Fue el primer preso político en el penal de Libertad
Por Víctor Carrato Periodista
El martes 10 falleció a los 68 años de edad, en la ciudad de Malmö, al sur de Suecia, el periodista uruguayo Jorge Benigno Torres. Se trata del primer preso político que inauguró el penal de Libertad durante el período del terrorismo de Estado.
Meses atrás se supo que el característico y particular "gordo", que llevó el número 001 del penal de Libertad, se encontraba seriamente afectado en su salud.
Hombre de radio, militante de ADER (Asociación de Empleados Radiofónicos) y del MLN-Tupamaros, permaneció 15 años preso. Desde 1984, Benigno Torres estaba radicado en Suecia. Se inició como periodista radial en 1953 en Paysandú, trabajó en Suecia como tal durante 16 años y se jubiló a la edad de 65 años.
Nació en Fray Bentos, dentro del predio del Anglo, donde sus padres eran obreros del viejo frigorífico, "friyeros", como les decían entonces. Completó la escuela en Paysandú, luego estudió en lo que se llamaba Escuela Industrial; su madre falleció cuando él tenía 11 años y su padre dos años después. Participante de las interminables reuniones de la Unión Obrera Río Negro, de los actos en la Plaza Constitución y de las campañas electorales del Partido Socialista. En 1959 emigró a Montevideo.
En 1969, cuando no había aún 40 presos políticos en Uruguay, fue a parar a la cárcel de Punta Carretas. Torres salió del penal de Libertad en 1984.
En un reportaje realizado por LA REPUBLICA, el 12 de octubre de 2002, Torres dijo que "ser el 001 era y es para mí sólo una circunstancia, casual o no. Porque éramos 25 los primeros... Y tan primeros como nosotros, pegaditos son el 026 y los que siguen, hasta esa larga caravana de grises que llegaron hasta el 2.873".
Recordaba que ADER era un equeño sindicato que negociaba con Andebu desde los sueldos hasta las condiciones de trabajo en la radiotelefonía y que buscaba precisar cada tarea, la jerarquización del oficio. "No existía formalmente la carrera de comunicador. Eramos locutores, o informativistas, operadores... etcétera", recordaba.
En Montevideo se inició en radio Monte Carlo, luego El Espectador, donde hizo su experiencia profesional "más rica y valiosa, con un plantel de excepción; quien tenía oídos abiertos y receptividad, aprendía y aprendía", según contaba.
En octubre de 1972, al primer preso político que numeraron en el penal de Libertad lo raparon y le dieron un balde, alpargatas, papel higiénico, trapo de piso, jarro y plato, y hasta un pequeño discurso, pero no pudieron despersonalizarlo. Es más, sus carceleros encontraron un serio problema: no había talle para el mameluco gris que debía vestir.
"Vístase", le ordenaron. "No puedo", respondió. "Vístase, le digo", insistía el militar. "¡No me entra!", alegó el "gordo" Torres.
"No sé qué será de la vida del entonces capitán Vázquez, pero él lo puede ratificar", contaba Torres. Hubo cabildeos y cuchicheos, hasta que, finalmente, los militares sufrieron la primera derrota, por razones tácticamente no previstas. El "gordo" Benigno Torres partió con su pantalón de brin azul, que le había mandado la compañera del "Pocho" Hornos, y de camisa blanca, hacia la celda. El primer preso no tuvo número ni uniforme, en un lugar cuya puerta de ingreso rezaba: "Aquí se viene a cumplir".
Benigno Torres anduvo meses de "civil", con una carpeta abajo del brazo, recorriendo todo el penal de Libertad. Los carceleros lo confundían con un oficial y lo dejaban pasar. En una ocasión, cuando se estaba colando en el 2º piso, un soldado lo detuvo y le preguntó: "¿Qué va a hacer?". "Voy a buscar la metamorfosis." "Bueno, vaya."
El "gordo" Torres fue uno de los inventores de las más impensadas estrategias para salir y hacer salir de sus celdas a los presos políticos. Como fajinero (persona encargada de establecer las relaciones entre los carceleros y los presos) se ingenió para inventar comisiones de todo tipo de manera de tener en la planchada del penal de Libertad a la mayor cantidad de presos posible y de paso cambiar de celda.
Fuente:LaRepublica
Por Víctor Carrato Periodista
El martes 10 falleció a los 68 años de edad, en la ciudad de Malmö, al sur de Suecia, el periodista uruguayo Jorge Benigno Torres. Se trata del primer preso político que inauguró el penal de Libertad durante el período del terrorismo de Estado.
Meses atrás se supo que el característico y particular "gordo", que llevó el número 001 del penal de Libertad, se encontraba seriamente afectado en su salud.
Hombre de radio, militante de ADER (Asociación de Empleados Radiofónicos) y del MLN-Tupamaros, permaneció 15 años preso. Desde 1984, Benigno Torres estaba radicado en Suecia. Se inició como periodista radial en 1953 en Paysandú, trabajó en Suecia como tal durante 16 años y se jubiló a la edad de 65 años.
Nació en Fray Bentos, dentro del predio del Anglo, donde sus padres eran obreros del viejo frigorífico, "friyeros", como les decían entonces. Completó la escuela en Paysandú, luego estudió en lo que se llamaba Escuela Industrial; su madre falleció cuando él tenía 11 años y su padre dos años después. Participante de las interminables reuniones de la Unión Obrera Río Negro, de los actos en la Plaza Constitución y de las campañas electorales del Partido Socialista. En 1959 emigró a Montevideo.
