Ganar a la muerte
Imagen: Veintitres
En su testimonio, Stella Hernández pidió que las violaciones durante las torturas sean declaradas delitos de lesa humanidad. Rescató la solidaridad entre los compañeros.
Por Silvina Tamous
Durante mucho tiempo me quedé con la alegría. Con aquellas cosas que hacíamos para sobrevivir. Lo que hacíamos sin nada, porque no teníamos nada. Sólo chiquitos que iban naciendo, nosotras, y nuestra poderosa imaginación para vivir en un sótano sin nada.” El relato pertenece a Stella Hernández, sobreviviente de Servicio de Inteligencia, un centro clandestino de detención ubicado en Santa Fe y Dorrego, donde pocos salieron con vida. Dentro de esos pocos está Stella, que era una de las presas más jóvenes y estuvo detenida entre enero y julio de 1977. Fueron 34 años de apostar por la vida, de resucitar de ese espacio tenebroso la alegría que ayudó a empujar hacia adelante. Pero esa adolescente detenida a los 19 años que rescató siempre la alegría, no dudó en sentarse frente al estrado donde hoy se juzga a siete genocidas en la causa Díaz Bessone y contar que fue violada por Mario Marcote, que estaba detrás de ella en el banquillo, 34 años después, y explicar que los abusos sexuales eran parte de la tortura sistemática a la que sometían a las mujeres. Dio nombres, detalles, reprodujo relatos, sin que la voz se le quebrara. Fue uno de los testimonios más sólidos que terminó con un reclamo: que las violaciones sean consideras delito de lesa humanidad.
Poco después de conocerse el relato de Stella Hernández, actual secretaria gremial del Sindicato de Prensa Rosario, las redes sociales estallaron. Los periodistas comenzaron a colgar en sus perfiles las fotos y las primeras crónicas que daban cuenta de la declaración, tantos años guardada para el momento necesario. Orgullo y dolor ajeno, que se fue apoderando del gremio de prensa, que fue aplaudiendo el poder poner en palabras cada nombre, para resucitar del olvido a todos aquellos que pasaron por ese sótano para que nada se olvide.
Los que conocían la historia de Stella de antes, los que más de una vez entre mates compartieron un fragmento de esa dictadura feroz, conocieron de boca de Stella otra historia. “Algún día habría que escribir lo que hacíamos para poder divertirnos un poco, para no volvernos locos. Porque también cantábamos, reíamos, contábamos historias”, contó durante muchos años. Ese fue el fragmento que eligió y que la ayudó a seguir con la vida.
“Cuando se inició el juicio en la causa Feced, en 1984 –cuenta Stella en diálogo con Veintitrés–, lo denuncié a Marcote, hice un reconocimiento, que me dio positivo, lo identifiqué. Después pasó la causa al fuero militar y ahí no fui más. Yo no iba a declarar ante jueces militares”, recuerda.
“Yo siempre traté de transmitir que pese a todo eso, los presos y las presas teníamos algo de alegría. Lo que hacíamos sin nada, porque no teníamos nada. Sólo chiquitos que iban naciendo, nosotras y nuestra poderosa imaginación para vivir en un sótano sin recreo, sin sol sin nada, sin visitas, o muy pocas”, asegura.
“Todo se debió al afecto, a la solidaridad, a eso que existió. Disfrazábamos a las viejas nuestras. Me subía en la hora de la merienda a la cucheta y contaba historias mías. Cada una hacía algo”, destaca. También había algunas fiestas de guardar. “Bautizamos a los chicos en Semana Santa, una compañera que era muy religiosa ofició de cura. Y una vez armamos una murga”, relata.
Serrat, siempre presente. “Yo cantaba las canciones. La Negra (Élida) Deheza me mandaba las cartas después desde Devoto (donde estaba presa) y empezaba la carta: ‘Y bueno pues, un día más, que se va colando de contrabando’. Cantábamos todo Serrat. Ella le puso a su hija Lucía por Serrat. Y me hubiera gustado decirle a Serrat todo esto, porque nos había ayudado a sobrevivir”, rescata.
“Quiero que quede presente que la vida es algo maravilloso. Pese a todo vale la pena, pese a lo que nos ha sucedido en este país, la vida es más que la muerte. La vida pudo más. Con eso me quedo. Y también quiero que se queden todos con eso”, dice días después de declarar, replegándose otra vez en la alegría.
El juicio. La causa Díaz Bessone es la más grande de la provincia de Santa Fe y el juicio oral en el que están imputados, pero en libertad, el ex comandante del Segundo Cuerpo del Ejército, Ramón Genaro Díaz Bessone; los ex policías rosarinos José Rubén Lo Fiego, Mario Alfredo Marcote, Ramón Rito Vergara y José Carlos Scortechini, y el civil acusado por complicidad con la represión Ricardo Miguel Chomicky, comenzó hace cuatro meses.
Si bien Hernández sabía que iba a declarar en ese proceso, los tiempos se adelantaron y tuvo que prepararse mucho antes para ese proceso. Cuando declaró ante el TOF, detalló el abuso al que la había sometido Marcote, conocido como “el cura” por su vinculación con el Episcopado que le permitió hasta hace poco tiempo trabajar en una escuela religiosa.
