SU RELATO NO ENTRA EN EL JUICIO DE LA SUBZONA 14
Un nuevo testigo relató como lo torturaron y violaron los represores
domingo, 25 de julio de 2010
Un nuevo testigo relató como lo torturaron y violaron los represores
domingo, 25 de julio de 2010
Verdugos: estaba afiliado al PJ pero no era un militante activo. Lo levantaron en un Falcon y en la planta alta de la actual seccional Primera lo torturaron con picana eléctrica y lo violaron. Una madrugada se le corrió la venda y reconoció a sus verdugos, uno de ellos era su primo. Estuvo entre tres y cuatro meses detenido. Calló durante todos estos años por miedo y vergüenza. Después de entrar en la Iglesia Evangélica sintió la necesidad de hacer público su testimonio. Hizo la denuncia penal hace un mes, pero su caso no entra entre los testigos del juicio que se inicia el 2 de agosto.“De corazón los perdoné. Pero quiero que se haga Justicia”, dice Antonio Norberto Ponce con lágrimas en los ojos. Ayer, acompañado por los dirigentes de la Asamblea Popular de Derechos Humanos, contó por primera vez el calvario que vivió durante tres meses, al principio de la dictadura militar. Ese tiempo permaneció detenido en las celdas de la seccional Primera. Allí, algunos de los policías que serán juzgados el próximo 2 de agosto por el Tribunal Oral Federal, y otros que no estarán sentados en el banquillo de los acusados, lo torturaron con picana eléctrica y lo violaron.
Por miedo y por vergüenza nunca contó lo que le sucedió. En plena democracia se encontró en un despacho de Casa de Gobierno con uno de sus torturadores, el comisario Carlos Reinhart. El policía seguía encumbrado en un alto cargo de la fuerza y, cuenta, lo hizo echar de su puesto de empleado público.
Hace unos años, Ponce se acercó a la religión evangélica y sintió la necesidad de sacar el dolor que llevaba adentro. Primero fue a ver al juez Pedro Zabala, y él lo mandó a hablar con el fiscal Jorge Bonvehí, que no le quiso tomar la denuncia porque “pasaron muchos años”. Finalmente, recurrió al abogado Carlos Pérez Funes y presentó la denuncia penal por escrito. La instrucción de la causa no avanzó y su testimonio no se ventilará en el histórico juicio que comienza el lunes 2 de agosto y en el cual algunos de sus victimarios están acusados por violaciones a los Derechos Humanos.
“Yo los perdoné. Quiero que pidan perdón. Que se arrepientan. Y que se haga cargo la Justicia”, repite como una letanía Ponce. Además de los militantes de Derechos Humanos, uno de sus hijos lo acompañó durante el relato de la odisea. Valiente, se quebró en dos o tres oportunidades pero se secó las lágrimas con un pañuelo de papel y siguió hasta terminar.
Abuso y cicatrices
Ponce relató que una mañana de 1976, no puede precisar el día, salió de la casa de un hermano y cuando venía caminando por la calla Estrada lo levantó un Ford Falcon con un grupo de policías. Reconoció a los policías Gualpas, Néstor Bonifacio Cenizo y Omar Aguilera, todos integrantes del grupo de tareas de la Subzona 14.
Lo llevaron a las celdas para mujeres de la seccional Primera. Y una noche un guardia lo trasladó hasta la planta alta. Allí lo castigaron con trompadas. Con una venda en los ojos, lo acostaron en una especie de camilla, dura, le pusieron los brazos por debajo con esposas, y una toalla mojada en el pecho y comenzaron a picanearlo por todas partes del cuerpo. En el pecho, los testículos, detrás de las orejas, y en la lengua. También lo ahogaban con una bolsa de plástico.
Ponce recuerda que le preguntaban por gente que él no conocía. Por “Veco” Rodríguez y por los dirigentes peronistas Roma y Cisneros. “Yo era un afiliado justicialista, pero no era un militante activo. Después los conocí”, dice.
Después de la sesión de tortura lo devolvieron a la celda donde pasó el día sin comer y sin tomar agua. Escuchaba en el calabozo de al lado como dos mujeres lloraban y gemían después de haber padecido las torturas. A la noche siguiente se repitió la rutina. Pero esta vez fue peor. Después de la picana lo acostaron boca abajo, desnudo y esposado. Uno de los torturadores se le subió arriba y le tiraba del pelo hacia atrás. Otros dos lo tomaron de los glúteos y se los abrieron con brutalidad. “Tiraban y tiraban”, cuenta. A Ponce se le hace un nudo en la garganta. Llora. Pero sigue el relato. “Ahí pasó uno por el costado y comenzó con el abuso”, baja la vista. “Todavía tengo cicatrices de las quemaduras de cigarrillo en las piernas”, dice.
En algún momento de la tortura, la venda que tenía en los ojos se corrió un poco. Entonces pudo ver a sus verdugos.
Reconoció a Carlos Alberto Reihart, Roberto Bonifacio Cenizo, Omar Aguilera y a un policía que era un viejo conocido: Miguel Gauna, un primo suyo, policía, que había sido boxeador “y sabía donde pegar para no dejar marcas”.
A Ponce lo dejaron tres días hasta que se recuperó de sus heridas. No lo revisó ningún médico. Después lo trasladaron hasta la Unidad 30. Allí conoció a otros detenidos políticos como Roma.