En 1969, cuando no había aún 40 presos políticos en Uruguay, fue a parar a la cárcel de Punta Carretas. Torres salió del penal de Libertad en 1984.
En un reportaje realizado por LA REPUBLICA, el 12 de octubre de 2002, Torres dijo que "ser el 001 era y es para mí sólo una circunstancia, casual o no. Porque éramos 25 los primeros... Y tan primeros como nosotros, pegaditos son el 026 y los que siguen, hasta esa larga caravana de grises que llegaron hasta el 2.873".
Recordaba que ADER era un equeño sindicato que negociaba con Andebu desde los sueldos hasta las condiciones de trabajo en la radiotelefonía y que buscaba precisar cada tarea, la jerarquización del oficio. "No existía formalmente la carrera de comunicador. Eramos locutores, o informativistas, operadores... etcétera", recordaba.
En Montevideo se inició en radio Monte Carlo, luego El Espectador, donde hizo su experiencia profesional "más rica y valiosa, con un plantel de excepción; quien tenía oídos abiertos y receptividad, aprendía y aprendía", según contaba.
En octubre de 1972, al primer preso político que numeraron en el penal de Libertad lo raparon y le dieron un balde, alpargatas, papel higiénico, trapo de piso, jarro y plato, y hasta un pequeño discurso, pero no pudieron despersonalizarlo. Es más, sus carceleros encontraron un serio problema: no había talle para el mameluco gris que debía vestir.
"Vístase", le ordenaron. "No puedo", respondió. "Vístase, le digo", insistía el militar. "¡No me entra!", alegó el "gordo" Torres.
"No sé qué será de la vida del entonces capitán Vázquez, pero él lo puede ratificar", contaba Torres. Hubo cabildeos y cuchicheos, hasta que, finalmente, los militares sufrieron la primera derrota, por razones tácticamente no previstas. El "gordo" Benigno Torres partió con su pantalón de brin azul, que le había mandado la compañera del "Pocho" Hornos, y de camisa blanca, hacia la celda. El primer preso no tuvo número ni uniforme, en un lugar cuya puerta de ingreso rezaba: "Aquí se viene a cumplir".
Benigno Torres anduvo meses de "civil", con una carpeta abajo del brazo, recorriendo todo el penal de Libertad. Los carceleros lo confundían con un oficial y lo dejaban pasar. En una ocasión, cuando se estaba colando en el 2º piso, un soldado lo detuvo y le preguntó: "¿Qué va a hacer?". "Voy a buscar la metamorfosis." "Bueno, vaya."
El "gordo" Torres fue uno de los inventores de las más impensadas estrategias para salir y hacer salir de sus celdas a los presos políticos. Como fajinero (persona encargada de establecer las relaciones entre los carceleros y los presos) se ingenió para inventar comisiones de todo tipo de manera de tener en la planchada del penal de Libertad a la mayor cantidad de presos posible y de paso cambiar de celda.
Fuente:LaRepublica
11 de agosto de 2010

Informamos que el día de ayer, martes 10 de agosto de 2010, falleció el Compañero
Jorge Benigno Torres a la edad de 68 años, en Malmë, Suecia.
Jorge Benigno "el gordo" Torres, Nº 001 en el EMR Nº1, permaneció recluido varios años
en el Penal de Libertad durante el período del Terrorismo de Estado.
El colectivo de Crysol rinde homenaje a este auténtico protagonista de la lucha del pueblo
uruguayo y hace llegar sus sinceras condolencias a sus familiares, a sus compañeros y amigos.
¡¡ Hasta siempre, Gordo !!
Jorge Benigno Torres a la edad de 68 años, en Malmë, Suecia.
Jorge Benigno "el gordo" Torres, Nº 001 en el EMR Nº1, permaneció recluido varios años
en el Penal de Libertad durante el período del Terrorismo de Estado.
El colectivo de Crysol rinde homenaje a este auténtico protagonista de la lucha del pueblo
uruguayo y hace llegar sus sinceras condolencias a sus familiares, a sus compañeros y amigos.
¡¡ Hasta siempre, Gordo !!
"Al Penal de Libertad lo borraría del mapa"
Siempre fue un hombre de radio. Estuvo 15 años preso. Guardó silencio durante dos décadas y ahora suma su voz al pedido de "Penal de Libertad Nunca Más". Cuenta su militancia en ADER y en el MLN-Tupamaros. Historias carcelarias de humor y de horror. Y no duda en decir que de ese lugar haría "tierra arrasada", para que crezcan nuevas plantas hasta hacer del Penal un lugar productivo.
Siempre fue un hombre de radio. Estuvo 15 años preso. Guardó silencio durante dos décadas y ahora suma su voz al pedido de "Penal de Libertad Nunca Más". Cuenta su militancia en ADER y en el MLN-Tupamaros. Historias carcelarias de humor y de horror. Y no duda en decir que de ese lugar haría "tierra arrasada", para que crezcan nuevas plantas hasta hacer del Penal un lugar productivo.

