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27 de diciembre de 2022

Se constató que el médico desaparecido Manuel Liberoff estuvo en el centro Bacacay junto con Michelini, Gutiérrez Ruiz, Whitelaw, Barredo y sus hijos.

 



Visita ocular del juez Daniel Rafecas al centro de detención clandestina Bacacay, el 14 de diciembre de 2022. Foto: https://www.argentina.gob.ar

Se constató que el médico desaparecido Manuel Liberoff estuvo en el centro Bacacay junto con Michelini, Gutiérrez Ruiz, Whitelaw, Barredo y sus hijos

Por este hecho, Rafecas dispuso la detención de seis agentes del Servicio de Inteligencia de la Defensa de Argentina, que serán interrogados la próxima semana, según declaró el juez al mismo medio. Se trata de Rubén Héctor Escobar, César Estanislao Albarracín, Hugo Ángel Carlet, Patricio Miguel Finnen, Luis Nelson González y Daniel Oscar Cherutti, que está radicado en Italia.

A partir de la información recabada por el juez hasta el momento, se había probado que Gutiérrez Ruiz y Michelini habían sido detenidos el 18 de mayo de 1976 en un operativo ilegal y habían permanecido cautivos en un sitio no identificado. Sus cuerpos y los de Rosario Barredo y William Whitelaw fueron encontrados dentro de un auto, el 21 de mayo de ese año.

La declaración de Gabriela Schroeder, hija de Rosario Barredo, fue uno de los elementos centrales para confirmar el secuestro de Michelini y Gutiérrez Ruiz en Bacacay. Aunque Schroeder tenía cuatro años cuando estuvo secuestrada, logró aportar datos específicos que permitieron identificar el centro clandestino, sostuvo Rafecas.

“Ella recordaba el sótano de la casa, que era muy particular, y detalles del baño, el patio descubierto, la entrada del lugar, la cocina, los pisos del inmueble, la habitación en la cual permaneció junto a sus hermanos, y los ruidos que se escuchaban desde el lugar”, contó el juez a El Observador.

También fue relevante el testimonio de Juan Ignacio Azarola Saint, que estuvo cautivo en el centro en el mismo período que Michelini y Gutiérrez Ruiz. Azarola Saint relató que en el lugar había una niña y un niño secuestrados, de entre cuatro y seis años, y pensaba que se trataba de los hijos de Gutiérrez Ruiz.

En diálogo con la diaria, Benjamín Liberoff, hijo del médico comunista Manuel Liberoff, secuestrado el 19 de mayo de 1976, señaló que la Justicia también determinó que su padre estuvo detenido en Bacacay antes de ser desaparecido.

“Hace años que yo tenía esa versión porque había seguido informaciones de que Aníbal Gordon fue el que alquiló ese local que comenzó a funcionar antes que Orletti”, señaló, y valoró que esa versión haya sido probada por la Justicia.

Además, destacó que uno de los documentos fundamentales fuera la declaración de Azarola, que fue “el único que en algún momento declara que estuvo en un lugar con un médico comunista uruguayo que estaba enfermo y da un apellido ruso que no es exactamente, pero es una referencia inequívoca a papá”.

En la comisión investigadora parlamentaria, que se creó en 1985 para investigar los asesinatos de Michelini y Gutiérrez Ruiz, Azarola relató: “Fui depositado, sentado sobre una silla en una habitación, cuya puerta era cerrada con llave. Hacia debajo de la venda se filtraba apenas luz eléctrica. Por la voces, calculé que seríamos unos seis o siete los encerrados en esa pieza. En la silla ubicada a mi izquierda, se encontraba un médico quien había residido once años en la ROU y había en el pasado estado afiliado al Partido Comunista uruguayo, entonces permitido por la Ley. Creo su apellido era Larencof… En varias oportunidades fue violentamente golpeado, especialmente en una ocasión en la cual se quitó la venda que cubría su vista, y en otra, cuando irrumpió un sujeto a quien apodaban ‘Coronel’, de voz ronca y amenazador de tortura y muerte para todos nosotros a quien le dijo Larencof: 'Usted no me levante la voz'”.

Fuente:LaDiaria

18 de diciembre de 2021

Visita ocular al inmueble de la calle Bacacay donde funcionó un centro clandestino de detención.

 


Visita ocular al inmueble de la calle Bacacay donde funcionó un centro clandestino de detención

El martes 14 de diciembre se realizó una visita ocular al inmueble de la calle Bacacay, identificado como ex centro clandestino de detención durante la última dictadura cívico-militar (1976-1983).

Publicado el viernes 17 de diciembre de 2021

La Directora Nacional de Sitios y Espacios de Memoria, Lorena Battistiol, participó junto al juez federal, Daniel Rafecas; a Paula Álvarez Carreras y a Claudia Lencina, ambas integrantes de la Dirección de Asuntos Jurídicos Nacionales; y a sobrevivientes, de una visita ocular al inmueble de la calle Bacacay, identificado como ex centro clandestino de detención durante la última dictadura cívico-militar (1976-1983).

En el recorrido, las sobrevivientes pudieron identificar algunos sectores de la vivienda en donde estuvieron secuestradas.
Este inmueble comparte manzana con el ex centro clandestino de detención “Automotores Orletti” y estuvo a cargo, también, de la ex Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) y habría funcionado durante el año 1976.

Bacacay 1

Fue en el año 2020 que el Juzgado Federal 3 confirmó que en esta actual casa de familia, funcionó un centro clandestino de detención durante la última dictadura militar, en el cual fueron mantenidas en cautiverio víctimas del Plan Cóndor. La información que acercó a esta confirmación surgió de documentos desclasificados por el gobierno de los Estados Unidos, en uno de los cuales se registra que este inmueble fue alquilado para operaciones oficiales de la SIDE y que desde allí operó una de las patotas lideradas por Aníbal Gordon. Asimismo, fue determinante la coincidencia de croquis presentados ante la justicia, uno realizado por quienes compraron el inmueble en el año 1977 y el otro por una de las sobrevivientes, sumado a los testimonios de otras sobrevivientes que coinciden con la descripción de los espacios del edificio.

Bacacay 2

Bacacay 3

Bacacay 4

Fuente:Argentina.gob.ar

31 de mayo de 2021

Impulsan una causa tras el hallazgo del centro clandestino de la calle Bacacay.

 30/05/2021 NUEVA QUERELLA POR EL PLAN CÓNDOR

Impulsan una causa tras el hallazgo del centro clandestino de la calle Bacacay

"Consideramos que la línea de investigación debería apuntar a los agentes del SID. Se trata de delitos cometidos en Argentina por agentes estatales de Uruguay", afirmó el letrado luego de realizar las denuncias.

