29 de junio de 2010

SANTA FE: EL PREDIO DEL EJÉRCITO CON PASADO OSCURO.

EL PREDIO DEL EJÉRCITO CON PASADO OSCURO
Los caminos a San Pedro
Los restos óseos hallados en San Pedro por el Equipo de Antropología Forense podrían pertenecer a ex presos políticos asesinados en Monje antes del Mundial de 1978. El aporte del represor rosarino condenado Eduardo Costanzo. Lo que vio el ex sereno del lugar, que falleció antes de declarar en el expediente judicial.


27.06.2010 · Autor: Héctor M. Galiano · Fuente: Notife

Si el relato de los protagonistas del horror es tan lineal como verídico, todo haría presumir que los restos óseos hallados en el campo de San Pedro, a 40 kilómetros de la capital santafesina pertenecerían a ex detenidos políticos que fueron ejecutados por militares y civiles en un chalet que el Ejército ocupó en la dictadura en el pueblo de Monje, una localidad de 2.500 habitantes a la que se accede por la ruta 65 y se puede llegar también por RN 11. Según los dichos (en sede judicial) del represor delator (y condenado a prisión perpetua) Eduardo “Tucu” Costanzo, las ejecuciones se realizaron en una vieja granja que estaba ubicada a 4 kilómetros al norte de Monje, por la ruta 11. Para el ex PCI que integró la patota del Ejército en Rosario, se fusilaron a 27 personas en Monje. La orden de exterminio la impartió el coronel Omar Pascual Guerrieri y fue antes del Mundial de Fútbol, cuando se hacía cada vez complicado para la dictadura mantener con vida a los detenidos en los chupaderos activos.
Una de las personas que integraba esa tanda de muertos por la represión –según Costanzo - era María Esther Ravelo, una mujer ciega que fue secuestrada junto a su marido de su casa en Rosario. Hoy allí funciona la Casa de la Memoria.
El año pasado, el (¿ex?) diario Crítica de la Argentina reveló en su edición santafesina que el chalet de Monje estuvo ocupado por Ricardo Rodríguez y su pareja. “Este hombre –según Costanzo, le decían Patilla y Alex Patiño- era el dueño del boliche Rilke II, en Maipú al 700, donde el 5 de diciembre de 1979 murieron 15 personas durante un incendio intencional. Por entonces, tenía unos 40 años. Se cree que hoy reside en Entre Ríos. Al parecer, Rodríguez era personal civil de Inteligencia del Ejército. Siempre según la declaración de Costanzo, el dueño de Rilke, uno de sus mozos –Ariel López, detenido en Rosario-, y el policía Francisco Scilabra participaban de los movimientos en esa pequeña vivienda semi rural, que ahora tiene por vecina la planta operativa del acueducto centro”, señaló el periodista Luis Bastús. Cuando la patota se fue de Monje – también escribió Bastús – “Rodríguez vendió la casa a dos hombres, García y Luna, de Rosario, pero éstos nunca la habitaron. En 1983, José y Agustín Garelli la compraron. Estos hermanos, agricultores ambos que al tomar posesión del inmueble encontraron papeles, fotografías y ropa. En un pequeño galponcito abovedado y contiguo había pedazos de diferentes automóviles”.
Rodriguez volvió al chalet a apretar a los nuevos dueños con que le devuelvan unos papeles viejos y unas fotos. El dueño ofuscado le mintió diciéndole que había quemado todo. Cosa que sí hizo luego de hacer la denuncia policial. Al regresar a la casita incendió todo, entre esas cosas había documentos del Ejército y fotos de asados, presumiblemente de la patota.
El 15 de febrero de 2006 Costanzo pidió ampliar la indagatoria en el marco de la causa que recién comenzaba a orientarse sobre los crímenes ocurridos en los centros clandestinos conocidos como “La Quinta de Funes”, “La intermedia” y “Fábrica Militar”. El represor señaló a un colaborador del Ejército que trabajó en el Registro Civil en los años de plomo y que era el encargado de confeccionar documentación falsa al servicio de la patota. Mencionó a un tal “Chino Martín”, que trabajó –según el ex PCI- con el entonces jefe de asesores de Carlos Reutemann en el Senado, el abogado y ex ministro de Gobierno Carlos Carranza. “El Tucu” empalmó este dato con el traslado de 27 detenidos del chupadero “La Intermedia” en un camión Mercedes Benz 1114 que tenía el Ejército, pero que no era de su propiedad, hasta el chalet de Monje. Costanzo recordó que la casita que fue un centro clandestino “la manejaba ‘Patilla’ Rodríguez, que era el dueño de una whiskería en Rosario, a la que iba toda la patota”.
El ex policía e integrante de los grupos de tareas, Hugo Cardozo, le contó a Costanzo en noviembre de 2005 (fallecería al año siguiente) que a los 27 detenidos los mataron con una inyección y se los llevaron de Monje a un campo. Costanzo le preguntó si era un campo que quedaba por Los Aromos o por Laguna Paiva. Cardozo dijo que sí y el “Tucu” respondió: “Ah, por donde tiene los campos Reutemann”. Cardozo corrigió. – No, en el campo del coronel (fallecido y ex jefe del Área 212 Juan Orlando) Rolón.
San Pedro
