De Taco Ralo a la Alternativa Independiente
Fuerzas Armadas Peronistas y Peronismo de Base: Una historia de militancia y lealtad a la Clase Obrera
Un destacamento de gendarmería rodea y reduce a un conjunto de 13 hombres y una mujer en la localidad tucumana de Taco Ralo, el 19 de septiembre de 1968, que habían instalado un campamento base con el fin de entrenarse para establecer, un poco más al norte, en la serranías del Cochuna, una base guerrillera.
Provenían de variadas experiencias de la militancia: distintas expresiones de la Juventud Peronista; del nacionalismo que había roto con las expresiones liberales para acercarse al nacionalismo popular, relacionando cada vez más íntimamente la cuestión nacional con la social; la militancia de base cristiana, que se habían distanciado de la concepción asistencialista de la jerarquía eclesiástica, y orientaba su práctica hacia cambios más radicales de la estructura social; también, activistas del peronismo que habían ido incorporando el marxismo como herramienta de análisis, nucleados en torno a la figura y el pensamiento de John William Cooke.
Había, sin embargo, un denominador común para todos ellos: en sus distintas esferas de actuación -el barrio, la fábrica, la agrupación política- habían agotado sus prácticas. Contra los gorilas de la “Libertadora” primero; contra los patrones desarrollistas y los agentes del imperialismo, después. Contra las distintas variantes de dialoguistas e integradores, que pretendían la adecuación del peronismo al sistema de partidos liberales. Contra la burocracia política y sindical del movimiento que, funcionales al objetivo de sacarle su eje clasista al peronismo y constituirse como único negociador frente a las patronales, combatía cada vez con más dureza a toda expresión política que lo aparte de ese objetivo, llegando incluso al asesinato de militantes.
Un año después de la caída de los compañeros en Taco Ralo, la organización lanza su fase urbana, y desde la segunda mitad de 1969 hasta parte del ’71, tiene una intensa actividad guerrillera: recuperación de armas y dinero, reparto de juguetes en barrios carenciados, señalización de enemigos de la clase obrera, intervención armada en conflictos laborales. Al mismo tiempo, va creciendo en el número de militantes, y profundiza y discute internamente su línea política. Esto la lleva a ser la primera organización armada que cuestiona severamente al foquismo, en primer término, y luego –casi como consecuencia- al mismo movimiento Peronista y al Movimientismo.
En septiembre de 1971 lanza su propuesta de Alternativa Independiente, que es la de la construcción, desde la clase obrera y el pueblo peronista, de una organización revolucionaria, independiente de patrones y burócratas. A este acuerdo se llega no sin discusiones, debates y divisiones, que van a signar todo el año de 1972 y parte del ’73. Se había abierto el proceso electoral y la dictadura se retiraba, no sin dar pelea. Curtidos en la lucha antiburocrática, los militantes de las FAP saben que combatir al sistema con las mismas reglas que éste proponía, y en el terreno en que eran más fuertes, no llevaba sino a un nuevo fracaso.
El asesinato masivo de militantes, que habían concurrido a Ezeiza para recibir al General Perón, por parte de la derecha peronista, y más tarde el temible accionar de las Tres A, confirmaron esta posición que prescindía de la lucha por el control del Movimiento, para abocarse a la construcción, desde la base y con quienes habían sido el motor esencial en el desarrollo del peronismo, de una organización que les perteneciera, y que representase sus intereses: los de la clase obrera y el pueblo peronista.
En el congreso de La Falda, provincia de Córdoba, realizado en octubre de 1973, se comienza a dar forma organizativa a esta propuesta, que va a tener un importante desarrollo en Buenos Aires, Córdoba, Rosario-Santa Fe, Chaco y Tucumán, y otras provincias.
Pero una construcción de este tipo, con una diferencia cualitativa con respecto a lo hecho hasta entonces, necesita un tiempo de maduración, y justamente era ese tiempo el que faltaba en los acelerados procesos de 1974, 75 y 76. Con la muerte de Perón, se agudizan las contradicciones dentro de un modelo que mostraba claros signos de agotamiento, y las intensas y masivas luchas que da la clase obrera no logran consolidarse organizativamente, para superar el espontaneísmo y darle continuidad. Las patronales comienzan a respaldar la salida represiva, y el imperialismo ve la oportunidad para asestar el demorado golpe en la Argentina, último bastión que le faltaba en el cuadro latinoamericano.