Por Leonardo Castillo





























Familiares de ciudadanos uruguayos asesinados y desaparecidos en Argentina durante el Plan Cóndor de represión de las dictaduras regionales


Familiares de ciudadanos uruguayos asesinados y desaparecidos en Argentina durante el Plan Cóndor de represión de las dictaduras regionales impulsan una querella en el país vecino para dar con los autores materiales de esos crímenes, que pudieron estar relacionados con un centro clandestino de detención del barrio porteño de Floresta.

Esa prisión ilegal funcionó en Bacacay 3570 de la ciudad de Buenos Aires, cerca del emblemático centro de detención Automotores Orletti, y fue descubierto el año pasado.

Las víctimas son los legisladores Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz y el matrimonio de militantes políticos que formaban William Whitelaw y Rosario Barredo, todos ellos uruguayos refugiados en Argentina que el 20 de mayo de 1976 aparecieron muertos en un auto en el bajo Flores, atados y con varios balazos en sus cuerpos.

A estos asesinatos se suma la desaparición del médico uruguayo Manuel Liberoff, quienes al igual que sus cuatro compatriotas pudieron haber pasado por el centro de Bacacay, conocido como "La Cueva" o "el Jardín", según una línea de investigación que se sigue en el Juzgado Federal 3 a cargo de Daniel Rafecas.

De esta causa también formarían parte los secuestros e intentos de apropiación que sufrieron hijos de Whitelaw, María Victoria, que al momento de los hechos tenía un año y medio, y Máximo, de dos meses-.

Además, el caso de Gabriela Schroeder, hija de la pareja que Barredo había formado anteriormente con Gabriel Schroeder, militante de la organización Tupamaros asesinado el 14 de abril de 1972.

Whitelaw y Barredo fueron secuestrados juntos con sus hijos el 13 de mayo de 1976, en el domicilio que habitaban en la calle Matorras 310.



El secuestro y la investigación

Michelini y Rodríguez Ruiz fueron capturados el 18 de mayo y Liberoff entre la noche del 19 y el 20, y todos esos delitos fueron ejecutados por agentes del Servicio de Información y Defensa (SID), de Uruguay, en coordinación con agentes de la exSIDE y el Ejército Argentino que operaban en Automotores Orletti, lugar que estaba bajo órdenes del general Otto Paladino y capitaneado por agente parapolicial Aníbal Gordon.

Orletti funcionó entre mayo y noviembre de 1976, y fue el destino final de muchos ciudadanos uruguayos detenidos en Argentina en el marco del Plan Cóndor, la coordinación represiva de las dictaduras militares del Cono Sur de los años '70.

En julio del año pasado, a partir de documentos desclasificados del gobierno de los Estados Unidos, se pudo dar con la ubicación del centro de Bacacay 3570, que habría funcionado con anterioridad y en paralelo a Orletti.

A partir de este hallazgo, Rafecas, a cargo de la instrucción por los delitos que se cometieron en el primer cuerpo de Ejército, llamó a declarar a Gabriela Schroeder, quien desde Uruguay, y a través de medios electrónicos rememoró las alternativas del secuestro de su familia, que vivenció cuando tenía cuatro años.

Gabriela y sus hermanos estuvieron secuestrados entre el 13 y el 29 de mayo, fueron llevados a un lugar, donde ella recuerda que estuvo con Willy (su padre de crianza), su madre Rosario y sus hermanos.

En ese lugar, se despidió de sus padres y luego fue llevada a un departamento y una casa, donde había cosas que estaban en la vivienda donde vivía y pudo reencontrarse con sus hermanitos.

"Creo que intentaron apropiarse de mí, y de mis hermanos, pero la actitud que tuve frente a mis captores en esos díaspermitieron que volviera con mi familia a Uruguay"



"Creo que intentaron apropiarse de mí, y de mis hermanos, pero la actitud que tuve frente a mis captores en esos días, en los que preguntaba por mis padres y mis hermanos, y el accionar de mi abuelo, Juan Pablo Schroeder y mi tío Gustavo, permitieron que volviera con mi familia a Uruguay", señaló Gabriela a Télam.

Gabriela recuerda que junto con sus hermanos fue dejada en un hospital y luego en una comisaría, donde su abuelo y su tío pudieron recuperar a los tres chicos.

En su declaración dio detalles sobre el primer lugar donde estuvo, y afirmó haber escuchado un tren, un dato que da indicios sobre su cautiverio en Bacacay 3570, muy cercano a las vías del ferrocarril Sarmiento.

"Declaré primero en el juicio de la causa (Jorge) Olivera Róvere (por los delitos cometidos en la órbita del Primer Cuerpo de Ejército), conté las alternativas del secuestro de mis padres y hermanos, pero mis recuerdos no coinciden con los planos que me mostraron de Orletti", afirmó.

La prisión ilegal funcionó en Bacacay 3570 de la ciudad de Buenos Aires, cerca del emblemático centro de detención Automotores Orletti, y fue descubierto el año pasado.
La prisión ilegal funcionó en Bacacay 3570 de la ciudad de Buenos Aires, cerca del emblemático centro de detención Automotores Orletti, y fue descubierto el año pasado.


En octubre pasado, Gabriela presentó una denuncia ante la Fiscalía de Lesa Humanidad de Uruguay, a cargo de Ricardo Perciballe, para que se investigue la autoría material del secuestro de sus padres.

Este año se sumaron a la querella la familia Liberoff, cuyos integrantes declararon en el juzgado de Rafecas tras el hallazgo de Bacacay 3570, y también de Michelini y Gutiérrez Ruiz.

Las tres denuncias se unificaron en una sola causa que es patrocinada por el abogado Pablo Chargoñia, quien trabaja con una línea de investigación que apunta a José Nino Gavazzo, Jorge Alberto Silveira Quesada, Ernesto Avelino Ramas Pereira, Ricardo José Medina Blanco, José Ricardo Arab Fernández y Gilberto Vázquez Bisio, represores uruguayos del SID que actuaron en Argentina en la órbita de Orletti.

"Consideramos que la línea de investigación debería apuntar a los agentes del SID. Se trata de delitos cometidos en Argentina por agentes estatales de Uruguay", remarcó el letrado a Télam.

Por estos hechos fueron condenados como autores intelectuales el dictador Juan María Bordaberry y su canciller, Juan Carlos Blanco, y tras el hallazgo de Bacacay 3570 se presenta la oportunidad de avanzar sobre los represores del SID uruguayo.

"La investigación está avanzada y además de los secuestros investigamos móviles económicos, como apropiación de fondos de organizaciones políticas y sustracción de bienes personales de las personas que fueron secuestradas", afirmó a esta agencia el fiscal Perciballe.
Fuente:Telam

24 de julio de 2020

Los detalles de la identificación del centro clandestino de detención en Floresta.

