30 de noviembre de 2009

MUJICA GANÓ CON CASI EL 53 POR CIENTO.

DELIRA LA RAMBLA
Mujica ganó con casi el 53 por ciento
El presidente electo de Uruguay, José "Pepe" Mujica, obtuvo 52,99 por ciento de los votos contra 42,92 por ciento del ex mandatario Luis Alberto Lacalle en la segunda vuelta de ayer, con el 96,56 por ciento de los circuitos contabilizados.

Ayer Mujica encabezó ante una multitud el festejo por la victoria, en un escenario montado en la costanera de Montevideo.
Estos resultados corresponden al escrutinio primario, que no incluye a los votos observados (personas que votan en colegios electorales que no les corresponden), y que serán contabilizados a partir del martes. Los sufragios en blanco y anulados alcanzan el 4,08 por ciento.
De los 19 departamentos que componen el territorio uruguayo, el presidente electo se impuso sólo en cinco, pero se trata de los más grandes en cantidad de habitantes, demuestra el escrutinio oficial del balotaje de ayer.
Mujica triunfó por un amplio margen en Montevideo (59,5 por ciento contra 35,5 de Lacalle, 2,3 en blanco y 2 anulados), distrito que alberga a poco más de un millón de votantes, de un total de 2,5 millones en todo el país.
También se impuso en el segundo departamento más importante en cantidad de votantes, Canelones, con una diferencia de 57,4 a 37,8 por ciento, y completó con triunfos en Salto, Paysandú y Soriano.
Lacalle, en cambio, ganó en Florida, Lavalleja, Durazno, Cerro Largo, Treinta y Tres, Rivera, Tacuarembó, Artigas, Río Negro, Flores, Colonia, San José, Maldonado y Rocha.
El ministro de la Corte Electoral, Wilfredo Penco, dijo que se demorará al menos hasta la tarde para contabilizar el 100 por ciento de las mesas, debido a que "se trata de urnas de zonas inundadas o que fueron afectadas por una enorme tormenta anoche en el norte del país, en especial del departamento de Rivera (limítrofe con Brasil)".
Asimismo, indicó que el resultado final oficial con el escrutinio secundario estará disponible el jueves.


HABRA CAMBIOS PERO NO MUCHOS
El legado de Tabaré
Por Mercedes López San Miguel
Desde Montevideo
El gobierno de Tabaré Vázquez, el primero que rompió con la histórica alternancia en el poder de los tradicionales partidos colorado y blanco, deja como legado cambios en los indicadores socioeconómicos: la baja de la pobreza en 10 puntos –pasó del 30 al 20 por ciento–, la reducción de la indigencia del 3 al 1,5 por ciento y del desempleo que hoy ronda el 6,9 por ciento. Sin embargo, queda pendiente una mejor distribución del ingreso. Porque si bien se redujo la desigualdad, existen sectores difíciles de insertar, núcleos duros de pobreza urbana, niños que nacen pobres.
Mujica plantea un cambio en la continuidad. No pretende ser rupturista. Continuidad respecto de la política económica liderada por Danilo Astori, un técnico buen alumno del establishment que en algún momento coqueteó con un tratado de libre comercio con Estados Unidos. Continuidad con las reformas hechas en materia de salud y de educación. En cuanto a la primera, el Estado puso en marcha un sistema integrado de salud pública y mutual que cubre al grupo familiar de la persona que trabaja. En dos años y medio, el gobierno entregó 380 computadoras a chicos de primaria y ahora se pretende hacer lo mismo con la secundaria en el marco del Plan Ceibal. También, como señaló Danilo Astori a este diario, se buscará modernizar los contenidos de la enseñanza.
Mujica prometió que pondrá el acento en mejorar la situación de las capas sociales más desfavorecidas. Es el voto de los pobres una conquista relativamente nueva del Frente Amplio, ya que comenzó con Tabaré y siguió con Mujica. El votante tradicional del FA era de clase media, entre obreros y estudiantes.
Fernando Lorenzo, probable ministro de Economía, insistió a Página/12 en que se avanzó en achicar la brecha. “Se redujo el nivel de pobreza extrema, todos los indicadores mejoraron.” Y también enfatizó que este gobierno les dio un nuevo marco a las relaciones laborales, reinstalando los consejos de salario. Es un dato que la única central sindical PIT-CNT sea afín a la coalición gobernante.
Los tres políticos más populares del país son del oficialismo. Tabaré Vázquez, José Mujica y Danilo Astori. El presidente de origen socialista cuenta con una popularidad del 71 por ciento y su gobierno del 61 por ciento. La fórmula que Mujica forma con Astori ha logrado transmitir una buena química, bastante verosímil. Pero por sobre todo es el carisma de Mujica, su simpatía innegable, su hablar campechano, lo que genera empatía con los sectores populares. Ayer mismo, a la salida de votar un periodista le preguntó al viejo guerrillero tupamaro en dónde iba a dormir. “En un bulín” dijo, generando risas. Y agregó que se iba a poner a arreglar “las piecitas” de su casa para la guardia presidencial.
No menos destacable es la capacidad de movilización del Frente Amplio. En este punto, Mujica probablemente se distinga de Tabaré al potenciar que esa movilización ciudadana se plasme en ámbitos de participación ciudadana. Ya lo dijo el ex tupamaro al diario local La República, “en el contexto de un gobierno del Frente Amplio, la movilización significaría ocupar espacios en la construcción social y en la atención de problemas sociales desde las comisiones de fomento de las escuelas hasta las problemáticas de los barrios carenciados”.
En cuanto a lo que fue la difícil relación del gobierno de Vázquez con la presidencia de los Kirchner en la Argentina en torno del conflicto sobre Botnia, Mujica expresó que tendrá paciencia y voluntad política de avanzar por una solución. “Somos hermanos que nacieron de la misma placenta”, ha dicho Mujica más de una vez.


