UNA MULTITUD COLMO LA PLAZA DE MAYO EN EL ACTO CENTRAL POR EL DIA NACIONAL DE LA MEMORIA, POR LA VERDAD Y LA JUSTICIA


Con pedido para que se aceleren los juicios
Decenas de miles de personas se manifestaron en todo el país. En el acto central, Madres y Abuelas destacaron ante una multitud que desbordaba la Plaza de Mayo la necesidad de que todos los represores respondan ante la Justicia.
Decenas de miles de personas se manifestaron en todo el país. En el acto central, Madres y Abuelas destacaron ante una multitud que desbordaba la Plaza de Mayo la necesidad de que todos los represores respondan ante la Justicia.

La titular de Abuelas, Estela Carlotto, leyó el documento que prepararon los organismos de derechos humanos.
Imagen: Pablo Piovano
Imagen: Pablo Piovano
Por Diego Martínez
A dos meses del bicentenario, con ocho juicios en curso y centenares de imputados por crímenes de lesa humanidad a la espera de ser sometidos a proceso, decenas de miles de personas marcharon en todo el país para repudiar el último golpe de Estado, del que se cumplieron ayer treinta y cuatro años. El acto central para conmemorar el Día Nacional de la Memoria, por la Verdad y la Justicia se desarrolló en la Plaza de Mayo, a la que decenas de Abuelas y Madres rejuvenecidas por las buenas nuevas de los últimos años ingresaron portando una bandera interminable con los rostros de miles de desaparecidos. Los organismos de derechos humanos históricos leyeron un documento consensuado en el que celebraron las conquistas pero también recordaron que “la dictadura se hizo entre muchos, militares y civiles al servicio del exterminio y la apropiación de niños”, y reclamaron la “urgente aceleración de los juicios a genocidas, cómplices, ideólogos y beneficiarios”.
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner, por la mañana, también reclamó celeridad al Poder Judicial y destacó ante Abuelas de Plaza de Mayo su compromiso para lograr que se esclarezcan las adopciones irregulares de los hijos de Ernestina Herrera de Noble. Es “una prueba de ácido para saber si vivimos en democracia”, aseguró. A menos de una semana del fallo de la Sala II de la Cámara de Casación Penal que suspendió la realización de análisis de ADN a los jóvenes registrados como hijos de la dueña del Grupo Clarín, que había ordenado la Cámara Federal de San Martín, la mandataria le manifestó en público a Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas, su confianza en que “luego de tantos años de impunidad del poder mediático vamos a poder conocer realmente la identidad que usted está tratando denodadamente de buscar”. “Si no encontramos justicia en la Argentina”, agregó, acompañará a Abuelas “a otros tribunales internacionales” para esclarecer las posibles apropiaciones (ver página 7).
“Nunca hubiésemos pensado en ver a los asesinos en las cárceles, muchos condenados, cientos de procesados, anuladas las leyes de obediencia debida y punto final”, admitió horas después Hebe de Bonafini, sobre el mismo escenario que antes ocuparon los organismos, en nombre del grupo de Madres que a poco de asumir Raúl Alfonsín perdió toda esperanza en la vía judicial. “Estamos orgullosas de vivir en este maravilloso país. ¡Gracias Cristina!”, redondeó emocionada (ver aparte). La contracara de la jornada estuvo a cargo del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, que reúne a agrupaciones de izquierda, marchó por separado y leyó su documento desde el trailer de un camión. El EMVJ afirmó en un documento que el Gobierno “mantiene la impunidad, reprime, congela salarios y paga la deuda externa”, y lo acusó por “monopolizar la Plaza de Mayo” (ver página 5).
El cuarto poder interpelado
Luego de las agobiantes audiencias en las que Acosta, Astiz, Donda & Cía. se reivindicaron sin vergüenza como combatientes de la “guerra civil revolucionaria”, la jornada de ayer fue para organismos, querellantes y familiares de víctimas del terrorismo de Estado una reconfortante bocanada de aire fresco. A las dos de la tarde la Avenida de Mayo ya estaba colmada por miles de personas, muchos con banderas de agrupaciones sociales, políticas, sindicales y un largo etcétera, otros tantos a título individual o en familia. La música y el movimiento, como es marca registrada en las movilizaciones de los últimos años, corrió por cuenta de decenas de murgas y del grupo de percusión La Chilinga. El Colectivo de Arte de La Plata repartió treinta mil corazones blancos, en tanto el cielo despejado fue patrimonio exclusivo de Abel Fatala, que inscribió su nombre en un globo al que sólo acompañó el helicóptero de la Policía Federal.
–¿Por qué marchás? –preguntó Página/12.
–Para recordar el golpe militar –respondió Inti, de apenas seis años.
–¿Qué significa el golpe militar?
–Que prohibieron muchas cosas y mataron mucha gente –resumió, rodeado de pibes con la camiseta de “Juicio y Castigo” de H.I.J.O.S. que se acercaron a la Plaza acompañados por miembros de la ONG Juguete Rabioso, que asiste a menores en conflicto con la ley.
La bienvenida a Madres y Abuelas en la Plaza de Mayo, dividida al medio por un vallado que dejó afuera a miles de personas, tuvo al menos un anfitrión atípico: centenares de muchachos de la Juventud Sindical de la CGT, todos con remeras recién estrenadas, entre quienes se mezclaron algunas banderas verdes de los camioneros de Hugo Moyano.
Más allá de la óptima respuesta de la sociedad civil, que llegó a ocupar el trayecto entre las plazas de Mayo y del Congreso, el acto tuvo una particularidad que lo diferenció de los anteriores: la interpelación abierta al rol del periodismo. Las paredes de Avenida de Mayo fueron empapeladas con portadas de diarios y revistas en momentos claves de la última dictadura: “Total normalidad. Las Fuerzas Armadas ejercen el gobierno”, tituló Clarín el 25 de marzo de 1976. “El teniente general Videla jurará como presidente de la Nación”, escribió La Nación. Hubo también tapas de El Gráfico con Videla festejando durante el Mundial de fútbol y de Gente al servicio de la inteligencia militar: “Vimos rendirse a los ingleses”. La frase “¡Yo no me olvido!” atravesaba cada publicación, a modo de advertencia sobre los alcances que podría tener la Justicia en una democracia con mayor participación popular.
Las manifestaciones sobre el rol del periodismo actual tuvo en las calles dos destinatarios, por motivos opuestos: el diario Clarín y el programa 6, 7, 8, que emite Canal 7. Sus seguidores marcharon con banderas argentinas en las que precisaron las respectivas procedencias, y explicitaron su simpatía con las posturas y críticas expresadas en el programa.
Maximizar recursos
A dos meses del Bicentenario y más de un tercio de siglo del golpe de Estado “la lucha sigue siendo la misma: el pueblo organizado, comprometido y solidario, contra los poderes económicos que no dudan en utilizar cualquier método para enriquecerse con lo que no les pertenece”, sostiene el documento que firman Abuelas de Plaza de Mayo, Madres Línea Fundadora, Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, H.I.J.O.S. y Hermanos de desaparecidos por la Verdad y la Justicia.
Al repudio del golpe de 1976 y el recuerdo de los desaparecidos, los organismos agregaron sus conquistas más recientes: la cantidad de hijos robados o nacidos en cautiverio que recuperaron su identidad superó el centenar; casi setenta represores fueron condenados tras la anulación de las leyes de impunidad; más de cuarenta afrontan juicios por estos días, y se siguen recuperando centros clandestinos como espacios de la memoria, entre otros logros que enumeraron Estela Carlotto, Haydé García Gastelú por Madres Línea Fundadora y Lita Boitano por Familiares.
“Los cómplices del hambre de hoy son los mismos que hace treinta años”, advirtieron y enumeraron: “los Macri, los Herrera de Noble, los Bunge & Born, los Pérez Companc, los Rocca, Fortabat, Blaquier y su Ingenio Ledesma, la Sociedad Rural Argentina, Mercedes-Benz, Ford, Techint, Acindar y tantos más. La dictadura se hizo entre muchos: militares y civiles al servicio del exterminio y la apropiación de niños”. “Defienden un país para pocos: ellos. Por esos intereses reprimen desde hace doscientos años”, afirmaron.
“Sólo algunos de los que formaron parte del genocidio están respondiendo ante la Justicia. Faltan muchos más. Por eso es urgente la aceleración de los juicios a genocidas, cómplices, ideólogos y beneficiarios”, destacaron. Reclamaron “la decisión política de maximizar los recursos de la Justicia, con salas acordes y procesos realmente públicos”, y concluyeron con una certeza: “La sociedad ya condenó a los asesinos del pueblo y no permitirá ningún tipo de perdón, ni de amnistías, ni de reconciliación”.
A dos meses del bicentenario, con ocho juicios en curso y centenares de imputados por crímenes de lesa humanidad a la espera de ser sometidos a proceso, decenas de miles de personas marcharon en todo el país para repudiar el último golpe de Estado, del que se cumplieron ayer treinta y cuatro años. El acto central para conmemorar el Día Nacional de la Memoria, por la Verdad y la Justicia se desarrolló en la Plaza de Mayo, a la que decenas de Abuelas y Madres rejuvenecidas por las buenas nuevas de los últimos años ingresaron portando una bandera interminable con los rostros de miles de desaparecidos. Los organismos de derechos humanos históricos leyeron un documento consensuado en el que celebraron las conquistas pero también recordaron que “la dictadura se hizo entre muchos, militares y civiles al servicio del exterminio y la apropiación de niños”, y reclamaron la “urgente aceleración de los juicios a genocidas, cómplices, ideólogos y beneficiarios”.
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner, por la mañana, también reclamó celeridad al Poder Judicial y destacó ante Abuelas de Plaza de Mayo su compromiso para lograr que se esclarezcan las adopciones irregulares de los hijos de Ernestina Herrera de Noble. Es “una prueba de ácido para saber si vivimos en democracia”, aseguró. A menos de una semana del fallo de la Sala II de la Cámara de Casación Penal que suspendió la realización de análisis de ADN a los jóvenes registrados como hijos de la dueña del Grupo Clarín, que había ordenado la Cámara Federal de San Martín, la mandataria le manifestó en público a Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas, su confianza en que “luego de tantos años de impunidad del poder mediático vamos a poder conocer realmente la identidad que usted está tratando denodadamente de buscar”. “Si no encontramos justicia en la Argentina”, agregó, acompañará a Abuelas “a otros tribunales internacionales” para esclarecer las posibles apropiaciones (ver página 7).
“Nunca hubiésemos pensado en ver a los asesinos en las cárceles, muchos condenados, cientos de procesados, anuladas las leyes de obediencia debida y punto final”, admitió horas después Hebe de Bonafini, sobre el mismo escenario que antes ocuparon los organismos, en nombre del grupo de Madres que a poco de asumir Raúl Alfonsín perdió toda esperanza en la vía judicial. “Estamos orgullosas de vivir en este maravilloso país. ¡Gracias Cristina!”, redondeó emocionada (ver aparte). La contracara de la jornada estuvo a cargo del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, que reúne a agrupaciones de izquierda, marchó por separado y leyó su documento desde el trailer de un camión. El EMVJ afirmó en un documento que el Gobierno “mantiene la impunidad, reprime, congela salarios y paga la deuda externa”, y lo acusó por “monopolizar la Plaza de Mayo” (ver página 5).
El cuarto poder interpelado
Luego de las agobiantes audiencias en las que Acosta, Astiz, Donda & Cía. se reivindicaron sin vergüenza como combatientes de la “guerra civil revolucionaria”, la jornada de ayer fue para organismos, querellantes y familiares de víctimas del terrorismo de Estado una reconfortante bocanada de aire fresco. A las dos de la tarde la Avenida de Mayo ya estaba colmada por miles de personas, muchos con banderas de agrupaciones sociales, políticas, sindicales y un largo etcétera, otros tantos a título individual o en familia. La música y el movimiento, como es marca registrada en las movilizaciones de los últimos años, corrió por cuenta de decenas de murgas y del grupo de percusión La Chilinga. El Colectivo de Arte de La Plata repartió treinta mil corazones blancos, en tanto el cielo despejado fue patrimonio exclusivo de Abel Fatala, que inscribió su nombre en un globo al que sólo acompañó el helicóptero de la Policía Federal.
–¿Por qué marchás? –preguntó Página/12.
–Para recordar el golpe militar –respondió Inti, de apenas seis años.
–¿Qué significa el golpe militar?