¿Qué hacer con el Penal de Libertad?: "Una de las ideas oídas es la de hacer un museo casi del horror, quizás al estilo de los campos de concentración de otras partes del mundo. Sería un lugar donde habría que poner en la entrada".

Desde 1984, Benigno Torres está radicado en Suecia.
Al iniciar el contacto vía e-mail, Benigno Torres pidió que se le hiciera un cuestionario. "Me han pedido muchas veces que escriba sobre mi experiencia, ese estigma, esa marca, esa huella que te queda con toda su carga- de haber sido el preso 001 del Penal de Libertad. Y nunca lo hice hasta hoy. Además lo mío es más de contar, de charlar, de la conversa. Consecuencia de mi oficio", escribe.
"Lo que me animó ahora, es el compartir, estar de acuerdo con la campaña "Penal de Libertad Nunca Más" que impulsa, entre otros Crysol. Es bueno oír eso, que se le meta bien a la gente ese Nunca Más nuestro", agrega.
"El no haber escrito antes tiene también su explicación, ya que ser el 001 era y es para mí, sólo una circunstancia, casual o no. Porque eramos 25 los primeros... Y tan primeros como nosotros, pegaditos son el 026 y los que siguen, hasta esa larga caravana de grises que llegaron hasta el 2.873 (nos pidió que completáramos la cifra).
Pero a Benigno Torres lo animaba otra razón para, esta vez, decir: "Parece que hay en esa nuestra historia la de preso, la del penal digo brumas o nieblas. Uno no se dice, no se toca. Es la crónica todavía por hacer, el tratar de cumplir con el relato de lo que fueron esos años. Y que quienes saben o pueden comunicar tienen la obligación de hacer conocer. Por la memoria de todos los que pasaron por allí, los que la quedaron allí, y esencialmente como una necesidad de contarle a otras generaciones, eso que pasó, ahí tan cerquita de todos, y que no se conoce...".
El cuestionario inicialmente programado se fue haciendo casi un monólogo en el que el "001" del Penal de Libertad pide que "sumé voces, palabras rescatando todo eso tan vivido y sufrido. Y marcando también la parte que se debe rescatar de grandes y pequeños hechos cotidianos, solidarios, tristes y alegres. Esa enorme práctica de sobrevivencia, de humanidad, de convicción y porque no, de resistencia y lucha".
Tres amores: socialismo, fútbol y cigarro
Benigno Torres salió del Penal de Libertad en 1984. Es periodista, aunque dice que recientemente se jubiló al cumplir los 65 años y luego de 16 años de trabajo en Suecia, donde llegó hace 18 años. Siempre se consideró un hombre de radio, un medio en el que comenzó por 1953 en Paysandú.
"El llamarme Benigno es herencia de mi padre. Yo creía que tenía otra connotación pero no: es sencillamente el que marca el almanaque para el 13 de febrero. Soy Torres por su lado y Campero por mi madre. Nací en Fray Bentos, dentro del predio del Anglo, donde los dos eran obreros. "Friyeros" entonces. Mi recuerdo es de un padre con tres amores. El socialismo, el fútbol, y el cigarro. Allí nací y fui el compañero de horas interminables de reuniones en la Unión Obrera Río Negro, de los actos en la Plaza Constitución, de la campañas por la lista 90. Hincha además hasta hoy de 18 de Julio, cuadro que si las conservan debe tener más de una foto mía, entreverado con el cuadro, entre las tomadas en el Parque Liebigs. Su cancha creo que aún conserva e nombre de Orlando Torres, un hermano de mi padre que fue de los cracks de antes, cuando Río Negro dominaba el Litoral. De allí provengo. He tenido una vida de diversas emigraciones. La primera de Fray Bentos a Paysandú. Mi madre muere cuando tenía 11 años y a los 13 mi padre, jóvenes y útiles aún. La fractura es fuerte, y paso a vivir en la ciudad donde digo tener carta de ciudadano. Sanducero incorporado, allí completé la escuela, hice la escuela industrial... crecí, me hice hombre, formé mi primera familia.
Benigno amaba decir que desde muy joven, con sólo 16 años, en 1953, empezó a curiosear en un medio que no imaginaba que sería el destino de toda su vida: la radio, ser locutor de radio.
"En ese medio, empiezan los primeros contactos, los primeros pasos en algo en lo que luego andaría: el de la vida sindical. Entonces existía ADER, sigla de la Asociación de Empleados Radiofónicos. Pequeño sindicato que negociaba con Andebu desde los sueldos hasta las condiciones de trabajo en la radiotelefonía. Y que buscaba precisar cada tarea, la jerarquización del oficio. No existía formalmente la carrera de comunicador. Eramos locutores, o informativistas, operadores... etc.", recuerda.
En plenas inundaciones del 59, hizo su segunda emigración a Montevideo. Allí empezó en radio Monte Carlo, luego El Espectador donde hizo su experiencia profesional "más rica y valiosa, con un plantel de excepción; quien tenía oidos abiertos y receptividad, aprendía y aprendía...", se entusiasma.
