Nieta recuperada señaló a su apropiador en juicio
Es la primera de las niñas rescatadas por Abuelas. Carla Rutila Artes fue robada y abusada por Eduardo Ruffo.
La primera nieta recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo, Carla Rutila Artes, aseguró ayer que identificó a dos acusados en un juicio por crímenes durante la dictadura, entre ellos a su apropiador, Eduardo Ruffo, un conocido represor y miembro de los grupos de tareas.
La mujer, quien de pequeña fue robada a sus padres asesinados por la represión, arribó al país después de 23 años de ausencia para declarar el pasado viernes en una causa de derechos humanos y brindó una conferencia prensa en la sede de Abuelas para dar detalles acerca de su testimonio.
Rutila Artes, quien vive en Madrid desde 1985, reconoció al ex agente civil de inteligencia del Ejército Raúl Guglielminetti, quien actuó en el centro clandestino de detención “Automotores Orletti”, que funcionó en el barrio porteño de Floresta bajo la fachada de un taller mecánico.
Pero además identificó al ex espía de inteligencia Eduardo Ruffo, quien fue su padre adoptivo hasta los 9 años, cuando ella dejó de llamarse Gina Ruffo para recuperar su verdadera identidad. “Se me ha quitado una mochila de encima al poderme enfrentar a Ruffo. Él era incapaz de mirarme a la cara. Ha sido una reparación muy importante”, señaló la mujer, que ya tiene 35 años y tres hijos.
Relató también que desde los 3 años fue “abusada sexualmente” por Ruffo, además de ser sometida a varias “palizas” y cambiada en ocasiones de aspecto para que no pudiera ser encontrada por su abuela.
El caso de Carla se enmarca, como el de otros niños apropiados durante la última dictadura militar, dentro del conocido Plan Cóndor. Ella decidió visitar la Argentina para testificar contra su apropiador, un reconocido represor, en el juicio por crímenes de lesa humanidad perpetrados en “Automotores Orletti”.
Desde que Carla recuperó su identidad, en 1985, jamás había vuelto a la Argentina por temor a recibir “represalias” del siniestro Ruffo, aunque el nuevo escenario en materia de justicia por los crímenes cometidos durante la última dictadura la impulsó a dar a conocer los delitos que sufrió por parte del represor, miembro de la Triple A y agente de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), informó Abuelas.
El viernes, Carla brindó su valioso testimonio ante el Tribunal Oral Federal Nº1 y antes de regresar a España, donde reside desde que recuperó su identidad, dio a conocer su historia.
Carla es hija de Enrique Joaquín Luca López, de nacionalidad uruguayo, militante del MNL-Tupamaros y asesinado el 19 de setiembre de 1976, y de Graciela Antonia Rutila Artes, quien aún se encuentra desaparecida.
Vivieron durante un tiempo en Bolivia, donde ambos militaban en el ELN, y Carla nació el 28 de junio de 1975 en Miraflores, Perú. Graciela fue detenida junto a su hija el 2 de abril de 1976 en la localidad de Oruro, Bolivia, y –según consta en un radiograma oficial– el 29 de agosto de ese mismo año las autoridades bolivianas las entregaron a las fuerzas de seguridad argentinas.
Tiempo después, ambas fueron entregadas a la Gendarmería argentina, que las trasladó a “Automotores Orletti”.
Carla fue apropiada e inscripta como hija propia con el nombre de Gina por el matrimonio de Amanda Cordero y Eduardo Ruffo, uno de los represores responsables de ese centro.
Tras una nueva campaña de Abuelas en la que se publicó la foto de Carla, llegaron las primeras denuncias a la Asociación: su abuela materna, Matilde Artes Company, más conocida como Sacha, era actriz y militante política, y fue quien llevó adelante el caso de su nieta.
La denuncia por la apropiación de Carla Rutila Artes se radicó ante el Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional Nº5 y los apropiadores, luego de estar un tiempo prófugos, fueron detenidos y ahora son juzgados.
Fuente:Uno
Es la primera de las niñas rescatadas por Abuelas. Carla Rutila Artes fue robada y abusada por Eduardo Ruffo.