OPINION
Los orientales, el resto del Sur, el Norte
Por Mario Wainfeld

José Mujica ostenta varias peculiaridades que lo distinguen de otros presidentes de América del Sur. Es un ex guerrillero que llega al poder por vía de las urnas. Su forma de vivir y de expresarse distan mucho de la media. Su edad es bastante más avanzada que la de sus colegas o vecinos, respecto de algunos podría decirse que los separa una generación.
“Pepe” Mujica es, al unísono, un ejemplo de la continuidad y congruencia del Frente Amplio. La fórmula que integró con Danilo Astori expresa su diversidad y organicidad. La voluntad popular le concedió un apoyo muy homogéneo con el recibido hace cuatro años por el presidente saliente, Tabaré Vázquez, superando a la sumatoria bicolor de los dos añejos partidos uruguayos.
La revalidación del Frente Amplio es una buena nueva para el resto de los partidos políticos de distinto pelaje (progresistas, populistas, revolucionarios o centroizquierdistas) que conviven en este Sur. Tres características políticas auspiciosas signaron el comienzo del siglo XXI. La primera es la vigencia sincrónica de sistemas democráticos. La segunda es la carencia relativa de conflictos bélicos entre naciones de la zona. La tercera es la coexistencia de gobernantes con vocación autónoma respecto de Washington, partidarios de la intervención estatal en la economía y muy críticos del arrasador neoconservadurismo de los ’90.
Todos esos logros han sido puestos en jaque en los dos últimos años, incluyendo la primacía en las urnas de esos gobiernos frente a sus rivales de centroderecha o de derecha rancia. En un año complicado, el éxito del Frente Amplio es una buena noticia. El promedio de lo ocurrido en 2009 se medirá mejor cuando se definan las elecciones de Bolivia y de Chile pero, desde ya, fue más complicado de lo que pintaba, allá en enero, cuando asumió el presidente Barack Obama.
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Barack Obama emergió, objetivamente, como el cierre de la era Bush. El flamante presidente debutó con una gestualidad diferente, otros modales, un par de guiños al multilateralismo. Para nada “el fin de la historia” o de la lógica hegemónica de los Estados Unidos, pero sí matices sugestivos, dentro del (acotado) margen de lo posible. El discurso de asunción, su encuentro con los líderes regionales en Trinidad y Tobago a mediados de abril, los anuncios sobre Guantánamo, el deshielo con Cuba, apuntalaron un sensato optimismo en los presidentes y las cancillerías de este Sur.
El andar del tiempo melló esa imagen de Obama. Nadie soñaba con milagros, sí con un paradigma nuevo. Dos hechos centralizan el desencanto: las bases en Colombia y el golpe en Honduras. El primero es el más severo, allí medió una decisión directa e inconsulta de la Casa Blanca, muy enojosa para los mandatarios progresistas de la región, más allá del lógico enardecimiento de los vecinos de Uribe, Ecuador y Venezuela. Obama desoyó los reclamos de interlocutores relevantes, sólo le concedió a Lula una desangelada conversación telefónica. “Para colmo –reseñan empinadas voces del Palacio San Martín–, el discurso de Estados Unidos fue más brutal que el de Alvaro Uribe.” El presidente colombiano edulcoró el aceite de ricino, el Departamento de Estado informó al Congreso que la movida se vinculaba con la existencia de “gobiernos poco amistosos” en Sudamérica. De ahí al intervencionismo media una distancia muy corta, si la hay. La cumbre de la Unasur en Bariloche consiguió un comunicado lavado a fuerza de negociado. Dos encantos tiene Unasur: la diplomacia presidencial, cara a cara y la presencia de todos los países implicados. Esa fuerza incuba una debilidad, cualquiera tiene poder de veto.
La lógica consensual que prima en el organismo impidió llegar más lejos, lo que hubiera significado la ruptura con Colombia y, probablemente, con Perú.
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El desempeño de Obama en Honduras fue más ambivalente pero el saldo decepciona a los sureños. No se repitió un precedente remanido: Estados Unidos no azuzó el golpe, ni lo avaló una vez que Roberto Micheletti se encaramó en el poder. Pero le faltó fuerza y convicción para desbancar al dictador. “Si fuera gratis reponer a Manuel Zelaya, lo harían –juzgan en torno del canciller Jorge Taiana–, pero como tiene costos, se frenan.” El gasto lo hicieron Brasil, en primer lugar, Argentina y Chile. Los pronunciamientos colectivos fueron contundentes, Lula da Silva dobló la apuesta interpelando a Obama y albergando a Zelaya en la embajada en Tegucigalpa. El despliegue fue insuficiente, lo prueban las elecciones de ayer, sospechosas e inscriptas en una jornada violenta.
La Cumbre de Estoril que arranca esta mañana seguramente será sede de jornadas polémicas, con la concurrencia dividida respecto del gobierno parido en comicios amañados. Argentina, Chile y Brasil propondrán desconocerlo, posiblemente no habrá unanimidad, como anunció ayer Página/12.
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Funcionarios de alto rango de Argentina y países limítrofes atribuyen esas conductas de Obama a varios factores. Subordinación de la política exterior a la doméstica (en especial, las concesiones al ala derecha del Partido Demócrata para conseguir su apoyo a la reforma de salud), primacía del Departamento de Estado o aun el Pentágono en varias cuestiones estratégicas. Los análisis concuerdan en la enumeración, discrepan algo en las proporciones que atribuyen a cada concausa. Muchos aliados de Obama, incluida su secretaria de Estado y sus compañeros demócratas –coligen funcionarios que conocen el paño– están a su derecha y le imponen parte de la agenda. O el presidente la delega en ellos, sin más. Hillary Clinton, como su esposo, el ex presidente Bill Clinton, jamás miró mucho al Sur ni lo priorizó.
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América Central tiene sobradas diferencias con Sudamérica. La influencia cultural norteamericana, la primacía de las remesas en la economía, la monetización en dólares sólo tienen similitudes en Ecuador. Pero el golpe supuestamente soft de Honduras dista mucho de ser un caso local, no exportable como hubo tantos. Es un precedente duro de digerir, que puede generar réplicas en otras naciones. En el primer nivel del gobierno argentino se sintetiza el riesgo con un slogan: “Paraguay puede ser Honduras”. El presidente Fernando Lugo topa con una oposición despiadada, un Congreso hostil, la Corte Suprema le muestra los dientes, la gran prensa le serrucha el piso, tiene un vicepresidente (Federico Franco) que deja a Julio Cobos reducido a un poroto o a un modelo de lealtad...
La impunidad de la jugada de Micheletti y la mengua del rechazo internacional pueden avivar la codicia del establishment paraguayo, torpe y ávido como el que más. Y ya es decir. Las campanas no doblan en el patio trasero, solamente.
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Poco tiempo ha, Bolivia hubiera sido favorita para encarnar el replay de Honduras. Ese escenario se modificó, cuanto menos en el corto plazo. El presidente Evo Morales cimentó un liderazgo firme, va por una reelección arrasadora el 6 de diciembre. Morales consiguió un nivel de gobernabilidad asombroso en un país con marcas record de presidentes derrocados, inviables y efímeros. La sustentabilidad se explica por la gran legitimidad del mandatario boliviano y también por la enérgica intervención de los grandes de la región para ponerle coto a la barbarie de la rosca oligárquica de Santa Cruz de la Sierra. La reunión de Unasur en Santiago de Chile condenó, aisló y debilitó a la derecha golpista y violenta.
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Mujica ganó, Evo parece tener la reelección en el bolsillo, con nobles artes. En Chile la competencia es más reñida y, quizá, sea imposible evitar un retroceso. “A Lula y a Michelle los vamos a extrañar”, se curan en salud en la Casa Rosada y en la Cancillería. Piensan así, aun si sus delfines ganaran, lo que no parece sencillo. Para qué imaginar las tribulaciones si perdieran...
La primera vuelta chilena será el 13 de diciembre. El candidato de la Concertación, Eduardo Frei, es casi la contracara del delicado carisma de la presidenta Bachelet. Aun si ganara, todo indica que no empardaría la sensibilidad popular y el matizado progresismo de Bachelet. Claro que un triunfo del multimillonario Sebastián Piñera sería un cambio cualitativo y una regresión política mayor. Marco Enríquez Ominami es un outsider interesante, que interpela a la Concertación, resaltando sus carencias y sus desgastes.
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Cerremos con un vistazo más al Uruguay, tras una jornada dichosa para el progresismo de la región. La campaña por la segunda vuelta desnudó el rostro enardecido de Luis Alberto Lacalle, bien expresivo de su ideología. Fue macartista, brutal, rústico en sus acusaciones y en sus promesas (la “motosierra” para recortar el gasto público, todo un hallazgo). Patentizó un dato que se repite en muchas naciones sureñas. Puede discutirse si el Frente Amplio fue, en la gestión, tan de izquierda como prometió desde el llano. Pero es incuestionable que, en la concreta opción electoral, sus adversarios más competitivos están claramente a su derecha. No es ésa una originalidad uruguaya, sino más bien la tendencia prevaleciente.


