Sobre “preocupados” y “resignación canaria” (De José Saramago y demás)
Víctor Ramírez
NOTA DECLARATORIA
Esta reflexión periodística salió en la revista Liberación desde el 9 de octubre del 2000 al 12 de febrero del 2001 en diez entregas. Las razones de mis publicaciones periodísticas en detrimento de mi actividad narrativa –cuando pude aprovechar, pues estuve y sigo estando vetado en los medios de comunicación habituales- pueden encontrarse en este artículo que a continuación expongo como preámbulo. Lo publiqué en el periódico La Tribuna el Domingo 14 de febrero de 1999 y gracias a la oportunidad que me había brindado su director Federico González Ramírez –contra la voluntad de los dueños del periódico, claro. Éstos, pocas semanas después de empezar mi colaboración, le habían ordenado que dejara de publicarme; pero Federico se negó y le seguí enviando semanalmente un artículo bajo el epigrafe EL PARAÍSO PODRIDO -que luego publiqué en libro. Por cierto: el seguramente primer trabajo que, como director sustituyendo a Federico, realizó Martín Marrero fue vetarme el artículo que ya había yo enviado para su publicación, el titulado Tarajano, la Academia, O'shanahan (fechado el 24-julio-2000).
***
Guardar silencio "intelectual" no es despreciar sino apoyar al Poder vigente.
En su libro El sentido de la realidad dijo Isaiah Berlin, refiriéndose a una tesis del alemán Fichte, que "los valores no se descubren sino se construyen". Esto me lleva a reafirmar que política, toda política -incluso la más íntimamente personal-, es la inexorable -sic- planificación del futuro con elementos del presente y enseñanzas del pasado.
En mi prostituida Patria Canaria los elementos del presente están controlados por agentes españoles o canarios al servicio del poder metropolitano, y el pasado lo desconocemos en su casi totalidad o se nos mixtifica con absoluta vesania.
Mas, cuando uno responde públicamente mediante su obra artística -en mi caso literaria-, está haciendo política porque participa, quiera o no, en esa ineludible planificación. Tampoco hay, por tanto, actividad de incidencia social (como radiar un partido de fútbol, por ejemplo) políticamente neutra.
En nuestra Patria Canaria (al habérsenos dificultado violentamente -sic- la construcción de valores emancipadores, al impedírsenos tiránicamente -sic- la construcción de valores dignificantes, forzándosenos a aceptar colonialmente los opresivos valores españoles) lo habitual ha sido, y continúa siendo, la cultura de la evasión, de la elusión, o de la pura mascarada cortesana, cuando no la del ataque frontal –liquidador- al menor atisbo de un arte emancipador –principalmente en la actividad literaria.
Casi nunca ha sido nuestra cultura la del enfrentamiento directo con la tiranía española, enfrentamiento sin perífrasis ni eufemismos. Y ello, al menos para mí, es injustificable, imperdonable. Por eso quiero volver a airear algo leído hace unos pocos meses.
Lo aireo porque es una acusación sin ambages al esbirraje colonial que, ciega o lúcidamente, participa en la pudrición de nuestro pueblo. Ese esbirrismo hace posible que hoy, ciento setenta años después, continúen vigentes las denigradoras razones que aducía el esbirro capitán general Francisco Tomás Morales cuando, a petición del maldito "madrid", elaboró un largo informe, en el que consideraba totalmente infundados los recelos "madrileños" sobre la lealtad isleña.- informe que no me canso de repetir. Fue el 10 de diciembre de 1827 cuando Morales fechó lo siguiente:
"Desengáñese V.E.: En Canarias ni las revoluciones políticas de los pueblos de la Península, ni la influencia de los rebeldes de las Américas, ni las doctrinas subversivas del orden social; nada es capaz de alterar la fidelidad de sus habitantes. Su situación topográfica, su pobreza misma, esa imposibilidad física y moral de poder sostener interior o exteriormente cualesquiera movimientos de revolución ¿dejarían de ser constantemente poderosos obstáculos para las tentativas de los innovadores?"...
En toda esa miseria se continúa sustentado la "españolidad" actual de la mayoría de mis compatriotas. Quienes tenemos la obligación de construir los valores de la salutífera rebeldía somos los más responsables e incluso culpables... pues el silencio no es despreciar sino apoyar al Poder vigente, al denigrante poder colonial español.
* * *
SOBRE "PREOCUPADOS" Y"RESIGNACIÓN CANARIA"
(de José Saramago y demás)
- I -
Entonces interrumpiría el apodado Pancho, con entonación ansiosa:
Me vino a la memoria como relámpago algo que leí por vez primera hace cinco años: justo en la página doce de Notas y recuerdos, libro de Agustín Millares Torres (1826 -1898). También lo recordé porque el tal Francisco Tomás Morales, que vivió entre 1781 y 1847 (ejerciendo de Capitán General entre los años 27 y 36), fue contemporáneo durante veinte años del insigne prócer don Agustín -hombre que hoy, por decente y sabio, sólo podría ser independentista. Dice así:
"La casa del Coronel -en La Oliva de Fuerteventura- es una especie de fortaleza, con cañones y cuerpo de guardia, muebles antiguos, costumbres feudales y riqueza forrada de miseria.
>>El coronel es mirado con la misma veneración que a Dios. Cuando se le descubre en aquellas grandes llanuras que forman horizonte, la gente se descubre y permanece inmóvil hasta que desaparece por la parte opuesta. Hay quien asegura que, al acercarse, se arrodillan".
Tenía sólo veinte años Agustín Millares Torres cuando en 1846, rumbo a España para estudiar música, aprovechó la parada del barco en Puerto de Cabras e indagó cuanto pudo sobre aquellos pobres infelices mahoreros que tantas hambre y humillación habían pasado, pasaban y continuarán pasando. Ahora, cuando por mor del turismo podrían ellos resarcirse de tales penurias físicas y anímicas, resulta que apenas sí pueden decir con verdadera propiedad que Fuerteventura es su tierra -casi toda ella controlada y expoliada por fuereños con la complicidad de los colaboracionistas de siempre y aprovechándose de la indefensión e ignorancia del nativo resignado.
¿Saben en qué pensaba, señores, mientras oía al amigo Pancho? -preguntó con gesto entristecido Amaranto Froilán de Todos los Santos. Pensaba en cuán pobres de alma seguimos siendo -a esta pobreza hay quien la llama ‘resignación canaria’ ("mejor que canaria, ¿por qué no llamarla perraria? –interrumpió fugaz Miranda).