Sindicato, política, lucha... y la cárcel
"De la lucha sindical a la política, hay una relación muy cercana. Una consecuencia de la otra. Los tiempos cambian, la realidad también. Surgen las posiciones llamadas radicales, con el sentido hasta peyorativo que se les daba. Y ya andaban en la vuelta quienes impulsaban la lucha por sus derechos de una manera diferente a la conocida en esos tiempos: con otros métodos, con diferente perspectiva. Y las formas de pelear por el derecho propio y de los demás también se modifican. Convivir entonces en la vida sindical y encontrarse con el MLN (T) no era nada extraño. Y reconocer y aceptar desde sus fines y objetivos tampoco", explica.
Para Benigno Torres fue el comenzar una vida a la que, reconoce, a veces se llega con convicción, pero sin mucha claridad. "Y tampoco la necesitabas mucho: era entender lo justo y lo injusto, la patria que tenían y usaban unos y las que nos tocaba al resto. Y entonces, con cosas a veces impulsadas por el ánimo solidario y fraterno, más que por la sesuda formulación teórica-ideológica, "militabas", hacías cosas, poniendo lo que podías y tenías... En todo caso la gran mayoría de los que luego iba a conocer como compañeros en la cárcel, de acuerdo a origen y extracción iban a tener su "boniatito" teórico, claro, pero los que muchas veces poníamos corazón, ganas y entusiasmo, éramos los más. Y en ese pelotón pedalié yo".
En 1969, cuando no había aún 40 presos políticos en el Uruguay, fue a dar a Punta Carretas. Desde setiembre a junio de 1970, tuvo nueve meses de convivencia y escuela. Un vuelco decisivo y definitivo en su vida personal. "Otros han contado los detalles de ese tiempo. He sido partícipe de muchas anécdotas que se cuentan, a veces mal o equivocadas. Pero no importa. Nunca aspiré a la malla oro, hablando en términos ciclísticos, y me sentía muy cómodo en el pelotón".
¿Y al salir de esa primera cárcel?, se le pregunta: "Y bueno salir, rearmar pareja, seguir trabajando en lo mío, y de nuevo preso".
Era noviembre de 1971, había ocurrido "El Abuso", Punta Carretas ya no era la misma. En el 72, se hizo la otra fuga: la del Hospital de la cárcel. El 18 de abril los trasladan, ya con la aparatosidad militar, hacia Punta de Rieles. "Ya se estaba entrenando a los futuros carceleros, en ese convento transformado en prisión", acota.
"Fue el inaugurar cosas que luego iban a ser cotidianas. El "largo-largo", el grito destemplado, la rapada... Todavía no te pegaban al subir las escaleras; pero ya iba a llegar", relata. Así hasta que en octubre del 72, se concreta lo que ya sabía que iba a ocurrir: el traslado al llamado Penal de Libertad.
Penal de Libertad: "Aquí se viene a cumplir"
La historia puede considerarlo un hecho menor en tiempos de guerra. Pero resultó curioso que aquel octubre de 1972, al primer preso que numeraron, raparon y le dieron un balde, las alpargatas, papel higiénico, trapo de piso, jarro y plato, y hasta un pequeño discurso, no pudieran despersonalizarlo: vestirlo, enmamelucarlo, agrisarlo. El "001" tenía un recurso no pensado: era gordo.
"La ayuda, sin dudas, vino de un volumen, que desmentía la figura que los medios de entonces hacían de los revolucionarios: generalmente joven, de vaquero cuando aún no se los llamaba jean, de figura esbelta, si es posible, pelo largo. Bueno...¿de eso?, nada. Nada de eso se cumplía en esta ocasión. Viajamos de noche, en las "heladeras" verdes, antigua base de operaciones, radio o talleres del Ejército, transformados en cajones de metal para transportar presos. Eramos 25. Nos dividieron en dos vehículos, uno con 13 y el otro con 12. Partimos. En el que me tocó a mí, no nos conformábamos con el silencio que nos exigieron. Y al poco tiempo empezaron carraspeos, sonidos, leves movimientos para buscar la reacción. Nada. Y todos encapuchados. Hasta que uno, bajo de talla (el sabe quién fue) chico, desenredó las piernas y pudo pararse. A esa altura sabíamos que no teníamos custodia dentro del camión. Nos desencapuchamos y empezamos a charlar".
La osadía de aquellos presos con destino incierto no implicaba negar el miedo. "Siempre se tiene, siempre se teme. La incertidumbre es un arma que fue muy utilizada con nosotros. Pero en todo caso, ya en la partida hacia ese otro destino, los desarmamos. Supimos perfectamente por dónde nos trasladaron. Verificamos que íbamos hacia Libertad, y poco antes de entrar, vuelta a la capucha y a aparentar resignación.
La escena, después les contaron, tuvo como público al comando de la región. Algunos dicen que estuvieron de todas las regiones. De todas las armas es seguro. Pero, en la planificación del show inaugural, les ocurrió ese imprevisto: había excedidos de peso, y eso no entraba en el libreto.
Vístase..
No puedo.
Vístase le digo.
¡No me entra!
"No sé qué será de la vida del entonces capitán Vázquez, pero él lo puede ratificar", estima Torres. Hubo cabildeos y cuchicheos, hasta que, finalmente, los militares sufrieron la primera derrota, por razones tácticamente no previstas. El gordo Benigno Torres partió con su pantalón de brin azul, que le había mandado la compañera del "Pocho" Hornos y de camisa blanca, hacia la celda. El primer preso no tuvo número ni uniforme, en un lugar cuya puerta de ingreso rezaba: "Aquí se viene a cumplir".
