
[2006] Hola Compañeros y Compañeras.
Quiero compartir con ustedes el volver a sentir el vacío que la tragedia ha dejado en nuestras vidas: la Masacre de Palomitas con nuestras ex compañeras de prisión en Salta.
Treinta años, sí 30, ese es el tiempo que ha transcurrido desde aquella noche de invierno en que sacaron a nuestras compañeras del pabellón donde yo estaba con ellas.
Esa imagen recortada que conservo, donde primero escuchamos el pisar fuerte de abotinados, luego el ruido metálico de cadenas o esposas y las voces duras que gritaron uno a uno el nombre de nuestras compañeras, y ellas, en medio del silencio que anticipaba la tragedia, salieron preguntando a dónde iban.
Así, con lo que llevaban puesto dentro del pabellón, sin más abrigo para protegerse del frío exterior desaparecieron ante nuestras miradas impotentes y nuestras preguntas, que quedaron sin respuesta ¿Adónde las llevan? ¿Por qué se las llevan? ¿Cuándo regresan?
Traslado…traslado…traslado fue lo que escuchamos al día siguiente.
Traslado…traslado…traslado fue lo que escuchamos al día siguiente.
Todas, absolutamente todas, sabíamos lo que eso quería decir: MUERTE.
Días antes Braulio Pérez, entonces director de la cárcel, acompañado de su hijo y otros carceleros, en una de sus habituales visitas a nuestro pabellón nos había dicho mientras sonreía cínicamente -los militares vienen quinteando-y qué quiere decir eso? le preguntamos, y respondió con otra sonrisa -uno, dos, tres, cuatro, cinco… al paredón…
Días antes Braulio Pérez, entonces director de la cárcel, acompañado de su hijo y otros carceleros, en una de sus habituales visitas a nuestro pabellón nos había dicho mientras sonreía cínicamente -los militares vienen quinteando-y qué quiere decir eso? le preguntamos, y respondió con otra sonrisa -uno, dos, tres, cuatro, cinco… al paredón…
Ese paredón fue el de Palomitas: allí las cinco compañeras, Georgina Droz, Evangelina Botta, Chiche Ragone, Amaru Luque de Usinger, Celia Leonard de Avila junto con siete compañeros Alberto Zabranski, Rodolfo Usinger, Leonardo Avila, Pablo Outes, Jose Povolo, Roberto Oglietti. Lo supimos de inmediato.
Al día siguiente lo confirmamos.
Había dentro del penal algunos empleados sensibles, gente que aún no se había deshumanizado y que no querían avalar el crimen. Ellos rompieron el silencio. Conocimos detalles, de cómo los sacaron, de cómo los obligaron a salir del vehículo para simular un intento de fuga, de cómo fueron cayendo uno a uno entre ráfagas de ametralladoras que rompían el silencio de la noche. Hasta me describieron cómo mi querida amiga y compañera Georgina cayó sobre un alambrado…allí quedó hasta que desaparecieron su cuerpo para nunca entregarlo a su familia. ¿Dónde quedaron tus huesos Georgi? Porque tu corazón sigue latiendo con el nuestro. Y así latirán por siempre esos 12 corazones en nosotros que tuvimos el privilegio de compartir los últimos meses y días de sus vidas. Y también latirán en sus hijos y en los hijos de los hijos. No latirán para atizar la hoguera de la venganza sino para buscar justicia y para perpetuar los ideales que ellos encarnaban.
Si ellos estuvieran hoy aquí, si no hubieran sido torturados y asesinados, si no hubiera 30000 desaparecidos, miles de exiliados, de hijos huérfanos y de padres huérfanos de sus hijos, de hermanos, compañeros y amigos huérfanos, ¿cómo sería nuestra patria? No lo sé exactamente, sería diferente claro, pero sería mejor de eso no tengo dudas, no sólo porque todos y cada uno de ellos habría ayudado a construirla sino porque si ellos estuvieran hoy aquí no habría genocidas y torturadores que perseguir, no habría asesinos encubiertos compartiendo espacios de estudio y de trabajo, no habría hijos educados por padres asesinos o cómplices de asesinos, entonces, no tengo dudas de que nuestra sociedad sería mejor.
Gracias compañeras por conservar la memoria, gracias por recordar el nombre de los que no están, gracias por seguir en pie.Un abrazo fuerte, con todo el cariño que ha crecido en el dolor de estos 30 años y con la alegría de no habernos convertido en ellos.