Supe que Ricardo García Luis presentó un libro del entrañable, y ya fallecido, Hermógenes Afonso Hupalupa en el Ateneo de La Laguna y que asistió bastante gente. Es muy típico de nosotros escudarnos tras unos heroicos compatriotas muertos, compatriotas que cuando vivían apenas sí eran mínimamente arropados y estimulados en su lucha libertaria: lucha que hubieron ellos de realizar soportando agobiantes soledades y, sobre todo, soportando muchas ponzoñosas desventuras afectivas causadas por las personas más allegadas y queridas (“además del aseteo constante de injurias y calumnias de los supuestamente correligionarios suyos” –apostilló Pancho).
Seguro estoy de que, si Hermógenes Hupalupa estuviera vivo y presentara ahora su libro (admitiendo que lo hubiese podido publicar tras ímprobas fatigas económicas y morales), apenas sí aparecerían por allí los cuatro indiscutibles de siempre -además del entrañable presentador Ricardo García Luis.
Pero, como ya su palabra viva no molesta ni levanta ampollas (muy especialmente entre los paisanos que, jugando a independentistas, envidiaban y criticaban ponzoñosos su vehemente arrojo patriótico), sino que puede ser manipulada de una u otra forma, entonces vamos y -consecuentes con nuestra psicología de colonizado envilecido-, lo enarbolamos y lo enaltecemos para poder continuar escondiéndonos y rumiando nuestras frustraciones mientras hacemos el vacío e inclusive vituperamos al compatriota vivo que planta cara -casi siempre en solitario- al poderío colonial español.
Así es la vida, señores. De hombres como Hermógenes Hupalupa, Secundino Delgado y unos pocos demás, sólo nos debería interesar seguirles el ejemplo y mostrarles la mayor gratitud mientras estamos vivos: ejemplo y gratitud que principalmente nos animen a seguir la única digna de las luchas aquí, la lucha por la emancipación de la Patria colonizada: y teniendo presente que la Patria no tiene padres, sino hijos -buenos o malos, ingratos o agradecidos, trabajadores o gansos, fieles o traidores, heroicos o cobardes... pero hijos.
Ese ejemplo y esa gratitud, consecuentemente, me impedirán tomar parte en la necrofilia cómodamente idolátrica hacia una buena persona que -si viviera- continuaría siendo crucificada desde todas partes, especialmente por quienes –juguetones- ahora la consideran y proclaman suya, poco menos que de su exclusiva propiedad.
Por eso no debe extrañarnos que, de entre esos admiradores y propulsores actuales del machacado Hermógenes y del no menos lacerado Secundino Delgado, haya quienes despotriquen calumniosos contra -por ejemplo- el periódico Liberación y contra algunos de sus participantes y de otros que dan continua y abiertamente la cara en pro de la soberanía de nuestra sorroballada Patria.
Resulta más llevadero y ostentoso a esos tan patrióticos compatriotas despotricadores ocultarse tras los muertos, sí. ¡Qué tris-teza! Perdonen el desahogo y la interrupción. Continúe usted, joven.
(Pero Pancho se mantuvo silencioso, con la boca abierta, mirando como hipnotizado hacia el llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos).
Entonces aprovechará el viejo Armiche para casi susurrar:
Tus palabras, amigo, suenan duras y uno quisiera que no correspondiesen a la realidad, que estuvieran exageradas. Mas temo que no yerras del todo en tus apreciaciones... En fin...
El amigo Pancho mentó a los mahoreros y eso tan contundente de "la riqueza forrada de miseria" y "al control expoliador de fuereños". Quisiera, por ello, recordarles las palabras del tan alabanceado escritor portugués José Saramago, palabras que la prensa colonial publicó hace unos pocos días. Supongo que ustedes las habrán leído.
(Se equivocó de plano el anciano: ninguno de los contertulios las hubo leído. Y, mientras hablaba, extraería del bolsillo superior izquierdo de su sahariana una página de periódico dobladísima y bastante subrayada. Tras haberla desdoblado y extendido sobre la mesa, leyó:)
"José Saramago advierte del deterioro de Canarias con el excesivo monocultivo del turismo. El escritor critica la pasividad de los lanzaroteños ante el deterioro de la Isla". Ése es el titular. La prensa se refería a lo que expuso el escritor portugués en conferencia celebrada en el Club Náutico y organizada por la asociación cultural Achicatande.
Esa Achicatande supongo que será una más de las asociaciones que, pese a su nombre tan aborigen y siguiendo el programa colonial habitual de ellas tan 'canarias', procuran evitar que se oiga la palabra del rebelde, del independentista -intervino El Cobra, enronquecida su voz por otro mal de amores.
Seguro que será una asociación que debe seguir demostrando que ningún canario vale la pena. ¿Cómo habrán tratado y seguirían tratando asociaciones así a personas como el canario lanzaroteño Leandro Perdomo, intelectual y hombre muchísimo más valioso para Lanzarote y Canarias que cuarenta mil Saramagos juntos?
¡Menuda desgracia es ésta, que todo cuanto de cultura por aquí brota acaba siendo purita cizaña anticanaria y por muy de canaria que presuma! Siga usted, señor Armiche.
Pero quien habló sería el joven apodado Pancho, para exclamar: ¡menudo papanatismo rastrero se ha montado aquí entre los culturos con el tal Jaramago, bastante más ruin escribiendo que -además del eximio Leandro Perdomo- nuestros aún vivos Isaac de Vega y Rafa Arozarena! ¡Si hasta una persona tan culta y tan condescendiente como el doctor Rafael Inglott lo califica de bodrio que parece escribir un poquillo mejor últimamente, imagínense cómo será de paquete por mucho celofán mediático con que se le envuelva y propagandee!
Yo mismo soy uno de los que han intentado leerlo -por curiosidad y por no ser injusto en mis apreciaciones- y me atrabanco enseguida de lo tan empalagoso y farfullero que escribe el individuo. Y no me digan que sobre gustos no hay nada escrito; pues, si de algo se ha escrito demasiado, es precisamente sobre gustos, sobre cómo éstos también son producto de interesados adoctrinamientos ideológicos.
El que es bueno es bueno y el que es malo es malo por mucho que procuren engatusarnos con mentiras mediáticas y de las otras. Así lo siento y así lo digo. Discúlpeme el desahogo, señor Armiche. Adelante con su lectura.
Pienso que te has pasado en tus apreciaciones, amigo Pancho, que rayas en la injusticia. Yo he leído al señor José Saramago -no mucho, cierto, pero sí lo suficiente. Y me parece aprovechable: no tanto como bastantes otros, cierto, incluidos los mentados por ti.
