LA MINGA - PRENSA RED
A propósito del estallido social del 19 y 20 de diciembre que se llevó puesto a Fernando de la Rúa, y el poco y casi nulo recordatorio por parte de los medios de comunicación, trabajadores de la Minga interpelan. ¿Habremos nacido flojos para el recuerdo necesario los argentinos y las argentinas? ¿Los dioses nos habrán parido con los ojos entorpecidos al pasado?.
¿Qué duele más, el recuerdo o el olvido? De seguro algunos recuerdos duelan más que su olvido, pero los recuerdos nos fortalecen y los olvidos nos traicionan.
Los árboles crecen por el recuerdo de cómo sus abuelos encontraron alimentos, incluso sin moverse demasiados. Las hormigas se hicieron invencibles por sus recuerdos de cómo pervivir en un mundo de gigantes, y hasta el agua es eterna en su recuerdo de haber mojado a tantos dioses.
Pero nuestro pueblo amaneció el viernes y el sábado sin su memoria ardida del dos mil uno.
Repasamos los principales diarios, y nada. Pero nada! En las radios poquito y nada, en la tele nada. Ni títulos pequeños, ni palabras claves, ni zapping de la historia más reciente e influyente de nuestro pueblo.
Pasó un diecinueve con su veinte de diciembre, y nosotros y nosotras tan nada.
¿Que habrá sido de aquellos 19 y 20 de diciembre de 2001 para que pueda olvidarse, pasarse por menos, ser más chiquito que los logros de Messi para los periódicos y para el pueblo argentino?
Las mingueras y los mingueros nos sacudimos el olvido, en la memoria activa de éste y cada 19 y 20 de diciembre, en la genética de sabernos semilla de aquellos días, y con el grito saludable por trazar las relaciones con lo que nos pasa hoy.
Recordar aquel “que se vayan todos”, las broncas de las cacerolas, nosotros asesinados 38 veces. En el nudo de una Argentina nueva, un helicóptero con la cola entre las patas, cinco fugaces presidentes pasándose las papas calientes de mando en mando, la plaza vuelta a ser el espacio donde los pueblos definen su libertad, y un pincel de sangre pintando el final de una década de saqueos a nuestro país que tiene nombres y apellidos que no podemos ni debemos olvidar.
Carlos Menem, Domingo Cavallo, María Julia Alzogaray, Duhalde, los Corach, los Coan, timoneando la bestia a nivel nacional, y en las provincias los De la Sota , los Reutemann, los Saadi, los Saa, los Kirchner, los Romero, entre un ejército de activistas de un mismo proyecto: el neoliberalismo.
Este sistema político, cuyos principales ponzoñas fueron el vaciamiento del país, la instalación de una economía devaluadora y financista, la destrucción de nuestras fuerzas productivas, la tinellización de la cultura, y una orgía de poderes e intereses multinacionales, nos dejó en un pozo hediondo del que nos costará generaciones salir.
Corrupción, desocupación, injusticias, el uno a uno, la bicicleta financiera, los atentados y los crímenes irresueltos, las privatizaciones y la rifatización de la estructura energética y productiva nacional, el indulto a los genocidas, la desocupación y el hambre, la pobreza más lúcida que nunca, y la pisa con champagne, todo elevado a su máxima obscenidad, violentándonos la vida y el futuro, todo, tuvo su 19 y 20 de diciembre.
El pueblo encontrado en el pueblo, recordándose Belgrano, Moreno, San Martín, reconociéndose Azurduy, Guevara, Tosco, habitado de nuestra herencia de lucha, inventamos los piquetes, tramando una nueva identidad de piqueteros de las rutas y la historia, y la bronca partió nuevamente el tiempo pedazos posibles.