23/07/2020 EN VOZ DEL JUEZ RAFECAS 
Los detalles de la identificación del centro clandestino de detención en Floresta 
El juez federal Daniel Rafecas contó cómo fue el proceso de identificación del excentro que funcionó en la calle Bacacay 3.570 de la Ciudad de Buenos Aires durante la última dictadura cívico militar.

Rafecas detalló identificación de un centro clandestino en Floresta y ponderó el rol de organismos

El juez federal Daniel Rafecas contó en una entrevista virtual detalles de la identificación del excentro clandestino de detención que funcionó en la calle Bacacay 3.570 de la Ciudad de Buenos Aires durante la última dictadura cívico militar, y destacó el rol que tuvo la comunidad de derechos humanos "al mantenerse firme" en el reclamo por Memoria, Verdad y Justicia.

"En el juzgado siempre estaba presente la búsqueda del centro clandestino de la calle Bacacay y exploramos todas las informaciones y estuvimos mucho tiempo trazando un radio de dos cuadras alrededor de Automotores Orletti (el centro de detención que operó la exSIDE en el marco del Plan Cóndor), pero nunca pensamos en no salirnos de la misma manzana", señaló Rafecas en la entrevista difundida por las redes sociales del Espacio Memoria.

El juez explicó que lo que hizo avanzar la investigación, "en agosto de 2019, fueron las primeras informaciones de archivos desclasificados del Departamento de Estado de Estados Unidos, que traían información sobre la dirección exacta donde funcionaba ese centro clandestino".

La propietaria declaró en el juzgado que cuando llegó a la vivienda le llamó mucho la atención que los cuartos estaba compartimentados. Hoy sabemos que son celdas porque es lo mismo que vimos en (los excentros clandestinos) Orletti, Vesubio y Olimpo

DANIEL RAFECAS

"La propietaria declaró en el juzgado que cuando llegó a la vivienda le llamó mucho la atención que los cuartos estaba compartimentados. Hoy sabemos que son celdas porque es lo mismo que vimos en (los excentros clandestinos) Orletti, Vesubio y Olimpo", contó Rafecas.

En tanto, el magistrado destacó que "toda la comunidad de Derechos Humanos se mantuvo firme en reclamar justicia y no conceder absolutamente nada en términos de negociación con los perpetradores a cambio de información".

"Las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo tuvieron la intuición correcta de que negociar con los perpetradores era ir a una trampa que iba a terminar con la impunidad, y ahí tenemos el ejemplo de Sudáfrica, que no es el único", añadió Rafecas.

Por último, el juez resaltó que "lo que caracteriza el caso argentino es que la búsqueda de justicia no se vio matizada por negociaciones a cambio de verdad".


El pasado 2 de julio, el juez identificó el inmueble en el barrio porteño de Floresta y dispuso la "prohibición de innovar" para que no sufriera alteraciones, además de ordenar un registro fílmico y fotográfico del sótano del lugar.

La vivienda es actualmente una casa de familia y está ubicada en la misma manzana en la que funcionó el centro clandestino "Automotores Orletti".

Según la pesquisa, en el lugar habría funcionado un centro clandestino dependiente de la exSIDE en la dictadura, al mando del fallecido represor Otto Paladino.

Fuente:Telam

Los detalles de la identificación del centro clandestino de detención en Floresta.

Los detalles de la identificación del centro clandestino de detención en Floresta 
El juez federal Daniel Rafecas contó cómo fue el proceso de identificación del excentro que funcionó en la calle Bacacay 3.570 de la Ciudad de Buenos Aires durante la última dictadura cívico militar. Jueves 23 de Julio de 2020
El juez federal Daniel Rafecas contó en una entrevista virtual detalles de la identificación del excentro clandestino de detención que funcionó en la calle Bacacay 3.570 de la Ciudad de Buenos Aires durante la última dictadura cívico militar, y destacó el rol que tuvo la comunidad de derechos humanos "al mantenerse firme" en el reclamo por Memoria, Verdad y Justicia.

"En el juzgado siempre estaba presente la búsqueda del centro clandestino de la calle Bacacay y exploramos todas las informaciones y estuvimos mucho tiempo trazando un radio de dos cuadras alrededor de Automotores Orletti (el centro de detención que operó la exSIDE en el marco del Plan Cóndor), pero nunca pensamos en no salirnos de la misma manzana", señaló Rafecas en la entrevista difundida por las redes sociales del Espacio Memoria.

El juez explicó que lo que hizo avanzar la investigación, "en agosto de 2019, fueron las primeras informaciones de archivos desclasificados del Departamento de Estado de Estados Unidos, que traían información sobre la dirección exacta donde funcionaba ese centro clandestino".
"La propietaria declaró en el juzgado que cuando llegó a la vivienda le llamó mucho la atención que los cuartos estaba compartimentados. Hoy sabemos que son celdas porque es lo mismo que vimos en (los excentros clandestinos) Orletti, Vesubio y Olimpo", contó Rafecas.

En tanto, el magistrado destacó que "toda la comunidad de Derechos Humanos se mantuvo firme en reclamar justicia y no conceder absolutamente nada en términos de negociación con los perpetradores a cambio de información".

"Las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo tuvieron la intuición correcta de que negociar con los perpetradores era ir a una trampa que iba a terminar con la impunidad, y ahí tenemos el ejemplo de Sudáfrica, que no es el único", añadió Rafecas.

Por último, el juez resaltó que "lo que caracteriza el caso argentino es que la búsqueda de justicia no se vio matizada por negociaciones a cambio de verdad".

El pasado 2 de julio, el juez identificó el inmueble en el barrio porteño de Floresta y dispuso la "prohibición de innovar" para que no sufriera alteraciones, además de ordenar un registro fílmico y fotográfico del sótano del lugar.

La vivienda es actualmente una casa de familia y está ubicada en la misma manzana en la que funcionó el centro clandestino "Automotores Orletti".

Según la pesquisa, en el lugar habría funcionado un centro clandestino dependiente de la exSIDE en la dictadura, al mando del fallecido represor Otto Paladino.
Fuente:Fenix

11 de julio de 2020

El lento desmonte de la mentira.

