30 de mayo de 2010

EL DIA QUE SE ABRIERON LAS PUERTAS DE LA ESMA
De recorrida por el infierno

Por Martín Piqué
Algunos no se animaban a seguir. Veían el techo a dos aguas y los dos sombríos salones del tercer piso, en el casino de oficiales de la ESMA, y no querían ver más. Bajaban las escaleras y se quedaban mirando desde el piso.
Otros, los más, subían en silencio hasta que llegaban a ese salón del tercer piso que habían visto en la tapa de los diarios. Era ³Capucha², donde los desaparecidos esperaban su destino entre tabiques de madera, engrillados, esposados, encapuchados. Ayer, después de que cantaran Serrat, Gieco y Heredia, una multitud espontánea se juntó en ese lugar. Entre la gente caminaban ex prisioneros de la ESMA, como Carlos Loza, secuestrado el 16 de diciembre de 1976, o familiares de víctimas de la dictadura, como la viuda de Angel Giorgiadis, Teresa Piñero. Cuando se atravesaban la puerta, el edificio principal o la mayor parte de las instalaciones, se notaba una cierta tensión, que se digería en silencio ­salvo para un grupo que hizo algunos destrozos y que se convirtió en lo más saliente del día para Radio 10­. El clima era distinto en el casino de oficiales. Allí la gente recorría en silencio, hablaba en voz baja y sobre todo escuchaba a quienes habían estado secuestrados. ³Yo estuve acá², dijo Carlos Loza señalando un rincón del altillo de la ESMA, conocida como ³Capuchita², donde se encuentra el tanque de agua del edificio. Bastó que dijera eso para que se juntara un grupo a su alrededor.
Mientras unas diez personas lo miraban en silencio, Loza trataba de reconocer los pequeños detalles: la ventana al ras del piso ­³en aquella época estaba pintada de azul²­ y la distancia hasta el tanque de agua. Entre éste y el piso hay un espacio de unos diez centímetros. Por más mínima que parezca, esa rendija era fundamental para la comunicación entre los presos.
³Cuando nos trajeron a mí y a otros tres compañeros, nos recibió un chico de la JUP de Arquitectura, Hernán Abriata, que nos dijo desde el otro lado: OLevántense la capucha que soy un detenido como ustedes¹. Fue un soplo de vida para nosotros², contó Loza con el ánimo notablemente tranquilo. Su esposa y sus dos hijos lo miraban de cerca. Loza estuvo 21 días detenido en la ESMA, lo liberaron el 6 de enero de 1976, a la madrugada, en las cercanías de San Fernando.
Mientras Loza y otros ex detenidos seguían contando sus vivencias, se fue juntando mucha gente en el altillo. Entre ella estaba Teresa ³Teté² Piñeiro, esposa de Angel Giorgiadis, uno de los montoneros asesinados en la Unidad 9 de La Plata. Piñeiro se puso a charlar con Loza y le mostró un anillo de hueso que su marido le había hecho en prisión. Se escuchaban preguntas y comentarios muy bajitos. Se veían ceños fruncidos de contener el llanto. En silencio, las cámaras estaban rodando.
³No nos vencieron², repetía Piñeiro al mismo tiempo que observaba el sitio más paradigmático de la represión. Loza escuchaba sin dejar de mirar.
Trataba de recordar el panorama que se veía desde ahí en el verano de 1976, cuando se quitaba la venda para espiar hacia la General Paz.
³Desde acá se podía ver un cartel grande de Gillette², contó reclinado sobre una de las ventanas del ala izquierda de ³Capuchita².
Pero luego miró hacia el otro lado, hacia el tanque de agua, desde donde le daba aliento el desaparecido Hernán Abriata a fines de 1976.
³Ahora ya está. Ya comprobé que Hernán no está más acá. Porque la última imagen que tuve de él fue en la ESMA², recordó Loza, cuyo hijo se llama, claro, Hernán.


POEMAS DE HUGO JOSÉ AGOSTI
Desaparecido el 7-11-76
Blancas paredes (pereza)
que sucias están.
Silencio en un tres por tres
y afuera todo lo demás.
Libertad condicionada
por un escape con vidrio
y unas ventas abiertas
que dan hacia un abismo.
Un fichero que me pide
que me entrometa en su mundo.
Unas letras que no vuelan
afirmadas a una máquina
de escribir hipocrecías.
Y me río porque al cesto
sólo tiro cosas sucias.