Pero puede ser que te sientas dolido porque consideras que admite él, por puro peseterismo o desidia, o por la edad o el exceso de ocupaciones distraidoras, ser utilizado papanata y torticeramente por esos auténticos esbirros culturales que tienen copados todos los espacios docentes, periodísticos, radiofónicos y televisivos: gentes que actúan como inclementes represores colonialistas para ningunear hasta la extinción a nuestros escritores, de los que algunos no resultan peores que el señor Saramago -cierto-, pero no tan mejores como afirmas tú, Pancho, al menos según mi valoración, claro. Bien... Sigamos leyendo lo que tengo aquí subrayado. Creo que merece la pena.
"Defendió Saramago a su vez una conciencia ciudadana colectiva y afirmó que estamos asistiendo a la segunda muerte de César Manrique. La primera fue el cuerpo, la segunda es la muerte del espíritu. Ante un público que debió abrirse paso hasta los propios balcones del salón, Saramago confesó que <>".
Perdone un minuto, señor Armiche -atajó Miranda con cierta brusquedad, inusitada en él: hombre más bien de talante socarrón. Leyendo cosas de éstas, se pregunta uno si individuos tan ensalzados como el señor Saramago en verdad son toletes de liar o listos que se hacen los bobos para seguir mamando del bote, y no importa la edad que se tenga si está bien del coco.
Vamos a ver: ¿por qué no se ha preocupado él, que lleva aquí sus cuantos años, en leer a algunos de nuestros escritores más significativos? Opino que, si los hubiese leído, debería saber que a un pueblo al que se le fuerza a vivir sin memoria -y por ende sin personalidad ni capacidad para aprender, para ilustrarse, para conscienciarse- no se le puede exigir entendimiento para comprender y captar su realidad, ni mucho menos exigirle voluntad capacitada para integrar algo bueno en su alma individual y -mucho menos- en su alma colectiva.
Debería saberlo el insigne escritor. Es su obligación intelectual si se pone a manifestarse en público y, por consiguiente, su obligación ética y, por consiguiente, su obligación política. Nadie es neutral en sus manifestaciones publicadas. Y mucho menos lo es un escritor tan reconocido como él.
9-octubre-2000
* * *
- II -
El Cobra aprovecharía que callara abruptamente Miranda: para participar en el coloquio. Y dirá con voz nítida pese a su ronquera de amores: hace un rato volvió a mentar el amigo Pancho lo de cuánto se ocultan muchos compatriotas presuntos independentistas detrás de los poquitos muertos heroicos nuestros.
Se ocultan -pienso- para acaso engatusar a su mala conciencia, engatusarla en vez de apoyar a los luchadores vivos en la contienda emancipatoria de nuestra Patria, luchando ellos asimismo o no estorbando -al menos- con sus celos y envidias y demás frustraciones narcisistas.
Pero atendiendo a lo que ha leído usted, señor Armiche, caigo en la cuenta de que el mentado señor Saramago (hombre 'preocupado por nosotros', del que Alcorac nos libre y guarde) también recurre hipócrita y torticeramente al muerto, y por ende silencioso, César Manrique.
Recurre, fingiendo dramatismo inclusive, con esa machangada de que el artista lanzaroteño murió dos veces: la primera de cuerpo y la segunda de espíritu. ¡Pues sí que manda cataplines la tal patujada, señores míos! ¡Lo que hay que hacer comunistamente para promocionar capitalistamente tus libros y para que se te invite a espectaculares conferencias o a ser entrevistado izquierdosamente colonizador!
Que yo sepa, el mismito César andaba por ahí presumiendo propagandístico de su obra artística y ecológica en Lanzarote –obra y propagandeo que yo no tengo por qué valorar negativamente, pero que sus buenitos dinerones y suculentitas prebendonas le proporcionaron. Exaltaba él por ahí, sobremanera y eufórico de orgullo por su labor, los encantos de su isla.
Los exaltaba César publicitariamente como el totorota ingenuo que exalta la hermosura y pureza de su jovencita hermana, niña simplona y pobre e indefensa, ante proxenetas mafiosos sin escrúpulos. Éstos, desde que pueden, se apropian de ella y la prostituyen al máximo e inmisericordemente -como así ha ocurrido y ocurre con nuestra indefensa Patria, y como seguirá ocurriendo hasta su consunción si no nos emancipamos cuanto antes del maldito poderío español.
César Manrique mercadeó con su obra como cualesquiera de los otros artistas: sin reparos éticos (aunque él se creyera, con razón discutible, un ángel de la guarda ecológico, ángel que no le hacía fos al dinero ni a la vanidad publicista, ni al compincheo político) y sin conciencia patriótica. Se enriqueció él dinerariamente, ostentó su riqueza e incluso doblaría la cerviz -pletórico de cortesanía- ante el merito Borbón y Borbón, directo heredero del dictador Franco y actual Jefe del Estado que tan policialmente nos mantiene aherrojados e ignorantes.
Si mal no recuerdo, el político lanzaroteño que al principio lo apoyaría en ese negocio tan lindo que montó (y que en Patria independiente acaso hubiera valido la pena; pero que en Patria totalmente sometida se limita a aumentar inexorable el aherrojamiento y, a la larga, el irreversible deterioro) acabaría suicidado. ¿Por qué se suicidó ese tal político si también era bastante rico y dícese que muy respetado? Según oí, no estaba enfermo irreversible o cosa parecida.
Y volviendo a eso que usted nos ha leído, señor Armiche, me sigo preguntando si no le da vergüenza al colonialmente y colonizadoramente alabanceado Saramago pronunciar tales tonterías tan dañinas; si no le da cierto repelús -tras muchas veces declararse comunista- prestarse a juegos tan capitalistamente coloniales.
¿Es que a su lado no tiene a alguien que le asesore un poquito con decencia y cierta sabiduría? ¿Es que quienes le rodean únicamente son simples garrapatas cortejadoras o es él tan soberbio que todo se lo sabe y no admite consejos, simples insinuaciones, alguna opinión que sea verdaderamente progresista, que sea verdaderamente humanitaria, opinión que en nuestra Patria sólo puede ser antiimperialista, sólo puede ser independentista?
¡Alcorac bendito que estás en los cielos!: ¿es que nunca vendrá un intelectual extranjero, de los reconocidos publicitadamente, a echar una mano a este chusmerío en que el maldito poder colonial español tanto empeño ha puesto en convertirnos?