La primera nieta recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo, Carla Rutila Artes, aseguró ayer que identificó a dos acusados en un juicio por crímenes durante la dictadura, entre ellos a su apropiador, Eduardo Ruffo, un conocido represor y miembro de los grupos de tareas.
La mujer, quien de pequeña fue robada a sus padres asesinados por la represión, arribó al país después de 23 años de ausencia para declarar el pasado viernes en una causa de derechos humanos y brindó una conferencia prensa en la sede de Abuelas para dar detalles acerca de su testimonio.
Rutila Artes, quien vive en Madrid desde 1985, reconoció al ex agente civil de inteligencia del Ejército Raúl Guglielminetti, quien actuó en el centro clandestino de detención “Automotores Orletti”, que funcionó en el barrio porteño de Floresta bajo la fachada de un taller mecánico.
Pero además identificó al ex espía de inteligencia Eduardo Ruffo, quien fue su padre adoptivo hasta los 9 años, cuando ella dejó de llamarse Gina Ruffo para recuperar su verdadera identidad. “Se me ha quitado una mochila de encima al poderme enfrentar a Ruffo. Él era incapaz de mirarme a la cara. Ha sido una reparación muy importante”, señaló la mujer, que ya tiene 35 años y tres hijos.
Relató también que desde los 3 años fue “abusada sexualmente” por Ruffo, además de ser sometida a varias “palizas” y cambiada en ocasiones de aspecto para que no pudiera ser encontrada por su abuela.
El caso de Carla se enmarca, como el de otros niños apropiados durante la última dictadura militar, dentro del conocido Plan Cóndor. Ella decidió visitar la Argentina para testificar contra su apropiador, un reconocido represor, en el juicio por crímenes de lesa humanidad perpetrados en “Automotores Orletti”.
Desde que Carla recuperó su identidad, en 1985, jamás había vuelto a la Argentina por temor a recibir “represalias” del siniestro Ruffo, aunque el nuevo escenario en materia de justicia por los crímenes cometidos durante la última dictadura la impulsó a dar a conocer los delitos que sufrió por parte del represor, miembro de la Triple A y agente de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), informó Abuelas.
El viernes, Carla brindó su valioso testimonio ante el Tribunal Oral Federal Nº1 y antes de regresar a España, donde reside desde que recuperó su identidad, dio a conocer su historia.
Carla es hija de Enrique Joaquín Luca López, de nacionalidad uruguayo, militante del MNL-Tupamaros y asesinado el 19 de setiembre de 1976, y de Graciela Antonia Rutila Artes, quien aún se encuentra desaparecida.
Vivieron durante un tiempo en Bolivia, donde ambos militaban en el ELN, y Carla nació el 28 de junio de 1975 en Miraflores, Perú. Graciela fue detenida junto a su hija el 2 de abril de 1976 en la localidad de Oruro, Bolivia, y –según consta en un radiograma oficial– el 29 de agosto de ese mismo año las autoridades bolivianas las entregaron a las fuerzas de seguridad argentinas.
Tiempo después, ambas fueron entregadas a la Gendarmería argentina, que las trasladó a “Automotores Orletti”.
Carla fue apropiada e inscripta como hija propia con el nombre de Gina por el matrimonio de Amanda Cordero y Eduardo Ruffo, uno de los represores responsables de ese centro.
Tras una nueva campaña de Abuelas en la que se publicó la foto de Carla, llegaron las primeras denuncias a la Asociación: su abuela materna, Matilde Artes Company, más conocida como Sacha, era actriz y militante política, y fue quien llevó adelante el caso de su nieta.
La denuncia por la apropiación de Carla Rutila Artes se radicó ante el Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional Nº5 y los apropiadores, luego de estar un tiempo prófugos, fueron detenidos y ahora son juzgados.
Fuente:Uno
La abuela Matilde, la hija Graciela (en foto, aún desaparecida), la nieta Carla y la bisnieta Anahí. Foto:MemoriaVivaUna hija de desaparecidos reconoce a dos represores en un juicio por delitos de la dictadura
Carla Rutila Artes, quien de pequeña fue robada a sus padres asesinados por la represión, aseguró hoy que ha identificado a dos acusados en un juicio por crímenes en una cárcel clandestina de la dictadura argentina, entre ellos a su apropiador.