–Que prohibieron muchas cosas y mataron mucha gente –resumió, rodeado de pibes con la camiseta de “Juicio y Castigo” de H.I.J.O.S. que se acercaron a la Plaza acompañados por miembros de la ONG Juguete Rabioso, que asiste a menores en conflicto con la ley.
La bienvenida a Madres y Abuelas en la Plaza de Mayo, dividida al medio por un vallado que dejó afuera a miles de personas, tuvo al menos un anfitrión atípico: centenares de muchachos de la Juventud Sindical de la CGT, todos con remeras recién estrenadas, entre quienes se mezclaron algunas banderas verdes de los camioneros de Hugo Moyano.
Más allá de la óptima respuesta de la sociedad civil, que llegó a ocupar el trayecto entre las plazas de Mayo y del Congreso, el acto tuvo una particularidad que lo diferenció de los anteriores: la interpelación abierta al rol del periodismo. Las paredes de Avenida de Mayo fueron empapeladas con portadas de diarios y revistas en momentos claves de la última dictadura: “Total normalidad. Las Fuerzas Armadas ejercen el gobierno”, tituló Clarín el 25 de marzo de 1976. “El teniente general Videla jurará como presidente de la Nación”, escribió La Nación. Hubo también tapas de El Gráfico con Videla festejando durante el Mundial de fútbol y de Gente al servicio de la inteligencia militar: “Vimos rendirse a los ingleses”. La frase “¡Yo no me olvido!” atravesaba cada publicación, a modo de advertencia sobre los alcances que podría tener la Justicia en una democracia con mayor participación popular.
Las manifestaciones sobre el rol del periodismo actual tuvo en las calles dos destinatarios, por motivos opuestos: el diario Clarín y el programa 6, 7, 8, que emite Canal 7. Sus seguidores marcharon con banderas argentinas en las que precisaron las respectivas procedencias, y explicitaron su simpatía con las posturas y críticas expresadas en el programa.
Maximizar recursos
A dos meses del Bicentenario y más de un tercio de siglo del golpe de Estado “la lucha sigue siendo la misma: el pueblo organizado, comprometido y solidario, contra los poderes económicos que no dudan en utilizar cualquier método para enriquecerse con lo que no les pertenece”, sostiene el documento que firman Abuelas de Plaza de Mayo, Madres Línea Fundadora, Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, H.I.J.O.S. y Hermanos de desaparecidos por la Verdad y la Justicia.
Al repudio del golpe de 1976 y el recuerdo de los desaparecidos, los organismos agregaron sus conquistas más recientes: la cantidad de hijos robados o nacidos en cautiverio que recuperaron su identidad superó el centenar; casi setenta represores fueron condenados tras la anulación de las leyes de impunidad; más de cuarenta afrontan juicios por estos días, y se siguen recuperando centros clandestinos como espacios de la memoria, entre otros logros que enumeraron Estela Carlotto, Haydé García Gastelú por Madres Línea Fundadora y Lita Boitano por Familiares.
“Los cómplices del hambre de hoy son los mismos que hace treinta años”, advirtieron y enumeraron: “los Macri, los Herrera de Noble, los Bunge & Born, los Pérez Companc, los Rocca, Fortabat, Blaquier y su Ingenio Ledesma, la Sociedad Rural Argentina, Mercedes-Benz, Ford, Techint, Acindar y tantos más. La dictadura se hizo entre muchos: militares y civiles al servicio del exterminio y la apropiación de niños”. “Defienden un país para pocos: ellos. Por esos intereses reprimen desde hace doscientos años”, afirmaron.
“Sólo algunos de los que formaron parte del genocidio están respondiendo ante la Justicia. Faltan muchos más. Por eso es urgente la aceleración de los juicios a genocidas, cómplices, ideólogos y beneficiarios”, destacaron. Reclamaron “la decisión política de maximizar los recursos de la Justicia, con salas acordes y procesos realmente públicos”, y concluyeron con una certeza: “La sociedad ya condenó a los asesinos del pueblo y no permitirá ningún tipo de perdón, ni de amnistías, ni de reconciliación”.
LA ASOCIACION DE MADRES CONMEMORO CON MUSICA Y POESIA
La cultura como protagonista
Una variedad de artistas se presentó ante la multitud reunida en la Plaza. Las Madres hicieron una ronda simbólica sobre el escenario. “Nunca hubiéramos pensado que iba a haber asesinos condenados”, dijo Hebe de Bonafini.
Imagen: Leandro Teysseire
Por Karina Micheletto
“Hasta la victoria siempre, queridos hijos.” La frase, colocada como único fondo del escenario montado en la Plaza de Mayo, no llevaba firma. Bajo ese cartel se quiso mostrar el poder de la música, la poesía y la palabra, asumidas por una cantidad de artistas que protagonizaron el acto organizado por la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Bajo ese cartel hicieron su ronda simbólica también las Madres, después de las palabras de Hebe de Bonafini, que dejó su sello ferozmente contundente, potenciado en la vivencia de otro 24 de marzo. “Argentina –remarcó– es el único país de Latinoamérica que juzga a sus represores y manda a la cárcel a los genocidas.” Una multitud acompañó el acto de las Madres en el Día de la Memoria y siguió las actuaciones de Víctor Heredia, Teresa Parodi, Susana Rinaldi, Liliana Herrero, Peteco Carabajal, Juan Falú y Raúl Carnota, y los textos leídos por Mirta Busnelli, Ana María Picchio, Pompeyo Audivert, Fernando Noy, Víctor Laplace y Lola Berthet, entre muchos otros.
El escenario, que las Madres eligieron llamar “el escenario de la Revolución del Bicentenario”, fue dispuesto con una consigna concreta: “No pudieron apagar tanto fuego, y aquí arderá nuestra cultura”. Teresa Parodi, directora del Espacio Cultural Nuestros Hijos –el centro cultural que hoy funciona en una parte del predio que perteneció a la Escuela de Mecánica de la Armada–, explicó que ése fue, ni más ni menos, el desafío que le planteó Hebe para esta fecha: “Las Madres quisieron que la cultura fuera la protagonista en el marco del Bicentenario, porque tienen muy claro que la forma de que sus hijos sigan vivos es que sigan vivas las ideas, la cultura que defendieron”, explicó a Página/12, visiblemente emocionada tras interpretar “Aún caminan conmigo”, el tema que dedicó a los desaparecidos.
Cada uno de los artistas que pasó por la Plaza fue mostrando uno, dos o tres temas, cantados o bailados. Mostraron tango, entre otros, la Orquesta Juan de Dios Filiberto, dirigida por Atilio Stampone, Guillermo Fernández, Lidia Borda, Susana Rinaldi, Rita Cortese, Dolores Solá, la bailarina Mora Godoy. Con un repertorio folklórico pasaron Liliana Herrero, Silvia Iriondo, Juan Falú, Raúl Carnota, los mendocinos Orozco-Barrientos, el jujeño Bruno Arias, el santiagueño Mota Luna, Marián Farías Gómez, los bailarines Koki y Pajarín Saavedra. También Peteco Carabajal, que con su tema “Las manos de mi madre” motivó a las Madres, sentadas en la primera fila de la pequeña platea ubicada bajo el escenario, a tomarse las manos y levantarlas, mientras cantaban junto al santiagueño.
El acto de las Madres fue convocado para las cinco de la tarde y comenzó una media hora después, justo en el momento en que columnas del Partido Obrero, el MST, el PTS y la Izquierda Socialista, entre otras agrupaciones, hacían su entrada hacia un costado del escenario, sobre la calle Rivadavia. Desde allí compitieron por el sonido de la Plaza durante la primera parte del acto, ganándolo por momentos a fuerza de bombas de estruendo y de megáfono a todo volumen , con consignas dirigidas casi exclusivamente contra el Gobierno.
Otras consignas se agitaron durante la tarde frente al “escenario de la revolución del Bicentenario”. “Madres de la Plaza, el pueblo las abraza” comenzó a cantarse temprano, pero sonó en toda la plaza cuando las madres subieron al escenario. Hebe de Bonafini tomó la palabra, con su habitual contundencia, para hablarles, primero, a los jóvenes. “Pasaron 34 años de un golpe que nos hundió en el horror. Pero no pudieron apagar tanto fuego, y es el fuego de nuestros hijos”, comenzó diciendo. “Esos hijos que hoy están encarnados en todos ustedes, chicos, aunque no los hayan conocido. Peleamos por ustedes, para que lo que pasó no se vuelva a repetir.”
Bonafini dejó sentada su posición. “Sabemos que faltan cosas, pero nunca hubiéramos pensado que iba a haber asesinos condenados, miles procesados, la Obediencia Debida y el Punto Final anulados. Estamos orgullosas de lo que ha hecho este gobierno. Gracias Cristina, gracias también a Néstor, que fue el que empezó anulando la Obediencia Debida”, dijo, y recordó también en los agradecimientos “a Evo Morales, que nos enseñó que se puede hacer una revolución con democracia e inteligencia”, a Lula da Silva, Rafael Correa, Hugo Chávez, y “al pueblo cubano, por mostrarnos cómo se puede resistir pese a todo y contra todo”.
“Hijos, amores queridos, sé que les están dando fuerzas a este montón de viejas que tenemos entre 80 y 95 años, y que nos están diciendo que no nos equivoquemos cuando tengamos que votar, porque los que ayer estaban detrás del golpe hoy están detrás de los grandes medios de comunicación. El golpe fue cívico-militar, no nos olvidemos”, continuó la presidenta de Madres de Plaza de Mayo. “Algunos critican porque cantamos. Claro que cantamos, ¿saben por qué? Porque las Madres no vendimos la sangre de nuestros hijos.”
Entre los invitados del backstage, al más requerido para las fotos fue Aníbal Fernández. “No vine como ministro”, aclaró enseguida a la prensa, mientras las señoras hacían cola para la foto y alguien le pedía: “Tirate una Anibalada”. Helena y Lisi, dos señoras de cincuenta que declaraban con orgullo su pertenencia al Facebook de 6-7-8, mostraban sus remeras con la inscripción Todas somos yeguas, con la cara recortada de Cristina Fernández. En primera fila, apretada contra la valla que separaba al escenario de la Plaza, una mujer de unos cuarenta años abrazaba un cartel escrito a mano. “Papi te extraño”, era todo lo que decía, junto a una foto en sepia y una fecha: 8 de agosto de 1975. Eran cientos los carteles con fotos, por toda la plaza, muchos llevados por chicos. Fotos de padres, madres, hijos que se extrañan y que tuvieron su homenaje en la Plaza de Mayo.
La cultura como protagonista
Una variedad de artistas se presentó ante la multitud reunida en la Plaza. Las Madres hicieron una ronda simbólica sobre el escenario. “Nunca hubiéramos pensado que iba a haber asesinos condenados”, dijo Hebe de Bonafini.
Imagen: Leandro TeysseirePor Karina Micheletto
“Hasta la victoria siempre, queridos hijos.” La frase, colocada como único fondo del escenario montado en la Plaza de Mayo, no llevaba firma. Bajo ese cartel se quiso mostrar el poder de la música, la poesía y la palabra, asumidas por una cantidad de artistas que protagonizaron el acto organizado por la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Bajo ese cartel hicieron su ronda simbólica también las Madres, después de las palabras de Hebe de Bonafini, que dejó su sello ferozmente contundente, potenciado en la vivencia de otro 24 de marzo. “Argentina –remarcó– es el único país de Latinoamérica que juzga a sus represores y manda a la cárcel a los genocidas.” Una multitud acompañó el acto de las Madres en el Día de la Memoria y siguió las actuaciones de Víctor Heredia, Teresa Parodi, Susana Rinaldi, Liliana Herrero, Peteco Carabajal, Juan Falú y Raúl Carnota, y los textos leídos por Mirta Busnelli, Ana María Picchio, Pompeyo Audivert, Fernando Noy, Víctor Laplace y Lola Berthet, entre muchos otros.
El escenario, que las Madres eligieron llamar “el escenario de la Revolución del Bicentenario”, fue dispuesto con una consigna concreta: “No pudieron apagar tanto fuego, y aquí arderá nuestra cultura”. Teresa Parodi, directora del Espacio Cultural Nuestros Hijos –el centro cultural que hoy funciona en una parte del predio que perteneció a la Escuela de Mecánica de la Armada–, explicó que ése fue, ni más ni menos, el desafío que le planteó Hebe para esta fecha: “Las Madres quisieron que la cultura fuera la protagonista en el marco del Bicentenario, porque tienen muy claro que la forma de que sus hijos sigan vivos es que sigan vivas las ideas, la cultura que defendieron”, explicó a Página/12, visiblemente emocionada tras interpretar “Aún caminan conmigo”, el tema que dedicó a los desaparecidos.