Recuerdos de un preso desde Suecia
Desde sus tantos años de silencio y desde la lejanía, el "Gordo" Torres no olvida su condición de preso.
"La vida en el penal es conocida. Lo que nunca hay que dejar de contar es el proceso de despersonalización en el que te introducen. Nunca más tenés nombre: sos un número. No hay relojes, ni diario, ni radio. No tenés pelo: te rapan sistemáticamente. Tenés colores en tu ropa para que no intentes mezclarte. No puedes hablar con tu vecino más cercano. La injusticia, la sinrazón, el castigo, el sistemático hostigamiento orientado hacia algunos compañeros, buscando una particular destrucción. Es la venganza. El reciente compañero muerto, nuestro gallego Más Más podría contar mucho de eso. Y luego toda una cadena de prohibiciones, algunas que podrían integrar cómodamente cualquier antología del absurdo", escribe.
Benigno Torres explica que en el penal siempre se pasó mal. "Así hay que decirlo. En una cárcel montada sobre la base de destruir al individuo, no pueden haber momentos buenos. Hay peores o menos peores. Los famosos "apretes" y "aflojes". Uno registra momentos en los que la represión organizada hacia el EMR1 es mayor, más organizada. La sacada de los rehenes fue un momento de gran tensión. Otra la muerte de Trabal. También el período de 1974 cuando se ajustan y se corrigen defectos que decían tener en seguridad, y que sirvió para un sistemático ejercicio de la persecución a los presos. Y para ello, se conoce, tuvieron ayuda de colaboradores que orientaban hacia y a quién había que hostigar y perseguir. Generalmente los que tenían más experiencia "canera" usando el lenguaje de la cárcel. Hizo mucho daño", rememora.
"Conocimos los llamados planes de guerra interna. Por un lado se decía desde el cínico "Aquí se viene a cumplir" y se hablaba de "recuperación" y por otro se organizaban verdaderas cacerías humanas. La etapa de hostigamiento a los del "aparato militar", por ser los más peligrosos: allí se hostigaba a los compañeros de ese sector de militancia. Luego se cambió el plan: los más peligrosos eran los ideólogos, los que "daban manija". Otro año jodido, fue el de un llamado plan Attica, aquel de una supuesta posibilidad de una masacre interna. Podría ser calificado como uno de los tantos "bolazos" intimidatorios, pero fue uno de los más serios y con altas probabilidades de cumplirse. Sabíamos que un comandante se mudó al celdario, para garantizar con su presencia in situ que no habría masacre alguna. La represión organizada contra los llamados entonces "6 puntistas" llegó a límites de sacar compañeros a interrogarlos y muere uno de ellos. Otra ley conocida es de que la vida en la cárcel reflejaba la situación de contradicciones que ocurría afuera. Cuando la caída de los Montoneros en Uruguay (Chango Estrella, Jimmy) montaron toda una supuesta conspiración interna envolviendo a algún servicio, como se llamaba a los lugares de trabajo de los presos. Las muertes dudosas, esas de nunca confirmar, como la del "Gorila" Ramos o el "Gato Sosa". La imagen del "Mirto Perdomo" tirado en el Centro 1 cuando entrábamos del recreo. La del primer muerto del Penal que irónicamente se llamaba José Artigas (era de Paysandú)".
Que diga: "Aquí no hay nada que cumplir"
Desde 1984, Benigno Torres vive en Suecia. "Gordo, para vos no hay tercer cana", le amenazaron al ser liberado poco antes de la reinstitucionalización del país. Se encontró en tierras nórdicas con su compañera que se había exiliado en 1976 junto a su hija Adriana. Luego vino Natalia, la hija sueca. Pero Benigno Torres tiene otros hijos en Estados Unidos ("mirá vos si me iba a librar"), San Pablo, Paysandú y Buenos Aires, incluso en Suecia. Con ellos vinieron nietos y bisnietos.
Trabajó en un proyecto de radio en Lund, cerca de Malmö. Luego hizo su propio proyecto en esa ciudad, donde se quedó. Fue dentro del sistema Närradio, pero su experiencia más rica fue en el programa en español "Panorama" de Radio Nacional de Suecia, donde hacía suplencias en Estocolmo. Desde Malmö ejercía la corresponsalía del sur.
Para él, la campaña por "Penal de Libertad Nunca Más" significa "no borrar todos estos hechos, no recordarlos más, sino por el contrario, tenerlos presente siempre, como de las más negras de nuestra historia. La continuidad de hacerla otra cárcel no ha sido tampoco feliz. Se han sucedido hechos y situaciones también horrorosas", dice.
Entonces ¿tiene sentido conservar esa mole parada?, se pregunta para dar su opinión de lo que haría si se le otorgara el poder de hacerlo. "Una de las ideas oídas es la de hacer un museo casi del horror, quizás al estilo de los campos de concentración de otras partes del mundo. Sería un lugar donde habría que poner en la entrada. "Aquí no hay nada que cumplir". Pero me gusta más la idea de borrarlo del mapa. Hacer allí una tierra arrasada positiva, donde "crezcan" nuevas tierras, se incorporen, hasta convertirlo en un lugar productivo. Y sin dejar nunca de tener en cuenta ha sido regado con la sangre como las de los que citamos. Pero también de otros más que dejaron su vida en un ciego frenesí de venganza disfrazado de justicia".
