un año–, declaró que cuando “las mujeres en cautiverio le cuentan que fueron torturadas y violadas, él mismo hace esta distinción moral: «Dijimos que con las torturas sí, pero las violaciones no». Ellos mismos tenían ese dolo específico. Era otro tipo de violencia y ensañamiento contra las mujeres”.
Giordano apunta que, en el caso de la denuncia por violación con un palo, el fiscal no acompañó que fuera tal delito porque no era concebido así en esa época y sería injusto juzgar a los imputados con elementos que existen recién hoy. Ella disiente y considera que pesar a que en otro momento la sociedad no pudo verlo, “poder explicarlo hoy con otras palabras y poder decir que lo que pasó fue lo que pasó y no otra cosa no es cambiar los hechos: fue una violación”.

Transformar lo jurídico

“Es imposible no pensar estas cuestiones desde una perspectiva de género. Quizás cuando empezaron los juicios no se podía pero eso cambió”, dice Durruty y subraya que la Justicia no es una isla: el contexto económico, político y social influye. Por eso consideran tan importante el trabajo que hicieron los organismos de derechos humanos durante los años que estuvieron vigentes las leyes de obediencia debida y punto final: mantuvieron el tema en la agenda jurídica y mediática.
“Hoy en los casos de delitos sexuales el trabajo de las organizaciones feministas es fundamental. No somos las primeras abogadas que lo planteamos. Traducimos a un lenguaje jurídico lo que está pasando en la calle, que es donde se logran los cambios”, explica. En otro momento imputar a un sacerdote por delitos de lesa humanidad era impensable, pero luego el contexto político lo permitió: “Para atravesar la puerta de Tribunales tiene que ser una realidad política contundente”, dice.
Pellegrini explica que los caminos son progresivos y que se necesita ir construyendo el andamiaje jurídico. Durruty señala que “la memoria no es inocua” y que su trabajo es ponerle un nombre y calificación a lo que ya está dicho por la víctima: “Con el genocidio pasó lo mismo, el pueblo argentino ya decía juicio y castigo a los genocidas, lo que faltaba era que lo dijeran los Tribunales, que el Derecho relatara lo que ocurrió”.

Feminizar los Tribunales

Giordano se sumó hace cinco años al trabajo que ya venían haciendo Pellegrini y Durruty desde un lustro antes. Las tres son militantes de Ciudad Futura y Pellegrini también es concejala.
Mientras recuerdan cada juicio, cada espera, interponen relatos de su intimidad. Hablar de las causas Guerrieri, Feced o Díaz Bessone es para Durruty y Pellegrini referenciar también sus embarazos: “Los imputados nos miraban con cara de vayan a lavar los platos y no cualquier plato sino el de sus maridos. Y nosotras ahí con nuestras panzas”, se ríen.
Pellegrini resalta que los Tribunales siempre fueron ámbitos dominados por hombres: “La llegada de mujeres a lugares estratégicos de enjuiciamiento y en el tribunal es parte también de esta batalla”. Nombra a Noemí Berros, que presidió el tribunal de Feced II: “Permitió que en el relato de las mujeres afloraran muchas cuestiones relacionadas con los abusos que fueron tomadas como elementos para investigaciones en Feced III y IV”. Pellegrini describió la mirada de Berros como “preparada, atenta, sorora y cuidada”.
El tribunal de Feced III está presidido por Lilia Carnero. Las tres querellantes consideran que esto genera un clima diferente tanto para mujeres como para hombres. “Nosotras tenemos otro trato. La feminización de la política tiene la misma lógica que la feminización de la Justicia. Es el espacio cuidado”.

Declarar y sanar

“Nunca nadie salió de un tribunal peor de lo que entró”, afirma Durruty. Habla de las personas que representan y que hace décadas esperan ser escuchadas por los jueces. Recuerda una reciente declaración, de Beatriz Frutos, por el caso La Vigil. Cuenta lo que respondió cuando le preguntaron si quería agregar algo más: “Vine acá con una carga muy pesada y me voy sin ella porque me la saco y se la pongo a ustedes”. Durruty piensa que su trabajo es trasladar esa mochila a los magistrados y que sepan que sólo se la van a sacar con una sentencia ejemplar.
Hablan del clima espeso que hay en las audiencias, de tener que escuchar una y otra vez los relatos del horror. Los abusos sexuales son delitos de instancia privada, requieren que la víctima habilite que sean investigados y sancionados. En estos casos es un tema en discusión porque cuando se da en el marco de delitos de lesa humanidad son delitos contra la humanidad y el Estado tiene la obligación de investigar.