Pecado y penitencia
Pecado y penitencia
A 12 AÑOS DEL FUSILAMIENTO DE PABLO OUTES
Por Eduardo Tagliaferro
En julio del ‘76 el frío era más cruel que en otros inviernos, por ese motivo la voz del director de la cárcel diciéndole a Pablo Outes que se abrigara, no resultó sospechosa. "Va a tener frío, no olvide su gorra", fueron las únicas palabras que se le escucharon decir a Braulio Pérez, un ex sargento del Ejército que dirigía el Servicio Penitenciario en la provincia de Salta. Pablo era un calvo hecho y derecho que se había afeitado la cabeza, en uno de los tantos intentos para que el pelo volviera a crecer con la fuerza de antaño. El viejo, como le decían a Pablo, era un veterano en el oficio de preso político. En 1962 siendo militante de la UCRI (Unión Cívica Radical Intransigente), fue uno de los manifestantes que repudiaron la visita de Felipe de Edimburgo, el príncipe consorte de la reina Isabel II de Inglaterra. El final de la protesta estaba cantado. Mientras Pablo iba en "galera", el cortesano del imperio pedía refugio en la alcoba de Magdalena Nelson de Blaquier, una aristócrata diez años mayor que el duque.
Los largos años de resistencia peronista fueron la causa de que Pablo rompiera con el radicalismo. Luego de un par de arrestos, adhirió al Frente Revolucionario Peronista que lideraba otro comprovinciano suyo, Armando Jaime. Pablo Outes provenía de una familia tradicional, dentro de la tradicional sociedad salteña. La militancia política lo atraía con un magnetismo al que no podía ni quería resistirse. Magnetismo que lo llevó, la mayoría de las veces, a vestirse con el traje de la oposición. Lo que en la historia de los 60 y 70 es casi lo mismo que decir de los perseguidos.
Cuando el embrujado poder del peronismo sin Perón llevó a su viuda, Isabel, a la cima del gobierno, Pablo ya estaba decididamente luchando por el antiimperialismo y por el socialismo. Lo detuvieron luego de que Isabelita decretara el estado de sitio a fines de 1974 y pudo salir del país utilizando el derecho de asilo previsto en el artículo 23 de la Constitución. Venezuela era un país muy lejano para un hombre que vibraba con los vinos salteños, su familia y la lucha política. En 1975 su calva se paseaba nuevamente por Valderrama y su sombra era seguida de cerca por los parapoliciales de Joaquín Gil, aquel hombre fuerte de la policía salteña precursor de la Triple A. Acorralado, y con la certeza de que si lo detenían nuevamente su futuro sería un asesinato lento y feroz, se presentó ante el juez federal Ricardo Lona. Ese juez, que en esa época recibió gran cantidad de denuncias por torturas, desapariciones y fusilamientos, se desempeña hoy como camarista de la justicia federal salteña, merced a la complicidad del poder político local.
Ricardo Lona, envió a Pablo otra vez a la cárcel, concretamente al pabellón E del penal de Villa Las Rosas. El pabellón era una construcción relativamente nueva y sólo alojaba a los presos políticos. Luego del golpe militar las condiciones de detención cambiaron drásticamente. Luciano Benjamín Menéndez, jefe del Tercer Cuerpo del Ejército, había dispuesto que aquellos presos políticos, a los que calificaba de subversivos, debían estar aislados e incomunicados.
La noche del 6 de julio del ‘76, antes de las 21, hora en que se apagaban las luces de las celdas, una patota del Ejército comandada por un teniente de apellido Espeche, entró a cumplir una orden del comandante de la guarnición Salta, coronel Carlos Alberto Mulhall. La comitiva militar marchaba acompañada por el hijo del director del penal, el oficial penitenciario Juan Carlos Alzugaray –un ex oficial de inteligencia de la Policía Federal que, más por miedo que por otra cosa, renunció a la fuerza y se alistó como carcelero–, el oficial jefe de guardia, Eduardo Carrizo y el alcaide responsable del penal, apellidado Soberón. La patota estaba formada por oficiales superiores, que no llevaban sus insignias identificatorias. De a una fueron abriendo las puertas de seis celdas. A Pablo Outes, que todavía se encontraba vestido, le dieron tiempo para tomar su gorra; al resto los sacaron desnudos y en algunos casos hasta descalzos. Todos iban resignados, salvo Rodolfo Usinger, un ingeniero rosarino que comenzó a gritarles "asesinos hijos de puta". Usinger fue uno de los pocos que intuyó el final de ese operativo. A principios del ‘76 una comunicación de la organización Montoneros había alertado sobre un posible "operativo mantel blanco", en el que los militares comenzarían a ejecutar prisioneros políticos. Usinger quizá recordó ese mensaje y por ese motivo opuso toda su resistencia. Roberto Oglietti, José Povolo, Leonardo Avila, Rodolfo Usinger, Alberto Sabransky y Pablo Outes fueron llevados a las celdas de la planta baja.