Fuente:ElMuertoIII
Al iniciar el contacto vía e-mail, Benigno Torres pidió que se le hiciera un cuestionario. "Me han pedido muchas veces que escriba sobre mi experiencia, ese estigma, esa marca, esa huella que te queda con toda su carga- de haber sido el preso 001 del Penal de Libertad. Y nunca lo hice hasta hoy. Además lo mío es más de contar, de charlar, de la conversa. Consecuencia de mi oficio", escribe.
"Lo que me animó ahora, es el compartir, estar de acuerdo con la campaña "Penal de Libertad Nunca Más" que impulsa, entre otros Crysol. Es bueno oír eso, que se le meta bien a la gente ese Nunca Más nuestro", agrega.
"El no haber escrito antes tiene también su explicación, ya que ser el 001 era y es para mí, sólo una circunstancia, casual o no. Porque eramos 25 los primeros... Y tan primeros como nosotros, pegaditos son el 026 y los que siguen, hasta esa larga caravana de grises que llegaron hasta el 2.873 (nos pidió que completáramos la cifra).
Pero a Benigno Torres lo animaba otra razón para, esta vez, decir: "Parece que hay en esa nuestra historia la de preso, la del penal digo brumas o nieblas. Uno no se dice, no se toca. Es la crónica todavía por hacer, el tratar de cumplir con el relato de lo que fueron esos años. Y que quienes saben o pueden comunicar tienen la obligación de hacer conocer. Por la memoria de todos los que pasaron por allí, los que la quedaron allí, y esencialmente como una necesidad de contarle a otras generaciones, eso que pasó, ahí tan cerquita de todos, y que no se conoce...".
El cuestionario inicialmente programado se fue haciendo casi un monólogo en el que el "001" del Penal de Libertad pide que "sumé voces, palabras rescatando todo eso tan vivido y sufrido. Y marcando también la parte que se debe rescatar de grandes y pequeños hechos cotidianos, solidarios, tristes y alegres. Esa enorme práctica de sobrevivencia, de humanidad, de convicción y porque no, de resistencia y lucha".
Tres amores: socialismo, fútbol y cigarro
Benigno Torres salió del Penal de Libertad en 1984. Es periodista, aunque dice que recientemente se jubiló al cumplir los 65 años y luego de 16 años de trabajo en Suecia, donde llegó hace 18 años. Siempre se consideró un hombre de radio, un medio en el que comenzó por 1953 en Paysandú.
"El llamarme Benigno es herencia de mi padre. Yo creía que tenía otra connotación pero no: es sencillamente el que marca el almanaque para el 13 de febrero. Soy Torres por su lado y Campero por mi madre. Nací en Fray Bentos, dentro del predio del Anglo, donde los dos eran obreros. "Friyeros" entonces. Mi recuerdo es de un padre con tres amores. El socialismo, el fútbol, y el cigarro. Allí nací y fui el compañero de horas interminables de reuniones en la Unión Obrera Río Negro, de los actos en la Plaza Constitución, de la campañas por la lista 90. Hincha además hasta hoy de 18 de Julio, cuadro que si las conservan debe tener más de una foto mía, entreverado con el cuadro, entre las tomadas en el Parque Liebigs. Su cancha creo que aún conserva e nombre de Orlando Torres, un hermano de mi padre que fue de los cracks de antes, cuando Río Negro dominaba el Litoral. De allí provengo. He tenido una vida de diversas emigraciones. La primera de Fray Bentos a Paysandú. Mi madre muere cuando tenía 11 años y a los 13 mi padre, jóvenes y útiles aún. La fractura es fuerte, y paso a vivir en la ciudad donde digo tener carta de ciudadano. Sanducero incorporado, allí completé la escuela, hice la escuela industrial... crecí, me hice hombre, formé mi primera familia.
Benigno amaba decir que desde muy joven, con sólo 16 años, en 1953, empezó a curiosear en un medio que no imaginaba que sería el destino de toda su vida: la radio, ser locutor de radio.
"En ese medio, empiezan los primeros contactos, los primeros pasos en algo en lo que luego andaría: el de la vida sindical. Entonces existía ADER, sigla de la Asociación de Empleados Radiofónicos. Pequeño sindicato que negociaba con Andebu desde los sueldos hasta las condiciones de trabajo en la radiotelefonía. Y que buscaba precisar cada tarea, la jerarquización del oficio. No existía formalmente la carrera de comunicador. Eramos locutores, o informativistas, operadores... etc.", recuerda.
En plenas inundaciones del 59, hizo su segunda emigración a Montevideo. Allí empezó en radio Monte Carlo, luego El Espectador donde hizo su experiencia profesional "más rica y valiosa, con un plantel de excepción; quien tenía oidos abiertos y receptividad, aprendía y aprendía...", se entusiasma.
Sindicato, política, lucha... y la cárcel
"De la lucha sindical a la política, hay una relación muy cercana. Una consecuencia de la otra. Los tiempos cambian, la realidad también. Surgen las posiciones llamadas radicales, con el sentido hasta peyorativo que se les daba. Y ya andaban en la vuelta quienes impulsaban la lucha por sus derechos de una manera diferente a la conocida en esos tiempos: con otros métodos, con diferente perspectiva. Y las formas de pelear por el derecho propio y de los demás también se modifican. Convivir entonces en la vida sindical y encontrarse con el MLN (T) no era nada extraño. Y reconocer y aceptar desde sus fines y objetivos tampoco", explica.