TRES AñOS DE PASO INTERRUMPIDO EN GUALEGUAYCHU
El puente sigue cortado
Una familia uruguaya que viajaba hacia su país para votar denunció que fue agredida por un grupo al atravesar el piquete. Los asambleístas le restaron importancia al hecho.
Pasan los gobiernos uruguayos y el puente sigue cortado.
Imagen: Télam
Pasó el ballottage uruguayo y el puente que une a las ciudades de Gualeguaychú y Fray Bentos sigue cortado por los asambleístas que protestan contra la presencia de la pastera Botnia en la orilla oriental. En diálogo con Página/12, miembros de la asamblea entrerriana se mostraron escépticos ante las declaraciones del presidente electo uruguayo, José Mujica, de intentar resolver el conflicto: “Hasta que no se reconozca que el problema es Botnia, las expectativas son nulas”, aseguraron.
Las declaraciones se produjeron después de que una familia uruguaya que viajaba desde Argentina hacia Uruguay para votar denunciara que fue agredida por un grupo de ambientalistas, al atravesar el piquete. Los asambleístas le restaron importancia al hecho, al que calificaron como “una boludez”.
El episodio, que tuvo bastante repercusión en la prensa uruguaya, ocurrió el sábado a la tarde, cuando unas quince personas que viajaban en dos vehículos intentaron cruzar el piquete instalado en Arroyo Verde, en el kilómetro 28 de la ruta internacional 136, para votar en las elecciones presidenciales. Según denunciaron los uruguayos, allí comenzaron a ser insultados por dos asambleístas que les negaban el paso, lo que provocó el episodio. “Los señores del piquete nos agredieron, golpearon a los chicos, a mi cuñada le rompieron la nariz, y realmente vivimos momentos de gran tensión”, relató Alejandra Muller, una de las agredidas, a un sitio de noticias local. Luego de la gresca, y tras la intervención de Gendarmería, los uruguayos pudieron levantar la barrera y llegar hacia el paso fronterizo, donde radicaron una denuncia ante las autoridades argentinas. Según anunciaron a la prensa uruguaya, al retornar a Buenos Aires –donde viven–, harán otra querella ante el Juzgado Federal de Menores, porque dos de sus hijas, de 15 y 16 años, también fueron agredidas.
“Fue algo sin trascendencia, una boludez”, restó importancia un asambleísta que estuvo presente durante el episodio. “Había poca gente en el cambio de guardia, quisieron pasar y pasaron. Pero no hubo ninguna agresión”, completó su versión el activista, que no quiere dar su nombre para “no darle entidad a algo que no tiene ningún sentido”. Otro integrante de la Asamblea Ciudadana Ambiental de Guleguaychú denunció “una ofensiva contra el corte de ruta” y sostuvo: “En realidad, nosotros sentimos que nos provocan para que se generen incidentes”.
El 20 de noviembre pasado se cumplieron tres años de corte ininterrumpido del paso fronterizo Gualeguaychú-Fray Bentos. Ayer temprano por la mañana, luego de emitir su voto, José Mujica volvió a manifestarse esperanzado de que se levante el corte. El frenteamplista destacó que las relaciones bilaterales están “bien, bastante bien”, y que cree que “el libre tránsito se podría lograr”, pero, se atajó, “vamos a ver”. Consultados por Página/12, miembros de la asamblea que mantiene el bloqueo a la espera del fallo de la Corte Internacional de La Haya, que se dará a conocer en marzo, aseguraron que “mientras no se reconozca que el problema es Botnia, las expectativas son nulas”. Y concluyeron: “Los objetivos están cambiados: nosotros queremos sacar la planta y ellos sólo quieren levantar el bloqueo”.