Cada uno de los artistas que pasó por la Plaza fue mostrando uno, dos o tres temas, cantados o bailados. Mostraron tango, entre otros, la Orquesta Juan de Dios Filiberto, dirigida por Atilio Stampone, Guillermo Fernández, Lidia Borda, Susana Rinaldi, Rita Cortese, Dolores Solá, la bailarina Mora Godoy. Con un repertorio folklórico pasaron Liliana Herrero, Silvia Iriondo, Juan Falú, Raúl Carnota, los mendocinos Orozco-Barrientos, el jujeño Bruno Arias, el santiagueño Mota Luna, Marián Farías Gómez, los bailarines Koki y Pajarín Saavedra. También Peteco Carabajal, que con su tema “Las manos de mi madre” motivó a las Madres, sentadas en la primera fila de la pequeña platea ubicada bajo el escenario, a tomarse las manos y levantarlas, mientras cantaban junto al santiagueño.
El acto de las Madres fue convocado para las cinco de la tarde y comenzó una media hora después, justo en el momento en que columnas del Partido Obrero, el MST, el PTS y la Izquierda Socialista, entre otras agrupaciones, hacían su entrada hacia un costado del escenario, sobre la calle Rivadavia. Desde allí compitieron por el sonido de la Plaza durante la primera parte del acto, ganándolo por momentos a fuerza de bombas de estruendo y de megáfono a todo volumen , con consignas dirigidas casi exclusivamente contra el Gobierno.
Otras consignas se agitaron durante la tarde frente al “escenario de la revolución del Bicentenario”. “Madres de la Plaza, el pueblo las abraza” comenzó a cantarse temprano, pero sonó en toda la plaza cuando las madres subieron al escenario. Hebe de Bonafini tomó la palabra, con su habitual contundencia, para hablarles, primero, a los jóvenes. “Pasaron 34 años de un golpe que nos hundió en el horror. Pero no pudieron apagar tanto fuego, y es el fuego de nuestros hijos”, comenzó diciendo. “Esos hijos que hoy están encarnados en todos ustedes, chicos, aunque no los hayan conocido. Peleamos por ustedes, para que lo que pasó no se vuelva a repetir.”
Bonafini dejó sentada su posición. “Sabemos que faltan cosas, pero nunca hubiéramos pensado que iba a haber asesinos condenados, miles procesados, la Obediencia Debida y el Punto Final anulados. Estamos orgullosas de lo que ha hecho este gobierno. Gracias Cristina, gracias también a Néstor, que fue el que empezó anulando la Obediencia Debida”, dijo, y recordó también en los agradecimientos “a Evo Morales, que nos enseñó que se puede hacer una revolución con democracia e inteligencia”, a Lula da Silva, Rafael Correa, Hugo Chávez, y “al pueblo cubano, por mostrarnos cómo se puede resistir pese a todo y contra todo”.
“Hijos, amores queridos, sé que les están dando fuerzas a este montón de viejas que tenemos entre 80 y 95 años, y que nos están diciendo que no nos equivoquemos cuando tengamos que votar, porque los que ayer estaban detrás del golpe hoy están detrás de los grandes medios de comunicación. El golpe fue cívico-militar, no nos olvidemos”, continuó la presidenta de Madres de Plaza de Mayo. “Algunos critican porque cantamos. Claro que cantamos, ¿saben por qué? Porque las Madres no vendimos la sangre de nuestros hijos.”
Entre los invitados del backstage, al más requerido para las fotos fue Aníbal Fernández. “No vine como ministro”, aclaró enseguida a la prensa, mientras las señoras hacían cola para la foto y alguien le pedía: “Tirate una Anibalada”. Helena y Lisi, dos señoras de cincuenta que declaraban con orgullo su pertenencia al Facebook de 6-7-8, mostraban sus remeras con la inscripción Todas somos yeguas, con la cara recortada de Cristina Fernández. En primera fila, apretada contra la valla que separaba al escenario de la Plaza, una mujer de unos cuarenta años abrazaba un cartel escrito a mano. “Papi te extraño”, era todo lo que decía, junto a una foto en sepia y una fecha: 8 de agosto de 1975. Eran cientos los carteles con fotos, por toda la plaza, muchos llevados por chicos. Fotos de padres, madres, hijos que se extrañan y que tuvieron su homenaje en la Plaza de Mayo.
OPINION
Lo clásico y los cambios
Por Mario Wainfeld
Cada 24 de marzo repite escenas, promesas, imágenes. Los asistentes se reencuentran, se abrazan, se festejan y emocionan. Los rostros de las pancartas son los mismos, la consabida larga bandera descorre las avenidas que desembocan en la Plaza. La escena, con variaciones federales, se replica en tantas otras del país.
Cada 24 de marzo es único porque la crónica argentina es vertiginosa y desconoce la pausa, porque sus generaciones renuevan la comunión. Y también porque la foto anual patentiza avances o retrocesos. La imagen actual comprueba que los progresos son enormes aunque se ha llegado a ellos en zigzag, con sinsabores y dolores. Ayer, en la Capital, hubo tres convocatorias, que traducen disidencias entre movimientos de derechos humanos.
Las dos más masivas (la marcha convocada entre otros organismos por las Abuelas y las Madres Línea Fundadora primero, más tarde el recital organizado por la Asociación Madres de Plaza de Mayo) mostraron divergencias entre sí. Pero también una concordancia sin precedentes en la valoración muy elevada de la etapa. El optimismo de la voluntad se basa en la dura experiencia, se congratula sin bajar banderas y sin renegar jamás del ansia de profundizar lo logrado.
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Todos los cuerpos, todos: Decenas de miles marcharon a partir de las dos de la tarde. A eso de las cinco, decenas de miles hicieron comunión con artistas populares, los que siempre estuvieron, los que bancaron cuando el horizonte parecía oscuro y, antes que nada, cerrado. Sin duda, más allá de las nobles militancias implicadas en las diferencias, hubo una muchedumbre que honró los dos convites, que marchó primero y cantó luego soslayando diferencias. Sobre esas decenas de miles sobrevuela esta columna, escrita por un profesional que no alardea de una independencia light y farisea. Un escriba que fue uno de ellos antes de llegar a serlo y sigue siéndolo ahora.
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Consignas: “Madres de la Plaza/el pueblo las abraza” tremoló la Plaza coronando el discurso potente, conmovedor, de Hebe de Bonafini.
“Como a los nazis les va a pasar/adonde vayan los iremos a buscar” entonaban los ya no tan pibes de HIJOS, muchos de ellos con pibitos a cuestas.
Son consignas tradicionales, que acompañaron otras conmemoraciones. También hubo novedades. Eduardo Duhalde y el Grupo Clarín fueron núcleo de los cánticos, las consignas y los discursos. “Clarín, Magnetto/ devuelvan a los nietos” entonaban columnas juveniles. Antes, Cristina Fernández de Kirchner, contundente y sin arrebatos, había exigido pilas y justicia a los tribunales argentinos asumiendo el compromiso de acudir a instancias internacionales en caso de defección. La Presidenta ahorró alusiones a los medios y nombres propios, con lo que su discurso ganó contundencia y calidad, de todos modos se entendía de qué hablaba. El ADN de los hijos de Ernestina Herrera de Noble es un ítem central en la agenda cotidiana. Los que son muy poderosos por razones ajenas al voto (sí que más perdurables) son chúcaros para someterse a las mismas reglas que los demás mortales. Sin embargo, a los más poderosos (por el hecho de serlo) les cabe la máxima de la mujer del César. Deben probar su buena reputación más que las personas de a pie, no esconderse ni entorpecer la búsqueda de la verdad. A los políticos se les reclama eso, todo el tiempo, con buena razón. A otros privilegiados les cabe el mismo sayo, que los subleva y descoloca.
Hebe de Bonafini no escatimó apóstrofes a los medios, mientras ensalzaba a líderes epocales de este sur: los revolucionarios Evo Morales, Hugo Chávez y Rafael Correa. También, vaya sorpresa, al reformista Lula. Y reconocimientos a “Cristina” y “Néstor” que la habrán escuchado en triunfo.
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En marcha: La mirada del cronista se enturbia por momentos, por eso su ojímetro puede fallar. Esto convenido, le pareció ver amplia mayoría de asistentes que pasaron toda o casi toda su vida en democracia. Como piso, eran muchísimos. Las marchas, durante años patrimonio de los convencidos y militantes, han ensanchado su asistencia, lo que le augura buen futuro.
Es una cosecha muy laburada, producto de una larga siembra. Todas las víctimas y sus familiares sumaron su templanza para soportar reveses políticos y judiciales sin tentarse por la violencia. Los organismos de derechos humanos sumaron calidad institucional y prédica, en sus filas revistan estudiosos del derecho y del ADN, que volcaron su saber a las mejores causas.
De cualquier manera, hay que resaltar lo evidente. Primero que nadie y más que nadie fueron las viejas ejemplares quienes construyeron esa nueva mayoría. Todas las Madres caminando y caminando, recorriendo el mundo, fatigando los pasillos de los juzgados y los medios, como Nora Cortiñas, cada vez más pequeñita en lo físico y más grande en todo lo demás.
Las Abuelas, con su lucha inclaudicable y noble, con su abanico de herramientas democráticas: el respeto a las personas, a las familias, a la identidad, los cuidados psicológicos a los chicos recuperados... hasta el teleteatro Montecristo, si bien se mira. Una versatilidad creativa para ganar consensos, para persuadir a los incrédulos e interpelar al sentido común, ampliando fronteras, ganando la batalla cultural palmo a palmo. En eso, son imbatibles el humanismo y la calidez de Estela Carlotto, genio y figura.
Bonafini fue pionera en sus anteriores registros intransigentes y en su reformateo asombroso de los últimos años. Volcada a su Universidad, a las viviendas populares, al espacio cultural pleno de vida en la ESMA, a la radio, a la sonrisa que no resigna ternura ni fiereza.
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La Plaza de todos: Todas las novedades de las luchas políticas y sociales dicen presente en la Plaza. Algunas para quedarse, otras dejaron su huella, como testimonio de organizaciones fugaces. Los piqueteros, las asambleas barriales, Carta Abierta, ahora el público de 6 7 8 son ejemplos que no agotan la nómina que trasunta a una sociedad siempre reactiva, donde la disputa de “la calle” no cesa ni se estanca jamás. Las bailarinas de La Chilinga (el cronista contó ciento veinte y optó por cerrar el cálculo ahí para distraerse con la danza), la percusión de los Tambores en Lucha (casaca roja, brazos incansables con el parche) ofrendan culto al sonido, al decibelímetro y al ritmo de nuevas generaciones.
Organizaciones que predican la diversidad sexual acompañan la marcha, sus integrantes también conocieron soledad y aislamientos mayores. La ley de matrimonio gay avanza en el Congreso, la batalla no está ganada pero el nivel de anuencia social hubiera sido impensable hace diez, quince o veinte años.
Caminan los jóvenes, se fatigan con alegría los mayores, Carlos Slepoy y Jorge Rivas circulan en silla de ruedas, son ejemplos de vida y de coherencia que recogen afecto y aplausos. Son también, nula paradoja, dos entre tantos.
Los choripanes estimulan la gula, que también puede saciarse con garrapiñadas irresistibles o en los bares, en su mayoría abiertos porque no hay desbordes ni bardo que temer. El componente dominante (que no excluyente) de clase media habrá cooperado con el diagnóstico de sus dueños, también el recuerdo práctico: hay bravura o hasta intransigencia en las marchas por los derechos humanos, la violencia está en otros lados.
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La película y las fotos: En largos 26 años de democracia se atravesaron el Juicio a las Juntas, las leyes de obediencia debida y punto final, los indultos, la irrupción de los Juicios por la Verdad, la recuperación de la ESMA, la anulación de las leyes de la impunidad. Todos los 24 de marzo, las emociones y valoraciones se entreveraron con agendas contemporáneas, que signaron el clima de cada movilización. En este siglo, sin ir más lejos, el cronista repasa puntos culminantes. En 2001, las puteadas a Domingo Cavallo, recién llegado al gobierno de Fernando de la Rúa en plan de salvador. En 2002, con la crisis a flor de piel, un día en que se sintió (valga la expresión pues era tangible, físico) que la sociedad argentina capearía, como pudiera, la crisis sin balcanizarse ni disolverse en la guerra civil. En 2004 cuando la ESMA abrió sus puertas y el presidente Néstor Kirchner, anunció el comienzo de una nueva etapa. En 2006, con la pasión y el número que congregó el trigésimo centenario del golpe. Hoy día, los juicios avanzan. Al principio se señaló que sólo se condenaban perejiles, ya están sentenciados Luciano Benjamín Menéndez y Antonio Domingo Bussi. La jerarquía de la Iglesia Católica no se anotició todavía pero hay un sacerdote condenado, sin fueros especiales. Hay procesos abiertos en casi todas las provincias, expedientes que son emblema avanzan a pesar de las chicanas de defensores taimados y a las defecciones de ciertos jueces o fiscales.