El lento desmonte de la mentira 
Nuevas confirmaciones para viejas verdades.
Samuel Blixen 
10 julio, 2020
Fachada de la casa situada en Bacacay 3570, en Buenos Aires, en donde funcionó el centro de reclusión y torturas El Jardín / Foto: captura de imagen de Google Street View

El hallazgo de un centro clandestino en Buenos Aires da nuevas pistas sobre el derrotero de varios compatriotas desaparecidos o asesinados en Argentina. Documentos traspapelados sobre denuncias de traslados clandestinos a Uruguay de militantes secuestrados en ese país, que hoy siguen desaparecidos, adquieren ahora nueva vigencia e importancia.
Por más que la pongan a hibernar y la entierren bajo espesas capas de indiferencia y de formalismos, la verdad puja hacia arriba y aparece cuando menos se lo piensan los impunes y sus acólitos. Es posible que el resurgir de la verdad –y su contraparte, el desmonte de la mentira– no tenga la fuerza suficiente para quebrar la cómoda postura de quienes siguen reforzando la impunidad; pero en todo caso quedarán más en evidencia, y el juicio será cada vez más severo.
En la última semana, dos noticias provenientes de Argentina han desmontado el andamiaje de la desinformación en dos casos particularmente reveladores de los alcances del terrorismo de Estado durante la dictadura militar. Una de ellas es la confirmación del funcionamiento, desde marzo de 1976, de un centro clandestino de detención en Buenos Aires, en la misma manzana donde funcionó Automotores Orletti, la base donde los comandos militares uruguayos secuestraron, torturaron y desaparecieron a decenas de exiliados. Ese nuevo centro, conocido como El Jardín, en la calle Bacacay del barrio de Floresta, probablemente fue el lugar donde asesinaron a Ari Cabrera, fundador del Partido por la Victoria del Pueblo, Manuel Liberoff, dirigente del Partido Comunista (ambos desaparecidos), Rosario Barredo, William Whitelaw, Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, todos ellos secuestrados antes de la “inauguración” de Automotores Orletti, el 1 de junio de 1976. La existencia de ese centro confirma testimonios de uruguayos detenidos en Buenos Aires nunca investigados (algunos aportados ante la comisión investigadora de la Cámara de Diputados) y que dan pistas de las bases en Buenos Aires utilizadas por los comandos del Sid para los asesinatos de los dos legisladores. Por extensión, habrá que dar crédito a otras denuncias sobre los asesinatos de Michelini y Gutiérrez Ruiz, que quedaron por el camino debido a maniobras de ocultamiento de algunos de los legisladores que llevaban a cabo la investigación.
La otra noticia, reproducida por el diario regional Acción, de Mercedes, confirma, con el texto de un documento del Departamento de Estado desconocido hasta ahora, el casi seguro traslado clandestino a Montevideo de 21 uruguayos (de los Gau, el Pcr y el Mln) secuestrados en diciembre de 1977 y comienzos de 1978, que permanecen desaparecidos. El caso, conocido desde 2007, desmonta una perversidad instalada desde mediados de 2005, cuando el Comando de la Armada Nacional entregó al entonces presidente, Tabaré Vázquez, tres informes sobre los desaparecidos. Firmados por los vicealmirantes Tabaré Daners y Juan Fernández Maggio, los informes reconocen que la Armada, y en particular el Cuerpo de Fusileros Navales (Fusna), había desarrollado una estrecha colaboración con la Escuela de Mecánica de la Armada argentina, con intercambio de oficiales (los capitanes de navío uruguayos Jorge Tróccoli y Juan Carlos Larcebeau, y los capitanes de navío argentinos Jorge “el Tigre” Acosta y Alfredo Astiz). Pero niegan enfáticamente que la Armada tuviera responsabilidad en la desaparición de 26 uruguayos secuestrados en Argentina a partir del 21 de diciembre de 1977. La mayoría de esos uruguayos hoy desaparecidos habían sido investigados en el Fusna por su vinculación a los Gau, a partir de la detención, en el puerto de Colonia, del dirigente montonero Oscar de Gregorio, quien fuera entregado en el puerto de Montevideo a oficiales de la Esma; el Fusna concentró, a partir de 1976, la represión a los Gau.
La razón del desmentido fue la imposibilidad de ocultar que varios prisioneros de los Gau en el Fusna vieron fotos y actas de interrogatorios de algunos de sus compañeros desaparecidos en Buenos Aires. De ahí que fue necesario admitir que de los 26 detenidos “se ubicaron copias de declaraciones hechas en Argentina por los siguientes ciudadanos desaparecidos: Alberto Corchs Laviña, Julio César D’Elía Pallares, Raúl Edgardo Borelli Cattáneo, Guillermo Manuel Sobrino Berardi y Alfredo Moyano Santander”.El informe dice que “se desconoce cómo y cuándo llegaron estos documentos a la Armada, el tipo de redacción, formato y papel empleado permite inferir que habrían sido originados en el mismo órgano policial que había detenido a Michelena, De Gouveia y Martínez Santoro”, porque, argumentaba, “no existen indicios de traslados de ciudadanos uruguayos detenidos en Argentina a unidades de la Armada Nacional”. Y en el anexo 5 del segundo informe, en julio de 2006, se reiteraba que “no se encontró registro alguno que pueda llevar a inferir que alguno de los uruguayos detenidos en Buenos Aires pueda haber sido trasladado a alguna dependencia de la Armada”.
La endeble justificación de la Armada, que dice desconocer cómo aparecieron esos documentos y simplemente se sorprende de que estuvieran en su poder las actas de los interrogatorios de los desaparecidos, soportó la escasa curiosidad oficial y judicial, aun a pesar de que un militante del Pcr –secuestrado en el centro clandestino La Tablada, regenteado por el Ocoa– denunció haber oído allí la voz inconfundible de Carlos Cabezudo, un coterráneo de Mercedes, que había sido detenido el 30 de diciembre de 1977 y visto por última vez en el Pozo de Banfield, hasta que un tal Saracho, un oficial con un inconfundible dejo uruguayo, supervisó el “traslado definitivo de todos los detenidos”, salvo dos mujeres, ambas embarazadas (lo que no impidió que desaparecieran después de dar a luz).
Las alegaciones de inocencia de la Armada parecen haber sido suficientes como para no mover la perezosa maquinaria estatal obligada a determinar cómo desaparecieron los prisioneros uruguayos, dónde fueron enterrados los restos y quién ordenó su asesinato. Por su responsabilidad en 37 desapariciones, entre las que se cuentan las 26 reseñadas, en 2008 fue condenado a 25 años de prisión el general Gregorio Álvarez: pero esa condena, que tuvo una significación ejemplarizante por su responsabilidad última en virtud de su condición de comandante del Ejército en ese momento, no resolvió la incógnita sobre el destino final en Uruguay de las víctimas, como tampoco lo hicieron los procesamientos de Jorge Tróccoli en Italia y de Juan Carlos Larcebeau.
El tribunal de honor contra el coronel (r) José Gavazzo –por el que el actual senador Guido Manini Ríos tiene una cuenta pendiente con la Justicia– demostró que es atinada la suposición de que todos los secretos del terrorismo de Estado están consignados en negro sobre blanco, y que sólo se necesita voluntad para ubicarlos, una voluntad empeñosamente esquiva. El dichoso tribunal juzgó la honorabilidad de Gavazzo, que permitió que un colega fuera procesado por un delito que él, Gavazzo, había cometido. Ninguno de los generales del tribunal, ni tampoco el comandante del Ejército, sintió que pudiera haber sido deshonroso para el Ejército que Gavazzo –a instancias de sus superiores, el jefe de Artillería 1 y el jefe de la Región Militar número 1, general Esteban Cristi– hubiera matado en tortura a un prisionero, Roberto Gomensoro Josman, y hubiera hecho desaparecer el cuerpo arrojándolo a la laguna de la represa en Paso de los Toros. La historia está pulcramente registrada en las actas del tribunal, con lo que fue posible conocer en detalle la aberración y sus responsables.
El conocimiento de la forma en que desapareció Roberto Gomensoro es producto de una casualidad, porque nadie en el Estado se puso a averiguar qué había pasado cuando el ministro de Defensa Eleuterio Fernández Huidobro comunicó a una jueza de Tacuarembó que había sido un error procesar al capitán Juan Carlos Gómez por la desaparición de Gomensoro, cuando él, el ministro, sabía que el prisionero había muerto en el cuartel de La Paloma; el ministro se cuidó de revelar quién era el responsable, y nadie se lo preguntó.
Lo mismo ocurre con la tanda de desaparecidos entre 1977 y 1978 en Argentina. El 20 de junio de 2007, el abogado Óscar López Goldaracena incorporaba, en el expediente que el juez Luis Charles instruía contra el general Álvarez, copias de varios documentos desclasificados del Departamento de Estado de Estados Unidos obtenidos por la militante de derechos humanos Lille Caruso. En dichos documentos de la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires se incluía una lista de 21 uruguayos y se consignaba que, según el representante del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), todos ellos habían sido “devueltos” a las autoridades uruguayas. Un despacho de marzo de 1978, firmado por el embajador Raúl Castro, señalaba que la mayoría de los secuestrados desaparecidos pertenecían a los Gau, pero, según el Acnur, “ninguno de ellos tenía actividad política durante su asilo en Argentina”. También consignaba que 11 de los desaparecidos habían tramitado su condición de refugiados, por lo que las fuerzas represivas habían violado la protección de las Naciones Unidas. Según el Acnur, los secuestros de diciembre de 1977 fueron realizados por militares de inteligencia uruguayos que operaron autorizados por las autoridades argentinas. “La Acnur está preocupada por la entrega [de los refugiados] a Uruguay. Se sospecha que se trata de una devolución de favores al gobierno uruguayo (Gou) a cambio de la operación en el caso de Oscar Rubén de Gregorio”,dice uno de los documentos.
Pese a la contundencia de la denuncia, y a la importancia de la fuente, fue poco lo que se avanzó en la investigación sobre el destino final de los desaparecidos. La documentación incluida en el expediente del dictador Álvarez no fue confrontada con la versión de la Armada de un año antes. Sin embargo, del conjunto de la información de los documentos estadounidenses desclasificados se destacaba un hecho revelador, que confirma las sospechas del delegado del Acnur en Buenos Aires sobre los traslados clandestinos: el primero de los 21 nombres en la lista consignada por la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires correspondía a Elsa Altuna. Altuna, una militante sindical de la prensa, fue trasladada en avioneta desde Buenos Aires y fue interrogada en el Fusna, a pesar de que el vicealmirante Tabaré Daners sostuvo, en su informe al presidente Vázquez, que ninguno de los secuestrados de 1977 estuvo en alguna dependencia de la Armada. Altuna finalmente fue procesada y recluida en la cárcel de Punta Rieles, hasta que obtuvo su libertad en 1985. Incidentalmente, otro elemento desmiente las afirmaciones del informe de la Armada. Un testigo en el juicio de Roma sobre el Plan Cóndor, portero de un edificio, identificó a Tabaré Daners como uno de los oficiales al mando de los operativos de un allanamiento en Buenos Aires que culminó con la desaparición de Edmundo Dossetti, Ileana García y Alfredo Bosco. Entrevistado en 2016 por Sala de Redacción, el portal de los estudiantes de Periodismo de la Facultad de Información y Comunicación, Daners declaró que era todo “una absoluta mentira”. Dijo: “No tengo la menor idea de lo que me está hablando”,cuando el periodista Federico Anfitti le mencionó los tramos del informe que él había firmado en 2005 y el secuestro del matrimonio Dossetti. “La verdad, no tengo conocimiento de eso”, dijo, flaco de memoria, la misma anorexia mental que le impidió recordar la presencia de Altuna en el Fusna, cuando elaboró el dichoso informe.
Si el primer nombre de la lista de los “devueltos” de 1977 apareció en Uruguay, es lícito presumir que los restantes también fueron trasladados. En su momento, diversas versiones adjudicaban varios traslados desde Argentina, por distintas vías y en diferentes fechas. En realidad, nunca es tarde para retomar esas pistas que incomprensiblemente quedaron por el camino.

