13 de agosto de 2009

UN CASO DE IDENTIDAD SIN MUESTRA DE SANGRE.

Alejandro Sandoval Fontana, un caso de identidad sin muestra de sangre
“A veces, necesitás que hagan el allanamiento”

Por Martina Noailles

Nieto 84. Conoció su identidad por una muestra de su cepillo de dientes.
El camino que Alejandro comenzó a andar hace algunos años fue y es, como en todos los casos de restitución de hijos de desaparecidos, tan difícil como cambiante. Primero se negó a poner su brazo para una extracción de sangre. Después, el ADN tomado de su cepillo de dientes en un allanamiento le devolvió su verdadera identidad. Hace sólo algunos meses, su apropiador, el ex miembro de inteligencia de Gendarmería Nacional, Víctor Rei, fue condenado en un juicio oral que le permitió “cerrar puertas para abrir otras”. Y hoy, aunque aún no tiene documentos que acrediten estos cambios, cuando se presenta, no duda: “Soy Alejandro Pedro Sandoval Fontana”. –¿Qué opina sobre el fallo de la Corte Suprema?
–En un primer momento yo me opuse a la extracción de sangre compulsiva, así que me hicieron dos allanamientos. En el primero, se pusieron a tomar café y se llevaron objetos limpios que ni siquiera guardaron como se debe. Después dijeron que las muestras no eran válidas y ordenaron un segundo allanamiento, con la misma gente, pero esta vez me trataron como si fuera un narcotraficante. Creo que debería armarse un organismo fuera de la Policía Federal con gente capacitada para casos especiales. Un ente que esté limpio, puro, con jóvenes que no vengan ni con odio ni con rencor. Que no te maltraten ni te falten el respeto. El problema no es que ellos vengan sino cómo vienen. Si no, de víctima pasás a ser culpable.
–¿Por qué se negó a la extracción de sangre?
–Yo viví 30 años con una familia que siempre me dijo, y yo pensé, que era mi familia. Es difícil ir en contra de ellos. A algunos chicos les cuesta menos porque fueron maltratados. Aceptan hacerse el ADN porque necesitan encontrar a su verdadera familia que los trate bien. Pero a quienes nos hicieron bien el lavado de cerebro nos cuesta aceptar la realidad. La culpa es la base del asunto. Por eso, necesitás que te hagan el allanamiento.
–¿Qué cambió cuando conoció su verdadera identidad?
–Todo. Estaría mintiendo si digo que no los quiero. Pero vas a diferenciar ciertas cosas y vas a decir te quiero, pero hasta ahí (dice y marca con su mano una línea imaginaria a medio metro de su cuerpo). Ver la verdad me liberó para poder seleccionar a quien querer. Hoy sigo queriendo a la mujer que me crió pero al hombre lo pongo al costado, porque hubo una mentira. Y al haber una mentira podés crear un vínculo pero no un verdadero amor. Cuando mi novia me decía que “la verdad nos hace libres” pensaba que estaba loca. Pero ahora le doy la razón. El derecho a la identidad es único e irrenunciable. Hoy soy libre. Puedo seguir caminando mi vida sin una piedra en mi espalda.
(Fuente:Rdendh-CD).

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