EL ETERNO MODELO.Por Juan Francisco Coloane
Mientras las palabras de Barack Obama sugiriendo a Chile como un modelo a seguir todavía tintineaban, surge este golpe militar en Honduras derrocando al Presidente Manuel Zelaya.
Las palabras en política tienen por lo general un doble trasfondo en el tiempo. Nunca una ruptura democrática fue más inoportuna que ésta en Honduras, respecto al discurso de Obama en la última Cumbre de las Américas llamando a un nuevo clima de relaciones en la región partiendo de las democracias en los países. Honduras y su elite, planteaba el otro modelo.
La mira política del mundo está puesta en esta nación centroamericana que si bien no tiene el peso estratégico y nuclear de Irán, pone el dedo en la llaga en eso de exhibir donde está el poder real.
Coloca una presión más a la nueva política internacional que intenta implementar EEUU. Aunque condenando el golpe, la administración Obama ha puesto el acento más crítico en las violaciones a los DDHH en Irán que a la ruptura democrática en Honduras.
Como es habitual, el asunto se trivializa en los medios por la variable Presidente Chávez y su influencia en Centroamérica. El Presidente venezolano se ha transformado para cierta prensa en una suerte de “Ahmadinejad de la región”, con sus propios “Hamas” y Hezbollah”, haciendo perder de vista los temas intrínsecos en Honduras.
Un clásico del New York Times: “Ejército hondureño derroca un aliado de Chávez”. La prensa que funciona con la perspectiva de poder de la Alianza Transatlántica, que justamente Chávez y su influencia le parece complicar, ha recibido el golpe con beneplácito y no hay que leer entrelíneas.
Basta ver el sesgo de El País de España, The Guardian inglés y los medios de la región sumidos en compromisos de lobby y rentabilidad con el poder transatlántico para insistir en la alianza de Chávez con Zelaya. El que éste haya comenzado a hacer algunas reformas sociales es secundario.
El “golpeado” Presidente Zelaya, un derechista en la raíz, como la mayor parte de la elite del poder hondureña, había concebido una forma de descongestionar la concentración del poder económico y político en Honduras. Se había transformado en el izquierdista inesperado. Un verdadero serendipiti, hasta que sus opositores comienzan a declararle la guerra.
Había hecho avances para algo que en general es un imposible: generar reformas sociales en beneficio de los más vulnerables sin pasar por la violencia y el revanchismo de clase. La situación estuvo muy bien descrita y analizada por el periodista Nibaldo Mosciatti en su reportaje del día domingo en Bío Bío La Radio.
En el más puro estilo de los años 60 y 70, fue el golpe clásico. Con el tradicional conflicto de poderes donde confluye la ausencia de contención de la tradicional oligarquía hondureña, en este caso, incapaz de aceptar la inserción de los pobres en su espacio de poder absoluto.
Zelaya había perdido el apoyo del poder judicial y del congreso para organizar una votación que le permitiera una convocatoria de prolongación en el cargo que replicaba los ejemplos de los Presidentes Correa, Morales y Chávez en plena “zona bananera estadounidense”, dicho esto con todo respecto a las bananas y a los países.
Este proceso se ha detenido con mucha violencia para Zelaya, algunos miembros de su gabinete como su canciller y miembros de su familia. Según fuentes hondureñas, la vehemencia de la entrada de los militares a los lugares en donde se encontraban las depuestas autoridades fue inusitada, siendo amenazados de muerte si se resistían.
El golpe ha revelado una mecánica no nueva pero descontinuada. Se están usando poderes del estado como el poder judicial y el congreso para destituir a un presidente con el apoyo operativo de las FFAA. Zelaya había solicitado la renuncia del general en jefe de las FFAA la pasada semana, demostrando que el golpe estaba fraguado.
Funcionarios hondureños entrevistados no se imaginaban lo que estaba en desarrollo, y ni siquiera se filtró la noticia de una operación casi perfecta para hacerla aparecer como constitucional.
En una conferencia de prensa, Robert Gibbs el Encargado de Prensa de la Casa Blanca, era “encañonado” con una pregunta: “Hasta qué punto la administración conocía de antemano el golpe de estado”. Gibbs, no reconoció tener información. Un funcionario hondureño se resistía a esta versión.