SON LOS HOMBRES DE MAYOR CONFIANZA DE MUJICA Y SE PERFILAN COMO FUTUROS MINISTROS
Puestos clave para los tupamaros
Un gobierno encabezado por Mujica y el MPP tendrá un perfil más social. Julio Baráibar, Eduardo Bonomi y Eleuterio Fernández Huidobro son algunos de los compañeros de militancia del presidente que suenan para puestos en el gobierno.
La mística tupamara conforma el núcleo duro de la militancia que apoya a Mujica.
Por Mercedes López San Miguel
Desde Montevideo
En la casa ubicada en Tristán Narvaja 1578 se ve un cartel con grandes letras que dice: “Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros. Local central”. La fachada está pintada de los colores del Frente Amplio, blanco, azul y rojo. Adentro, unas fotografías en blanco y negro de manifestaciones de trabajadores de la caña conviven en las paredes con varios retratos de Raúl Sendic, uno de los fundadores de la guerrilla urbana que combatió en los años ’60 y ’70 en Uruguay. Una maqueta representa el recorrido de la histórica fuga de la Cárcel de Punta Carretas, cuando en 1971, 107 tupamaros y cuatro presos comunes fueron saliendo por un pequeño boquete de 50 centímetros por 60, boca de un túnel que terminaba en una casa del otro lado de la calle.
Hoy, muchos de los históricos dirigentes tupamaros que pertenecen al MPP (Movimiento de Participación Popular, una de las fuerzas que integran la coalición Frente Amplio) son los hombres de mayor confianza de Mujica y se perfilan como futuros ministros en puestos clave. El MPP, que obtuvo seis bancas en el Senado, y el Frente Líber Seregni, con cinco (entre sus referentes están Danilo Astori, Rafael Michelini y el actual vicepresidente Rodolfo Nin Novoa), serán quienes obtengan la mayor representación en el gabinete, según lo confirman a este diario altas fuentes del oficialismo.
Julio Baráibar, quien ocupa la cartera de Trabajo, probablemente siga en su cargo. Baráibar ingresó al MLN-Tupamaros en 1971 y emigró a Chile en 1972, donde residió medio año hasta que el general Augusto Pinochet diera el golpe. Estuvo preso en el Estadio Nacional de Santiago, al año fue sacado del estadio por la embajada de Suecia y emigró a este país. El senador Eduardo Bonomi, mano derecha de Mujica –dicen que es su vocero en el Palacio Legislativo– cayó preso en 1972 y fue puesto en libertad 13 años después. Hoy es candidato a ocupar el Ministerio del Interior, aunque no se descarta que pueda ser convocado a la Secretaría de la Presidencia, dado que allí Mujica necesita un gestor de suma confianza.
El senador Eleuterio Fernández Huidobro, ex tupamaro y ex MPP, actualmente líder del espacio CAPL (Corriente de Acción Pensamiento y Libertad), fue mencionado para la cartera de Defensa. Huidobro escribió entre otros textos La fuga de Punta Carretas y Memorias del calabozo, en donde narró las condiciones infrahumanas que padeció como “rehén” de la dictadura entre 1973 y 1985, junto a otros ocho compañeros, entre ellos Mujica. Pero desde hace unos días se perfila también para Defensa el diputado del CAPL Luis Rosadilla, un ex tupamaro de bajo perfil. Sea Rosadilla o sea Huidobro quien se haga cargo de las Fuerzas Armadas, no deja de ser más que simbólico.
Para Cancillería el nombre que más suena es Luis Almagro, actual embajador en China e integrante del MPP. Raúl Sendic, hijo del mítico rostro que aparece en fotografías y bustos en la casa de los tupamaros de Tristán Narvaja, seguiría como ministro de Industria y Energía. Si se creara el Ministerio de Ciencia y Tecnología podría designarse a Ricardo Ehrlich, actual intendente de Montevideo, también ex guerrillero.
Fue parte de la negociación entre Mujica y su compañero de fórmula Danilo Astori y de las condiciones que puso éste para acompañarlo, que el equipo económico quede en manos del Frente Líber Seregni, con Danilo a la cabeza. El niño mimado de Astori, Fernando Lorenzo, es quien está mejor posicionado para ocupar la cartera de Economía. También se comenta que en algunas carteras se verá representada la continuidad del gobierno de Tabaré Vázquez, el primero al que accedió el centroizquierda, en 2004.
Por lo dicho anteriormente, el enfoque más de izquierda no estará dado tanto por la política económica como por las iniciativas que se propongan y lleven a cabo en los ministerios. Aún más, fuentes importantes del FA aclaran que en el gobierno habrá representación de todas las fuerzas políticas que lo componen. Y que Mujica pretende reunirse con la oposición el 5 de diciembre para plantearle participación en el gobierno en los entes públicos. Es altamente probable un gabinete multipartidario siempre y cuando los blancos acepten la dirección de algún ente.
El analista Gerardo Caetano, profesor en la Universidad de la República. señala que un gobierno del Frente Amplio encabezado por Mujica y el MPP tendrá un perfil más social. “Mujica tiene que marcar su distinción respecto de Tabaré Vázquez y profundizar los aspectos sociales, por ejemplo, avanzar con el problema de la vivienda para los sectores más necesitados. En política exterior, va a consolidar una apuesta pro integracionista, pero una integración que sea crítica desde adentro del Mercosur.” Para Ignacio Zuasnabar, director de Equipos Mori, la construcción política del Frente Amplio desde su fundación en 1971 es superior a la influencia de determinada corriente. “Las figuras de Astori y Tabaré hacen contrapeso a los máximos referentes del MLN. Sin embargo, el programa del FA estará corrido más a la izquierda, pero un poco, no creo que se impulsen nacionalizaciones de los recursos ni una expropiación de las tierras. En política exterior es probable que el gobierno de Mujica dé alguna señal simbólica favorable a Venezuela.” Dijo Mujica en una entrevista: “Antes luchaba por cambiar el mundo, ahora lucho por cambiar la vereda. Nunca está la tarea lograda”. El veterano dirigente tiene quien lo acompañe.