¿Es que todos los intelectuales que por acá recalan sólo pueden acabar siendo, con su complicidad, invasores colonialistas, y por mucho que presuman de progresía y de cosmopolitismos, que presuman de universalistas y de internacionalistas, cuando en realidad se comportan ellos como el más puro reaccionario y nacionalista español -y por muy portugués anticatólico e internacionalista que se declare ostentoso?
Y digo esto último, señores, porque Saramago -según leí- estuvo también entre los que firmaron el ultraespañolísimo -y por ende borbónico borbónico- manifiesto politico Basta ya: esa muy bien manipulada y nada pacifista presión callejera en favor de la Constitución y del Estatuto de Autonomía (Constitución y Estatuto muy reaccionarios y ultranacionalistas españoles, auténtica continuación del más duro franquismo antirrepublicano, del más puro espíritu impuesto por el llamado Movimiento convertido hoy en Monarquía Absoluta) y con la única finalidad de anular o aniquilar al republicano independentismo vasco. Siga con su lectura, señor Armiche, aunque me hierva la sangre tener que oír tales agravios sin poder defenderme.
Mas quien habló sería el joven Pancho:
¡Espere un momento!, que al pronto recuerdo ahora algo que leyera usted, señor Armiche -eso de que el público debió abrirse paso hasta los propios balcones del salón. Aquí bastante hemos ya mencionado que el paisanaje canario tan autoproclamado progresista necesita lavarse la mala conciencia del que no se rebela abiertamente contra el poder metropolitano. Necesita lavársela escuchando, extasiado, las prédicas y los sermones de fuereños famosos e 'izquierdistas' de salón al servicio mercenario del poderío español.
Ese paisanaje jamás se atreverá a escuchar o leer palabras que de verdad sean dignificantes por aquí, palabras que estimulen verdaderamente la rebeldía libertaria, jamás. El señor Jaramago no iba a ser una excepción en esto de servir mercenariamente al poder colonizador -aunque sea profesionalmente a través de una editorial.
Pero si, por una casualidad, se le hubiera ocurrido preocuparse por nosotros mínimamente (estudiando -por ejemplo- nuestra historia y leyendo algo de nuestros escritores menos dóciles y más lúcidos, además de pasear por los lugares donde subexisten nuestros compatriotas guanches actuales) y luego hubiera pretendido dar pública y honestamente sus pareceres, sabría entonces que no hay lugar desde donde pudiera pretender darlos.
Y si lograra dar sus sinceros pareceres, sería por poco tiempo. Inclusive se le acabaría el chollo de mono de feria intelectual que tantos dividendos, por lo visto, le proporciona.
Por eso pienso que debe el señor Jaramago enterarse (para que supiere que no exagero) de que aquí, el amigo Ramírez -y me señaló-, acaba de ser echado del periódico La Tribuna -periódico donde gratuitamente colaboraba- tras el cambio de director (pues el anterior, Federico González Ramírez, se enfrentó a los dueños y lo mantuvo de colaborador hasta su marcha) luego de también haber sido echado del Diario de Las Palmas, y de que está vetado en los demás periódicos. Simplemente: no puede publicar en los periódicos comerciales de su Patria, ni siquiera gratuitamente.
¡Carajo con el amigo Pancho! -intervino nuevamente el llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos. Oyéndolo tan exaltado, recordé lo que seguía en ese subrayado suyo, señor Armiche. Me refiero a lo de que el señor Saramago confesó que había encontrado <> -¿se acuerdan ustedes?
(Asentimos con la cabeza, aunque con el gesto algo dubitativo, imperceptible, de que no lo recordábamos muy bien).
Luego, teatralmente, añadiría el señor nobeleado que César tenía <>.
Insistiendo en lo que acaba de proponer el joven Pancho, el portugués debe saber que los lanzaroteños -como consecuentes canarios que son- sólo tienen, salvo excepciones muy sufridas por lúcidas, la obsesiva idea de sobrevivir como sea -aunque fuere animalitamente, aunque fuere sin mínima autoconsciencia, aunque fuere colaborando en la plena degradación de su Patria.
Debe también saber él que -obligados por el poderío nacionalista católico español a no tener memoria colectiva, es decir, <>- desconocen su pasado. Al desconocer su pasado, están incapacitados para comprender el presente y además carecen de fructífera energía para luchar por prepararse el futuro.
Incluso aconsejaría al señor Saramago –sabiendo que no me hará caso, claro, si me escuchara- que leyera algo del ya fallecido Leandro Perdomo Spínola (del que, de paso, podría aprender bastantes bondades en todos los aspectos, principalmente en la construcción de las frases). Síga con su lectura, señor Armiche.
El anciano, tras ajustarse los espejuelos y toser algo forzadamente, leerá con su voz más pausada:
"¿Qué es lo que Lanzarote, Canarias, tiene que proponer a los habitantes para vivir <>? ¿quiere hacer una especie de <>, algo así como una estancia del turismo?". Y detendrá la lectura, como invitando a que alguien de los contertulios opinara.
Hablaría quien menos yo esperaba, el llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos, diciendo pausadamente:
Opino que ya se dijo casi todo lo por decir sobre ese individuo Saramago, que se pone en plan Padrediós Bendito Bajado del Cielo aprovechándose trajinero de nuestra tremenda ignorantación y de nuestro irredento proverbial papanatismo tan rastrero. Sí: el nota tiene que ser un tolete o un cínico para decir eso sin haberse dado cuenta de que ni Lanzarote en particular ni Canarias en general pueden proponer nada a nadie.
Eso es como pretender que un aguililla con las alas cortadas y enjaulada se ponga libremente a volar. Y si él no se ha percatado de que somos igual que esa aguililla sin alas y enjaulada, repito que es tolete o malvado hipócrita.
Además: ni siquiera, aunque lo pretendiéremos, podríamos hacer una república bananera, pues ya el poderío español se encarga de hacer un caciquerío bananero -peor todavía, un burdel bananero- a través de sus tantos esbirros coloniales -y tras habernos cortado las alas y enjaulado.
Insisto: si en verdad quiere ayudarnos el señor Saramago, entonces le recomiendo que ayude a los canarios a reavivar el alma colectiva de su Patria, encarándose al inmisericordemente dañino poderío español. Si él así no lo hace, habremos de señalar sin tapujos que es un invasor más, invasor de lujo: sí y por muy afamado que sea y muy de izquierdas que comercialmente se pregone ante las baboserías de turno –baboserías a que son muy aficionados casi todos nuestros hombres de la cultura y de la política ante los fuereños con publicitado relumbrón... ¡Qué asco, Madrita mía del Pino Guanche!