Para Benigno Torres fue el comenzar una vida a la que, reconoce, a veces se llega con convicción, pero sin mucha claridad. "Y tampoco la necesitabas mucho: era entender lo justo y lo injusto, la patria que tenían y usaban unos y las que nos tocaba al resto. Y entonces, con cosas a veces impulsadas por el ánimo solidario y fraterno, más que por la sesuda formulación teórica-ideológica, "militabas", hacías cosas, poniendo lo que podías y tenías... En todo caso la gran mayoría de los que luego iba a conocer como compañeros en la cárcel, de acuerdo a origen y extracción iban a tener su "boniatito" teórico, claro, pero los que muchas veces poníamos corazón, ganas y entusiasmo, éramos los más. Y en ese pelotón pedalié yo".
En 1969, cuando no había aún 40 presos políticos en el Uruguay, fue a dar a Punta Carretas. Desde setiembre a junio de 1970, tuvo nueve meses de convivencia y escuela. Un vuelco decisivo y definitivo en su vida personal. "Otros han contado los detalles de ese tiempo. He sido partícipe de muchas anécdotas que se cuentan, a veces mal o equivocadas. Pero no importa. Nunca aspiré a la malla oro, hablando en términos ciclísticos, y me sentía muy cómodo en el pelotón".
¿Y al salir de esa primera cárcel?, se le pregunta: "Y bueno salir, rearmar pareja, seguir trabajando en lo mío, y de nuevo preso".
Era noviembre de 1971, había ocurrido "El Abuso", Punta Carretas ya no era la misma. En el 72, se hizo la otra fuga: la del Hospital de la cárcel. El 18 de abril los trasladan, ya con la aparatosidad militar, hacia Punta de Rieles. "Ya se estaba entrenando a los futuros carceleros, en ese convento transformado en prisión", acota.
"Fue el inaugurar cosas que luego iban a ser cotidianas. El "largo-largo", el grito destemplado, la rapada... Todavía no te pegaban al subir las escaleras; pero ya iba a llegar", relata. Así hasta que en octubre del 72, se concreta lo que ya sabía que iba a ocurrir: el traslado al llamado Penal de Libertad.
Penal de Libertad: "Aquí se viene a cumplir"
La historia puede considerarlo un hecho menor en tiempos de guerra. Pero resultó curioso que aquel octubre de 1972, al primer preso que numeraron, raparon y le dieron un balde, las alpargatas, papel higiénico, trapo de piso, jarro y plato, y hasta un pequeño discurso, no pudieran despersonalizarlo: vestirlo, enmamelucarlo, agrisarlo. El "001" tenía un recurso no pensado: era gordo.
"La ayuda, sin dudas, vino de un volumen, que desmentía la figura que los medios de entonces hacían de los revolucionarios: generalmente joven, de vaquero cuando aún no se los llamaba jean, de figura esbelta, si es posible, pelo largo. Bueno...¿de eso?, nada. Nada de eso se cumplía en esta ocasión. Viajamos de noche, en las "heladeras" verdes, antigua base de operaciones, radio o talleres del Ejército, transformados en cajones de metal para transportar presos. Eramos 25. Nos dividieron en dos vehículos, uno con 13 y el otro con 12. Partimos. En el que me tocó a mí, no nos conformábamos con el silencio que nos exigieron. Y al poco tiempo empezaron carraspeos, sonidos, leves movimientos para buscar la reacción. Nada. Y todos encapuchados. Hasta que uno, bajo de talla (el sabe quién fue) chico, desenredó las piernas y pudo pararse. A esa altura sabíamos que no teníamos custodia dentro del camión. Nos desencapuchamos y empezamos a charlar".
La osadía de aquellos presos con destino incierto no implicaba negar el miedo. "Siempre se tiene, siempre se teme. La incertidumbre es un arma que fue muy utilizada con nosotros. Pero en todo caso, ya en la partida hacia ese otro destino, los desarmamos. Supimos perfectamente por dónde nos trasladaron. Verificamos que íbamos hacia Libertad, y poco antes de entrar, vuelta a la capucha y a aparentar resignación.
La escena, después les contaron, tuvo como público al comando de la región. Algunos dicen que estuvieron de todas las regiones. De todas las armas es seguro. Pero, en la planificación del show inaugural, les ocurrió ese imprevisto: había excedidos de peso, y eso no entraba en el libreto.
Vístase..
No puedo.
Vístase le digo.
¡No me entra!
"No sé qué será de la vida del entonces capitán Vázquez, pero él lo puede ratificar", estima Torres. Hubo cabildeos y cuchicheos, hasta que, finalmente, los militares sufrieron la primera derrota, por razones tácticamente no previstas. El gordo Benigno Torres partió con su pantalón de brin azul, que le había mandado la compañera del "Pocho" Hornos y de camisa blanca, hacia la celda. El primer preso no tuvo número ni uniforme, en un lugar cuya puerta de ingreso rezaba: "Aquí se viene a cumplir".
Recuerdos de un preso desde Suecia
Desde sus tantos años de silencio y desde la lejanía, el "Gordo" Torres no olvida su condición de preso.