Los orígenes de Orletti

Fabián Kovacic desde Buenos Aires
El juez federal Daniel Rafecas anunció el jueves 2 de julio el descubrimiento de los restos de un centro clandestino de detención sobre la calle Bacacay 3570, en la misma manzana donde funcionó, entre mayo y noviembre de 1976, el otro centro de detención, Automotores Orletti, lugar donde desaparecieron o fueron asesinados la mayoría de los uruguayos exiliados en Buenos Aires durante las dictaduras rioplatenses de aquellos años.
El descubrimiento fue posible por la desclasificación de documentos por parte del gobierno de Estados Unidos, y estos fueron ordenados en Buenos Aires entre 2019 y 2020 por un proyecto en común entre Abuelas de Plaza de Mayo, el Centro de Estudios Legales y Sociales y la organización Memoria Abierta, quienes trabajaron junto con la Secretaría de Derechos Humanos. En señal de apoyo, al juzgado concurrieron el Equipo Argentino de Antropología Forense y el programa estatal Memoria, Verdad y Justicia.
Uno de esos documentos datado por la Cia indica que el exembajador argentino en Venezuela Héctor Hidalgo Solá fue secuestrado el 18 de julio de 1977 por la banda del paramilitar Aníbal Gordon y llevado a la casa de la “calle Bacabay 3570” [sic]. El cable tiene como fecha el 8 de setiembre de 1977.
Con esa documentación y los testimonios de las sobrevivientes de Bacacay 3570 –Emma Le Bozec, una docente secuestrada el 30 de abril de 1976 y Anita Villareal de Jaroslavsky, quien permaneció en el lugar entre el 28 de abril y 7 de mayo– Rafecas pudo reconstruir la ubicación y la disposición original de las habitaciones de la vivienda en 1976.
Villareal tiene 72 años y vive en París, desde donde prestó declaración vía plataforma virtual ante el juez Rafecas el 28 de mayo pasado. En su testimonio –al que Brecha accedió– sostiene que durante su cautiverio los represores hablaban de dos uruguayos detenidos, uno de los cuales era llevado a un sótano de la casa para ser torturado. Cuando el juez le pregunta si le suenan los nombres de Ari Cabrera Prates, Manuel Liberoff y Ricardo Martínez Platero, sostuvo que no, pero sabe de una muchacha que estaba embarazada y que posiblemente fuera uruguaya, según el testimonio de otra detenida con la que compartió cautiverio. Sobre Hugo Gomensoro, secuestrado el 30 de abril de 1976 en Buenos Aires, aseguró que “era un muchacho uruguayo, pero no lo recuerdo ni lo conocí”.
La pista sobre un grupo de uruguayos secuestrados antes de los que pasaron por Venancio Flores 3519, sede de Orletti –entre los que también se cuentan Rosario Barredo, William Whitelaw, Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz–, reabre un juicio que ya tuvo dos etapas, una en 2011 y otra en 2017 con nueve condenados. La llave para abrir la verdad que falta la tienen los propios represores, que prefieren el espeso silencio.
Fuente:Brecha