Mucho se ha construido, muchos de-safíos del nuevo escenario exigen un abordaje comprometido y profesional. Los poderes del Estado tienen que pegar un salto de calidad, ponerse a la altura. No siempre se puede, no siempre se quiere.
Las acechanzas son proporcionales a la calidad de esa coyuntura auspiciosa, única, impensada años ha. Algún payaso y un ex presidente hablan de amnistías o plebiscitos derogatorios. Lectores que cartean al diario La Nación se suman a la cruzada que pronto tendrá como abanderado al hijo de un represor de doble apellido. Un contexto conflictivo, jaqueado como tan a menudo lo fue. De este lado, multitudes de surtidas generaciones, organizaciones de todo pelaje, militancias curtidas y de reciente formación. Y además, el derecho, la razón, la justicia de su lado.
La lucha continúa mientras lo mejor de las luchas populares argentinas se congrega, se multiplica, marcha, canta, ríe, solloza, se reconoce y se celebra.
Lo clásico y los cambios
Por Mario WainfeldCada 24 de marzo repite escenas, promesas, imágenes. Los asistentes se reencuentran, se abrazan, se festejan y emocionan. Los rostros de las pancartas son los mismos, la consabida larga bandera descorre las avenidas que desembocan en la Plaza. La escena, con variaciones federales, se replica en tantas otras del país.
Cada 24 de marzo es único porque la crónica argentina es vertiginosa y desconoce la pausa, porque sus generaciones renuevan la comunión. Y también porque la foto anual patentiza avances o retrocesos. La imagen actual comprueba que los progresos son enormes aunque se ha llegado a ellos en zigzag, con sinsabores y dolores. Ayer, en la Capital, hubo tres convocatorias, que traducen disidencias entre movimientos de derechos humanos.
Las dos más masivas (la marcha convocada entre otros organismos por las Abuelas y las Madres Línea Fundadora primero, más tarde el recital organizado por la Asociación Madres de Plaza de Mayo) mostraron divergencias entre sí. Pero también una concordancia sin precedentes en la valoración muy elevada de la etapa. El optimismo de la voluntad se basa en la dura experiencia, se congratula sin bajar banderas y sin renegar jamás del ansia de profundizar lo logrado.
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Todos los cuerpos, todos: Decenas de miles marcharon a partir de las dos de la tarde. A eso de las cinco, decenas de miles hicieron comunión con artistas populares, los que siempre estuvieron, los que bancaron cuando el horizonte parecía oscuro y, antes que nada, cerrado. Sin duda, más allá de las nobles militancias implicadas en las diferencias, hubo una muchedumbre que honró los dos convites, que marchó primero y cantó luego soslayando diferencias. Sobre esas decenas de miles sobrevuela esta columna, escrita por un profesional que no alardea de una independencia light y farisea. Un escriba que fue uno de ellos antes de llegar a serlo y sigue siéndolo ahora.
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Consignas: “Madres de la Plaza/el pueblo las abraza” tremoló la Plaza coronando el discurso potente, conmovedor, de Hebe de Bonafini.
“Como a los nazis les va a pasar/adonde vayan los iremos a buscar” entonaban los ya no tan pibes de HIJOS, muchos de ellos con pibitos a cuestas.
Son consignas tradicionales, que acompañaron otras conmemoraciones. También hubo novedades. Eduardo Duhalde y el Grupo Clarín fueron núcleo de los cánticos, las consignas y los discursos. “Clarín, Magnetto/ devuelvan a los nietos” entonaban columnas juveniles. Antes, Cristina Fernández de Kirchner, contundente y sin arrebatos, había exigido pilas y justicia a los tribunales argentinos asumiendo el compromiso de acudir a instancias internacionales en caso de defección. La Presidenta ahorró alusiones a los medios y nombres propios, con lo que su discurso ganó contundencia y calidad, de todos modos se entendía de qué hablaba. El ADN de los hijos de Ernestina Herrera de Noble es un ítem central en la agenda cotidiana. Los que son muy poderosos por razones ajenas al voto (sí que más perdurables) son chúcaros para someterse a las mismas reglas que los demás mortales. Sin embargo, a los más poderosos (por el hecho de serlo) les cabe la máxima de la mujer del César. Deben probar su buena reputación más que las personas de a pie, no esconderse ni entorpecer la búsqueda de la verdad. A los políticos se les reclama eso, todo el tiempo, con buena razón. A otros privilegiados les cabe el mismo sayo, que los subleva y descoloca.
Hebe de Bonafini no escatimó apóstrofes a los medios, mientras ensalzaba a líderes epocales de este sur: los revolucionarios Evo Morales, Hugo Chávez y Rafael Correa. También, vaya sorpresa, al reformista Lula. Y reconocimientos a “Cristina” y “Néstor” que la habrán escuchado en triunfo.
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En marcha: La mirada del cronista se enturbia por momentos, por eso su ojímetro puede fallar. Esto convenido, le pareció ver amplia mayoría de asistentes que pasaron toda o casi toda su vida en democracia. Como piso, eran muchísimos. Las marchas, durante años patrimonio de los convencidos y militantes, han ensanchado su asistencia, lo que le augura buen futuro.
Es una cosecha muy laburada, producto de una larga siembra. Todas las víctimas y sus familiares sumaron su templanza para soportar reveses políticos y judiciales sin tentarse por la violencia. Los organismos de derechos humanos sumaron calidad institucional y prédica, en sus filas revistan estudiosos del derecho y del ADN, que volcaron su saber a las mejores causas.
De cualquier manera, hay que resaltar lo evidente. Primero que nadie y más que nadie fueron las viejas ejemplares quienes construyeron esa nueva mayoría. Todas las Madres caminando y caminando, recorriendo el mundo, fatigando los pasillos de los juzgados y los medios, como Nora Cortiñas, cada vez más pequeñita en lo físico y más grande en todo lo demás.
Las Abuelas, con su lucha inclaudicable y noble, con su abanico de herramientas democráticas: el respeto a las personas, a las familias, a la identidad, los cuidados psicológicos a los chicos recuperados... hasta el teleteatro Montecristo, si bien se mira. Una versatilidad creativa para ganar consensos, para persuadir a los incrédulos e interpelar al sentido común, ampliando fronteras, ganando la batalla cultural palmo a palmo. En eso, son imbatibles el humanismo y la calidez de Estela Carlotto, genio y figura.
Bonafini fue pionera en sus anteriores registros intransigentes y en su reformateo asombroso de los últimos años. Volcada a su Universidad, a las viviendas populares, al espacio cultural pleno de vida en la ESMA, a la radio, a la sonrisa que no resigna ternura ni fiereza.
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La Plaza de todos: Todas las novedades de las luchas políticas y sociales dicen presente en la Plaza. Algunas para quedarse, otras dejaron su huella, como testimonio de organizaciones fugaces. Los piqueteros, las asambleas barriales, Carta Abierta, ahora el público de 6 7 8 son ejemplos que no agotan la nómina que trasunta a una sociedad siempre reactiva, donde la disputa de “la calle” no cesa ni se estanca jamás. Las bailarinas de La Chilinga (el cronista contó ciento veinte y optó por cerrar el cálculo ahí para distraerse con la danza), la percusión de los Tambores en Lucha (casaca roja, brazos incansables con el parche) ofrendan culto al sonido, al decibelímetro y al ritmo de nuevas generaciones.
Organizaciones que predican la diversidad sexual acompañan la marcha, sus integrantes también conocieron soledad y aislamientos mayores. La ley de matrimonio gay avanza en el Congreso, la batalla no está ganada pero el nivel de anuencia social hubiera sido impensable hace diez, quince o veinte años.
Caminan los jóvenes, se fatigan con alegría los mayores, Carlos Slepoy y Jorge Rivas circulan en silla de ruedas, son ejemplos de vida y de coherencia que recogen afecto y aplausos. Son también, nula paradoja, dos entre tantos.
Los choripanes estimulan la gula, que también puede saciarse con garrapiñadas irresistibles o en los bares, en su mayoría abiertos porque no hay desbordes ni bardo que temer. El componente dominante (que no excluyente) de clase media habrá cooperado con el diagnóstico de sus dueños, también el recuerdo práctico: hay bravura o hasta intransigencia en las marchas por los derechos humanos, la violencia está en otros lados.
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La película y las fotos: En largos 26 años de democracia se atravesaron el Juicio a las Juntas, las leyes de obediencia debida y punto final, los indultos, la irrupción de los Juicios por la Verdad, la recuperación de la ESMA, la anulación de las leyes de la impunidad. Todos los 24 de marzo, las emociones y valoraciones se entreveraron con agendas contemporáneas, que signaron el clima de cada movilización. En este siglo, sin ir más lejos, el cronista repasa puntos culminantes. En 2001, las puteadas a Domingo Cavallo, recién llegado al gobierno de Fernando de la Rúa en plan de salvador. En 2002, con la crisis a flor de piel, un día en que se sintió (valga la expresión pues era tangible, físico) que la sociedad argentina capearía, como pudiera, la crisis sin balcanizarse ni disolverse en la guerra civil. En 2004 cuando la ESMA abrió sus puertas y el presidente Néstor Kirchner, anunció el comienzo de una nueva etapa. En 2006, con la pasión y el número que congregó el trigésimo centenario del golpe. Hoy día, los juicios avanzan. Al principio se señaló que sólo se condenaban perejiles, ya están sentenciados Luciano Benjamín Menéndez y Antonio Domingo Bussi. La jerarquía de la Iglesia Católica no se anotició todavía pero hay un sacerdote condenado, sin fueros especiales. Hay procesos abiertos en casi todas las provincias, expedientes que son emblema avanzan a pesar de las chicanas de defensores taimados y a las defecciones de ciertos jueces o fiscales.
Mucho se ha construido, muchos de-safíos del nuevo escenario exigen un abordaje comprometido y profesional. Los poderes del Estado tienen que pegar un salto de calidad, ponerse a la altura. No siempre se puede, no siempre se quiere.
Las acechanzas son proporcionales a la calidad de esa coyuntura auspiciosa, única, impensada años ha. Algún payaso y un ex presidente hablan de amnistías o plebiscitos derogatorios. Lectores que cartean al diario La Nación se suman a la cruzada que pronto tendrá como abanderado al hijo de un represor de doble apellido. Un contexto conflictivo, jaqueado como tan a menudo lo fue. De este lado, multitudes de surtidas generaciones, organizaciones de todo pelaje, militancias curtidas y de reciente formación. Y además, el derecho, la razón, la justicia de su lado.
La lucha continúa mientras lo mejor de las luchas populares argentinas se congrega, se multiplica, marcha, canta, ríe, solloza, se reconoce y se celebra.
CFK PROMETIO RECURRIR A LA JUSTICIA INTERNACIONAL SI NO AVANZAN LOS PROCESOS POR APROPIACION DE HIJOS DE DESAPARECIDOS
“Los voy a acompañar a otros tribunales”
En el acto oficial por el Día de la Memoria, realizado en la ex ESMA, la Presidenta pidió “dar vuelta la página de la historia con verdad y justicia”. También se comprometió con la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo y criticó la “impunidad del poder mediático”.
“Los voy a acompañar a otros tribunales”
En el acto oficial por el Día de la Memoria, realizado en la ex ESMA, la Presidenta pidió “dar vuelta la página de la historia con verdad y justicia”. También se comprometió con la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo y criticó la “impunidad del poder mediático”.

“Queremos que se aplique finalmente la justicia, con los jueces de la Nación, que se termine este capítulo tan trágico”, dijo Cristina Fernández.
