La última audiencia del año del juicio a represores rosarinos
El hombre que echó al Ciego Lofiego
Esteban Borgonovo fue secuestrado en el 77, cuando era estudiante secundario. Después fue el funcionario que armó el informe que derivó en la cesantía de varios represores. "Leí cientos de declaraciones, los apodos de la patota se repetían incesantemente", recordó.
Esteban Borgonovo abraza a Angel Ruani al salir de Tribunales.
Por Sonia Tessa
La primera vez que Esteban Borgonovo vio a José Rubén Lofiego estaba inerme, a merced de su poder. El represor le hizo sacar la venda. Muchos años después, a fines de la década del 90, el antiguo cautivo era funcionario provincial, y le encargaron elaborar el informe que determinó el retiro obligatorio del hombre que conducía las torturas en el Servicio de Informaciones. El 20 de octubre de 1977, cuando estaba volviendo a su casa -en Tucumán entre España y Presidente Roca- después de hacer un mandado, tres personas obligaron a Borgonovo a subir a un Fiat 128 color rojo, lo pusieron en el piso trasero, boca abajo, y apoyaron los pies sobre su espalda. Lo llevaron al Servicio de Informaciones, donde lo interrogaron y le recordaron la desaparición de muchos de sus antiguos compañeros, todo a los golpes. Borgonovo declaró ayer en la causa Díaz Bessone, que tramita el Tribunal Federal Oral número 2, en la última audiencia del año. El 7 de febrero se retomará el juicio.
Un año y medio antes de su secuestro, Borgonovo había dejado de militar en la Unión de Estudiantes Secundarios por "diferencias políticas, de puntos de vista". No importó. Después del interrogatorio, el Ciego Lofiego le hizo sacar la venda, y le dijo: "Metí en cana a todos tus compañeros". Le preguntó si quería ver una foto de cómo había quedado el desaparecido Raúl Bustos. "Fue una cosa muy perversa", recordó ayer el testigo. Después de 20 días en el SI, lo llevaron a Coronda, donde estuvo detenido hasta el 11 de julio de 1978.
En 1997, Esteban Borgonovo era subsecretario de Asuntos Legislativos del gobierno provincial. Como funcionario del Ministerio de Gobierno que dirigía Roberto Rosúa le encomendaron un informe sobre el personal policial en actividad acusado de formar parte del terrorismo de estado. Para eso, el entonces funcionario pasó meses leyendo la causa Feced, entonces archivada en el subsuelo del edificio de Tribunales federales de Entre Ríos al 400. Como consecuencia de su informe, y de los procesamientos que llegaban desde España e Italia para los represores, al año siguiente el ex gobernador Jorge Obeid firmó el retiro obligatorio de seis comisarios: Lofiego, José Carlos Antonio Scortecchini (estos dos son imputados en esta causa), como así también a Alberto Julio Vitantonio, Ramón Telmo Alcides Ibarra (Rommel), Carlos Alberto Moore y César Heriberto Peralta (La Pirincha). Los últimos cuatro no forman parte de esta causa, sino de la que se conoce como Feced residual.
Sobre aquel informe, Borgonovo remarcó que "si bien la investigación en el país estaba paralizada, había actividad internacional, había reclamos de España e Italia. Por eso, el gobierno tomó la decisión de elaborar un informe basado en la causa Feced".
Aunque el testigo mantuvo durante toda la declaración un tono calmo, admitió que producir el informe fue "tal vez más conmocionante que los fenómenos propios de mi detención". La lectura de la causa lo trasladó nuevamente al centro clandestino que funcionó en la antigua jefatura de policía. "Me permitió leer cientos de declaraciones, donde los nombres y apodos de los integrantes de la patota se repiten incesantemente. Personas que habían sido privadas clandestinamente de su libertad, que habían sido objeto de torturas, violaciones, robos, que habían sido llevadas al SI. Iba todos los días a trabajar bastante conmovido", expresó.
Entre los represores que pudo escuchar -ya que estaba vendado- hace 33 años, como víctima, Borgonovo mencionó también al Cura, Mario Alfredo Marcote, así como al Pelado o Sargento (Ramón Rito Vergara), "que usaba peluquín". Recordó a una persona joven, apodada el Lagarto, Carlitos (Oscar Gómez) y Darío (Julio Fermoselle).
Uno de los abogados defensores, Gritzko Gadea Dorronsoro, le preguntó a Borgonovo si sabía por qué Lofiego le había hecho sacar la venda. "No sé, nunca lo supe. Supuse en aquel momento que sería una especie de fanfarronería", respondió el testigo. El oficial que dirigía las torturas gustaba de hacerse ver por sus víctimas.
Testimonio de Enzo Tossi.
El llanto del bebé
El público colmó la sala para escuchar a Enzo Tossi, secuestrado dos veces en 1976. La primera vez, el 18 de julio, por diez días, a raíz de un altercado callejero. El 13 de noviembre de ese año lo fueron a buscar a su casa, a las 2 de la madrugada. Era dirigente del sindicato de Mosaistas y militante del Partido Comunista. Lo llevaron al SI. En sus torturas, que se prolongaron en el tiempo, se detuvo en los llantos de un bebé que le hacían escuchar. El Ciego Lofiego lo hizo desesperar diciendo que era su hija. Más tarde, José El Pollo Baravalle lo tranquilizó: su familia no estuvo en el SI. Supo que tenían una grabación para martirizarlos. En enero de 1977 lo llevaron a la cárcel de Coronda.