5 de julio de 2020

El centro clandestino Bacacay en primera persona.

05 de julio de 2020 
Imágenes de un pasado tortuoso 
El centro clandestino Bacacay en primera persona 
Por Ailín Bullentini
Un plano a mano alzada. Tres, en realidad, que coinciden como si fueran uno. Es, son, los elementos que se convierten en pieza clave para armar uno de los tantos rompecabezas que aún laten incompletos en la memoria colectiva sobre los crímenes de la última dictadura cívico militar. La distribución precaria que dos sobrevivientes y la ex propietaria realizaron, en diferentes momentos, de la vivienda ubicada en la calle Bacacay 3570, en el barrio porteño de Flores, fue el dato que permitió identificarla como un ex centro clandestino de detención. Las mujeres no se conocen entre sí. Sin embargo, las coincidencias en sus dibujos a mano alzada y las descripciones que realizan del lugar erizan la piel de quien los lea en paralelo.

La primera en hablar de “la casa” fue la sobreviviente Emma Le Bozec, tal como informó este diario el pasado viernes. En junio de 1984, denunció ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas que fue secuestrada el 1 de mayo de 1976 y “trasladada a un lugar que supone era una casa vieja, por los revestimientos de baños, artefactos sanitarios, pisos”. Que “permaneció en una habitación compartida con 11 personas”. Y estructuró el lugar en un plano en el que ubicó un acceso vehicular a la izquierda, un acceso peatonal a la derecha, con escaleras; varias habitaciones a un lado y al otro de un pasillo distribuidor que culminaba en un patio; al fondo, una cocina.
El testimonio quedó registrado sin que nada lo destaque por sobre los miles de otros que recibió la Conadep. Pero tomó otro peso cuando desde el Juzgado Federal número 3, a cargo de Daniel Rafecas, comenzaron a recopilar datos vinculados a una posible base operativa que la SIDE mantuvo activa durante 1976 en las cercanías de Automotores Orletti, un dato que figuraba en documentación desclasificada de la Embajada de Estados Unidos y en por lo menos dos declaraciones de militares integrantes de la agencia de inteligencia estatal. 
LOS PRIMEROS COMPRADORES
En 2019, desde el Juzgado Federal 3 dan con María Ester Poggi. “Yo quería una casa con jardín”, declaró Poggi para contextualizar cómo y por qué ella y su familia compraron la casa de Bacacay 3570 en 1977. Decidieron reformarla, pero recordó a la Justicia el estado en el que encontraron la edificación al comprarla: “Una casa muy antigua, con techos altos y tenía adelante un jardín, una especie de patio, pero para acceder la casa estaba elevada más o menos tres escalones”. Contó que “estaba toda construida sobre la derecha, atrás había una glorieta descuidada que llegaba hasta la mitad del terreno. Sobre la izquierda había un patio y tierra hasta el final del predio. Sobre un lateral, al fondo, había cuartitos y una cocina compartida, como dividida al medio”.
Mencionó que el lugar “daba la sensación de que había sido un hotel" ya que "había muchísimas piezas chiquitas, horribles, lamentables, parecían como piezas de alquiler”. Ubicó la cocina del lugar en el fondo del predio, detalló que estaba "separada en dos por una pared en el medio, con anafes", que "era como una cocina de pensión”, comparó. Poggi hablo sobre el sótano de la casa, al que ella y su familia descubrieron "recién durante la construcción". Contó que tenía “paredes todas rotas, sin revocar, piso de tierra”.
Cuando le pidieron que dibujara cómo era la casa cuando la compraron, hizo un croquis casi exacto al dibujado por Le Bozec 25 años antes.
DESDE PARÍS
Anita Edith Francoise Larrea de Jaroslavsky nació en París, adonde regresó dos días después de sobrevivir a torturas y simulacros de fusilamiento que sufrió durante su cautiverio ilegal. A fines de mayo pasado declaró por primera vez ante la Justicia argentina, vía teleconferencia, y terminó de confirmar que su lugar de detención clandestina, el de Emma Le Bozec y el de tantos otras víctimas del terrorismo de Estado fue esa casa que Poggi y familia compraron en 1977, localizada en la misma manzana que Orletti.
A Anita la detuvieron el 28 de abril de 1976 a las 23. La fueron a buscar al departamento de su suegra. La trasladaron encapuchada hasta “El jardín”. “Me bajaron del auto y creo recordar pero no estoy segura de haber subida a lo mejor tres o cuatro escalones, pero quizás más”, describió. Mencionó que la dejaron en una habitación con otras personas. "Todos los que estábamos ahí, estábamos esposados y encapuchados”, describió.
Durante su testimonio confirmó que el lugar contaba con un sótano que "debía ser un lugar muy terrible, cuando los amenazaban decían los vamos a meter en el sótano. Por lo que se escuchaba debía ser muy pequeño porque iban de a uno”, apuntó y recordó que los captores lo llamaban “chupadero o tragadero”.
El dibujo que Anita hizo del lugar coincidió también con el de Poggi y Le Bozec. Antes, habló de la cocina, a la que describió como “muy pequeña, con una mesa muy pequeña (...) donde había dos hornallas (...) no era una cocina por la cual se podía andar, era muy precaria y pequeña”. Además, sostuvo que la puerta de ese habitáculo “daba al patio”.
Fuente:Pagina12

4 de julio de 2020

Nuevo centro clandestino Bacacay: declarará una nueva testigo.