CONTINUARÁ…
Víctor Ramírez
NOTA DECLARATORIAEsta reflexión periodística salió en la revista Liberación desde el 9 de octubre del 2000 al 12 de febrero del 2001 en diez entregas. Las razones de mis publicaciones periodísticas en detrimento de mi actividad narrativa –cuando pude aprovechar, pues estuve y sigo estando vetado en los medios de comunicación habituales- pueden encontrarse en este artículo que a continuación expongo como preámbulo. Lo publiqué en el periódico La Tribuna el Domingo 14 de febrero de 1999 y gracias a la oportunidad que me había brindado su director Federico González Ramírez –contra la voluntad de los dueños del periódico, claro. Éstos, pocas semanas después de empezar mi colaboración, le habían ordenado que dejara de publicarme; pero Federico se negó y le seguí enviando semanalmente un artículo bajo el epigrafe EL PARAÍSO PODRIDO -que luego publiqué en libro. Por cierto: el seguramente primer trabajo que, como director sustituyendo a Federico, realizó Martín Marrero fue vetarme el artículo que ya había yo enviado para su publicación, el titulado Tarajano, la Academia, O'shanahan (fechado el 24-julio-2000).
***
Guardar silencio "intelectual" no es despreciar sino apoyar al Poder vigente.
En su libro El sentido de la realidad dijo Isaiah Berlin, refiriéndose a una tesis del alemán Fichte, que "los valores no se descubren sino se construyen". Esto me lleva a reafirmar que política, toda política -incluso la más íntimamente personal-, es la inexorable -sic- planificación del futuro con elementos del presente y enseñanzas del pasado.
En mi prostituida Patria Canaria los elementos del presente están controlados por agentes españoles o canarios al servicio del poder metropolitano, y el pasado lo desconocemos en su casi totalidad o se nos mixtifica con absoluta vesania.
Mas, cuando uno responde públicamente mediante su obra artística -en mi caso literaria-, está haciendo política porque participa, quiera o no, en esa ineludible planificación. Tampoco hay, por tanto, actividad de incidencia social (como radiar un partido de fútbol, por ejemplo) políticamente neutra.
En nuestra Patria Canaria (al habérsenos dificultado violentamente -sic- la construcción de valores emancipadores, al impedírsenos tiránicamente -sic- la construcción de valores dignificantes, forzándosenos a aceptar colonialmente los opresivos valores españoles) lo habitual ha sido, y continúa siendo, la cultura de la evasión, de la elusión, o de la pura mascarada cortesana, cuando no la del ataque frontal –liquidador- al menor atisbo de un arte emancipador –principalmente en la actividad literaria.
Casi nunca ha sido nuestra cultura la del enfrentamiento directo con la tiranía española, enfrentamiento sin perífrasis ni eufemismos. Y ello, al menos para mí, es injustificable, imperdonable. Por eso quiero volver a airear algo leído hace unos pocos meses.
Lo aireo porque es una acusación sin ambages al esbirraje colonial que, ciega o lúcidamente, participa en la pudrición de nuestro pueblo. Ese esbirrismo hace posible que hoy, ciento setenta años después, continúen vigentes las denigradoras razones que aducía el esbirro capitán general Francisco Tomás Morales cuando, a petición del maldito "madrid", elaboró un largo informe, en el que consideraba totalmente infundados los recelos "madrileños" sobre la lealtad isleña.- informe que no me canso de repetir. Fue el 10 de diciembre de 1827 cuando Morales fechó lo siguiente:
"Desengáñese V.E.: En Canarias ni las revoluciones políticas de los pueblos de la Península, ni la influencia de los rebeldes de las Américas, ni las doctrinas subversivas del orden social; nada es capaz de alterar la fidelidad de sus habitantes. Su situación topográfica, su pobreza misma, esa imposibilidad física y moral de poder sostener interior o exteriormente cualesquiera movimientos de revolución ¿dejarían de ser constantemente poderosos obstáculos para las tentativas de los innovadores?"...
En toda esa miseria se continúa sustentado la "españolidad" actual de la mayoría de mis compatriotas. Quienes tenemos la obligación de construir los valores de la salutífera rebeldía somos los más responsables e incluso culpables... pues el silencio no es despreciar sino apoyar al Poder vigente, al denigrante poder colonial español.
* * *
SOBRE "PREOCUPADOS" Y"RESIGNACIÓN CANARIA"
(de José Saramago y demás)
- I -
Entonces interrumpiría el apodado Pancho, con entonación ansiosa:
Me vino a la memoria como relámpago algo que leí por vez primera hace cinco años: justo en la página doce de Notas y recuerdos, libro de Agustín Millares Torres (1826 -1898). También lo recordé porque el tal Francisco Tomás Morales, que vivió entre 1781 y 1847 (ejerciendo de Capitán General entre los años 27 y 36), fue contemporáneo durante veinte años del insigne prócer don Agustín -hombre que hoy, por decente y sabio, sólo podría ser independentista. Dice así:
"La casa del Coronel -en La Oliva de Fuerteventura- es una especie de fortaleza, con cañones y cuerpo de guardia, muebles antiguos, costumbres feudales y riqueza forrada de miseria.
>>El coronel es mirado con la misma veneración que a Dios. Cuando se le descubre en aquellas grandes llanuras que forman horizonte, la gente se descubre y permanece inmóvil hasta que desaparece por la parte opuesta. Hay quien asegura que, al acercarse, se arrodillan".
Tenía sólo veinte años Agustín Millares Torres cuando en 1846, rumbo a España para estudiar música, aprovechó la parada del barco en Puerto de Cabras e indagó cuanto pudo sobre aquellos pobres infelices mahoreros que tantas hambre y humillación habían pasado, pasaban y continuarán pasando. Ahora, cuando por mor del turismo podrían ellos resarcirse de tales penurias físicas y anímicas, resulta que apenas sí pueden decir con verdadera propiedad que Fuerteventura es su tierra -casi toda ella controlada y expoliada por fuereños con la complicidad de los colaboracionistas de siempre y aprovechándose de la indefensión e ignorancia del nativo resignado.
¿Saben en qué pensaba, señores, mientras oía al amigo Pancho? -preguntó con gesto entristecido Amaranto Froilán de Todos los Santos. Pensaba en cuán pobres de alma seguimos siendo -a esta pobreza hay quien la llama ‘resignación canaria’ ("mejor que canaria, ¿por qué no llamarla perraria? –interrumpió fugaz Miranda).