A comienzo de 1977, con una Organización dividida y debilitada por la represión, lo que queda de la Dirección Nacional –el Negro Villaflor, Pocho Palezzesi y el Gordo Ardeti- deciden disolver las estructuras que aun se mantienen a fin de preservar para el futuro a los militantes sobrevivientes.
Raimundo Villaflor
El hombre que buscó vincular la lucha guerrillera con el movimiento obrero Raimundo Villaflor en una foto inédita.
El hombre que buscó vincular la lucha guerrillera con el movimiento obrero Raimundo Villaflor en una foto inédita.

Hace 30 años un grupo de tareas de la ESMA lo secuestraba y desaparecía.
Por Enrique Arrosagaray
Por Enrique Arrosagaray
En agosto de 1979 un grupo de tareas de la Armada Argentina que desde la Esma planificaba y ejecutaba diariamente secuestros, sesiones de tortura y asesinatos sobre la población, puso en su mira a algunos dirigentes de las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas), entre ellos a Raimundo Villaflor.
De mediana estatura, flaco, huesudo, Raimundo tenía 45 años aquel 4 de agosto cuando fue a visitar a sus padres a la casa de la calle Pasteur al 600, en Sarandí. Seguramente sabía que horas antes, en la medianoche anterior, una banda de la dictadura había allanado la casa de su hermana Josefina y se la habían llevado junto al marido, José Hazán, ahuecando paredes y levantando pisos de su morada en Villa Domínico.
"Salimos de la cocina y lo acompañé hasta la puerta de calle. Cuando cruzábamos el patio ladraban muchos perros, pero claro, qué iba a pensar uno”, contó hace mucho su padre Don Aníbal, mientras compartía con este periodista unos mates en esa misma cocina. Raimundo dio una vuelta a la manzana ya que, por prevención, había dejado la camioneta sobre una calle opuesta. En la cabina esperaban su esposa Elsa y sus dos hijas pequeñas. Los represores, numerosos y armados hasta los dientes, rodearon la camioneta y los secuestraron a todos. Horas después devolvieron a las nenas. De Raimundo y de Elsa no se supo más nada, salvo fragmentos valiosos y precarios.
Raimundo Aníbal Villaflor había nacido en Avellaneda, el 30 de marzo de 1934. Su padre fue don Aníbal Clemente Villaflor y su madre fue Josefina Gómez. Se habían casado el 4 mayo de 1933 y tuvieron otros tres hijos: Rolando, en el ’36; Clotilde, en el ’42 y Josefina, más conocida como La Negrita, en el ’51.
De chico Raimundo vivió en las barriadas de Piñeyro y Sarandí, y de muchacho estudió para técnico mecánico en la Escuela Técnica “Angel Gallardo” , construida en lo que fue la casa personal de Alberto Barceló. Trabajó en talleres y fábricas y, de alguna manera, absorbió el legado de su papá, que desde niño había sido obrero –del vidrio, de la carne, del pan, metalúrgico y del cuero– y se crió al calor de las luchas de los obreros anarquistas de la década del ’20. Esos que usaban el mecanismo de la controversia para discutir y aprender lo esencial de la lucha de clases.
Don Aníbal fue un militante obrero anarquista. Cuando en el ’44 apareció en la escena política el coronel Juan Domingo Perón, don Aníbal adhirió a su mensaje, con fervor y con espíritu crítico. Por orden de Perón y de Mercante, fue intendente de Avellaneda en entre 1946 y 1947. Este legado recibió y transformó Raimundo, a lo que sumó las charlas con su entrañable amigo Domingo El Griego Blajaquis, un hombre formado en los clásicos del marxismo, vinculado al peronismo a partir de 1955, desde su barriada de Gerli.
Raimundo fue delegado metalúrgico, participó de huelgas del sector y fue perseguido y apresado; también trabajó en la empresa Conen, en Piñeyro, que tenía su planta sobre la calle Rivadavia casi Ecuador. Justo frente a Lanera Argentina en la que su papá se recibió de dirigente sindical.
Se casó con Alicia Sánchez, una muchacha vecina, el 7 de agosto de 1958 y con ella tuvo a Graciela. La Titi, así llamaban a Alicia, sigue viviendo en Sarandí, en la calle Ramallo 288. Se separó y a inicios de los ’70, Raimundo se casó –aunque no hubo papeles– con Elsa Martínez, una uruguaya de la primera camada de militantes tupamaros, y nacieron Elsa y Laura.
Para 1966 formaba parte ya del Grupo Avellaneda, de la organización Acción Revolucionaria Peronista (ARP) –que dirigía John William Cooke–, junto a El Griego, a Juan Zalazar, Francisco Granato, Francisco Alonso, Miguel Gomar, Rolando Villaflor y Norberto Liffchitz.