Una fecha que sí recuerda y nunca olvidará es el 9 de julio de 1976. Ese día lo llamaron los jefes del penal, pero como tenía miedo les dijo que estaba enfermo. Le dieron en un glúteo una inyección con agua que le produjo tremendos dolores. Pero al rato, estuvo frente a dos mujeres y un oficial que escribía a máquina. “Queda en libertad, se puede ir”, le dijeron. “No lo podía creer”, cuenta.
Se fue con su familia a San Antonio de Areco. En una oportunidad, en la terminal, antes de subir al colectivo, un policía que estaba haciendo guardia le pidió que lo acompañe al baño. Fue. “Me pegó una trompada en la boca. Ésto te lo manda Reinhart, me dijo”.
Las desventuras de Ponce no terminaron allí. Con la vuelta de la democracia volvió y en 1985 consiguió trabajo como empleado público por una gestión del diputado justicialista Juan Carlos Suárez. Pero un día fue a Casa de Gobierno y se topó con uno de sus torturadores en uno de los despachos de los funcionarios del ex gobernador Rubén Marín.
“Este hijo de puta no puede estar acá. Lo tenés que correr porque a este lo tuvimos nosotros”, recuerda que dijo. El policía se levantó de su silla y le tiró un expediente por la cabeza. Se retiró atemorizado de la oficina. Al poco tiempo lo cesantearon. “En plena democracia ese señor seguía haciendo de las suyas”, lamenta.
Justicia y perdón
Con el tiempo Ponce volvió a la ciudad. Es conocido por su actividad como pochoclero, entre otras tareas. Hace unos años, empezó a visitar la Iglesia Evangélica. En un viaje a Rosario, para hablar con un pastor, contó que sintió la necesidad de “sacar de adentro” lo que llevaba guardado desde hace 30 años “por vergüenza y por miedo”. “A esta gente que hizo tanto mal, tanto daño, de corazón los perdoné”, confía. “Que se arrepientan y le pidan perdón a Dios. Estarán presos, pero tendrán libertad del alma porque él los perdonará”, reflexiona desde su convicción religiosa.
INFORME DEL DÍA / JUICIO POR LA SUBZONA 14
El ex coronel Greppi fue el primero en presentar el pedido de excarcelación
El ex coronel Néstor Greppi dio el puntapié inicial: ayer se convirtió en el primero de los 10 represores pampeanos que cometieron delitos de lesa humanidad en la Subzona 14 -durante la última dictadura militar- en pedir la excarcelación de la Unidad Penal 4 de esta ciudad, donde ingreso en la madrugada del pasado miércoles para sumarse al resto de los ocho detenidos que serán juzgados el próximo 2 de agosto.
Greppi arribó procedente de la Unidad 28 de Buenos Aires donde estaba alojado desde el lunes pasado cuando el Tribunal Oral Federal de Santa Rosa ordenó la sorpresiva detención de los 10 imputados en el histórico juicio que se realizará en la sede del Colegio de Abogados.
El escrito de Greppi -en realidad es un “recurso de reposición” que busca “dejar sin efecto la detención”- está patrocinado por el abogado defensor de los represores pampeanos, Oscar Del Campo.
Tal como dio a conocer ayer El Diario, por los tiempos procesales y sobre todo por la gravedad de los delitos hay muy pocas posibilidades de que los acusados recuperen la libertad. De hecho, el TOF -como ocurre en otros ámbitos judiciales- no tiene plazos para resolver el pedido.
“El Tribunal no va a ordenar una detención el lunes para liberarlos el viernes”, resumió una fuente consultada. Y agregó: “Hay un viejo dicho que dice: si entrás en libertad a un juicio oral no vas nunca más preso... Creo que es claro, ¿no?”.
Se supone que detrás de la solicitud de Greppi se sumarán las de los policías Roberto Constantino, Roberto Fiorucci, Omar Aguilera, Athos Reta, Oscar Yorio, Néstor Cenizo, Hugo Marenchino y Carlos Reinhart, quienes están alojados en el Pabellón 5 Bajo, de la Unidad 4. El pabellón, construido en el último año, tiene celdas individuales y es la primera vez que aloja a reos.
Hasta ahora, la única excepción que otorgó el Tribunal presidido por José Mario Tripputi fue la de Fabio Iriart, quien por su “delicado problema de salud” está con prisión domiciliaria y permanece en Capital Federal.
Medidas de seguridad
Funcionarios del Tribunal Oral Federal, de las cúpulas de la Policía Federal, de la Provincia y del Servicio Penitenciario Federal realizaron ayer una recorrida por el interior del Colegio de Abogados -donde se realizará el juicio- con la idea de empezar a trabajar en la seguridad interna.
“Hasta estos días se estuvieron haciendo ejercicios relacionados con la seguridad externa, en el perímetro... Hoy (por ayer) lo que se hizo fue ajustar detalles sobre la seguridad en el traslado y en el ingreso de los imputados”, dijo ayer una fuente judicial consultada por este diario.
“Queremos tener todo cubierto para que no haya ninguna sorpresa... Esto es algo nuevo para la provincia, va a tener repercusiones históricas y por lo tanto tenemos que estar a la altura de las circunstancias. El presidente del Tribunal viene trabajando en este tema desde el mes de noviembre”, destacó esa misma fuente.
FuentedeOrigen:El DiariodelaPampa
Fuente:Agndh
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