Supe que Ricardo García Luis presentó un libro del entrañable, y ya fallecido, Hermógenes Afonso Hupalupa en el Ateneo de La Laguna y que asistió bastante gente. Es muy típico de nosotros escudarnos tras unos heroicos compatriotas muertos, compatriotas que cuando vivían apenas sí eran mínimamente arropados y estimulados en su lucha libertaria: lucha que hubieron ellos de realizar soportando agobiantes soledades y, sobre todo, soportando muchas ponzoñosas desventuras afectivas causadas por las personas más allegadas y queridas (“además del aseteo constante de injurias y calumnias de los supuestamente correligionarios suyos” –apostilló Pancho).
Seguro estoy de que, si Hermógenes Hupalupa estuviera vivo y presentara ahora su libro (admitiendo que lo hubiese podido publicar tras ímprobas fatigas económicas y morales), apenas sí aparecerían por allí los cuatro indiscutibles de siempre -además del entrañable presentador Ricardo García Luis.
Pero, como ya su palabra viva no molesta ni levanta ampollas (muy especialmente entre los paisanos que, jugando a independentistas, envidiaban y criticaban ponzoñosos su vehemente arrojo patriótico), sino que puede ser manipulada de una u otra forma, entonces vamos y -consecuentes con nuestra psicología de colonizado envilecido-, lo enarbolamos y lo enaltecemos para poder continuar escondiéndonos y rumiando nuestras frustraciones mientras hacemos el vacío e inclusive vituperamos al compatriota vivo que planta cara -casi siempre en solitario- al poderío colonial español.
Así es la vida, señores. De hombres como Hermógenes Hupalupa, Secundino Delgado y unos pocos demás, sólo nos debería interesar seguirles el ejemplo y mostrarles la mayor gratitud mientras estamos vivos: ejemplo y gratitud que principalmente nos animen a seguir la única digna de las luchas aquí, la lucha por la emancipación de la Patria colonizada: y teniendo presente que la Patria no tiene padres, sino hijos -buenos o malos, ingratos o agradecidos, trabajadores o gansos, fieles o traidores, heroicos o cobardes... pero hijos.
Ese ejemplo y esa gratitud, consecuentemente, me impedirán tomar parte en la necrofilia cómodamente idolátrica hacia una buena persona que -si viviera- continuaría siendo crucificada desde todas partes, especialmente por quienes –juguetones- ahora la consideran y proclaman suya, poco menos que de su exclusiva propiedad.
Por eso no debe extrañarnos que, de entre esos admiradores y propulsores actuales del machacado Hermógenes y del no menos lacerado Secundino Delgado, haya quienes despotriquen calumniosos contra -por ejemplo- el periódico Liberación y contra algunos de sus participantes y de otros que dan continua y abiertamente la cara en pro de la soberanía de nuestra sorroballada Patria.
Resulta más llevadero y ostentoso a esos tan patrióticos compatriotas despotricadores ocultarse tras los muertos, sí. ¡Qué tris-teza! Perdonen el desahogo y la interrupción. Continúe usted, joven.
(Pero Pancho se mantuvo silencioso, con la boca abierta, mirando como hipnotizado hacia el llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos).
Entonces aprovechará el viejo Armiche para casi susurrar:
Tus palabras, amigo, suenan duras y uno quisiera que no correspondiesen a la realidad, que estuvieran exageradas. Mas temo que no yerras del todo en tus apreciaciones... En fin...
El amigo Pancho mentó a los mahoreros y eso tan contundente de "la riqueza forrada de miseria" y "al control expoliador de fuereños". Quisiera, por ello, recordarles las palabras del tan alabanceado escritor portugués José Saramago, palabras que la prensa colonial publicó hace unos pocos días. Supongo que ustedes las habrán leído.
(Se equivocó de plano el anciano: ninguno de los contertulios las hubo leído. Y, mientras hablaba, extraería del bolsillo superior izquierdo de su sahariana una página de periódico dobladísima y bastante subrayada. Tras haberla desdoblado y extendido sobre la mesa, leyó:)
"José Saramago advierte del deterioro de Canarias con el excesivo monocultivo del turismo. El escritor critica la pasividad de los lanzaroteños ante el deterioro de la Isla". Ése es el titular. La prensa se refería a lo que expuso el escritor portugués en conferencia celebrada en el Club Náutico y organizada por la asociación cultural Achicatande.
Esa Achicatande supongo que será una más de las asociaciones que, pese a su nombre tan aborigen y siguiendo el programa colonial habitual de ellas tan 'canarias', procuran evitar que se oiga la palabra del rebelde, del independentista -intervino El Cobra, enronquecida su voz por otro mal de amores.
Seguro que será una asociación que debe seguir demostrando que ningún canario vale la pena. ¿Cómo habrán tratado y seguirían tratando asociaciones así a personas como el canario lanzaroteño Leandro Perdomo, intelectual y hombre muchísimo más valioso para Lanzarote y Canarias que cuarenta mil Saramagos juntos?
¡Menuda desgracia es ésta, que todo cuanto de cultura por aquí brota acaba siendo purita cizaña anticanaria y por muy de canaria que presuma! Siga usted, señor Armiche.
Pero quien habló sería el joven apodado Pancho, para exclamar: ¡menudo papanatismo rastrero se ha montado aquí entre los culturos con el tal Jaramago, bastante más ruin escribiendo que -además del eximio Leandro Perdomo- nuestros aún vivos Isaac de Vega y Rafa Arozarena! ¡Si hasta una persona tan culta y tan condescendiente como el doctor Rafael Inglott lo califica de bodrio que parece escribir un poquillo mejor últimamente, imagínense cómo será de paquete por mucho celofán mediático con que se le envuelva y propagandee!
Yo mismo soy uno de los que han intentado leerlo -por curiosidad y por no ser injusto en mis apreciaciones- y me atrabanco enseguida de lo tan empalagoso y farfullero que escribe el individuo. Y no me digan que sobre gustos no hay nada escrito; pues, si de algo se ha escrito demasiado, es precisamente sobre gustos, sobre cómo éstos también son producto de interesados adoctrinamientos ideológicos.
El que es bueno es bueno y el que es malo es malo por mucho que procuren engatusarnos con mentiras mediáticas y de las otras. Así lo siento y así lo digo. Discúlpeme el desahogo, señor Armiche. Adelante con su lectura.
Pienso que te has pasado en tus apreciaciones, amigo Pancho, que rayas en la injusticia. Yo he leído al señor José Saramago -no mucho, cierto, pero sí lo suficiente. Y me parece aprovechable: no tanto como bastantes otros, cierto, incluidos los mentados por ti.