OPINION
Una victoria inscripta en una historia

Por Gabriel Puricelli *
Ante la elección de José Mujica y Danilo Astori es necesario rechazar cualquier análisis que descarte con suficiencia la importancia de ponerlas en perspectiva histórica y se contente con sentenciar que “estaba cantada”. Por el contrario, el triunfo frenteamplista representa la superación de una valla más en la construcción de la coalición de izquierdas: la de hacer que el ejercicio del gobierno no se tradujera en desencanto y lograr que dos de sus dirigentes fueran sucedidos por otros al frente de la democracia oriental. El ciclo electoral de este año sometió al Frente Amplio a un test más exigente que el que afrontaron en su momento sus familiares ideológicos, apoyados por alianzas electorales y de gobierno que van más allá del centroizquierda, en Brasil (donde la Constitución le permitió a Lula sucederse a sí mismo) y en Chile (donde Michelle Bachelet llegó como la tercera socialista a ocupar La Moneda). Estudiando la trayectoria de casi cuatro décadas de la fuerza fundada por Líber Seregni, se podría arriesgar que el único desafío que le queda por acometer es el de pasar la consigna a un futuro candidato que inevitablemente no será parte de la generación de los fundadores de la fuerza.
Los méritos del gobierno de Tabaré Vázquez (en el que, no lo olvidemos, Mujica y Astori ocuparon ministerios importantísimos) son muchos, pero tal vez haya un aspecto que haya sido indispensable para perfeccionar la imbricación de la identidad frenteamplista con el ethos uruguayo, si se nos permite hablar de tal: la mejora de los niveles de igualdad social en un país que había perdido hace medio siglo la capacidad de promoverla. Uruguay se había asomado a la posibilidad material del igualitarismo de manera precoz bajo el gobierno de José Batlle y Ordóñez (otro Pepe al que le tocara ejercer la presidencia), pero tenía inscripta en sus genes esa aspiración desde la gesta independentista, que tuvo en el general Artigas al libertador más preocupado por la justicia social que diera su generación. Los correligionarios colorados del Pepe Batlle se encargaron de archivar su proyecto y los blancos a los que les tocó gobernar (a los mejores una historia perversa les negaría esa posibilidad) actuaron del mismo modo. En ese sentido se puede decir (con un trazo grueso que tal vez conlleve alguna injusticia) que la segunda mitad del siglo XX uruguayo fue la de la constitución de ese “Partido Rosado” que no le pudo hacer frente ayer a la mayoría que decidió votar por sus mejores tradiciones, plebiscitando al gran partido más joven del país.
La política uruguaya no puede ser declinada en clave argentina, pero sería un exceso de esnobismo omitir el empeño puesto por el derrotado Luis Lacalle en ser el Carlos Menem uruguayo. En una campaña que lo vio arrancar ya debilitado, no sólo por su segundo puesto en la primera vuelta sino por haberle hecho perder al Partido Nacional muchísimos parlamentarios, sólo echó mano del miedo como latiguillo y desempolvó un macartismo que ni siquiera tuvo la elegancia estilística del que es marca registrada del también ex presidente Julio María Sanguinetti. A contramano del nuevo consenso latinoamericano que, con matices marcadísimos, reivindica la utilidad del Estado para dinamizar la economía, Lacalle insistió en su fe neoliberal y remató su peripecia con propuestas de “mayor represión”.
Mujica y Astori tienen un desafío enorme por delante, pero reciben una herencia de buen gobierno que los pone en carrera con impulso. El definitivo eclipse de Lacalle en el Partido Nacional y la reflexión que se impone entre los colorados con respecto a la conveniencia de decolorarse en una excesiva intimidad con los blancos los ayudarán sin dudas a encarar la nueva etapa sin necesidad de preocuparse por un buen tiempo por sus adversarios.
* Co-coordinador del Programa de Política Internacional, Laboratorio de Políticas Públicas