“Se complejiza porque hay 30 mil desaparecidos. No están para decir si quieren que se investigue o no. Están sus familiares y muchas veces sus hijos. Es un terreno lleno de preguntas y hacia allí vamos. El feminismo nos da la fuerza y las herramientas para construir esa respuesta con las sobrevivientes. Vamos viendo cómo nominamos y cómo avanzamos en términos de persecución penal para poder darle voz a las que ya no están”, expresa Pellegrini.
Quienes sobrevivieron a los centros clandestinos sienten la responsabilidad de declarar los últimos momentos de sus compañeros. Es un momento difícil y que, a la vez, muchas veces los lleva a minimizar sus padecimientos. Hay un compromiso ético: primero hablar de los desaparecidos y de lo que les pasó, por último hablar de lo personal.
Finalmente, aunque no sea un tema tan abordado, plantean que hay muchos varones que sufrieron también abusos sexuales y violaciones. Les cuesta contarlo. “Por lo que dicen se desprende que han sufrido vejaciones del tipo sexual pero los relatos no son tan claros ni tan contundentes como los de la mujeres”, explica.
“Lo perciben como destrucción física e incluso sus propios perpetradores les decían: «No vas a volver a tener hijos». En cambio a las mujeres les preguntaban cuál era su posición favorita”, relata Pellegrini. Giordano profundiza: “Al hombre que es abusado se lo pone o se siente en un lugar feminizado, entonces tiene que aceptar dos cosas: que fue víctima de una violación y que se lo puso en un lugar de la mujer que hasta ahora en nuestra sociedad es peor, de menos prestigio”.
Fuente:ElCiudadanoyLaRegion

"Se nos heló la sangre, creímos que nos fusilaban a todos".

"Se nos heló la sangre, creímos que nos fusilaban a todos": cómo vivieron los guerrilleros presos en las cárceles el golpe de estado de 1976 
Cinco ex militantes de organizaciones revolucionarias recuerdan cómo se vivió en las cárceles donde estaban detenidos el día del golpe del 24 de marzo y el plan con que la dictadura pretendió destruirlos mientras los tuvo tras las rejas
Por Eduardo Anguita 
Por Daniel Cecchini
24 de marzo de 2019 

El fin de Isabel Perón: a las 0.49 horas del 24 de marzo, la presidenta dejaba la Casa Rosada en el helicóptero Sikorsky S-58DT, rumbo a la mansión El Messidor en Bariloche
La noche del 23 de marzo de 1976 Hernán Invernizzi dormía en una celda aislada del Penal Militar de Magdalena, sesenta kilómetros al sur de La Plata. Lo despertó el estruendo de los tanques y los carros blindados que avanzaban por la Ruta 11. Se trepó hasta alcanzar la pequeña ventana del calabozo y pudo ver a lo lejos las luces de los vehículos que se dirigían a La Plata desde el Regimiento de Caballería Blindada, uno de los de mayor poder de fuego del país.
"Fue una imagen impresionante. Se me heló la sangre. Pensé que era un golpe y que me fusilaban ese mismo día. Me pregunté si sería como en las películas, vendado frente a un pelotón, o si me iban a tirar por ahí en medio del campo", dice 43 años después el ex militante, capturado en un ataque del ERP a un cuartel.
Hernán Invernizzi, militante del ERP, estaba detenido en el Penal Militar del Magdalena: “Se me heló la sangre. Pensé que era un golpe y que me fusilaban ese mismo día. Me pregunté si sería como en las películas, vendado frente a un pelotón, o si me iban a tirar por ahí en medio del campo”
Hernán Invernizzi, militante del ERP, estaba detenido en el Penal Militar del Magdalena: “Se me heló la sangre. Pensé que era un golpe y que me fusilaban ese mismo día. Me pregunté si sería como en las películas, vendado frente a un pelotón, o si me iban a tirar por ahí en medio del campo”
Unas horas más tarde, Perla Diez despertó sobresaltada en su celda de la Cárcel de Mujeres de Olmos, en las afueras de La Plata. Miró la cuna que estaba al lado de la cama: Lucía, de apenas cuatro meses, seguía durmiendo. Los vidrios temblaban. Desde afuera venía un ruido sordo de motores y roces sobre el asfalto. No podía verlos, pero estaba segura de que eran tanques que avanzaban por la ruta. Se quedó en silencio, con los ojos abiertos, inquieta. Lo peor era no saber. Estuvo unos minutos así, sin moverse, antes de dar una vuelta en la cama y obligarse a cerrar los ojos.