Rutila Artes, quien vive en Madrid desde 1985, cuando se convirtió en la primera nieta recuperada por las Abuelas de Plaza de Mayo, reconoció al ex agente civil de inteligencia del Ejército Raúl Guglielminetti, quien actuó en el centro de detención "Automotores Orletti" durante la última dictadura (1976-1983).
La mujer, de 35 años, también identificó al ex espía de inteligencia Eduardo Ruffo, quien fue su padre adoptivo hasta los 9 años, cuando ella dejó de llamarse Gina Ruffo para recuperar su verdadera identidad gracias a la labor de las Abuelas de Plaza de Mayo.
"Se me ha quitado una mochila de encima al poderme enfrentar a Ruffo. Él era incapaz de mirarme a la cara. Ha sido una reparación muy importante", señaló durante una rueda de prensa en la sede de la asociación humanitaria, en el centro de Buenos Aires.
Rutila Artes, que tiene tres hijos, contó que desde los tres 3 años fue "abusada sexualmente" por Ruffo, además de ser sometida a varias "palizas" y cambiada en ocasiones de aspecto para que no puediera ser encontrada por su abuela.
Carla, nacida el 28 de junio de 1975, y su madre fueron trasladadas en agosto 1976 desde Bolivia, donde vivieron durante un tiempo, a Argentina, donde fueron llevadas a "Automotores Orletti".
El padre de Carla, el uruguayo Enrique Luca López, militante de la guerrilla Tupamaros, fue asesinado en la ciudad boliviana de Cochabamba poco después, en septiembre de 1976.
"En la casa en la que vivía vi a varias personas como Guglielminetti. También arsenal de armas, mucho dinero y cosas robadas", relató Carla, quien el pasado viernes declaró ante el Tribunal Oral Federal Uno de Buenos Aires donde se lleva a cabo un juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en la cárcel clandestina.
Guglielminetti, quien posteriormente dirigió la custodia del fallecido ex presidente Raúl Alfonsín (1983-1989), es uno de los cinco acusados en este juicio en el que también declaró Macarena Gelman, la nieta del poeta argentino Juan Gelman.
"Automotores Orletti" funcionó en 1976 en el barrio porteño de Floresta bajo la fachada de un taller mecánico en el marco del Plan Cóndor, como se conoció a la represión coordinada que ejercieron las dictaduras del Cono Sur hace más de 30 años, y se calcula que por allí pasaron unos 200 secuestrados, en su mayoría uruguayos.
Fuente:EF
Carla Rutila Artes, quien de pequeña fue robada a sus padres asesinados por la represión, aseguró hoy que ha identificado a dos acusados en un juicio por crímenes en una cárcel clandestina de la dictadura argentina, entre ellos a su apropiador.
Rutila Artes, quien vive en Madrid desde 1985, cuando se convirtió en la primera nieta recuperada por las Abuelas de Plaza de Mayo, reconoció al ex agente civil de inteligencia del Ejército Raúl Guglielminetti, quien actuó en el centro de detención "Automotores Orletti" durante la última dictadura (1976-1983).
La mujer, de 35 años, también identificó al ex espía de inteligencia Eduardo Ruffo, quien fue su padre adoptivo hasta los 9 años, cuando ella dejó de llamarse Gina Ruffo para recuperar su verdadera identidad gracias a la labor de las Abuelas de Plaza de Mayo.
"Se me ha quitado una mochila de encima al poderme enfrentar a Ruffo. Él era incapaz de mirarme a la cara. Ha sido una reparación muy importante", señaló durante una rueda de prensa en la sede de la asociación humanitaria, en el centro de Buenos Aires.
Rutila Artes, que tiene tres hijos, contó que desde los tres 3 años fue "abusada sexualmente" por Ruffo, además de ser sometida a varias "palizas" y cambiada en ocasiones de aspecto para que no puediera ser encontrada por su abuela.
Carla, nacida el 28 de junio de 1975, y su madre fueron trasladadas en agosto 1976 desde Bolivia, donde vivieron durante un tiempo, a Argentina, donde fueron llevadas a "Automotores Orletti".