Para mal de los males, nos alimentamos de otras luchas de hermanos y hermanas latinoamericanas de aquellos años de hartazgo y saqueo. Porque los latinoamericanos somos un único pueblo, y cuando lucha uno, el que le sigue lucha acompañado. En aquel final de los noventa, hubo 19 y 20 de diciembre en Bolivia, en Venezuela, en Chile, en Perú, en México, y siguió habiendo en Honduras y Nicaragua, en Ecuador, en Uruguay, en Brasil y Colombia, y siempre lo habrá, porque todos los pueblos del continente, que somos uno, estamos hechos de liberación, y el neoliberalismo era y será lo contrario, como el capitalismo, su vena vital.
Dos mil uno, de asambleas populares, barriales, ciudadanas, de la dignidad campesino-indígena, de los traidores que no podían usar las calles, del país posible, de la democracia participativa, que tanto nutre hoy nuestras organizaciones y el horizonte político hacia donde vamos, donde cabemos todos.
Y cuando el pueblo se reconoció pueblo, sus negreros, los no-pueblo, debieron ocultarse o disfrazarse para esperar que la historia les permitiera reusar sus propios nombres, así hibernaron los Macri, los Solá, la Sociedad Rural , los menemistas, los delaruistas, los duhaldistas, los neustadistas, los capitalistas del vaso que se derrama.
Ocho diciembres después, estos nombres no solo han reaparecido y tienen votos de confianza, sino que construyen una propuesta política tan de derecha y neoliberal como la historia no la soportaría, que hoy asoman con fuerza al mañana de nuestra tierra.
¿Cuán lejos estamos hoy de aquel 19 y 20 de diciembre de 2001?, ¿qué olvido será éste que pueda alumbrarnos un mundo mejor?, ¿estará guardada en nuestra sangre aquellos días, esperando el momento de hacerse mandato? ¿cuánto 19 y 20 se hizo gobierno popular?, ¿la historia que torcimos se estará enderezando?
Desde diciembre de dos mil uno a hoy, las cacerolas fueron otra vez a las calles, pero en pedidos a contramano de aquellos, hubo cortes pero sin trabajadores ni desocupados, hubo amenazas televisadas para “que se vayan todos” pero no eran del pueblo.
Está todo tan difuso acá abajo, tan mezclado, que el progreso merecido hoy nos envenena y desaloja, que el trabajo ganado sigue siendo pobreza y exclusión, que las riquezas nunca dejaron de repartirse entre los no-pueblo, que la intolerancia de las clases poderosas ha vuelto a ser discurso naturalizado, y nosotros, pueblo, claro pueblo, señalados a dedo como vagos, sospechosos, fundamentalistas, portadores del rostro de la tierra, resbalamos en el lujo de olvidar.
Nosotras y nosotros, los organizados, los que nos bautizamos en el mandato del 19 y 20 de diciembre, los que trabajamos con las manos callosas de aquellos nuestros piquetes, tenemos muy en claro, que mientras haya capitalismo habrá 19 y 20 de diciembre, porque el capitalismo y sus formas son el revés de nuestra libertad, y nosotros seguiremos viviendo nuestro 19 y 20 de diciembre de 2001 desde el mundo que proponemos y construimos, porque será la justicia social o el capitalismo, la memoria popular o el capitalismo, la belleza de nuestros territorios y nuestras relaciones o el capitalismo.
Lo que no cambió: el poder del país sigue en manos de intereses privados, empresadores de acá y de todos lados. Pero, también ha mejorado mucho desde 2001. Mucho hemos crecido como pueblo organizado, y mucho quizás hemos errado la memoria, pero nos queda una deuda aún insalvada con la sangre de nuestros muertos: la de construir un sistema político propio, inclusivo, justo, y bello, desde las bases sociales, y en armonía con nuestra América.
Nos comprometimos hace ocho años, hace tres décadas, hace cinco siglos.
En memoria de nuestros 19 y 20 de diciembre de 2001.
La Minga:
Trabajadores y trabajadoras de la Cooperativa de Trabajo La Minga Oncativo – Diciembre 2009
(Fuente:Argenpress).
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