La agrupación HIJOS convocó a dibujantes, caricaturistas y estudiantes de arte a presenciar las audiencias de los juicios orales por los crímenes de la dictadura. Las imágenes realizadas audiencia tras audiencia son un intento de documentar algo que la mayor parte de los Tribunales Orales Federales prohibió documentar, al vedar el ingreso de fotógrafos.
Producción: Alejandra Dandan.
El testimonio de Verónica Castelli, por Esteban Cánepa
Verónica Castelli es hija de María Teresa Trotta y Roberto Castelli, detenidos-de-saparecidos de El Vesubio. Verónica declaró el 31 de mayo y ante el Tribunal Oral Federal Nº 4 y mostró el libro de cuentos que le hizo su madre durante el secuestro. María Teresa estaba embarazada cuando la secuestraron, tuvo a su hija en cautiverio, con lo que Verónica recuperó a su hermana recién el 25 de julio de 2008. Ese día, mirando a los ojos a Pedro Durán Saénz, jefe del centro clandestino en 1977, le pidió por los cuerpos de sus padres: “Me gustaría que Durán Saénz y sus secuaces me lo dijeran, porque yo necesitaría saber dónde están los restos de mi padre”.
Testimonio de Juana Sapire, por Federico Geller
Juana Sapire es la viuda de Raymundo Gleyzer. Declaró en la audiencia del 30 de agosto con la remera de “Yo me pongo la camiseta por los Juicios”. Dijo que los militares se llevaron todo de la casa de Raymundo, menos sus películas porque eran “muy incultos”. Leyó en la audiencia una carta del hijo de ambos e increpó cuanto pudo a los represores: “Si vivieron como basura van a morir como basura”.
El Vesuvio, por Ximena Iñesta
El Vesubio estaba ubicado a unos doscientos metros de Camino de Cintura y la Riccheri, en un predio ocupado por tres casas y una pileta. La casa uno era el casino de oficiales, en 1977 lugar de descanso del jefe del centro Pedro Durán Sáenz. La casa dos o enfermería era el centro de tortura y la casa tres, el alojamiento con las “cuchas” para los detenidosdesaparecidos. Ximena dibujó el centro clandestino durante la declaración indagatoria de Zeoliti. Con la mano izquierda, escribió las respuestas que el represor dio a los integrantes del Tribunal.
Declaración Zeoliti, por Ximena Iñesta
La declaración indagatoria de Roberto Zeoliti disparó varias retratos de Ximena Iñesta, de 23 años. Este se titula “No, no me acuerdo”, una frase que el acusado repitió hasta el absurdo.
Testimonio de Josefina Gandolfi, por Leonardo Vallejo
Josefina Gandolfi de Salgado declaró el 14 de mayo en la causa ESMA. Tiene 83 años. Un grupo de tareas secuestró a su hijo José María el 12 de marzo de 1977 cerca de su casa en Lanús. Josefina contó en la audiencia que mientras estaba secuestrado él la llamó y le dijo que estaba en Coordinación Federal. El 2 del junio de 1977 su nombre apareció en los diarios entre los muertos en un supuesto enfrentamiento. Josefina recuperó el cuerpo el 27 de julio de 1977.
El testimonio de Esteban Soler, por Esteban Cánepa
Estaban Soler declaró el 31 de mayo por el centro clandestino de El Vesubio, donde estuvieron secuestrados sus padres, Graciela Moreno y Juan Marcelo Soler Ginard, hoy desaparecidos. Ante el Tribunal, mostró las cartas que sus padres le mandaron durante el cautiverio y el muñeco que le mandaron para la Navidad de 1977. “Una tarde nos tiramos con mi abuela a dormir la siesta –dijo– y en forma de cuento me contó que a mis papás se los habían llevado.” Hasta ese momento, Esteban estaba convencido de que ambos estaban de viaje. Mientras hablaba, el represor Pedro Durán Sáenz, encargado del campo en 1977, estaba allí, quitándose las pelusas del saco, la escena disparadora de la ilustración de Cánepa.
La indagatoria de El Sapo, por Iván Gamazo
Roberto Zeoliti era agente del servicio penitenciario, guardián del centro clandestino El Vesubio. Era El Sapo o Saporiti adentro del campo. “Yo era un simple cabo, no podía revertir la situación”, insistió una y otra vez para justificarse a lo largo de su declaración indagatoria del 10 de mayo. “Estoy detenido hace cuatro años por haber cumplido órdenes, por haber hecho el trabajo. Eso es lo que a uno lo indigna.” Y además reconoció: “Por supuesto que había torturas para sacar información”.