Los hechos del 13 de mayo de 1966 en la confitería La Real, en el que son asesinados Blajaquis y Zalazar por la patota de Augusto Vandor y en donde cae muerto también Rosendo García, secretario general de la UOM de Avellaneda, son un hito en la vida de Raimundo: debe vivir en la clandestinidad porque lo buscan la policía y el vandorismo, aunque él no tenía ni un alfiler en la cintura. Pero a alguien había que culpar de las tres muertes y se las querían endilgar. En ese momento jugó un papel muy importante el abogado Norberto Liffschitz, que tenía su estudio en la avenida Pavón al 900. “Aún me emociona recordar el amor que Raimundo tenía por mi tío Domingo”, afirma Mirta Mantovani, sobrina de El Griego.
Pocos meses después, en diciembre de ese año, Raimundo se incorpora a un grupo de jóvenes hombres de Avellaneda y de Capital, viaja a Cuba –por gestiones de Cooke– y hace allá seis meses de instrucción política y militar, en el marco del plan general del Che Guevara en miras a la revolución latinoamericana, época en que las dictaduras pululaban impunes con descarado apoyo estadounidense. “No sabés la puntería que tenía El Negro”, cuenta Francisco Alonso, e ironiza: “Pero él sabía que yo era mejor. Una vez se puso un cigarro en la boca, se colocó de perfil y me hizo dispararle con pistola a 20 metros. Acerté. En el cigarro”.
El estallido político de los años ’68 y ’69 encontró a Raimundo en la ARP y muy vinculado a la flamante CGT de los Argentinos. En esos meses llegó a su casa de la calle Pasteur un hombre que se presentó como Rodolfo Walsh. Dijo venir de parte de Cooke y de su esposa Alicia Eguren, para charlar con él sobre los hechos de La Real. Walsh conversó muchas veces con Raimundo y con los otros sobrevivientes. Producto de esas entrevistas, Walsh reconstruyó lo ocurrido y publica parcialmente sus investigaciones en el diario de la Cgta. Meses después apareció su libro ¿Quién mató a Rosendo?, cuyo valor investigativo y literario ha crecido hasta nuestros días. El capítulo uno se llama, justamente, “Raimundo”.
En la Cgta que conducía otro Raimundo, el gráfico Ongaro, Villaflor conoció muchos militantes y vivió de cerca el proceso de radicalización de miles de argentinos. La presencia del Che en Bolivia, y su asesinato el 8 de octubre de 1967, impactó en estos miles, que en pocos meses buscaron nuevas formas de organización para enfrentar y derrocar a la dictadura.
Raimundo Villaflor no fue de los primeros que dejó la ARP para sumarse al naciente Peronismo de Base. Pero lo hizo, tal vez, para finales de 1969. Y durante su militancia, en algunos tramos formó parte de la dirección de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) junto a hombres tan valiosos como Enrique Ardeti.
Para 1979, la militancia revolucionaria había sido castigada duramente por la dictadura de Videla. Ya habían ocurrido miles de secuestros y cientos de muertes y asesinatos en enfrentamientos, verdaderos y fraguados. Las propias FAP estaban disminuidas notablemente. Militantes de la época resaltan que Raimundo fue uno de los hombres que más se esforzaron por vincular la lucha guerrillera al proceso de lucha del movimiento obrero, para no quedar como una “patrulla perdida”.Raimundo puso junto a Ardeti un local de reparación de artículos eléctricos en Florencio Varela, muy cerca de la estación de trenes. No se sabe si como fuente de ingresos para sostener a sus familias o por otro motivo, pero así llegaron al trágico agosto de 1979.
Se supo mucho tiempo después que Raimundo fue ingresado en la Esma, que fue torturado durante varios días en el sótano y luego colocado en el tercer piso del Casino de Oficiales –en Capucha–, en donde mantenían engrillados y enceguecidos a los secuestrados. Hay pocos testimonios, fragmentados, de lo que ocurrió con Raimundo dentro de su cautiverio, pero hay coincidencia en que lo asesinaron a los tres o cuatro días de haber sido secuestrado.
Su esposa Elsa fue mantenida con vida más tiempo. Al igual que su hermana Josefina, que Ardeti y que otros hombres de las FAP. Sin embargo no sobrevivieron más que algunas semanas o pocos meses. Casi todos fueron finalmente asesinados, sus cuerpos fueron escondidos y aún no han sido hallados.
(Fuente:Rdendh).
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