"Mañana será otro día", pensó. Sabía que tenía que dormir. Corrían las primeras horas de la madrugada del 24 de marzo de 1976 y Perla llevaba poco más de un año presa. El marido de Perla, Jorge Moura – ex jugador de La Plata Rugby y hermano de Federico – era el padre de Lucía, y siguió su militancia en la clandestinidad hasta que fue secuestrado, brutalmente torturado y desaparecido un año después.
En el mundo exterior los hechos se desarrollaban según lo planificado. Buena parte de la sociedad, hastiada de la inflación, de la crisis económica en marcha y de los crímenes de las bandas paramilitares, creía que el golpe era "para poner orden".
Con ese handicap las tropas salían de los cuarteles y se desplegaban por las calles de las grandes ciudades; las fuerzas de seguridad –Policías, Prefectura y Gendarmería– se ponían a las órdenes directas de las Fuerzas Armadas; la presidenta María Estela Martínez de Perón era detenida en el Aeroparque Jorge Newbery; grupos de hombres de civil y con ropa de fajina pateaban puertas de domicilios previamente fijados y se llevaban a sus habitantes; se montaban retenes militares en las puertas de las fábricas. La coreografía del golpe se desarrollaba al compás de las marchas militares con buena parte de la sociedad narcotizada.
La Junta Militar que derrocó al gobierno democrático de Isabel Perón: el almirante Emilio Massera, el general Jorge Rafael Videla y el brigadier Orlando Agosti
La Junta Militar que derrocó al gobierno democrático de Isabel Perón: el almirante Emilio Massera, el general Jorge Rafael Videla y el brigadier Orlando Agosti
A las 3 de la mañana, el locutor de Radio Nacional Juan Vicente Mantesana –sacado previamente de su lugar de trabajo por una patrulla del Ejército– leía el Comunicado N° 1 de la Junta Militar desde una oficina del Estado Mayor Conjunto. En las redacciones de los principales diarios del país se empezaron a preparar ediciones de emergencia. "Asumieron el gobierno los tres comandantes generales", titularía La Nación"Intervención militar", diría la portada de La Opinión"¡Cayó Isabel!", gritaría en cuerpo catástrofe la tapa de Última Hora"Nuevo Gobierno", anunciaría Clarín.
Los diarios no entraban en las cárceles y las pocas radios que tenían los presos políticos –y que luego les serían secuestradas – no podían encenderse salvo a horas determinadas. La noticia del golpe atravesó las rejas por otras vías: indicios de movimientos extraños, refuerzo de las guardias, alguna radio que llegó a encenderse, las indiscreciones de unos pocos carceleros.
La cárcel de La Plata en el circuito Camps
"Nos enteramos por familiares de visita y por algún guardia con el que todavía se podía hablar", dice Raúl Argemí, ex militante del ERP, luego periodista y autor destacado de novela negra. Estaba detenido desde junio de 1974 y ya había pasado por las cárceles de Rawson y Devoto. El golpe lo alcanzó en la Unidad 9 de La Plata. Dice que para los presos era una movida anunciada, que sabían que se venía, que lo único que desconocían era la fecha.
Raul Argemí, militante del ERP, estaba detenido en la Unidad 9 de La Plata: “El golpe no nos tomó de sorpresa, estaba cantado”
Raul Argemí, militante del ERP, estaba detenido en la Unidad 9 de La Plata: “El golpe no nos tomó de sorpresa, estaba cantado”
"El golpe no nos tomó de sorpresa, estaba cantado. Sabíamos, por comentarios, por ejemplo, de Jorge Taiana padre, que las ratas abandonaban el barco llevándose hasta los clips del escritorio. El levantamiento previo de (el brigadier Héctor) Capellini, golpe de tanteo antes del definitivo -casi de reglamento- y el distanciamiento de la clase política de toda posibilidad de tomar una salida institucional, lo habían hecho imparable. Muchos estábamos en el penal de Devoto y nos trasladaron a la Unidad 9 de La Plata, donde estaba el circuito Camps".
El coronel Ramón Camps quedaba al frente de la Bonaerense y formaba parte del esquema del primer cuerpo de Ejército comandado por el sanguinario general Carlos Suárez Mason.