El penal quedó a oscuras y el barrio lindero a la cárcel también. Como el silencio inundó todos los rincones, el ruido de los motores del camión militar se escuchó nítidamente. Los seis detenidos del pabellón E, fueron subiendo en fila india al camión que estaba estacionado en el campo de deportes. Antes habían subido María del Carmen Alonso, Celia de Avila, Georgina Droz y Amarú Luque de Usinger. Los responsables del operativo los seguían en otro vehículo, entre ellos el hijo del director del penal, que se sumó a la comisión militar. Cuando llegaron a un cruce de la ruta a Tucumán, en la localidad de Palomitas, al sur de la ciudad de General Güemes, todos los trasladados fueron fusilados. La explicación oficial fue la habitual: hubo un intento de fuga. El hijo del director del penal había comenzado a transitar un camino sinuoso, que lo llevaría a consagrarse de verdugo y que tuvo en este fusilamiento la piedra que definitivamente lo llevaría al abismo. La matanza fue tan traumática para él que luego del fusilamiento de Palomitas no hacía otra cosa que repetir los detalles del operativo. Un grupo de tareas lo secuestró y no se supo más de él. En el pecado estuvo su penitencia, diría el antiguo cura de su pueblo. Penitencia que el responsable de esa matanza, el general Luciano Benjamín Menéndez, todavía no cumplió.
Carta a Mamá
Un Día de la Madre más, miro a mis hijos y trato de encontrar algo tuyo en ellos, un gesto, una sonrisa, sus ojos…me gustaría festejar este día con ellos y con vos. Me conformo con contarles de su abuela, de lo mucho que te habría gustado malcriarlos y besarlos…
Les cuento sobre aquellas vez que juntas leíamos a Mafalda, la chiquita insolente y soñadora que tanto me recuerda a vos. ¿Te acoradas? Para uno de mis cumpleaños me regalaste una muñeca de ella, junto a otra de color y me enseñaste que todos somos iguales. Y aquella otra vez, que en la escuela me hicieron leer una composición del agua potable y de que no había motivos para ser sucio, porque el agua era de todos y vos te reías a carcajadas y me marcabas cuan mentira era eso de que el agua es para todos, si en los barrios pobres muchas veces no había ni una canilla comunitaria…creo que yo no te creía, prefería creerle a la maestra...Cuánta razón tenias. Hoy te digo que te extraño, que te comprendo, que entiendo tu lucha, que no pararé hasta ver justicia por tu ausencia y la de todos tus compañeros. Lucharé por qué no los olviden, para que tus sueños sigan vivos en tus nietos.
Te quiero, Elia
Compañeras y compañeros Presentes Hasta la Victoria Siempre
Celia Raquel Leonard de Avila
Georgina Droz
Evagenlina Botta de Nicolai
María del Carmen Alonso de Fernández
María Amaru Luque de Usinger
Benjamin Leonardo Avila
Roberto Oglietti
Pablo Outes
José Pavolo
Roberto Savransky
Rodolfo Usinger
ALGUNOS DE SUS ASESINOS QUE GOZAN DE LA IMPUNIDAD DE LA JUSTICIA FEDERAL DE SALTA
juan carlos alzugaray
luis donato alvarez
andres del valle soraire
cesar hugo espeche
miguel raul gentile
joaquin guil
carlos alberto mulhall
luciano benjamin menendez
Estos son lo que finalmente están imputados y por ahora no tiene fecha la elevación a juicio oral.
Carta a Mamá
Un Día de la Madre más, miro a mis hijos y trato de encontrar algo tuyo en ellos, un gesto, una sonrisa, sus ojos…me gustaría festejar este día con ellos y con vos. Me conformo con contarles de su abuela, de lo mucho que te habría gustado malcriarlos y besarlos…
Les cuento sobre aquellas vez que juntas leíamos a Mafalda, la chiquita insolente y soñadora que tanto me recuerda a vos. ¿Te acoradas? Para uno de mis cumpleaños me regalaste una muñeca de ella, junto a otra de color y me enseñaste que todos somos iguales. Y aquella otra vez, que en la escuela me hicieron leer una composición del agua potable y de que no había motivos para ser sucio, porque el agua era de todos y vos te reías a carcajadas y me marcabas cuan mentira era eso de que el agua es para todos, si en los barrios pobres muchas veces no había ni una canilla comunitaria…creo que yo no te creía, prefería creerle a la maestra...Cuánta razón tenias. Hoy te digo que te extraño, que te comprendo, que entiendo tu lucha, que no pararé hasta ver justicia por tu ausencia y la de todos tus compañeros. Lucharé por qué no los olviden, para que tus sueños sigan vivos en tus nietos.
Te quiero, Elia
Compañeras y compañeros Presentes Hasta la Victoria Siempre
Celia Raquel Leonard de Avila
Georgina Droz
Evagenlina Botta de Nicolai
María del Carmen Alonso de Fernández
María Amaru Luque de Usinger
Benjamin Leonardo Avila
Roberto Oglietti
Pablo Outes
José Pavolo
Roberto Savransky
Rodolfo Usinger
ALGUNOS DE SUS ASESINOS QUE GOZAN DE LA IMPUNIDAD DE LA JUSTICIA FEDERAL DE SALTA
juan carlos alzugaray
luis donato alvarez
andres del valle soraire
cesar hugo espeche
miguel raul gentile
joaquin guil
carlos alberto mulhall
luciano benjamin menendez
Estos son lo que finalmente están imputados y por ahora no tiene fecha la elevación a juicio oral.
(Fuente:Rdendh).
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