13 de mayo de 2010

PARAGUAY.

Excesiva ambivalencia
POR José Antonio Vera


La derecha paraguaya cierra filas para sancionar un proyecto de ley antiterrorista, en un parlamento cada día más retrógrado, frente al rechazo de todas las organizaciones sociales progresistas que denuncian la intención de demonizar al movimiento popular con la ayuda de un Poder Judicial de hechura estronista.
Los partidos de izquierda, las organizaciones campesinas y los movimientos sociales, se oponen a ese proyecto de ley, porque consideran que puede convertirse en un arma contra los luchadores sociales, merced al arbitrio de fiscales y jueces venales, que pueden utilizarla al servicio de los sectores enemigos del proceso de cambios que comenzó hace 20 meses con el Gobierno de Fernando Lugo.
Visto el accionar del Ministerio Público, es práctica tenaz la imputación ligera y el encarcelamiento sin mayor fundamento, como ocurre en este momento, cuando hay unos 150 labriegos presos sospechosos de pertenencia o de tener vínculos con el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), ambiciosa sigla que la práctica no legitima.
Hasta ahora, salvo el Ministerio del Interior, que necesita intentar justificar la represión, algunos otros voceros del gobierno, pero en especial la derecha, en todo su abanico, a caballo de los grandes órganos de prensa, nadie puede garantizar la existencia del EPP, “una fantasía”, para emisarios de Lula, del que no se conoce ningún documento que explique su doctrina y objetivos.
El único argumento que se usa a menudo, entre quienes tienen interés en su existencia, es que la presa Carmen Villalba, condenada porque habría participado en un secuestro extorsivo, desde la cárcel lanza consignas del EPP, además de alguna llamada telefónica o algún papel firmado por esas tres letras, amenazando a los órganos del Estado y a las fuerzas reaccionarias, “hambreadoras y asesinas del pueblo”.
El asesinato de cuatro personas en una estancia, que rastreaban cuatreros, dio pie a la oposición para decir que fue obra del EPP y forzar a Lugo a decretar el Estado de Excepción en cinco de los 18 departamentos del país, el que finalmente, quizás para ganar tiempo, sancionó por 30 días, que terminará el domingo 23, rechazado por la población y por varias organizaciones de izquierda.
Como el resultado es nulo hasta ahora, la derecha busca desde ya dos cosas, o prolongar esa situación por algunos meses, o someter a Lugo a un juicio político, por un parlamento con una mayoría hostil, únicamente preocupada en “bajezas politiqueras”, como lo califica el Espacio Unitario-Congreso Popular, que convoca una convención para el día 26 en Asunción, con cinco mil delegados de todo el país.
El mandatario, acicateado por varios flancos, es víctima de una cruzada reaccionaria que encabezan los grandes empresarios de comunicación, convertidos en inspiradores ideológicos de una derecha burra y analfabeta política, incapaz de ver su papel con algo de perspectiva, que le permita reunificarse y dar batalla ordenada y racional a Lugo, al decir del Secretario Político del Partido Popular Tekojojá, miembro del Frente Guasú.
En un balance sencillo, todos los planes emprendidos por la derecha están fracasando por el momento, a pesar de la ambivalencia del Gobierno en muchas áreas, en particular en lo tocante a la acción social, de solución de los más acuciantes problemas, como la pobreza de la mitad de los seis millones de paraguayos, un cuarto en la miseria absoluta.
No obstante, hay muchas medidas que se desarrollan, en las áreas de salud, en la seguridad social, en la asistencia a 150 mil familias excluidas por los anteriores gobiernos, y en la atención de niños en la calle, aunque la impresión es todo lo contrario, porque a medida que muchos son instalados por el gobierno en sitios de protección social y educativa, otros ocupan su lugar en la mendicidad.
Nada legitima que el Gobierno de Lugo no cumpla con su programa de seis puntos, de recuperar la soberanía energética nacional, violada por Brasil y Argentina, desde las dos represas binacionales, Itaipú y Yaciretá, y de comenzar una reforma agraria integral, pero hay una explicación indudable para ello, que parte del corto tiempo que ha tenido para cambiar una situación que tiene décadas de deterioro y corrupción, a lo que se suma una inexperiencia de administración que se ha plagado de improvisación.
Cuando en el 2006, la izquierda primero, acéfala de liderazgo, coqueteaba políticamente con Fernando Lugo, y la derecha, ansiosa de desplazar al omnipresente Partido Colorado del gobierno, veía que el Obispo podía ser un candidato de alternancia, con frío cálculo sacerdotal el religioso expresaba desconfianza para comprometerse con una pileta vacía, que eran a su juicio los progresistas desperdigados y, por el otro lado, con tanto acierto que merece un diploma de futurólogo, veía que lo esperaba una trituradora.
Antes de cumplir dos años al frente del gobierno, compromiso que asumió respondiendo a la presión popular y que una alianza tipo ensalada rusa hizo posible su victoria electoral, Lugo recordará todos los días a la máquina de picar carne, al tiempo de sentirse reconfortado por el apoyo de la izquierda, porque ella continúa aferrada a sostener el proceso de cambios, por encima de los errores y deficiencias del gabinete.
Hay un objetivo crecimiento de la conciencia política de la población, y a nivel orgánico ello se tradujo en la creación del Frene Guasú, que aglutina a la mayor parte de la familia progresista, aunque aún está lejos de constituir una fuerza unificada, que más puede compararse con una mandioca de apreciable tamaño, pero con más cáscara que contenido, como lo demostró la escasa participación de los trabajadores en la celebración del primero de mayo, y en la división sindical y del movimiento campesino.
La derecha está en un callejón sin salida, porque el sistema que representa tampoco tiene salida, ni en Paraguay ni en ningún rincón del planeta, así que la situación plantea un gran desafío para las organizaciones que empujan el proceso de cambios progresistas, forzadas a copar la delantera, aventajando en iniciativas y en propuestas a un enemigo minoritario que siempre ha construido sus privilegios como casta aprendiz de oligarquía, excluyendo a la mayoría de sus compatriotas.
Fuente:Argenpress

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