Pero puede ser que te sientas dolido porque consideras que admite él, por puro peseterismo o desidia, o por la edad o el exceso de ocupaciones distraidoras, ser utilizado papanata y torticeramente por esos auténticos esbirros culturales que tienen copados todos los espacios docentes, periodísticos, radiofónicos y televisivos: gentes que actúan como inclementes represores colonialistas para ningunear hasta la extinción a nuestros escritores, de los que algunos no resultan peores que el señor Saramago -cierto-, pero no tan mejores como afirmas tú, Pancho, al menos según mi valoración, claro. Bien... Sigamos leyendo lo que tengo aquí subrayado. Creo que merece la pena.
"Defendió Saramago a su vez una conciencia ciudadana colectiva y afirmó que estamos asistiendo a la segunda muerte de César Manrique. La primera fue el cuerpo, la segunda es la muerte del espíritu. Ante un público que debió abrirse paso hasta los propios balcones del salón, Saramago confesó que <>".
Perdone un minuto, señor Armiche -atajó Miranda con cierta brusquedad, inusitada en él: hombre más bien de talante socarrón. Leyendo cosas de éstas, se pregunta uno si individuos tan ensalzados como el señor Saramago en verdad son toletes de liar o listos que se hacen los bobos para seguir mamando del bote, y no importa la edad que se tenga si está bien del coco.
Vamos a ver: ¿por qué no se ha preocupado él, que lleva aquí sus cuantos años, en leer a algunos de nuestros escritores más significativos? Opino que, si los hubiese leído, debería saber que a un pueblo al que se le fuerza a vivir sin memoria -y por ende sin personalidad ni capacidad para aprender, para ilustrarse, para conscienciarse- no se le puede exigir entendimiento para comprender y captar su realidad, ni mucho menos exigirle voluntad capacitada para integrar algo bueno en su alma individual y -mucho menos- en su alma colectiva.
Debería saberlo el insigne escritor. Es su obligación intelectual si se pone a manifestarse en público y, por consiguiente, su obligación ética y, por consiguiente, su obligación política. Nadie es neutral en sus manifestaciones publicadas. Y mucho menos lo es un escritor tan reconocido como él.
9-octubre-2000
* * *
- II -
El Cobra aprovecharía que callara abruptamente Miranda: para participar en el coloquio. Y dirá con voz nítida pese a su ronquera de amores: hace un rato volvió a mentar el amigo Pancho lo de cuánto se ocultan muchos compatriotas presuntos independentistas detrás de los poquitos muertos heroicos nuestros.
Se ocultan -pienso- para acaso engatusar a su mala conciencia, engatusarla en vez de apoyar a los luchadores vivos en la contienda emancipatoria de nuestra Patria, luchando ellos asimismo o no estorbando -al menos- con sus celos y envidias y demás frustraciones narcisistas.
Pero atendiendo a lo que ha leído usted, señor Armiche, caigo en la cuenta de que el mentado señor Saramago (hombre 'preocupado por nosotros', del que Alcorac nos libre y guarde) también recurre hipócrita y torticeramente al muerto, y por ende silencioso, César Manrique.
Recurre, fingiendo dramatismo inclusive, con esa machangada de que el artista lanzaroteño murió dos veces: la primera de cuerpo y la segunda de espíritu. ¡Pues sí que manda cataplines la tal patujada, señores míos! ¡Lo que hay que hacer comunistamente para promocionar capitalistamente tus libros y para que se te invite a espectaculares conferencias o a ser entrevistado izquierdosamente colonizador!
Que yo sepa, el mismito César andaba por ahí presumiendo propagandístico de su obra artística y ecológica en Lanzarote –obra y propagandeo que yo no tengo por qué valorar negativamente, pero que sus buenitos dinerones y suculentitas prebendonas le proporcionaron. Exaltaba él por ahí, sobremanera y eufórico de orgullo por su labor, los encantos de su isla.
Los exaltaba César publicitariamente como el totorota ingenuo que exalta la hermosura y pureza de su jovencita hermana, niña simplona y pobre e indefensa, ante proxenetas mafiosos sin escrúpulos. Éstos, desde que pueden, se apropian de ella y la prostituyen al máximo e inmisericordemente -como así ha ocurrido y ocurre con nuestra indefensa Patria, y como seguirá ocurriendo hasta su consunción si no nos emancipamos cuanto antes del maldito poderío español.
César Manrique mercadeó con su obra como cualesquiera de los otros artistas: sin reparos éticos (aunque él se creyera, con razón discutible, un ángel de la guarda ecológico, ángel que no le hacía fos al dinero ni a la vanidad publicista, ni al compincheo político) y sin conciencia patriótica. Se enriqueció él dinerariamente, ostentó su riqueza e incluso doblaría la cerviz -pletórico de cortesanía- ante el merito Borbón y Borbón, directo heredero del dictador Franco y actual Jefe del Estado que tan policialmente nos mantiene aherrojados e ignorantes.
Si mal no recuerdo, el político lanzaroteño que al principio lo apoyaría en ese negocio tan lindo que montó (y que en Patria independiente acaso hubiera valido la pena; pero que en Patria totalmente sometida se limita a aumentar inexorable el aherrojamiento y, a la larga, el irreversible deterioro) acabaría suicidado. ¿Por qué se suicidó ese tal político si también era bastante rico y dícese que muy respetado? Según oí, no estaba enfermo irreversible o cosa parecida.
Y volviendo a eso que usted nos ha leído, señor Armiche, me sigo preguntando si no le da vergüenza al colonialmente y colonizadoramente alabanceado Saramago pronunciar tales tonterías tan dañinas; si no le da cierto repelús -tras muchas veces declararse comunista- prestarse a juegos tan capitalistamente coloniales.
¿Es que a su lado no tiene a alguien que le asesore un poquito con decencia y cierta sabiduría? ¿Es que quienes le rodean únicamente son simples garrapatas cortejadoras o es él tan soberbio que todo se lo sabe y no admite consejos, simples insinuaciones, alguna opinión que sea verdaderamente progresista, que sea verdaderamente humanitaria, opinión que en nuestra Patria sólo puede ser antiimperialista, sólo puede ser independentista?
¡Alcorac bendito que estás en los cielos!: ¿es que nunca vendrá un intelectual extranjero, de los reconocidos publicitadamente, a echar una mano a este chusmerío en que el maldito poder colonial español tanto empeño ha puesto en convertirnos?