OPINION
Un triunfo importante
Por Atilio A. Boron

Más allá del necesario debate en torno de los logros y las asignaturas pendientes del primer gobierno del Frente Amplio, el cómodo triunfo de José “Pepe” Mujica en las elecciones de ayer aporta una brisa de aire fresco sobre las democracias latinoamericanas. En primer lugar, porque se derrota sin atenuantes a una derecha radical que soñaba con retornar a los dorados ’90 del Consenso de Washington. Segundo, porque en un continente considerado como el “patio trasero” de la hegemonía imperial y tradicional baluarte de una reacción alimentada por siglos de sujeción colonial, el solo hecho de que un gobierno de izquierda sea ratificado luego de cinco años en el poder constituye de por sí un dato muy alentador. Tercero, porque la voluntad expresada por los orientales marca un límite a la renacida política imperial de convalidar golpes militares y legitimarlos post-festum por la vía de elecciones fraudulentas como las que ayer mismo tuvieron lugar en Honduras. Cuarto, porque ante las preocupantes perspectivas de una derrota de los (excesivamente) moderados gobiernos de centroizquierda en países como Chile y Brasil y su reemplazo por la derecha –pinochetista en el caso de Chile y un tanto más moderada en Brasil–, la continuidad del Frente Amplio en el poder contribuye a sostener un espacio de diálogos y acuerdos con gobiernos como los de Venezuela, Bolivia y Ecuador, empeñados en procesos de cambio mucho más profundos y resistidos por el imperio. Son cuatro buenas razones para celebrar las noticias que llegan a través del Río de la Plata.
No obstante, convendría evitar la desmesura en la celebración. Algunos avances sociales producidos bajo el gobierno de Tabaré Vázquez son incuestionables: negociación salarial, reformas en el sector salud y en la educación, moderados logros en el combate a la pobreza. No son poca cosa, sobre todo cuando se los mira desde esta orilla. Pero los déficit no son menos importantes: el modelo de crecimiento sigue siendo de inspiración neoliberal y gira en torno de la exportación de pulpa de papel y soja, dos actividades profundamente predatorias del medio ambiente y destinadas a generar gravísimos problemas de sustentabilidad a largo plazo. Al igual que en la Argentina, la extranjerización de la tierra avanzó de la mano del agronegocio, agudizando la dependencia externa, el monocultivo y el éxodo rural. En otras cuestiones, la derrota sufrida en el plebiscito en que se proponía anular la Ley de Caducidad (que consagra la impunidad de los crímenes de Estado cometidos por la dictadura) y el solipsista veto de Tabaré Vázquez a la ley que despenalizaba el aborto (apoyada por los 69 legisladores de izquierda que en el Senado y en Diputados y rechazada por blancos y colorados) dejan abiertos importantes flancos que seguramente serán aprovechados por la derecha para su fortalecimiento político, cosa que será sin duda muy negativa para la implementación de la renovada agenda de reformas sociales que muchos uruguayos esperan de Mujica. No serán pocos los obstáculos a vencer, el menor de los cuales no habrá de ser la resistencia de un sector del FA que ha sido ganada por la prédica neoliberal. Max Weber dijo que sólo se consigue lo posible si se insiste en lograr lo imposible una y otra vez. Se requiere, eso sí, una buena dosis de voluntad política. El tiempo dirá si Mujica la posee.


OPINION
Enseñanzas frenteamplistas
Por Washington Uranga

Pocas comparaciones son válidas, sobre todo cuando se trata de política. Cada realidad encierra tal cantidad de particularidades que se hace sumamente difícil equiparar. Es necesario siempre el análisis circunstanciado, minucioso y atento para comprender la complejidad de la trama, la densidad de la misma. Tampoco tiene sentido señalar ejemplaridades. No cuentan tampoco en este caso. Pero sí vale la pena observar todos los escenarios para extraer, de cada una de ellas, los aprendizajes que puedan ser útiles para las propias prácticas. Y la historia política actual del Uruguay presenta algunas situaciones de las que es posible tomar enseñanzas.
El segundo mandato del Frente Amplio es el resultado de la perseverancia política y de la coherencia. La misma que tuvo la coalición para edificarse durante casi tres décadas en condiciones adversas. Fue una paciente y muchas veces conflictiva tarea de cimentación. Con muchos aciertos y sembrada también de errores, como admiten los propios dirigentes frenteamplistas. Con una fortaleza: la construcción colectiva y la dinámica de participación de las diferentes corrientes internas que contribuyen a mejorar las propuestas y a rectificar rumbos a partir del análisis colectivo. Por eso, más allá de los liderazgos individuales (que existen y se valoran) lo importante es la fuerza política. “El Frente Amplio gobierna, no es sólo una persona”, le dijo Eduardo Bonomi, el seguro ministro del Interior de José Mujica, a Página/12. Allí radica una de las fortalezas de las que se puede tomar enseñanza.
La otra está relacionada con el concepto de unidad que se maneja. Seguramente por la propia génesis de la coalición política que se nutrió de fuentes tan diversas como el Partido Comunista, los tupamaros y la Democracia Cristiana, los frenteamplistas uruguayos han aprendido que unidad es muy distinto de unanimidad. La unidad se construye en la diferencia, en el debate político, y se ejerce en la disciplina de la organización una vez que las decisiones han sido tomadas de forma participativa y asamblearia. Mujica y Astori son diferentes y, ante algunos temas, sus posiciones ni siquiera pueden considerarse complementarias. Tienen ideas distintas. Pero los lineamientos políticos, con incidencia de ambos, los sigue fijando el Frente Amplio a través de sus órganos deliberativos y de decisión.
Son apenas dos de las enseñanzas que se pueden tomar de este momento político uruguayo. Lo que no indica que no queden saldos negativos o cuentas pendientes. Entre ellas –por cierto la más importante– la continuidad de la ley de caducidad, iniciativa derrotada en dos plebiscitos y por cuya anulación el Frente Amplio no pudo, no quiso o no supo trabajar.

