21 de septiembre de 2008

CARTA ABIERTA-ENCUENTRO NACIONAL.

Pensadores a la carta
Intelectuales, periodistas, estudiantes y militantes realizaron en Rosario el primer encuentro nacional de Carta Abierta. Un lugar para preguntarse y dudar, sin dogmatismos y en apoyo crítico al gobierno.

“Carta Abierta es fruto de una sospecha”, aseguró Horacio González.
Con un abrazo simbólico al Monumento a la Bandera –una suerte de desagravio por el acto de las patronales agropecuarias, aunque nadie lo dijo así– los integrantes del espacio Carta Abierta dieron por iniciado el primer encuentro nacional de la entente que reunió en Rosario a los intelectuales, profesionales, estudiantes y periodistas que habitualmente se reúnen en sus lugares de origen, con la sola idea –y nada más ni nada menos que con esa idea– de reunirse para reflexionar, dudar, preguntarse, pensar el país y las cosas que ocurren entre esas fronteras. Cuando eso ocurrió habían pasado apenas unos minutos de la presentación del encuentro en el Concejo Municipal, que tuvo continuidad con dos paneles –uno sobre economía, el otro sobre política– realizados en el auditorio de la Facultad de Ingeniería de la UNR.“¿Por qué estamos aquí?”, se preguntó retóricamente el sociólogo Horacio González, director de la Biblioteca Nacional. “Porque no estamos conformes”, respondió. “Carta Abierta es fruto de una sospecha”, completó después, durante el panel sobre “Desafíos políticos” que compartió con el misionero Pablo Fernández Long y el cordobés Luis Rodeiro, intervención moderada por el rosarino Juan Giani.Quien pretendía alguna definición tajante acerca de la razón de ser del espacio y de sus propósitos futuros se habrá topado con aquella frase que inmortalizó el coronel Aldo Rico: “La duda es la jactancia de los intelectuales”. Pues de eso se jactaron los participantes de Carta Abierta (en adelante CA), quienes expresan más preguntas que respuestas, más dudas que certezas. Aunque las historias personales de algunos de sus integrantes llevan grabadas en el cuerpo las certezas de “otras luchas” de “tiempos no tan remotos”, como se dijo allí.“La fuerza de CA es que nació casi sin querer”, dijo González, quien explicó que de otro modo nadie la habría puesto ese nombre. “Yo no diría por ahí que soy cartaabiertista”, completó, despertando las risas que le quitaron solemnidad a la reunión.Para el titular de la Biblioteca Nacional –un intelectual proveniente del peronismo, ajeno a los dogmatismos– “CA surge del sentimiento de algo incompleto, del pasado reciente y de otros no tan remotos”. Al referirse a las experiencias políticas previas de sus integrantes sostuvo que “CA no viene a perturbar ninguna bandera ni ningún nombre, viene a interrogar todo esos nombres”. Y aseguró que una de sus fortalezas reside en que “es una experiencia propia del lenguaje que no habla por un lenguaje anterior, pero sabe que existen y los tolera”.Al mediodía se realizó un panel sobre “Estado y modelo económico”, en el que disertaron el rosarino Rubén Visconti, el cordobés Aurelio Argarañaz, el santafesino Remo Vénica y el porteño Claudio Caparrino. Participaron, además de las mencionadas, las CA de Mendoza, Neuquén, Entre Ríos, San Juan y Mar del Plata.Nacida al calor del enfrentamiento entre la “neoderecha agraria” y el kirchnerismo –y en apoyo crítico al gobierno democrático–, el primer encuentro nacional de CA no pudo evitar el tema del “campo”, aunque no fue su eje fundamental. De la charla surgió que lo que ocurrió fue “algo inédito” que configuró “líderes populares del campo”, una “neoderecha que utiliza el turbio lenguaje del neofascismo”. Para el misionero Pablo Fernández Long, si ese movimiento inédito –que contiene un fuerte componente de clase media urbana con capacidad de incidencia en eso que se llama “opinión pública”– logra crecer “lo único que va a tapar el ruido de las cacerolas es el ruido de los bombos”. Esa intervención fue aplaudida por los cartaabiertistas.El lenguaje –es decir, la disputa por el sentido dominante– y los medios de comunicación fueron ejes de la discusión de los participantes. Sobre estos últimos pesa una condena social de algunos sectores intelectuales –condena tantas veces justa y legítima– y la queja sobre su concentración empresarial y sus formas y contenidos. “CA habla una lengua perdida, no habla la lengua de la televisión”, marcó al respecto González. “Si habláramos la lengua de la TV no nos escucharían”, agregó, para llamar a “construir un nuevo lenguaje público”.
(Fuente:Elciudadano).

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