Fuente:Pagina12
LIBROS
Lucha Armada
Lucha Armada Anuario 2010. Sergio Bufano y Cacho Lotersztain, directores Ejercitar la memoria editores 264 páginas
Por Javier Lorca
Como en cada una de sus ediciones, Lucha Armada vuelve a poner el dedo en la llaga del vínculo entre violencia y política en la historia argentina, vuelve a poner una revisión crítica del pasado reciente por encima del silencio y de los relatos complacientes, que los hay conservadores y también de izquierda. Esta vez, lo hace a través de su Anuario 2010, una revista libro de casi 300 páginas que reúne ensayos, debates, documentos y trabajos historiográficos donde se conjugan reflexiones y testimonios sobre el exilio, la traición, el crimen, la revolución, la religión, el sindicalismo, la reconciliación... sus complejas aristas y relaciones, sus dramas, imposibilidades y puntos ciegos. “En Argentina reciente, hubo un período en que una narrativa –la del terrorismo de Estado y las violaciones a los derechos humanos– fue dominante. Las memorias militares estaban acalladas, subterráneas, denegadas (...) También lo estaban las memorias militantes, especialmente las que incorporan como eje la lucha armada. Estamos ahora en un momento de eclosión, en el cual se abren múltiples conflictos interpretativos. Sólo a partir de ciertos principios políticos básicos –la dignidad humana, la igualdad, la justicia– es que se torna posible hacer frente a la apertura del tema, sin caer en un ‘todo vale’, y vale por igual”, anota Elizabeth Jelin en “Militantes y combatientes en la historia de las memorias”, un texto que, recursivamente, inscribe a las intervenciones de la revista Lucha Armada en los cimientos, en la construcción de ese momento de eclosión y apertura.
Entre los veinte artículos incluidos en el Anuario 2010, se destacan también los escritos de Sebastián Etchemendy sobre los sindicatos clasistas en los ’60 y ’70, Cacho Lotersztain sobre la situación económica nacional entre 1963 y 1974 (“una de las épocas más prósperas y equitativas de toda la historia argentina”), Claudio Suasnábar sobre los debates intelectuales en el exilio mexicano, Daniel Mundo sobre “el fin de los setenta”, Sergio Bufano sobre el caso Novakovsky, Juan E. Bonnín sobre los discursos de la reconciliación, así como la notable (y explícitamente merleaupontiana) intervención de Horacio Tarcus en la insoslayable polémica sobre el “no matar”, iniciada por el filósofo Oscar del Barco.
Fuente:Pagina12
Poesía
Exhumaciones
Eduardo Galeano
Transito por lugares de abandono
y contemplo las fosas desoladas.
Las aguas de la noche han descendido
a estas costas humildes, deprimidas.
Todo está convertido en un lamento
sin nombre, acurrucado, irreparable.
Los dioses yacen mudos como esclavos,
lamiendo el oro rosa y el estiércol.
Lentamente yo busco entre las piedras
una llama de aquel incendio inerte.
Espadas de carbón, rosas de plata
aparecen, de pronto, entre los féretros.
Temblando como pájaros se ofrecen
esas flores tristísimas y sucias.
Las largas cabelleras de los héroes
emergen entre lirios y cerámicas.
DESAPARECIDOS
MARIO BENEDETTI.
Están en algún sitio / concertados
desconcertados / sordos
buscándose / buscándonos
bloqueados por los signos y las dudas
contemplando las verjas de las plazas
los timbres de las puertas / las viejas azoteas
ordenando sus sueños sus olvidos
quizá convalecientes de su muerte privada
nadie les ha explicado con certeza
si ya se fueron o si no
si son pancartas o temblores
sobrevivientes o responsos
ven pasar árboles y pájaros
e ignoran a qué sombra pertenecen
cuando empezaron a desaparecer
hace tres cinco siete ceremonias
a desaparecer como sin sangre
como sin rostro y sin motivo
vieron por la ventana de su ausencia
lo que quedaba atrás / ese andamiaje
de abrazos cielo y humo
cuando empezaron a desaparecer
como el oasis en los espejismos
a desaparecer sin últimas palabras
tenían en sus manos los trocitos
de cosas que querían
están en algún sitio / nube o tumba
están en algún sitio / estoy seguro
allá en el sur del alma
es posible que hayan extraviado la brújula
y hoy vaguen preguntando preguntando
dónde carajo queda el buen amor
porque vienen del odio









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