Eduardo “wado” de pedro, director de aerolíneas argentinas y dirigente de la cámpora
Hacer justicia para cerrar la historia
Publicado el 19 de Diciembre de 2010
Por Gimena Fuertes
Las condenas por el crimen de sus padres y su secuestro, cuando apenas tenía un año y medio, se conocerán el martes. “La anulación de las leyes de impunidad en el gobierno de Kirchner me permitió ser querellante”, reconoce.
Eduardo De Pedro podrá comenzar a cerrar su historia el martes. A los 34 años, junto con sus tíos y primos, escuchará las sentencias que recaerán sobre los genocidas que mataron a sus padres, cuando él tenía un año y medio y que lo mantuvieron secuestrado tres meses en el centro clandestino El Olimpo.
Su historia es parecida a muchas y a ninguna. Primero el horror, después las preguntas en la adolescencia, luego la militancia –hoy forma parte de la agrupación La Cámpora– y ahora la posibilidad de hacer justicia tras haberse constituido como querellante en el juicio por el asesinato de sus padres. Sus abogadas pidieron ante el Tribunal Federal N° 2 la prisión perpetua en cárcel común por el delito de genocidio para Carlos Alberto Roque Tepedino, jefe del Batallón de Inteligencia 601; Mario Alberto Gómez Arenas, segundo jefe; Enrique José Del Pino, capitán del Ejército Argentino y Juan Carlos Avena, oficial del Servicio Penitenciario.
Los vecinos de Floresta todavía recuerdan la magnitud del operativo que el 11 de octubre de 1978 cayó sobre la casa de la calle Belén al 300, cuando dispararon contra una pareja y un nene secuestrado. Allí, Lucila Révora, una joven estudiante de Psicología, embarazada de ocho meses y militante de Montoneros, metió a su hijo mayor Eduardo “Wado” De Pedro, de un año y once meses, en la bañadera, para ponerlo a salvo de la balacera. Ella fue herida por las ametralladoras y su compañero, Carlos Fassano, murió por el estallido de una granada. A Wado se lo llevan en un auto sin asiento trasero, cuyo piso estaba cubierto de armas. Pasó tres meses en El Olimpo y gracias a la búsqueda desesperada de la familia materna, que recurrió a la curia de la ciudad bonaerense de Mercedes, logró sobrevivir. “Un cura lo llamó a mi tío y le dijo que tenía un paquete para entregarle, que lo esperara en una veterinaria que estaba en la ruta antes de llegar a Mercedes. Cuando me llevaron hasta ahí me encuentro con todos mis tíos que estaban esperándome. Ese es el primer recuerdo de mi vida”, cuenta en diálogo con Tiempo Argentino.
Wado creció en Mercedes con la familia de Estela, su tía materna. Sus primos son sus hermanos. Pero a los 20, con miles de preguntas en la cabeza, se fue a Buenos Aires a estudiar y a buscarse. Hoy, habla tranquilo, pausado, y cuenta cada detalle de su vida cronológicamente, una historia que reconstruyó de a poco, preguntando, caminando, tocando timbres de los vecinos del barrio, leyendo revistas de la época. “Ahora se discute el papel de los medios en la dictadura, y su complicidad. La Razón, Clarín y La Nación al otro día de la masacre de mi casa, en sintonía con la dictadura, sacaron una nota diciendo que las fuerzas de seguridad abatieron a diez extremistas en un domicilio de Belén 333. De mí, dicen que me quedé con familiares. Publicaban el comunicado oficial de los asesinos”, puntualiza.
En 1997 empezó a militar en la comisión de escrache de HIJOS. Durante muchos años Wado no supo si tenía un hermano o hermana, pero a partir del juicio que terminará este martes, supo que su mamá murió en El Olimpo junto con el bebé. También se enteró de que él estuvo en el mismo centro clandestino, porque una sobreviviente atestiguó que allí vio sus juguetes.
Hoy De Pedro es abogado, magister en Administración de Políticas y uno de los directores de Aerolíneas Argentinas. También es miembro de la mesa nacional de La Cámpora. “Con el primer discurso de Kirchner, sentí que era lo que quería escuchar de un presidente. Me reuní con él, pude palpar su convicción para llevar adelante las políticas de Derechos Humanos, como la anulación de las leyes de impunidad. Me permitió constituirme como querellante porque yo venía acumulando toda esta información, pero a modo de anécdotas familiares. Tenía mi historia sin poder darle un cierre. Ahora tengo la posibilidad de poder disfrutar junto con mi familia de una sentencia condenatoria de los responsables del asesinato de mis viejos”, reflexiona.
Fuente:TiempoArgentino

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