El padre de Carla, el uruguayo Enrique Luca López, militante de la guerrilla Tupamaros, fue asesinado en la ciudad boliviana de Cochabamba poco después, en septiembre de 1976.
"En la casa en la que vivía vi a varias personas como Guglielminetti. También arsenal de armas, mucho dinero y cosas robadas", relató Carla, quien el pasado viernes declaró ante el Tribunal Oral Federal Uno de Buenos Aires donde se lleva a cabo un juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en la cárcel clandestina.
Guglielminetti, quien posteriormente dirigió la custodia del fallecido ex presidente Raúl Alfonsín (1983-1989), es uno de los cinco acusados en este juicio en el que también declaró Macarena Gelman, la nieta del poeta argentino Juan Gelman.
"Automotores Orletti" funcionó en 1976 en el barrio porteño de Floresta bajo la fachada de un taller mecánico en el marco del Plan Cóndor, como se conoció a la represión coordinada que ejercieron las dictaduras del Cono Sur hace más de 30 años, y se calcula que por allí pasaron unos 200 secuestrados, en su mayoría uruguayos.
Fuente:EF
UNA NIETA RECUPERADA DIO SU TESTIMONIO EN EL JUICIO POR AUTOMOTORES ORLETTI
Carla, la joven de la prodigiosa memoria
Fue apropiada por Eduardo Ruffo y recuperó su identidad en 1985. Vive en España y volvió para denunciar al represor, quien abusaba de ella cuando era niña, y a otros miembros de la banda de Aníbal Gordon.
Carla, la joven de la prodigiosa memoria
Fue apropiada por Eduardo Ruffo y recuperó su identidad en 1985. Vive en España y volvió para denunciar al represor, quien abusaba de ella cuando era niña, y a otros miembros de la banda de Aníbal Gordon.
“No tenía dudas de que Ruffo no aguantaría mi mirada”, dijo Carla Artés luego de declarar en tribunales.Imagen: Dante Gentinetta
Por Juan Carlos Martínez
Uno de los testimonios más importantes en el juicio oral y público que se sigue a los responsables de los múltiples delitos de lesa humanidad cometidos en Automotores Orletti es el que ofreció el 12 de agosto Carla Artés Company, quien, junto con su madre, Graciela Rutila, permaneció en ese centro clandestino de detención hasta que el asesino y torturador Eduardo Ruffo se apropió de ella. “Debo suponer que la persona que me llevó debe ser la misma que asesinó a mi madre”, dijo Carla en una parte de su preciso relato, clavando su mirada en Ruffo, pero el cobarde inclinó su cabeza hacia el piso. “No tenía dudas de que no aguantaría mi mirada”, diría luego de prestar su testimonio.
Hasta instantes antes del ingreso de Carla a la sala, Ruffo giró varias veces su cabeza para saludar con una sonrisa o un guiño de ojos a una rubia oxigenada que ocupaba una de las sillas del ala reservada a familiares y amigos de los verdugos. Ruffo, que se jactaba de ensayar tiro al blanco disparando a la cabeza de sus indefensas víctimas, se apropió de Carla cuando tenía poco más de un año y la mantuvo en su poder hasta dos meses después de haber cumplido los diez.
Serena, firme y segura, Carla hizo su relato y luego respondió a cada una de las preguntas que le formularon el fiscal, los miembros del tribunal, los abogados de la querella y la defensa de represores. El mayor impacto de su declaración fue cuando reveló que Ruffo había abusado sexualmente de ella mientras estuvo en su poder, siendo una niña.
Esto produjo la rápida intervención del fiscal, quien pidió a los jueces que se ordenara el trámite judicial previsto para casos de esa naturaleza. Uno de los defensores se opuso al pedido con el argumento de que se trataba de una cuestión de índole privada y ajena al tema que se estaba debatiendo. El presidente del tribunal anunció un cuarto intermedio de quince minutos que se prolongó más de una hora. Reanudada la audiencia, el juez informó a las partes que las actuaciones sobre la revelación de Carla pasarían al ministerio público.