A EEUU le va a costar desprenderse de las viejas aureolas. Aquí hay una responsabilidad compartida en la región y en los debates que se llevan a cabo en múltiples foros internacionales respecto al avance sostenido y a veces elogiado como de excepcional de las democracias en América Latina, siendo que ello no es tal.
El marco institucional existente en América latina abre la compuerta para los estados de excepción, situación que proviene del exceso de poder de las elites, y que en Honduras aparece como un derecho irrenunciable.
La complacencia de la ciudadanía acepta fácilmente la divulgación de una democracia reducida al voto y al debate de las elites en los medios, mientras el acceso a desarrollar una vigorosa capacidad analítica en la población se hace cada vez más limitado. La gente quiere comer y pagar deudas, no quiere debatir y el voto es como un acto automático del sistema consumo-producto.
Mientras Obama alababa el modelo de Chile, los militares y la oligarquía en Honduras respondían con la dialéctica de lo concreto con su otro modelo.
GENERA EL REPUDIO DE TODOS LOS PAÍSES DEL CONTINENTE.
Por Apolinar Díaz – Callejas
El vicepresidente de Honduras, Roberto Micheletti apoyado por el ejército y la policía dio un Golpe de Estado contra el Presidente legítimo Manuel Zelaya Rosales. Fue un golpe sin causa legítima, militarista, retardatario y represivo, pues la acción de los militares y de la policía fue agresiva contra el pueblo y los jóvenes de Honduras.
Por las informaciones por televisión se pudo constatar la protesta colectiva y general del pueblo de Honduras contra los golpistas y al mismo tiempo la violencia y agresividad de los militares y de la policía contra el pueblo y los jóvenes hondureños. Entre tanto, todos los países democráticos del mundo en América, Europa, Asia y África han manifestado su protesta y repudio del golpe militar de Honduras. Por televisión hemos podido ver la violencia que tomó la policía de Honduras contra mujeres, niños y ciudadanos del común. Ha sido un recuerdo monstruoso de las antiguas prácticas criminales de varios de los países de Centro América que cayeron en manos de dictadores en afán de riquezas.
Vi por televisión durante todo el día de ayer lunes todas las acciones militares y agresivas del ejército y la policía contra su propio pueblo, que se echó a la calle a protestar en defensa de la democracia ya en marcha en ese país. Pese a la implacable censura de prensa y de información, todas las personas del mundo que vimos por televisión la represión policiva quedamos convencidos de la monstruosidad del golpe. Por eso recibí con satisfacción las palabras del nuevo presidente norteamericano Barack Obama, quien calificó en Washington la acción de los militares , la policía y la ultraderecha de Honduras, como una acción “ilegal”, agregando que “sería un terrible precedente si permitiéramos que este Golpe de Estado tuviera éxito” es decir, toda la América Latina y del Caribe, incluidos los propios Estados Unidos, han calificado de criminal el golpe militar, lo cual implica que la acción ofensiva acordada en la conferencia de jefes de Estado celebrada ayer mismo en la capital de Nicaragua, para que ningún país del continente reconozca al nuevo poder dictatorial de Honduras y para que se organice la acción política económica y militar del continente americano y del mundo democrático contra el golpe militar de Honduras.
Es una impresionante novedad el hecho de que en pocas horas el mundo todo, y en particular América del Norte, América Latina y del Caribe se hayan apresurado a tomar medidas de todo género para bloquear el golpe retardatario de Honduras. Pero nos queda a todos el optimismo que da ver la unidad mundial y regional de todos los sectores democráticos para condenar el golpe de la ultraderecha de Honduras.
El presidente electo de Honduras, que venía ejerciendo el poder, anunció ayer mismo que este jueves regresará para asumir el poder en su país, aún cuando ello le represente la muerte decretada y ejecutada por los golpistas. La solución es que todos los hondureños se vuelvan un solo hombre para aplastar por todos los medios a los golpistas retardatarios.