Un memorandum al pelo,
y otro a la barba y bigote.
El aspecto que le dicen
para estar aquí encerrado
atado por un horario.
Cinco horas tiene este día
cinco horas que son todo un día
y cada día de cinco horas
son cinco horas menos de vida.
Estática, soledad, silencio, frialdad,
desnudez.
Ni el mal trepa ese abismo
El Trabajo Hugo (1975)


Papá
Vino de trabajar
cansado y sin color.
Había en su frente sudor sudor
de una canción
que la vida escribió para él.
Sus manos percibían
dureza por doquier
y su rostro no ve
más que la nube gris
de su existencia.
Mas la calma le dio
una rosa sin espinas
y un jardín de flores nuevas
que son su revolución
El pan lo lleva en el alma
y la paz en la esperanza
de ver sus flores abiertas
con un futuro mejor.
La vida le dio poesía
y el hoy canta su alegría
de poder brindar su vida
sin pedir más que sonrisas.
Hugo (1973)


RECUERDO DE GERARDO JULIO ALVAREZ.
Desaparecido el 21-12-77
Para hablar de Gerardo Álvarez necesito traer a la memoria también a Carlos Acosta desaparecido en julio de 1976, los tres éramos compañeros inseparables. En los bares pensando cómo llegar más rápido a la Patria Socialista, en los grupos de estudio tratando de compenetrarnos con Marx, en las volanteadas en las fábricas, recorriendo librerías de Corrientes, cuando todos nos proletarizamos, en el trabajo cotidiano en los barrios. Momentos imborrables, de pasión acompañada de grandes sentimientos y emociones que nos hacían pensar que ahora sí las cosas iban a cambiar, que ahora sí los protagonistas de la historia argentina eramos los jóvenes.
A los dos los conocí en agosto de 1972 en la Unidad Básica Sabino Navarro, de entrada me impresionó la capacidad de liderazgo de Gerardo, su fortaleza y claridad de ideas, y de Carlos para nosotros Calculín su humor y entrega. Vernos todas las tardes, discutir acciones y evaluar instrucciones nos fueron acercando mucho y otro tanto lo hizo la historia que vivíamos, el trabajo político con la gente, las marchas a las que asistíamos, el triunfo Camporista y la libertad de los presos políticos. De Gerardo me enamoré y pronto fuimos compañeros. Gerardo era un joven sensible, que se carteaba con Cortazar, ávido lector y escritor de poemas y cuentos, su conocimiento y percepción de la realidad nos permitió salir a tiempo de Montoneros, después empezó la gran búsqueda, de nuevo el acercamiento a la izquierda.
Si bien nos dimos cuenta que a partir de 1974 la cosa estaba cambiando nuestra peculiar omnipotencia no nos permitió dar un paso al costado. Nosotros seguíamos y seguíamos aportando granitos de arena a la conciencia popular.
Tengo que agradecerle inmensamente a Carlos el haber resistido 24 horas las sesiones de brutal tortura a la que fue sometido, tiempo que permitió que tanto Gerardo como yo saliéramos de nuestras casas, Gracias amigo del alma. Después del allanamiento a mi casa por parte de un Comando de la Aeronaútica mis padres decidieron sacarme del país, ya que la orden era matarme. Gracias papá y mamá por haber actuado rápidamente. Lamento inmensamente que Gerardo no aceptó la oferta de mis viejos de salir del país. Tu necedad y fascinación por la muerte te traicionó.
Después en México, durante muchos años los busqué a los dos, en las marchas, en las esquinas, a veces me encontraba con parte de ustedes, las miradas, los ideales, la risa, pero cuanto los he extrañado durante estos años. En México trabajé para derechos humanos ni bien me enteré de la desaparición de Gerardo incorporé su nombre a las listas de desaparecidos al igual que el de Carlitos. Agradezco inmensamente también a los familiares de ambos el que hayan denunciado sus desapariciones a la CONADEP y el contar con una foto de Gerardo en el sitio de internet Realmente después de tantos años fue un gran impacto encontrarte navegando ayer en estos mares tecnológicos.
Gerardo y Carlitos, quiero contarles que hoy yo lucho de otra manera, lucho por no peder la memoria y eso que 27 años son muchos, por exigir juicio y castigo a los culpables del genocidio argentino, por las mujeres, por los indígenas, por ser feliz, y que en esto no estoy sola siempre van mis hijos conmigo, eso sí ellos lo entienden a su manera y yo aprendí a respetarlos. Volví a Argentina con la Democracia y me fui con Menen, no podía soportar estar compartiendo lugares públicos con genocidas.
Compañeros del alma, compañeros... casi 27 años después de que fueron desaparecidos por la dictadura, con mis cincuenta años y la madurez alcanzada le quiero decir Hasta la Victoria Siempre, porque aún sigo pensando que otro mundo es posible y retomo lo que aquí expresaron muchas voces "Todos somos Marcos" cuando el gobierno mostró su Foto y le dio un rostro al Subcomandante Marcos ( lider revolucionario del siglo XXI). Mis hijos y yo decimos muy fuerte siempre Todos somos Gerardo y Carlitos y los treinta mil desaparecidos de nuestro país. También quiero recordar hoy con un Todos somos Claudio Slemenson, dirigente de UES desaparecido en Tucumán en 1975.
Patricia Arendar
México, Distrito Federal, 29 de enero de 2004.
Fuente:desaparecidos

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