Imagen: Rafael Yohai
Imagen: Rafael Yohai
Por Alejandra Dandan
“Confío”, dijo Cristina Fernández de Kirchner. Frente a ella estaba sentada Estela de Carlotto. “Pero también me comprometo frente a usted, señora, a que usted y los familiares de esos jóvenes van a tener justicia.” Era casi el final del acto oficial de conmemoración por los 34 años del golpe de Estado, realizado en la ex Escuela de Mecánica de la Armada. La Presidenta acababa de homenajear a cuatro padres de desaparecidos que acompañaron las primeras rondas de las Madres de Plaza de Mayo en los años de plomo. Marcos Weinstein, uno de los padres, habló de aquel grupo como de la “retaguardia” que custodiaba detrás de escena a la “vanguardia ética” que encarnaban las madres. Pero también habló de la “lentitud” y la “morosidad” de las causas judiciales que no permiten “cerrar” los duelos ni cambiar de página. CFK se ancló en aquel reclamo para asegurar que, si la Justicia no avanza, “como Presidenta” va a recurrir “a otros tribunales internacionales a pedirlo”. No mencionó a Ernestina Herrera de Noble, tampoco al Grupo Clarín, pero aludió a la pelea de las Abuelas por la identidad de los hijos adoptivos de la dueña del multimedio y a ese “poder casi extorsivo sobre políticos, empresarios y jueces” que impide, dijo, conocer la verdad.
A la mañana temprano, los colectivos con los militantes del interior de la provincia de Buenos Aires volvían “popular” el aire señorial de la Avenida del Libertador. A contramano de las mareas de quienes avanzaban a pie para enfrentar, una vez más, con su paso, los fantasmas de ese antiguo centro de exterminio, un veterano corría en dirección contraria, hacia algún otro lugar: en la remera llevaba una pequeña inscripción del Ejército que lo desmarcaba del escenario, lo corría, como a quien no tiene lugar.
En la entrada de la ex ESMA, las banderas de La Cámpora y las rojas y negras de la JP acordonaban el ingreso al Museo de la Memoria. Los nombres de los intendentes del conurbano estampados en otros recortes de telas se clonaban más adelante entre quienes se apretaban en la entrada del Centro Cultural Haroldo Conti, construido en homenaje al escritor desaparecido, inaugurado formalmente ayer, y donde poco más tarde habló la Presidenta.
No había espacio. Los que entraban permanecían de pie, abarrotados, para no quedar del otro lado. Ezequiel, un físico con una beca del Conicet, con su mujer embarazada y su hija, se acercaba diciendo que iba a ocupar el metro cuadrado que le tocaba ocupar, que quería ser contado y “apoyar al gobierno popular que se ve amenazado”.
El acto empezó con el homenaje a los “Padres de la Plaza”, padres de los primeros secuestrados y desaparecidos por la dictadura que estuvieron en el detrás de escena, muchas veces por cuestiones estratégicas, y que acompañaban a las mujeres que reclaman por la aparición de sus hijos.
Al lado de Cristina Fernández se sentó Néstor Kirchner. Luego seguían el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y hacia los costados, el ministro de Justicia, Julio Alak, y el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde. La Presidenta entregó el Premio Azucena Villaflor a la trayectoria en derechos humanos a Julio Morresi, Bruno Palermo y Marcos Weinstein, en representación de aquellos padres. Y también al nieto de Emilio Mignone, nombrado como un “incansable luchador por los derechos humanos”, que perteneció y presidió la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y, en 1979, a partir de la negativa de algunos de sus integrantes a denunciar ante la Justicia los crímenes de la dictadura y condenarlos sin eufemismos, creó el Centro de Estudios Legales y Sociales (ver nota aparte).
En la sala, detrás de las primeras sillas, las vallas dividían el espacio con banderas de agrupaciones de Lomas de Zamora, Pilar, José C. Paz, Malvinas Argentinas, Moreno y Tres de Febrero, con el nombre de Curto sellado en aguatinta. Marcos Weinstein se acercó entonces al atril del escenario. Habló de los padres como de aquella “retaguardia asociada a la vanguardia ética que significaron las Madres de Plaza de Mayo”. Eran, dijo, “un segundo y distante círculo, estábamos en la recova de Hipólito Yrigoyen, el Cabildo, la Catedral, participando y vigilando, por el temor”.
Weinstein, que integró distintas organizaciones de derechos humanos en el país, trazó los momentos más importantes de lucha, desde ese primer flash de esperanza del retorno a la democracia, las leyes de impunidad, hasta 2003, cuando el Gobierno “promovió la nulidad de las leyes de impunidad y permitió la condena para los asesinos de nuestros hijos en trámites judiciales limpios y no en la clandestinidad”. La sala clamó su apoyo.
Detrás de las palabras, como en un plano sin voces, se oían los reclamos que los organismos de derechos humanos continúan haciéndole a la Justicia para que avancen las causas contra los represores. Pero, a días del fallo de Casación que impide otra vez concluir con los análisis de ADN a los hijos adoptivos de la dueña del diario Clarín, aquello tomó otro vigor: la Justicia es “lenta y morosa”, dijo Weinstein.
“Olé olé, olé olá, a donde vayan los iremos a buscar.” La Presidenta se paró. Caminó hasta ese atril convertido por unos minutos en púlpito. “En nombre de todos los argentinos y de la condición humana –dijo– queremos agradecerles a todos los que lucharon en estos años por llegar a la verdad y a la justicia.” Y agregó: “El 24 de marzo solía ser para mí un día de dolor, como de rabia, de bronca como tal vez lo era para muchos argentinos, pero la verdad es que de las Madres, de Estela, Hebe, Ramona, aprendí también el amor por la vida y alegría”.
En el mensaje, la Presidenta no confrontó directamente con nadie. Pero las entrelíneas permitían leer mensajes destinados a los jueces, al Grupo Clarín, pero también a la oposición en el Congreso. Se recordó a sí misma como titular de la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado, desde donde acompañó la nulidad de las leyes de obediencia debida y punto final.
A partir de ese momento, comenzó la segunda parte del discurso. Como de los padres, también habló de la Justicia. “Como Presidenta de la Nación, tal como lo dije en el mensaje a la Asamblea Legislativa, queremos que se aplique finalmente la justicia, con los jueces de la Nación, que se termine este capítulo tan trágico de los argentinos y podamos dar vuelta esa página de la historia con verdad y justicia”. Y convocó a “todos los argentinos, sólo excluyendo a pequeños grupúsculos que se esconden atrás de pretendidas ideologías, a la reflexión y a la construcción de un país democrático, con justicia y castigo para los que delinquieron, con debate y con amor, como lo hicieron las Abuelas de Plaza de Mayo”.
A unos pasos del atril, al lado de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, estaban los pañuelos de las Madres, integrantes de las organizaciones de derechos humanos, hijos, nietos y militantes. “La recuperación de un nieto es una victoria del estado de derecho”, dijo y repitió. Habló de calidad institucional, de un viejo encuentro con el ex mandatario de Francia Jacques Chirac, que le preguntó cómo podía ser que los responsables de las desapariciones de ciudadanos franceses todavía estuvieran libres. Y entonces se dirigió a Carlotto, aludiendo al caso Herrera de Noble. “Sé, Estela, que estás atravesando uno de los momentos más difíciles, vos y la democracia argentina, porque querés saber si los argentinos y la Justicia seremos capaces de atravesar esta verdadera prueba y saber si vivimos en democracia. Saber si realmente, y déjenme apostar a que sí, tantos años de impunidad del poder mediático, déjenme confiar que finalmente va a haber justicia, pese a ese mismo poder casi extorsivo, sobre políticos, empresas y jueces, si realmente vamos a poder sobreponernos y conocer la verdad.” Luego, añadió: “Si eso no sucede, déjenme comprometerme: yo, como Presidenta, voy a acompañarlos a otros tribunales internacionales a pedirlo”. Pero no fue lo único: “No digo las cosas por decirlas –siguió–, tengo confianza en que no vamos a tener que llegar a eso”. Y concluyó: “Los familiares de esos jóvenes, van a tener justicia porque ellos van a tener identidad”.
“Confío”, dijo Cristina Fernández de Kirchner. Frente a ella estaba sentada Estela de Carlotto. “Pero también me comprometo frente a usted, señora, a que usted y los familiares de esos jóvenes van a tener justicia.” Era casi el final del acto oficial de conmemoración por los 34 años del golpe de Estado, realizado en la ex Escuela de Mecánica de la Armada. La Presidenta acababa de homenajear a cuatro padres de desaparecidos que acompañaron las primeras rondas de las Madres de Plaza de Mayo en los años de plomo. Marcos Weinstein, uno de los padres, habló de aquel grupo como de la “retaguardia” que custodiaba detrás de escena a la “vanguardia ética” que encarnaban las madres. Pero también habló de la “lentitud” y la “morosidad” de las causas judiciales que no permiten “cerrar” los duelos ni cambiar de página. CFK se ancló en aquel reclamo para asegurar que, si la Justicia no avanza, “como Presidenta” va a recurrir “a otros tribunales internacionales a pedirlo”. No mencionó a Ernestina Herrera de Noble, tampoco al Grupo Clarín, pero aludió a la pelea de las Abuelas por la identidad de los hijos adoptivos de la dueña del multimedio y a ese “poder casi extorsivo sobre políticos, empresarios y jueces” que impide, dijo, conocer la verdad.
A la mañana temprano, los colectivos con los militantes del interior de la provincia de Buenos Aires volvían “popular” el aire señorial de la Avenida del Libertador. A contramano de las mareas de quienes avanzaban a pie para enfrentar, una vez más, con su paso, los fantasmas de ese antiguo centro de exterminio, un veterano corría en dirección contraria, hacia algún otro lugar: en la remera llevaba una pequeña inscripción del Ejército que lo desmarcaba del escenario, lo corría, como a quien no tiene lugar.
En la entrada de la ex ESMA, las banderas de La Cámpora y las rojas y negras de la JP acordonaban el ingreso al Museo de la Memoria. Los nombres de los intendentes del conurbano estampados en otros recortes de telas se clonaban más adelante entre quienes se apretaban en la entrada del Centro Cultural Haroldo Conti, construido en homenaje al escritor desaparecido, inaugurado formalmente ayer, y donde poco más tarde habló la Presidenta.
No había espacio. Los que entraban permanecían de pie, abarrotados, para no quedar del otro lado. Ezequiel, un físico con una beca del Conicet, con su mujer embarazada y su hija, se acercaba diciendo que iba a ocupar el metro cuadrado que le tocaba ocupar, que quería ser contado y “apoyar al gobierno popular que se ve amenazado”.
El acto empezó con el homenaje a los “Padres de la Plaza”, padres de los primeros secuestrados y desaparecidos por la dictadura que estuvieron en el detrás de escena, muchas veces por cuestiones estratégicas, y que acompañaban a las mujeres que reclaman por la aparición de sus hijos.
Al lado de Cristina Fernández se sentó Néstor Kirchner. Luego seguían el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y hacia los costados, el ministro de Justicia, Julio Alak, y el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde. La Presidenta entregó el Premio Azucena Villaflor a la trayectoria en derechos humanos a Julio Morresi, Bruno Palermo y Marcos Weinstein, en representación de aquellos padres. Y también al nieto de Emilio Mignone, nombrado como un “incansable luchador por los derechos humanos”, que perteneció y presidió la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y, en 1979, a partir de la negativa de algunos de sus integrantes a denunciar ante la Justicia los crímenes de la dictadura y condenarlos sin eufemismos, creó el Centro de Estudios Legales y Sociales (ver nota aparte).
En la sala, detrás de las primeras sillas, las vallas dividían el espacio con banderas de agrupaciones de Lomas de Zamora, Pilar, José C. Paz, Malvinas Argentinas, Moreno y Tres de Febrero, con el nombre de Curto sellado en aguatinta. Marcos Weinstein se acercó entonces al atril del escenario. Habló de los padres como de aquella “retaguardia asociada a la vanguardia ética que significaron las Madres de Plaza de Mayo”. Eran, dijo, “un segundo y distante círculo, estábamos en la recova de Hipólito Yrigoyen, el Cabildo, la Catedral, participando y vigilando, por el temor”.
Weinstein, que integró distintas organizaciones de derechos humanos en el país, trazó los momentos más importantes de lucha, desde ese primer flash de esperanza del retorno a la democracia, las leyes de impunidad, hasta 2003, cuando el Gobierno “promovió la nulidad de las leyes de impunidad y permitió la condena para los asesinos de nuestros hijos en trámites judiciales limpios y no en la clandestinidad”. La sala clamó su apoyo.
Detrás de las palabras, como en un plano sin voces, se oían los reclamos que los organismos de derechos humanos continúan haciéndole a la Justicia para que avancen las causas contra los represores. Pero, a días del fallo de Casación que impide otra vez concluir con los análisis de ADN a los hijos adoptivos de la dueña del diario Clarín, aquello tomó otro vigor: la Justicia es “lenta y morosa”, dijo Weinstein.