Nosotros, toda la América Latina y del Caribe estaremos en estado de alerta para apoyar al presidente legítimo de Honduras en su acción de recuperar el poder y para aplastar a los criminales que se lanzaron a esta aventura.
Desde mi escritorio jurídico y político en Bogotá y en Colombia, estaré en la lucha para derrotar a los golpistas hondureños y respaldar todas las acciones, sin limitación alguna que emprenda el pueblo y la juventud de Honduras para aplastar el golpe y restablecer la democracia, entregando al presidente Manuel Zelaya el ejercicio del poder, que deberá ejercer como la voz más alta y fuerte de Honduras y como el vocero único del mundo democrático para aplastar a los insurrectos.
EL DESPERTAR DE LOS "GORILAS".
Por Vicky Pelaez (EL DIARIO NY).
Cuando más negra es la noche, más brillan las estrellas.
Rosa Luxemburgo
El golpe de Estado en Honduras es un baldazo de agua helada a todos los que creían que en el Siglo XXI globalizado ya no había espacio para el rugido de tanques tomando palacios y sacando a los presidentes de su cama en la madrugada como era costumbre en los años 1970 y 1980.
Sin embargo, la realidad es diferente y el espíritu de los dictadores como Bordaberry, Videla, Viola, Banzer, Fujimori y por supuesto de Augusto Pinochet, sigue vivo entre los líderes castrenses latinoamericanos, todos formados en la tristemente famosa Escuela de las Américas. Ni siquiera toman en cuenta el final de Pinochet quien para evadir la justicia, tuvo que hacerse el loco defecando en sus calzoncillos. El poder y el sonido del dinero que les han prometen los oligarcas locales cumpliendo con las instrucciones norteamericanas, les hace olvidar el castigo que inevitablemente les llega.
En esos premios pensaba el general Romeo Vásquez Velásquez al desobedecer, primero, la orden del presidente legítimo Manuel Zelaya de repartir el material electoral para celebrar una encuesta sobre la necesidad de convocar la Asamblea Constituyente para elaborar la nueva constitución, y segundo, al convertirse en el ejecutor del golpe, detener al presidente, deportarlo y sacar los tanques contra el pueblo, apoyado por la oligarquía, el congreso, poder judicial, medios de comunicación, servicios de inteligencia y por supuesto el clero católico que por medio del monseñor Santos acusó al presidente de ser “diablo vestido de sacristán”.
Lo que aterrorizó a todos estos fue la idea de la nueva constitución, clamor del pueblo desde 2005 cuando fue firmado arbitrariamente el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, y que convirtió a Honduras en el tercer país más pobre de América Latina. Las protestas de entonces fueron brutalmente reprimidas , pero el pueblo votó por Manuel Zelaya que les prometió mejorar la vida .
El bonachón Zelaya no defraudó, y contra viento y marea aumentó el sueldo mínimo y creo el Programa del Fondo para los Pobres. Se unió a Petrocaribe para tener acceso a petróleo y gas barato, firmó contratos con Cuba por medicina genérica lo que hizo abaratar, en 90 por ciento, los precios de medicina impuestos por transnacionales. Igualmente, convirtió en miembro del ALBA solidarizándose con Cuba, Venezuela, Ecuador y Bolivia.
Esto encolerizó al Gran Patrón y las corporaciones globalizadas que movieron su poder para detener los cambios. Aparentemente Hillary Clinton condenó el golpe y negó la participación norteamericana. Sin embargo, el prestigioso especialista estadounidense Mark. B. Rosenberg dijo ya en 1990 que en Honduras “el poder está concentrado en las fuerzas armadas y en la embajada norteamericana…Sin reconocimiento y aprobación de la embajada cualquier político encontraría muchas dificultades para llegar al poder”. Manuel Zelaya fue más tajante al declarar que “sin EE.UU. los golpistas no sobrevivirán 48 horas”.
Cuando se escribe esta columna, ha pasado 24 horas del golpe y es difícil creer que el tibio Barack Obama haga algo. Mientras tanto el mundo repudia el golpe, y el pueblo hondureño desafía el toque de queda, apagones y las balas de los gorilas, declarándose en huelga permanente y exigiendo el retorno de Zelaya.
(Fuente:Argenpress).
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