El relato de Tossi fue exhaustivo y de alto contenido político. Contó las torturas sufridas por muchos compañeros en el SI, y se detuvo especialmente en Gustavo El Befo Píccolo, que "la pasó muy mal". Una vez en el penal, el propio Agustín Feced -comandante de Gendarmería e interventor de la policía rosarina, muerto en 1986- fue a buscar a Píccolo a Coronda. Una denuncia ante la Cruz Roja Internacional impidió que hoy estuviera desaparecido. Durante más de una hora, el testigo relató no sólo lo que vivió, sino también sus sensaciones durante los años de detención. "Mucho tiempo después leí un artículo de León Rozitchner que decía que era necesario implementar la desaparición de personas para que millones de personas del pueblo aceptaran su propia desaparición como sujeto político. Después arrasaron con todo", dijo el testigo, quien confió en que "habrá otros bullicios que no terminarán en el fondo del mar, con otros jóvenes". Los aplausos y vítores lo acompañaron al entrar y al salir. Después de declarar, recibió decenas de abrazos.
Testimonio de Laura Hanono.
El daño está hecho
Laura Hanono ingresó decidida a la sala de audiencias. Pidió cambiar la ubicación, para que los acusados pudieran mirarla. "Fui privada ilegalmente de mi libertad a los 16 años, a los 22 pude hacer la denuncia, y ahora que tengo 49 puedo estar declarando", dijo la testigo, que rememoró su detención, el 13 de octubre, en la calle, a cargo del represor apodado La Picha. En el Servicio de Informaciones fue torturada reiteradas veces, en sesiones a cargo de José Rubén El Ciego Lofiego. No sólo la interrogaban por su participación en la Unión de Estudiantes Secundarios -que había cesado- sino también le subrayaban su condición de judía. Allí estuvo detenida también su hermana, Julieta. "Hay una situación de abuso sexual de parte del Cura (Mario Alfredo Marcote), que no llega a consumarse porque llegó un hombre, al que le decían el Armero, que le dijo: 'Dejala tranquila, es muy chiquita'", recordó. En ese momento, Hanono bajó la cabeza y cerró los ojos. Después, siguió declarando. La defensora oficial, Laura Inés Cosidoy, le dijo que iba a estar "20 años presa", después de leer su declaración sobre las torturas sufridas.
"Las personas que estuvimos ahí permanecimos en condición de piltrafas humanas", dijo la testigo, que es psicoanalista, docente universitaria y secretaria académica de una Universidad. Citó a Primo Levi para describir un lugar como el SI, al que consideró un campo de concentración. Antes de terminar, expresó un sentimiento común. "Me preocupa el dispositivo de la sala, seguimos en la misma situación. Ellos nos miran y nosotros no los podemos ver", dijo. La testigo subrayó: "A muchos de nosotros nos detuvieron muy jóvenes. El daño ya está hecho, más allá de que sea necesaria una condena para que no se siga produciendo".
Testimonio de Juan Alberto Fernández.
El Cadi al teléfono
Con una voz disfónica, Juan Alberto Fernández relató ayer cómo fue secuestrado en su casa de barrio Belgrano, junto a su esposa el 10 de junio de 1977 por la patota de Feced. Estaban junto a su hija de 3 años, que fue dejada a vecinos. Los llevaron al Servicio de Informaciones, donde fue torturado por primera vez el 21 de junio, y luego varias veces más. En la zona bautizada como La Favela pudo ver a Jorge Sklate y su esposa, Teresa Soria. Los dos continúan desaparecidos. A Sklate lo torturaban todas las noches. Una tarde, a las 19, le dijeron que se preparara, que lo llevaban al Tribunal Federal. "Difícilmente un tribunal estuviera abierto a esa hora. Jorge Sklate está desaparecido", subrayó ayer Fernández, que era empleado de los talleres ferroviarios de Villa Diego y militante del Peronismo de Base.
Fernández identificó a varios represores, como el Lagarto, José "El Ciego" Lofiego y especialmente César "la Pirincha" Peralta, que lo torturó. Pero tuvo un apartado especial para Ricardo Chomicky, "El Cadi", el acusado civil. "Supe que buscaban a un militante que apodaban El Chicote. Lo fueron a buscar a su casa y no lo encontraron, entonces trajeron al SI a toda la familia. Había mujeres en batones y chancletas y chicos. Hicieron un simulacro de fusilamiento", comenzó su relato, para rematar: "El día que al que llamamos el Cadi lo dejan libertad, suena el teléfono y lo atiende uno de los integrantes de la patota, que dijo a los gritos: 'El Cadi habló desde Río de Janeiro entre Córdoba y Rioja, donde vieron al Chicote'. Salieron con armas largas. Después supe por la radio que hubo un operativo en esa zona. Creo que el Chicote está desaparecido", dijo el testigo. Nunca supo cómo se llamaba ese militante.
Fuente:Rosario12

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