21 de agosto de 2010

VENEZUELA.

Para avanzar en revolución
Por Edwin Sambrano Vidal

Expropiaciones y socialismo
Hace meses, en esta misma columna, expresamos que el propósito central del socialismo es “cambiar el patrón de acumulación de la riqueza producida y liberar las potentes fuerzas productivas represadas por unas relaciones sociales de producción que impiden el desarrollo exponencial de las capacidades productivas”.
Esta definición, de acuerdo con la teoría del Socialismo Científico, surge del análisis del sistema capitalista de producción y de sus insolubles contradicciones. Mientras la sociedad en su conjunto se hace más productiva a causa del desarrollo de la ciencia y de la técnica, las relaciones sociales de producción, caracterizadas por el trabajo asalariado (y explotado), la propiedad privada de los medios de producción y en consecuencia del producto, alimentan una bestial acumulación capitalista, que en su búsqueda de la máxima rentabilidad sostienen artificialmente altos los precios de los productos restringiendo la oferta, con lo cual se origina un cercenamiento del desarrollo de las fuerzas productivas. En el capitalismo, la ciencia y la técnica avanzan hacia infinitas posibilidades productivas, mientras que la organización económica de la sociedad, la propiedad privada de los medios de producción y las formas jurídicas que la acompañan restringen, amarran, y muchas veces destruyen, esas enormes posibilidades.
Premisas básicas del Socialismo
Cambiar esas relaciones conduciría a “liberar” las fuerzas productivas porque la acumulación ya no se haría para los propietarios privados excluyendo al resto, sino para el conjunto de la sociedad, la cual dispondría, progresivamente y cada vez más, de todo lo que necesita cada quien para su existencia y para el desarrollo de su personalidad y sus capacidades. Los propietarios privados se convertirían en propietarios colectivos de los medios de producción y disfrutarían, al igual que los demás, de la riqueza producida en condiciones de respeto y solidaridad y en proporción a sus capacidades y aportes a la producción. Tales son, muy sintéticamente, las premisas básicas del socialismo como alternativa al capitalismo.
Como puede observarse, no se trata simplemente de distribuir la riqueza, como algunos creen por ignorancia, o hacen creer por mala fe. No se trata de reproducir la leyenda de Robin Hood: Quitarle al rico para darle al pobre. Esta visión es errada y altamente perniciosa conduciendo rápidamente al empobrecimiento y a la ruina general, porque alienta el aprovechamiento o consumo improductivo de lo que otros producen; es, en sí misma, la esencia del rentismo y del consumismo. Es causa, además, de la mayor inconsciencia colectiva llevando irremediablemente al fracaso del esfuerzo revolucionario. Es una falsa concepción del Socialismo que se vale de los fundamentos justicieros de éste para implantar experiencias primitivas que sólo sirven a oscuros y trágicos intereses particulares esencialmente capitalistas, aunque se encubran con una fraseología socialista.
La socialización depende de las particularidades sociales.
El tránsito socialista (que es un proceso largo y complejo) requiere, entonces, la propiedad colectiva de los medios de producción para que ocurra la liberación de las fuerzas productivas y para asegurar que la producción responda a las necesidades sociales de acuerdo con un plan de prioridades y con los recursos disponibles. Las modalidades, el ritmo y la oportunidad en las cuales esta transformación se realiza dependerán de las características de cada sociedad singularmente determinada y de las condiciones sociales, políticas y culturales en las cuales se desencadena la transformación.
En el caso venezolano ya se ha consumado la colectivización de la propiedad de las principales fuentes de ingreso externo (petróleo y derivados, aluminio, hierro, acero, oro y otros minerales), totalmente en algunos casos y casi totalmente en otros y coloca al Estado en posesión y dominio de una parte sustancial de los medios de producción necesarios para adelantar la transición socialista, sin necesidad de grandes procesos expropiatorios. Lo fundamental es que se socialice la propiedad estatal mediante el establecimiento inmediato de prácticas o modalidades de gestión democrática por parte de los trabajadores que laboran en ellas y de la sociedad, de manera que el Estado deje de ser un instrumento al servicio del capital y pase a ser un instrumento al servicio de la sociedad.
Expropiar sólo lo indispensable.
En consecuencia de esta situación, la ejecución de la expropiación, prevista en las Constituciones desde hace muchas décadas y reglamentada en una Ley especial, directamente asociada a las nociones de interés colectivo y bienestar general, bien común, utilidad pública o social, se ve limitada estrictamente a aquellos casos en los cuales exista una imperiosa necesidad de la intervención estatal en beneficio de la colectividad para mejorar sustancialmente el desempeño de las unidades económicas correspondientes o la calidad y cantidad del producto y los sistemas de distribución, comercialización o suministro de los productos, tanto para la industria estatal como para la población.
En otras palabras, la expropiación, en el caso venezolano debe sujetarse real y estrictamente a las prioridades del plan de desarrollo y a las normas constitucionales y legales que regulan la materia, con la finalidad de generar una mejoría sustancial en el funcionamiento de la economía y en el bienestar de la colectividad. De lo contrario, las expropiaciones se convierten en un elemento que alienta la desconfianza, la anarquía productiva, la corrupción, el atropello, la incertidumbre jurídica y social. El Estado Socialista debe ser en la práctica concreta el motor de la estabilidad y la eficiencia del proceso de transición. Debe demostrar que conduce certeramente a la organización socialista de la sociedad como superación de la organización capitalista y cada falla, cada desviación, conduce a deslegitimar al socialismo y a impactar en la conciencia colectiva como una propuesta inviable y fracasada, asociándose al derrumbe de otras experiencias y a todo el desprestigio divulgado por los aparatos de propaganda de los grupos económicos transnacionales. De allí la enorme responsabilidad y el extremo cuidado que deben tener los funcionarios gubernamentales para no incurrir en improvisaciones ni en conductas arbitrarias que niegan la condición revolucionaria y agreden al socialismo. Y en dar prioridad absoluta a poner a producir lo que está bajo control estatal y a promover el ejercicio más pleno, real y consciente de la participación de los trabajadores y el pueblo en las decisiones propias del proceso productivo y en la conducción política de la sociedad.
Fuente:Argenpress

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