Por Daniela Saidman
Hay poemas que son canciones urgentes, coro de un silencio a voces, eco parido de la tierra.
Hay poetas que son canción y que su sólo nombre invoca el andar por el mundo, de esos que son capaces de hacer de la palabra un refugio y el arma veloz y veraz contra los miedos y las opresiones.
Hay poemas y poetas que cantan las humanas pasiones y los necesarios deseos de la patria.
Así es José Pedroni (Santa Fe, 1899 – 1968), hombre con voz de papel que supo cantarnos las esperanzas.
Este poeta argentino hizo de las cotidianidades el verso certero de los recodos de los caminos.
“Ahora la niñez es de fulgor eléctrico. / La mía fue de lámpara y de luna naciendo. / Aquel poste, aquel árbol aquel arroyo lento / con ángel en la orilla... No cambio mi recuerdo. / Todo está en el ayer como si fuera un cuento. / "La trilladora" llámase, y no tiene regreso. / Dormía nueve meses y despertaba al décimo. / Iba de parva en parva desde noviembre a enero. / Hundiendo alcantarillas y soplando del suelo / - vidrio pulverizado- bandadas de jilgueros. / ¡Qué dulce era su canto de sirena, a lo lejos! / Enamoraba al hombre e invitaba al ensueño. / Se perdió en la llanura con su motor de fuego, / su vagón, su casilla, su carrito aguatero. / Un niño la seguía con paloma, y no ha vuelto. / Era callado, triste... No cambio mi recuerdo”. (La Trilladora, fragmento)
La mujer y su vientre cuna fue recuento de vidas para Pedroni.
A ella le dedicó su voz y sus manos, mientras que cantautores como Víctor Heredia, César Isella y el Cuarteto Zupay le dieron música a la música que el poeta argentino entonó sobre el papel, en un Canto a la Poesía.
Tal vez porque de ella nacía la esperanza de la vida libre, de la libre vida, de ella, de su cuerpo fecundo, de sus ojos que saben mirar el futuro que necesariamente habrá de ser.
“Un día un dulce día con manso sufrimiento, / te romperás cargada como una rama al viento, / y será el regocijo de besarte las manos, / y de hallar en el hijotu misma frente simple, tu boca, tu mirada, / y un poco de mis ojos, un poco, casi nada...”. (Maternidad, fragmento)
Poeta de tránsitos terrestres, Pedroni hizo del verso la verdad que otros se niegan a proclamar. Su palabra, libertaria y profundamente comprometida sigue diciendo y diciéndonos los dolores de la tierra y sus esperanzas y sueños.
Él se animó a decir lo que otros callaban, y de su voz el arado, la savia, la pala y el pico se hicieron poema para hoy seguir con los ojos colgados a sus páginas y saltar en vuelo libre al futuro.
“Los cónsules habían tirado su honor a los perros, / su carne envenenada. / La noche andaba con baile de petróleo / entre las estatuas. / El sol sorprendía a los mercaderes contando dinero / en las escalinatas. / Las mujeres tenían vergüenza de los hombres. / Los hijos, tristes. Deambulaban. / Cuando del lado del mar de las Antillas / se alzó la palabra / y empezó a dar la vuelta al mundo, / enceguecedora, blanca, / mientras barbudos ángeles de pueblo / iban con niños en las espaldas. (Rosa Náutica, fragmento)
Una voz, derramada y cotidiana, de azadas y azahares, de utopías todas ellas realizables, de futuros ciertos y arena.
Imprescindible como los buenos cantos, José Pedroni sigue siendo voz de este sur que sabe conquistar los colectivos sueños de la tierra para sembrarse en el poema que siendo, habrá de ser.
(Fuente:Argenpresscultural).
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