“Olé olé, olé olá, a donde vayan los iremos a buscar.” La Presidenta se paró. Caminó hasta ese atril convertido por unos minutos en púlpito. “En nombre de todos los argentinos y de la condición humana –dijo– queremos agradecerles a todos los que lucharon en estos años por llegar a la verdad y a la justicia.” Y agregó: “El 24 de marzo solía ser para mí un día de dolor, como de rabia, de bronca como tal vez lo era para muchos argentinos, pero la verdad es que de las Madres, de Estela, Hebe, Ramona, aprendí también el amor por la vida y alegría”.
En el mensaje, la Presidenta no confrontó directamente con nadie. Pero las entrelíneas permitían leer mensajes destinados a los jueces, al Grupo Clarín, pero también a la oposición en el Congreso. Se recordó a sí misma como titular de la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado, desde donde acompañó la nulidad de las leyes de obediencia debida y punto final.
A partir de ese momento, comenzó la segunda parte del discurso. Como de los padres, también habló de la Justicia. “Como Presidenta de la Nación, tal como lo dije en el mensaje a la Asamblea Legislativa, queremos que se aplique finalmente la justicia, con los jueces de la Nación, que se termine este capítulo tan trágico de los argentinos y podamos dar vuelta esa página de la historia con verdad y justicia”. Y convocó a “todos los argentinos, sólo excluyendo a pequeños grupúsculos que se esconden atrás de pretendidas ideologías, a la reflexión y a la construcción de un país democrático, con justicia y castigo para los que delinquieron, con debate y con amor, como lo hicieron las Abuelas de Plaza de Mayo”.
A unos pasos del atril, al lado de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, estaban los pañuelos de las Madres, integrantes de las organizaciones de derechos humanos, hijos, nietos y militantes. “La recuperación de un nieto es una victoria del estado de derecho”, dijo y repitió. Habló de calidad institucional, de un viejo encuentro con el ex mandatario de Francia Jacques Chirac, que le preguntó cómo podía ser que los responsables de las desapariciones de ciudadanos franceses todavía estuvieran libres. Y entonces se dirigió a Carlotto, aludiendo al caso Herrera de Noble. “Sé, Estela, que estás atravesando uno de los momentos más difíciles, vos y la democracia argentina, porque querés saber si los argentinos y la Justicia seremos capaces de atravesar esta verdadera prueba y saber si vivimos en democracia. Saber si realmente, y déjenme apostar a que sí, tantos años de impunidad del poder mediático, déjenme confiar que finalmente va a haber justicia, pese a ese mismo poder casi extorsivo, sobre políticos, empresas y jueces, si realmente vamos a poder sobreponernos y conocer la verdad.” Luego, añadió: “Si eso no sucede, déjenme comprometerme: yo, como Presidenta, voy a acompañarlos a otros tribunales internacionales a pedirlo”. Pero no fue lo único: “No digo las cosas por decirlas –siguió–, tengo confianza en que no vamos a tener que llegar a eso”. Y concluyó: “Los familiares de esos jóvenes, van a tener justicia porque ellos van a tener identidad”.
EL GOBIERNO DISTINGUIO A CUATRO PADRES DE DESAPARECIDOS
La retaguardia de las Madres
El Premio Azucena Villaflor fue entregado por la Presidenta a Julio Morresi, Bruno Palermo, Marcos Weinstein y a la memoria de Emilio Mignone, en reconocimiento a su apoyo a las denuncias de las Madres de Plaza de Mayo.
El premio fue entregado simbólicamente a cuatro de los padres que iniciaron las denuncias contra la dictadura.
Imagen: Rafael Yohai
Por Alejandra Dandan
Una voz fuera de escena iba presentando cada uno de esos rostros. Luego, ellos se acercaban hasta el escenario, “muy mayores”, como se retrataron poco después, mientras le pedían a la Justicia poder “cerrar el permanente duelo que nos acompaña”. Cristina Fernández y el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, les entregaron a cada uno el premio Azucena Villaflor, el reconocimiento del Gobierno a la trayectoria en la lucha por los derechos humanos. El homenaje a quienes empiezan a ser nombrados como los Padres de la Plaza se entregó simbólicamente a cuatro de los que iniciaron el camino de denuncias contra la dictadura de Estado, acompañando desde atrás, en un segundo círculo expectante, a las Madres. Fueron Julio Morresi, Bruno Palermo, Marcos Weinstein y Emilio Mignone, cuyo reconocimiento lo recibió su nieto.
Detrás de la Presidenta se amuchaban funcionarios y ministros. Delante, al lado de Eduardo Jozami, director del Centro Cultural Haroldo Conti, aguardaba cada uno de los homenajeados.
“Somos la retaguardia asociada a la vanguardia ética que significaron las Madres de Plaza de Mayo”, dijo Marcos Weinstein poco después, durante el acto. Los que mantenían un segundo círculo alrededor de las rondas de las Madres, siguiéndolas desde las recovas de alrededor de la Plaza de Mayo, vigilantes. Por eso el Premio se llama Azucena Villaflor, dijo, una de las catorce madres que en 1977 comenzaron a girar en torno de la Plaza.
Weinstein es el padre de Mauricio, su único hijo varón, un estudiante avanzado de la Escuela Carlos Pellegrini, militante de la JP y la UES, secuestrado el 19 de abril de 1978, con media docena de compañeros. Marcos trabajó desde entonces entre las Madres de Plaza de Mayo, en la APDH y, con su mujer, se sumó al Movimiento Judío por los Derechos Humanos.
Tras delinear los momentos más importantes de ese camino, Weinstein habló del presente, de “ese poder que vuelve a insinuarse ahora políticamente y nos debe alertar porque quiere promover el modelo de la impunidad”. Como reclaman los organismos de derechos humanos, se paró para hablar de la lentitud de la Justicia, y fue entonces cuando recordó: “Pero somos muy mayores”, para señalar un tiempo que se está acabando. “Permítannos cerrar el permanente duelo que nos acompaña, decir adiós y recuperar a los nietos desaparecidos con vida.”
Ninguno de sus compañeros habló. Cuando cada uno era nombrado, se acercaban hasta la mesa donde CFK se paraba a entregarles la “Azucena”.
Julio Morresi subió primero. Es el padre de Norberto, un militante de la UES que alguna vez, según su padre, cambió los entrenamientos de fútbol por el trabajo social en las villas. Julio dijo a veces que se sentía responsable de que Norberto haya sido tan peronista. Lo secuestraron el 23 de abril de 1976, a los 17 años, lo fusilaron y lo enterraron como NN en un cementerio de General Villegas. Su padre se acopló hace 33 años a la ronda de las Madres y pertenece a Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas.
Norberto Palermo se acercó enseguida. Es el padre de Norberto Hugo, que desapareció el 14 de octubre de 1975, a poco de obtener la baja del servicio militar en Campo de Mayo. Los militares le dieron franco cerca de las 23, pero nunca llegó a su casa. Su padre reconoció el cuerpo en la morgue del cementerio de San Miguel, aunque la policía le negó que fuera su hijo. Delante, parado en medio de la sala del centro cultural, Norberto escuchó el relato sobre sí mismo antes de tomar su flor.
Al final llamaron a Santiago, el nieto de Emilio Mignone. Su hija Mónica militaba en un grupo católico en el Bajo Flores, la secuestraron el 14 de mayo de 1976. Mignone, que venía de una larga experiencia en el campo educativo, se puso al servicio de los primeros años de trabajo de la APDH. En 1979 creó el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS).
“El olvido no existe”, dijo Weinstein citando a Jorge Luis Borges. “Nuestros hijos eran adolescentes idealistas, por gente como ellos estamos en esta tarea”, con “nuestras familias amputadas y reconstruidas a través del afecto”. En la sala, adelante, los que estaban sentados tenían en sus faldas remeras la leyenda de “Juicio y castigo”. Cuando terminó de hablar Weinstein, antes de que tomara la palabra la Presidenta para anunciar su compromiso de acompañar las demandas que no prosperen hasta los Tribunales Internacionales de Justicia, las remeras quedaron a un lado. Los que estaban sentados se pararon. “Padres de la Plaza”, les cantaron, “el pueblo los abraza”.
La retaguardia de las Madres
El Premio Azucena Villaflor fue entregado por la Presidenta a Julio Morresi, Bruno Palermo, Marcos Weinstein y a la memoria de Emilio Mignone, en reconocimiento a su apoyo a las denuncias de las Madres de Plaza de Mayo.
El premio fue entregado simbólicamente a cuatro de los padres que iniciaron las denuncias contra la dictadura.Imagen: Rafael Yohai
Por Alejandra Dandan
Una voz fuera de escena iba presentando cada uno de esos rostros. Luego, ellos se acercaban hasta el escenario, “muy mayores”, como se retrataron poco después, mientras le pedían a la Justicia poder “cerrar el permanente duelo que nos acompaña”. Cristina Fernández y el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, les entregaron a cada uno el premio Azucena Villaflor, el reconocimiento del Gobierno a la trayectoria en la lucha por los derechos humanos. El homenaje a quienes empiezan a ser nombrados como los Padres de la Plaza se entregó simbólicamente a cuatro de los que iniciaron el camino de denuncias contra la dictadura de Estado, acompañando desde atrás, en un segundo círculo expectante, a las Madres. Fueron Julio Morresi, Bruno Palermo, Marcos Weinstein y Emilio Mignone, cuyo reconocimiento lo recibió su nieto.
Detrás de la Presidenta se amuchaban funcionarios y ministros. Delante, al lado de Eduardo Jozami, director del Centro Cultural Haroldo Conti, aguardaba cada uno de los homenajeados.
“Somos la retaguardia asociada a la vanguardia ética que significaron las Madres de Plaza de Mayo”, dijo Marcos Weinstein poco después, durante el acto. Los que mantenían un segundo círculo alrededor de las rondas de las Madres, siguiéndolas desde las recovas de alrededor de la Plaza de Mayo, vigilantes. Por eso el Premio se llama Azucena Villaflor, dijo, una de las catorce madres que en 1977 comenzaron a girar en torno de la Plaza.
Weinstein es el padre de Mauricio, su único hijo varón, un estudiante avanzado de la Escuela Carlos Pellegrini, militante de la JP y la UES, secuestrado el 19 de abril de 1978, con media docena de compañeros. Marcos trabajó desde entonces entre las Madres de Plaza de Mayo, en la APDH y, con su mujer, se sumó al Movimiento Judío por los Derechos Humanos.
Tras delinear los momentos más importantes de ese camino, Weinstein habló del presente, de “ese poder que vuelve a insinuarse ahora políticamente y nos debe alertar porque quiere promover el modelo de la impunidad”. Como reclaman los organismos de derechos humanos, se paró para hablar de la lentitud de la Justicia, y fue entonces cuando recordó: “Pero somos muy mayores”, para señalar un tiempo que se está acabando. “Permítannos cerrar el permanente duelo que nos acompaña, decir adiós y recuperar a los nietos desaparecidos con vida.”
Ninguno de sus compañeros habló. Cuando cada uno era nombrado, se acercaban hasta la mesa donde CFK se paraba a entregarles la “Azucena”.
Julio Morresi subió primero. Es el padre de Norberto, un militante de la UES que alguna vez, según su padre, cambió los entrenamientos de fútbol por el trabajo social en las villas. Julio dijo a veces que se sentía responsable de que Norberto haya sido tan peronista. Lo secuestraron el 23 de abril de 1976, a los 17 años, lo fusilaron y lo enterraron como NN en un cementerio de General Villegas. Su padre se acopló hace 33 años a la ronda de las Madres y pertenece a Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas.
Norberto Palermo se acercó enseguida. Es el padre de Norberto Hugo, que desapareció el 14 de octubre de 1975, a poco de obtener la baja del servicio militar en Campo de Mayo. Los militares le dieron franco cerca de las 23, pero nunca llegó a su casa. Su padre reconoció el cuerpo en la morgue del cementerio de San Miguel, aunque la policía le negó que fuera su hijo. Delante, parado en medio de la sala del centro cultural, Norberto escuchó el relato sobre sí mismo antes de tomar su flor.
Al final llamaron a Santiago, el nieto de Emilio Mignone. Su hija Mónica militaba en un grupo católico en el Bajo Flores, la secuestraron el 14 de mayo de 1976. Mignone, que venía de una larga experiencia en el campo educativo, se puso al servicio de los primeros años de trabajo de la APDH. En 1979 creó el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS).