Nuevo centro clandestino Bacacay: declarará una nueva testigo 
4 JULIO, 2020

La noticia del hallazgo del nuevo centro clandestino de detención ubicado en Floresta, y a metros del ya reconocido Ex CCDyT Automotores Orletti, suma una pieza más al rompecabezas para conocer la verdad sobre la maquinaria terrorista montada por el Estado argentino durante la última dictadura cívico-eclesiástico-militar. Marcha Noticias dialogó con el abogado y periodista Pablo Llonto, querellante en la causa, sobre la importancia de la reconstrucción colectiva a partir de los testimonios.
Por Luz Ailín Báez | Foto de Daniel Hermo
-¿Cómo se siente usted, como abogado y miembro activo en el esclarecimiento de distintas causas de lesa humanidad, con este suceso en medio de la cuarentena?
-Nos puso muy bien la noticia porque de alguna manera, si bien esta palabra nos cuesta pronunciarla… decir “nos alegró” o “nos da alegría” en el marco de situaciones de horror y de dolor para las familias es difícil pero bueno, es una alegría la búsqueda de justicia y poder ir encontrando nuevas piezas que permitan llegar a la verdad. Bacacay es una de ellas.

Rearmar el rompecabezas

Hace muchos años, el teniente coronel Juan Ramón Nieto Moreno, ex jefe de contrainteligencia de la SIDE, contó en un sumario interno que en marzo de 1976 constituyó la base OT 18 por orden de Otto Paladino. La base OT 18 era Bacacay. Asimismo, un documento desclasificado de los EE.UU. que había sido entregado a la Argentina en 2019 brindó la certeza de que en la calle Bacacay al 3500 (en el informe desclasificado hablaban de la calle Bacabay, acota Llonto) había una base operativa de la SIDE que formaba parte del aparato represivo de la dictadura. Un lugar al que seguramente llevaban personas para torturar y obtener información y matarlas o luego largarlas.
“De todas maneras, faltaba saber si había víctimas sobrevivientes que pudieran hablar de ese centro clandestino”, expresó Llonto. “Durante estas semanas en cuarentena, en conjunto con el juzgado federal que encabeza Daniel Rafecas, se ubicó a estos testigos sobrevivientes para tomarles declaración. Y se corroboró que ese era el lugar. La declaraciones coinciden con una serie de características de la casa y, además, pudieron ser corroboradas con las fotografías que se tomaron y con la descripción del lugar que hizo María Esther Poggi, quien compró esta casa en 1977 y le hizo reformas”.
Según declaraciones anteriores en la causa, Poggi y su esposo encontraron en el sótano zapatos que llamaron su atención. Los dos testimonios que terminaron de brindar la información necesaria para establecer definitivamente a Bacacay como centro clandestino fueron los de Ana Jaroslavsky -actualmente residiendo en París- y Ema Lobouzec, que vive en Buenos Aires. Ambas sobrevivientes declararon la semana pasada por videoconferencia y aportaron los datos para el reconocimiento del lugar.
“Ambas dijeron que precisamente era un lugar que estaba cerca de un tren que pasaba a cada rato, que ellas escuchaban. Que tenía cocina, baño, sótano, patio y que el baño había sido un lugar de tortura. La coincidencia en todo esto y la orientación de los testigos, sumado a la cercanía con el centro de exterminio Orletti le permitió al juez llegar a la conclusión de que ese era efectivamente el domicilio del centro clandestino y decidió tomar la medida de ‘no innovar’, es decir, prohibir que se realicen modificaciones en la arquitectura del predio y preservarlo”.

Repercusiones del hallazgo

Llonto contó que a partir del jueves 2 de julio -día en que la noticia empezó a circular- otros sobrevivientes empezaron a preguntar acerca de la posibilidad de que Bacacay fuera el lugar donde ellos podrían haber estado detenidos. “Hay una persona, una sobreviviente mujer, que ha manifestado que, por todo lo que se ha hablado y las fotos que ha visto, le parece que es el lugar a donde la llevaron”, subrayó. Esta persona con identidad reservada declarará en los próximos días.
-No se descarta que el lugar haya servido para las operaciones del Plan Cóndor
-Ninguna de estas sobrevivientes podría encuadrar su caso en el Plan Cóndor porque eso se visualiza bien cuando hay secuestrados de otros países, sobre todo de países limítrofes como Uruguay, Chile, Paraguay, Bolivia. Pero el grupo operativo que estaba en este lugar pertenecía a la SIDE que actuó en Orletti, que estaba ahí a pocos metros. Orletti es un lugar que se especializó en la represión a los militantes políticos latinoamericanos en el marco del llamado Plan CóndorNo sería para nada descartable la hipótesis de que también en Bacacay aparezcan sobrevivientes de otros países que puedan reconocer este lugar.
-Por supuesto, no es nada fácil conseguir sobrevivientes. Ya a esta altura creemos que la mayoría de los sobrevivientes ha declarado. De todas maneras, todos los años se siguen presentando personas que dicen “yo nunca hablé”, “llevo cuarenta años guardándome este dolor pero estoy en la última etapa de mi vida”, “mis hijos y mis nietos me han convencido de que declare”. Y ocurre esto: sale la noticia y se prende la conciencia y por lo tanto esas personas finalmente aceptan venir a declarar.
-Toda difusión que se haga de esto viene muy bien porque lo que necesitamos es que la gente hable. Y para que la gente hable, primero tiene que tener conocimiento de que su aporte sirve. Aunque sea pequeño, porque las testigos no te dicen “la casa era exactamente así”, sino los lugares que se acuerdan, si el piso era de madera o no porque lo escuchaban, estaban vendadas gran parte del día… si la puerta que sonaba era de metal, si tenía cadenas. Los sonidos y los sentidos que remueven los recuerdos para identificar un lugar.
-En el marco de los juicios de lesa humanidad que han proseguido durante este Aislamiento Social Preventivo Obligatorio, venimos de escuchar las declaraciones de Stella Segado en el juicio por la Contraofensiva montonera, historias que muestran la arquitectura de la inteligencia detrás del Terror planificado. Ahora tenemos este nuevo centro de detención clandestino por el cual posiblemente hayan pasado víctimas del primer año del Golpe de Estado. ¿Qué representa puntualmente este hallazgo para usted?
-La Secretaría de Inteligencia del Estado es uno de los sectores de la represión con el que hay mucho para trabajar todavía. Sabemos algo pero no todo. Es un punto que nos pone bien, es uno de los espacios oscuros. Todo lo que es inteligencia es siempre lo más difícil. Actuaban mucho más clandestinamente y con otra identidad durante años. Se trata de un aparato que hoy se llama Agencia Federal de Inteligencia (AFI) y está en la boca de todos por las noticias que están saliendo. Antes, la SIDE era esto que vemos en los medios multiplicado por cien, secuestrando y matando. Se avanzó mucho con el Ejército, la Marina, la Fuerza Aérea, las policías provinciales y la Federal. Con la SIDE queda mucho trabajo por hacer y ojalá en estos meses y años se pueda meter mano ahí.
Fuente:Marcha

3 de julio de 2020

Una sobreviviente del centro clandestino de Bacacay 3570 y su recuerdo de esos días de terror.