“Yo creí que tenía que declarar en el mes de febrero. Había llegado María del Carmen de Canadá, que tiene que declarar en abril. Nos habíamos reunido, nos habíamos ido preparando de alguna manera, pero cuando me avisan lo llamo al Facu (por Facundo Vitiello, su hijo de 25 años). Mi duda era si Facundo entraba o no”, explica.
“Y la llame a la Negra (Élida Deheza) y a Nené (María Inés Bettanín), y nos reunimos en casa y estuvimos haciendo memoria, porque esta es una construcción colectiva, pasaron tantos años. Vos confirmás con el otro, te acordás de esto, de aquello, se va uniendo la historia”, destaca.
No fue la única manera de prepararse. “Hace ya tres años yo empecé a hacer terapia con Graciela Kait, que es la psicóloga de Abuelas, fue parte del equipo de atención terapéutica de Abuelas de Plaza de Mayo. Sin ella no hubiera podido hacerlo, o hubiera sido de otro modo. La serenidad que adquirí para hablar, para poder contar detalles, tuvo que ver con la terapia”, afirma.
Lo más duro era contar a su hijo lo que le había pasado hace años. “Facundo sabía que había estado presa, de mis amigas y cosas así. Cuando empieza el juicio y se lee la elevación, él no había podido estar. Me fue a visitar y me dijo que no había podido estar y ahí me dijo que cuando yo declare él quería estar presente”, asegura.
“Quería charlar, que le contara. Yo le dije que lo íbamos a hablar. Cuando me avisan que tengo que declarar, él vino al bar. Y ahí le conté que sufrí una violación, él me dijo que algo se imaginaba, pero que quería acompañarme. Y después, el día antes de declarar le conté otra parte, que fue cuando me dijeron que podía estar embarazada, nada más que para hacerme mal. Yo le quería contar antes, creo que es algo necesario para que supiera cómo es la maquinaria del terror. Yo estuve seis meses sin menstruar pensando que podía estar embarazada. Después un médico dijo que era común en esa situación, que les pasa también a las monjas de clausura que dejan de ovular. Él sabía muchas cosas, pero las supo en la última semana. Fue bueno poder decirlo”, recuerda.
Abuso. Stella relató en el juicio que muchas de las mujeres que sufrieron el mismo tipo de vejámenes que ella no pudieron contarlo. “Mario Marcote es un violador serial, sin embargo no hay tantos testimonios que lo inculpan, ya que muchas chicas no lo declaran, no lo pueden contar. O lo dicen elípticamente y no lo están denunciando, por ejemplo ‘me llevó el cura al baño’. Y todos entienden lo que está diciendo, pero no lo denuncian”, destacó.
“Yo creí que era necesario decirlo, porque formó parte de la tortura, era habitual, sistemático, no eran casos aislados. Y si no contaba eso, que en un juicio oral es más difícil, sentía que este tipo salía impune también de eso. Y por eso le pido al tribunal que las violaciones sean consideradas delitos de lesa humanidad, para que las que no lo dijeron lo puedan decir en el juicio”, sostiene la actual secretaria gremial del Sindicato de Prensa.
Si bien el delito de violación no fue elevado a juicio, Marcote será indagado por abuso sexual. Sobre la característica de ese delito, Stella destacó que “era un plus contra las mujeres, por eso cuesta tanto contarlo, hay muchas cuestiones culturales en el medio, mucha vergüenza y mucha humillación en todo esto”, destacó.
Cuando Hernández contó su testimonio en el recinto del tribunal, se dirigió tajante a los jueces: “Di todo este testimonio que fue muy duro para mí pero quiero que declaren la violación como un delito de lesa humanidad, porque fue algo sistemático, no eran hechos aislados. Por mi y por todas las compañeras que no lo pueden denunciar porque esto no es sencillo, tiene un costo altísimo poder contarlo”, aseveró.
Cuando mira hacia atrás, sostiene que hace algunos años comenzó a creer que el día del juicio llegaría. “La verdad es que muchas veces creíamos que no se daba más. Pero cuando Néstor Kirchner hizo bajar los cuadros, y cuando habilitó el tema de los juicios, yo sabía que iba a llegar. No sólo para que los que estuvimos presos, y para los que ya no están y para toda la sociedad. Fue ocultado, minimizado, no tuvo el suficiente valor si no era por los sobrevivientes y los organismos, creo que esto suma, para que ese Nunca Más sea realidad. Por nuestros chicos, por nuestros jóvenes que ahora militan otra vez”, dice con orgullo. “Nosotros testimoniamos para que tener un hijo no venga con el peligro del secuestro y la tortura”, destaca.
“Cuando Néstor pidió disculpas en nombre del Estado fue muy reparador. Por primera vez el Estado pide perdón por el terrorismo, creo que eso nos ha ayudado, para saber que estamos respaldados por el Estado. Porque encima estos tipos están en libertad”, concluye.
FuentedeOrigen:Veintitres
Fuente:Agndh

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