¿Es que todos los intelectuales que por acá recalan sólo pueden acabar siendo, con su complicidad, invasores colonialistas, y por mucho que presuman de progresía y de cosmopolitismos, que presuman de universalistas y de internacionalistas, cuando en realidad se comportan ellos como el más puro reaccionario y nacionalista español -y por muy portugués anticatólico e internacionalista que se declare ostentoso?
Y digo esto último, señores, porque Saramago -según leí- estuvo también entre los que firmaron el ultraespañolísimo -y por ende borbónico borbónico- manifiesto politico Basta ya: esa muy bien manipulada y nada pacifista presión callejera en favor de la Constitución y del Estatuto de Autonomía (Constitución y Estatuto muy reaccionarios y ultranacionalistas españoles, auténtica continuación del más duro franquismo antirrepublicano, del más puro espíritu impuesto por el llamado Movimiento convertido hoy en Monarquía Absoluta) y con la única finalidad de anular o aniquilar al republicano independentismo vasco. Siga con su lectura, señor Armiche, aunque me hierva la sangre tener que oír tales agravios sin poder defenderme.
Mas quien habló sería el joven Pancho:
¡Espere un momento!, que al pronto recuerdo ahora algo que leyera usted, señor Armiche -eso de que el público debió abrirse paso hasta los propios balcones del salón. Aquí bastante hemos ya mencionado que el paisanaje canario tan autoproclamado progresista necesita lavarse la mala conciencia del que no se rebela abiertamente contra el poder metropolitano. Necesita lavársela escuchando, extasiado, las prédicas y los sermones de fuereños famosos e 'izquierdistas' de salón al servicio mercenario del poderío español.
Ese paisanaje jamás se atreverá a escuchar o leer palabras que de verdad sean dignificantes por aquí, palabras que estimulen verdaderamente la rebeldía libertaria, jamás. El señor Jaramago no iba a ser una excepción en esto de servir mercenariamente al poder colonizador -aunque sea profesionalmente a través de una editorial.
Pero si, por una casualidad, se le hubiera ocurrido preocuparse por nosotros mínimamente (estudiando -por ejemplo- nuestra historia y leyendo algo de nuestros escritores menos dóciles y más lúcidos, además de pasear por los lugares donde subexisten nuestros compatriotas guanches actuales) y luego hubiera pretendido dar pública y honestamente sus pareceres, sabría entonces que no hay lugar desde donde pudiera pretender darlos.
Y si lograra dar sus sinceros pareceres, sería por poco tiempo. Inclusive se le acabaría el chollo de mono de feria intelectual que tantos dividendos, por lo visto, le proporciona.
Por eso pienso que debe el señor Jaramago enterarse (para que supiere que no exagero) de que aquí, el amigo Ramírez -y me señaló-, acaba de ser echado del periódico La Tribuna -periódico donde gratuitamente colaboraba- tras el cambio de director (pues el anterior, Federico González Ramírez, se enfrentó a los dueños y lo mantuvo de colaborador hasta su marcha) luego de también haber sido echado del Diario de Las Palmas, y de que está vetado en los demás periódicos. Simplemente: no puede publicar en los periódicos comerciales de su Patria, ni siquiera gratuitamente.
¡Carajo con el amigo Pancho! -intervino nuevamente el llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos. Oyéndolo tan exaltado, recordé lo que seguía en ese subrayado suyo, señor Armiche. Me refiero a lo de que el señor Saramago confesó que había encontrado <> -¿se acuerdan ustedes?
(Asentimos con la cabeza, aunque con el gesto algo dubitativo, imperceptible, de que no lo recordábamos muy bien).
Luego, teatralmente, añadiría el señor nobeleado que César tenía <>.
Insistiendo en lo que acaba de proponer el joven Pancho, el portugués debe saber que los lanzaroteños -como consecuentes canarios que son- sólo tienen, salvo excepciones muy sufridas por lúcidas, la obsesiva idea de sobrevivir como sea -aunque fuere animalitamente, aunque fuere sin mínima autoconsciencia, aunque fuere colaborando en la plena degradación de su Patria.
Debe también saber él que -obligados por el poderío nacionalista católico español a no tener memoria colectiva, es decir, <>- desconocen su pasado. Al desconocer su pasado, están incapacitados para comprender el presente y además carecen de fructífera energía para luchar por prepararse el futuro.
Incluso aconsejaría al señor Saramago –sabiendo que no me hará caso, claro, si me escuchara- que leyera algo del ya fallecido Leandro Perdomo Spínola (del que, de paso, podría aprender bastantes bondades en todos los aspectos, principalmente en la construcción de las frases). Síga con su lectura, señor Armiche.
El anciano, tras ajustarse los espejuelos y toser algo forzadamente, leerá con su voz más pausada:
"¿Qué es lo que Lanzarote, Canarias, tiene que proponer a los habitantes para vivir <>? ¿quiere hacer una especie de <>, algo así como una estancia del turismo?". Y detendrá la lectura, como invitando a que alguien de los contertulios opinara.
Hablaría quien menos yo esperaba, el llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos, diciendo pausadamente:
Opino que ya se dijo casi todo lo por decir sobre ese individuo Saramago, que se pone en plan Padrediós Bendito Bajado del Cielo aprovechándose trajinero de nuestra tremenda ignorantación y de nuestro irredento proverbial papanatismo tan rastrero. Sí: el nota tiene que ser un tolete o un cínico para decir eso sin haberse dado cuenta de que ni Lanzarote en particular ni Canarias en general pueden proponer nada a nadie.
Eso es como pretender que un aguililla con las alas cortadas y enjaulada se ponga libremente a volar. Y si él no se ha percatado de que somos igual que esa aguililla sin alas y enjaulada, repito que es tolete o malvado hipócrita.
Además: ni siquiera, aunque lo pretendiéremos, podríamos hacer una república bananera, pues ya el poderío español se encarga de hacer un caciquerío bananero -peor todavía, un burdel bananero- a través de sus tantos esbirros coloniales -y tras habernos cortado las alas y enjaulado.
Insisto: si en verdad quiere ayudarnos el señor Saramago, entonces le recomiendo que ayude a los canarios a reavivar el alma colectiva de su Patria, encarándose al inmisericordemente dañino poderío español. Si él así no lo hace, habremos de señalar sin tapujos que es un invasor más, invasor de lujo: sí y por muy afamado que sea y muy de izquierdas que comercialmente se pregone ante las baboserías de turno –baboserías a que son muy aficionados casi todos nuestros hombres de la cultura y de la política ante los fuereños con publicitado relumbrón... ¡Qué asco, Madrita mía del Pino Guanche!
CONTINUARÁ…
Fuente:ArgenpressCultural
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