3 de diciembre de 2009

LA DERECHA POLICIAL.

LA ARENA
El escándalo de espionajes que se le destapó al jefe del gobierno porteño le ha mostrado al país la cara oscura de quien estaba siendo presentado como el candidato ideal de la derecha vernácula para enfrentar al kirchnerismo en 2011. Las escuchas de teléfonos a todo el arco opositor político, a testigos del caso AMIA, a gremialistas y hasta a un cuñado indeseable para el clan Macri, lo apuntan como el responsable directo de semejante conducta delictiva. No sólo porque él es el único que se salvó en una operación donde la propia presidenta y su esposo figuraban como posibles víctimas, sino además porque fueron manejadas y puestas en marcha por su hombre de confianza en cuestiones de seguridad en las empresas del grupo familiar y en su paso por Boca Juniors.
El hoy detenido había sido nombrado jefe de la aún neonata policía metropolitana pese a las advertencias y denuncias de las fuerzas políticas y organizaciones de derechos humanos que recordaron su prontuario. Macri siguió adelante con el nombramiento del cuestionado ex jefe policial pese a las grabaciones donde se constató su conexión con los reducidores de automóviles robados, a su papel en la causa Amia y a los intentos de chantaje que lo presentaban como un personaje a todas luces más ligado con lo que la policía debe combatir que con la conducción de una fuerza que se presentaba como un "modelo" a seguir.
Si el caso no le ha costado la cabeza al jefe de la ciudad de Buenos Aires es porque lo sostiene el lobby empresarial mediático. Los medios monopólicos del país solo informaron del caso en la tapa cuando la intriga de la policía metropolitana tomó ribetes que no podían ser disimulados. El gran monopolio argentino no dio trascendencia a las denuncias contra el comisario antes de su nombramiento, no puso gravedad en la noticia del nombramiento de ese jefe y ocultó las escuchas cuando ya en otros medios hacía días que se habían desnudado como uno de los casos de espionaje más graves en la historia política del país.
Pese a todas las evidencias que lo señalan como el jefe de la maniobra de espionaje, Macri salió públicamente con una descabellada teoría conspirativa que intentaba endilgar las acciones de su comisario de confianza a un ministro nacional. Esa coartada fue apoyada profusamente en sus medios aliados que le hicieron un reportaje dominical donde lo presentaban como una víctima inocente de una conjura.
El caso sirve para confirmar una constante en la historia argentina: la forma en que la derecha siempre ha tratado de dotarse de un cuerpo armado que le sirva como elemento represivo de protestas sociales y de garrote en la aplicación de sus políticas antipopulares. Pero también para verificar hasta dónde la formación militar de esas fuerzas es funcional a un esquema donde los que allí ingresan pierden su ciudadanía y la subordinan a un concepto militar de la autoridad y el poder que les permite actuar contra la ley y la constitución.
Esa militarización de la policía, que es un cuerpo civil, es uno de los resabios más peligrosos de nuestro pasado golpista, militarista, represivo. La policía militar que Macri creó dentro de la ciudad de Buenos Aires era el molde adecuado a una forma de encarar la tarea policial que se emparenta con las peores prácticas de inteligencia-represión-supresión que ha estado presente en los peores momentos del país y no ha sido erradicada aún. Así fue posible que fuera un foco de espías.
El caso refuerza así la urgente necesidad de desmilitarizar todas las policías y transformarlas en organismo definidos por sus rol dentro de una sociedad democrática donde sus integrantes conserven sus derechos de ciudadanos y puedan discernir, sin peligro para su estabilidad laboral, la legalidad y constitucionalidad de sus actividades policiales.
Foto: Argentina, Política - Mauricio Macri, Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. / Autor: ARTEMISA NOTICIAS
(Fuente:Argenpress).

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