Prodigiosa memoria
Carla era una niña cuando comenzó a ver los rostros de los principales miembros de la banda ultraderechista que dirigía Aníbal Gordon y que integraba, entre otros, su apropiador Eduardo Alfredo Ruffo.
Dotada de una prodigiosa memoria, aquella niña que hoy es una mujer de 35 años ofreció a los miembros del Tribunal Oral Federal número 1 detalles de lo que vivió en el hogar formado por Eduardo Ruffo, Amanda Cordero y Alejandro, otro niño que probablemente también es hijo de desaparecidos durante la dictadura militar (ver aparte).
En la sala sólo se encontraban tres de los acusados: el ex general Eduardo Cabanillas y los parapoliciales Eduardo Ruffo y Honorio Martínez Ruiz. En realidad, había un cuarto: el militar abogado Bernardo José Menéndez, condenado en primera instancia a prisión perpetua por secuestros y asesinatos durante la dictadura militar. A pesar de ese antecedente, Menéndez estaba en la audiencia como defensor de sus compañeros de crímenes, secuestros y torturas y hasta se dio el lujo de formularle algunas preguntas a Carla (ver aparte).
“Tengo una buena memoria fotográfica”, dijo Carla ante el tribunal. Recordó lugares, personas y otros hechos que quedaron grabados en su prodigiosa memoria. Mencionó el nombre del colegio al que concurrió hasta segundo grado, cuando Ruffo pasó a la clandestinidad para eludir la orden de captura que pesaba sobre él a poco de instalarse el gobierno democrático. “Era el Colegio Betania”, dijo Carla, que fue retirada de aquella escuela en 1984 y hasta el momento en que Ruffo fue detenido permaneció oculta en los distintos lugares elegidos por el genocida para no ser atrapado.
Ruffo utilizaba distintas credenciales con nombre falso y para que los niños no fueran advertidos en los controles de las rutas, Carla y Alejandro iban en el asiento trasero del auto, cubiertos por una manta y encima de la manta dos grandes perros de policía.
Esta situación se la contó Carla a su abuela el primer día que Sacha bañó a la niña. “¿Y estos rasguños?”, preguntó la abuela al observar la espalda de su nieta. “Son de los perros, abu”, respondió Carla.
Carla recordó que los Ruffo vivían en un departamento de Soler y Billinghurst, en el barrio de Palermo, donde su abuela Sacha pasó jornadas enteras indagando sobre la vida del apropiador de su nieta. Contó que Ruffo tenía una casa en Cariló y que allí vio desfilar a miembros de la banda de Aníbal Gordon. Dijo, también, haber visto en ese lugar un verdadero arsenal e identificó a Raúl Guglielminetti como uno de los asiduos visitantes.
El presidente del tribunal le preguntó a Carla si podía reconocer a alguna de esas personas, Carla asintió, y fue en ese momento cuando le entregaron una carpeta con fotos que fueron identificadas sólo con un número. Carla comenzó a observar la carpeta, hoja por hoja, y a medida que iba reconociendo a los personajes los mencionaba por su nombre y así reconoció al propio Ruffo, a Guglielminetti, a Gordon y a sus dos hijos y a otros miembros de la banda. En un caso en que no recordaba el nombre, Carla dio como dato certero que esa persona tenía dos hijos a los cuales identificó por sus nombres de pila.
En su fresca memoria Carla mantiene vivo el recuerdo del momento en que fue separada de su madre. Dijo que desde siempre grabó en su memoria el rostro de la persona que la retiró de su lado, que “era de tez blanca, ojos muy oscuros, barbado, que vestía una camisa blanca”.
Carla en agosto
Un cuarto de siglo atrás, Carla abandonaba el infierno en el que vivió durante nueve años. El 25 de agosto de 1985 fue rescatada de las manos de Ruffo, asesino y torturador de Automotores Orletti. Ruffo fue apresado en la quinta La Susanita, ubicada en el kilómetro 48 de la ruta 8, cerca de Pilar.
Otro 25 de agosto, pero de 1976, la niña y su madre fueron entregadas por la dictadura boliviana a su par argentina en la frontera Villazón-La Quiaca. Desde allí fueron trasladadas a Buenos Aires y confinadas en aquel centro clandestino de detención, tortura y muerte que funcionaba en el barrio de Flores.