José María Company Céspedes había sido secuestrado en abril de 1975 por una patota de la Policía Federal en La Plata. Estuvo una semana desaparecido junto a su compañero Omar Núñez en la delegación platense de la Federal, donde fueron torturados sistemáticamenteLos "blanquearon" cuando ya estaban físicamente destruidos y los llevaron al Penal de Sierra Chica. Al momento del golpe lo llevaron también a la unidad 9 de La Plata.
José María Company Céspedes junto a su pareja María y Cacho Vázquez, dirigente de las Fuerzas Argentinas de Liberación “22 de Agosto”, y su esposa Lucila
José María Company Céspedes junto a su pareja María y Cacho Vázquez, dirigente de las Fuerzas Argentinas de Liberación “22 de Agosto”, y su esposa Lucila
"El golpe se palpaba y en la madrugada del 24 de marzo comenzamos a escuchar las marchas militares. Ese día fue normal, esperábamos requisas y creíamos que nos sacarían las radios y los libros, pero no pasó nada. Recién con el paso de los días la situación empeoró. En nuestro pabellón estaban Juan Carlos Dante Gullo y Dardo Cabo, dos figuras de Montoneros, así como miembros de otras organizaciones. Hasta el golpe, los penitenciarios eran correctos. Desde ese día empezó un trato vejatorio, que se extendía a nuestros familiares, que hacían largos viajes para poder vernos", dice Company Céspedes, dirigente de las Fuerzas Armadas de Liberación 22 de agosto.
La represión feroz en la Unidad 9 llegó el 13 de diciembre de ese 1976: allí "trasladaron a muchos presos" que terminaron muertos o desaparecidos, entre ellos Dardo Cabo, el hombre que había encabezado el Operativo Cóndor en septiembre de 1966. Los cóndores habían tomado un avión de línea, lo desviaron a Malvinas y plantaron la bandera argentina en esas islas. Cabo fue la primera víctima junto a Roberto PirlesLos "trasladaron" y fueron ametrallados en Brandsen, muy cerca del penal.
Presos a 1.500 kilómetros
"En Rawson, el primer signo que tuvimos fue que no nos abrieron las celdas a la mañana para salir al baño a higienizarnos y nos sacaban de a uno o dos por vez con presencia 'extra' de guardiacárceles en los pasillos y en los techos, estos últimos armados. Además, desde temprano se oía el ruido monótono de un avión que sobrevolaba permanentemente el penal. Ningún guardia quería soltar prenda de lo que sucedía, aunque por supuesto nos lo imaginábamos, de hecho la información que teníamos era que el golpe estaba decidido desde fines de 1975 y se concretaría en el primer trimestre de 1976. El 24 de marzo nos la pasamos encerrados todo el día sin mayores novedades, no hubo hostigamiento ni agresión por parte de los guardias y al otro día nos abrieron", recuerda Alberto Elizalde Leal, detenido desde septiembre de 1973, platense, militante del PRT-ERP.
Alberto Elizalde, militante del PRT-ERP, estaba detenido en Rawson: “El primer signo que tuvimos fue que no nos abrieron las celdas a la mañana para salir al baño a higienizarnos y nos sacaban de a uno o dos por vez con presencia ‘extra’ de guardiacárceles”
Alberto Elizalde, militante del PRT-ERP, estaba detenido en Rawson: “El primer signo que tuvimos fue que no nos abrieron las celdas a la mañana para salir al baño a higienizarnos y nos sacaban de a uno o dos por vez con presencia ‘extra’ de guardiacárceles”
La confirmación del golpe les llegó a través de un penitenciario:
-¿Qué está pasando, que no nos dejan salir? – le preguntaron.
-Lo que se sabía que iba a pasar, finalmente pasó – fue la respuesta.
El penal militar de Magdalena
Separado de otros conscriptos y suboficiales presos por razones políticas, en un pabellón casi solitario del Penal de Magdalena, que sólo compartía con cinco soldados que habían sido detenidos por homosexuales, Hernán Invernizzi recuerda que se desesperaba por tener alguna noticia.
Como había sido detenido por el fallido copamiento del Comando de Sanidad Militar, estaba preparado para que lo mataran.
"Esa unidad estaba a cargo del Ejército, la dirigía un coronel, y nos cuidaba Gendarmería. Nadie hablaba. No recuerdo que hicieran comentarios especiales sobre el golpe. En cambio, unos meses después, no paraban de hablar apenas llegó la noticia de la muerte del Negro (Mario) Santucho (jefe del PRT ERP)".