OPINION
Bajo una misma bandera
Por Mario Toer

Desde la salida de Colonia, hasta llegar a Montevideo, ya en las primeras horas del domingo, la larga caravana de ómnibus que llevaba millares de uruguayos a votar se abría paso lentamente en todos los poblados entre otros muchos miles de compatriotas que les daban la bienvenida, familias enteras con las banderas tricolor del Frente.
Desde la ventanilla del ómnibus la única sensación compatible era que formábamos parte de la selección de fútbol que retornaba tras obtener un Mundial. ¿Cómo podía ser que toda esa euforia fuera tricolor? ¿Acaso no competían dos candidatos con pretensiones de acercarse a la mitad de los votos? Sin duda los “blancos” no tenían disposición para festejar. Y no tanto porque los pronósticos les fuesen adversos. Sus votantes eran reclutados por el miedo. El despliegue de los más antiguos temores con los que la derecha, aquí y en todas partes, convoca a quienes aún encuentran prisioneros de antiguas leyendas de sometimiento, no suelen ganar las calles para celebrar. Entre el mar tricolor, alguna bandera aislada que llamaba a votar “por la vida”, pendía en los altos de un edificio y recordaba con esta retórica siniestra, que los candidatos eran dos.
La fiesta anticipada y la que estalló al conocerse las encuestas de boca de urna también conmovían nuestra sensibilidad de argentinos. ¿Cómo puede ser que un Frente Amplio y diverso convoque entusiasmo y pasión? Hay quienes dicen que no fue sólo la vocación unitaria de los fundadores de los setenta. Señalan que la ley de lemas con la que colorados y blancos se repartían el país obligó a las izquierdas a reunirse para empezar a constituirse en terceros en discordia. Y que así fueron sumando jirones de los dos partidos históricos. ¿Podrá servir en nuestro país la reforma política para que confluyan dispersos transversales con lo mejor de las tradiciones nacional populares del PJ, socialistas y aun de la UCR?
Está por verse. Las normas jurídicas pueden ayudar. Pero si falta la vocación unitaria difícilmente podremos los argentinos gestar una nueva identidad, tratar de inundar las calles con banderas y cantos de unidad.
(Fuente:Pagina12).



Habemus Pepe: ayer alumbró la década progresista

El FA ganó en 5 y creció en los 19 departamentos

Al cierre de nuestra edición, a las 4 de la madrugada, la Corte Electoral llevaba escrutados un 96,5% de los circuitos. La fórmula del Frente Amplio, José Mujica y Danilo Astori, obtenía el 53% y la del Partido Nacional,
Luis Alberto Lacalle y Jorge Larrañaga, 42,92%. La diferencia en votos era de 219.816, sin contar los observados.
A las 4 de la madrugada de hoy, la Corte Electoral había terminado el escrutinio primario en 14 departamentos. De los cinco que restaban el más retrasado era Rivera, que sólo había escrutado el 10,82% de los votos, por problemas climáticos y de corte de energía. Los cuatro restantes tenían el escrutinio muy avanzado: Canelones, Artigas, Salto y Tacuarembó.
El Frente Amplio obtenía 1.155.635 votos y el Partido Nacional 935.819 votos. Los votos en blanco ascendieron a 49.983 y los anulados a 39.028. En total los votos blancos y anulados alcanzaron el 4,08%. Mientras los observados se situaban en los 32.319 sufragios.
El porcentaje de votación se situaba en el 86% restando aún un 4% de circuitos por escrutar, lo que hace estimar que será muy similar al registrado en la primera vuelta, a pesar de las inclemencias del tiempo de la jornada de ayer.
El Frente Amplio superó en 5 departamentos a la suma de blancos y colorados: Montevideo, Canelones, Salto, Paysandú y Soriano. En Montevideo y Canelones el FA rozaba el 60% de las adhesiones.
Adicionalmente, en Rocha, San José y Cerro Largo la diferencia fue mínima.
Crecimiento en un mes
Por otra parte, el Frente Amplio incrementó más de 60 mil votos su caudal electoral obtenido en la primera vuelta del mes de octubre. El FA incrementó su votación en los 19 departamentos respecto a la primera vuelta, verificándose los aumentos más importantes en Paysandú (+9,34%), Maldonado (5,49%), Río Negro (5,3%), Soriano (5,07%) y también Flores (7.34%).