Graciela, la madre de Carla, había sido detenida en Oruro, Bolivia, donde residía con su madre e hija, el 2 de abril de 1976 por su participación en una huelga de mineros. El padre de Carla –Enrique Joaquín Lucas López– fue asesinado en Bolivia por la dictadura de Banzer.
Matilde Artés, más conocida por el apodo de Sacha –madre de Graciela y abuela de Carla– inició la búsqueda de ambas desde España, donde se radicó escapando de las dictaduras que en la década del ’70 se instalaron en este continente.
El 14 de julio de 1984, Sacha llegó a la Argentina con un dato preciso que las Abuelas de Plaza de Mayo habían obtenido a través de intensas investigaciones: establecieron el nombre del apropiador de Carla.
“En quince días me llevo a mi nieta a España”, dijo Sacha en el mismo aeropuerto en aquella fría mañana del invierno porteño. Fueron dos largos y traumáticos años los que debió esperar para cumplir aquel sueño.
Dos años más tarde, Sacha y Carla dejaron la Argentina por decisión propia, porque la inestabilidad política generada tras el levantamiento carapintada despertó fundados temores sobre los riesgos que corría la niña en aquel contexto. Hacia España vuelve Carla un cuarto de siglo después de haber regresado a la vida, al amor y la libertad.
Una forma de reparación
Carla Rutila Artés dio ayer, antes de volver a España, una conferencia de prensa en la sede de Abuelas de Plaza de Mayo. Allí agradeció al pueblo argentino la posibilidad de dar testimonio contra su apropiador y abusador, ya que –dijo– “el haber declarado de por sí me ha quitado un peso de encima. Eso ha sido una liberación psicológica bastante grande”.
También manifestó la esperanza de que “este barco llegue a buen puerto y haya una condena dura”. Cuando recordó que el represor Eduardo Ruffo no pudo sostenerle la mirada durante la audiencia en la que dio su testimonio, dijo: “Para mí, eso fue una reparación”. También se mostró conforme con los reconocimientos que pudo hacer en tribunales. “Según me han contado, fue bastante acertado, con lo cual quiere decir que acerté los nombres y de los que no conocía el nombre me acordaba de los nombres de los hijos. Fue una forma de lograr credibilidad”, subrayó.
El abogado de la muerte
Bernardo José Menéndez fue condenado a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad en diciembre del año pasado. Fue jefe de una de las áreas del I Cuerpo de Ejército entre el 26 de noviembre de 1976 y el 26 de enero de 1979 y tenía responsabilidades sobre los campos clandestinos Automotores Orletti, Vesubio, Olimpo, Club Atlético y El Banco. A pesar de tener las manos tintas en sangre, Menéndez actúa como abogado defensor del imputado ex coronel Rubén Visuara en la causa Orletti. En la audiencia en la que declaró Carla, el abogado de la muerte repitió el papel que viene cumpliendo desde que la Cámara Federal le permitió ejercer la profesión de abogado, mientras el fallo de primera instancia que lo condenó a perpetua no sea confirmado. El verdugo puede darse el lujo no sólo de prolongar la impunidad de sus crímenes, sino también de plantarse frente a sus víctimas y hasta martirizarlas con preguntas.
Actas falsas
Eduardo Ruffo anotó como propios a Carla y Alejandro después de que su mujer, Amanda Cordero, fuera sometida a una intervención quirúrgica de lo cual resultó que a partir de ese momento (13 de noviembre de 1973) no podía concebir. La falsificación de actas de nacimiento fue una constante en los centenares de casos de niños apropiados. Alejandro todavía permanece en calidad de rehén con el apellido del apropiador. El ex fiscal Aníbal Ibarra denunció al matrimonio Ruffo por los delitos de supresión de estado civil y falsedad ideológica respecto de Alejandro. En la causa que inicialmente fue registrada con el número 1596 ante el juzgado federal número 3. Alejandro sigue en poder de los Ruffo, aunque el estudio inmunogenético con relación al apropiador y su mujer excluyó en forma indubitable a ambos como su padre y madre biológicos.
Fuente:Pagina12
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