Recién el primer fin de semana después del golpe, cuando lo visitó su madre, Eva Giverti, pudo saber con certeza qué estaba pasando. Giverti es una psicóloga que en los sesentas era muy conocida: junto a su segundo marido, el pediatra Florencio Escardó, tenían decenas de libros publicados y eran número puesto en los canales de televisión.
Perla Diez  estaba detenida en la cárcel de Olmos, despertó esa mañana con el sonido de las marchas militares que se escuchaban por las radios (infojus)
Perla Diez  estaba detenida en la cárcel de Olmos, despertó esa mañana con el sonido de las marchas militares que se escuchaban por las radios (infojus)
En la Cárcel de Mujeres de Olmos, Perla Diez había podido dormir sin nuevos sobresaltos después de escuchar el paso de los tanques. Despertó a la mañana con otro ruido, el de las marchas militares que se escuchaban por las radios que todavía no les habían quitado. Dice que, a pesar de la angustia, guarda un recuerdo de esa mañana que le sigue resultando hermoso.
"Nunca me la voy a olvidar porque es para mí una imagen bellísima: cuando me despierto, con el fondo de la marchita militar, veo venir hacia mí a una compañera, Elba Balestri, a la que le decíamos La Empanada, porque era una cordobesa "con relleno". Estaba vestida con un desabillé color turquesa y traía un mate para darme a mí y una mamadera para darle a mi hijita Lucía", dice.
Recuerda también que mientras por la radio se escuchaba uno de los comunicados de la Junta pensó, mirándola: "Yo con ésta voy hasta la China, yo con ésta resisto hasta donde sea".
Tuvieron que resistir.
Cárcel, infierno y resistencia
Desde fines de 1975, en la Unidad 6 de Rawson se venía aplicando un régimen cada vez más represivo: censura de la correspondencia, censura de libros, trabas a las visitas con requisas vejatorias especialmente a las familiares mujeres, castigos con cualquier excusa, calabozos de aislamiento, golpizas y amenazas eran moneda corriente a partir octubre, cuando las Fuerzas Armadas se habían hecho cargo del control operacional de la represión.
Después del golpe, la situación no hizo sino empeorar. Alberto Elizalde Leal la describe así: "Los cambios fueron graduales, pero abiertamente represivos. Yo fui trasladado a Buenos Aires en julio de 1976, pero ya se notaba la aplicación del régimen llamado de 'privación sensorial', es decir, dejar al detenido sin elementos de contacto directo con el exterior, sometiéndolo a un reglamento cambiante y absurdo cuya infracción implicaba castigo automático (golpes y calabozo), desalentando incluso la interrelación humana entre detenidos (un mate cada uno para que no se pudiera compartir, caminar en el patio solamente de a tres), controlando estrictamente la correspondencia con familiares directos, únicos permitidos y grabando las conversaciones durante las visitas que comenzaron a realizarse en locutorios individuales a través de un blindex".
“El día del golpe, algunos, varios, recordamos una charla con Camps que afirmaba que se nos venía una noche larga y dura, con torturas y muerte dentro de las cárceles”, recuerda Argemí
“El día del golpe, algunos, varios, recordamos una charla con Camps que afirmaba que se nos venía una noche larga y dura, con torturas y muerte dentro de las cárceles”, recuerda Argemí
En la Unidad 9 de La Plata, los maltratos también venían potenciándose desde antes del golpe.
"Cuando nos trasladaron desde Devoto salimos cobrando y entramos en la U9 cobrando 'como en banco'. O sea que el precalentamiento represivo ya estaba en juego. El día del golpe, algunos, varios, recordamos una charla con Camps que afirmaba que se nos venía una noche larga y dura, con torturas y muerte dentro de las cárceles. Los carceleros todavía no tenían muy clara cómo venía la mano, pero, a medida que se endureció, se fueron los más humanos, porque no se bancaban la pateadura y la tortura como parte de su trabajo. Quedaron sólo los peores", dice Raúl Argemí.
Las detenidas de Olmos quedaron sometidas a lo que parecía ser la ley del puro capricho de los represores, pero que en realidad se trataba de un plan perfectamente elaborado para destruirlas física y psíquicamente
Las detenidas de Olmos quedaron sometidas a lo que parecía ser la ley del puro capricho de los represores, pero que en realidad se trataba de un plan perfectamente elaborado para destruirlas física y psíquicamente
"Lo que cambió después del golpe, en forma progresivamente acelerada, fue el grado de violencia interna, sin necesidad de justificación formal –explica-. Y la colaboración directa con los servicios de inteligencia, reflejada en que podían sacar de la cárcel a cualquiera y que no apareciera nunca más. También en la vigilancia y represión hacia los familiares de los presos. Algunos de ellos desaparecidos".
