Durante una entrevista que concedió a la revista La Tecla, de la ciudad de La Plata, Roberto Cirilo Perdía, además de afirmar que "este gobierno no es el sueño de nuestra generación" (duro golpe a Néstor Kirchner, Carlos Kunkel y otros que dicen reivindicar los años '70), reveló una anécdota sobre la escasa creatividad y falta de iniciativa de Daniel Arroyo, responsable de las políticas sociales de la provincia de Buenos Aires. Junto a Mario Firmenich y Fernando Vaca Narvaja, Perdía fue uno de los jefes montoneros. Posteriormente fue indultado durante el gobierno de Carlos Menem.
Aqui la entrevista:
-¿Cuándo comenzaron sus inquietudes políticas?
-A varios metros de nuestra casa vivía el único peón de la estancia, estábamos en los ‘40, y el hombre era un fanático del peronismo. El me contó de qué se trataba, y eso me llevó a la idea de la justicia, por eso decidí estudiar abogacía; después me di cuenta de que una cosa no tiene que ver con la otra, pero ya estaba metido en la carrera.
-¿Estudió en Buenos Aires?
-Sí, en la Universidad Católica. Fui presidente del centro de estudiantes de Derecho y fundador de la Federación de estudiantes de la Católica.
-¿Por qué en la Católica?
-Por dos razones. Una, porque yo debía tres materias del secundario y en la estatal no me permitían anotarme, en cambio en la Católica lo hice provisorio; además, porque mi familia es muy religiosa, tengo dos tíos curas.
-¿Usted es católico?
-Sí, y me formé en ese ambiente. Además, esa facultad recién se inauguraba, nosotros fuimos la segunda promoción. Simultáneamente trabajaba en el Banco Nación, donde tuve varias experiencias gremiales muy interesantes.
-¿Tiene contacto con otros militantes, con sus ex compañeros?
-Sí, aunque ellos, en su mayoría, están hoy con el oficialismo.
-¿En el Gobierno?
-Sí, con ellos tengo una relación personal pero no política.
-¿Como quiénes?
-Como Carlos Kunkel, Emilio Pérsico, Jorge Taiana, Nilda Garré.
-¿Cómo evalúa la participación que tienen en el Gobierno?
-Yo la respeto, pero no la comparto.
-¿Por qué?
-Porque no coincido con el Gobierno en general. Creo que toman un discurso de ideas de los ‘70, por ponerle un nombre,pero después le falta una práctica consecuente.
-Algunos de sus ex compañeros fueron los principales voceros del oficialismo.
-Yo no puedo opinar sobre eso, no estoy ni en la cabeza ni en el alma de ellos. Lo que creo es que los sueños de los ‘70 no son esta realidad, ahora, cada cual piensa con su propia cabeza y está parado sobre sus propios pies.
-¿Usted tiene comunicación con ellos?
-Sí, con Patricia Vaca Narvaja nos vemos cada tanto. Hace poco se estrenó la película Un Grito de Corazón, y nos encontramos con todos ellos, pero una cosa son las relaciones personales, una experiencia histórica compartida, no tengo por qué echar eso por la borda ni acusarlos de nada; yo no coincido, el tiempo y la historia dirán.
-¿En algún momento tuvo un acercamiento con los Kirchner?
-Allá por el 2003, con un grupo que estábamos trabajando participamos en la primera marcha que se hizo a favor del Gobierno; en aquel entonces la hicimos nosotros desde la organización Libres del pueblo y (Emilio) Pérsico con el movimiento Evita. Era un 26 de julio, había asumido Kirchner un 25 de mayo, una marcha de 6 mil, 7 mil compañeros. Después de eso yo caí en la cárcel, por una imputación del juez Claudio Bonadío, vinculado a una causa por el secuestro y desaparición de militantes. Cuando fui liberado, le envié un mensaje al Presidente a través de unos amigos comunes, y le dije que designara a alguien con el cual pudiéramos conversar. Para que no le llegara mediatizada la opinión que teníamos, entonces manda a decir que habláramos con Oscar Parrilli. Hicimos un par de reuniones, y ahí le planteamos las perspectivas que teníamos, que diferían bastante de lo que estaban haciendo, que era básicamente tres puntos. Un planteo… ¿Lo expongo, le parece?-
Sí, claro.
-El planteo nuestro era que no había democracia con 5 millones de personas fuera del mundo. Hicimos una propuesta de integración, planteamos que los excluidos se convirtieran en un nuevo sector económico en la Argentina, llamémoslo de economía social, que eso funcionara al lado de la economía tradicional. Que con los compañeros desocupados se armaron estructuras productivas de tipo asociativo, en las cuales se incorporaran jóvenes dela clase media a título de capacidad para gerenciamiento, para innovación tecnológica, cosas que los sectores marginales no tenían, incluso que lo hicieran desde las propias estructuras del estado, el INTA, INTI, SENASA, que además se determinaba que hacía falta producir y se diera plata para eso. Por otra parte, el Estado ofrecería en simultáneo educación, salud, y vivienda, con lo cual en pocos años tendríamos varios millones de argentinos que estaban en la marginalidad integrados a un proceso productivo, entonces sí habría condiciones para enfrentar a los más poderosos, no desde el discurso.
-Imagino que no tuvo mucho apoyo.
-Claro. Recuerdo que por esa época hicimos un acto en La Matanza, y la ministra Alicia Kirchner envió como representante a su funcionario Daniel Arroyo, que ahora está en la Provincia. Yo le planteo la idea y me dice que eso no se puede hacer, que serían muchos problemas para el Estado. Yo le respondo que problemas vamos a tener siempre, pero uno tiene que elegir, en todo caso, qué tipo de problema se quiere tener.
-¿Habló con otros funcionarios?
-Sí, con Parrilli. El me contó su experiencia apoyando los emprendimientos sueltos. Dijo que había sido negativa, que no sirven para nada. Y yo le dije que aunque no sirvan igual vamos a pelear por más planes, por emprendimientos individuales, más que nada para salvar lo que los compañeros necesitan; pero yo sé que ésa no es la solución, lo que hace falta es trabajo.
-¿Y qué es lo que está aplicando Alicia Kirchner?
-Asistencialismo encubierto en planes de asistencia, será porque ella es asistente social (sonríe).
-¿Y respecto de esta segunda presidencia K, qué le cuestiona al gobierno de Cristina Fernández?
-Yo no creo que después de cinco años de un gobierno nacional y popular, entre comillas, haya cosas que se puedan tolerar. El grado de marginación colectivo que existe, la desigualdad de la sociedad, son cosas que al cabo de este tiempo tendrían que haberse orientado de otra manera. Esto tiene que ver con el modelo que está en desarrollo, y esto no es el sueño de nuestra generación, ni siquiera es el peronismo del ‘45.
Nota enviada por Hugo Papalardo.
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