“El olvido no existe”, dijo Weinstein citando a Jorge Luis Borges. “Nuestros hijos eran adolescentes idealistas, por gente como ellos estamos en esta tarea”, con “nuestras familias amputadas y reconstruidas a través del afecto”. En la sala, adelante, los que estaban sentados tenían en sus faldas remeras la leyenda de “Juicio y castigo”. Cuando terminó de hablar Weinstein, antes de que tomara la palabra la Presidenta para anunciar su compromiso de acompañar las demandas que no prosperen hasta los Tribunales Internacionales de Justicia, las remeras quedaron a un lado. Los que estaban sentados se pararon. “Padres de la Plaza”, les cantaron, “el pueblo los abraza”.
Otras voces
- Los actos por el 34º aniversario del golpe de Estado de 1976 merecieron reflexiones de parte de distintos funcionarios del Gobierno:
- “Tenemos la responsabilidad histórica de acompañar el proceso” de los juicios por delitos de lesa humanidad, ya que “es imperioso hacer justicia”, sostuvo el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández.
- Oscar Parrilli, secretario General de la Presidencia, afirmó que “la dictadura fue un proyecto político, económico y cultural que necesitó llevar adelante el plan de exterminio”, y que “destruyó los valores y pretendió construir una Argentina para pocos”.
- El ministro del Interior, Florencio Randazzo, señaló que el aniversario del último golpe militar “es un día para que estemos todos juntos, los que creemos en un país diferente y hemos dado una pelea por los derechos humanos”, subrayó. Al mismo tiempo, sostuvo que “es para celebrar que podamos vivir en democracia, que se pueda votar y se pueda disentir”.
- Jorge Coscia, secretario de Cultura, sostuvo que el golpe militar tuvo “como eje a José Alfredo Martínez de Hoz, la Sociedad Rural y algunos medios de comunicación, que ahora se transforman en paladines de la república”.
- El presidente del bloque de diputados del FpV, Agustín Rossi, subrayó que “este nuevo aniversario encuentra a la Argentina en un proceso de recuperación de la verdad y la justicia”, y resaltó el hecho de que los “que cometieron crímenes sean juzgados con todas las garantías que da la democracia”.
- Gabriel Mariotto, titular de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual, aseguró que “desde que asumió Néstor Kirchner, los 24 de marzo tienen otra significación, ya que antes parecía que los medios miraban hacia otro lado”.
- Los actos por el 34º aniversario del golpe de Estado de 1976 merecieron reflexiones de parte de distintos funcionarios del Gobierno:
- “Tenemos la responsabilidad histórica de acompañar el proceso” de los juicios por delitos de lesa humanidad, ya que “es imperioso hacer justicia”, sostuvo el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández.
- Oscar Parrilli, secretario General de la Presidencia, afirmó que “la dictadura fue un proyecto político, económico y cultural que necesitó llevar adelante el plan de exterminio”, y que “destruyó los valores y pretendió construir una Argentina para pocos”.
- El ministro del Interior, Florencio Randazzo, señaló que el aniversario del último golpe militar “es un día para que estemos todos juntos, los que creemos en un país diferente y hemos dado una pelea por los derechos humanos”, subrayó. Al mismo tiempo, sostuvo que “es para celebrar que podamos vivir en democracia, que se pueda votar y se pueda disentir”.
- Jorge Coscia, secretario de Cultura, sostuvo que el golpe militar tuvo “como eje a José Alfredo Martínez de Hoz, la Sociedad Rural y algunos medios de comunicación, que ahora se transforman en paladines de la república”.
- El presidente del bloque de diputados del FpV, Agustín Rossi, subrayó que “este nuevo aniversario encuentra a la Argentina en un proceso de recuperación de la verdad y la justicia”, y resaltó el hecho de que los “que cometieron crímenes sean juzgados con todas las garantías que da la democracia”.
- Gabriel Mariotto, titular de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual, aseguró que “desde que asumió Néstor Kirchner, los 24 de marzo tienen otra significación, ya que antes parecía que los medios miraban hacia otro lado”.
RECHAZO A LA IDEA DE HACER UN PLEBISCITO PARA TERMINAR CON LOS JUICIOS A LOS REPRESORES
Solo como Duhalde el Día de la Memoria
El ex presidente propuso que en 2011 se vote también si seguir o no con los juicios por los crímenes de la dictadura. Hasta los macristas reprobaron su idea. El centroizquierda promoverá una declaración del Congreso en contra de su iniciativa.
Por Werner Pertot
Eduardo Duhalde no se rinde. Luego de proponer un país “para los que quieren a Videla”, el ex presidente planteó que se debería hacer un plebiscito para poner punto final a los juicios a los represores por delitos de lesa humanidad. “Los juicios tienen que terminar”, sentenció Duhalde contra lo que dictaminaron el Congreso y la Corte Suprema. Así, recuperó la doctrina de su amigo, el ex ministro de Educación macrista Abel Posse. Le contestaron desde funcionarios del gobierno nacional, gobernadores y dirigentes de derechos humanos hasta los distintos sectores de la oposición, el PRO incluido. El centroizquierda impulsará un pronunciamiento en el Congreso a favor de los juicios a los represores.
Desde que se lanzó a la presidencia, Duhalde viene insistiendo con terminar con los juicios por los crímenes de la última dictadura. Su idea no es nueva: soslayando nombres, el ex presidente Néstor Kirchner contó en diversas oportunidades que Duhalde le propuso, antes de que asumiera en 2003, que la Corte menemista declarara constitucionales las leyes de impunidad para dar por cerrados los reclamos de reapertura de las causas. Duhalde aprovechó la conmemoración del 24 de marzo para reiterar su idea a la salida de un encuentro del Movimiento Productivo Argentino (MPA): “Los juicios tienen que terminar. Hay que mirar para adelante. El pueblo argentino debería votar en las elecciones de 2011 qué quiere hacer”, propuso. “Ya lo hizo Uruguay, dos veces”, ejemplificó.
El dirigente no podría haber cosechado más repudios. “Si la opinión de Duhalde es ésa, más vale que no se presente a elecciones. Una persona que propone el olvido, la convivencia con los asesinos, es una persona peligrosa para la política”, consideró la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, durante la marcha a Plaza de Mayo. Más temprano, en la ex ESMA, Marcos Weinstein, de la Fundación Memoria Histórica y Social, planteó que “ese poder que vuelve a insinuarse ahora políticamente nos debe alertar porque quiere promover el modelo de la impunidad”.
Desde el gobierno nacional hicieron fila para responderle. “Acá no hay plebiscito que valga. Es un despropósito. Duhalde debe pensar que le da algún tipo de beneficio con algún sector derechoso”, estimó el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. “Duhalde es el pasado. Se están juzgando delitos concretos y nadie que perdió a un familiar quiere olvidar”, señaló el ministro del Interior, Florencio Randazzo. “En el Día de la Memoria, Duhalde propone el olvido”, cuestionó el ministro de Justicia, Julio Alak, que estimó que sus declaraciones “nos llenan de espanto y tienen como finalidad otorgarles impunidad a los represores”. En el gobierno bonaerense, la secretaria de Derechos Humanos, Sara Derotier de Cobacho, consideró que “lo que Duhalde tendría que hacer es aconsejarles a sus amigos que no se profuguen de la Justicia”. En tanto, el gobernador entrerriano Sergio Urribarri planteó que la propuesta de Duhalde es “desubicada”. “Borrar y hacer cuenta nueva es una aberración”, indicó.
Duhalde también recibió críticas de diversos sectores de la oposición. “Me parece lamentable. Acá no hay venganza. La Justicia argentina ha funcionado de manera ejemplar y tiene que seguir funcionando para marcar un derrotero en América latina. No sé a quién está apelando Duhalde, porque la inmensa mayoría de la sociedad argentina está de acuerdo con la investigación de los delitos del terrorismo de Estado”, planteó a este diario el referente de Proyecto Sur, Pino Solanas. En tanto, el diputado del EDE Martín Sabbatella consideró que “Duhalde decidió mostrarse tal cual es: como un lobbista de derecha que quiere borrar los crímenes del pasado, que propone plebiscitar si tiene que funcionar la Justicia o si se debe tapar el horror. Su propuesta es reaccionaria y antidemocrática. La enorme movilización de hoy demuestra lo que lo que la inmensa mayoría de la sociedad quiere: memoria, verdad y justicia”.
“Todos tenemos la obligación de salirle al cruce. La Constitución prohíbe expresamente un plebiscito en materia penal. Y Duhalde lo sabe. Lo que hace no es una propuesta, sino que es una señal a determinado grupo. Y eso es jugar con fuego”, consideró Eduardo Macaluse, del SI, que impulsará una declaración de todas las bancadas a favor de los juicios a los represores. “Que Duhalde está con los milicos y la impunidad nadie lo puede ignorar”, remarcó el dirigente del PTS, Christian “Chipi” Castillo, mientras marchaba a Plaza de Mayo.
“La Argentina ya ha elegido un camino, que es el correcto: el de verdad, justicia y condena a los responsables del terrorismo de Estado. La Argentina ha elegido este camino y es el mejor camino para que conozcamos lo que pasó y no se repita nunca más”, consideró Adrián Pérez, diputado de la Coalición Cívica-ARI. Por su parte, el jefe de la bancada del PRO, Federico Pinedo, advirtió a Página/12 que “es un tema que está resuelto por la Corte Suprema”. “No entiendo muy bien lo que dice Duhalde, pero da la impresión de que sería reeditar la ley de punto final y la Corte ya dijo que no se puede –recordó Pinedo–. Me da la sensación de que es un tema del pasado, no del futuro.”
Solo como Duhalde el Día de la Memoria
El ex presidente propuso que en 2011 se vote también si seguir o no con los juicios por los crímenes de la dictadura. Hasta los macristas reprobaron su idea. El centroizquierda promoverá una declaración del Congreso en contra de su iniciativa.
Por Werner PertotEduardo Duhalde no se rinde. Luego de proponer un país “para los que quieren a Videla”, el ex presidente planteó que se debería hacer un plebiscito para poner punto final a los juicios a los represores por delitos de lesa humanidad. “Los juicios tienen que terminar”, sentenció Duhalde contra lo que dictaminaron el Congreso y la Corte Suprema. Así, recuperó la doctrina de su amigo, el ex ministro de Educación macrista Abel Posse. Le contestaron desde funcionarios del gobierno nacional, gobernadores y dirigentes de derechos humanos hasta los distintos sectores de la oposición, el PRO incluido. El centroizquierda impulsará un pronunciamiento en el Congreso a favor de los juicios a los represores.
Desde que se lanzó a la presidencia, Duhalde viene insistiendo con terminar con los juicios por los crímenes de la última dictadura. Su idea no es nueva: soslayando nombres, el ex presidente Néstor Kirchner contó en diversas oportunidades que Duhalde le propuso, antes de que asumiera en 2003, que la Corte menemista declarara constitucionales las leyes de impunidad para dar por cerrados los reclamos de reapertura de las causas. Duhalde aprovechó la conmemoración del 24 de marzo para reiterar su idea a la salida de un encuentro del Movimiento Productivo Argentino (MPA): “Los juicios tienen que terminar. Hay que mirar para adelante. El pueblo argentino debería votar en las elecciones de 2011 qué quiere hacer”, propuso. “Ya lo hizo Uruguay, dos veces”, ejemplificó.
El dirigente no podría haber cosechado más repudios. “Si la opinión de Duhalde es ésa, más vale que no se presente a elecciones. Una persona que propone el olvido, la convivencia con los asesinos, es una persona peligrosa para la política”, consideró la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, durante la marcha a Plaza de Mayo. Más temprano, en la ex ESMA, Marcos Weinstein, de la Fundación Memoria Histórica y Social, planteó que “ese poder que vuelve a insinuarse ahora políticamente nos debe alertar porque quiere promover el modelo de la impunidad”.
Desde el gobierno nacional hicieron fila para responderle. “Acá no hay plebiscito que valga. Es un despropósito. Duhalde debe pensar que le da algún tipo de beneficio con algún sector derechoso”, estimó el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. “Duhalde es el pasado. Se están juzgando delitos concretos y nadie que perdió a un familiar quiere olvidar”, señaló el ministro del Interior, Florencio Randazzo. “En el Día de la Memoria, Duhalde propone el olvido”, cuestionó el ministro de Justicia, Julio Alak, que estimó que sus declaraciones “nos llenan de espanto y tienen como finalidad otorgarles impunidad a los represores”. En el gobierno bonaerense, la secretaria de Derechos Humanos, Sara Derotier de Cobacho, consideró que “lo que Duhalde tendría que hacer es aconsejarles a sus amigos que no se profuguen de la Justicia”. En tanto, el gobernador entrerriano Sergio Urribarri planteó que la propuesta de Duhalde es “desubicada”. “Borrar y hacer cuenta nueva es una aberración”, indicó.