Para Perla Diez, las detenidas de Olmos quedaron sometidas a lo que parecía ser la ley del puro capricho de los represores, pero que en realidad se trataba de un plan perfectamente elaborado para destruirlas física y psíquicamente.
"Empezó un régimen muy duro en cuanto a un aniquilamiento psíquicomoral… y físico en el sentido de la alimentación. No nos pegaban o nos mataban, como en otras cárceles, pero nos sancionaban todos los días, sin que pudiéramos saber bien por qué ni qué hacer: hoy te sanciono porque tenés el pelo suelto y mañana porque lo tenés atado, hoy te sanciono porque dormís la siesta y mañana porque no la dormís. Ante eso, nosotras discutimos cómo teníamos que pararnos para enfrentarlos. Primero fue con actitudes individuales, como no comer la comida que te daban -cuando te la daban- cuando veías que el guiso estaba lleno con la mierda de las tripas de las vacas, por ejemplo. Esas actitudes individuales se fueron haciendo colectivas, como en las protestas contra los traslados de las compañeras porque ya sabíamos que en otras cárceles esos traslados significaban la muerte. Así empezamos a resistir", dice.
Por momentos el sadismo superaba cualquier límite, recuerda, como cuando sacaron a todas las madres al patio y vieron entrar a los perros de los guardiacárceles a las celdas donde las habían obligado a dejar a sus hijos.
“Empezó un régimen muy duro en cuanto a un aniquilamiento psíquico, moral… y físico en el sentido de la alimentación. No nos pegaban o nos mataban, como en otras cárceles, pero nos sancionaban todos los días, sin que pudiéramos saber bien por qué ni qué hacer”, recuerda Perla Diez
“Empezó un régimen muy duro en cuanto a un aniquilamiento psíquico, moral… y físico en el sentido de la alimentación. No nos pegaban o nos mataban, como en otras cárceles, pero nos sancionaban todos los días, sin que pudiéramos saber bien por qué ni qué hacer”, recuerda Perla Diez
"En poco tiempo, fueron llegando detenidos, todos destrozados. A los que les enviábamos material de lecturas y comida que aún recibíamos de las familias, para confortarlos. Se duplicó la población de Sierra Chica con presos que traían de Devoto, y Córdoba. Se incrementaron las requisas de las celdas, acompañadas de palizas. Los golpes de las palizas por la entrada a los pabellones aún los escucho. Para muchos fue insoportable y a lo largo del 77 se suicidaron varios compañeros", dice Company Céspedes.
Traslados nocturnos que en realidad significaban la muerte, "liberaciones" a horas insólitas en la puerta de la cárcel para que el preso fuera secuestrado y llevado a un centro clandestino de detención, alimentación miserable –durante meses sin sal– para destruir físicamente a los detenidos, largos aislamientos, golpizas constantes, desaparición de familiares, amenazas abiertas de muerte fueron algunos de los ingredientes del plan de destrucción de los presos políticos implementado por la dictadura cívico militar.
Locos, putos o muertos
Para Alberto Elizalde Leal, quién mejor definió lo que la dictadura buscaba con este régimen inhumano fue el jefe de la requisa de la Unidad 6 de Rawson, Jorge Osvaldo Steding, cuando le dijo a un detenido:
-Ustedes van a salir de acá locos, putos o muertos.
"Todo un programa que -es un orgullo de militante decirlo- no pudieron cumplir gracias a la solidaridad y el compañerismo que nos hizo encontrar formas originales e imaginativas de resistencia y gracias a la presencia de familiares y organismos de DDHH que estuvieron siempre al pie del cañón denunciando la situación, haciendo presentaciones judiciales y presionando de mil formas para preservar la salud, la integridad física y la vida de quienes estábamos presos", dice hoy Elizalde Leal.
José María Company Céspedes, ciudadano español, logró la opción de salir del país en 1978. Perla Diez salió con libertad vigilada a fines de abril de 1982. Alberto Elizalde Leal y Raúl Argemí fueron liberados pocos meses después de recuperada la democracia. Hernán Invernizzi debió esperar a mediados de 1986 –y vencer la resistencia de los militares que, aún en democracia, quería mantenerlo encarcelado – para salir en libertad.
Hoy están para contarlo.
Fuente:InfoBae