03 de julio de 2020 
El relato de Emma Le Bozec 
Una sobreviviente del centro clandestino de Bacacay 3570 y su recuerdo de esos días de terror 
La maestra y poeta estuvo allí secuestrada en mayo de 1976. Pudo describir la vivienda y relatar la convivencia con otros detenidos.
Emma Le Bozec, sobreviviente del centro clandestino. 
“La venda se me había despegado un poquito pero no lo dije y disimuladamente levantaba la cabeza y veía”. El recuerdo pertenece a Emma Le Bozec, sobreviviente del centro clandestino de la SIDE que funcionó en 1976 en Bacacay 3570 del barrio de Floresta, al que describió con lujo de detalles ante la Conadep. “Es como una revolución que tengo”, confiesa para explicar la sensación que le genera enterarse 44 años después del lugar en donde estuvo secuestrada durante “esos días de terror” y poder contactarse con otras mujeres que sobrevivieron.
Dar con la ubicación exacta de la sede original de la Base de Operaciones Tácticas 18 (OP 18) de la SIDE, por donde pasaron militantes argentinos y uruguayos, es el resultado del incansable trabajo del movimiento de derechos humanos en ambos márgenes del Río de la Plata. Se trata de un enorme rompecabezas que comenzaron a construir los sobrevivientes tras recobrar la libertad y que se nutrió del trabajo de orfebrería de miembros del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), del Programa Verdad y Justicia de la Secretaría de Derechos Humanos y del juzgado federal que encabeza Daniel Rafecas, entre otros.
Al menos dos militares habían mencionado la base de calle Bacacay. El teniente coronel Juan Ramón Nieto Moreno, ex jefe de contrainteligencia de la SIDE, contó en un sumario interno que en marzo de 1976 constituyó la base OT 18 por orden de Otto Paladino, jefe de la central de espías. Relató que incluía personal orgánico e inorgánico, que la comandaba el célebre asesino de la Triple A Aníbal Gordon y que se encargaba de “la actividad operacional antisubversiva de la SIDE". Apuntó que conoció a “Silva”, alias de Gordon, cuando tenía su base en Bacacay, antes de que se trasladara a Venancio Flores, es decir al centro clandestino Automotores Orletti. El otro militar fue Eduardo Cabanillas, a quien Juan Gelman dedicó varias contratapas de Página/12 mientras buscaba a su nieta. Durante su indagatoria, Cabanillas confirmó que “La Cueva” o “El Jardín”, como también se conoció a Orletti, no era sino la base de la OT18 y había estado primero en calle Bacacay.
La primera mención a la altura exacta (3570) consta en un cable desclasificado de la CIA de 1977 sobre el secuestro y asesinato del embajador argentino en Venezuela, Héctor Hidalgo Solá. El dirigente de origen radical fue visto durante su cautiverio en la ESMA aunque la inteligencia norteamericana atribuye su secuestro a un “grupo asociado a la SIDE” y menciona que estuvo en la casa que esa central “alquila y usa para operaciones oficiales (sic) del grupo de Gordon”.
A partir de ese dato, Jean Marc De Wandelaer, del programa Verdad y Justicia, hizo una presentación ante Rafecas profundizando la hipótesis en base a testimonios de sobrevivientes con descripciones de “la casa” donde habían estado secuestrados en manos de la banda de Gordon antes de la habilitación de Orletti. Uno de los más antiguos es el de Le Bozec en 1984. Un año después, un sobreviviente uruguayo mencionaría la calle Bacacay al declarar ante la Cámara de Diputados oriental.
En paralelo, el rastreo de los propietarios por parte del juzgado permitiría dar con María Ester Poggi, que compró la casa en 1977. Tenía “muchísimas piezas chiquitas, horribles” y un sótano que descubrirían al levantar escombros de una parte demolida y que transformarían en bodega, recordó. El dato del sótano, en el sitio exacto descripto por sobrevivientes 35 años antes, sería confirmado en mayo último por Anita Larrea de Jaroslavsky, que lo definió como “un lugar muy terrible” porque cuando los amenazaban “decían los vamos a meter en el sótano”, que la patota llamaba también “chupadero o tragadero”.
Le Bozec, secuestrada en la madrugada del 1º de mayo de 1976 de la casa que compartía con sus cuatro hijos, recuerda que vio partes de la casa porque “la venda se me había despegado un poquito”. “Pude ver los pisos, a dos pibes que había en el sótano”, relata ante la consulta de Página/12. Apunta que “a uno le decían Alemán”, que “salían de vez en cuando” del sótano y que “saqué una carta para ellos”. “Arriesgué el cuero, tuve a Dios conmigo”, reflexiona. También recuerda a “un primo de (el jefe montonero Mario) Firmenich, a quien se llevaron por portación de apellido y no apareció nunca más”, y a Charito, una chica uruguaya, pareja de un militante tupamaro, a quien le cantó una canción de despedida con su propia guitarra, que la patota de Gordon le había robado durante el secuestro.
Consultada sobre el trabajo de reconstrucción, Le Bozec, docente jubilada y poeta, destaca el trabajo del EAAF no sólo para identificar restos sino también excentros clandestinos, y rememora su testimonio ante la Conadep. “Ahí describí en detalle todos los lugares que reconocí. Yo le estaba dando pecho a mi hija más chica, me llamaban ‘la vaquita’ porque me caía la leche de los pechos. Un día pedí que me dejaran sacar leche, ‘no puedo más’, dije. ‘¿Quién puede ordeñar?, preguntaron, y con una chica fuimos juntas a la cocina del fondo. Eso me permitió describir todos los pisos y la estructura de la casa. Por suerte lo hice en ese momento, que tenía el recuerdo mucho más vivo. Con los años se va perdiendo la memoria”, destaca.
Cuando vuelve al presente confiesa que “es como una revolución encontrarse con todo esto tantos años después” y se emociona al leer las palabras de su nieta Rocío, que al difundir la noticia elogió a su abuela porque “nos enseña a diario --docente eterna-- a transformar el dolor en fortaleza y la desidia en memoria”.
Fuente:Pagina12