Saludo. "Felicitaciones Presidente, felicitaciones Pepe querido"
Vázquez saludó a Mujica y a Astori, y a la multitud del FA
El presidente de la República, Tabaré Vázquez, y el presidente y vicepresidente electos, José Mujica y Danilo Astori, se fundieron anoche en un fraternal y prolongado abrazo en las instalaciones del Hotel NH Columbia, sede de la fórmula presidencial frenteamplista, minutos después de conocerse los resultados primarios del balotaje y también en el estrado que se levantó en el lugar.
"Felicitaciones Presidente, felicitaciones Pepe querido, mi querido compañero", le dijo Vázquez a Mujica. Emocionado, Mujica lo miró antes de abrazarlo y le respondió: "Gracias a vos, querido hermano, gracias a vos".
Las tres figuras políticas que recogen el mayor respaldo popular en Uruguay volvieron a encontrarse anoche, pero en una circunstancia diferente, ante un nuevo y consecutivo triunfo electoral de la izquierda y rodeados por una colorida y eufórica multitud de frenteamplistas a la cual no pudo amilanar la torrencial lluvia.
"Festejen uruguayos". El presidente de la República, Tabaré Vázuquez, y el presidente electo José Mujica, saludan a los dirigentes del FA en el NH Columbia; minutos después y bajo lluvia serían ovacionados por una multitud.
Las tres figuras políticas que recogen el mayor respaldo popular en Uruguay volvieron a encontrarse anoche, pero en una circunstancia diferente, ante un nuevo y consecutivo triunfo electoral de la izquierda y rodeados por una colorida y eufórica multitud de frenteamplistas a la cual no pudo amilanar la torrencial lluvia.
Tal como lo había prometido el presidente Vázquez el lunes 23 de noviembre durante un Consejo de Ministros, concurrió personalmente a saludar al presidente electo, quien finalmente resultó ser Mujica, como lo preveían todas las encuestas del país.
Se trató de la primera vez en la historia reciente de Uruguay que un presidente concurrió a saludar a un mandatario electo, hecho con el cual Vázquez había asegurado que no estaría infringiendo la Constitución de la República.
Luego de cumplir con su deber cívico a la hora 8.30 de ayer en el Colegio Divina Providencia, en su barrio natal de La Teja, Vázquez vivió la jornada de balotaje en su residencia particular en la calle Buschental, en El Prado.
En horas de la tarde el máximo mandatario siguió el desarrollo de los comicios a través de los medios de comunicación y recibió telefónicamente los informes sobre la marcha de las elecciones y los resultados primarios de parte del presidente del Frente Amplio, Jorge Brovetto.
Apenas se conocieron los resultados primarios, Vázquez partió desde su domicilio particular junto a su esposa, María Auxiliadora, rumbo al baluarte donde se encontraba la fórmula presidencial del Frente Amplio.
Vázquez se aproximó a su vehículo a la hora 20.39. En ese momento realizó comentarios a la prensa, la cual estaba apostada en el lugar.
El mandatario le agradeció a todo el pueblo uruguayo por la "magnífica fiesta cívica" que se vivió durante toda la jornada de ayer, la cual se desarrollo "con normalidad en todo el territorio nacional, con respeto y tolerancia, demostrando que los uruguayos somos un pueblo muy especial en este contexto latinoamericano y en el mundo, y así se nos reconoce".
"Las felicitaciones para el pueblo uruguayo. También quiero agradecer todas las muestras de afecto y cariño que hemos recogido a lo largo y ancho de todo el país, y mañana para el gobierno actual comienza otra jornada de trabajo y seguramente para el país se inicia una nueva etapa en la cual todos los uruguayos nos tenemos que encontrar para trabajar juntos y lograr mejores condiciones de vida, lo que se puede y tenemos que alcanzar entre todos", reflexionó Vázquez.
Se refirió a Mujica como su "querido compañero y amigo", con quien trabajo desde hace muchos años, "muchísimos años, más de los que la gente piensa, y por quien tengo un gran cariño, aunque también hemos tenido alguna divergencia, las que son normales en la vida política".
Al ser consultado sobre cuál pudo haber sido su responsabilidad en el nuevo triunfo de la izquierda, respondió que fue ­porque así lo quisieron los uruguayos­ "conducir los destinos del país hasta el 28 de febrero de 2010, y con calma, respeto y tolerancia acompañar a todos los uruguayos en lo que debe ser un festejo general, más allá de quién haya obtenido la próxima presidencia de la República".
"¡Festejen!, pero no con un criterio partidario sino de presidente de un país y por esta muestra de respeto, tolerancia, demostración cívica y democracia que vivimos como pocos países del mundo", añadió el mandatario. A la vez remarcó que el triunfo de Mujica es el "triunfo de todos los uruguayos".
Por otro lado, dijo que también se comunicó telefónicamente con el candidato opositor al gobierno, Luís Alberto Lacalle, a quien le envió un abrazo. "Yo también estuve en la situación en la que él está ahora y creo comprender los momentos que debe estar viviendo y le he dicho que cuando tengamos pronto el material de la transición, que estará escrito, se lo remitiré a él y a todos los partidos políticos".
Vázquez, acompañado de su esposa, arribó emocionado al NH Columbia a la hora 20.58, rodeado por una multitud que lo aclamaba.
Al ingresar a la sede electoral de la fórmula de la izquierda para expresar su saludo, Vázquez se fundió en un emocionado y prolongado abrazo con Mujica y Astori, con sus respectivas esposas, Lucía Topolansky y Claudia Hugo, y con el presidente del Frente Amplio, Jorge Brovetto.
Luego la fórmula y Vázquez mantuvieron una breve conversación y posteriormente ascendieron al estrado que se levantó en la rambla montevideana rodeado por una multitud exultante.
En ese momento se desató una fuerte lluvia que no pudo intimidar a la multitud presente. Vázquez se abrazó nuevamente a la fórmula ante la ovación del público presente y permaneció en el estrado durante todo la parte oratoria, tanto de Astori como de Mujica, en medio de una lluvia torrencial.
El primer acto oficial de Vázquez y Mujica será durante la próxima Cumbre de presidentes del Mercosur, que se desarrollará en Montevideo el 8 de diciembre, a la cual asistirán el mandatario saliente y el entrante.
Pero la jornada de ayer marcó el encuentro de tres políticos que según las encuestas cuentan con el mayor respaldo popular.
Según los últimos sondeos de opinión pública, correspondientes a noviembre, realizados por Equipos Mori, la popularidad de Vázquez se ubicó en un 71%, convirtiéndose en el político que ha recogido el mayor apoyo desde la recuperación democrática en 1985.
Vázquez ya había saludado públicamente a Mujica el lunes 19 de octubre en el marco del arribo a Montevideo del velero escuela "Capitán Miranda".
El segundo encuentro público entre ambos se dio durante la inauguración del Parque "General Líber Seregni" en el corazón del Cordón.
(Fuente:Larepublica).

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