Duhalde también recibió críticas de diversos sectores de la oposición. “Me parece lamentable. Acá no hay venganza. La Justicia argentina ha funcionado de manera ejemplar y tiene que seguir funcionando para marcar un derrotero en América latina. No sé a quién está apelando Duhalde, porque la inmensa mayoría de la sociedad argentina está de acuerdo con la investigación de los delitos del terrorismo de Estado”, planteó a este diario el referente de Proyecto Sur, Pino Solanas. En tanto, el diputado del EDE Martín Sabbatella consideró que “Duhalde decidió mostrarse tal cual es: como un lobbista de derecha que quiere borrar los crímenes del pasado, que propone plebiscitar si tiene que funcionar la Justicia o si se debe tapar el horror. Su propuesta es reaccionaria y antidemocrática. La enorme movilización de hoy demuestra lo que lo que la inmensa mayoría de la sociedad quiere: memoria, verdad y justicia”.
“Todos tenemos la obligación de salirle al cruce. La Constitución prohíbe expresamente un plebiscito en materia penal. Y Duhalde lo sabe. Lo que hace no es una propuesta, sino que es una señal a determinado grupo. Y eso es jugar con fuego”, consideró Eduardo Macaluse, del SI, que impulsará una declaración de todas las bancadas a favor de los juicios a los represores. “Que Duhalde está con los milicos y la impunidad nadie lo puede ignorar”, remarcó el dirigente del PTS, Christian “Chipi” Castillo, mientras marchaba a Plaza de Mayo.
“La Argentina ya ha elegido un camino, que es el correcto: el de verdad, justicia y condena a los responsables del terrorismo de Estado. La Argentina ha elegido este camino y es el mejor camino para que conozcamos lo que pasó y no se repita nunca más”, consideró Adrián Pérez, diputado de la Coalición Cívica-ARI. Por su parte, el jefe de la bancada del PRO, Federico Pinedo, advirtió a Página/12 que “es un tema que está resuelto por la Corte Suprema”. “No entiendo muy bien lo que dice Duhalde, pero da la impresión de que sería reeditar la ley de punto final y la Corte ya dijo que no se puede –recordó Pinedo–. Me da la sensación de que es un tema del pasado, no del futuro.”
EN ROSARIO
LA MARCHA POR LOS 34 AñOS DEL GOLPE DE ESTADO DE 1976 CONVOCO A 30 MIL PERSONAS
Miles de voces para decir presentes
La movilización salió de plaza San Martín y pasó frente a los Tribunales Federales donde se realiza el juicio Guerrieri-Amelong. Los manifestantes desbordaron el Monumento, donde se leyó un documento que pidió prisión perpetua a los genocidas.
Por José Maggi
Treinta mil voces dijeron ayer presente en el patio cívico del Monumento a la Bandera, como culminación de una marcha que partió desde Plaza San Martín, y que pasó frente al edificio de los tribunales federales de Oroño al 900. La columna se desplegó por más de quince cuadras: mientras la cabecera pisaba la esquina de San Luis y Corrientes había grupos que recién partían desde Moreno y Córdoba.
Las banderas de Madres de la Plaza 25 de mayo, de Familiares de ex detenidos y desparecidos políticos, MEDH (Movimiento ecuménico por los derechos humanos), APDH (Asamblea Permanente por los derechos humanos), H.I.J.O.S, de la Liga Argentina por los derechos del hombre y del Colectivo de ex presos sobrevivientes, se destacaron entre la multitud que asistió al acto de este 24 de marzo marcado por el primer juicio por terrorismo de estado que se sustancia en los tribunales locales.
Una de las Madres, Norma Vermeulen, fue la primera oradora: "Pasaron treinta y cuatro años desde el golpe genocida, aunque tiempo antes desde la Triple A ya venían asesinando a miles de hombres y mujeres comprometidos con la lucha por una patria con justicia social. Esta fecha sintetiza la puesta en marcha de la maquinaria asesina más poderosa de la que tengamos memoria, desde el genocidio a nuestros pueblos originarios".
Fue el turno entonces de Carlos Novillo, sobreviviente de La Calamita y quien tiene un hermano desaparecido: "Hoy queremos reivindicar a nuestros compañeros como luchadores sociales y políticos. Como en otros momentos de nuestra historia nacional, pero con un nivel de masividad superlativo, durante las décadas del 60 y 70, el país vivió un proceso de enorme participación política del pueblo, en el que se debatía qué modelo de país se quería para el presente y para el futuro", indicó.
Prosiguió Paula Luna, hija del desaparecido Daniel Gorosito: "La lucha por la justicia social, la unión latinoamericana, los derechos de los trabajadores, de la mujer, de los jubilados y de nuestros chicos, fueron banderas de nuestros compañeros y son estandartes que nos siguen convocando. Somos nosotros, los trabajadores, los estudiantes, los profesionales, los docentes, las amas de casa, los religiosos, hombres y mujeres del pueblo; los que debemos transformarnos en partícipes activos de los destinos de nuestra comunidad".
"Y así -agregó a su turno Ramón Verón- como llenamos este monumento para exigir el juicio y castigo a los terroristas de estado, debemos estar todos junto a los trabajadores que resisten a los despidos, suspensiones y baja de salarios".
Fue entonces que Alicia Gutiérrez marcó el objetivo de "lograr entre todos poner como principal eje de la agenda social la distribución de la riqueza; y desterrar los intentos de quienes pretenden esconder las consecuencias de la desigualdad con políticas de mano dura".
"A su vez -sumó Héctor 'Chinche' Medina- debemos unir nuestras voces y cuerpos para impedir que los grandes capitales sigan profundizando el saqueo de las riquezas de nuestros suelos, ríos, mar y subsuelos, nueva gran estafa que pagarán las próximas generaciones de argentinos, y que hoy ya pagan, desde Andalgalá a San Lorenzo, los pueblos contaminados, los campesinos desplazados, los pueblos originarios".
"Del mismo modo -agregó Laura Ferrer- debemos estar juntos para defender e impulsar el proceso de construcción de la unidad latinoamericana, en la que están inmersos numerosos países de nuestra América del Sur y el Caribe".
A su turno Juane Basso recordó que "el 24 de marzo de 1976, los militares golpistas, alcahuetes y empleados de los poderes imperiales, vinieron a barrer con esas luchas y esas banderas, bajo la Doctrina de Seguridad Nacional, y desplegaron un estado de terror sistemático. Utilizaron el aparato del estado para imponer una política en beneficio de los grandes grupos económicos, liquidaron las libertades democráticas, las conquistas de los trabajadores y se dedicaron a aniquilar todo vestigio de resistencia a sus planes".
Entonces Gustavo De Vincenzo recordó una denuncia del colectivo de organizaciones: "el primer juicio contra los represores en Rosario no fue verdaderamente público; ya que las dimensiones de la sala no contemplaron el derecho y posibilidad de presenciar y ser parte del mismo".
El texto dejaba sin embargo la posibilidad a la esperanza: "Esperamos que los magistrados el día de la sentencia se reivindiquen, no esquiven las contundentes pruebas y documentos producidos durante el juicio y estén a la altura de la valentía de los testigos y querellantes". Y en este sentido exigieron "cadena perpetua y cárcel común y efectiva para los genocidas del juicio Guerrieri Amelong".
Miles de voces para decir presentes
La movilización salió de plaza San Martín y pasó frente a los Tribunales Federales donde se realiza el juicio Guerrieri-Amelong. Los manifestantes desbordaron el Monumento, donde se leyó un documento que pidió prisión perpetua a los genocidas.
Por José MaggiTreinta mil voces dijeron ayer presente en el patio cívico del Monumento a la Bandera, como culminación de una marcha que partió desde Plaza San Martín, y que pasó frente al edificio de los tribunales federales de Oroño al 900. La columna se desplegó por más de quince cuadras: mientras la cabecera pisaba la esquina de San Luis y Corrientes había grupos que recién partían desde Moreno y Córdoba.
Las banderas de Madres de la Plaza 25 de mayo, de Familiares de ex detenidos y desparecidos políticos, MEDH (Movimiento ecuménico por los derechos humanos), APDH (Asamblea Permanente por los derechos humanos), H.I.J.O.S, de la Liga Argentina por los derechos del hombre y del Colectivo de ex presos sobrevivientes, se destacaron entre la multitud que asistió al acto de este 24 de marzo marcado por el primer juicio por terrorismo de estado que se sustancia en los tribunales locales.
Una de las Madres, Norma Vermeulen, fue la primera oradora: "Pasaron treinta y cuatro años desde el golpe genocida, aunque tiempo antes desde la Triple A ya venían asesinando a miles de hombres y mujeres comprometidos con la lucha por una patria con justicia social. Esta fecha sintetiza la puesta en marcha de la maquinaria asesina más poderosa de la que tengamos memoria, desde el genocidio a nuestros pueblos originarios".
Fue el turno entonces de Carlos Novillo, sobreviviente de La Calamita y quien tiene un hermano desaparecido: "Hoy queremos reivindicar a nuestros compañeros como luchadores sociales y políticos. Como en otros momentos de nuestra historia nacional, pero con un nivel de masividad superlativo, durante las décadas del 60 y 70, el país vivió un proceso de enorme participación política del pueblo, en el que se debatía qué modelo de país se quería para el presente y para el futuro", indicó.
Prosiguió Paula Luna, hija del desaparecido Daniel Gorosito: "La lucha por la justicia social, la unión latinoamericana, los derechos de los trabajadores, de la mujer, de los jubilados y de nuestros chicos, fueron banderas de nuestros compañeros y son estandartes que nos siguen convocando. Somos nosotros, los trabajadores, los estudiantes, los profesionales, los docentes, las amas de casa, los religiosos, hombres y mujeres del pueblo; los que debemos transformarnos en partícipes activos de los destinos de nuestra comunidad".
"Y así -agregó a su turno Ramón Verón- como llenamos este monumento para exigir el juicio y castigo a los terroristas de estado, debemos estar todos junto a los trabajadores que resisten a los despidos, suspensiones y baja de salarios".
Fue entonces que Alicia Gutiérrez marcó el objetivo de "lograr entre todos poner como principal eje de la agenda social la distribución de la riqueza; y desterrar los intentos de quienes pretenden esconder las consecuencias de la desigualdad con políticas de mano dura".
"A su vez -sumó Héctor 'Chinche' Medina- debemos unir nuestras voces y cuerpos para impedir que los grandes capitales sigan profundizando el saqueo de las riquezas de nuestros suelos, ríos, mar y subsuelos, nueva gran estafa que pagarán las próximas generaciones de argentinos, y que hoy ya pagan, desde Andalgalá a San Lorenzo, los pueblos contaminados, los campesinos desplazados, los pueblos originarios".
"Del mismo modo -agregó Laura Ferrer- debemos estar juntos para defender e impulsar el proceso de construcción de la unidad latinoamericana, en la que están inmersos numerosos países de nuestra América del Sur y el Caribe".
A su turno Juane Basso recordó que "el 24 de marzo de 1976, los militares golpistas, alcahuetes y empleados de los poderes imperiales, vinieron a barrer con esas luchas y esas banderas, bajo la Doctrina de Seguridad Nacional, y desplegaron un estado de terror sistemático. Utilizaron el aparato del estado para imponer una política en beneficio de los grandes grupos económicos, liquidaron las libertades democráticas, las conquistas de los trabajadores y se dedicaron a aniquilar todo vestigio de resistencia a sus planes".
Entonces Gustavo De Vincenzo recordó una denuncia del colectivo de organizaciones: "el primer juicio contra los represores en Rosario no fue verdaderamente público; ya que las dimensiones de la sala no contemplaron el derecho y posibilidad de presenciar y ser parte del mismo".
El texto dejaba sin embargo la posibilidad a la esperanza: "Esperamos que los magistrados el día de la sentencia se reivindiquen, no esquiven las contundentes pruebas y documentos producidos durante el juicio y estén a la altura de la valentía de los testigos y querellantes". Y en este sentido exigieron "cadena perpetua y cárcel común y efectiva para los genocidas del juicio Guerrieri Amelong".
REGISTRO FOTOGRÁFICO DE LA MARCHA.
Fotos: Graciela Borda Osella.






¡Muchas gracias Graciela!
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