"La vida en el penal es conocida. Lo que nunca hay que dejar de contar es el proceso de despersonalización en el que te introducen. Nunca más tenés nombre: sos un número. No hay relojes, ni diario, ni radio. No tenés pelo: te rapan sistemáticamente. Tenés colores en tu ropa para que no intentes mezclarte. No puedes hablar con tu vecino más cercano. La injusticia, la sinrazón, el castigo, el sistemático hostigamiento orientado hacia algunos compañeros, buscando una particular destrucción. Es la venganza. El reciente compañero muerto, nuestro gallego Más Más podría contar mucho de eso. Y luego toda una cadena de prohibiciones, algunas que podrían integrar cómodamente cualquier antología del absurdo", escribe.
Benigno Torres explica que en el penal siempre se pasó mal. "Así hay que decirlo. En una cárcel montada sobre la base de destruir al individuo, no pueden haber momentos buenos. Hay peores o menos peores. Los famosos "apretes" y "aflojes". Uno registra momentos en los que la represión organizada hacia el EMR1 es mayor, más organizada. La sacada de los rehenes fue un momento de gran tensión. Otra la muerte de Trabal. También el período de 1974 cuando se ajustan y se corrigen defectos que decían tener en seguridad, y que sirvió para un sistemático ejercicio de la persecución a los presos. Y para ello, se conoce, tuvieron ayuda de colaboradores que orientaban hacia y a quién había que hostigar y perseguir. Generalmente los que tenían más experiencia "canera" usando el lenguaje de la cárcel. Hizo mucho daño", rememora.
"Conocimos los llamados planes de guerra interna. Por un lado se decía desde el cínico "Aquí se viene a cumplir" y se hablaba de "recuperación" y por otro se organizaban verdaderas cacerías humanas. La etapa de hostigamiento a los del "aparato militar", por ser los más peligrosos: allí se hostigaba a los compañeros de ese sector de militancia. Luego se cambió el plan: los más peligrosos eran los ideólogos, los que "daban manija". Otro año jodido, fue el de un llamado plan Attica, aquel de una supuesta posibilidad de una masacre interna. Podría ser calificado como uno de los tantos "bolazos" intimidatorios, pero fue uno de los más serios y con altas probabilidades de cumplirse. Sabíamos que un comandante se mudó al celdario, para garantizar con su presencia in situ que no habría masacre alguna. La represión organizada contra los llamados entonces "6 puntistas" llegó a límites de sacar compañeros a interrogarlos y muere uno de ellos. Otra ley conocida es de que la vida en la cárcel reflejaba la situación de contradicciones que ocurría afuera. Cuando la caída de los Montoneros en Uruguay (Chango Estrella, Jimmy) montaron toda una supuesta conspiración interna envolviendo a algún servicio, como se llamaba a los lugares de trabajo de los presos. Las muertes dudosas, esas de nunca confirmar, como la del "Gorila" Ramos o el "Gato Sosa". La imagen del "Mirto Perdomo" tirado en el Centro 1 cuando entrábamos del recreo. La del primer muerto del Penal que irónicamente se llamaba José Artigas (era de Paysandú)".
Que diga: "Aquí no hay nada que cumplir"
Desde 1984, Benigno Torres vive en Suecia. "Gordo, para vos no hay tercer cana", le amenazaron al ser liberado poco antes de la reinstitucionalización del país. Se encontró en tierras nórdicas con su compañera que se había exiliado en 1976 junto a su hija Adriana. Luego vino Natalia, la hija sueca. Pero Benigno Torres tiene otros hijos en Estados Unidos ("mirá vos si me iba a librar"), San Pablo, Paysandú y Buenos Aires, incluso en Suecia. Con ellos vinieron nietos y bisnietos.
Trabajó en un proyecto de radio en Lund, cerca de Malmö. Luego hizo su propio proyecto en esa ciudad, donde se quedó. Fue dentro del sistema Närradio, pero su experiencia más rica fue en el programa en español "Panorama" de Radio Nacional de Suecia, donde hacía suplencias en Estocolmo. Desde Malmö ejercía la corresponsalía del sur.
Para él, la campaña por "Penal de Libertad Nunca Más" significa "no borrar todos estos hechos, no recordarlos más, sino por el contrario, tenerlos presente siempre, como de las más negras de nuestra historia. La continuidad de hacerla otra cárcel no ha sido tampoco feliz. Se han sucedido hechos y situaciones también horrorosas", dice.
Entonces ¿tiene sentido conservar esa mole parada?, se pregunta para dar su opinión de lo que haría si se le otorgara el poder de hacerlo. "Una de las ideas oídas es la de hacer un museo casi del horror, quizás al estilo de los campos de concentración de otras partes del mundo. Sería un lugar donde habría que poner en la entrada. "Aquí no hay nada que cumplir". Pero me gusta más la idea de borrarlo del mapa. Hacer allí una tierra arrasada positiva, donde "crezcan" nuevas tierras, se incorporen, hasta convertirlo en un lugar productivo. Y sin dejar nunca de tener en cuenta ha sido regado con la sangre como las de los que citamos. Pero también de otros más que dejaron su vida en un ciego frenesí de venganza disfrazado de justicia".
Fuente:ElMuertoIII
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