El campo donde fueron ubicados los restos óseos -de al menos 8 personas- por el Equipo Argentino de Antropología Forense fue durante la segunda mitad de la década del ochenta y todo los años noventa un centro de prácticas y entrenamientos de colimbas y liceístas que recuerdan las maniobras de desembarco y juegos de guerra al costado de la laguna del complejo militar. Desde hace un tiempo esta alquilado y sembrado, situación que el Ejército ordenó hacer cesar tras conocerse el resultado de las excavaciones.
El 9 de noviembre del año pasado, la ex detenida política Myriam Ramón declaró como testigo en la denominada “Causa Brusa” y en su relato, adelantó lo que este mes pudo corroborarse. Ramón integró a finales de la dictadura una estructura que luego le dio vida en democracia a la Conadep. Ya en democracia, y con la Comisión que presidió el escritor Ernesto Sábato funcionando, se acercó a la delegación Santa Fe un hombre de apellido Castellanos, acompañado de un concejal radical de Laguna Paiva. “El hombre, alto y flaco dijo que era el cuidador de un campo del Ejército que quedaba en un camino lateral entre Campo Andino y Laguna Paiva. Los denunció hechos ocurridos en ese campo y nos relató que allí se realizaban maniobras del Ejército y que varias veces lo sacaron a él a otras personas con rumbo al Regimiento de Infantería en Santa Fe, pero antes llevaban al lugar bolsas de cal. Después, nos dijo Castellanos, los hacían regresar al lugar 3 o 4 días después. “Una vez ví una gran retroexcavadora en el campo haciendo una excavación, otra vez ví sangre en un árbol, un zapato de mujer y una medallita”, dijo Castellanos, que falleció antes de declarar en el expediente judicial que tramita el juez federal Francisco Miño en Santa Fe. Sin embargo, cuando en marzo de 2007 la Casa de Derechos Humanos hizo la denuncia formal en sede judicial, se acompañó una copia de una entrevista realizada al casero del lugar, como así también la desgrabación de esa conversación.
Ramón recordó que “en ese entonces no había garantías para ir a la justicia, ni para hacer guardias en la zona. Si hacíamos la denuncia en la justicia federal lo militares se iban a dar cuenta. Decidimos entrar al campo con castellanos, que nos dijo que había una fosa común. Se sumó el abogado Juan Carlos Adrover, que también formaba parte de la Conadep”.
En el lugar, vieron una casina muy antigua, una construcción de principios de siglo XX. Había una estructura muy amplia edificada sobre una terraza a la que se accedía por medio de escalones en forma de L. Tenía dos habitaciones para el poniente y un amplio patio. Cuando Castellanos ingresó con Adrover y Ramón estaba muy asustado, buscó frenéticamente la fosa común donde creía habían fusilado a una mujer atada a un árbol. Buscó entre la maleva y la tierra y halló un dedo meñique de una mujer.
Castellanos fue entrevistado en 2005 por miembros del MEDH de Santa Fe. Entre sus dichos más importantes aportados a la causa en forma de cinta y también por escrito se puede leer: -“Transcurría el año 1977 cuando, alrededor de la media mañana llega un grupo del Ejército. Por experiencia, yo logro distinguir que entre ellos, se hallaban algunos pertenecientes a Inteligencia. Yo ya sabía que cuando los de Inteligencia venían yo me tenía que retirar. Días atrás habían descargado gran cantidad de bolsas de cal, cosa que ya había llamado mi atención, las habían apilado en una de las habitaciones de lo que era el casco antiguo del campo”
- “Era común encontrar pozos o todo tipo de excavaciones, hay que tener en cuenta que es un campo de maniobras del Ejército, por lo que era normal que cavaran trincheras o casamatas. Pero nunca se tomaban el trabajo de taparlas, quedaban así nomás, los pozos al descubierto.” “Eso es lo que llama mi atención; esta vez los habían vuelto a tapar con la tierra.”
-“Si bien no había rastros de la cal en los alrededores de la fosa yo ya había escuchado que era una práctica común en estos casos el uso de la cal.”
-“Desde que yo llego al campo, en el vecindario se hablaba de que ocurrían estas cosas en el campo de San Pedro.”
El testimonio no difiere en mucho con el registrado por los viejos integrantes de la Conadep Santa Fe. El juez Miño está abocado ahora a la detección de dos testigos más que tuvieron una posición de observadores privilegiada en el predio del Ejército entre 1977 y 1978. Ordenó diligencias nuevas, además de la custodia permanente de efectivos de la Policía Federal y de Gendarmería en San Pedro. Nuevos informes aportados al magistrado estos últimos días profundizan la hipótesis que se tratarían de ex presos políticos asesinados en el lugar o trasladados allí una vez muertos. Todos tienen signos de haber sido baleados y, según aportó una incontrastable fuente judicial, pertenecerían a hombres y mujeres jóvenes.
FuentedeOrigen:Notife
Fuente:Agndh

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